martes, marzo 27, 2012

ESPLÉNDIDO DIA EN EL CAMINO REAL DE LA MESA

24 de marzo de 2012

Día esplendoroso de sol. Todo despejado. Desayuno en el Hotel Cela de Belmonte. Buen día para practicar la vieja y desusada manía de caminar. El Autocar sube hasta Llamoso. Mejor dicho una revuelta antes junto a las ruinas del molino. Dos kilómetros menos que andar; por la tarde lo agradeceremos bastante. En Llamoso viven veinticinco personas. En sus alrededores se descubrió hace poco una necrópolis tumular y una extraña imagen femenina de cultos astures muy antiguos. También es curioso un gran agujero de 25 metros que hay en las inmediaciones: El Pozo Las Glayas.

Al atravesar el pueblo contamos hórreos y paneras. La cuenta sube a once. La fuente es bien antigua: está fechada en 1898. Por la parte alta del pueblo sale un camino empedrado a la derecha, en muy buen estado de conservación. Unos árboles caídos nos impiden seguir por la calzada y la solución a la “xana” es tirar monte arriba. Pasado el arrebato volvemos disciplinados al buen camino que poco a poco tira para arriba sin margen para el respiro.

Varias revueltas amplias nos acercan a una balconada desde la que vemos la aldea allá abajo rodeada de todos los verdes de la primavera. Al oeste está la Sierra Manteca y el pueblo de Carricedo, ruta 19 de la senda que recorre Asturias de punta a punta. También se distingue con claridad La Penouta y la Pica Montovio con su airosa antena. Superando la cuesta llegamos hasta el poste indicador que señala el PR- 101, la bajada a Dolia y la subida a Villamayor, distante cinco kilómetros y medio. Hemos superado la cuestona. Hace calor pero por lo menos corre el aire.

Llegar a Porcabezas es un juego de niños porque no deja de ser una pandona entre otras muchas que ondean suavemente el terreno. Tardamos dos horas hasta aquí subiendo setecientos treinta y ocho metros. Este es un buen observatorio de cumbres. Desde la desembocadura del Nalón hasta El Barriscal del Aramo, todas las cumbres nevadas a golpe de vista: El Cornón, el Puerto de San Lorenzo, El Ferreirúa, La Ubiña... y tantos y tantos más. Arde un gran fuego detrás de la Sierra de Begega. Se ven unos cuantos penachos de humo más. Dos avionetas sobrevuelan los fuegos. Por la tarde nos cruzaríamos con una dotación completa de bomberos corriendo hacia alguno de los muchos focos vivos. Por delante de la Sierra de Begega se aprecia con toda nitidez el sendero de gran recorrido que sube a Boinás por Carricedo.

Dejamos la tarjeta en el modesto buzón de la modesta cumbre. Bajamos al Camín Real de la Mesa. No hay otro paso en Asturias con más historia que este. Los romanos ya lo utilizaron en cuanto supieron que por los alrededores había trazas de oro en los ríos. Alguien tiene la tentación de bajar a Grao andando desde aquí. Que le aproveche, aunque para Las Xanas todo es ponerse. Si siguiéramos hacia el Sur acabaríamos en la Bagaragaña y la Berza.

Total que estamos en el valle. Para volver a subir al Alto del Mouro desde el que se ven los alrededores de Grau. Descendemos de nuevo. El valle está cruzado de pistas ganaderas. Todo está muy plácido en la distancia. Nueva panda que subir: Espinapata de 1008. Tenemos al Oeste el Caldoveiro y el Lobiu. Bajamos a la pista que comparte el Camino de la Mesa y la etapa 18 de la Gran Ruta “Asturias Interior”. Continuo sube y baja. Ahora con premio. Nos acercamos a Dolia. Aprieta el calor y el bar umbrío nos regala con un refrigerio. Estamos un buen rato de cháchara. Son las dos y veinte y hay que pensar en bajar a Belmonte de Miranda, un vertiginoso descenso. Renunciamos al pico Serranta o Matacaleao porque se echo el tiempo encima. Sin embargo, ¡oh contradicción! unos cuántos nos animamos y, agradeciendo la constante brisa tiramos hacia el pico Cervera de 886. Pero una cumbre se interpone en el camino. Es el Alto de la Cueva del Torno de 984.

Es una cresta recortada y con poca continuidad en su recorrido. Perfecta para un montañero. Allá vamos. Trepadas breves, siempre asegurando. Cumbre sin buzón. Vista privilegiada de Belmonte en escorzo. Volvemos al collado. Todavía hay moral para subir al Cervera que no ofrece ninguna dificultad. Muy buena vista de todo el valle del Pigüeña. Una curiosidad: El 20 de junio de 2011 fue avistada aquí una osa con dos esbardos que probablemente huían de un macho celosón. Los esbardos tenían entonces unos cinco meses. El instinto del macho es matarlos para que la hembra se ponga en celo. Hubiéramos dado algo por verlos. También hubo aquí una fortificación medieval para vigilar la entrada al profundo tajo del Pigüeña.

Se impone bajar rápidamente. Bajamos por la derecha hacia el Llanón. (la bajada oficial era por la izquierda, ¡punto para Manuel!). Buscamos el camino que tiene que bajar por el bosque hasta el arroyo Covasil. Este nos acerca a Tibós y Tablado. Por cierto es un camino precioso, tapizado de hierba, sombrío, rumoroso por el arroyo cantarín. Hora y cuarto hasta Belmonte.

Salimos a la margen derecha del Pigüeña. Aquí estuvo el Convento de Santa María de Lapedo (“La villa Lapideum). Debió imponer a los aldeanos férrea disciplina, que incluía el permiso del abad para poder casarse. El caso es que no quedó ni una sola piedra de la edificación original. No debía gustarles mucho tanta servidumbre. Cruzamos el puente. Nos esperan en el Hotel. Todo ha ido muy bien. Son las cinco y cuarto. La ruta fácil en principio ha sido del tipo sube-baja continuo, lo que requiere gran esfuerzo. Pero el día ha estado simplemente genial. Estamos en jornada de reflexión. Y ni siquiera eso logrará empañar nuestra alegría.

Sábado 31: Vega Sebarga- Espinu. Collada Trebandi. Cormelón- Cogolla. Pico Ciprón- Cangas de Onís. Terreno conocido y con muchas posibilidades. Que el tiempo y los amigos nos acompañen.

FRESINES

lunes, marzo 19, 2012

LA XAMOCA ENVUELTA EN NIEBLA. PERO LLEGAMOS HASTA ARRIBA

17 de marzo de 2012

Ya estábamos al tanto de que este fin de semana la sequía, por lo menos en el Norte, se terminaba. Pero te lo lees y no te lo acabas de creer porque amaneció con sol y temperatura alta.

Subimos desde El Condado tal como venía marcado en el calendario de ruta. Hasta L’Aldea por un camino tradicional evitando la siempre monótona carretera. Al final salimos a ella. En la Aldea pasamos delante de la Casona de los Menéndez, del siglo XVI que es Monumento Histórico Artístico. Tiene una inscripción solemne: “Por la Ley y por el Rey”.

En lugar de seguir por la margen derecha del río en la pista que nace junto a la iglesia de San Esteban (PR-59), elegimos una buena senda que en continua y muy llevadera subida nos dejaría en la pista de la margen izquierda del arroyo de la Arganosa. Una hora y media más tarde y habiendo subido ya 496 metros, cruzamos por encima de la tubería de los Arrudos que abastece a la sedienta Gijón. A lo mejor sus habitantes ignoran que esfuerzo se tubo que realizar para aportar agua de calidad a esta aldea de la costa. Pocos minutos después nos situamos en la braña Carrascal por la riega del mismo nombre en la que hay muy buenas cabañas.

Ahora, torciendo a la derecha nos metemos bajo la falda inferior de la Peña Blanca y del Bustellín. El clima está cambiando a gran velocidad. El viento cada vez es más frío. Subimos por la Campa La Braña y buscando un sendero superior entre cotoyas a la Collada Saús. Han pasado dos horas y cuarto desde que empezamos. Se subió con comodidad y ritmo. Este último tramo ha resultado más duro por lo empinado.

En la Collada hay que abrigarse. La niebla al llegar nosotros es ligera. Pero se va espesando por momentos. El pico completamente cubierto. En una ráfaga de aire vemos el canal de subida. Decisión: ¡Hay que seguir! Y allá vamos. Entrando por la canaliza que resulta ser tramposa con las gotas de agua que empiezan a caer. Hay una curva muy marcada a la izquierda para esquivar el farallón. El terreno obliga a trepar, a agarrarse a la hierba dura. Hay que tener cuidado con la piedra suelta. Alguna vuela. Pasamos un primer patio muy inclinado hacia el abismo. Afortunadamente ahora dejó de llover.

La orientación funciona en estos casos a base de voces. Se ve muy poco. Un segundo patio muy pronunciado aunque hay buen paso por la roca viva. “Angel ¿tenemos que volver por aquí?”. “Claro que no, respirai tranqui”. Llovizna. La hierba muy resbaladiza. Asegurándonos bien en una hora estamos en la cima. Todo tapado. El día no está para bromas. Es mejor bajar pronto. Y seguimos el PR-123, marcadísimo en cada vericueto. Nunca habíamos pasado por una ruta tan señalada. Es imposible perderse aunque confluyen varías sendas. Atravesamos el fayedo que cuenta con enormes ejemplares.

Bajamos por el camino más directo posible. Llueve intensamente. Bajo la línea de alta tensión entramos por la senda que lleva a Llagos. Haciendo honor a su nombre la charca está repleta. El bosque ahora es un robledal reciente, entremezclado con castaño. Bajamos a buena velocidad. Los tramos hormigonados sirven de peralte para nuestras mojadas botas. A pesar de todo, la buena conversación entretiene el paso acompasándolo al del compañero de al lado.

A la vista Campiello. Parece abandonado bajo el aguacero. Su capilla dedicada a San Nicolás de Tolentino es de 1673. No da mucho el tiempo para hacer turismo. Así que a la carretera, a salvar el kilómetro y medio que queda para llegar a Rioseco. El asfalto se acomoda poco a nuestras botas. Pero en fin, dura poco. Salimos por la parte alta del pueblo, en camino que lleva a Espinos y que nos hubiera servido para llegar hasta ahí de haber contado con un día más propicio.

Nuestro único comentario al llegar empapados a cambiarnos es que hay que volver a poner esta ruta para el año próximo porque tienen que verse unas extraordinarias panorámicas, que hoy nos han estado prohibidas. Ya secos vamos al bar a mojarnos algo por dentro. Y de ahí a la Pumarada con un ambiente muy agradable en la comida.

Y cosa notable. Volvemos en el bus y cada grupo a lo suyo. No hay esa batahola habitual. ¿No será que faltaba una pareja de Trubia que lo lía todo? ¿O son nuestros jóvenes irlandeses, esos inventores de los gusiluz que brillan en la alcoba? Nos estaremos volviendo unos sosos...

Para animarse a viajar con las Xanas, el periódico del domingo afirma que hay que reivindicar (“Walk 21”) el viejo arte de caminar sin rumbo, como protesta ante las máquinas que lo invaden todo con su soberbia. Pues nosotros tenemos el culo pelao de caminar como para quejarnos de que todo está repleto. Y además dicen que eso es la modernidad. ¿Pues va a resultar ahora que de tanto patear somos unos modernos de tomo y lomo?

Para seguir con nuestra protesta caminando, pero con rumbo: el que tenemos el próximo día nos llevará al Pico Porcabezas, pasando por las Peñas Negras y los Picos Espinapata y Serranta. Desde ahí bajaremos a Belmonte, ochocientos catorce metros más abajo, después de haber seguido varios tramos del Camín Real de la Mesa en la zona de Dolia. Puede ser una interesante “reivindicación”.

FRESINES

viernes, marzo 16, 2012

INTERESANTE RUTA LA ASCENSIÓN A LA PEÑA VIGUERAS

10 de marzo de 2012

Ambiente más que primaveral. El madrugar tiene su recompensa. Hacia el puerto Ventana está totalmente despejado. Sube el autocar los 4 kilómetros que separan Páramo de la braña La Puerca, antigua venta. Ahora existe un buen aparcamiento. Hace dos años te pasabas con toda facilidad esta entrada y había que ir pendiente de que el cuentakilómetros marcara exactamente 4,2.

Hoy La Puerca es la grandiosa entrada de una ruta para escolinos en lo que han dado en llamar “Aula Didáctica de Monte Grande”. La excursión tiene todos los atractivos posibles. Lo que no entendemos es esa horrible construcción de madera de unos trescientos metros para que puedan pasar sillas de ruedas. Pero bueno ¿y los cinco kilómetros siguientes ya no deben hacerlos los minusválidos? ¿A quién se le ocurrió semejante idea? Podrían, siguiendo con la cultura del despilfarro, haber prolongado este acceso hecho de tablones tratados, hasta las mismas Navariegas. Qué fácil es gastar el dinero de todos en chorradas y montajes. .

Con estas cosas vamos conversando, mientras atravesamos el magnifico hayedo de Monte Grande. En los claros del bosque al fondo la Foz de La Estrechura entre la Peña Vigueras y el Monte Candepuerca, calizas horadadas por el río Páramo, que dejan grandes hondonadas y muy poca vegetación arbórea a la vista. Desde la distancia parece imposible hacer pasar por allí ni un simple camino carretero. En la fuente de Las Vallinas nos informa el panel allí colocado que allí acudían los leprosos de alguna malatería cercana a beber a la fuente. En las poblaciones no les dejaban hacerlo. Por aquí pasó también Jovellanos en 1794 camino del puerto Ventana cuando buscaba caminos accesibles a la meseta. Otro panel enseña a los nenos que el abedul, tan abundante antes en Asturias era utilizado para combatir las fiebres.

Por la fácil y agradable pista que además va en descenso llegamos a enfrentarnos al río La Verde, un sitio totalmente mágico. Ahora han colocado un puente de troncos. Antes cruzábamos como podíamos. Nos encontramos en un lugar llamado La Firbiencia, antiguo puesto de acecho de los cazadores de osos. En la vaguada se juntan el Monte Grande y el Monte Braniella mucho más fracturado que desciende desde la Peña El Aguil.

El nombre es de Xiblo no ha sido puesto por casualidad. El ruido de la cascada se come todos los demás sonidos del bosque. Entrando por la margen contraria del río, tras cruzar el rústico puente, y a unos trescientos metros hacia arriba está la cascada, en realidad su segundo y tercer tramo de caída. Para ver el desplome de agua entero hay que subir todavía más. El fragor del agua lo llena todo, el agua hierve entre las rocas y cayendo en polvo nos deja helados. Creíamos que con la falta de lluvia el río tendría un hilillo de agua, pero el deshielo primaveral es un acontecimiento en uno de los tres saltos de agua más grandes de Asturias. Esta cola de caballo y salva un desnivel de unos 200 metros. Una maravilla de la naturaleza. Qué rincones más bellos conserva Asturias. Qué fuerza de atracción tienen los paisajes teverganos.
Volvemos sobre nuestros pasos para seguir la pista que baja a La Focella. A 1092 m. de altitud. En realidad hasta aquí no hemos hecho más que descender. Han pasado hora y tres cuartos desde que empezamos en La Puerca. Paramos un ratito junto al notable texo de La Focella. La fuente del pueblo está dedicada a D. Tomás Alonso y está datada en 1948. Es una buena cantería de piedra. Esta fuente brota tan fría que a alguno se le olvida que llevaba mochila. Salimos por el lado opuesto del pueblo. La pista está muy bien señalada.

Páramo, Villa de Sub y La Focella integraban el Privilegio, concedido por Bermudo III en 1033, por el cual toda persona nacida en este territorio debía ser considerada noble y libre de tributo, con la condición de mandar celebrar una misa todos los años por el alma de Alfonso V. Este Privilegio duro hasta el siglo XIX. Mientras tanto toda la comarca fue un concejo independiente con ayuntamiento y escudo propios, incluso con su cárcel comarcal.

Salimos de La Focella. Nos topamos con una laguna glaciar bien antigua. Aquí el terreno es cuarcita ordovícica que forma suelo con conglomerados de cantos verdes por los líquenes (esta es la prueba para distinguir la cuarcita de la caliza). La laguna fue desecada a principios del XX para “sanear” el terreno. Una auténtica pena que nadie se plantee cerrar el desaguadero y construir un pequeño aliviadero. Sería una fuente formidable de vida. Y un atractivo turístico parecido a los lagos de Somiedo. Afortunadamente unos patos se han adelantado a la idea y ya están criando entre cañaverales.

Las charcas del camino están repletas de huevos de la puesta de las ranas, madurando al sol. Bulle la vida por todas partes. El buitre nos sobrevuela. Subimos por la pista hasta las antenas de telefonía. Luego sigue una cota de escobas y gorbizos. Por la senda de la cumbrera pasamos a la antecima. Trepando por las calizas y subiendo los escalones estamos arriba. ¡Qué maravillosa vista! La Plaza, San Martín, Marabio, Alesga, Carrea, el Santuario de Cébrano y la Siella por el norte. Cantidad de cimas en las que las Xanas ha posado su bota. Por el sur es para quedarse horas mirando: La Sobia, la pista de Trobaniello, El Campu Faya y todo el grupo de los Huertos y las Ubiñas. El Ferreirúa y Pico El Ágil, qué gozada de día, qué bien situada está esta cumbre.

Bajamos por el mismo camino hasta la pista camino de Torce, para abandonar la pista en una ramificación a la derecha. Ahora tratamos de seguir por todo el cordal hasta San Salvador de Alesga. Al principio el sendero está muy marcado, luego se va perdiendo por el bosque. Cuando llegamos a la cumbre final del cordal, se puede ver Fresnedo. No está clara ninguna posibilidad de bajada. Pero confiamos en los guías que se tienen la ruta muy estudiada. Así que destrepamos por la derecha en unos curiosos roquedos. Les rodeamos casi completamente para empezar a bajar por el bosque hasta dar con un camino que hicieron para la construcción de los depósitos de agua. Se ven los tejados de San Salvador de Alesga. Hay un carril bici dibujado en la carretera. La fuente de fresquísima agua alivia nuestra sed.

Para llegar al autocar todavía tenemos que seguir otro medio kilómetro más hasta el museo de la Prehistoria, donde está aparcado. El bunker de hierro puede ser prehistórico pero más me parece de la primera guerra mundial. Acabamos la ruta. En San Martín están con las jornadas de invierno y el jolgorio carnavalero. Un día muy placentero.

Para el sábado 17 seguiremos el itinerario siguiente: El Condau- L’Aldea- Collada Saus- Pico La Xamoca- Collada Ricau- Collada El Arcu- Campiellos- Riosecu , con salida a las 7,30 de San Andrés. Ojalá sea un día tan fantástico como este en el que subimos al Pico Vigueras.

FRESINES

miércoles, marzo 07, 2012

CON UNA PERSPECTIVA DEL CASAÑO A VISTA DE PÁJARO DESDE CABEZA DUBIA

3 de marzo de 2012

La mañana está algo revuelta. Y eso que la temperatura es bastante buena para esta época del año. Saliendo por el camping “Picos de Europa” que está en Avín, nos lanzamos por la inclinada pista de cemento que llega hasta Cueva Dubia. Podríamos haber echado un vistazo a la Cueva Avín que cuenta con tres cavidades naturales sostenidas por unas amplias arcadas, en cuyo interior apareció el esqueleto fosilizado de lo que se creyó un oso y resultó ser un coleodeonte que traducido viene a ser un rinoceronte lanudo. Esta cueva, abrigo del hombre en la prehistoria, se utilizó luego como posta, posada y hasta fragua. Hoy es el Museo de la Fauna Glacial. Con esto de las cuevas y simas recordamos que estamos entrando en un auténtico paraíso subterráneo de simas y cavidades que forman parte del maravilloso karst de los Picos de Europa.

Continuando pista arriba a fuerte ritmo llegamos junto a una cabaña y atravesando su cerco nos desviamos del PR. Llovizna débilmente. Subimos al Collado Los Buitres. La pista nos hubiera dejado en Cueva Dubia. La están acondicionando para maduración de queso, me dijeron. El río Dubia se insinúa en el fondo del valle. Pero con poco agua, las llamargas prácticamente secas.

En lo alto de la Collada vuelve a caer un fuerte aguacero que nos hace dudar sobre si es oportuno subir a la Sierra de Gustaselvín, cuyas prominencias estamos viendo en este momento. Nos dividimos en tres grupos de menos a más osados. Los primeros buscan la pista que nos devolverá a Benia, los segundos suben el pico intermedio El Cabezu de Los Herreros de 903 m. Y el tercer grupo empeñado en ser fiel a lo programado, trepa por altas hierbas al Cabezu Xateru. Es una cumbre modesta pero elegante, un anticipo de los desventíos que caen sobre el Casaño. La margen derecha de este río encajonado entre la sierra que ahora recorremos y la gran mole de la Peña Ruana. Se puede ver, a pesar de la bruma, la Canal del Picho, terrible subida, sólo apta para humanos con garduñas delanteras. Esta canal desemboca en la canal de Lerva que también se ve marcada en uno de los pliegues de la Peña.

Bajamos para volver a subir al Cabezu Los Herreros, un extra fuera de programa que nos pide el cuerpo. Ya reagrupados tiramos al Cabezu Saldania, que no deja de ser más que una pandona de fuerte desnivel. Pero que tiene su misterio porque al girar levemente al suroeste nos deja ver la maravilla del roquedo que cae casi vertical sobre el río Casaño formando un murallón que no tiene mucho que envidiar al de Amuesa en el Central. Bajada fácil pero al volver a subir a la elevación que hay más al Norte hay que sortear vericuetos de puntas afiladas y aristas cortantes, llenos de pequeñas simas tapadas por la alta hierba. Tenemos que hacer pequeñas trepadas de poca dificultad y cuando llegamos a la cumbre esta resulta ser el Cabeza Dubia de 946, cuando nosotros lo que queríamos era ir al Porru Salón de 918. Los mapas no están muy claros y cada uno marca una posición levemente distinta. Pero los altímetros y el GPS clarifican la cuestión con incuestionable resolución técnica y ¡a ver quién va a discutir con un Global Positioning System, ¿eh?!

El ratito en la cumbre lo pasamos con la mirada en Llerosos y el Jascal, y con lo que se logra ver del Cornión hoy tapado por la nieve. También destaca la casi inaccesible punta de Pandescura. Buscamos el Cabezu Texeu al que trepamos en un lejano día memorable por el mal tiempo. Desde muy arriba destaca la obra de la canal tallada del Casaño, que no se llegó a utilizar para una central eléctrica. Por ahí pasaremos en octubre si hay suerte y los puentes Llamero y de los Mineros aguantan la riada que baja imperiosa desde el Hoyo La Madre, en el corazón más salvaje y solitario de todos los Picos de Europa. Pocas esquinas de los Picos reúnen en un solo golpe de vista tal cúmulo de cumbres y valles, pocas muestran tanto poderío como estas inmensas paredes que parecen sostener todo el entramado del Cornión ellas solas.

Ya en el sendero no somos conscientes de cuanto habíamos subido. La bajada es larga. Hacemos un alto en un gracioso ojo que deja ver la vallina que hay debajo. Retornamos al sendero. Pronto se convierte en pista, recuperamos el PR que habíamos dejado y dando un amplio giro al oeste bajamos a Benia por la ancha pista hormigonada que al final se acaba haciendo pesada. En Benia de Onís vamos a comer a Casa Morán en un patio muy agradable. Como una boda, ¡oye!

La vuelta muy agitada y con gran animación. Aprendimos cómo se puede fabricar “gusiluces” brillantes en la oscuridad, y los consejos que da el poeta para lograr esta proeza. Todo muy didáctico hasta que tuvimos que pedir que por favor cesaran las risotadas, porque ¡aquí no hay quién duerma! ¿Será que seis horas de ruta son pocas y el personal acaba muy liviano? Un misterio a resolver. Seguro que tienen algo que ver las burbujas de la gaseosa.

El sábado que viene una ruta bien interesante: Por el monte Grande de Teverga subiremos hasta la cascada del Xiblo, que si lleva agua bastante nos resultará un buen espectáculo. Luego camino de La Focella, subiremos a la única dificultad del día: La Peña Vigueras. Bajaremos después por senda y pista hasta San Salvador de Alesga, donde nos esperará el autocar. La subida acumulada son unos 252 metros. Y de bajada 767. Últimamente las plazas vuelan así que apuntaros pronto.

FRESINES

JORNADAS GASTRONOMICAS DE PRIMAVERA EN TEVERGA

LOS PRÓXIMOS DÍAS 10 Y 11 DE MARZO, SE CELEBRAN EN TEVERGA, LAS XV JORNADAS GASTRONOMICAS DE PRIMAVERA.

Para el día 10 tenemos ruta a la Cascada del Xiblo y a Peña Vigueras, con final en San Salvador de Alesga y por tanto bajaremos a comer a San Martín de Teverga.

Los que estén interesados en participar de dichas jornadas, que lo comuniquen a la hora de hacer su inscripción para la ruta. Aquellos que ya se inscribieron previamente, deben hacer la solicitud a los teléfonos de contacto.

PEÑA: 985 78 51 10
FERNANDO: 692 51 01 14
LITO: 985 78 67 75 - 669 18 95 69