lunes, mayo 26, 2008

SALERAS Y BARRISCAL. ATRAVESANDO EL CORDAL DE LA SOBIA

Una dura ruta la que realizamos el pasado sábado. Dura, no precisamente por la ascensión, que fue a la postre lo más liviano, sino por el descenso a Coañana. Pero vallamos por partes.

El día amaneció con algunas nubes y extensos claros que no presagiaban lo que los meteorólogos vaticinaban de fuertes chubascos tormentosos. De todos modos, como la tónica de los días precedentes era la de fuertes tormentas al atardecer, ya nos preparábamos para recibirlas al final de la ruta.

Comenzamos a caminar en el Puerto de Ventana por la amplia pista que sale a la izquierda según se va hacia la provincia de León. Pasamos junto a la buena fuente de Ventana y por buen camino casi en llano vamos dejando a derecha e izquierda otras pistas unas en ascenso y otras en descenso, hasta llegar a las inmediaciones de la Ermita del Trobaniellu, que se encuentra a nuestra izquierda en una hondonada cerca del camino. Seguimos por la pista como un kilómetro en descenso y en una cerrada curva a derechas, debemos abandonarla por un sendero que baja a una pequeña pradera, Collado Garrafe, de la que sale con la misma dirección un sendero ascendente. La verdad es que nosotros vimos ese sendero gracias a la limpieza que hace poco se hizo de este tramo de la ruta, cortando las abundantes escobas que lo cubrían. Por este collado cruza el camino antiguo que une la Villa del Sub y Entrago con Ricabo, a donde también se dirige la pista que acabamos de abandonar.

Nos queda una buena caminata por las laderas del Garrafe y Grandamullida, hasta alcanzar el Collado Bosbigre, donde el escobal se torna pradera y en el día que nos ocupa, llena de vacas pastando.

Cruzamos las praderas y comenzamos a subir por la ladera oeste de La Tacha el Fierru. La ruta normal casi pasa por la cumbre, pero nosotros no hicimos la ruta normal. Al frente teníamos una muralla de piedra que nos separaba del Barriscal, primero y del Saleras más allá y en la muralla se veía una canal por la que parecía que se podía traspasar, con lo que hacia allí dirigimos nuestros pasos. Atravesamos a media altura una ancha canal herbosa que desciende del collado que se forma entre La Tacha el Fierru y el Sobre Bosbigre, aprovechando un sendero que se abría camino por la parte baja de la muralla y poco a poco fuimos ascendiendo hasta alcanzar la parte alta. Desde este punto pudimos contemplar todo el recorrido realizado hasta el momento y lo que aún nos restaba para alcanzar la cima del Saleras, que ya contemplábamos frente a nosotros identificada por el mojón del vértice geodésico que lo corona. A nuestra izquierda y algo más cerca, el Barriscal nos llamaba para hoyar su cumbre. Sobre ella también veíamos una especie de mojón y hacia él encaminamos nuestros pasos, buscando las praderas por los senderos del ganado. Una vez a sus pies, no queda más remedio que comenzar a subir por la piedra, de buen agarre, hasta alcanzar la cumbre en la que hay un mojón. Un pequeño descanso para hacer la foto de rigor y vuelta a caminar rumbo al Saleras donde ya nos esperaba el resto del grupo. Las amenazantes nubes se convirtieron en lluvia y en granizo, afortunadamente poco abundantes ambos, mientras nos dirigíamos a la cumbre del Saleras, coronada como dijimos, por el vértice geodésico.

Tras las fotos y después de cubrir la tarjeta, iniciamos el descenso hacia el noroeste, gracias a las indicaciones de un pastor. Al este abajo, se veía una baliza a la que debíamos ir para seguir camino por Vega de Duernas hasta Canchongo, pero en vez de eso, bajamos primero al norte para derivar suavemente al oeste a buscar un sendero muy marcado, que proveniente de Fresnedo, pasa por el Valle Canderin y llega rápidamente a la concurrida y bonita braña de Canchongo. Las cabañas se encuentran alrededor de la pradera y por el este sale una buena pista que se dirige a Villamarcel. Nosotros cruzamos la braña con dirección norte hasta las inmediaciones de la laguna, rodeada de árboles y casi cubierta de vegetación. Aquí volvimos a cambiar la ruta que teníamos fijada. En vez de seguir al oeste donde la laguna, para pasar por el Collado Piedrafita y descender por el largo valle del Reguero de Coañana, continuamos dejando a la izquierda la laguna hasta un lugar en el que hay dos viejas cruces de madera y a su vera, un ancho camino casi cubierto de hierva, pero bien marcado y de buen caminar a pesar de la humedad. El camino desciende vertiginosamente entre árboles, cruzando pequeñas praderas y pasando junto algunas cabañas, hasta cruzar el arroyo y unirse al que baja de Piedrafita, a la altura de las diseminadas cabañas de L’Altar. Aquí empezaron nuestros mayores sufrimientos. Al barro que ya veníamos pisando, se unió la piedra, lisa y bien mojada, en perfectas condiciones para deslizarse y darse una buena culada. No en vano a este camino lo llaman Mazaculos.

El último tramo, hasta llegar a Coañana, se hizo eterno. La piedra parecía no tener fin y donde no había piedra, el barro nos obligaba a caminar despacio buscando los mejores pasos, so pena de quedar para siempre clavados en la pegajosa arcilla. Para completar el panorama, una fina y constante lluvia nos acompañó durante un buen rato en el descenso, aunque nuestras preocupaciones eran bien distintas a las de mojarnos.

Por fin alcanzamos las primeras casas de Coañana y con ellas el hormigón que nos devolvió a la tranquilidad en el caminar. Nunca pensé que podría echar tanto de menos la civilización. Para remate final, un perro que permanecía inmóvil a la vera del camino, ya en Coañana, quiso probar mi pierna y me tiró una dentellada al pasar junto a él. Afortunadamente el mordisco fue a parar a la parte alta de la bota y no sufrí ningún daño. Ya en el amplio aparcamiento del pueblo y cuando nos estábamos cambiando, comenzamos a escuchar los truenos que se acercaban, provenientes de la zona por la que habíamos bajado. Fue cuando comíamos cuando la esperada tormenta descargó su furia sobre el concejo de Quirós. Al final la ruta duró casi siete horas desde que comenzáramos a caminar en Ventana.

El próximo sábado día 31 tenemos ruta por Cangas de Narcea. Caminaremos entre los Puertos del Conio y de Las Mujeres Muertas. Podremos contemplar desde las alturas el inmenso bosque de Muniellos. Caminaremos sobre las Sierras de Cazarnoso y Cansacaballos. La ruta propuesta es:

Puerto del Conio (1.316 m) – Braña Cimera (1.400 m) – Pico La Carcabina (1.501 m) – Llano los Cepos (1.419 m) – Pico Cazarnoso (1.473 m) – La Carcabina (1.464 m) – Llano de la Laguna (1.215 m) – El Tabulón (1.307 m) – Chao del Pozo (1.428 m) – Brañas de Folgueiras (1.300 m) – Braña de Valvaler (1.246 m) – Campalonga (1.205 m) – Pozo de las Mujeres Muertas (1.097 m)

Ya está abierto el plazo de inscripción para esta bonita ruta por el occidente. Como podéis ver, el desnivel es pequeño y la única salvedad es su longitud. Pero no tiene mayores problemas. Espero vuestras noticias. Os diré que tenemos el autocar de 27 plazas solamente, ya que los otros están ocupados. Esto quiere decir, que si tardáis mucho en apuntaros, os podéis encontrar sin plaza.

lunes, mayo 19, 2008

POR LA SIERRA DE JUAN ROBRE

El pasado sábado hicimos otra de las rutas pertenecientes a la circunvalación del Cuera. Continuamos en Cabrales, próximos a abandonar este concejo para pasar a Peñamellera Alta.

Partimos de Arenas de Cabrales, donde habíamos llegado en la etapa anterior procedentes del Alto de Ortiguero, concretamente desde la carretera que se dirige a Panes y casi saliendo ya de Arenas, al lado de un supermercado Dia. Allí nos dejó el autocar para continuar en dirección al pueblo por una calle que sale a la izquierda hasta la altura de una capilla que se encontraba en obras y donde giramos a la derecha para tomar la dirección hacia donde realmente tenemos que ir, al este. Después de pasar junto al Hogar del Pensionista y del Centro de Día, salimos del pueblo por una ancha pista entre prados, con el inicio de la Sierra de Juan Robre frente a nosotros y el Cares y la Sierra de Portudera a nuestra derecha.

Si nos fijamos, veremos unas marcas rojas y algunas flechas que nos irán señalando el camino a seguir hasta el Collado de Arniás, con lo que la primera parte de la ruta ya la tenemos trazada. Por tanto dejaremos todas las ramificaciones que se formen y seguiremos siempre por los puntos rojos, que además se encontraban recién pintados. Abandonamos las praderas y comenzamos una suave ascensión, ya por camino y entre encinas, Pasamos junto a dos cabañas, una de ellas derruida y abandonamos el bosquecillo para seguir subiendo poco a poco dejando el Cares en el fondo del valle. Si miramos atrás podremos ver las casas de Arenas que hace poco habíamos abandonado.

El camino es cómodo y las vistas son buenas. Nos vamos acercado al Barranco de Bazanes y ya oímos y vemos la cascada que desciende por él. Antes pasaremos por debajo de las cabañas de El Costazu y enseguida pasaremos sobre la espumeante cascada. Algunos alargados zigzag y alcanzamos las primeras cabañas de la majada de La Nava. Una preciosa pradería salpicada de fresnos y cabañas, a los pies del Cabezu Robre.

Es preceptiva una parada en este bonito paraje y disfrutar de la soledad que proporciona. Luego continuaremos con dirección este atravesando a lo largo la extensa pradera. Como digo, las marcas rojas continúan pintadas en las piedras, facilitándonos la orientación. Tras un ligero ascenso nos situamos en la Collada Arniás, a los pies del Forcau del Cuerno. Aquí abandonamos las marcas rojas. Una profunda depresión se forma al otro lado de la collada, es la Canal de Somarribas y por ese mismo lado viene el otro camino de ascenso al Forcau del Cuerno, procedente de Cáraves, por el que vemos llegar a otro grupo de montañeros.

Una pindia canal con dirección norte y por la parte izquierda del pico nos anima a ascenderla. Apretamos los dientes y después de pasar una alambrada comenzamos la ascensión. Pasamos junto a una gran cueva pero de poca profundidad y continuamos subiendo en cortos zigzag, hasta alcanzar la caliza. Pequeños círculos verdes se forman entre la piedra con lo que caminamos un poco más cómodamente. La cumbre coronada por un vértice geodésico se encuentra al este y hacia allí dirigimos nuestros pasos, ya sin tanta inclinación.

Aunque el día no es todo lo bueno que deseábamos, las vistas que podemos contemplar desde la cumbre no desmerecen. Por el norte la sierra del Cuera con nuestros próximos objetivos, Torvina y Liño, se tapa y destapa con la niebla en un continuo juego del escondite. Por el este, cerrando el valle, la Pica Peñamellera con su atractiva silueta. Y por el Sur la Sierra de Caouro y el pueblecito de Oceño asentado en una alta pradería y al que sube una serpenteante carretera. También por esos lares tenemos ruta este año, pero eso será para el mes de octubre.

Después del descanso y el refrigerio, continuamos ruta, ya con amenazas de lluvia, con rumbo norte para dirigirnos a las cabañas que vemos abajo. No hay un camino definido y debemos buscar los mejores pasos evitando en lo posible la caliza en la que es fácil encontrarse con peligrosos hoyos. Pasamos junto a un conjunto de fayas de buen porte y descendemos por una pradera buscando la última cabaña al oeste, de la majada de los Puertos de Lles. Se puede pasar junto a la cabaña y seguir un sendero que con dirección oeste se dirige a una zona cárstica, pasada la cual se llega al Collado de Cueto Llovero. Pero también se puede seguir la misma dirección sin bajar a la cabaña y bordear ese cars, llegando al mismo punto. Aquí nos cogió la lluvia con ganas. Lluvia abundante y aire con lo que la mojadura estaba asegurada.

Situados en el Collado podemos ver un sendero que a media altura va por la ladera oeste de Cueto Lloveru, dejando a nuestra izquierda un profundo valle por el que discurre la Riega Asprón. Nuestro sendero desciende lentamente adosado a los pliegues de la montaña hasta un pequeño horcado en el que damos vista al norte y a las praderas de Pando. Desde aquí el descenso es un poco más pronunciado y poco tiempo nos situamos junto a dos cabañas. La de la izquierda de mayores dimensiones y casi en ruinas y la de la derecha más pequeña y con un buen cercado de piedra. Junto a esta última sale un sendero que se adentra en el bosque por el que desciende con dirección este, un camino de tierra y piedras hasta los Invernales de Pando, ya en la carretera que se dirige a Alles. Allí nos estaba esperando el autocar y pusimos así punto y final a esta bonita ruta por la Sierra de Juan Robre, después de unas cinco horas de camino.

Para el próximo sábado día 24, tenemos ruta por Sobia. Nos vamos al Puerto Ventana para caminar hasta el Saleras y descender luego a Coañana en el concejo de Quirós. La ruta es:

Puerto de Ventana (1.586 m) – Sierros Negros (1.612 m) – Trobaniellu (1.533 m) – Collado Vusbigre (1.484 m) – Sobre Vusbigre (1.734 m) – Pico Saleras (1.778 m) – Vega de Duernos (1.461 m) – Brañas de Coañana (1.437 m) – La Revellada (1.225 m) – Mortera de Coañana (900 m) – Coañana (600 m)

Ya estoy esperando vuestras llamadas para hacer esta ruta.

Aprovecho para comunicaros un cambie en las rutas de los meses de Junio y Julio. La ruta que tenemos el día 21 de Junio al Puerto de Leitariegos y al Chao los Bueyes, la vamos a hacer el día 5 de julio y por lo mismo, la que estaba previsto hacer el día 5 de julio al Gustuteru y la vega de Aliseda, pasamos a hacerla el día 21 de junio. Los horarios y puntos de partida son los correspondientes a cada ruta. Ya está hecho el cambio en el calendario que figura en este blog.

lunes, mayo 12, 2008

RODEANDO PEÑA SIÑA

No era lo que estaba previsto, pero eso fue lo que pudimos hacer, rodear Peña Siña. El pasado sábado fue uno de esos días que antes se daban con mayor frecuencia y a los que ya no estamos acostumbrados. La verdad es que ya llevábamos con lluvia desde el jueves sin parar y ese día no iba a ser menos. Se pasó toda la ruta lloviendo y con ganas. Así pudimos disfrutar del paisaje que el agua exaltaba.

El autocar nos dejó en Vega de Sebarga ante el temor de que no pudiese dar la vuelta en Pen. Temor infundado ya que la carretera es lo suficientemente ancha y en Pen hay sitio para dar la vuelta. Pero nosotros optamos por subir por la carretera los 3 kilómetros que separan ambas poblaciones.

Una vez en Pen, continuamos por la carretera que se dirige a Villaverde unos cuantos metros más allá, hasta una curva a la izquierda con un puente bajo el que pasa el agua de una riega, que en el día que nos ocupa era muy abundante. En la curva también hay una solitaria casa y poco más allá sale por la derecha una pista que es la que debemos coger.

La pista nos va subiendo poco a poco por las faldas de Peña Siña, que es la mole que tenemos a nuestra izquierda. Al comienzo de la subida aún la podíamos ver, pero la niebla comenzó a descender hasta taparla y también el collado al que dirigíamos nuestros pasos y que se encuentra a la derecha, sur, haciendo collada con las estribaciones del Pico Pierzu, al que no pudimos ojear en todo el día.

A mitad de camino por la pista, parte a la izquierda un camino que se dirige a un hombro también a la izquierda de Peña Siña, desde el que se puede realizar la ascensión si el tiempo lo permite, ya que se trata de una ladera muy inclinada y con hierva. Nosotros seguimos subiendo hasta que la pista finaliza junto a una fuente abrevadero. Aquí comenzamos a subir por un sendero marcado en la enguarachada pradera. Más arriba observamos una pista que va de derecha a izquierda para dirigirse al collado al que debemos llegar. Subimos por los prados, unas veces por sendero y las más campo a través hasta alcanzar la pista y girando a la izquierda llegar al collado La Valleya, punto desde el que deberíamos ascender al Pico Siña, pero como ya comenté antes, la niebla lo cubría todo y no era plan el aventurarse para no ver nada. Debo comentar que junto a nosotros ascendió un lugareño junto a sus dos perros. Esto viene a cuento ya que él nos indicó la canal de descenso para evitar problemas de posibles despistes por la ladera que teníamos enfrente.

Para descender, desde el collado nos dirigimos a la derecha casi en horizontal, para pasar a la ladera opuesta de la vallada que se formaba a nuestra izquierda. Pasamos sobre un terreno cubierto de piedras con diversos tonos azules y verdes. Alguien dijo que era cobalto. Poco más allá unos cables que se descuelgan por la canal, nos hablan de antiguas explotaciones mineras en la zona. Al poco el pastor nos indica que debemos descender por la canal, siguiendo un imperceptible sendero por el que pasa el ganado, por la huellas que vemos. El descenso es vertiginoso y hasta en algún punto tenemos la opción de esquiar, ya que desaparece la hierva y la arena nos permite descender esquiando hasta recuperar nuevamente el verde. Comenzamos a ver algo y lo que vemos me pone el corazón en un puño. Aviso a los más rápidos para que esperen y nos reunimos en un hombro colgado sobre el estrecho valle. Abajo un espeso bosque nos espera y el rugir de un río. Es el Río Cormenero que con el agua caída, corre estruendoso valle abajo. A nuestro alrededor solo vemos vegetación hasta donde la niebla nos permite. Por el oeste tenemos las paredes de Peña Siña y al este descienden profundas valladas cubiertas de bosques, para encontrase en el fondo del valle con otro espeso bosque que no nos permite ver el río que ruge bajo las hojas. Comprobamos con el GPS nuestra situación y seguimos por el sendero aún en descenso. Al poco nos encontramos con un marcado camino que nos cruza de derecha a izquierda y nos devuelve la confianza.

Ya en el camino lo seguimos a la izquierda y enseguida topamos con una cabaña. Estamos en El Valleyón. Un pequeño descanso bajo la lluvia que no nos impide comer y beber algo, para continuar por el camino hasta las inmediaciones del río casi cubierto por la arboleda y la espesa vegetación. A la derecha parte otro sendero que intuimos se dirige a cruzar el río Cormenero para ir a buscar una pista que vemos al otro lado y que se dirige a Argolibio. Nosotros seguimos a la izquierda bajo los resaltes rocosos de Peña Siña. Al fondo observamos unas buenas praderas con vacas que suponemos pertenezcan a la majada de Cormenero y hacia ellas dirigimos nuestros pasos. Dejamos un sendero que sube y otro circula más abaja del nuestro. Creemos que no por cualquiera de ellos se alcanza el mismo punto. El de abajo entra en las praderas y el de arriba nos saca por encima del bosque que oculta las cabañas de Cormenero, donde llegamos por el camino del medio.

Un nuevo vistazo al GPS nos indica que debemos ascender por el bosque sobre el hombro que protege las cabañas por el norte y desde el que vemos nuestro próximo destino, Siña, muy por debajo de donde nos encontramos y con un cerrado desfiladero separándonos. El desfiladero lo salvamos por medio de un sedo que va dejando a nuestra derecha las profundas caídas verticales hacia el río. Vamos primero en horizontal para iniciar un descenso vertiginoso en múltiples revueltas, hasta alcanzar la pista en las inmediaciones de la ermita de San Antonio, derecha, que se encuentra antes de las cuatro casas que componen Siña. Merece la pena hacer la visita a este lugar. La ermita de bajo porte, tiene su frontis cubierto dando acceso a la entrada a la iglesia bien conservada y con bancos. Siguiendo por la carreterita a los pocos metros nos encontramos con un edificio a la izquierda medio destruido y poco más allá, otra casa de buen porte a la derecha para llegar a la que parece la casa principal con adosados y frontal de piedra labrada así como la jamba de la puerta principal tallada con dos cordones que recorrer toda su perímetro. Sobre la puerta, una especie de ventana y sobre ella el hueco donde debió haber un escudo. A la derecha un pequeño ventanuco con el típico estriado de concha de peregrino y a media altura una especie de escudo con una inscripción que data la obra en el siglo XV. Poco más abajo hay otra casa de trazas modernas.

De vuelta a la pista, dejando a la izquierda por donde habíamos llegado, continuamos de frente hasta el pueblo de Pen, donde damos por finalizada la preciosa y húmeda ruta de hoy. Mojadura que damos por bien empleada ante las luces y los verdes colores que el paisaje nos deparó.

Pero ya estamos pensando en la siguiente. Y la del día 17 nos devuelve una vez más a Cabrales. Nos vamos a Arenas para continuar con la circunvalación del Cuera. La ruta es la que os describo a continuación:

Arenas de Cabrales (150 m) – Praderías de La Nava (662 m) – Collada de Arniás (819 m) – Jorcau del Cuerno (976 m) – Puerto de Lles (740 m) – Collada del Cueto Llovero (825 m) – Invernales del Pando (436 m) – Arangas (352 m)

La ruta, con una dureza media es fácil de seguir y nos proporcionará unas estupendas vistas del valle del Cares y de la Pica Peñamellera, así como de la Sierra de Portudera por la que anduvimos hace una semana y como no, la Sierra del Cuera.

No os la perdáis. Es una ruta de unas cinco horas en la que lo más reseñable es el desnivel de subida que es de unos 800 metros. Espero vuestras llamadas.

martes, mayo 06, 2008

POR LA CALZADA ROMANA DE CAOURO

Los Puertos de Era

El pasado sábado día 3 del recién comenzado mes de mayo, las huestes del Grupo de Montaña LAS XANAS, se detrajeron en la historia para cabalgar junto a las huestes de Roma, en el sometimiento de las tribus de orgenomescos que se refugiaban en las impenetrables tierras del Monte Vindio.

La Calzada Romana de Caouro es una ruta obligada para adentrarse en la conquista de Los Picos de Europa, no emulando a los romanos, pero sí a los pastores y montañeros que abrieron las vías de comunicación que hoy conocemos en estos parajes.

Así que nosotros abandonamos la comodidad (¿) del autocar en el bonito pueblo de Tielve y tras aprovisionarnos del exquisito Queso de Cabrales, iniciamos la marcha atravesando el pueblo para salir con rumbo este junto al lavadero fuente. La ruta está bien indicada con la señalización del PR AS-127 y comienza en una pista hormigonada en dura subida. Al llegar al depósito de agua que abastece al pueblo, abandonamos la pista que gira a la izquierda, cambiándola por el antiguo camino que sale de frente, manteniendo el rumbo este. Las indicaciones echas en las piedras señalizando el PR con las típicas rayas blanca y amarilla, nos sacan de la duda al encontrarnos con otros senderos de menos orden que se cruzan con el nuestro. Baste saber que el caminar válido es el que asciende, por lo que debemos desechar por principio, todo lo que sea descenso.

Así alcanzaremos la majada de Valfrío y nuevamente la pista de hormigón. A nuestra izquierda observaremos una vallada que finaliza en un collado. Ese collado es nuestro próximo destino, por lo que nuevamente dejamos el hormigón y volvemos al sendero, ahora menos marcado, pero en el que siguen apareciendo las señales del PR y algunos jitos. Ya antes de alcanzar el collado, si miramos a nuestras espaldas, comenzaremos a ver la inconfundible silueta del Picu, el Urriellu, que poco a poco se va haciendo cada vez más grande. Una vez en el collado podremos contemplarlo en toda su plenitud al tiempo que descansamos del esfuerzo realizado. Estamos en el Collado Entrejano donde un indicador nos marca la dirección de Arenas al oeste, pasando bajo las estribaciones del Cueto de Tordín.

Enseguida nos situamos en el Collado Posadoiro en el que podremos observar una piedra con una extraña inscripción grabada. Aquí se contempla una estupenda vista de los macizos central y Oriental de los Picos de Europa. Del occidental adivinaremos algunas de sus más importantes cumbres. El camino continúa al norte bordeando un jou para alcanzar el Mojón desde donde ya vemos la preciosa majada de Tordín.

Aunque no es necesario, si que es recomendable acercarse a las cabañas y pasear entre ellas, contemplando la buena y aprovechada fábrica que tienen. Del mismo modo, paseando por las verdes y mullidas praderas que la forman, podemos acercarnos al la cueva de La Grayera, remontando luego por la izquierda al collado Fuente de Viña descendiendo a continuación a una depresión que nos lleva a las majadas de Tambrín. Las cabañas desperdigadas por todas partes, se caracterizan por los amplios cierres de piedras. Las puertas de algunas de esas cabañas se encuentran totalmente grabadas con nombres y fechas, con una caligrafía envidiable. En algunos puntos podremos ver a la derecha y en el fondo del valle, la carretera entre Arenas y Panes y el agua azul del Río Cares que la acompaña. Al otro lado, por delante de la muralla de las Sierra del Cuera, una pequeña sierra, la Sierra de Juan Robre, salpicada de cabañas y por la que en un par de semanas caminaremos a la conquista del Forcau del Cuernu, en travesía entre Arenas y Arangas.

El descenso se hace cada vez más palpable. Luego del Collado de las Baturrias pasamos por la majada de Humardo y comenzamos a descender por un camino empedrado que se interna en el bosque. Las majadas se suceden por todos lados. El camino parece encabritarse y las revueltas se suceden unas tras otras, entre fayas, encinas y espineras. Cuando estamos a punto de volvernos locos de tanta piedra, alcanzamos el Collado Castiello, reconocible por un grande y viejo castaño con el tronco quemado. Terminamos el suplicio de la piedra y el camino se suaviza ahora ya de tierra. Los viejos castaños se salpican a uno y otro lado del sendero y les cuerres rememoran viejos tiempos, cuando las castañas eran alimento primordial.

Arenas de Cabrales ya está a la vista desde hace un buen rato, pero parece aún inalcanzable. Al fin pasamos tras una portilla, por encima de la canal, procedente de Poncebos, que lleva el agua a la central que unos metros más atrás pudimos ver entre los árboles. Ya solo resta descender lo que queda de senda, para terminar en la carretera entre Arenas y Poncebos, muy cerca del puente sobre el Cares, por donde alcanzaremos Arenas de Cabrales para poner el punto y final a una ruta de unas 6 horas por unas tierras llenas de historia.

Para el día 10 tenemos ruta por Amieva, en las inmediaciones del Pico Pierzu. Nos vamos a los Picos de Siña, concretamente a Peña Siña o Pico del Teyeu, de 1047 metros. La ruta a seguir es:

Pen (386 m) – El Fresnedu (429 m) – La Llamargona (570 m) – Collada Llampra (895 m) – Peña Siña (1.054 m) – Collada La Valleya (895 m) – El Valleyón (550 m) – El Cormeneru (480 m) – Ermita de San Antonio (470 m) – Collado Sevarella (444 m) – Los Llanos (390 m) – El Beyu de Pen (237 m) – Santillán (145 m)

Os aviso que tenemos el autocar de 27 plazas asignado y no tenemos posibilidades de llevar el de 47 por lo que cuando se terminen las plazas no habrá nada que hacer. No dejéis para última hora el apuntaros.