miércoles, septiembre 26, 2012

LA ASCENSIÓN A LAS PEÑAS PINTAS ESFORZADA Y AGRADECIDA



22 de septiembre de 2012

Cuando se planteó esta excursión en el calendario casi ninguno teníamos mucha  idea de por dónde cae este pico perdido de la mano de Dios. Así que hicimos un largo viaje para descubrirlo y colonizarlo de paso, si fuera preciso. En serio: resultó ser una larga cadena de picos de extraordinario acceso y de más que extraordinaria panorámica.

Dos horas y media desde la salida de Oviedo y llegada al pueblo de Las Salas, pasado el pueblo de Riaño. Preguntamos por su mejor acceso ya que queremos hacer todo el largo cordal. Salimos por la pista de la derecha del pueblo que asciende entre robles, abedules y algunas fayas en la parte alta. La pista es cómoda y la inmersión en el bosque siempre se agradece. Hace calor y en esta sombra se está muy a gusto.

Algunos más adelantados logran ver a un espléndido ejemplar de ciervo, bien dotado con enormes cuernas. En un recodo del camino una vaca solitaria sestea y nos sorprende mucho porque está comiendo la hojarasca seca de las fayas. Lo nunca visto. Que llueva pronto para remediar este secarral. Salimos del bosque. Ahora podemos tener una visión de toda la subida con más claridad. Como queremos hacerlo todo empezamos por el pico más oriental para recorrer toda la sierra hasta la cumbre de la izquierda que es la que nos deja más cerca de Las Salas.

Se aprecia un canalizo en la parte central de la peña a la altura de los Serrones Negros. Encontramos los jitos. La senda está muy bien marcada. Hay que superar dos fuertes contrafuertes bastante aplomados. Se imponen las pequeñas trepadas por la noble caliza. Tenemos que superar 626 metros para la primera cumbre. Pasado el primer resalte en veinticinco minutos, emprendemos una larga diagonal hacia la derecha por una meseta más o menos horizontal.

Entramos al segundo resalte, más vertical que el primero. Aquí el paso es por una especie de tubo en la roca que va evitando las fuertes verticales. Cuando salimos a una zona más abierta resulta que todavía no estamos más que en una antecima. Todavía faltan 220 metros. Llevamos dos horas tres cuartos bien entretenidos haciendo chimeneas y grietas en las grandes coladas. La gente va divertida y soplan ráfagas de aire bastante agradables. Por fin hacemos la primera cima. Una media hora más. Lo que se llega a ver te absorbe de tal manera que te olvidas del cansancio: Estamos encima del embalse y del pueblo de Riaño. Justo delante la afiladísima cresta del Gilbo, al noreste el Yordas y los Picos de Europa. Al Norte el Mampodre, al fondo queremos ver el Bodón y el Cueto Ancino, desdibujados entre cientos de siluetas de cresterías, enmarcadas entre el Torres y la Ubiña. Pero nuestros ojos vuelven irremediablemente hacia las cumbres palentinas del Espigüete, el Murcia, el Pozo del Tío Raimundo y Peña Prieta, conocidos por casi todos.  El viento produce marejadilla en el embalse. Está muy bajo, le falta por lo menos tres metros de crecida.

Volvemos a cargar la mochila para seguir al segundo pico. Hay que descender unos noventa metros para coger la collada intermedia. Luego subir por un corredor que se acerca mucho al abismo norte. Pero se pasa sin mayores problemas. Por el camino los coleccionadores de picos suben a un intermedio. Desde la segunda cima se ve prácticamente lo mismo que desde la primera. Por lo que hay que continuar con unas trepadas ahora más fáciles, por corredores con “pasamanos” y pequeñas chimeneas. La mole que tenemos justo delante es impresionante. Pero la subimos. Son las dos y media. Cuatro horas hasta aquí. Todos los valles de la Reina y el pueblo de Cigüera se nos hacen visibles. Vendríamos mucho más por toda esta zona si no estuviera tan lejos. Lo más impresionante de esta altura es el pavoroso abismo de su cara norte. Es un corte vertical que se desploma en un canchal muchos metros más abajo. 

En el pico está la imagen de la Virgen de la Peña y una estatua del Señor San-Yago, ambos muy protegidos del viento y las nevadas. Se está muy bien aquí. Parece que el mundo está bien ordenado y que la gente podría llegar a ser feliz. Pero se nos acaba la vena poética porque hay que bajar. Nos tiramos hacia el camino que hemos encontrado entre las dos últimas cimas. Todo muy bien señalado. Se agradece. Unos cuantos todavía seguimos a otra “pequeña” torre que hay a la derecha de Las Pintas. La mejor visión de todo el profundo abismo en forma de U. Hay quién se pone a especular sobre por donde bajaría sin cuerda utilizando una larguísima grieta que acaba en una playita de hierba insignificante. ¡Carri, valiente!

Nos espera una larguísima y pesada bajada en la que buscamos la mejor manera de superar las dos grandes cortadas. El camino es casi el único practicable. Acabamos esperándonos en un árbol solitario en el que se cruzan sendas ganaderas. Luego el camino no está nada claro y preferimos la conocida técnica de “ladera abajo” para buscar un abrevadero por el fondo del valle y enfilando el río entrar a una pista que baja a la parte oeste del Pueblo. Por el camino algunos resbalones en la traidora paja seca, un corzo que huye de nosotros, un rebaño de cabritinas jóvenes.

Entramos en Las Salas seis horas después de haber salido. Nos comenta una pareja que el pico más interesante y menos conocido es el Jairo. Anotamos para otra ocasión. En el bar queda cervecita fresca. Nos acomodamos fuera y dentro. Cantamos “amiguito que Dios te bendiga” al cumpleañero y a la joven cumpleañera. Felices, contentos y con la preocupación de preparar el calendario del verano que viene. Cuantas ideas, necesitamos  otros veinticinco años para llegar a todos los rincones de los Picos de Europa, y por supuesto al Cuchallón de Villasobrada.

La próxima semana una de bosque. Por Monasterio de Hermo nada menos. Un lujo de excursión con el fayedo que empieza a cambiar de color. Subiremos, si podemos, al pico Caniellas para bajar desde allí a Gillón. Y encontrarnos con gente que nos viene a ver. ¿Nos encontraremos?

FRESINES

jueves, septiembre 20, 2012

¿SUBIR AL CUETO ANCINO? YE FÁCIL



15 de septiembre de 2012

El Huevo de Nocedo resultó ser una pirámide elevada, dura, llena de vericuetos y laberintos. El K-2 lo llaman los pretenciosos exagerando un poco su dureza. El Cueto Ancino para los lugareños. La verdad es que de “huevo” tiene bien poco a diferencia del Huevo de Faro, que este sí se puede empollar. Resultó una ascensión laboriosa y muy entretenida hecha a la medida de los amantes de la escalada libre.

Bajamos del autocar en Nocedo de Curueño, pueblo que puede ser en verano el paraíso del que huye del ruido y la contaminación. Agua limpia y fría, gente noble, cielo claro ¿se puede pedir más? Sí, además puede presumir de una montaña sólo apta para esforzados. Atravesamos el pueblo desierto a esta hora. Varias esculturas chocantes de hierro representan a extrañas y fieras aves. Salimos por la margen derecha del Curueño. Pasamos delante de unas grandes construcciones hoy vacías y tapiadas. Alguien se queja del ritmo: hoy la gente va a ritmo de caballería.

Pronto torcemos al este para enfilar la cuesta que nos llevará al Alto Las Campas. Un inmenso valle se abre por nuestra derecha. Podría ser una ascensión más asequible, pero preferimos tirar todo el cordal hacia el Norte. Estos montes de León engañan mucho: aquí no hay continuidad, son antecimas casi independientes, rocosas torres que hay que remontar para bajarlas por su siguiente arista. Hay hasta cuatro antes de la cima. El camino oficial las va bordeando, por lo menos a las dos últimas. Pero ¿para qué seguirlo? En cuanto hay una elevación la gente que se tira a ver que salida tiene. Nos entrenamos a trepar por llambrias y a descender por canalizos. Una cosa muy típica aquí es pasar por repisas elevadas pegadas a una roca vertical que tiene una fisura a todo lo ancho para convertirse en agradecido pasamanos. Se diría que estamos en Picos de Europa. La gente se va calentando para lo que vendrá.

A partir de este punto ya no entendemos mucho. Algunos siguen el camino jitado. Otros con “orejeras” no ven más posibilidad que seguir rectos aunque haya por delante los obstáculos que  quieran poner. Así llegamos hasta una bandera de España colocada en la tercera cima. Todavía en la bajada hay quien se atreve a subir por una roca totalmente lisa cuyo único apoyo es una fisura por la derecha. ¡Madre mía! ¿Cómo lo hacen?

Ya no puedo contar que camino siguió cada cuál porque seguro que se hicieron más de seis rutas distintas. En esencia todo el mundo debe entrar por el canalizo de la cara Norte que se va retorciendo en espiral  para salir al este y a la cima. Pero por el camino se van encontrando canales de categoría “subible”. Y dale que te pego trepada, asidero para las manos y vencer la pared sujetándose con las rodillas. Cuando casi todo el mundo está arriba, Milio nos da unas lecciones gratuitas de escalada en roca entrando por otra canal que no es tal porque termina en un roquedo más alto que él. Vacila, le gritamos, busca acomodo, le aconsejamos, tensa los brazos, le disuadimos, y zas, ha superado un obstáculo de los que meten miedo.

Al final todos en la cumbre. Aire fresco para un día de mucho calor. Delante la silueta bellísima del Pico Verde, con sus estratos casi, casi verticales, y el Bodón, el Cueto Cabañas, y el Valdorria. Casi todos por encima de los 1900. Cuesta mucho reconocer la silueta de otros picos desde esta perspectiva. Dicen que desde León capital se aprecia perfectamente esta cima. El K-2 leonés superado con nota. Para bajar rogamos que por una vez intentemos bajar todos juntos. Y se ríen. Pero casi se nos logra. Y destrepando el mismo canalizo con sus chimeneas tubulares tan divertidas de bajar en chimenea, vamos llegando a la base para pasar al collado Las Campayaguas.

Ahora el terreno es muy fácil y siguiendo la modesta altitud de la cuerda vamos buscando el cortafuegos que nos sacará al camino que por la izquierda baja a la Braña. Llegamos al pueblo, después de seis gloriosas horas de ruta, el agua de las dos fuentes gélida, contribuye a quitar nuestra sed y a aliviar nuestro calor.

El autocar está a la sombra y se agradece. Para ir a lo seguro tiramos a comer a Cármenes, donde ya nos conocen y allí nos acomodamos para disfrutar nuestras viandas y para cambiar impresiones sobre la jornada “escaladora” del Cueto Ancino. Estamos contentos, nos hemos superado cada vez más, este grupo cada vez se atreve con obstáculos más complicados y a ver quién se atreve a elaborar el calendario del año que viene para estar a la altura de este.

Y hablando de calendarios en la cuarta salida de septiembre vamos a las Peñas Pintas, saliendo desde Las Salas, en la cola del embalse del Esla, junto al gran pantano de Riaño. Promete ser ascensión de trepadas. Lo nuestro, vaya.

FRESINES

miércoles, septiembre 12, 2012

EN LOS PUEBLOS ABANDONADOS DE LLUÉ Y TOLIVIA



8 de septiembre de 2012

¡Qué nivel de rutas veraniegas llevamos! Esta vez cambiamos de escenario para ir directos al corazón mismo de Ponga. Hoy en la fiesta de Asturias, la Santina nos regaló un día espléndido y caluroso. Nos pegamos un madrugón porque Ponga está lejos y, si podemos, para escapar un poco del calor en las horas centrales. Por cierto que el intento fracasó porque nos cocimos en nuestro jugo. Pero casi fue lo de menos. La ruta es de las que te engancha para siempre. Todavía cierro los ojos y estoy entre umbrías en el bosque profundo, a la orilla del Mojizo en un rincón totalmente perdido, sólo aptos para románticos y sentimentales. Que esta era una de las rutas soñadas de Jorge, que siempre quería meternos entre horros beyuscos. Y razón tenía.

Vale, que el Grupo Las Xanas se atreve casi con todo. Vamos por pasos. Nueve y cuarto en Les Bedules. Bien por el conductor que nos metió hasta allí, a pesar del tráfico de todo terrenos que iban camino de la fiesta de Arcenorio. Una hora menos de caminar. Pronto estamos en la fuente de Collada Granceno. Un paisano mayor nos informa que la bajada a Llué está impracticable. Mal empezamos. La fuente echa un hilín de agua. Que seca tenemos. La ruta está marcada como PR 283 con cartel y todo. Subimos a la Collada Viances.

Ahora hay que girar claramente en dirección Sur, pues los contrafuertes del Sen de Mulos no dan más opciones de camino. Esta parte es entretenida y a la sombra. Charlamos amigablemente con nuestro amigo Vetusto. La fuente Les Files tampoco está generosa de aguas. Por fin pasamos al otro lado entrando al valle de Tolivia. Desde aquí la subida al Sen de Los Mulos está muy definida. El sendero está muy bien señalado. Ahora tira en dirección Sureste. Llegamos a la Collada Llampara a 1290. Aquí empiezan las dudas. Tenemos que seguir a la Collada Reces, que se divisa unos trescientos metros debajo nuestro. Encontramos a Rubén y a un compañero que también quieren bajar a Llué. Nos dicen que el camino está bastante bien  que hay paso... Pero no conocen la bajada a Reces.

El camino se perdió entre arboledas. Son las once y media. Exploramos por una ladera: cortada. De frente, difícil. Se impone bajar por el bosque hacia la derecha. Bajada bastante inclinada y de piso irregular. Unas cuantas revueltas más abajo y unas trazas de sendero van llevando a otras y al final es una senda principal que entra en la Collada Reces. El paso por el bosque es sensacional, umbrío, tranquilo. A las 12 y cuarto en Reces. Dos cabañas en buen estado y un sitio paradisíaco. Según los lugareños lugar de encuentros amorosos entre los y las aldeanas.

Un grupo de diez decide seguir a Llué. Hay que perder 350 metros. Entramos por el helechal haciendo huella como siempre. Pronto termina y bajamos en lazadas muy inclinadas por el bosque. Terreno malo que impide correr. Muchas fayas pero también abedules y avellanos a medida que nos vamos acercando al pueblo. Se hace larga la bajada. Hay una extraña fayona cuya raíz es un puro contrafuerte vegetal y que termina por el lado de la ladera en una especie de cabeza de oso. Otro sitio mágico.

En una hora estamos abajo. Sorpresa. Hay una gran pradería en medio de todos los montes. Completamente llana, limpia y preparada para la pación. Queremos asomarnos al río. Estas dos chicas que llevamos son como apariciones. Estás hablando con ellas y de repente, no están, se han ido al río. Entre ortigas damos paso al río Mojizo, en una hoz curva muy impresionante, cerrada por los inmensos paredones del Niajo. La llanada de Llué se abre por el oeste por la estrecha foz del río Canalita. ¿Os acordais aquella vez que rodeamos el Cabeza Mimales desde La Palanca, en Peloño, para ir a toparnos con este paso imposible? Según Rubén, nuestro compañero improvisado, hay instaladas unas cuerdas para cruzar el río antes de la foz. Habrá que intentarlo otra vez. Por cierto esta pareja desapareció del mapa. Llegaron con nosotros a la aldea abandonada y nunca más. ¿Más magia? La salida del río Mojizo termina en otra profunda estrechura que sería curioso explorar.

Manuel nos echa para arriba, que nos están esperando en Reces. Tiramos como posesos y tardamos casi lo mismo que en bajar. ¡Claro, es que subir es más cómodo que bajar! Breve parada y seguimos por la senda de Tolivia, ahora sí, bien marcada. Seguimos por el bosque, la ruta es tendida, se hace fácil y seguimos escondidos del inclemente sol.  Por fin la aldea con su cementerio y sus casas abandonadas. Cuánta historia entre estas cuatro piedras. Por aquí subiría Martinón de Llué llevando a cuestas el oso cazado para enseñarlo a los de Sajambre. ¡Y descalzo!, dice la leyenda. Lo mejor conservado el hórreo beyusco.

Ahora la senda sale a un claro en las estribaciones de la Peña Ñorín. Son todo derrumbes y canchales. Sin embargo los constructores de la senda tuvieron la paciencia y la sabiduría de trazar un increíble camino de bajada, con multitud de pasos armados, buscando la roca para pasarla por los pocos accesos practicables. Un problema: ahora bajamos por la solana. Caca duro. Mi termómetro marca 32º. Lo compruebo con otros y la lectura es la misma. Qué  sed. Nos bajamos a la Portilla del Jorcao. No debería haber montañero alguno que no conociera este paso. El río Mojizo, que discurría tranquilo en Llué, ahora es todo pasión y velocidad. A penas se ve en el fondo del inmenso desfiladero. Salimos por el Puente Espina sobre el Mojizo, que baja agitado 80 metros por debajo del puente. Si no estuviéramos tan cansados y sedientos pararíamos más a empaparnos de paisaje.

Luego queda la dura remontada hasta el Puente Vaguardo. Refrescada en el Sella. Buena vista del Frailón y las Cuatro Monxines, iluminados por una luz esplendorosa. Todavía unos tres kilómetros de carretera hasta poder pillar el autobús. Llegamos con la lengua acorchada de la sed. Bajamos con el bus a Puente Huera. Siempre nos acogen muy bien. Hoy se puede comer fuera. Cuando estamos en ello llega la pareja perdida. Tuvieron problemas al beber el agua de Tolivia. Tienen el coche en Les Bedules. Lito se ofrece a llevarles hasta que puedan localizar un taxi.

Fue una jornada extraordinaria en todos los sentidos. Unas siete horas sin parar. Pero una gozada. Dos pueblos abandonados en nuestro haber, aldeas que tuvieron unas dificilísimas condiciones de vida. El salto de Les Bedules al valle Torbeñu  fácil y glorioso en sus vistas. Y luego todo el recogedero de aguas del Mojizo, que es el auténtico desagüe de todo Peloño. Una ruta de diez y punteado.

Este sábado cambiamos de escenario. Vamos a conquistar el Cueto Ancino, o sea el Huevo de Nocedo para que no se confunda nadie. Los leoneses lo llaman el K2, por su forma y su dureza. Y digo yo que no será para tanto. Subiremos al Huevo.

FRESINES

miércoles, septiembre 05, 2012

SUBIMOS AL MEJOR MIRADOR DEL CORNIÓN: EL CANTU CABRONERU Y LA PEÑA BEZA



1 de septiembre de 2012

En agosto hemos mantenido un muy buen nivel montañero con objetivos ambiciosos en las Ubiñas y los Picos de Europa  pasando dos de ellas de los 2.300 metros. Hoy teníamos que tomarlo con más calma y para descansar se nos presentó (la programación manda mucho) nada menos que el Cantu Cabroneru. Y allí nos fuimos en viaje hasta Soto de Sajambre para coger la tradicional Senda del Arcediano a la salida del restaurado lavadero de Soto. Por cierto el pueblo luce precioso en este tímido sol de septiembre.

A medida que vamos subiendo por el bosque más y más paisaje se asoma por la lomera. La mayoría cimas conocidas: Jario, con Vegabaño a sus pies, Los Moledizos, La Conia y Valdepinos. En la encrucijada tomamos el desvío de la izquierda  para terminar subiendo al límite que marca la estratégica Peña Beza, dominadora absoluta de todo el concejo de Sajambre.

Pasamos junto a la fuente de buen agua. A su rebufo pasta buen ganado. Repostamos agua. Dejamos la campera buscando el único paso practicable en las estribaciones de Mesa, por la Canal de Misa. Es una corta tajada en el murallón precedida por una calvera de tierra suelta. La subida por este tajo es fácil y corta. Salimos a la majada de Los Llanos y ya tenemos toda la serranía a la vista. El Carboneru es un auténtico canto alargado pero de escaso espesor especialmente por su fachada este, por la vertiginosa caída que se desploma sobre la desolación calcárea de Los Palomares.

Atacamos la peña por su cara oeste. La subida es tranquila, siguiendo jitos y lazadas. Los atajos merecen poco la pena porque lo que se pretende es superar cuanto antes el gran desnivel hasta la cima. Llegamos a una collada entre los dos picos. La verdadera cima de 1.996. éstá a la izquierda. Se sube echando las manos para buscar el mejor paso entre bloques. Al final hay un buen corredor y al llegar pierdes la respiración: todo el Cornión se puede ojear, desde el Requesón a la Bermeja. Saludamos a la Peña Santa a la que dimos la vuelta hace una semana. Desde aquí parece todo más fácil y bastante más rápido que lo que pateamos ese día. Se llega a ver pequeñito, el nuevo refugio de Vega Huerta. Y También, orgulloso, el central. Algo más allá la característica silueta del Espigüete. ¿Desde que balconada se puede ver todo esto? Creo que sólo desde el Cantu Cabroneru. Hasta aquí hemos empleado unas tres horas algo abundantes.

Salimos por el mismo corredor de la subida. Nos dividimos. La mayoría del grupo ya tuvo bastante. Despacito por el mismo camino a  Soto. Los siete fieles al programa siguen a la segunda cima del Cabroneru. La vertical a Los Palombares es mucho más acentuada. Hay que destrepar algo para buscar una canal de salida. Al final retomamos casi a la collada entre cimas y descendemos por el estrecho canalizo que baja a la falda de las Cebolledas.

Subimos las Cebolledas. Es un pico de escasa dificultad. Su mérito: estar en medio de dos colosos. Para bajar una curiosa canal meridional que retorciéndose salva el acusado desnivel entre la cumbre y la base. Buena destrepada. Y  entramos al Collado Llano. Fácil y pindia. A las tres estamos en la falda de la Peña Beza. No parece muy practicable a la vista. Buscamos el primer hito y a partir de ahí todo es muy fácil. Con algunos desniveles en cortada que hay que superar trepando por la roca. Subimos como si  tuviéramos prisa. En doce minutos en la cumbre. Lo cuento y no me lo creen. 

Apenas tiempo para hacer dos fotos de una sola tacada (aprende Peña). Miramos hacia atrás: se ve una canal herbosa que muy, muy vertical baja desde la altiva cima del Cabroneru. La dejamos para otro día, María José, no quieras agotar todas las posibilidades en un solo día. Tenemos justo enfrente la Torrezuela por su cara más difícil de escalar.

Para bajar elegimos la directísima a Soto. Como no se ven más que precipicios nos tiramos por la descendente cumbrera al Occidente. Exploradores por delante estudian todos los descensos. No deben ser fáciles porque al final acabamos otra vez en la Canal de Misa. Una hora escasa desde la cumbre.

Luego a faldear por el monte para buscar la pista mucho más abajo. Estos chicos y chicas parecen acostumbrados a bajar porque no dudan de tirarse ladera abajo entre la maleza. Una media hora más. Luego a ritmo de trote a reunirse con el grupo al que pillamos ya cambiándose junto al río. Las refrescantes aguas tonifican nuestros acalorados cuerpos. Nos ponemos guapos para ir a comer. A la sombra del merendero se está bien hasta que empieza a correr una fresca corriente de aire que rescata los polares de las mochilas.  Un día muy satisfactorio. Un mirador esplendoroso con las soberbias vistas al jardín de Sajambre, el bosque de los bosques de Picos. La vuelta muy entretenida con las  intrigantes lecturas de Tere que tienen al personal femenino soliviantado.  El tema da de sí para numerosos comentarios no todos bien intencionados, pero, señores, en algo hay que pasar el rato y además este asunto se nos da muy bien. Al menos en teoría que algún día de estos nos van a pedir que pasemos a la práctica y hay será ella.

Para el sábado día 8, fiesta de la Santina, tenemos una larga ruta que empezará en la Collada Llomena para subir a la Collada Granceno y bajar luego hasta el caserío abandonado de Llue, en el corazón más profundo de Ponga. Es una ruta que tiene algo de misterioso y que merece la pena descubrir. Luego bajaremos hasta los Beyos, por Puente Vaguardo.

FRESINES

martes, agosto 28, 2012

HICIMOS LA CIRCUNVALACIÓN DE LA PEÑA SANTA: OTRO DE LOS HITOS DEL GRUPO LAS XANAS


CRÓNICA DE NUESTRA INCURSIÓN POR LAS SENDAS MÁS RECÓNDITAS DEL CORNIÓN

 24 y 25 de agosto de 2012

Después de las ascensiones a la Ubiña, al Morronegro y al Tercer Poyón teníamos que poner el broche de oro a este montañero agosto y nada mejor para ponerse a ello que intentar circunvalar la Peña Santa. Estamos hablando de un inmenso paredón único por sus dimensiones: unos 1.800 metros de largo, 600 de alto y unos 875 metros en su parte más ancha. Dieciocho cumbres en su larga extensión, la mayoría de ellas por encima de los 2.300 m. Y con tan pocos pasos practicables que los pocos que hay se han convertido en nombres de referencia para los montañeros: La Forcadona y el Boquete.

El viernes 24 salimos de Les Valeres junto al lago Enol. Animados, bastante cargados para pernoctar en el refugio de Vegarredonda. La subida bastante buena, sin prisas, la mirada puesta en las Cebolledas y los Argaos, que luchan por sobresalir entre las nubes espesas que las abrazan. En el refugio bien, trato amable, ambiente montañero, un chupito y pronto a dormir que mañana nos espera una paliza. En una excursión de vaciamiento de cañerías a las cuatro de la mañana nos informa el excursionista madrugador: “esta orvallando, todo cubierto”. Se oyen maldiciones.

Es igual. Seis y cuarto de la mañana toque de diana. Desayuno a las siete. Un aliento a los más pesimistas: el altímetro está subiendo. Con Carrete todo nervioso salimos a las 7h 40. La encainada nos envuelve. La Llampa Bajera parece una exposición de salamandras: hay un montón de ellas, felices en esta terrible humedad. Sudamos lo nuestro. Sin poder ver el Porru Bolu, tapado por la nieblona, torcemos hacia la Fragua, a la que llegamos una hora escasa después. Esto es volar por el monte, señores. Primeros jirones de sol peleando con la niebla. Al paso por la Torre de Lueje hemos atravesado la nube. Nos apresuramos por las Barrastrosas, entre continuos sumideros. Debajo el terrible Jou Sin Tierri. Sembrado de enormes piedras. Entramos al Jou de los Asturianos

9h 30. A 2080 m, con el caminillo que por las coladas lleva a Los Traviesos. Largo descenso por el Jou, bordeando su parte izquierda. Se agradecen estos primeros rayos de sol. Espectacular la repentina aparición de la Torre de Enol entre las nubes espesas. La Grieta Rubia luce espléndida con sus tonos pardos. Algunos pasos de la senda se hacen por los llambriales. No importa, hay experiencia en estos pasos.

Llegamos a la Boca del Jou Santo (9 h 55, 2089 m.). Un amplío y angosto valle se abre a nuestra izquierda.  Los neveros del fondo hacen círculos concéntricos. Al fondo la torre de la Horcada llena todo nuestro horizonte. Bajamos un poco para volver a subir. Los rebecos curiosean a estos extraños bípedos. Ahora asoma, por fin la Torre de Enmedio. Todo el circo está cerrado con  Las Tres Marías y la potentísima Torre del Torco. Llegamos al Collado del Jou Santo. Primera vista del Espolón Norte de la Peña Santa, espléndida arista que se adentra en el anfiteatro. Deja a sus pies el nevero central. Los neveros están a estas alturas del año, coloreados de rojo por la acción de unas algas.

Por fin esta gente para algo. Hay varios improvisados vivacs para atacar desde aquí las cumbres. Son las 10 h 20. (2.112) m. Enorme el silencio, el paraíso de la caliza y el verde. Para Jorge Pablo no hay otro lugar de Asturias con esta extraña mezcla. Este era otro de sus paisajes míticos. Los grandes cantos caídos por las pedrizas y por el fondo del valle nos recuerdan que este monte está vivo, desgastado por la erosión, pero sobreviviendo a los embates del tiempo.

Subimos hacia el Collado de la Forcadona bordeando el Neverón. Puro hielo, tenerlo respeto. Algún trepe sencillo. Estamos arriba. 2.304 m. y son las 11 h 22 La roca está helada, el viento hace daño en las manos. No hay más remedio que seguir en movimiento. Sólo tiempo para una breve ojeada al valle de Sajambre que resplandece de verdor, coronado por el Jario. Bajamos lentos, pero con total seguridad. Hay buenos agarres y la única preocupación son los cantos sueltos tan abundantes. Nos cruzamos con dos chavales que suben como motos a la Peña Santa. No son muy habladores. Su compañero, que viene detrás, no respira en el esfuerzo por seguirlos. La tan nombrada Forcadona es un estrecho y empinado corredor entre la misma Peña Santa y la Torre del Torco. Es un orgullo ver bajar a este grupo con tanta seguridad y aplomo.

Bajamos también la Llerona. Estamos en terreno conocido: el camino que viene del Jou de las Pozas y bordea la vertical aguja del Corpus Cristi. Y es un sendero casi llano. Es la primera vez, de las varias que he pasado por aquí, que entiendo por qué llaman a la aguja siguiente la del Gato. Mirad las fotos y lo comprenderéis. Son las 12 h 10 y hemos bajado hasta los 2132 m. Casi en horizontal nos vamos a la fuente de Vega Huerta para comer algo y reparar fuerzas. Sólo un escaso cuarto de hora que los dos sargentos nos están apurando. Unos montañeros que están por allí nos echan las cuentas de lo que podemos tardar hasta el Boquete. ¡Cuatro horas dicen! Qué pinta de derrotados debemos tener.

Vamos a demostrarles que no es así. Arrancamos a las 12 h 55, por terreno incómodo lleno de sumideros y desniveles. Vamos cogiendo altura por los contrafuertes de los Basares. Los puertos de Cuba están bastante empinados. Llegamos a los Puertos de Cub, 1957 m. Vaya vista hay desde aquí: todo el Central, con las canales de Moeño y Dobresengos marcadísimas. Los inicios de las bajadas de Capozo y Mesones bien trazados. Suavidad de la pradería en contraste con el macizo de la Bermeja. Y Asotín bajo el Friero, y, atentos, se ven las últimas casas de Caín.

Es el espectáculo de la naturaleza en estado puro. No hay apenas indicios de la civilización por ningún lado. Las 13 h 45 y a 1957 m. Hacemos la primera foto de grupo y empezamos a subir por un pedregoso cantil atravesando en diagonal por la Colladiella. Los mapas indican dos caminos: uno de ellos va recóndito entre la Cerra del Frade y la Cerra de Cuba hasta alcanzar los Torallos Verdes. Nosotros preferimos seguir el camino más alto que gira a la izquierda. Es el marcado por jitos. Subimos por los cantiles sin más apoyo para los pies que los “piquitos” que sobre salen apenas dos centímetros de la dura roca. Cruzamos los Vasares y tras un descenso pronunciado, entramos por fin en el Boquete hora y media más tarde. Son las 15 h 20 y estamos a 2007 m.

 Por fin se ven las dos cumbres de Piedra Lluenga. Alguien comenta  que quién habrá estado tallando con la navaja la profunda joroba entre las dos cumbres. Es el paraje más solitario que uno haya visto nunca. En varias revueltas, atentos a los hitos, bajamos al Jou Santo. Comienza una larga subida. Ahora nuestro camino discurre bajo Los Traviesos (o el Alba) y la Canal Parda. El cansancio hace mella en las piernas. Un grupo de gente baja por Mesones a Caín. ¡No les queda nada! Pero cuando les decimos que queremos llegar a Enol esta misma tarde nos miran como diciendo “probes”.La cuesta no es muy pronunciada pero no se termina nunca. Algún amago de “pájara” con lo que lo sensato es parar para avituallar y beber. El silencio  se hace denso.

Llegamos al Collado del Jou Santo sobre las 16h 10. Se oyen voces de piquistas colgados de la Peña Santa. Les buscamos por la Canal Ancha y por la Angosta. Pero no les vemos. Debemos ser hormigas para ellos. Hace nueve horas que salimos.  Ahora sólo nos queda desandar lo ya hecho. El círculo está completo. Así que nos lanzamos por el Jou de los Asturianos arriba hasta alcanzar los 2.041 m. Luego ya todo es bajar: Las Barrastrosas, el Collado de la Fragua, la Llampa Cimera. Estamos atravesando otra vez la niebla.

La cantinela más frecuente es que cuánto falta para el refugio. Todo llega, hombre. En Vegarredonda a las 18 h, tomando un café caliente, recogiendo bultos y tirando para Sohornín. Ya sólo quedan las fuerzas de la reserva. JJ comenta que por qué no hacemos caso a nuestras rodillas que dicen basta, a nuestros pies prisioneros en las botas, a nuestras piernas que piden sentarse... Llegamos por fin los últimos, a las 20h 24. Doce horas y tres cuartos de dale que dale, pocas paradas, 30, 5 km. según el aparato. Pero felices a pesar del cansancio.

Si tuviera que poner algunos calificativos diría que ha sido muy duro pero emocionante, una borrachera de sensaciones, una ruta que alguna vez había que hacer, con el privilegio de visitar lo que está oculto a los simples mortales. ¡Somos montañeros, lo hemos visto y sentido, nos lo hemos ganado a pulso!

Para convocaros a la ruta de la próxima semana, estrenando la primera de septiembre, un casi descanso comparado con lo de hoy. Vamos al Cantu Carbonero de 1.996 metros subiendo por la Canal de Misa y bajando por la Peña Beza. Es uno de los mejores miradores del Cornión, que tanto hemos pateado este agosto.

FRESINES

martes, agosto 21, 2012

PUSIMOS UNA PLACA EN LA UBIÑA EN MEMORIA DE JORGE PABLO


18 de agosto de 2012

Peña Ubiña de 2.417 metros, es la cúspide de la Cordillera Cantábrica. Para los pastores leones la Peña. Sólo en Picos de Europa y el Alto Carrión se supera esta altitud. Además, es una brava montaña caliza, con afiladas aristas sostenidas por paredes de muchos metros, que le dan un sabor especial. El enorme peñasco que forman la Peña Ubiña y su vecino Fontán (exactamente la misma altitud) es el Macizo de Las Ubiñas en su conjunto.

Esta montaña está además rodeada de hermanas menores bastante más bajas, pero también con carácter, surgiendo bruscamente de una tierra suave de pastos ondulados, formando el conjunto un entorno muy montañero y muy bello.

De Torrebario al Collado Ronzón hay que salvar casi setecientos metros de altitud. Dos kilómetros. La desviación de la pista esta señalada. Tardamos hora y media en llegar al collado que separa las dos Ubiñas. Enseguida, ganando altura en diagonal por la falda de Peña Ubiña, encontramos la senda, cruzamos la alambrada y nos situamos en el lomo herboso.

Comenzamos  la superación de esta ladera, ceñidos a la cuesta, haciendo los zig-zags necesarios para suavizar la durísima pendiente. El prado se fue tornando pedregoso hasta convertirse en un arroyo de piedrecillas  movedizo e incómodo bajo un visible corte en una banda de roca. En cuanto pudimos, al alcanzar el primer embudo, procuramos buscar la roca de la derecha. Ganamos altura por esta ladera empinada,  con cortas superaciones de algún escalón (I), La ladera está formada por placas de rocas muy fracturadas y llenas de repisas y apoyos. Así salimos al balcón natural que da vista a toda la Babia. Hemos subido unos 100 metros en unos veinticinco minutos. Es curioso: empiezas a mirar las montañas del entorno y todas van encogiendo a medida que tú tiras para arriba.

Al acabar la roca, antes de lo que esperaba, nos encontramos a la vista del jito de la  cumbre Sur, al otro lado de unos 50 metros de rampa pedregosa que se supera ya sin destrepes. El altímetro marca 2.384 metros. Nos hemos aupado otros 300 metros y ahora ya se divisa, aún lejana, la cumbre principal.

Sólo nos quedaba atravesar el largo corredor de una cima a la otra, corredor con algún paso aéreo y desde el que se aprecian los profundísimos barrancos y canchales de la cara oeste primero y luego las interminables pedreras de la este. Sobre la una estamos arriba todos, treinta y Claudia, que todavía no ha cumplido los once. ¡¡Bravo montañera!! Los dos buzones, las dos placas en recuerdo de accidentes, una sensación increíble estar aquí de nuevo, ¡cómo se ensancha el corazón ante esta amplitud de horizontes!

Nos acercamos al extremo Norte. Por aquí llega la vía que viene desde la cresta del Prau Capón, y en la que hay que superar un auténtico muro con pasos PD inf. De perfil se ve impresionante la subida a la Puerta del Arco. Parece mentira que subiéramos por allí. ¿Y la bajada por el Canalón? Debajo del primer Castillín un ligerísimo trazo pardo en el pedrero, muy inclinado, por el que descendimos a la senda de Les Merines.

Sube una pareja por la Canal de Las Fanas desde Terreos. Es mala subida, este sí, un auténtico arroyo de piedras, un arroyo que fluye al menor descuido. Aprovechamos que se va un grupo de unos diez o doce para centrarnos en lo que hemos venido a hacer: Poner la placa en recuerdo de Jorge. Es a lo que nos habíamos comprometido en navidad cuando nos comunicaron la triste noticia. Fijamos la placa con buenos pernos y pronunciamos estas palabras dedicadas a él:

< 
Existe en nuestra sociedad un raro grupo de personas que sienten hacia las montañas una admiración y un respeto que les impulsa a internarse en ellas, recorriendo sus valles, subiéndolas o escalándolas, sintiéndose insignificantes frente a su grandiosidad. Estoy describiéndote y describiéndonos.
 
Hace unas semanas leíamos en una publicación semanal que en algún paso en las cordadas en el Everest podían llegar a formar filas de hasta  trescientos “aficionados” (no sé si montañeros) que han pagado por subir y que quieren ver cumplido su sueño. Vale. Para esa gente los motivos son otros: poder adquisitivo, afán de ostentación, una valoración material de la naturaleza y del hombre que la recorre.
Nada que ver con nosotros, nada que ver contigo, Jorge. De ti oímos siempre otros valores. En nuestras largas conversaciones por esos montes perdidos supimos que la montaña era para ti lo más opuesto a la competencia, era una manera de buscar la verdad sobre nosotros mismos y el sentimiento de lo pequeños que somos ante torres como esta Gran Ubiña . Todos tus años de experiencia y práctica montañera implicaban, con toda seguridad, una forma de educación, que en tu caso mamaste desde bien pequeño, en la que lo que importa al final es conocerse a uno mismo, saber con que bagaje físico y mental cuentas, cuáles son tus límites, el poder siempre contar con el grupo al que perteneces, el poner a disposición del grupo tu potencial y tu experiencia. Esto último, Jorge, lo hiciste en abundancia.
La frase que mejor expresa lo que hoy te queremos decir es de Goethe: Subir montañas “para encontrarse uno mismo en el infinito”. Jorge, este fue uno de los ideales de tu vida. Hoy te queremos renovar nuestra admiración y nuestro agradecimiento por tantas cosas. Esta pequeña placa quiere quedarse aquí, bien amarrada, para que cada vez que miremos de lejos la cima de la Ubiñona, en este cruce de vientos y horizontes, recordemos tu mirada contemplativa y muda, y esa sed de infinito que ,estamos seguros, viviste intensamente.
Queremos levantar nuestro vaso como sincero homenaje para brindar por ti, por nosotros y por todos los montañeros que aman los bravos montes de la cordillera. Tu grupo LAS XANAS, está aquí hoy recordándote. ¡POR JORGE!>>

Brindamos con emoción contenida. La placa quedará para siempre. Adiós, amigo. Tenemos que bajar. Desandamos todo el camino. La bajada es entretenida aunque no presenta problemas. A la una estamos sentados a la sombra en Las Vallinas. Falta mucho por bajar. Por Las Argaxadas vamos buscando los mejores pasos de bajada del arroyo Ronzón hasta encontrar la pista del Valle de Corrales.

Nos parece que bajar a Villagusán nos obliga a un rodeo y ahora aprieta el calor. Así que vamos buscando la manera de atravesar faldeando el monte hasta llegar a Torrebarrio.  Una buena fuente se agradece. Bajamos a comer a San Martín, nuestra sede tevergana. Día muy completo y de una belleza extraordinaria.

La próxima semana tenemos la circunvalación de la Peña Santa. Ya sabéis: pernoctando en Vegarredonda alcanzaremos el sábado que viene el collado La Fragua para subir a continuación al Collado del Jou Santu y bajar por La Forcadona a Vegahuerta. Allí cogeremos la senda de los puertos de Cuba para subir por El Boquete al Jou Santu y volver a Vegarredonda. Es una ruta larga y exigente pero el nivel que está demostrando el grupo hace suponer que será una magnífica excursión.

FRESINES

viernes, agosto 17, 2012

EN EL MORRONEGRO Y LA SIERRA MASERONA: HICIMOS SEIS CUMBRES


11 de agosto de 2012

La ruta de hoy tenía muchas posibilidades. Toda la sierra de los Maserones desde el emblemático Morronegro hasta la última cima que está prácticamente encima de Torrestío. Cumbres todas por encima de los 1950 metros. El único inconveniente a la vista podría ser el fuerte calor que llevamos disfrutando una semana.

Aparcamos en Torrestío a donde pensamos volver a la tarde. El pueblo está muy arreglado. Siempre es un sitio con encanto y su gente es muy acogedora. Vamos por el Valle Valverde con buena progresión a pesar de que la solana comienza a apretar. Tras una hora de buen camino que se pierde en las praderías, llegamos a la caseta alta para retomar el camino que nos lleva al collado Quexeiro. Compañeros más impacientes se tiran a cruzar el arroyo Valverde para faldear las primeras estribaciones del Morronegro.

En la collada Quexeiro se cruzan varios caminos: la subida hasta la Calabazosa, la bajada a La Majúa, el camino del río Valverde y la senda que sube al pico Pialdá, antesala del Morronegro. Comenzamos a subir. En una hora estamos muy cerca de coronar. Orillamos esta cima que nos aparta ligeramente de nuestra meta. Hasta aquí llevamos dos horas escasas. Una brisa intensa nos ayuda refrescando el ambiente pero dejándonos la sensación de sed permanente.

A la vista toda la pared de subida al Morronegro. Este pico es un triángulo se mire por la cara que se mire. Y además un triángulo bien agudo. Se nota por lo inclinado de su pared norte, que es la más suave de sus aristas. Haciendo un esfuerzo seguimos hasta lo más alto. Tardamos treinta y cinco minutos. Arriba se está tan bien que nos tiramos tres cuartos de hora de charla y contemplación. Hemos subido a casi todo lo que tenemos alrededor, que es mucho: El Montihuero, Los Años, La Orniz y la terrible bajada de La Cervata, la Peña Congosto, El Solarco, El Ferreirúa, Los Huertos del Diablo, el Prau y los Fontanes, el Siete, los Castillines y la Puerta del Arco. La próxima semana andaremos por la Gran Ubiña en homenaje a nuestro recordado Jorge, amante fiel de estas montañas.

Ahora toca empezar el rompe piernas que tenemos previsto para hoy. En un golpe de vista se abarcan todas nuestras próximas subidas. Toda la sierra de la Maserona forma un amplísimo arco, que engloba el antiguo glaciar del que nace el río Valverde. Las pedreras son el resultado de la fortísima erosión de la cuarcita. Algunas rocas, en sombra todavía, nos devuelven todo el helor de la noche al tocarlas. Pasamos con facilidad a la cumbre Sur del Morronegro. Bajamos por la lomera. El terreno es cómodo y despejado. Alcanzamos con una pequeña ascensión el Pico La Loma. Cuatro horas justas. Foto y seguimos. Bajamos hasta la loma que arranca al Valverde. Pero nosotros seguimos hasta El Arca que se asoma provocadora en el horizonte. Es roca casi negra. Se ataca por la izquierda de la cima teniendo en cuenta que la aproximación es algo incómoda por la vegetación baja. Roca muy erosionada.

            Justo en frente hay una cima de color negro, de 1989 m. según el mapa.  La mayoría de la gente se lanza a subirla echando las manos en varias trepadas por un pequeño corredor meridional donde se acaba formando un atasco. Avisos de advertencia porque es una roca muy descompuesta, muy poco asentada y que puede dar sorpresas. Afortunadamente la bajada es tendida por el lado norte.

            Sin más complicación buscamos la siguiente cumbre atravesando por un  resalte de cuarcita llena de líquenes que hace las delicias para los rebecos del grupo. Con una suave bajada y un poco de subida pisamos El Azmón. Cuatro horas y tres cuartos llevamos. Torrestío muy por debajo. Ahora empieza lo bueno: no hay ningún camino trazado. La hoja de ruta de Raúl Fernández Velasco propone volver a la cota de 1942. Más o menos eso hacemos pero empezando a tirarnos ladera abajo La vegetación alta, las raíces incómodas, la inclinación notable, las piedrecillas sueltas, la bajada a “pelo gochu”... UNA XANADA al uso, para salir mucho más abajo y una hora después a los prados de La Vallunga donde hasta las caballerías nos miran extrañadas pensando de dónde ha salido tanta gente. Casi enseguida ya encontramos una pista de la que saltamos hasta la siguiente para encarar el puente por el que entramos al pueblo hartos de tanta bajada y con las rodillas temblonas.

            El “refrescao” en el río después de siete horas y cuarto es un alivio. ¿Quedará cervecita? Allá vamos a comprobarlo.

            Como os dije antes, Ubiña la Grande es nuestra próxima etapa. Colocaremos una placa homenaje a Jorge en este lugar especial que tantas veces recorrimos. “Las montañas nos han obsequiado con su belleza, y nosotros las hemos amado con la ingenuidad propia de un niño y reverenciado con la veneración que un monje siente por lo divino.”  (Maurice Herzog) ¿No veis que está hablando de Jorge?

FRESINES


           

miércoles, agosto 08, 2012

SUBIMOS AL TERCER POYÓN EN EL CORNIÓN

4 de agosto de 2012

Volvemos a las crónicas después de las actividades que hicimos con el Alpino por los Pirineos aragoneses. El GM Las Xanas intentó el ascenso a la Cruz en el Mampodre desde la collada Valverde. Actividad que no se pudo realizar por la niebla. La apuntaremos para el calendario del próximo año.

Volviendo a este primer sábado de agosto teníamos muchas ganas de volver a nuestros siempre añorados Picos de Europa. Y nada menos que subiendo a la torre de los Poyones, la tercera de la fila, una desconocida para la mayoría de nosotros.

Hacemos el conocido camino de Vegarredonda. Tres cuartos de hora al mal llamado Pozo del Alemán. Nos esperan 950 metros de subida. ¿nos permitirá el mal tiempo llegar? Nubes bajas en el horizonte. En hora y media estamos en el Refugio  Viejo. Hacemos provisión de agua. Afortunadamente no vamos a pasar calor. Buena parte del grupo tira hacia Ordiales. Doce montañeros por la Llampa Cimera. Hoy no está nuestro añorado Manolo marcándonos el paso, esa manera calma de subir que resulta ser contundente. Taboada le remplaza. La Llampa Cimera siempre pesa en las piernas. Cuando superamos el Porru Bolo las densas nubes se han difuminado. Algo más altos en la zona del Llano Las Pozas cortamos por la derecha hacia la base del Cuetu Llago. ¡Qué buena pinta tiene! Y es fácil de subir. Entramos al Llagu Cebolleu o al Llagu Seco. En este agosto está efectivamente seco. La belleza de la roca impresiona. Las manchas verdes entre la caliza blanca son una fenomenal adaptación de la vida en las condiciones más extremas. Pasamos al Jou del Requesón, bellísimo, pura desnudez de la piedra, mil formas caprichosas, manchas anaranjadas entre las coladas grises. Qué pequeños somos rodeados de torres.

Bordeamos el primer Poyón. Hay que dar un amplio giro a la derecha. Estamos en una de las zonas más desconocidas del Cornión. Aquí sólo habitan el rebeco y el buitre y esporádicos montañeros que se atreven por esta soledad. Es la una y diez y estamos a 1890. Encaramos la fuerte subida a la Horcada Vaquera. Vemos fósiles marino incrustados en las rocas del camino. Sobre las dos estamos en la base del Tercer Poyón. Dejamos las mochilas. Hace aire y está cubierto. Un día perfecto para escalar.

Entramos por una vira diagonal que al poco tiempo pide echar las manos para superar la primera cortada. Sin dificultad. Hay buenos agarres y pequeñas repisas para los pies. Un poco más arriba un canalizo con una amplia roca incrustada en medio. Hay que sortearlo por el tubo o saliéndose un poco más hacia la derecha. No hay mucho patio por lo que también se pasa sin problemas. Sigue un amplio corredor herboso en ascenso hasta una terraza pequeña. A partir de aquí algunos siguen una diagonal centrada entre dos grandes bloques, que tiene el inconveniente de una gran roca abombada que hay que superar. Los que vamos a la zaga descendemos un poco para encontrar por la izquierda un canalizo que asciende hasta la cumbre. Además hay jitos. Luego un giro a la derecha y entramos en la línea cumbrera. Una gran sensación. La subida ha sido una continua superación con sus dosis de adrenalina incluida. Entretenida y divertida.

La sensación en la cumbre es muy placentera. La cara oeste del Requesón domina todo. En foropicos hay varios relatos de ascensiones en trepada libre por los canalizos. Produce sudores pensarlo. Debajo nuestro está el Segundo Poyón, más modesto en altura pero sólo accesible con cuerdas y clavijas. Su primera ascensión fue la Blanco-Rodríguez en 1974,  mientras que la subida por la oeste del Tercer Poyón fue un año antes con pasos mucho más sencillos (III +) que los del Segundo.

Tenemos buena vista a los Sedos de Onzaina, a la Torre de la Canal Vaquera y al Cotalba. Hay gente en este último. A nuestra derecha Ordiales y el lago Enol. El panorama de cumbres delantero absolutamente rotundo: La Torre de Enol, el Torco, la Torre de En medio y por encima del Jou Lluengu Los Estribos, la Cabra, el Diente y la Garita Cimera y Bajera. Rodeando al Jou de las Pozas que recorrimos hace tres años y que nos maravilló por su belleza increíble.
Media hora de subida, diez minutos en la cumbre, veinte minutos de bajada. La temida bajada resulta ser bastante más fácil de lo que pensábamos. Decidimos bajar en directo por el Jou del Juñazu, superando varias cortadas para llegar a los Jous de Huerta, y rodeando unos peñascos finales salimos a los Campos de la Torga, donde encontramos el camino de Ordiales. La bajada está bien jitada para sortear los grandes desniveles. Llegamos a la zona de los lapiaces “esculpidos” en la zona del Horcau. Siempre nos admiran.

Bajamos al refugio. Quedamos con Marta para finales de mes cuando intentemos la circunvalación a la Peña Santa. Salimos del refugio con algo de agua. Escampa pronto. Sólo hay que desandar todo lo recorrido por la mañana. Así ya un poco hartos que son veintidós kilómetros, llegamos a Sohornín, a las seis y veinte. Ocho horas y media abundantes. Comemos en el bar. Muy contentos con la subida. El tiempo nos ha respetado y no hemos pasado calor que metidos en la caliza es terrible. Todo perfecto: cerramos una gran jornada montañera.

El sábado 11 nuestro destino es el Morronegro en Torrestío, una subida apta para todos en la zona de Babia con vuelta a Torrestío por la lomera de las cumbres. Otro buen entrenamiento para la integral del Cornión.

FRESINES

domingo, julio 22, 2012

LAS XANAS VUELVE A LOS CASTILLINOS EN UNA GRAN JORNADA MONTAÑERA


21 de julio de 2012

Hoy tenemos por delante una de esas rutas que crean ilusión y también, por qué no decirlo, un cierto regusto de temor. Explicable del todo: aparte de necesitarse una forma física y un entrenamiento adecuados, además de no padecer ningún inconveniente físico que te impida gatear por esas laderas, también hace falta un punto de osadía para adentrarse por las torres de los titanes.

Madrugamos, pero no más que en otras ocasiones, porque Las Ubiñas, es nuestro parque natural, nuestro destino inevitable, nuestros Picos de Europa en pequeño.  Diez menos cuarto en Torrebarrio. Pista adelante. Vista clara a nuestra meta: la única y pequeña brecha que se abre en el murallón que va de la Ubiña grande a la Muesca de Colines. Mil setenta metros de desnivel. Mil setenta que habrá que patear en continua superación. Hay ganas de superarse. Más de la mitad del grupo ya estuvo aquí. La última vez con la inestimable ayuda de Manolo y Jorge.

Tardamos una hora y veinte minutos en llegar a la riega que baja de los Fontanales.  Ya han caído seiscientos y pico metros. Las pistas siempre necesarias, pero tan monótonas... En media hora más, en la fuente. Pequeña discusión sobre por dónde afrontar la subida. Todo el mundo de acuerdo en una cosa: hay que evitar el pedrero. Está bien plantear una ruta fijada y sus posibles alternativas. Adentrarse por estos precipicios sin conocer dónde te metes es una temeridad.

Vamos subiendo por la zona herbosa. Los recuestos son bien duros, pero hay una pequeña repisa al final que permite cruzar por encima del pedrero. Alguien se atasca en el pedrero. Hasta siete caballeros forman una guardia de seguridad. Mejor por los senderillos del ganado. Atentos a la piedrilla suelta. Hay que tirar más a la izquierda.

Confundidos por algunos jitos nos pasamos un tanto. Ya estamos en franca trepada buscando un corredor que corta en diagonal. La palabra clave a partir de aquí es “¡piedra…!”. Y bien cierto que la usamos. Los canalizos ascendentes son una trampa para no avisados. No se puede apoyar la bota e intentar rectificar luego. No se puede apoyar el bastón en cualquier sitio. Mejor subir bastante pegados unos a otros. Ayudarse, ir marcando los pasos, aquí hay un apoyo, allí tienes un escalón...

Saliendo de la herradura que tuvimos que realizar las cosas están más claras, ¡estamos en la canal de la puerta del arco! Su fondo es el inmenso arco que está rematado en triángulo. Hacia allí subimos atrapados en su belleza. Aquí hay que pegarse a la peña de la izquierda. Esta es la entrada al circo de las cumbres, puro arte gótico.

Es la una de la tarde. Tres horas y cuarto de subida. El lado asturiano, tímido, escondido por las nieblas. Algunos hacen alto con el “ya estuvo bien” en la boca. Otros catorce osados quieren hollar el templo de las águilas. Seguir subiendo por el canalizo en tubo que te deja en el Segundo Castillín. Hay que volver a pegarse a la izquierda todo lo posible. “Por favor, comprobad los agarres antes de izaros, que la roca a veces se deshace en las manos”. Sólo se tarda una media hora al Segundo Castillín. Miguel y yo nos asomamos a una enorme ventana que suele pasar desapercibida. Pavoroso.  Afortunadamente no se ve el final por la niebla que entra a chorros. Hay una trepadilla final para llegar al elegante buzón. Bandera de Asturias e himno incluidos en un arranque espontáneo y emocionado. Curioseamos también por el tubo que baja por detrás y que permite bordear el Tercer Castillín para subir al cercano Siete. ¡Qué recuerdos nos trae esta magnífica y exigentísima subida! Bajamos con precaución. El piso de grijo es una trampa deslizante.

La subida al Primer Castillín es muy entretenida. Se empieza en un canalizo a la derecha que tiene buenos asideros. Luego hay que hacer una vira diagonal en ascenso permanente que en algún momento deja de tener “pasamanos”. La gente tiene experiencia y se practica mucho la subida por chimenea en oposición. La niebla entra a raudales por todas las ventanas.           

Nos encontramos todos en la repisa de inicio. La niebla tapa toda Asturias. Un poco más a la derecha arranca la canal de bajada. Es delicada por el piso y la inclinación.  Algún bastón provoca una “cascada” de piedrecillas sin mayor importancia, pero el aviso está dado. La cascada ha resonado en el silencio. Saliendo de las tres lazadas más comprometidas, entramos a una pedriza de las de verdad. De las que se pueden hasta esquiar. Lo intentamos bajando a velocidad y cargando buen número de piedrecitas en las botas. Hacemos un escándalo que tiene que resonar en todo el valle de Covarrubia. Tras pasar por los verticales roquedos de las Cinchas del Plano caemos en la senda Les Merines. Hemos atravesado la nube. Después de tanta caliza el verde asturiano es un descanso. El refugio del Meicín allí abajo. Las cervecillas del refugio están bien ganadas. Una gran jornada montañera como pocas. Un grupo bravo.

Bajamos a Tuiza a comer. Hay hambre de veras y damos cuenta de nuestras viandas con alegría. Nos quedan un par de cajas de sidra donde Requejo para redondear el día. Allá vamos.

La próxima semana el grupo visitará el Mampodre con subida desde Maraña a la Cruz y al Covento para volver otra vez a Maraña. Quien no conozca este circo no se lo puede perder. Como parte de la directiva se va de actividad por los Pirineos, hay que contactar con Lia en el 659504986. No quedan muchas plazas. Hay quien piensa que es el momento de dar un golpe de estado. ¡Venga animaros, que os dejamos los trastos!

FRESINES

miércoles, julio 11, 2012

LAS XANAS SUBE A LA PEÑA CHANA ENTRE BRUMAS Y NIEBLAS


7 de julio de 2012

Seguimos en lo mismo. No hay verano que valga. Hicimos nuestra salida bajo unos nubarrones espesos. No llovía pero la amenaza estaba sobre nuestras cabezas. Entramos por León a La Cueta. Los peores pronósticos estaban por el norte de Castilla.

Sin arredrarnos ante el mal tiempo, ya más que resignados a él, empezamos en La Cueta, pueblo leonés muy adecentado. De él salen tres ríos con sus tres valles correspondientes, más un cuarto sendero hacia el puerto  de Somiedo. Nosotros elegimos la pradería de Los Espinos que, bordeando los Picos Blancos por nuestra derecha, nos dejaron debajo de la Peña Chana. En este momento estamos dentro de la nube. Otra vez toca mojadura. Entramos por la canal sureste que nos lleva directamente a la cumbre. Es trabajosa y más por la piedrecilla suelta que convierte el andar en inseguro. Ahora la niebla ya es lluvia. No hay sitio para los paraguas pues toda nuestra atención está en el piso.

En menos de dos horas desde que empezamos en La Cueta hacemos cumbre. Hace bastante frío. Las bicicletas son para el verano y los guantes para el invierno. ¡Ja! Será en otra parte... Con las manos amoratadas es un triunfo cerrar una cremallera. Escapamos rápido. En lugar de bajar hacia el norte, preferimos desandar lo subido para volver al collado del Alto del Mojón.

En Asturias hace mucho mejor tiempo. Por lo menos no llueve y a ratos hace un amago de sol. El paisaje desde aquí es una sucesión de praderías intensamente verdes entre montañas verticales. Las paredes de estas están muy fracturadas en bruscos sinclinales. Somiedo siempre fue una geografía atormentada. Sin embargo hoy nos enseña su cara más amable.

Por muy buena pista y en sucesivas bajadas llegamos a la braña de Sousas. Los corros están en muy distintos grados de conservación. Los hay pequeñitos y uno impresionantemente grande con sus lajas de piedra cerrando los techos. La gravedad, que es enemigo de los tejados, aquí se convierte en un aliado de los arriesgados pastores con técnicas aprendidas desde el neolítico. Uno de los corros semiderruido pone en evidencia el tamaño de las piedras usadas para formar las cúpulas.

El ganado pasta en los alrededores. Espléndido año de pastos. Aquí se está bien y la temperatura, aunque otoñal, es agradable. Salimos después de hacer las fotos de rigor. Pasamos por la braña de Fuexos. Se ven algunos teitos a media montaña. Somiedo, solitaria comarca, gente astuta y autosuficiente. El valle es digno de un pintor romántico que sepa utilizar variados tonos de verdor.

La pista gira al este y, atravesando un bosque de ribera, nos deja a la entrada de Valle de Lago. El pueblo está bien arreglado, lleno de construcciones nuevas, algunas imitando teitos. Sólo hay un problema: está casi vacío. Será el mal tiempo, será la crisis, pero el caso que el turismo no ha subido. Los caballos de alquiler se aburren contra la tapia. Hoy no van a tener trabajo. Y eso es malo.

El autocar conducido por Alex nos hace el favor de subir junto al bar en el que vamos a comer. De normal, con los coches aparcados a ambos lados de la calle principal no hubiera podido pasar y habríamos tenido que bajar hasta el Coto de Buenamadre para poder regresar.

Descontando el frío de la cumbre y la falta de visibilidad podemos apuntar la jornada montañera como positiva. La vuelta en el autocar se presta a gran cachondeo. Ha vuelto Pablo, la alegría de la huerta. La risa está garantizada y nos queda a todos claro, pero claro clarísimo, que todas las excursiones tienen que pasar por Teverga. Fin de las risas. La próxima semana más.

Hablando de la próxima semana volvemos a nuestros queridísimos y siempre añorados Picos de Europa. Está vez a la Samelar desde el Jito Escarandi con unos  900 metros de subida y una original bajada por las Verdianas hasta Beges. Es probable que en este viaje tampoco pasemos calor.

FRESINES