24 de marzo de 2012
Día esplendoroso de sol. Todo despejado. Desayuno en el Hotel Cela de Belmonte. Buen día para practicar la vieja y desusada manía de caminar. El Autocar sube hasta Llamoso. Mejor dicho una revuelta antes junto a las ruinas del molino. Dos kilómetros menos que andar; por la tarde lo agradeceremos bastante. En Llamoso viven veinticinco personas. En sus alrededores se descubrió hace poco una necrópolis tumular y una extraña imagen femenina de cultos astures muy antiguos. También es curioso un gran agujero de 25 metros que hay en las inmediaciones: El Pozo Las Glayas.
Al atravesar el pueblo contamos hórreos y paneras. La cuenta sube a once. La fuente es bien antigua: está fechada en 1898. Por la parte alta del pueblo sale un camino empedrado a la derecha, en muy buen estado de conservación. Unos árboles caídos nos impiden seguir por la calzada y la solución a la “xana” es tirar monte arriba. Pasado el arrebato volvemos disciplinados al buen camino que poco a poco tira para arriba sin margen para el respiro.
Varias revueltas amplias nos acercan a una balconada desde la que vemos la aldea allá abajo rodeada de todos los verdes de la primavera. Al oeste está la Sierra Manteca y el pueblo de Carricedo, ruta 19 de la senda que recorre Asturias de punta a punta. También se distingue con claridad La Penouta y la Pica Montovio con su airosa antena. Superando la cuesta llegamos hasta el poste indicador que señala el PR- 101, la bajada a Dolia y la subida a Villamayor, distante cinco kilómetros y medio. Hemos superado la cuestona. Hace calor pero por lo menos corre el aire.
Llegar a Porcabezas es un juego de niños porque no deja de ser una pandona entre otras muchas que ondean suavemente el terreno. Tardamos dos horas hasta aquí subiendo setecientos treinta y ocho metros. Este es un buen observatorio de cumbres. Desde la desembocadura del Nalón hasta El Barriscal del Aramo, todas las cumbres nevadas a golpe de vista: El Cornón, el Puerto de San Lorenzo, El Ferreirúa, La Ubiña... y tantos y tantos más. Arde un gran fuego detrás de la Sierra de Begega. Se ven unos cuantos penachos de humo más. Dos avionetas sobrevuelan los fuegos. Por la tarde nos cruzaríamos con una dotación completa de bomberos corriendo hacia alguno de los muchos focos vivos. Por delante de la Sierra de Begega se aprecia con toda nitidez el sendero de gran recorrido que sube a Boinás por Carricedo.
Dejamos la tarjeta en el modesto buzón de la modesta cumbre. Bajamos al Camín Real de la Mesa. No hay otro paso en Asturias con más historia que este. Los romanos ya lo utilizaron en cuanto supieron que por los alrededores había trazas de oro en los ríos. Alguien tiene la tentación de bajar a Grao andando desde aquí. Que le aproveche, aunque para Las Xanas todo es ponerse. Si siguiéramos hacia el Sur acabaríamos en la Bagaragaña y la Berza.
Total que estamos en el valle. Para volver a subir al Alto del Mouro desde el que se ven los alrededores de Grau. Descendemos de nuevo. El valle está cruzado de pistas ganaderas. Todo está muy plácido en la distancia. Nueva panda que subir: Espinapata de 1008. Tenemos al Oeste el Caldoveiro y el Lobiu. Bajamos a la pista que comparte el Camino de la Mesa y la etapa 18 de la Gran Ruta “Asturias Interior”. Continuo sube y baja. Ahora con premio. Nos acercamos a Dolia. Aprieta el calor y el bar umbrío nos regala con un refrigerio. Estamos un buen rato de cháchara. Son las dos y veinte y hay que pensar en bajar a Belmonte de Miranda, un vertiginoso descenso. Renunciamos al pico Serranta o Matacaleao porque se echo el tiempo encima. Sin embargo, ¡oh contradicción! unos cuántos nos animamos y, agradeciendo la constante brisa tiramos hacia el pico Cervera de 886. Pero una cumbre se interpone en el camino. Es el Alto de la Cueva del Torno de 984.
Es una cresta recortada y con poca continuidad en su recorrido. Perfecta para un montañero. Allá vamos. Trepadas breves, siempre asegurando. Cumbre sin buzón. Vista privilegiada de Belmonte en escorzo. Volvemos al collado. Todavía hay moral para subir al Cervera que no ofrece ninguna dificultad. Muy buena vista de todo el valle del Pigüeña. Una curiosidad: El 20 de junio de 2011 fue avistada aquí una osa con dos esbardos que probablemente huían de un macho celosón. Los esbardos tenían entonces unos cinco meses. El instinto del macho es matarlos para que la hembra se ponga en celo. Hubiéramos dado algo por verlos. También hubo aquí una fortificación medieval para vigilar la entrada al profundo tajo del Pigüeña.
Se impone bajar rápidamente. Bajamos por la derecha hacia el Llanón. (la bajada oficial era por la izquierda, ¡punto para Manuel!). Buscamos el camino que tiene que bajar por el bosque hasta el arroyo Covasil. Este nos acerca a Tibós y Tablado. Por cierto es un camino precioso, tapizado de hierba, sombrío, rumoroso por el arroyo cantarín. Hora y cuarto hasta Belmonte.
Salimos a la margen derecha del Pigüeña. Aquí estuvo el Convento de Santa María de Lapedo (“La villa Lapideum). Debió imponer a los aldeanos férrea disciplina, que incluía el permiso del abad para poder casarse. El caso es que no quedó ni una sola piedra de la edificación original. No debía gustarles mucho tanta servidumbre. Cruzamos el puente. Nos esperan en el Hotel. Todo ha ido muy bien. Son las cinco y cuarto. La ruta fácil en principio ha sido del tipo sube-baja continuo, lo que requiere gran esfuerzo. Pero el día ha estado simplemente genial. Estamos en jornada de reflexión. Y ni siquiera eso logrará empañar nuestra alegría.
Sábado 31: Vega Sebarga- Espinu. Collada Trebandi. Cormelón- Cogolla. Pico Ciprón- Cangas de Onís. Terreno conocido y con muchas posibilidades. Que el tiempo y los amigos nos acompañen.
FRESINES