23 de julio de 2011
Saliendo muy pronto de Oviedo empezamos la ruta a las nueve con la fresca. Larga aproximación hasta el mal llamado Pozu del Alemán por el que pasamos cuarenta minutos después. Otros cuarenta minutos y estamos en la Rondiella. Se sube con paso contenido pero continuo, teniendo en cuenta el desnivel que hay que salvar y lo largo de la aproximación. Otros treinta y cinco minutos más y ya estamos en el Refugio viejo. La mitad del grupo se ha esfumado en la niebla. Nos entendemos a voces y un grupo grande tira al mirador de Ordiales, tomándose las cosas con más calma. Atacamos con decisión la interminable cuesta, bendiciendo la niebla que nos tapa el sol.
A las 12h15 nos espera Manolo en la bifurcación de caminos. La niebla le impide seguir por donde pensaba y se dirige a Ordiales. Metidos de lleno en la nube baja, logramos ver entre ráfagas El Requexón y el Cueto Llagu, al que hablamos de subirlo el año que viene. Media hora después llegamos al Collau Les Merines (12h45, 2041), con novecientos treinta metros de desnivel en nuestras piernas. Antes encontramos un xato grande devorado por los buitres. En el Collau hay otro recién muerto, también pasto de alimañas. Dura es la vida en estas alturas. Un cielo radiante nos espera. Continuamos por el trazado sendero hacía el comienzo de la subida a la Horcada Santa María. El Parque ha colocado pequeños carteles verdes marcando los desvíos en las bifurcaciones. Nosotros dejamos Fuente Prieta a nuestra derecha. Tere se da la vuelta con dolores en el talón y se va a buscar a Pablo. Seguimos a la derecha bajando y subiendo. Estamos en el terreno caótico formado por llambrias y simas al extremo del Jou Lluengu. Es un terreno en el que conviene esperarse. Hay pasos jitados pero es muy fácil el despiste. Angel, María José y Norniella ya están llegando a la cima.
Llegamos a la Horcada del Alba. Estamos impresionados bajo los torreones que nos vigilan: Santa María, Torre de La Horcada y la Torre de Enmedio. Dejamos las mochilas. Esto es un sin vivir. Ni tiempo para beber agua. Decidimos subir por la arista tumbada. Son trepadas fáciles, de buen agarre. Hoy la roca está ideal para trepar. Superado el primer contrafuerte entramos en una vira diagonal que nos permite salir a una plataforma. Está jitado por esta vía. Al final de la misma un pasín complicado: hay un paso en el que hay que elevarse teniendo que subir un buen trecho la pierna derecha. Superado. Ahora una travesía por la arista que impone respeto en un corredor muy estrecho. El resto es ya una ascensión fácil. A las 13h58 hacemos pico. Nos volvemos a reencontrar con estos tres que llevan ya tres cuartos de hora aquí. Estamos por encima del mar de nubes. Se distingue con claridad el Mampodre y Peña Ten. Es una gozada. La Peña Santa es un farallón de roca perpendicular a nosotros. Da la falsa impresión que subiendo por el senderín que va a la Horcada de las Tres Marías se pudiera dar un saltín a la muy Santa peña. Los geólogos llaman a este tipo de picos “horn”, que en alemán significa “cuerno”, por el modelado que hizo el hielo en ellos a lo largo de los años.
Muy debajo, el Jou Las Pozas, por donde atravesamos el año pasado, con su subida al Jorcau Las Pozas, que nos costó lo suyo. Encima inconfundibles Los Estribos, La Cabra Blanca, y el Diente. Están llegando Carrete y Taboada trepando al completo por la arista. Estos son de la raza de los felinos. Taboada repasa todos los picos que ha subido alrededor. Y eso que les queda la Cabra Blanca, que según muchos montañeros sólo tiene un pasín malo.
Ahora la gente quiere irse. La niebla va entrando y saliendo. A las 14h25 nos decidimos a bajar. Una pena. No hay tanta prisa. La bajada la hacemos superada la aérea arista por un canalón a la derecha que es una travesera muy cómoda. En muy poco tiempo estamos abajo. Comemos en la Horcada El Alba, mientras los tres “expresos” se han ido a la Horcada Santa María, a echar una ojeada. Ahora el sol calienta. A las tres y cinco salimos rápido por el caótico atajo que nos busca Carrete y que resulta ser un continuo destrepe por llambrionas. Es entretenido pero lleva su tiempo.
Encontramos un grupo de nueve que van a la Torrezuela y a vivaquear. ¿Cabrán en Vegahuerta? Nos dicen que hay paso desde aquí al Jou las Pozas y la Forcadona sin dar toda aquella vuelta que nos marcamos el año pasado. Habrá que tenerlo en cuenta. Las mozas no están muy contentas con el vivaqueo porque los sacos pesan el triple con el relente de la mañana.
Indicamos la ruta de la Torre de Santa María a dos “chavales” de Torrelavega que resultan ser los exploradores de un gran grupo que pernocta en Vegarredonda. No conocen nada de la zona. Tienen su mérito y su puntín de osadía.
Volvemos a meternos en la nube. Esta temporada estamos un poco hartos de niebla. ¡A ver cuando empieza el verano! Encontramos a Angel y Norniella. María José visto y no visto, está y ya se ha ido. ¿habremos hecho la misma ruta? Suspirando por una cervecita entramos en Vegarredonda (17h15). Un poquitín de relajo. El refugio bastante lleno. Marta amable con todo el mundo. Salimos escopetados para que no nos pille el coche escoba.
Bajando, bajando llegamos a la terrible pista del mirador del Rey. Como no hay más remedio que cruzarla, seguimos a buen paso en entretenida conversación que hace más corto el camino. A eso de las siete entramos en Sohornín donde volvemos a ver a María José, que ya empieza a ser como una visión. Todos agrupados, todo ha salido bien, los de Belbín felices. Y los demás contentos por ellos.
El sábado volvemos a La Babia en la zona del Montigüero. Empezamos por las tierras leonesas de La Cueta y queremos subir al Gagucheiro, Los Años, Peña Redonda y la Crespa, para bajar luego a La Riera.
FRESINES













