martes, diciembre 13, 2011

MI QUERIDO AMIGO JORGE...

Hace muchos años tuve un profesor de literatura, salesiano, que padecía una ligera cojera que le impedía practicar una de sus grandes aficiones: la montaña. Por ello nos contaba, imbuido de su condición religiosa, que para él el cielo, sería un lugar en el que podría realizar esa afición, libre de la lesión terrenal que se lo impedía.

Yo confío como él, que el más allá nos depare un estado especial en el que poder disfrutar de lo que nos gusta y poder hacerlo durante el tiempo que se te apetezca. Esa es la imagen que ahora tengo de ti, Jordi. Estoy seguro que estas ya encaramado en la Schiffer de las montañas, La Ubiña, como tú nos decías hace ya unos cuantos años, cuando esta modelo era lo más afamado de ese mundillo y nuestras rutas se movían regularmente por las inmediaciones de Somiedo y las Ubiñas.

No había vez que pasásemos por el Puerto Ventana, que no nos parásemos en “el mirador de las Ubiñas”, para contemplarla y hacerle una vez más, un sinfín de fotos que ya teníamos muy repetidas en nuestros, por entonces álbumes. Ni que decir tiene que cuando comenzamos a manejar cámaras digitales, ese número de fotos aumentó considerablemente.

Otra de tus cumbres señeras era el Tiatordos. Un día me subiste junto a Adolfo, por un camino imposible y con un viento endemoniado que apenas nos dejaba contemplar el paisaje si no era tumbados en el suelo. Otra montaña que también llenaba nuestros recuerdos y nuestros muestrarios fotográficos, aunque un poco más recatada, dada su manía de estar medio tapada por las nubes cuando la visitábamos desde la perspectiva de El Cabañón.

Luego, el Grupo de Montaña Las Xanas, tu grupo, gracias a tus calendarios, se fue agrandando, lo que nos permitía conocer otras montañas y otros macizos. ¿Te acuerdas? Les decías a Gelu y a Toño: ¡Escoge Macizo! Y nos íbamos a por las cumbres de Picos y como no, a por sus rincones. Enamorado del Occidental, siempre buscando una pasada distinta, una majada especial, la unión del verde de la hierba y el gris plata de la caliza. Esas rutas inverosímiles que puestas sobre el papel, no parecían nada del otro mundo, pero que una vez realizadas nos llenaban el corazón de alegría y felicidad.


Recuerdo muy bien la primera vez que atravesamos el Central, desde Fuente De a Poncebos, pasando junto al Urriellu. Tu rostro brillaba. Creo que hasta una lagrima pendía de la comisura de tus ojos. Estabas radiante ante El Picu. Luego, para rematar, descendimos todo el grupo por la Canal de Camburero. Eso fue apoteósico para todos. Las travesías eran lo tuyo. Y que razón tenías.

Así fue como me ganaste para el bando de los que piensan que muchas montañas es mejor verlas que subirlas. No lo veía yo así al principio. Luego, poco a poco, lo fui comprendiendo. No quiere esto decir que no fuese emocionante la ascensión a muchas de ellas, que lo era. Pero su belleza real reside en la contemplación de su figura, desde distintos ángulos.

Como aquella foto. ¿Te acuerdas? ¡Cuántas veces me dijiste que nunca volvería a hacer otra foto mejor! Y ahora va a ser verdad. Fue la primera vez que el grupo hizo la Collada Bonita. Nos quedamos solos contemplando la cara sur del Picu, ensimismados, absortos y sin hablar. Luego, poco a poco, seguimos camino descendiendo al Jou Tras el Picu para subir al Collado la Celada, en un día caluroso al límite. Y allí estabas tú, contemplando una vez más al Urriellu, con aquel sombrero de paja. Parecías un cubano recortado sobre el cielo azul, con la cabeza levantada, en un escorzo desde abajo y por la espalda, con la cara sur del Urriellu haciendo de gigante frente a ti.

Otro de tantos días maravillosos de montaña que compartimos, disfrutando del paisaje y de la palabra. Menguada palabra, pues ni tú ni yo somos de mucho hablar, pero nos entendíamos en monosílabos. Igual que en internet. Hasta a mí me llegó a exasperar alguna de nuestras conversaciones. Parco en palabras, pero las justas. Muchas veces son innecesarios los grandes discursos. Un si o un no pueden ser suficientes.

Y ¿ahora? No tendré ni siquiera eso. Jordi, me dejas solo. Nos dejas huérfanos. Vamos a ir a Llue. Tenemos que ir a Llue por ti. Te lo debemos. Seguramente que nos vas a acompañar. Nos acompañarás, junto al Guaje en todo este calendario que nos dejaste pocos días antes de tu marcha. Tenemos el año próximo completo: Vuestra compañía en las rutas, guiándonos por los intrincados caminos y luego, en el autocar, escucharemos un solo de guitarra emulando a Los Stukas en su interpretación de Hazañas Bélicas.

Jorge Pablo, siempre caminarás entre nosotros.

JAFPA

lunes, diciembre 12, 2011

LAS XANAS CELEBRA SU BELEN DE CUMBRES EN EL GORFOLI: ALEGRIA DE FIESTA Y DOLOR POR EL AMIGO AUSENTE

10 de diciembre de 2011

Era el tiempo de nuestro rito navideño. Es lo que tienen las costumbres: se convierten en imperativa ley. Hoy tocaba Belén de cumbres en el Gorfolí. A tierras avilesinas nos fuimos. Nos acercamos por Barredo a la amplia pista que sube a las antenas. Al poco de empezar el primer nubarrón crecía imparable en el horizonte: nuestro amigo y compañero Jorge estaba ingresado de urgencia en Cabueñes. Alguien quién propone posponer la ruta y la celebración. Otros, la mayoría, que conocemos cómo piensa Jorge pensamos que no, que lo mejor es seguir con la actividad y celebrar el año que se acaba.

La mayoría sube al vecino Monte de Vilayo mientras otros más conservadores seguimos por la pista hacia las altivas antenas. La panorámica es soberbia. Nunca dejaremos de admirar esta Asturias que tu nos has ayudado a ver desde lo alto, Jorge.

Cuando nos reunimos todos María, nuestra jovencísima socia, y otras expertas manos femeninas preparan el Belén de Cumbres. Descorchamos sidra El Gaitero, famosa en el mundo entero, y otras viandas navideñas y siempre con humor, y siempre con buen diente damos cuenta de nuestra intendencia. Pronto con el calor de la celebración surge un coro improvisado de villancicos. Bien las tiples, los tenores tienen que ensayar más. Hasta que cambiamos de tercio y empiezan cancios más de nuestro registro. Con una cosa y otra el rato se ha pasado y hay que bajar. Hacia la ermita de Taborneda que es terruño de algunos de los presentes.

De camino nos desviamos a la cascada de Friera, sutil rincón entre eucaliptos y robles. Cantarina la caída, fuerte el desnivel de bajada. Sutil la protección de un cordín delgadín y provisional que alguna mano bienintencionada a colocado para evitar desgraciados resbalones.

En la ermita de Taborneda nos agrupamos todos. Bajamos por la pradería cuajada de setas rojas algo pasadas ya. En el asador El Blimal nos tienen preparada una larga mesa. El ambiente bien, pero hay algo en el ambiente que nos tiene constreñidos. Y una vez más, las fatídicas predicciones se cumplen. Cruel e inexorable destino. Nos acaban de comunicar tu fallecimiento.

El golpe es importante. Esperado pero difícil de asumir. Te vimos la semana pasada en nuestra cena del año aguantando como un campeón porque estabas entre amigos. Ahora pensamos que era tu forma educada y cordial de despedirte. Te fuiste y quedamos francamente preocupados, pero siempre hay mecanismos para engañarnos. Ahora quiero aprovechar esta crónica improvisada para saludar a quién un día me llamó amigo. ¡Qué difícil es cultivar este tesoro de la amistad! Y te digo Jorge, que tu lo hacías bastante bien, siempre pensando en hacer grupo, en construir más grupo, en que las Xanas, tu grupo, el de Lito, Peña y Jorge, los de Trubia y San Andrés, vaya.

Tus calendarios los conocemos bien, los hemos pateado a base de bien. Pocos y recónditos lugares nos quedan por ver. Todavía tuviste moral para dejarnos encauzados para la próxima temporada. Recuerdo especialmente como me enseñaste a conocer el bosque de Puripinto, la Foz de Saolla y los caminos de Vallemoro, terrenos de los que estabas especialmente enamorado. Se puede amar a un paisaje como se ama a una mujer: con respeto, cercanía y posesión. Siempre discutíamos estas cosas. Discutir se nos daba bastante bien. Cuántas veces hemos arreglado el mundo, y eso que no tiene mucho apaño. Una de las cosas que más vívidamente recuerdo es tu sentir la montaña, no como una conquista sino como un premio. La frase de Gaston Rebuffat lo expresa muy bien: “De cualquier manera, la llegada a una cumbre jamás representa una victoria sobre la montaña sino sobre uno mismo”.

Hoy en el día de tu ausencia pienso que también has vencido. A lo mejor podemos cantar “victoria”. Otra vez más tu grupo ha llegado, dónde tu te lo propusiste. Alguna vez prepararás otras trabajosas rutas, más lejos, más arriba... Ten la seguridad que Las Xanas de Trubia te seguirán otra vez más.

Revivo tu insistente mirada. Es una parte de tu personalidad. Pido prestadas las palabras a la poetisa María J de la Vega para esta elegía que lo expresa todo con sutileza:

Cerremos esta puerta.
Lentas, despacio, que nuestras ropas caigan
como de sí mismos se desnudan los dioses.
Y nosotros lo somos, aunque humanos.
Es nada lo que nos ha sido dado.
No hablemos pues, sólo suspiremos
Porque el tiempo nos mira.
Alguien habrá creado antes de ti el sol,
Y la luna, y el cometa, el espacio negro,
Las estrellas infinitas.
Ahora juntos, ¿qué haremos?. Sea el mundo
como barco en el mar, o pan en la mesa,
O el rumoroso lecho.
No se alejó el tiempo, no se fue. Asiste y quiere.
Su mirada aguda ya era una pregunta
A la primera palabra que decimos:
Todo

FRESINES