25
de mayo de 2013
Continúa
el cielo encapotado. El jueves llovió, el viernes también. Para hoy nubes y
claros. De momento sólo nubes y más nubes. Vamos a Tarna. Parada en Abantro,
donde Casa Linares, para hacer algo de tiempo para ver si mejora. Desde el
pueblo de Tarna no se ven las cimas. Al salir del autocar el viento corta en
dos. Hace muchísimo frío. La primera operación es ponerse toda la ropa posible.
Subimos,
como es de recibo, por la linde de alambre que marca el límite provincial.
Luego el senderillo va girando hacia el sur encarando unas terriblemente
pindias cuestas. El suelo está lleno de unos misteriosos cristalillos de hielo
en forma de mangos de navaja. ¡Qué intriga! ¿De dónde saldrán estos hielos
alargados y cóncavos? –“Oye, fíjate en los alambres. Están cubiertos de hielo.
El viento arranca estas fundas heladas”.
Algo
más altos son las matas de hierbas blanquecinas las que están heladas. Siempre por la cara sureste. Esta noche ha tenido que
soplar una cellisca impresionante. La temperatura, no exagero, no sube a esta
hora de los cinco o seis grados. Al menos la sensación térmica que tenemos; es
que si te quedas quieto te congelas. El viento se cuela por cualquier rendija.
Subimos rápido, muy rápido, casi sin aliento. Pero es que no hay quien se pare a
contemplar.
Por
fin el pico. Manuel divisó a un ciervo. Debajo de la cima y al abrigo del
viento se puede estar un poco al abrigo. Sigue todo cubierto. Maldecimos
nuestra mala suerte. Los optimistas insisten: -“Confiad, que va a abrir”. Casi
sin recuperar el aliento estamos caminando otra vez. Seguimos la cuerda
montañera a los Porrones de Moneo
Se
esta abriendo una ventanita azul en la espesa masa de nubes. Hacia el Maciédome
se empieza a vislumbrar el horizonte de montañas. Por los Porrones no hace
tanto frío, estamos protegidos en la hondonada. Grandes masas de nieve que
atravesamos. Un montañero solitario hace ski de travesía a gran velocidad. Nos
asomamos al impresionante circo que se abre sobre el valle La Verde.
La aldea de Tarna minúscula en el fondo. Unos rebecos corren
por la nieve. Bajamos a Les Llastres. El tiempo sigue mejorando ya de manera
clara. Detrás, al sur, el Pico Lago que subimos en una invernal durísima, y
poco a poco, descorriéndose la cortina de nubes, majestuoso El Mampodre. Muy
nevados todos los valles que suben de Isoba: Rapaína, Rapaona, un pequeño
triángulo, que debe ser la Peña El Viento, Y
sobre todo cerrando el horizonte oeste, la afiladísima cresta del Canto del
Oso. Otro día de recuerdos inolvidables: ¡qué bajada hicimos por esta ladera entrando
en el monte Fabucao!
Con
estos recuerdos y casi sin darnos cuenta subimos al Moneo para descender
vertiginosamente al Collado Musquiellu, por la arista entre los dos valles. El
camino que deberíamos haber seguido está cubierto por una espesa pala de nieve,
así que nos toca buscarnos la vida. Mientras nos agrupamos en el Collado, un
grupillo con ganas de más suben al Cueto Requexada que no deja de ser más que
una inmensa ladera de subida y aún más larga de bajada. La señal del PR-60 en
el Collado nos confirma que estamos en el buen camino. Descendemos por el
sendero siguiendo las marcas. Saltamos varias riegas. La principal en el medio
del valle forma una airosa cascadilla. El valle es una preciosidad. Lentamente
vamos llegando a la majada Mongallu tras haber descendido 600 metros desde el Remelende.
Efectivamente en las ruinas de la cabaña una flecha amarilla indica que hay que
bajar paralelos a la riega para entrar correctamente a la cascada por su
izquierda.
Empieza
una nueva aventura. El descenso es rápido y hay que andar con ojo sobre la
piedra húmeda. Hace hasta calor, cosa de agradecer. El río va precipitándose a
saltos. En cuanto doblamos algo al oeste aparece un roquedo impresionante con
una vira inferior que nos mete en el buen camino de bajada. Cuando salimos de
la inclinada pared la travesera por el bosque se hace más fácil hasta que toca
atravesar una intrincada zona de escobas, pelea a la que estamos más que
habituados.
Saliendo
de este túnel vegetal hay que saltar al otro margen de la riega Mongayo y bajar
algo más. Acabamos por salir a la zona descubierta desde la que se puede ver
una buena parte de la caída de agua. Subimos a hacer las fotos de rigor
aguantando la pulverizada llovizna que refresca hasta “les cascarries”. (Javier
dijo).
El
resto de la ruta es muy sencillo pero tan hermoso o más que las cumbreras.
Llegando a La Campona tenemos
que coger la buena senda que nos meterá al monte Saperu. Maldita sea, hay que
volver a subir algo. No hay mucho problema. Avanzamos con toda la calma
posible. El bosque está esplendoroso, vestido con sus nuevas galas de
primavera. El color de la hoja nueva, digno de la paleta de un buen pintor.
Todo huele a limpio, a renovado, el milagro se ha vuelto a producir. La vida
empuja inevitablemente y es un delito que nos perdamos la ocasión de
comprobarlo en el mejor de los sitios, el Concejo de Caso.
Pasamos
el primer puente, con su mesa de descanso y merienda. El agua salta varias
veces al camino. Pasado el segundo puente del río Requexada, que saltamos
alegremente muchos metros más arriba, y que ahora es un señor torrente,
alimento del Nalón junto al Mongayu, hay una riega que atraviesa la ahora
pista, por una canaliza hormigonada. Tiene su peligro en un escondido verdín
que resbala lo suyo y que casi nos traslada a Tere a la presa De Tanes. Un
sustillo de nada; bien por el fornido rescatador. Cinco minutos más tarde
entramos en Tarna con calor, sed y hambre. Todo lo cual vamos a remediar a Casa
Linares en Abantro, donde somos de sobra conocidos. Llegamos a pensar que
alguno va hasta allí por los mantecados, viendo lo que le gustan al niño.
En
resumen una gran expedición montañera, un paisaje bellísimo, un paisanaje
mejor. Todo casi perfecto. La próxima semana cambiamos de puerto. Vamos a San
Isidro para hacer el Toneo y el Agujas, los dos buenos dosmiles. ¿Habrá pasado
ya el invierno para entonces?
Atención
los del Refugio de Jermoso: a partir de esta semana empezamos a cobrar por
adelantado el precio de la pernocta, el autocar y el teleférico. Son 58 euros
para los federados nacionales y 67 para el resto, independientemente de la
licencia autonómica que se posea. Tened en cuenta que en caso de no ir por una
causa no justificada tendría que abonarse el autocar de dos días y el 10% de la
estancia. En total 28 euros.
FRESINES
