miércoles, septiembre 12, 2012

EN LOS PUEBLOS ABANDONADOS DE LLUÉ Y TOLIVIA



8 de septiembre de 2012

¡Qué nivel de rutas veraniegas llevamos! Esta vez cambiamos de escenario para ir directos al corazón mismo de Ponga. Hoy en la fiesta de Asturias, la Santina nos regaló un día espléndido y caluroso. Nos pegamos un madrugón porque Ponga está lejos y, si podemos, para escapar un poco del calor en las horas centrales. Por cierto que el intento fracasó porque nos cocimos en nuestro jugo. Pero casi fue lo de menos. La ruta es de las que te engancha para siempre. Todavía cierro los ojos y estoy entre umbrías en el bosque profundo, a la orilla del Mojizo en un rincón totalmente perdido, sólo aptos para románticos y sentimentales. Que esta era una de las rutas soñadas de Jorge, que siempre quería meternos entre horros beyuscos. Y razón tenía.

Vale, que el Grupo Las Xanas se atreve casi con todo. Vamos por pasos. Nueve y cuarto en Les Bedules. Bien por el conductor que nos metió hasta allí, a pesar del tráfico de todo terrenos que iban camino de la fiesta de Arcenorio. Una hora menos de caminar. Pronto estamos en la fuente de Collada Granceno. Un paisano mayor nos informa que la bajada a Llué está impracticable. Mal empezamos. La fuente echa un hilín de agua. Que seca tenemos. La ruta está marcada como PR 283 con cartel y todo. Subimos a la Collada Viances.

Ahora hay que girar claramente en dirección Sur, pues los contrafuertes del Sen de Mulos no dan más opciones de camino. Esta parte es entretenida y a la sombra. Charlamos amigablemente con nuestro amigo Vetusto. La fuente Les Files tampoco está generosa de aguas. Por fin pasamos al otro lado entrando al valle de Tolivia. Desde aquí la subida al Sen de Los Mulos está muy definida. El sendero está muy bien señalado. Ahora tira en dirección Sureste. Llegamos a la Collada Llampara a 1290. Aquí empiezan las dudas. Tenemos que seguir a la Collada Reces, que se divisa unos trescientos metros debajo nuestro. Encontramos a Rubén y a un compañero que también quieren bajar a Llué. Nos dicen que el camino está bastante bien  que hay paso... Pero no conocen la bajada a Reces.

El camino se perdió entre arboledas. Son las once y media. Exploramos por una ladera: cortada. De frente, difícil. Se impone bajar por el bosque hacia la derecha. Bajada bastante inclinada y de piso irregular. Unas cuantas revueltas más abajo y unas trazas de sendero van llevando a otras y al final es una senda principal que entra en la Collada Reces. El paso por el bosque es sensacional, umbrío, tranquilo. A las 12 y cuarto en Reces. Dos cabañas en buen estado y un sitio paradisíaco. Según los lugareños lugar de encuentros amorosos entre los y las aldeanas.

Un grupo de diez decide seguir a Llué. Hay que perder 350 metros. Entramos por el helechal haciendo huella como siempre. Pronto termina y bajamos en lazadas muy inclinadas por el bosque. Terreno malo que impide correr. Muchas fayas pero también abedules y avellanos a medida que nos vamos acercando al pueblo. Se hace larga la bajada. Hay una extraña fayona cuya raíz es un puro contrafuerte vegetal y que termina por el lado de la ladera en una especie de cabeza de oso. Otro sitio mágico.

En una hora estamos abajo. Sorpresa. Hay una gran pradería en medio de todos los montes. Completamente llana, limpia y preparada para la pación. Queremos asomarnos al río. Estas dos chicas que llevamos son como apariciones. Estás hablando con ellas y de repente, no están, se han ido al río. Entre ortigas damos paso al río Mojizo, en una hoz curva muy impresionante, cerrada por los inmensos paredones del Niajo. La llanada de Llué se abre por el oeste por la estrecha foz del río Canalita. ¿Os acordais aquella vez que rodeamos el Cabeza Mimales desde La Palanca, en Peloño, para ir a toparnos con este paso imposible? Según Rubén, nuestro compañero improvisado, hay instaladas unas cuerdas para cruzar el río antes de la foz. Habrá que intentarlo otra vez. Por cierto esta pareja desapareció del mapa. Llegaron con nosotros a la aldea abandonada y nunca más. ¿Más magia? La salida del río Mojizo termina en otra profunda estrechura que sería curioso explorar.

Manuel nos echa para arriba, que nos están esperando en Reces. Tiramos como posesos y tardamos casi lo mismo que en bajar. ¡Claro, es que subir es más cómodo que bajar! Breve parada y seguimos por la senda de Tolivia, ahora sí, bien marcada. Seguimos por el bosque, la ruta es tendida, se hace fácil y seguimos escondidos del inclemente sol.  Por fin la aldea con su cementerio y sus casas abandonadas. Cuánta historia entre estas cuatro piedras. Por aquí subiría Martinón de Llué llevando a cuestas el oso cazado para enseñarlo a los de Sajambre. ¡Y descalzo!, dice la leyenda. Lo mejor conservado el hórreo beyusco.

Ahora la senda sale a un claro en las estribaciones de la Peña Ñorín. Son todo derrumbes y canchales. Sin embargo los constructores de la senda tuvieron la paciencia y la sabiduría de trazar un increíble camino de bajada, con multitud de pasos armados, buscando la roca para pasarla por los pocos accesos practicables. Un problema: ahora bajamos por la solana. Caca duro. Mi termómetro marca 32º. Lo compruebo con otros y la lectura es la misma. Qué  sed. Nos bajamos a la Portilla del Jorcao. No debería haber montañero alguno que no conociera este paso. El río Mojizo, que discurría tranquilo en Llué, ahora es todo pasión y velocidad. A penas se ve en el fondo del inmenso desfiladero. Salimos por el Puente Espina sobre el Mojizo, que baja agitado 80 metros por debajo del puente. Si no estuviéramos tan cansados y sedientos pararíamos más a empaparnos de paisaje.

Luego queda la dura remontada hasta el Puente Vaguardo. Refrescada en el Sella. Buena vista del Frailón y las Cuatro Monxines, iluminados por una luz esplendorosa. Todavía unos tres kilómetros de carretera hasta poder pillar el autobús. Llegamos con la lengua acorchada de la sed. Bajamos con el bus a Puente Huera. Siempre nos acogen muy bien. Hoy se puede comer fuera. Cuando estamos en ello llega la pareja perdida. Tuvieron problemas al beber el agua de Tolivia. Tienen el coche en Les Bedules. Lito se ofrece a llevarles hasta que puedan localizar un taxi.

Fue una jornada extraordinaria en todos los sentidos. Unas siete horas sin parar. Pero una gozada. Dos pueblos abandonados en nuestro haber, aldeas que tuvieron unas dificilísimas condiciones de vida. El salto de Les Bedules al valle Torbeñu  fácil y glorioso en sus vistas. Y luego todo el recogedero de aguas del Mojizo, que es el auténtico desagüe de todo Peloño. Una ruta de diez y punteado.

Este sábado cambiamos de escenario. Vamos a conquistar el Cueto Ancino, o sea el Huevo de Nocedo para que no se confunda nadie. Los leoneses lo llaman el K2, por su forma y su dureza. Y digo yo que no será para tanto. Subiremos al Huevo.

FRESINES

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