Las predicciones meteorológicas no podían ser menos halagüeñas. La gran borrasca con vientos de más de 150 kilómetros por hora había pasado la noche anterior, dejando un rastro de árboles caídos y dando paso a las tormentas y las lluvias en general. No veíamos con muchas posibilidades el hacer la ruta pero al menos lo intentábamos. Estando en Arriendas, una gran tormenta acompañada de aparato eléctrico se descargaba en la zona a la que nosotros pretendíamos ir. Pero nuestra moral seguía intacta.
Cuando abandonamos el autocar en las cercanías de Llordón, justo en el seudo aparcamiento existente junto a la pasarela o puente colgante de la Uña, el tiempo tendía a mejorar y sobre nuestras cabezas podíamos ver la airosa figura del Corona del Castiellu recortada contra el cielo cubierto de nubes.
Cruzamos el puente colgante sobre el Sella y en la otra orilla cruzamos las vías de FEVE por un senderillo que allí se dibujaba. Luego seguimos el sendero que atravesando un pequeño bosque, se abria paso por entre las altas hierbas ascendiendo con cierta verticalidad, para tender luego a la derecha cuando el espacio está más espejado. Vamos dejando tras nuestro la silueta del Corona y nos vamos acercando a las estribaciones finales de la pequeña Sierra de Toraño.
Algunos de nuestros compañeros optaron por subir casi de frente por la canal herbosa que se forma a la derecha del pico, para alcanzar un pequeño collado a los pies del Corona. El resto preferimos el camino menos duro para conseguir el mismo objetivo. El sendero se pierde en algunos momentos pero pronto se recupera. Al llegar a la altura de una gran roca la pasamos dejándola a nuestra izquierda, y la superamos caminando hacia el noroeste para alcanzar un collado a los pies de la cumbre más norteña de la sierra.
Algunos optaron por ascender esta cumbre para luego girar a la izquierda, sur, dirigiéndose hacia el Corona Castiellu. Otros optamos por seguir el sendero un poco menos marcado que pasando bajo la ladera este del picacho, se dirige casi en llano hasta las inmediaciones del colladito en el que nos esperaban quienes subieron de frente.
En este punto se impone una nueva dualidad de posibilidades y los más fuertes prefieren seguir por la canal subiendo a la cumbre casi en vertical, mientras que los menos osados lo hacemos por el camino que desciende ligeramente al sur para cruzar una pedrera y girar a continuación a la derecha tomando rumbo a una horcada que se ve a la izquierda del pico. Llegados a esa pequeña brecha y pasando a la cara oeste del Corona, comenzamos a ascender entre la piedra, por un sendero bien marcado y con algunos jitos de señalización, alcanzando cómodamente la cumbre coronada por un buzón montañero.
El pequeño promontorio de solo 542 metros de altura, nos ofrece unas estupendas vistas de la costa en la que las olas rompen con fuerza contra los acantilados. Si nos fijamos, podemos ver los bufones de la zona de Pria. Nos imaginamos las vistas que puede tener esta cumbre, de la zona de Picos, hoy totalmente cubierta de nubes. De vez en cuando podemos adivinar la silueta nevada del Pierzu y del Carria y por un instante, también la del Canto Cabronero. Pero nada más. En la cumbre hace frío. El viento arrecia y no podemos permanecer en ella por mucho tiempo. Hacemos las fotos y después de cubrir la tarjeta de cumbres, iniciamos el descenso con dirección este por la ladera más norteña del pico.
Descendemos a la horcada desde la que iniciamos nosotros la ascensión y dejándola a la izquierda, continuamos por el senderillo del ganado que va recorriendo toda la ladera norte de la sierra. El camino se pierde en algunos momentos debido a la hierba que está muy alta y a la maleza, pero enseguida nos reencontramos con él nuevamente. Toda esta parte de la ruta la realizamos casi en llano sin grandes subidas ni bajadas. Ni que decir tiene que existe la posibilidad de hacer lo por la cresta de la sierra, pero entonces no nos quedará más remedio que sufrir más de una bajada con subida a continuación. Como el tiempo no está nada católico y el viento es fuerte y frío, preferimos hacerlo por la ladera al resguardo del aire. Así y todo, no tuvimos más remedio que sufrir una tormenta de agua y granizo acompañada de viento, que en poco tiempo nos dejó pintando. Se daba la paradoja de que a nuestra izquierda estaba la tormenta con sus obscuros nubarrones y a la derecha teníamos un hermoso cielo azul, rasgado pro jirones de blancas nubes y el sol.
Pasada la tormenta el día se despejó y pudimos disfrutar de la corta mejoría. Si, corta. Pues al poco, cuando estábamos llegando a la Jorcada, una nueva borrasca se descargó sobre nosotros. La Jorcada la reconoceremos por las antenas que hay en ella. A la collada llega una pista desde el cercano pueblo de Tresmonte, para servicio de las antenas y de las praderas que las circundan. Nosotros seguimos por la pista hasta las primeras antenas, rebasándolas para acercarnos a una más pequeña que se encuentra al borde este de la sierra, casi sobre las casas de Toraño. Pero aún nos resta la peor parte de la ruta.
Desde la antena sale un camino por la izquierda que desciende a una bonita pradera en la que hay una cabaña medio derruida. La pradera se encuentra en el límite de la sierra por todos sus lados y rodeada árgumas en el descenso. Se impone estudiar el lugar. La mayoría, menos pacientes, optan por descender por la izquierda, noreste, a buscar un camino que parece dibujarse entre las punzantes y altas cotoyas. Los que tenemos menos prisas buscamos entre la maleza los vestigios de algún sendero que nos permita atravesar la espinosa barrera. Vemos un sendero abrirse paso por entre las cotoyas e iniciamos el descenso por él. Pero enseguida desistimos al ver a los que nos preceden envueltos entre las ramas peleándose por buscar un paso. Regresamos a la pradera y descendemos por el prado hacia el sureste por debajo de las laderas de Peña Llana. La inclinación es importante y lo resbaladizo del terreno nos obliga a tomar precauciones. Un incipiente sendero nos da confianza y tras pasar una cabaña derruida entre árboles, seguimos a la derecha un camino que poco a poco se va haciendo cada vez más evidente. Algunas cotoyas tratan de cerrarlo pero el paso está franco y podemos seguir. Parece que vamos en la dirección contraria pero pronto cambia de orientación y comenzamos a descender por el bosque sin problemas ya de maleza ni tan siquiera de barro. Enseguida alcanzamos los prados que rodean a una finca que se encuentra en la carretera de Toraño, con lo que nuestras preocupaciones desaparecen. Ya en la carretera no resta más que seguir a la izquierda, este, para llegar a Toraño, después de dejar a la derecha el puente sobre el Sella. En Toraño, donde llegamos después de algo más de 5 horas de caminata, nos espera el autocar. Aquí ponemos fin a una ruta que no pesábamos poder hacer pero que sin mayores dificultades la completamos unos años después de nuestra primera intentona. Ni que decir tiene que los que bajaron por los otros lugares sufrieron en sus carnes las mordeduras de las cotoyas. Más de uno estará aún sacándose pinchos de varias partes de su cuerpo.
Para el próximo sábado tenemos ruta suave para resarcirnos de las picaduras de esta. Nos vamos a la costa más oriental de Asturias. Concretamente a su límite este, a Bustio, en el concejo de Ribadedeva, para hacer una ruta costera que terminaremos en Pendueles. La ruta propuesta es:
Bustio (40 m) – La Texera (50 m) – Pico Cañón (199 m) – Santa María de Tina (100 m) – Ermita de San Emeterio (50 m) – Mirador Pico Pimiango (146 m) – Pimiango (158 m) – El Peral (71 m) – Capilla del Cristo (76 m) – Cuadras de l’Aixu (107 m) – Serra (100 m) – La Franca (60 m) – Playa de La Franca (25 m) – Bufones de Santiuste (39 m) – Playa de Cobijeru (20 m) – Ensenada de Buelna (29 m) – Buelna (50 m) – Playa de Entremares (11 m) – Playa de Pendueles (10 m) – Pendueles (40 m)