martes, julio 26, 2011

EN LA TORREZUELA, POR ENCIMA DE LAS NUBES

23 de julio de 2011

Saliendo muy pronto de Oviedo empezamos la ruta a las nueve con la fresca. Larga aproximación hasta el mal llamado Pozu del Alemán por el que pasamos cuarenta minutos después. Otros cuarenta minutos y estamos en la Rondiella. Se sube con paso contenido pero continuo, teniendo en cuenta el desnivel que hay que salvar y lo largo de la aproximación. Otros treinta y cinco minutos más y ya estamos en el Refugio viejo. La mitad del grupo se ha esfumado en la niebla. Nos entendemos a voces y un grupo grande tira al mirador de Ordiales, tomándose las cosas con más calma. Atacamos con decisión la interminable cuesta, bendiciendo la niebla que nos tapa el sol.

A las 12h15 nos espera Manolo en la bifurcación de caminos. La niebla le impide seguir por donde pensaba y se dirige a Ordiales. Metidos de lleno en la nube baja, logramos ver entre ráfagas El Requexón y el Cueto Llagu, al que hablamos de subirlo el año que viene. Media hora después llegamos al Collau Les Merines (12h45, 2041), con novecientos treinta metros de desnivel en nuestras piernas. Antes encontramos un xato grande devorado por los buitres. En el Collau hay otro recién muerto, también pasto de alimañas. Dura es la vida en estas alturas. Un cielo radiante nos espera. Continuamos por el trazado sendero hacía el comienzo de la subida a la Horcada Santa María. El Parque ha colocado pequeños carteles verdes marcando los desvíos en las bifurcaciones. Nosotros dejamos Fuente Prieta a nuestra derecha. Tere se da la vuelta con dolores en el talón y se va a buscar a Pablo. Seguimos a la derecha bajando y subiendo. Estamos en el terreno caótico formado por llambrias y simas al extremo del Jou Lluengu. Es un terreno en el que conviene esperarse. Hay pasos jitados pero es muy fácil el despiste. Angel, María José y Norniella ya están llegando a la cima.

Llegamos a la Horcada del Alba. Estamos impresionados bajo los torreones que nos vigilan: Santa María, Torre de La Horcada y la Torre de Enmedio. Dejamos las mochilas. Esto es un sin vivir. Ni tiempo para beber agua. Decidimos subir por la arista tumbada. Son trepadas fáciles, de buen agarre. Hoy la roca está ideal para trepar. Superado el primer contrafuerte entramos en una vira diagonal que nos permite salir a una plataforma. Está jitado por esta vía. Al final de la misma un pasín complicado: hay un paso en el que hay que elevarse teniendo que subir un buen trecho la pierna derecha. Superado. Ahora una travesía por la arista que impone respeto en un corredor muy estrecho. El resto es ya una ascensión fácil. A las 13h58 hacemos pico. Nos volvemos a reencontrar con estos tres que llevan ya tres cuartos de hora aquí. Estamos por encima del mar de nubes. Se distingue con claridad el Mampodre y Peña Ten. Es una gozada. La Peña Santa es un farallón de roca perpendicular a nosotros. Da la falsa impresión que subiendo por el senderín que va a la Horcada de las Tres Marías se pudiera dar un saltín a la muy Santa peña. Los geólogos llaman a este tipo de picos “horn”, que en alemán significa “cuerno”, por el modelado que hizo el hielo en ellos a lo largo de los años.

Muy debajo, el Jou Las Pozas, por donde atravesamos el año pasado, con su subida al Jorcau Las Pozas, que nos costó lo suyo. Encima inconfundibles Los Estribos, La Cabra Blanca, y el Diente. Están llegando Carrete y Taboada trepando al completo por la arista. Estos son de la raza de los felinos. Taboada repasa todos los picos que ha subido alrededor. Y eso que les queda la Cabra Blanca, que según muchos montañeros sólo tiene un pasín malo.

Ahora la gente quiere irse. La niebla va entrando y saliendo. A las 14h25 nos decidimos a bajar. Una pena. No hay tanta prisa. La bajada la hacemos superada la aérea arista por un canalón a la derecha que es una travesera muy cómoda. En muy poco tiempo estamos abajo. Comemos en la Horcada El Alba, mientras los tres “expresos” se han ido a la Horcada Santa María, a echar una ojeada. Ahora el sol calienta. A las tres y cinco salimos rápido por el caótico atajo que nos busca Carrete y que resulta ser un continuo destrepe por llambrionas. Es entretenido pero lleva su tiempo.

Encontramos un grupo de nueve que van a la Torrezuela y a vivaquear. ¿Cabrán en Vegahuerta? Nos dicen que hay paso desde aquí al Jou las Pozas y la Forcadona sin dar toda aquella vuelta que nos marcamos el año pasado. Habrá que tenerlo en cuenta. Las mozas no están muy contentas con el vivaqueo porque los sacos pesan el triple con el relente de la mañana.

Indicamos la ruta de la Torre de Santa María a dos “chavales” de Torrelavega que resultan ser los exploradores de un gran grupo que pernocta en Vegarredonda. No conocen nada de la zona. Tienen su mérito y su puntín de osadía.

Volvemos a meternos en la nube. Esta temporada estamos un poco hartos de niebla. ¡A ver cuando empieza el verano! Encontramos a Angel y Norniella. María José visto y no visto, está y ya se ha ido. ¿habremos hecho la misma ruta? Suspirando por una cervecita entramos en Vegarredonda (17h15). Un poquitín de relajo. El refugio bastante lleno. Marta amable con todo el mundo. Salimos escopetados para que no nos pille el coche escoba.

Bajando, bajando llegamos a la terrible pista del mirador del Rey. Como no hay más remedio que cruzarla, seguimos a buen paso en entretenida conversación que hace más corto el camino. A eso de las siete entramos en Sohornín donde volvemos a ver a María José, que ya empieza a ser como una visión. Todos agrupados, todo ha salido bien, los de Belbín felices. Y los demás contentos por ellos.

El sábado volvemos a La Babia en la zona del Montigüero. Empezamos por las tierras leonesas de La Cueta y queremos subir al Gagucheiro, Los Años, Peña Redonda y la Crespa, para bajar luego a La Riera.

FRESINES

miércoles, julio 20, 2011

PASEO AÉREO EN LOS PUERTOS DE MEICÍN: DEL CANALÓN OSCURO, AL PRAU DEL ALBO

16 de julio de 2011

Pasaron ya dos semanas desde la última excursión. La segunda de julio la suprimimos porque nos quedaba por hacer una última ruta con Senén. En los días siguientes a la emotiva despedida en la ermita del Alba, la naturaleza se derramó en lluvia durante toda la semana en su honor. Siempre que pasemos por Quirós miraremos de refilón la silueta del Alba. Algo nuestro dejamos allí. Una persona que se hizo querer.

Y como lo que mejor sabemos hacer es subir ladera arriba, es justamente en lo que nos empeñamos ascendiendo desde Tuiza por el camino del Meicín y doblando a la derecha en busca de la mítica Forqueta del Portillín. Hoy la riega del Portillín Fonderu estaba seca del todo. Sin embargo la Fuente Bachao nos regaló su precioso líquido cuando ya apretaba Lorenzo. La ascensión se hizo dura, son muchos metros de desnivel. La meteorología nos echa un capote en forma de niebla lo que nos permite subir más frescos. Ya estamos arriba en las Lleras de Cueva Palacios. Según Lueje en hora y media se llega arriba. Me parece que siempre exageró con los tiempos. Nosotros tardamos un cuarto de hora más, lo que no está nada mal. Delante de nosotros va una cordada hacia los Fontanes. Un guaje de pocos años marca el ritmo. Así se hace afición. Suerte. En este momento no se ven las altas cimas, la niebla lo envuelve todo. Paramos un momento para abrigarnos teniendo los Joyos de Cueva Palacios a vista de pájaro. Los Foyos y los Cintos cierran este recóndito rincón de paz. Al fondo los Puertos de Agüeria, ese paraje soñado... hasta tiene un pequeño “chagu” en su centro.

Reemprendemos la marcha. Bordeando en horizontal llegamos hasta el pedrero que baja de la Horcada del Canalón. Manolo y tres más han subido directamente a la Palazana por el Canalón. El Pico del Canalón Oscuro es una mole negra y de piedra deshecha situada al oeste. La trepada es fácil, pero hay que agarrarse a las hierbas para evitar resbalones. En el pico hay una placa oxidada pero legible. Se está bien aquí, aunque nos falta la vista de los altos del macizo de Ubiñas. A ratos desaparece La Palazana. Pero seguimos oyendo el vozarrón de Manolo indicándonos el camino de subida. Los contrafuertes del vaso de Rueda son un recreo para la vista.

Bajamos con precaución para volver a subir por una canal herbosa casi vertical al principio, luego con alguna trepada. La Palazana es un pico esbelto, puntiagudo, destacado desde la braña Meicín, formado por estratos circulares que le dan un aspecto único. El acceso por el este es casi un paseo de vacas. La cordada que iba al Fontán ya está arriba, aunque no se distingue más que siluetas en la niebla. Es la una y cuarto.

Ahora teniendo delante las agudas agujas del Alto La Llera (la “Chera” para los quirosanos), las bordeamos por el sur hasta situarnos frente a la ventana de la cueva “natural” que se uso de refugio en la guerra. Subimos trepando, en roca de muy buenas aristas hasta el corredor natural que comunica con la cueva. Hay restos de trinchera. Desde la ventana de la cueva primera visión de “las tres Ubiñas”. Vaya observatorio de primer nivel. Hasta aquí llegamos en septiembre del año pasado en una jornada montañera de muy grato recuerdo viniendo desde el Fariñentu. Es la misma línea cumbrera con el Pie Ferreru por el medio.

Pasamos con facilidad al Alto de los Camisos en cuya cima hay construido un refugio circular de piedra labrada y en buen estado de conservación. Hay trincheras avanzadas hacia el abismo y otras que retroceden hacia la alta peña. No hay traza de abrigos, aunque Toño busca posibles localizaciones de refugios de guerra, más o menos precarios, que pudieran haber albergado tropas. El Canalón del Infierno tiene una caída espectacular sobre los Joyos. Al otro lado el Prau y el Colines cierran nuestro horizonte. Es bien curioso este nombre de Camisos: De “kamb”, valle con pequeños rellanos empozados, o sitio de “cameo” del ganado.

Seguimos progresando por este crestón aéreo, subiendo ahora un pico sin nombre conocido, situado entre Los Camisos y el Prau. La Ubiña tímida empieza a mostrarse entre jirones de niebla. Entre dos nublones podemos ver el duro perfil de los Castillines y el Siete durante breves momentos.

Para llegar al Prau del Albo hay que meterse en una entretenida trepada con breves descansos. En su cima un gran jito solitario. Estamos en territorio prestado, las cumbres no son de nadie y éste es un espacio para la libertad. Como decía el gran Mallory: “Lo que todo esto me aporta es aventura y felicidad, después de todo, eso es lo que buscamos en la vida...

Abandonamos esta sucesión vertiginosa de Picos bajando a los Pozos de Corrales. Buscamos el sendero tapado por la alta hierba. Ya no se siegan estas laderas. No hay ganado. La gente de los pueblos se ha hecho mayor. En la fuente no canta el agua. Ya metidos en el valle de Corrales aprieta el calor y el deseo de llegar. Salimos por la Plana cerrando el circuito que habíamos comenzado unas seis horas antes en Tuiza de Arriba.

Comemos en el centro de interpretación. Es un sitio agradable a la sombra. Van llegando montañeros a lo largo de la tarde desde todos los rincones del macizo. Esta ha sido una aventura más del bravo Grupo Las Xanas. Las Ubiñas tienen un algo especial en su silueta, en su color, en los duros recuestos y las inmensas paredes verticales. Ha sido otra jornada montañera memorable.

El 23 de julio, y visto que no podemos parar, otra de las que justifican una temporada: LA TORREZUELA de 2.322 metros. Con madrugón incluido. Recordar que la aproximación es larga y la caminata nos puede llevar unas ocho o nueve horas. Ya sabéis que Picos es tacaño con el agua y que conviene llevar bocadillo para comer en la cima. Hasta el sábado, valientes.

FRESINES

lunes, julio 11, 2011

TU ÚLTIMA RUTA

10 de JULIO de 2.011

El día amaneció gris y humedo, como tantas veces nos había ocurrido y como entonces, tampoco suspendimos esta ruta. Tu ruta más importante, ¿verdad Guaje?

Un pequeño gran grupo de tus compañeros del monte nos pusimos de acuerdo para acompañarte también en esta ocasión y pese al mal tiempo, emprendimos la ruta camino de Salcedo.

Dejamos los coches en este alto pueblo de Quirós y con los chubasqueros puestos y los paraguas abiertos, emprendimos la ascensión hacia la Ermita del Alba.

Hicimos la ruta por la carretera. El viejo camino por el que tantas veces subiste y bajaste, con la lluvia, estaba impracticable. ¡Que te voy a decir a ti! Así que para ganar tiempo la carretera era una buena opción.

Te esperamos en el aparcamiento de La Tellera, un grupo de buenas cabañas a los pies de la Peña del Alba. Cuando llegaste, estábamos comiendo unas cerezas silvestres que empezaban a madurar. Venias de la mano de tu nieto Abel y yo me puse a tu lado para subir los últimos recuestos rumbo a la capilla.

Caminando entre las cabañas de la braña, abandonamos la carretera asfaltada y cruzamos una portilla para pasar al sendero casi borrado entre las praderas.

A pesar de la niebla, en esta ocasión no necesitábamos GPS. Tu conoces bien estos pastos y estos caminos. Fueron muchas las veces que pasaste por aquí. Bajando de Peña Podre, o del Gamoniteiru. O subiendo a la Peña del Alba o al Champanza. O de ruta hacia Bermiego. Tantas y tantas andaduras con el grupo o con tus otros amigos de por semana.

Hoy camino a tu lado como en otras no tan lejanas ocasiones en las que me decías que estabas mayor para esas caminatas. Yo me ponía a tu lado y te decía: “Guaje, poco a poco, sin prisas. Estoy aquí contigo”. Y seguíamos subiendo hasta lo más alto. En esta ocasión no necesitas preguntarme a que altura estamos. Sabes bien que no pasamos los dosmil.

Las vacas, sombras entre los retazos de niebla, nos saludan con sus mugidos. No vemos el final, pero una mancha oscura frente a nosotros nos avisa que estamos cerca. Un giro a la izquierda y ya estamos en la plataforma de la ermita. Los tilos y unos bancos de madera que no conocíamos y la ermita que sale de entre las nubes.

La dejamos atrás y seguimos hacia el borde de la peña. Donde las tres negras cruces de madera. Allí desde donde podemos ver todo el valle, y Valdemurio y El Gorrión y Arroxo y la Sobia y…. Tantos y tantos lugares por los que anduviste. Hoy no vemos nada. La niebla lo cubre todo.

Y allí, en esa balconada, tu nieto Abel, con voz temblorosa por la emoción, leyó tu paso por este mundo. Habló de tus padres, de tus abuelos, de lo duros que fueron tus principios. De tus hermanos y hermanas y de las reuniones familiares. De tus hijas y de tus nietos, en los que dejaste tu impronta y tus señas de identidad. También tuvo palabras para tu grupo de montaña. Para tus amigos de fatigas que hoy también te acompañan y que tras las acertadas palabras de Abel, quedamos mudos y muy emocionados.

Te dejamos allí en el balcón, para que puedas contemplar el paisaje sin nada que te lo tape y desde donde puedes también seguir nuestros pasos con la mirada. Unas rojas rosas te acompañan y el silencio. Un silencio sepulcral se apoderó de todos. Quise romperlo. Mi intención fue la de decirles a todos cual era tu deseo. Yo se que tu querías que en ese momento alguien iniciase una canturriada y tu, pronto, lo acompañarías y todos al unísono entonaríamos como cuando nos colocábamos alrededor del barril de la Viuda de Angelón o en la plaza de Requejo con unas botellas de sidra.

Pero la emoción no me dejó. Un nudo en la garganta me impedía decir nada. Alguien con más entereza rompió el silencio y poco a poco fuimos abandonando el lugar.

Ahora, cuando mire desde Valdemurio, o desde Arroxo, no solo veré la característica forma caliza de la Peña del Alba. Te veré a ti y tu eterna sonrisa y tu puro en la mano.

Guaje, sigues en el corazón y en el pensamiento de todos nosotros. Un abrazo.

JAFPA

sábado, julio 09, 2011

Amigo Senén:

No hemos podido hablar mucho en estos seis últimos meses en los que la enfermedad se te engancho a ti, que para nosotros has representado siempre un roble firme, lleno de vitalidad y de verdor.

No importa demasiado que no nos hayamos visto. Sabíamos que no querías que la gente te viera en tus horas bajas. ¡Normal, ho! Dejemos eso.

Vamos a hablar de los buenos tiempos. Cuando yo te conocí eras ya una referencia para todo el grupo. Las chicas preguntaban:

-“¿Peña, crees que yo podré con esta ruta?”.

Y la respuesta inequívoca siempre era la consabida:

-“No lo sé, pero el Guaje también sube”.

Ahí queda eso, señor. Tu y yo, todos nosotros, que hemos compartido muchos sudores no dejamos de reconocer, con ese realismo que te caracteriza, que las cosas son así, y no por darles muchas vueltas van a cambiar.

Sólo quiero decirte cuánto te hemos admirado. Firme como una aguja de esas que están clavadas contra la cara del Tiatordos. Me acuerdo del día que subíamos al Sagrado Corazón. Vaya calor hacía aquel día. Fuimos sentándonos bajo la estatua. Al poco tiempo llegabas tú con esa cara de buena persona que no te podías quitar. ¡Qué aplauso te dimos! Premio a tu constancia y tesón.

-“Es que me ha dicho el médico que tenga cuidado con los picos, que a partir de los dos mil me fatigo”, decías, con la respiración entrecortada. Y todos los que estabámos a tu alrededor echábamos un taco silencioso y seguíamos pa’lante, que si Senén puede, a ver quien se queda atrás.

Hoy tenemos que terminar la charla que empezamos aquél día. Para agradecerte tu vitalidad, tus ganas de vivir, las canturriadas en Collado Jermoso, tu risa al decir:

-“Chaval, tira que libras.” Siempre contagiando buen humor. Siempre con unas cuantas chicas de las Xanas a tu rebufo. Te he oído intercambiar recetas de cocina y hablar de los “buenos” malos tiempos que te tocaron. Pero siempre disfrutando de las cosas, las compañías, los paisajes y el paisanaje. Y ese vozarrón inconfundible riendo chistes más o menos picardiosos.

Amigo Senén, nos contagiaste tu amor a las montañas. Ese sentimiento profundo de admiración y reverencia por la naturaleza. Vamos a seguir en la onda, porque todos los caminos tú ya los has caminado y ahora nos queda, seguir cual guajes de la fábrica, pateando el territorio astur.

Estate seguro que cada vez que entremos en el bus, miraremos tu rincón habitual esperando contar contigo una vez más. Si algún día de estos nos encontramos en alguna encruciyá vamos a entonar bajíto “axuntánbense”... como aquel día con Silvio en La Pumarada.

FRESINES Y TODO EL GRUPO DE MONTAÑA

NOS DEJÓ EL GUAJE


DON SENÉN PELÁEZ FERNÁNDEZ
VIUDO DE ARGENTINA GARCÍA
JUBILADO DE LA FÁBRICA DE ARMAS DE TRUBIA
Falleció en OVIEDO,
el día 8 de Julio de 2011, a los 82 años de edad.
Habiendo Recibido los Santos Sacramentos y la Bendición Apostólica
D. E. P.

Sus hijas: María y Belén Peláez García; hijos políticos: Mariano Menéndez Arango y José Manuel González González; nietos: Daniel y Marcos Menéndez; Natalia Álvarez; Abel y David González y Tatiana Rodríguez; bisnietos: Daniel, Marta y Raquel; hermanos: Elena, Leandrina y Lorenzo Peláez Fernández; hermanos políticos: Agustina, Segundina y Teresa; Manolita, Virginia, Libertad, Cristina y Emilio; Manuel y Mario; sobrinos, primos y demás familia. Y sus compañeros del GRUPO DE MONTAÑA “LAS XANAS”
Ruegan una oración por su alma, y les comunican que el Rito Exequial de despedida de cuerpo presente tendrá lugar el SÁBADO día 9, a las DOS de la tarde, en la Capilla del Tanatorio El Salvador-Oviedo, y, a continuación, sus restos mortales serán incinerados en el mismo Tanatorio.
Capilla ardiente: Tanatorio El Salvador, Sala 7. Tfno. 984157047 - Oviedo

A pesar de todo, siempre estará en nuestro pensamiento y su compañia la sentiremos cuando las rutas se pongan cuesta arriba, o cuando el barro se nos pegue a las botas; cuando la maleza sea más alta que nosotros o cuando el tojal arañe nuestras piernas; cuando el calor nos sofoque o cuando el agua se haga persistente. Cuando lleguemos a las cumbres y cuando estemos de tertulia con un café o una copa en la mano.
Senén estará siempre con nosotros. Gracias GUAJE por haber sido nuestro compañero y amigo.

jueves, julio 07, 2011

POR LAS MONTAÑAS DE LUNA, PARAJES DE ENSUEÑO EN LA MEDIA MONTAÑA

2 de julio de 2011

Apretaba ya el sol a las 10 de la mañana. Un poco antes hacíamos las fotos de rigor en el monumento al pastor situado en Robledo de Luna, que realizó la artista Isabel Pérez, natural de este pueblo. Un digno reconocimiento a la trashumancia que cada año mueve miles de ovejas hacia los pastos del Norte. Tan importante es este movimiento que los lugareños de Luna preguntan a los pastores: -“¿Vas para la Oviña?”, aludiendo naturalmente a nuestra conocidísima Peña Ubiña. La etimología no engaña: el origen del nombre tiene que ver con su pasado ovejero.

Nos dice una paisana: -“Pero ¿a dónde vais con esta calor? Cuidado que por arriba está todo muy malo”. Lo tendremos en cuenta. Subimos por encima del cementerio del pueblo en una cómoda senda. Ya se agradecían los pasos en la sombra del robledal. Doscientos sesenta metros por encima del pueblo y estamos en La Collada (1h 15), bajo el Pico La Seita, tremenda mole de paredes verticales. Antes nos cruzamos con unos escaladores que iban hacia alguna de sus paredes. Tres buitres esperaban su turno en lo alto de una aguja, por aquello del riesgo, ya se sabe.

Rodeamos la Seita por la izquierda, siguiendo uno de los mil caminos que se entrecruzan y que embocan todos a lo alto del collado. Una brisa fresca nos acompañará el resto del día mientras campamos por las alturas. Ahora estamos enfilados al norte. El collado en una horcada cerrada entre la Seita (1636) y El Monte (1697). Lia, Luis y yo subimos la Seita, trepada fácil y elegante.

Tras volver a la collada, nueva subida por la derecha de La Felechosa, pegados a un tremendo roquedal desconchado de caliza gris y rojiza. Por un momento nos creemos en los Picos de Europa. Subimos al pico. (1737, 1h 55). Cinco más firman la tarjeta. Javier G. Lavín entre ellos, hoy está incombustible. Vemos uno de los laterales del embalse del Luna, construido en 1957 y que sumergió quince pueblos bajo sus aguas. Dicen los naturales que el pantano dulcificó el clima.

Bajamos por la amplia meseta siempre siguiendo el norte. Nos agrupamos todos en una aireada colina. Falta Jorge. Con los prismáticos vemos a un montañero que sube La Felechosa: camisa blanca, pantalón gris. Tiene que ser él. Nos dividimos: Ocho continuaremos a la Lastrona, el resto bajarán a Villafeliz, en la Babia baja. Desde aquí arriba sólo hay que continuar por el amplio valle acompañando al arroyo La Loba o del Puerto. Cuando estamos ya muy arriba vemos que el grupo que quedó abajo se divide en dos: unos vuelven por la derecha hacia La Felechosa y otro grupo mayor se dirige por la izquierda hacia Sena de Luna. Pues nos habíamos equivocado, están buscando a Jorge.

Desde aquí no podemos hacer mucho. Empieza a ser el día del móvil y la cobertura. También cuenta mucho el llevar la batería cargada, por si hay una emergencia. Y la clásica recomendación de no andar sólo por el monte. Encontramos refugios de la guerra. Las paredes hacia la Carba, son absolutamente verticales. Abajo Robledo. Está colocado en el centro de un amplísimo valle del que nosotros ocupamos el flanco izquierdo. Al frente el Pico las Rozas y cerrando este circo La Peña Los Bueyes, La Silla, Los Estribos y La Cirbarnal, farallón impresionante que nos deja entrever las alturas de Aralla. Pasa un rebeco solitario.

Es una sierra erguida de picos y nos hace dudar sobre cual es la verdadera Llastrona. Todo esto por ahorrarnos la bajada hasta el valle para no tener que volver a subir. Finalmente perdemos altura. Desde aquí la cima es una especie de cabeza de perro algo caída sobre sí misma y con un largo cuello con una cinta verdosa. Es un pico francamente bonito. Al Norte inmensa La Ubiña. Desde Robledo se aprecia la pista que sube al puerto Pinos y al valle del Negrón. Paramos poco en la cumbre porque no dejamos de estar preocupados. Ayudan a echarnos unas enormes hormigas voladoras que no hacen la estancia agradable. Están en celo y parece que los machos no sobreviven más de un día a la operación.

La gente que va con Manolo baja hasta Sena de Luna. Tranquilos que Jorge pasó por aquí. Piden ayuda al autocar para llegar a Villafeliz. Y nosotros dale que dale a la dichosa cobertura (y echando maldiciones de los que dejan en móvil en la mochila y ésta en el autocar). Bajamos rápido. Otro engaño para la vista. Nos dijimos: -“En una hora en el pueblo”; ja, ja.

Entramos en el valle del Pinedo. Seguimos siempre la margen izquierda. Conseguimos hablar con Jorge que espera feliz en Villafeliz. Nos estamos metiendo en una garganta de difícil paso. Preferimos cruzar el arroyo y volver a subir por el cerro que nos dejará en la pista, ya junto al pueblo. Tan solitaria es la zona que nos sale un corzo en estampida. El terreno es muy malo y difícil de pisar. Un puente que nos salva de más rodeos y la pista. Visita turística al pueblo. Y a continuación a lavarse en el río Luna de frías aguas. Villafeliz sabe bastante de inundaciones primaverales.

Bastante calorcillo que en el Mesón Luis nos ayudan a sobrellevar. Especialidad caldereta de cordero. Una agradable sobremesa en la terraza a la sombra. –“Por fin tenemos sobremesa”. –“¡No!, por fin tenemos hasta mesa”. A la cuarta semana creo que nos lo habíamos ganado. Además celebramos el cumpleaños de Javier G. Lavín deseándole muchos más.

Terminamos de sidratarnos en la Plaza Requejo que no es mal sitio para estar. Y felices y contentos por el buen día que hemos pasado quedamos para el próximo sábado en el que queremos hacer esta ruta:

Pto. de Somiedo (1.486 m) - EL DIENTE (1.829 m) - PUTRACON (1.909 m) - PEÑA SALGADA (1.979 m) - EL REBEZU (1.909 m) - LOS MICHOS (1.874 m) - La Cueta (1.442 m)

Que tengamos una buena jornada montañera en las tierras somedanas.

FRESINES