CRÓNICA DE NUESTRA INCURSIÓN POR LAS SENDAS
MÁS RECÓNDITAS DEL CORNIÓN
24 y
25 de agosto de 2012
Después
de las ascensiones a la Ubiña, al Morronegro y al Tercer Poyón teníamos que
poner el broche de oro a este montañero agosto y nada mejor para ponerse a ello
que intentar circunvalar la Peña Santa. Estamos hablando de un inmenso paredón
único por sus dimensiones: unos 1.800 metros de largo, 600 de alto y unos 875
metros en su parte más ancha. Dieciocho cumbres en su larga extensión, la
mayoría de ellas por encima de los 2.300 m. Y con tan pocos pasos practicables
que los pocos que hay se han convertido en nombres de referencia para los
montañeros: La Forcadona y el Boquete.
El
viernes 24 salimos de Les Valeres junto al lago Enol. Animados, bastante
cargados para pernoctar en el refugio de Vegarredonda. La subida bastante
buena, sin prisas, la mirada puesta en las Cebolledas y los Argaos, que luchan
por sobresalir entre las nubes espesas que las abrazan. En el refugio bien,
trato amable, ambiente montañero, un chupito y pronto a dormir que mañana nos
espera una paliza. En una excursión de vaciamiento de cañerías a las cuatro de
la mañana nos informa el excursionista madrugador: “esta orvallando, todo
cubierto”. Se oyen maldiciones.
Es
igual. Seis y cuarto de la mañana toque de diana. Desayuno a las siete. Un
aliento a los más pesimistas: el altímetro está subiendo. Con Carrete todo
nervioso salimos a las 7h 40. La encainada nos envuelve. La Llampa Bajera
parece una exposición de salamandras: hay un montón de ellas, felices en esta
terrible humedad. Sudamos lo nuestro. Sin poder ver el Porru Bolu, tapado por
la nieblona, torcemos hacia la Fragua, a la que llegamos una hora escasa
después. Esto es volar por el monte, señores. Primeros jirones de sol peleando
con la niebla. Al paso por la Torre de Lueje hemos atravesado la nube. Nos
apresuramos por las Barrastrosas, entre continuos sumideros. Debajo el terrible
Jou Sin Tierri. Sembrado de enormes piedras. Entramos al Jou de los Asturianos
9h 30.
A 2080 m, con el caminillo que por las coladas lleva a Los Traviesos. Largo
descenso por el Jou, bordeando su parte izquierda. Se agradecen estos primeros
rayos de sol. Espectacular la repentina aparición de la Torre de Enol entre las
nubes espesas. La Grieta Rubia luce espléndida con sus tonos pardos. Algunos
pasos de la senda se hacen por los llambriales. No importa, hay experiencia en
estos pasos.
Llegamos
a la Boca del Jou Santo (9 h 55, 2089 m.). Un amplío y angosto valle se abre a
nuestra izquierda. Los neveros del fondo
hacen círculos concéntricos. Al fondo la torre de la Horcada llena todo nuestro
horizonte. Bajamos un poco para volver a subir. Los rebecos curiosean a estos
extraños bípedos. Ahora asoma, por fin la Torre de Enmedio. Todo el circo está
cerrado con Las Tres Marías y la
potentísima Torre del Torco. Llegamos al Collado del Jou Santo. Primera vista
del Espolón Norte de la Peña Santa, espléndida arista que se adentra en el
anfiteatro. Deja a sus pies el nevero central. Los neveros están a estas
alturas del año, coloreados de rojo por la acción de unas algas.
Por
fin esta gente para algo. Hay varios improvisados vivacs para atacar desde aquí
las cumbres. Son las 10 h 20. (2.112) m. Enorme el silencio, el paraíso de la
caliza y el verde. Para Jorge Pablo no hay otro lugar de Asturias con esta
extraña mezcla. Este era otro de sus paisajes míticos. Los grandes cantos
caídos por las pedrizas y por el fondo del valle nos recuerdan que este monte
está vivo, desgastado por la erosión, pero sobreviviendo a los embates del
tiempo.
Subimos
hacia el Collado de la Forcadona bordeando el Neverón. Puro hielo, tenerlo
respeto. Algún trepe sencillo. Estamos arriba. 2.304 m. y son las 11 h 22 La
roca está helada, el viento hace daño en las manos. No hay más remedio que
seguir en movimiento. Sólo tiempo para una breve ojeada al valle de Sajambre
que resplandece de verdor, coronado por el Jario. Bajamos lentos, pero con
total seguridad. Hay buenos agarres y la única preocupación son los cantos
sueltos tan abundantes. Nos cruzamos con dos chavales que suben como motos a la
Peña Santa. No son muy habladores. Su compañero, que viene detrás, no respira
en el esfuerzo por seguirlos. La tan nombrada Forcadona es un estrecho y
empinado corredor entre la misma Peña Santa y la Torre del Torco. Es un orgullo
ver bajar a este grupo con tanta seguridad y aplomo.
Bajamos
también la Llerona. Estamos en terreno conocido: el camino que viene del Jou de
las Pozas y bordea la vertical aguja del Corpus Cristi. Y es un sendero casi
llano. Es la primera vez, de las varias que he pasado por aquí, que entiendo
por qué llaman a la aguja siguiente la del Gato. Mirad las fotos y lo comprenderéis.
Son las 12 h 10 y hemos bajado hasta los 2132 m. Casi en horizontal nos vamos a
la fuente de Vega Huerta para comer algo y reparar fuerzas. Sólo un escaso
cuarto de hora que los dos sargentos nos están apurando. Unos montañeros que
están por allí nos echan las cuentas de lo que podemos tardar hasta el Boquete.
¡Cuatro horas dicen! Qué pinta de derrotados debemos tener.
Vamos
a demostrarles que no es así. Arrancamos a las 12 h 55, por terreno incómodo
lleno de sumideros y desniveles. Vamos cogiendo altura por los contrafuertes de
los Basares. Los puertos de Cuba están bastante empinados. Llegamos a los Puertos
de Cub, 1957 m. Vaya vista hay desde aquí: todo el Central, con las canales de
Moeño y Dobresengos marcadísimas. Los inicios de las bajadas de Capozo y
Mesones bien trazados. Suavidad de la pradería en contraste con el macizo de la
Bermeja. Y Asotín bajo el Friero, y, atentos, se ven las últimas casas de Caín.
Es
el espectáculo de la naturaleza en estado puro. No hay apenas indicios de la
civilización por ningún lado. Las 13 h 45 y a 1957 m. Hacemos la primera foto
de grupo y empezamos a subir por un pedregoso cantil atravesando en diagonal
por la Colladiella. Los mapas indican dos caminos: uno de ellos va recóndito
entre la Cerra del Frade y la Cerra de Cuba hasta alcanzar los Torallos Verdes.
Nosotros preferimos seguir el camino más alto que gira a la izquierda. Es el
marcado por jitos. Subimos por los cantiles sin más apoyo para los pies que los
“piquitos” que sobre salen apenas dos centímetros de la dura roca. Cruzamos los
Vasares y tras un descenso pronunciado, entramos por fin en el Boquete hora y media
más tarde. Son las 15 h 20 y estamos a 2007 m.
Por fin se ven las dos cumbres de Piedra
Lluenga. Alguien comenta que quién habrá
estado tallando con la navaja la profunda joroba entre las dos cumbres. Es el
paraje más solitario que uno haya visto nunca. En varias revueltas, atentos a
los hitos, bajamos al Jou Santo. Comienza una larga subida. Ahora nuestro camino
discurre bajo Los Traviesos (o el Alba) y la Canal Parda. El cansancio hace
mella en las piernas. Un grupo de gente baja por Mesones a Caín. ¡No les queda
nada! Pero cuando les decimos que queremos llegar a Enol esta misma tarde nos
miran como diciendo “probes”.La cuesta no es muy pronunciada pero no se termina
nunca. Algún amago de “pájara” con lo que lo sensato es parar para avituallar y
beber. El silencio se hace denso.
Llegamos
al Collado del Jou Santo sobre las 16h 10. Se oyen voces de piquistas
colgados de la Peña Santa. Les buscamos por la Canal Ancha y por la Angosta.
Pero no les vemos. Debemos ser hormigas para ellos. Hace nueve horas que
salimos. Ahora sólo nos queda desandar
lo ya hecho. El círculo está completo. Así que nos lanzamos por el Jou de los
Asturianos arriba hasta alcanzar los 2.041 m. Luego ya todo es bajar: Las
Barrastrosas, el Collado de la Fragua, la Llampa Cimera. Estamos atravesando
otra vez la niebla.
La
cantinela más frecuente es que cuánto falta para el refugio. Todo llega,
hombre. En Vegarredonda a las 18 h, tomando un café caliente, recogiendo bultos
y tirando para Sohornín. Ya sólo quedan las fuerzas de la reserva. JJ comenta
que por qué no hacemos caso a nuestras rodillas que dicen basta, a nuestros
pies prisioneros en las botas, a nuestras piernas que piden sentarse...
Llegamos por fin los últimos, a las 20h 24. Doce horas y tres cuartos de dale
que dale, pocas paradas, 30, 5 km. según el aparato. Pero felices a pesar del
cansancio.
Si
tuviera que poner algunos calificativos diría que ha sido muy duro pero
emocionante, una borrachera de sensaciones, una ruta que alguna vez había que
hacer, con el privilegio de visitar lo que está oculto a los simples mortales.
¡Somos montañeros, lo hemos visto y sentido, nos lo hemos ganado a pulso!
Para
convocaros a la ruta de la próxima semana, estrenando la primera de septiembre,
un casi descanso comparado con lo de hoy. Vamos al Cantu Carbonero de 1.996
metros subiendo por la Canal de Misa y bajando por la Peña Beza. Es uno de los
mejores miradores del Cornión, que tanto hemos pateado este agosto.
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