lunes, septiembre 17, 2007

EL TAPINON Y... CARRETE

Las tierras de Lena nos acogieron con un día espléndido. El sol brillaba con una preciosa luz sobre la caliza de las Ubiñas, cuando llegamos a Tuiza de Arriba. A pesar de ser solo las 9,30 de la mañana, ya había varios coches en el nuevo aparcamiento, al lado de lo que dicen va a ser algún día el centro de interpretación de las Ubiñas. Decir antes que nada, que el tema principal en el autocar, fue el de la reciente operación de nuestro compañero Adolfo al que deseamos una pronta recuperación, para poder sentir su compañía lo antes posible.

¡¡ Animo, Dolfo, y a por ellos !!

Salimos del aparcamiento por el camino que pasa sobre él, con dirección este y enseguida dejamos a nuestra izquierda la fuente que tanto agradecemos en los retornos a Tuiza. Seguimos el marcado camino que atraviesa los prados, cruzando hasta tres portillas que encontramos cerradas y dejamos de igual manera, y bajo las amenazantes y pindias laderas que descienden del Siegalavá. El camino se convierte en sendero y comienza a subir con dirección inequívoca, hacia el collado El Visu, a los pies de la Peña el Castiello, y desde donde tenemos unas estupendas vistas del valle que acoge a Tuiza y asciende hasta las vegas del Meicin para auparse a la emblemática Peña Ubiña. Alcanzado este punto, dejamos el camino que sigue de frente, por los Puertos de la Cruz en dirección a la Vega La Forcá y tomamos el que más a la izquierda, continúa en suave ascenso, dirigiéndose a la Peña Foxón, inconfundible con sus penachos de caliza amenazando con clavarse en el cielo. Por un antiguo camino, La Calear, sobre la falda de la Peña Foxón, vamos rodeándola hasta desembocar en un apacible valle, la Vega el Forcau. Aquí volvemos a dar vista a la amenazante ladera del Tapinón y nos hacemos una idea del camino que tenemos por delante.

Cruzamos el valle en el que vemos un lago artificial y con dirección noroeste, comenzamos la dura ascensión al Tapinón por los Camparones. Diremos que no hay un camino definido para la subida y por ello iremos buscando los mejores pasos, muchas veces los del ganado que pasta en estos lares. No es difícil la ascensión, aunque si que es dura. Todo es cogérlo con paciencia y poco a poco vemos como vamos ganando altura. Nuestra cumbre es la que se encuentra más a la izquierda de las dos que vemos, por lo que dirigiremos nuestros pasos al pequeño collado que se forma entre ellas.

Después de unas cuantas patadas, alcanzamos nuestro objetivo y nos situamos junto al buzón de cumbres del Tapinón. Su cara noroeste es una espeluznante caída en vertical sobre las Hoyas de Siegalavá. Una preciosa vista del Chegu y de los Puertos de Agüeria nos compensa del esfuerzo realizado. El día es estupendo y las vistas majestuosas. Cerca de nosotros, continuando por la sierra en dirección oeste, se encuentra el Siegalavá y mientras que llega el resto del grupo, nos acercamos a ver sus desventíos. Las cortadas a nuestra derecha son espectaculares y acongojantes. En un punto determinado en el descenso hacia la cresta de unión con el Siegalavá, una inscripción nos advierte de los peligros que podemos encontrarnos. No vamos más allá. Contemplamos la redondeada cumbre tan cerca pero tan lejos y disfrutamos por unos minutos de las vistas de todo el Macizo de Ubiña: Rueda, Huertos del Diblo, Prau, Fontanes, Castillines y las inconfundibles siluetas de Ubiña la Grande y Ubiña la Pequeña.

Es un deleite este mirador y no apetece nada iniciar el descenso, pero aún nos quedaba ruta y tras más de una hora de permanencia en la cumbre, comenzamos a bajar, haciéndolo por la cresta en dirección norte, hacia la Collada del Trave, poco antes de un pequeño lago que se ve más abajo.

Ahora es cuando entenderéis el título de esta crónica. El descenso es sencillo aunque empinado, pero cosas bastante peores ya anduvimos. Mientras los más rápidos descendían, Carrete buscó un paso un poco más a la izquierda para seguir por la cresta y llegar un poco más cerca del collado señalado. La ladera, igual que por la que habíamos subido, es de hierba y piedras sueltas. Entre la inclinación, la confianza y las piedras sueltas, Carrete tropezó y bajó rodando hasta que una piedra impactó con su cabeza parándolo. Creo que no hace falta que os explique la tensión de ese momento. Yo que le seguía no era capaz ni siquiera a gritar. Cuando vi que se paraba corrí a su encuentro para comprobar las lesiones que tenía. Un hilo de sangre bajaba de la coronilla. El impacto con la piedra le produjo una pequeña herida en la cabeza y varios rozones y magulladuras. Pero se encontraba bien. Asustado pero bien. María, que bajaba un poco más atrás, se hizo cargo del herido, dando muestras de su gran profesionalidad. Rápidamente se montó el “quirófano” y dos puntos de sutura evitaron que la solitaria neurona de Carrete escapase del abierto recipiente. Unas gasas y esparadrapos, estuvieron a punto de convertirlo en una momia. Después de unos instantes de nerviosismo contenido, se fue relajando y enseguida comenzó a ser el Carrete de siempre: hablaba y comenzaba a despotricar. Carrete ya está curado.

Por la manera que empleo en el relato, os podéis dar cuenta que aunque el susto fue muy grande, las consecuencias fueron pocas. Ayer hablé con Carrete por la tarde y me dijo que se encontraba bien y sin problemas tras la visita que hizo al servicio médico cuando llegó a Oviedo el sábado. Todo quedó en una anécdota sin más, aunque realmente pudo haber sido mucho más grave. Lo que nos hace comprender que no debemos relajarnos en ningún momento. En el lugar más insospechado podemos tener un tropezón que nos causa un accidente importante.

Pese a la notable recuperación del herido y haciendo caso omiso de su empeño en continuar la ruta, decidimos volver por el mismo camino por el que habíamos subido y retornar a Tuiza, dejando para otra vez, el resto de la ruta que teníamos prevista. Avisamos telefónicamente el resto del grupo que no se habían enterado del percance y también ellos decidieron dar la vuelta y todos juntos llegamos a Tuiza, donde comimos, en el emblemático bar del pueblo y pudimos constatar más firmemente la mejoría del herido al comprobar que en ningún momento había perdido el apetito y vimos como daba buena cuenta de las viandas que portaba y de las que pululaban por encima de la mesa.

Una ruta con anécdota para contar a nuestros nietos tras un magnífico día en el que a pesar de todo, pudimos disfrutar de un rincón incomparable.

Bueno, como muchos ya sabéis, estoy a punto de coger las vacaciones, por lo que durante unas cuantas semanas no saldré de monte y tampoco haré ninguna crónica. Seguramente que el blog quedará paralizado durante este tiempo, salvo que Jorge se decida y comience a mandarnos alguna cosa. Tampoco estaré para tomar nota de quien esté interesado en hacer las próximas rutas, por lo que para apuntarse a partir de hoy, debéis llamar a Lito a los teléfonos 985 78 67 75 ó 669 18 95 69 o bien a Jorge al teléfono 680 35 84 04. La ruta para el próximo sábado es:

Torrestío (1.360 m) – Collado la Corona (1.816 m) – Pico Ferreirua (1.976 m) – Collado Las Navariegas (1.753 m) – Braña de las Navariegas (1.590 m) – Cascada del Xiblo – La Focella (1.070 m) – Páramo (830 m)

La ruta es muy bonita y sencilla y parece que el tiempo va a acompañar. No dejéis de hacerla. Espero que lo paséis muy bien estas próximas rutas y hasta la vuelta.

lunes, septiembre 10, 2007

UN PASEO POR LAS FOCES DE SAOLLA

Las tierras de Caso y Ponga fueron nuestro objetivo este último sábado. De un tiempo a esta parte, los alrededores de Vallemoro son presa codiciada para el Grupo de Montaña LAS XANAS. Desde nuestra primera visita al antiguo pueblo, desde La Pesanca por Curueñu y Traslafuente, son varias las rutas que hicimos por estas tierras hasta la realizada el año pasado desde Sellaño, por el Sedo del Sameldón, a la majada del mismo nombre, para subir por la Cuesta La Morena y continuar hasta Vallemoro, con descenso por el Río Les Cuerries nuevamente a Sellaño.

Esta vez no alcanzamos Vallemoro, pero sí sus aledaños. Partimos de Orlé con un magnífico día de sol, buscando el valle del Río del Medio, para ascender a su lado por Vallu Baxu, Vallu Mediu y Vallu Altu, hasta la Felguera. Aquí variamos un poco la ruta por indicación de unos pastores y en vez de seguir a la derecha por Los Duernos, continuamos la ascensión hasta la Majada de Piedrafita, a los pies del Cuetón de Les Travieses y de La Crespa. Nos damos un pequeño descanso para recuperarnos de la dura subida y poder contemplar las estupendas vistas que este paraje nos depara, con la Llambria en primer término y el Cornión al fondo. Aprovechamos para situar nuestro itinerario y continuamos camino hasta el Collado Incós o de Piedrafita, un bonito lugar con cabañas en medio del Monte Purupintu. Aquí iniciamos un rápido descenso al fondo del valle a buscar primero la seca riega Purumendi que en un principio confundimos con el Río Saolla y ya muy próximos a la foz que se forma entre la Llambria y la Peña Toral. Con nuestra confusión y viendo un sendero que bajaba orillas del reguero, atravesamos por él la foz para darnos cuenta que nuestro camino debería haber pasado algo más a la derecha, este, al comprobar como el Purumendi se unía al Saolla después de la estrechura de la foz. Subiendo un poco por el Río Saolla alcanzamos el camino que viene de Rebollau y por donde en un principio teníamos previsto pasar.

Continuamos el descenso acompañando al río y siguiendo unas marcas verdes en las rocas, hasta un ensanchamiento en el que las perdimos. Sabíamos que había que subir a buscar el Collado Valleyu y comenzamos a caminar por el Monte la Llambria en busca de la pista que nos llevaría a él. Después de caminar un poco campo a través, nos topamos con una pista que nos condujo al camino. Duro camino. La amplia pista sube derecha en duras pendientes, hasta el collado a los pies de La Llambria. Un largo recorrido al este, atravesando el frondoso bosque la Llambria, nos conduciría al fin, a la despejado Collado Llués, en el que volvimos a hacer un alto para recuperarnos del continuado esfuerzo realizado.

Aquí ya se nos abrieron los espacios y recuperamos la visión de lo conocido. No en vano ya pasamos varias veces por estos lugares. Lo que resta ya es coser y cantar. Buscamos la Collada Cuadramoño para bajar al fondo del valle por el que discurre, cuando hay agua, el Río les Cuerries y ya por terreno conocido, atravesamos un sinfín de veces el seco lecho del río, hasta desembocar en el Escaleru, un descenso vertiginoso hasta el Puente Les Cuerries, donde un simpático cartel anuncia la ruta turística. Nos gustaría saber cuantos turistas se aventuran por esa ruta.

Finiquitada la ruta de las Foces de Saolla, podemos dar por concluidas las rutas duras de este año. No es que lo que queda sean paseos ya que aún hay cosas importantes, pero la dureza del verano comienza a descender y para el próximo sábado tenemos ruta por las Ubiñas. Nos vamos a Tuiza de Arriba para ascender al Tapinón. La ruta a realizar es:

Tuiza de Arriba (1.230 m) – Llamera (1.350 m) – Collada el Viso (1.538 m) – Foxón (1.600 m) – La Calear (1.650 m) – La Caliarona – El Tapinón (2.118 m) – Collado del Trave (1.845 m) – Braña de Corros (1.650 m) – Cheturbio (1.860 m) – El Bocarón (1.886 m) – La Plana (1.600 m) – Tuiza de Arriba (1.230 m)

Los valientes que aún tengan fuerzas a estas alturas de la temporada, tienen la oportunidad de realizar una de las cumbres emblemáticas del Macizo de Ubiña. Ruta muy alpina y a la que los más valientes pueden acoplarle la ascensión al Fariñentu. La inscripción está abierta. Os recuerdo que tenemos pedido el bus de 21 plazas y una vez cubiertas estas, los que lleguen tarde se perderán la ruta. La salida es a las 7 de la mañana de San Andrés. No dejes para mañana lo que puedas disfrutar hoy.

martes, septiembre 04, 2007

A LA CUARTA FUE LA VENCIDA

Si, era el cuarto intento que hacíamos para conquistar la cumbre del Cabezo Llerosos y finalmente lo hemos conseguido. Amaneció un magnífico día, completamente despejado, a excepción de la zona entre Infiesto y Arriondas, que se encontraba, como siempre, con niebla. Pero el resto del cielo mostraba un azul limpio, sin nubes por ninguna parte.

El autocar nos dejó en las inmediaciones del Centro de Interpretación de Los Lagos de Covadonga y allí comenzamos la marcha. Por la pista nos acercamos a Belbín, atravesando toda la pradera, para girar a la derecha al encontrarnos con el Cantón de Texeu. El sendero se sigue bastante bien y va atravesando pequeños regatos en los que la piedra desnuda es nuestro camino. La orientación es claramente este y con ligera subida, por lo que no debemos seguir ningún camino en descenso. Dejamos a nuestra izquierda la Majada de Brañarredonda para acercarnos a la de Parres, dando un pequeño rodeo por un intrincado y marcado camino hasta llegar al Collado la Muda y al poco a Camplengo Viejo, donde las cabañas cada día se encuentran más y más deterioradas. Por las praderas de Camplengo ascendimos al Collado Mediu que es el que vemos frente a nuestros pasos y se encuentra más cercano al imponente Jascal. Algunos valientes, Clemente, Silvio y Mariano, ascendieron de paso, a esta altiva cima.

En el collado abandonamos el camino principal para seguir otro secundario y más alto por la izquierda, norte, pero siempre con dirección este y bordeando los Jondones para alcanzar la preciosa Majada de Beresna desde el Collado la Cistra. Beresna se encuentra arropada en un hoyo y al lado de una inmensa cueva. Sus pequeñas cabañas, muchas ya destrozadas, le dan apariencia de poblado de diminutos. Pero las trazas del antiguo camino que aún se conservan, dicen bien a las claras de su importancia en tiempos pasados. Unas preciosas vistas del Cornión completan la estampa. Es una pena que se deje desaparecer esta y tantas otras majadas que pueblan nuestros Picos de Europa, la enseña de nuestro logotipo de Paraíso Natural. Los paraísos, para que lo sean, han de cuidarse y el cuidado no va solamente por sacar un provecho económico gracias a sus visitantes, hay que mantener lo que le da identidad y ente caso pasa por mantener lo que en otros tiempos sirvió para que este espacio natural llegase a nosotros en buenas condiciones. La prueba está en que aquellas majadas totalmente abandonadas, son pasto de la maleza que provoca su desaparición.

Pero no es este el momento de filosofar. Os estaba contando nuestras peripecias camino de Llerosos, al que ya sentimos mucho más próximo. Salimos de Beresna ascendiendo a la Horcada los Bueyes que es la collada que se forma junto al Joracao de Beresna y que nos dará paso al Llerosos, cuya mole ya tenemos ante nosotros. Una inmensa canal desciende por nuestra derecha. Es la Canal de Fuentes de Rama que baja hasta el Cares. La subida al Cabezo Llerosos la hacemos sin mayores problemas, siguiendo los jitos que van orlando el sendero que se dibuja en zigzag por la cara occidental de la montaña. La amplia cumbre nos recibe con un pequeño belén, un piole a modo de buzón montañero, y el monolito cilíndrico del vértice geodésico. Las vistas son asombrosas. Todo parece estar cercano desde esta cumbre. El Central, al este, nos muestra casi todas las cumbres. Echamos en falta el emblemático Urriellu, pero sabemos que poco más adelante podremos disfrutar de su inequívoca imagen. La profunda hendidura del Cares nos separa del pastel de cumbres de los Urrieles. Al sur, como un grandioso montón de piedras, el Cornión nos muestra su cara más abrupta. Un paisaje lunar forma la inmensa ladera plagada de picos que vamos desgranando como si de un racimo de uvas se tratase. Al oeste el cercano Jascal y adivinamos más que vemos, el tortuoso camino que hicimos para llegar aquí. Por el norte... nada. Las nubes lo cubren todo y amenaza con taparnos también a nosotros, lo que pone nerviosa a la expedición. Antes de partir de este maravilloso mirador, debemos situar nuestro próximo objetivo, que no es otro que el colladín verde que vemos a nuestros pies con ligera dirección noreste y por debajo de otra franja más alargada y también del mismo color. Debemos orientarnos desde la cumbre, ya que cuando empecemos a bajar lo perderemos de vista. Es fácil de distinguir si conseguimos situar el Cuetón, ya que se encuentra entra media distancia entre los dos. Fijado el punto al que debemos llegar, descendemos nuevamente a la Horcada los Bueyes y vamos fijándonos en los jitos que nos ayudan a seguir el casi imperceptible sendero por una zona muy caótica en la que se entremezcla la piedra y la maleza. Subimos y bajamos bordeando, cuando podemos, los jous, o descendiendo hasta lo más profundo cuando no queda otro remedio. Después de un interminable sube y baja, vemos nuestro destino, el collado que nos da paso a la Majada de Beceña. Es una alargada pradera con dos cabañas. La vemos a nuestros pies en una hondonada. Una mirada al este y aparece el Urriellu. Descendemos a Beceña y recorremos la pradera en toda su longitud para salir por la parte opuesta, un collado que nos transporta a una sucesión de valladas paralelas unas a otras. La imagen del Urriellu nos acompaña. Vemos las cabañas de Ondón y comprendemos que tenemos que cambiar de valle para acceder a él. El paso al otro valle lo podemos hacer en varios puntos. Nosotros lo realizamos por un canalón casi vertical pero con buenos agarres y de fácil descenso. Llegamos a una zona de pradera por la que vamos bajando hasta que se cierra por las rocas. Giramos a la izquierda y pasamos a una zona de piedras sueltas por la que vemos algunos jitos. Los seguimos en ligero ascenso con dirección noreste y tras cruzar un pequeño collado, descendemos a la fuente de Ondón, en muy mal estado, y a continuación alcanzamos las cabañas de esta preciosa majada, desde la que deberíamos tener unas estupendas vistas del Urriellu, pero la niebla no nos lo permite. Un pequeño descanso para recuperar fuerzas y ya entre la niebla iniciamos la bajada de la Canal de las Bobias. Es fácil dar con ella. Solamente seguir el sendero marcado en la hierba que con dirección este y en descenso, nos sitúa en el inicio de la canal Luego todo es seguir el camino que serpentea en múltiples revueltas. Por cierto que lo encontramos muy diferente a nuestra última visita, allá por el mes de junio. Se nota que las tormentas y el agua hicieron un buen trabajo. Pasamos por la cabaña de Esmenadorio, dejando a la derecha el sendero que se dirige a Pregüeles. Más abajo pasamos cerca de otra cabaña, es La Rasuca. Abajo ya vemos los tejados de Camarmeña y poco después, caminamos por sus hormigonadas calles. Descansamos del fatigoso descenso, refrescándonos un poco en uno de los dos bares del pueblo, para continuar, ya por la carretera, el kilómetro largo que nos separa de Poncebos, donde nos espera el autocar.

Una preciosa y dura ruta de montaña. Dura por su longitud y por la gran cantidad de jous que se han de pasar. Es una ruta complicada y que demanda concentración para poder seguir el buen camino. Yo debo confesar que lo pasé mal y no la disfruté lo que hubiera querido. Una mala noche y algunos problemas estomacales, mermaron mis fuerzas. Pero quiero desde estas líneas, dar las gracias a todos los participantes en la ruta, por su preocupación por mi estado y en particular a los que estuvieron más cerca de mí y me animaron para poder concluirla con éxito. A todos, muchas gracias.

La próxima semana tenemos otra de las rutas que cambiaron de fecha. Nos vamos a Orlé, para por Vallu Baju, Vallu Mediu y Vallu Altu pasar por Purupintu y alcanzar la Foz de Saolla en las cercanías de la Llambria y seguir hasta la pista que une Vallemoro con Taranes para descender al Río les Cuerries y siguiendo su cauce, concluir en la carretera que une Sellaño con Beleño, en el lugar conocido como Puente Les Cuerries. La ruta es:

Orlé (660 m) – La Felguera (1.210 m) – Collau Friera (1.334 m) – Collá Los Duernos (1.423 m) – Pasada Mosquiton (1.428 m) – Mayada el Covallón (1.450 m) – Foz de Saolla (1.000 m) – La Huera (760 m) – Collau Valleyu (1.050 m) – Collado Llués (1.130 m) – Río les Cuerries (600 m) – El Escaleru (356 m) – Puente les Cuerries (300 m)

Tenemos pedido el autocar de 21 plazas. No dejéis para muy tarde el apuntaros que os podéis quedar sin plazas, como pasó la semana pasada. Espero vuestras llamadas.