martes, agosto 28, 2012

HICIMOS LA CIRCUNVALACIÓN DE LA PEÑA SANTA: OTRO DE LOS HITOS DEL GRUPO LAS XANAS


CRÓNICA DE NUESTRA INCURSIÓN POR LAS SENDAS MÁS RECÓNDITAS DEL CORNIÓN

 24 y 25 de agosto de 2012

Después de las ascensiones a la Ubiña, al Morronegro y al Tercer Poyón teníamos que poner el broche de oro a este montañero agosto y nada mejor para ponerse a ello que intentar circunvalar la Peña Santa. Estamos hablando de un inmenso paredón único por sus dimensiones: unos 1.800 metros de largo, 600 de alto y unos 875 metros en su parte más ancha. Dieciocho cumbres en su larga extensión, la mayoría de ellas por encima de los 2.300 m. Y con tan pocos pasos practicables que los pocos que hay se han convertido en nombres de referencia para los montañeros: La Forcadona y el Boquete.

El viernes 24 salimos de Les Valeres junto al lago Enol. Animados, bastante cargados para pernoctar en el refugio de Vegarredonda. La subida bastante buena, sin prisas, la mirada puesta en las Cebolledas y los Argaos, que luchan por sobresalir entre las nubes espesas que las abrazan. En el refugio bien, trato amable, ambiente montañero, un chupito y pronto a dormir que mañana nos espera una paliza. En una excursión de vaciamiento de cañerías a las cuatro de la mañana nos informa el excursionista madrugador: “esta orvallando, todo cubierto”. Se oyen maldiciones.

Es igual. Seis y cuarto de la mañana toque de diana. Desayuno a las siete. Un aliento a los más pesimistas: el altímetro está subiendo. Con Carrete todo nervioso salimos a las 7h 40. La encainada nos envuelve. La Llampa Bajera parece una exposición de salamandras: hay un montón de ellas, felices en esta terrible humedad. Sudamos lo nuestro. Sin poder ver el Porru Bolu, tapado por la nieblona, torcemos hacia la Fragua, a la que llegamos una hora escasa después. Esto es volar por el monte, señores. Primeros jirones de sol peleando con la niebla. Al paso por la Torre de Lueje hemos atravesado la nube. Nos apresuramos por las Barrastrosas, entre continuos sumideros. Debajo el terrible Jou Sin Tierri. Sembrado de enormes piedras. Entramos al Jou de los Asturianos

9h 30. A 2080 m, con el caminillo que por las coladas lleva a Los Traviesos. Largo descenso por el Jou, bordeando su parte izquierda. Se agradecen estos primeros rayos de sol. Espectacular la repentina aparición de la Torre de Enol entre las nubes espesas. La Grieta Rubia luce espléndida con sus tonos pardos. Algunos pasos de la senda se hacen por los llambriales. No importa, hay experiencia en estos pasos.

Llegamos a la Boca del Jou Santo (9 h 55, 2089 m.). Un amplío y angosto valle se abre a nuestra izquierda.  Los neveros del fondo hacen círculos concéntricos. Al fondo la torre de la Horcada llena todo nuestro horizonte. Bajamos un poco para volver a subir. Los rebecos curiosean a estos extraños bípedos. Ahora asoma, por fin la Torre de Enmedio. Todo el circo está cerrado con  Las Tres Marías y la potentísima Torre del Torco. Llegamos al Collado del Jou Santo. Primera vista del Espolón Norte de la Peña Santa, espléndida arista que se adentra en el anfiteatro. Deja a sus pies el nevero central. Los neveros están a estas alturas del año, coloreados de rojo por la acción de unas algas.

Por fin esta gente para algo. Hay varios improvisados vivacs para atacar desde aquí las cumbres. Son las 10 h 20. (2.112) m. Enorme el silencio, el paraíso de la caliza y el verde. Para Jorge Pablo no hay otro lugar de Asturias con esta extraña mezcla. Este era otro de sus paisajes míticos. Los grandes cantos caídos por las pedrizas y por el fondo del valle nos recuerdan que este monte está vivo, desgastado por la erosión, pero sobreviviendo a los embates del tiempo.

Subimos hacia el Collado de la Forcadona bordeando el Neverón. Puro hielo, tenerlo respeto. Algún trepe sencillo. Estamos arriba. 2.304 m. y son las 11 h 22 La roca está helada, el viento hace daño en las manos. No hay más remedio que seguir en movimiento. Sólo tiempo para una breve ojeada al valle de Sajambre que resplandece de verdor, coronado por el Jario. Bajamos lentos, pero con total seguridad. Hay buenos agarres y la única preocupación son los cantos sueltos tan abundantes. Nos cruzamos con dos chavales que suben como motos a la Peña Santa. No son muy habladores. Su compañero, que viene detrás, no respira en el esfuerzo por seguirlos. La tan nombrada Forcadona es un estrecho y empinado corredor entre la misma Peña Santa y la Torre del Torco. Es un orgullo ver bajar a este grupo con tanta seguridad y aplomo.

Bajamos también la Llerona. Estamos en terreno conocido: el camino que viene del Jou de las Pozas y bordea la vertical aguja del Corpus Cristi. Y es un sendero casi llano. Es la primera vez, de las varias que he pasado por aquí, que entiendo por qué llaman a la aguja siguiente la del Gato. Mirad las fotos y lo comprenderéis. Son las 12 h 10 y hemos bajado hasta los 2132 m. Casi en horizontal nos vamos a la fuente de Vega Huerta para comer algo y reparar fuerzas. Sólo un escaso cuarto de hora que los dos sargentos nos están apurando. Unos montañeros que están por allí nos echan las cuentas de lo que podemos tardar hasta el Boquete. ¡Cuatro horas dicen! Qué pinta de derrotados debemos tener.

Vamos a demostrarles que no es así. Arrancamos a las 12 h 55, por terreno incómodo lleno de sumideros y desniveles. Vamos cogiendo altura por los contrafuertes de los Basares. Los puertos de Cuba están bastante empinados. Llegamos a los Puertos de Cub, 1957 m. Vaya vista hay desde aquí: todo el Central, con las canales de Moeño y Dobresengos marcadísimas. Los inicios de las bajadas de Capozo y Mesones bien trazados. Suavidad de la pradería en contraste con el macizo de la Bermeja. Y Asotín bajo el Friero, y, atentos, se ven las últimas casas de Caín.

Es el espectáculo de la naturaleza en estado puro. No hay apenas indicios de la civilización por ningún lado. Las 13 h 45 y a 1957 m. Hacemos la primera foto de grupo y empezamos a subir por un pedregoso cantil atravesando en diagonal por la Colladiella. Los mapas indican dos caminos: uno de ellos va recóndito entre la Cerra del Frade y la Cerra de Cuba hasta alcanzar los Torallos Verdes. Nosotros preferimos seguir el camino más alto que gira a la izquierda. Es el marcado por jitos. Subimos por los cantiles sin más apoyo para los pies que los “piquitos” que sobre salen apenas dos centímetros de la dura roca. Cruzamos los Vasares y tras un descenso pronunciado, entramos por fin en el Boquete hora y media más tarde. Son las 15 h 20 y estamos a 2007 m.

 Por fin se ven las dos cumbres de Piedra Lluenga. Alguien comenta  que quién habrá estado tallando con la navaja la profunda joroba entre las dos cumbres. Es el paraje más solitario que uno haya visto nunca. En varias revueltas, atentos a los hitos, bajamos al Jou Santo. Comienza una larga subida. Ahora nuestro camino discurre bajo Los Traviesos (o el Alba) y la Canal Parda. El cansancio hace mella en las piernas. Un grupo de gente baja por Mesones a Caín. ¡No les queda nada! Pero cuando les decimos que queremos llegar a Enol esta misma tarde nos miran como diciendo “probes”.La cuesta no es muy pronunciada pero no se termina nunca. Algún amago de “pájara” con lo que lo sensato es parar para avituallar y beber. El silencio  se hace denso.

Llegamos al Collado del Jou Santo sobre las 16h 10. Se oyen voces de piquistas colgados de la Peña Santa. Les buscamos por la Canal Ancha y por la Angosta. Pero no les vemos. Debemos ser hormigas para ellos. Hace nueve horas que salimos.  Ahora sólo nos queda desandar lo ya hecho. El círculo está completo. Así que nos lanzamos por el Jou de los Asturianos arriba hasta alcanzar los 2.041 m. Luego ya todo es bajar: Las Barrastrosas, el Collado de la Fragua, la Llampa Cimera. Estamos atravesando otra vez la niebla.

La cantinela más frecuente es que cuánto falta para el refugio. Todo llega, hombre. En Vegarredonda a las 18 h, tomando un café caliente, recogiendo bultos y tirando para Sohornín. Ya sólo quedan las fuerzas de la reserva. JJ comenta que por qué no hacemos caso a nuestras rodillas que dicen basta, a nuestros pies prisioneros en las botas, a nuestras piernas que piden sentarse... Llegamos por fin los últimos, a las 20h 24. Doce horas y tres cuartos de dale que dale, pocas paradas, 30, 5 km. según el aparato. Pero felices a pesar del cansancio.

Si tuviera que poner algunos calificativos diría que ha sido muy duro pero emocionante, una borrachera de sensaciones, una ruta que alguna vez había que hacer, con el privilegio de visitar lo que está oculto a los simples mortales. ¡Somos montañeros, lo hemos visto y sentido, nos lo hemos ganado a pulso!

Para convocaros a la ruta de la próxima semana, estrenando la primera de septiembre, un casi descanso comparado con lo de hoy. Vamos al Cantu Carbonero de 1.996 metros subiendo por la Canal de Misa y bajando por la Peña Beza. Es uno de los mejores miradores del Cornión, que tanto hemos pateado este agosto.

FRESINES

martes, agosto 21, 2012

PUSIMOS UNA PLACA EN LA UBIÑA EN MEMORIA DE JORGE PABLO


18 de agosto de 2012

Peña Ubiña de 2.417 metros, es la cúspide de la Cordillera Cantábrica. Para los pastores leones la Peña. Sólo en Picos de Europa y el Alto Carrión se supera esta altitud. Además, es una brava montaña caliza, con afiladas aristas sostenidas por paredes de muchos metros, que le dan un sabor especial. El enorme peñasco que forman la Peña Ubiña y su vecino Fontán (exactamente la misma altitud) es el Macizo de Las Ubiñas en su conjunto.

Esta montaña está además rodeada de hermanas menores bastante más bajas, pero también con carácter, surgiendo bruscamente de una tierra suave de pastos ondulados, formando el conjunto un entorno muy montañero y muy bello.

De Torrebario al Collado Ronzón hay que salvar casi setecientos metros de altitud. Dos kilómetros. La desviación de la pista esta señalada. Tardamos hora y media en llegar al collado que separa las dos Ubiñas. Enseguida, ganando altura en diagonal por la falda de Peña Ubiña, encontramos la senda, cruzamos la alambrada y nos situamos en el lomo herboso.

Comenzamos  la superación de esta ladera, ceñidos a la cuesta, haciendo los zig-zags necesarios para suavizar la durísima pendiente. El prado se fue tornando pedregoso hasta convertirse en un arroyo de piedrecillas  movedizo e incómodo bajo un visible corte en una banda de roca. En cuanto pudimos, al alcanzar el primer embudo, procuramos buscar la roca de la derecha. Ganamos altura por esta ladera empinada,  con cortas superaciones de algún escalón (I), La ladera está formada por placas de rocas muy fracturadas y llenas de repisas y apoyos. Así salimos al balcón natural que da vista a toda la Babia. Hemos subido unos 100 metros en unos veinticinco minutos. Es curioso: empiezas a mirar las montañas del entorno y todas van encogiendo a medida que tú tiras para arriba.

Al acabar la roca, antes de lo que esperaba, nos encontramos a la vista del jito de la  cumbre Sur, al otro lado de unos 50 metros de rampa pedregosa que se supera ya sin destrepes. El altímetro marca 2.384 metros. Nos hemos aupado otros 300 metros y ahora ya se divisa, aún lejana, la cumbre principal.

Sólo nos quedaba atravesar el largo corredor de una cima a la otra, corredor con algún paso aéreo y desde el que se aprecian los profundísimos barrancos y canchales de la cara oeste primero y luego las interminables pedreras de la este. Sobre la una estamos arriba todos, treinta y Claudia, que todavía no ha cumplido los once. ¡¡Bravo montañera!! Los dos buzones, las dos placas en recuerdo de accidentes, una sensación increíble estar aquí de nuevo, ¡cómo se ensancha el corazón ante esta amplitud de horizontes!

Nos acercamos al extremo Norte. Por aquí llega la vía que viene desde la cresta del Prau Capón, y en la que hay que superar un auténtico muro con pasos PD inf. De perfil se ve impresionante la subida a la Puerta del Arco. Parece mentira que subiéramos por allí. ¿Y la bajada por el Canalón? Debajo del primer Castillín un ligerísimo trazo pardo en el pedrero, muy inclinado, por el que descendimos a la senda de Les Merines.

Sube una pareja por la Canal de Las Fanas desde Terreos. Es mala subida, este sí, un auténtico arroyo de piedras, un arroyo que fluye al menor descuido. Aprovechamos que se va un grupo de unos diez o doce para centrarnos en lo que hemos venido a hacer: Poner la placa en recuerdo de Jorge. Es a lo que nos habíamos comprometido en navidad cuando nos comunicaron la triste noticia. Fijamos la placa con buenos pernos y pronunciamos estas palabras dedicadas a él:

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Existe en nuestra sociedad un raro grupo de personas que sienten hacia las montañas una admiración y un respeto que les impulsa a internarse en ellas, recorriendo sus valles, subiéndolas o escalándolas, sintiéndose insignificantes frente a su grandiosidad. Estoy describiéndote y describiéndonos.
 
Hace unas semanas leíamos en una publicación semanal que en algún paso en las cordadas en el Everest podían llegar a formar filas de hasta  trescientos “aficionados” (no sé si montañeros) que han pagado por subir y que quieren ver cumplido su sueño. Vale. Para esa gente los motivos son otros: poder adquisitivo, afán de ostentación, una valoración material de la naturaleza y del hombre que la recorre.
Nada que ver con nosotros, nada que ver contigo, Jorge. De ti oímos siempre otros valores. En nuestras largas conversaciones por esos montes perdidos supimos que la montaña era para ti lo más opuesto a la competencia, era una manera de buscar la verdad sobre nosotros mismos y el sentimiento de lo pequeños que somos ante torres como esta Gran Ubiña . Todos tus años de experiencia y práctica montañera implicaban, con toda seguridad, una forma de educación, que en tu caso mamaste desde bien pequeño, en la que lo que importa al final es conocerse a uno mismo, saber con que bagaje físico y mental cuentas, cuáles son tus límites, el poder siempre contar con el grupo al que perteneces, el poner a disposición del grupo tu potencial y tu experiencia. Esto último, Jorge, lo hiciste en abundancia.
La frase que mejor expresa lo que hoy te queremos decir es de Goethe: Subir montañas “para encontrarse uno mismo en el infinito”. Jorge, este fue uno de los ideales de tu vida. Hoy te queremos renovar nuestra admiración y nuestro agradecimiento por tantas cosas. Esta pequeña placa quiere quedarse aquí, bien amarrada, para que cada vez que miremos de lejos la cima de la Ubiñona, en este cruce de vientos y horizontes, recordemos tu mirada contemplativa y muda, y esa sed de infinito que ,estamos seguros, viviste intensamente.
Queremos levantar nuestro vaso como sincero homenaje para brindar por ti, por nosotros y por todos los montañeros que aman los bravos montes de la cordillera. Tu grupo LAS XANAS, está aquí hoy recordándote. ¡POR JORGE!>>

Brindamos con emoción contenida. La placa quedará para siempre. Adiós, amigo. Tenemos que bajar. Desandamos todo el camino. La bajada es entretenida aunque no presenta problemas. A la una estamos sentados a la sombra en Las Vallinas. Falta mucho por bajar. Por Las Argaxadas vamos buscando los mejores pasos de bajada del arroyo Ronzón hasta encontrar la pista del Valle de Corrales.

Nos parece que bajar a Villagusán nos obliga a un rodeo y ahora aprieta el calor. Así que vamos buscando la manera de atravesar faldeando el monte hasta llegar a Torrebarrio.  Una buena fuente se agradece. Bajamos a comer a San Martín, nuestra sede tevergana. Día muy completo y de una belleza extraordinaria.

La próxima semana tenemos la circunvalación de la Peña Santa. Ya sabéis: pernoctando en Vegarredonda alcanzaremos el sábado que viene el collado La Fragua para subir a continuación al Collado del Jou Santu y bajar por La Forcadona a Vegahuerta. Allí cogeremos la senda de los puertos de Cuba para subir por El Boquete al Jou Santu y volver a Vegarredonda. Es una ruta larga y exigente pero el nivel que está demostrando el grupo hace suponer que será una magnífica excursión.

FRESINES

viernes, agosto 17, 2012

EN EL MORRONEGRO Y LA SIERRA MASERONA: HICIMOS SEIS CUMBRES


11 de agosto de 2012

La ruta de hoy tenía muchas posibilidades. Toda la sierra de los Maserones desde el emblemático Morronegro hasta la última cima que está prácticamente encima de Torrestío. Cumbres todas por encima de los 1950 metros. El único inconveniente a la vista podría ser el fuerte calor que llevamos disfrutando una semana.

Aparcamos en Torrestío a donde pensamos volver a la tarde. El pueblo está muy arreglado. Siempre es un sitio con encanto y su gente es muy acogedora. Vamos por el Valle Valverde con buena progresión a pesar de que la solana comienza a apretar. Tras una hora de buen camino que se pierde en las praderías, llegamos a la caseta alta para retomar el camino que nos lleva al collado Quexeiro. Compañeros más impacientes se tiran a cruzar el arroyo Valverde para faldear las primeras estribaciones del Morronegro.

En la collada Quexeiro se cruzan varios caminos: la subida hasta la Calabazosa, la bajada a La Majúa, el camino del río Valverde y la senda que sube al pico Pialdá, antesala del Morronegro. Comenzamos a subir. En una hora estamos muy cerca de coronar. Orillamos esta cima que nos aparta ligeramente de nuestra meta. Hasta aquí llevamos dos horas escasas. Una brisa intensa nos ayuda refrescando el ambiente pero dejándonos la sensación de sed permanente.

A la vista toda la pared de subida al Morronegro. Este pico es un triángulo se mire por la cara que se mire. Y además un triángulo bien agudo. Se nota por lo inclinado de su pared norte, que es la más suave de sus aristas. Haciendo un esfuerzo seguimos hasta lo más alto. Tardamos treinta y cinco minutos. Arriba se está tan bien que nos tiramos tres cuartos de hora de charla y contemplación. Hemos subido a casi todo lo que tenemos alrededor, que es mucho: El Montihuero, Los Años, La Orniz y la terrible bajada de La Cervata, la Peña Congosto, El Solarco, El Ferreirúa, Los Huertos del Diablo, el Prau y los Fontanes, el Siete, los Castillines y la Puerta del Arco. La próxima semana andaremos por la Gran Ubiña en homenaje a nuestro recordado Jorge, amante fiel de estas montañas.

Ahora toca empezar el rompe piernas que tenemos previsto para hoy. En un golpe de vista se abarcan todas nuestras próximas subidas. Toda la sierra de la Maserona forma un amplísimo arco, que engloba el antiguo glaciar del que nace el río Valverde. Las pedreras son el resultado de la fortísima erosión de la cuarcita. Algunas rocas, en sombra todavía, nos devuelven todo el helor de la noche al tocarlas. Pasamos con facilidad a la cumbre Sur del Morronegro. Bajamos por la lomera. El terreno es cómodo y despejado. Alcanzamos con una pequeña ascensión el Pico La Loma. Cuatro horas justas. Foto y seguimos. Bajamos hasta la loma que arranca al Valverde. Pero nosotros seguimos hasta El Arca que se asoma provocadora en el horizonte. Es roca casi negra. Se ataca por la izquierda de la cima teniendo en cuenta que la aproximación es algo incómoda por la vegetación baja. Roca muy erosionada.

            Justo en frente hay una cima de color negro, de 1989 m. según el mapa.  La mayoría de la gente se lanza a subirla echando las manos en varias trepadas por un pequeño corredor meridional donde se acaba formando un atasco. Avisos de advertencia porque es una roca muy descompuesta, muy poco asentada y que puede dar sorpresas. Afortunadamente la bajada es tendida por el lado norte.

            Sin más complicación buscamos la siguiente cumbre atravesando por un  resalte de cuarcita llena de líquenes que hace las delicias para los rebecos del grupo. Con una suave bajada y un poco de subida pisamos El Azmón. Cuatro horas y tres cuartos llevamos. Torrestío muy por debajo. Ahora empieza lo bueno: no hay ningún camino trazado. La hoja de ruta de Raúl Fernández Velasco propone volver a la cota de 1942. Más o menos eso hacemos pero empezando a tirarnos ladera abajo La vegetación alta, las raíces incómodas, la inclinación notable, las piedrecillas sueltas, la bajada a “pelo gochu”... UNA XANADA al uso, para salir mucho más abajo y una hora después a los prados de La Vallunga donde hasta las caballerías nos miran extrañadas pensando de dónde ha salido tanta gente. Casi enseguida ya encontramos una pista de la que saltamos hasta la siguiente para encarar el puente por el que entramos al pueblo hartos de tanta bajada y con las rodillas temblonas.

            El “refrescao” en el río después de siete horas y cuarto es un alivio. ¿Quedará cervecita? Allá vamos a comprobarlo.

            Como os dije antes, Ubiña la Grande es nuestra próxima etapa. Colocaremos una placa homenaje a Jorge en este lugar especial que tantas veces recorrimos. “Las montañas nos han obsequiado con su belleza, y nosotros las hemos amado con la ingenuidad propia de un niño y reverenciado con la veneración que un monje siente por lo divino.”  (Maurice Herzog) ¿No veis que está hablando de Jorge?

FRESINES


           

miércoles, agosto 08, 2012

SUBIMOS AL TERCER POYÓN EN EL CORNIÓN

4 de agosto de 2012

Volvemos a las crónicas después de las actividades que hicimos con el Alpino por los Pirineos aragoneses. El GM Las Xanas intentó el ascenso a la Cruz en el Mampodre desde la collada Valverde. Actividad que no se pudo realizar por la niebla. La apuntaremos para el calendario del próximo año.

Volviendo a este primer sábado de agosto teníamos muchas ganas de volver a nuestros siempre añorados Picos de Europa. Y nada menos que subiendo a la torre de los Poyones, la tercera de la fila, una desconocida para la mayoría de nosotros.

Hacemos el conocido camino de Vegarredonda. Tres cuartos de hora al mal llamado Pozo del Alemán. Nos esperan 950 metros de subida. ¿nos permitirá el mal tiempo llegar? Nubes bajas en el horizonte. En hora y media estamos en el Refugio  Viejo. Hacemos provisión de agua. Afortunadamente no vamos a pasar calor. Buena parte del grupo tira hacia Ordiales. Doce montañeros por la Llampa Cimera. Hoy no está nuestro añorado Manolo marcándonos el paso, esa manera calma de subir que resulta ser contundente. Taboada le remplaza. La Llampa Cimera siempre pesa en las piernas. Cuando superamos el Porru Bolo las densas nubes se han difuminado. Algo más altos en la zona del Llano Las Pozas cortamos por la derecha hacia la base del Cuetu Llago. ¡Qué buena pinta tiene! Y es fácil de subir. Entramos al Llagu Cebolleu o al Llagu Seco. En este agosto está efectivamente seco. La belleza de la roca impresiona. Las manchas verdes entre la caliza blanca son una fenomenal adaptación de la vida en las condiciones más extremas. Pasamos al Jou del Requesón, bellísimo, pura desnudez de la piedra, mil formas caprichosas, manchas anaranjadas entre las coladas grises. Qué pequeños somos rodeados de torres.

Bordeamos el primer Poyón. Hay que dar un amplio giro a la derecha. Estamos en una de las zonas más desconocidas del Cornión. Aquí sólo habitan el rebeco y el buitre y esporádicos montañeros que se atreven por esta soledad. Es la una y diez y estamos a 1890. Encaramos la fuerte subida a la Horcada Vaquera. Vemos fósiles marino incrustados en las rocas del camino. Sobre las dos estamos en la base del Tercer Poyón. Dejamos las mochilas. Hace aire y está cubierto. Un día perfecto para escalar.

Entramos por una vira diagonal que al poco tiempo pide echar las manos para superar la primera cortada. Sin dificultad. Hay buenos agarres y pequeñas repisas para los pies. Un poco más arriba un canalizo con una amplia roca incrustada en medio. Hay que sortearlo por el tubo o saliéndose un poco más hacia la derecha. No hay mucho patio por lo que también se pasa sin problemas. Sigue un amplio corredor herboso en ascenso hasta una terraza pequeña. A partir de aquí algunos siguen una diagonal centrada entre dos grandes bloques, que tiene el inconveniente de una gran roca abombada que hay que superar. Los que vamos a la zaga descendemos un poco para encontrar por la izquierda un canalizo que asciende hasta la cumbre. Además hay jitos. Luego un giro a la derecha y entramos en la línea cumbrera. Una gran sensación. La subida ha sido una continua superación con sus dosis de adrenalina incluida. Entretenida y divertida.

La sensación en la cumbre es muy placentera. La cara oeste del Requesón domina todo. En foropicos hay varios relatos de ascensiones en trepada libre por los canalizos. Produce sudores pensarlo. Debajo nuestro está el Segundo Poyón, más modesto en altura pero sólo accesible con cuerdas y clavijas. Su primera ascensión fue la Blanco-Rodríguez en 1974,  mientras que la subida por la oeste del Tercer Poyón fue un año antes con pasos mucho más sencillos (III +) que los del Segundo.

Tenemos buena vista a los Sedos de Onzaina, a la Torre de la Canal Vaquera y al Cotalba. Hay gente en este último. A nuestra derecha Ordiales y el lago Enol. El panorama de cumbres delantero absolutamente rotundo: La Torre de Enol, el Torco, la Torre de En medio y por encima del Jou Lluengu Los Estribos, la Cabra, el Diente y la Garita Cimera y Bajera. Rodeando al Jou de las Pozas que recorrimos hace tres años y que nos maravilló por su belleza increíble.
Media hora de subida, diez minutos en la cumbre, veinte minutos de bajada. La temida bajada resulta ser bastante más fácil de lo que pensábamos. Decidimos bajar en directo por el Jou del Juñazu, superando varias cortadas para llegar a los Jous de Huerta, y rodeando unos peñascos finales salimos a los Campos de la Torga, donde encontramos el camino de Ordiales. La bajada está bien jitada para sortear los grandes desniveles. Llegamos a la zona de los lapiaces “esculpidos” en la zona del Horcau. Siempre nos admiran.

Bajamos al refugio. Quedamos con Marta para finales de mes cuando intentemos la circunvalación a la Peña Santa. Salimos del refugio con algo de agua. Escampa pronto. Sólo hay que desandar todo lo recorrido por la mañana. Así ya un poco hartos que son veintidós kilómetros, llegamos a Sohornín, a las seis y veinte. Ocho horas y media abundantes. Comemos en el bar. Muy contentos con la subida. El tiempo nos ha respetado y no hemos pasado calor que metidos en la caliza es terrible. Todo perfecto: cerramos una gran jornada montañera.

El sábado 11 nuestro destino es el Morronegro en Torrestío, una subida apta para todos en la zona de Babia con vuelta a Torrestío por la lomera de las cumbres. Otro buen entrenamiento para la integral del Cornión.

FRESINES