lunes, agosto 24, 2009

RUTA PARA EL DÍA 29

Como este sábado no pude ir a la ruta de la Pasada de la Puerta de Arco, tampoco puedo describiros esa ruta aunque casi me la se de memoria, pero no estaba allí en esta ocasión.


Pero lo que si puedo hacer, es deciros que para el último sábado de este mes de agosto, nos vamos a caminar por el Oriental y más concretamente a La Junciana, muy cerca del Sagrado Corazón o San Carlos. La ruta que queremos hacer es la siguiente:


Jito de Escarandi (1.291 m) – Casetón de Andara (1.789 m) – Collada de Aldea (1.807 m) – Minas de la Providencia (1.892 m) – Cuesta dela Escalera (1.900 m) – Collado San Carlos (2.052 m) – Pico Sagrado Corazón (2.214 m) – Alto del Hoyo Oscuro (2.104 m) – La Junciana (2.267 m) – Collado de la Rasa (2.202 m) – Vegas del Hoyo Oscuro (1.900 m) – Minas de Mazarrasa (1.838 m) – Collada de Aldea (1.807 m) – Casetón de Andara (1.798 m) – Jito de Escarandi (1.291 m)


Una bonita ruta para conocer Los Llambriales Amarillos o La Junciana, que por ambos nombres se le conoce. Los que quieran hacer esta ruta, solo tienen que llamar a los teléfonos de costumbre. Espero vuestras noticias.

lunes, agosto 17, 2009

LA GARGANTA DIVINA, DIVINA TAMBIÉN DE NOCHE

Al fin cumplimos el viejo sueño de algunos componentes del grupo, poco cuerdos, al decir de la mayoría. Lo cumplimos y con nota muy alta y unas enormes ganas de volver a repetir. No fueron muchos los que se atrevieron a intentar la locura de caminar por la Ruta del Cares en plena noche y en encarnizada lucha contra Morfeo. Solo un pequeño grupo de intrépidos y no los más asiduos, probaron lo que es pasarse una noche en blanco, mejor dicho, en negro, para imaginar, más que ver, el oscuro paisaje del Cares.


La verdad es que los que no hicieron la ruta, no se podrán ni imaginar lo que se pedieron. Por mucho que trate de explicar las sensaciones vividas, siempre me faltará algo para haceros comprender lo que cada uno de los participantes percibimos esa noche. No son sentimientos comunes. Cada cual vivió esos momentos de forma diferente. Las sensaciones a cada curva del camino eran distintas para unos y para otros. Os puedo asegurar que el ir abriendo paso en esa noche mágica, tenía un no sé que de morbosidad y desasosiego que te resecaba la garganta y cortaba la respiración. Al salir de un túnel no sabías si el camino giraba a uno u otro lado o bien descendía a la negrura del abismo. Luego la duda se despejaba y continuabas seguro hasta la siguiente curva. ¿Qué me encontraré detrás? Las sensaciones se agolpan y el más mínimo ruido te hace buscar el porque.


Ya sé que no lo entendéis, pero no sé explicarlo de otro modo. Por eso pasaré de haceros comprender los sentimientos y me dedicará a narraros la aventura.


Después de un importante retraso motivado por el cambio de autocar, salimos a de Oviedo a las 8,45 de la tarde con rumbo a Posada de Baldeón, sin paradas. Bueno, con una para repostar gasoil, en Arriondas. A las 12 de la noche entrábamos en Posada. Cenamos escuchando los comentarios que nos hacían los lugareños: “Estos asturianos están locos. ¡A quien se le ocurre hacer el Cares de noche! Mañana el helicóptero tendrá que ir a buscarlos”.


Sin hacerles demasiado caso, a las 12,30 nos poníamos en camino por la carretera que une Posada con Cordiñanes, por donde pasamos a la 1,05 sin ver ni a un alma y en completa calma. Solo nuestras voces y comentarios rompían el silencio. En el Mirador del Tombo hicimos una corta parada para hacernos una foto de grupo al pie del Rebeco. Utilizando el mapa allí grabado, intentamos imaginarnos la situación de la Torre de la Palanca y del Llambrión. Luego continuamos ruta por la destartalada carretera que se encuentra en plenas obras de ensanche.


Junto al Chorco de los Lobos de Corona circulábamos a la 1,35. Allí Manolo nos explicó el funcionamiento de la singular trampa utilizada para la caza del lobo. Una hora más tarde efectuábamos la entrada en Caín. Solo nuestras voces en sordina y el ruido de nuestros pasos rompían el silencio que reinaba en el pueblo. Las amarillas luces que lo iluminan, le daban aire de irreal. En el portal de la iglesia dormitaban algunos y otros lo hacían al final del pueblo bajo el manto de estrellas que poblaban el cielo.


Después de una media hora de descanso reemprendimos la marcha cruzando el puente los Pinderos sobre el Cares, para pasar a la orilla derecha por donde circula el apretado sendero hasta llegar a la presa, donde el ruido del agua al precipitarse, se hace ensordecedor. No sé si fue esto o bien la impresión de metérnos en los túneles de inicio del sendero, el caso es que enmudecimos todos y solo nuestros pasos, apagados por el fuerte rumor del agua, denotaban que estábamos allí.


Al salir de los túneles donde las luces de las linternas se concentraban y formaban un ambiente más iluminado, la oscuridad se apoderó de nosotros y solo el pequeño círculo luminoso a nuestros pies destacaba de la inmensa negritud. Poco a poco comenzamos a acostumbrarnos a la oscuridad y el espacio se hacía más amigable. Las siluetas de las altas paredes que conforman la estrechura de la canal se recortaban sobre el estrellado cielo y las formas ante nuestros pasos dejaban de sernos extrañas. Pero de todos modos, algo percibíamos en nuestras almas. Algo que nos hizo ser mudos caminantes un buen trayecto. Nadie se atrevía a hablar y solo algunos susurros servían de aviso de alguna dificultad en el camino. Abajo, cruzando el río, el puente de Casielles se dirige a la Canal de Dobresengos.


Cuando antes decía que sería difícil haceros comprender a los que no estabais allí, nuestros sentimientos de esa noche, supongo que quería referirme especialmente a estos momentos del inicio de la garganta, donde lo que nos rodea ya no era tan familiar. No hay casas, solo piedras y formas extrañas en la oscuridad. Caminábamos rumbo a lo desconocido a pesar de conocer bien toda la senda. Pero era otro mundo. El mundo de las tinieblas que no nos es familiar. Quizá por esa falta de familiaridad es por lo que esta experiencia nos es propicia. Cualquier día, cualquier ruta, se nos puede complicar y alargarse en el tiempo hasta tener que terminarla de noche. Y esta experiencia de hoy, nos puede servir en ese futuro.


A las 3,20 en completo silencio y en fila india, cruzábamos el Puente de los Rebecos. Una hilera de pequeñas luces tintineantes era lo que se veía al echar la vista atrás. Diez minutos más tarde retornábamos a la orilla izquierda por el Puente Bolín, para no abandonarla ya hasta el final del viaje.


Tras un recodo del camino alcanzamos la Casa de Trea y la senda que por esa canal se dirige a la Vega de Ario. Todos lugares conocidos pero que vemos con ojos nuevos. Una pequeña parada para reagruparnos y al mismo tiempo dar rienda suelta a las palabras que se encontraban mudas en el interior de nuestras almas. Comenzábamos ya a encontrarnos en un ambiente menos hostil. La oscuridad no se nos hacía tan extraña y pasaba a ser amiga.


Junto a la cabaña de la Sota hicimos otra corta parada. Eran las 3,45 y teníamos mucho tiempo sabiendo que hasta cerca de las doce de la mañana no podríamos salir de Poncebos, debido a las horas de descanso reglamentario del conductor. Así que cualquier punto conocido del camino, era motivo suficiente para un pequeño descanso. De todos modos dejábamos para Culiembro la parada de mayor tiempo.


Y a Culiembro llegábamos a alas 4,05, después de pasar por las Rozas. En las piedras que invaden el camino junto al muro de la canal, montamos nuestro campamento y Manolo descorchó una botella de buen vino. Apagamos los frontales y con la única luz de las estrellas, contemplamos las alturas que nos rodeaban. Mentalmente dibujábamos la Canal de Piedra Bellida y las praderas de Pando Culiembro que sabíamos que estaban frente a nosotros. A nuestras espaldas las silueta inconfundible de la Peña de Ostón parece observarnos. De vez en cuando una estrella fugaz cruza el trozo de cielo que vemos. No sé si por el vino o por haber perdido ya la extraña sensación que atenazaba nuestras lenguas, las conversaciones se multiplican y supongo que los moradores de estos lugares se sentirían extrañados de las voces que rompían el silencio de la noche. Quizá alguno debería después de esto, acudir a un hipotético loquero de animales para tratarse el trauma de creer que era de día y encontrarse a oscuras.


Cuarenta y cinco minutos duró nuestra acampada en Culiembro. Volvíamos nuevamente al silencio y a la oscuridad. La hilera de luces que formábamos daba un ambiente irreal al lugar. Viejas historias de brujas y aquelarres; la santa Compaña... Cualquier cosa menos la Ruta del Cares. Supongo que si alguien no avisado nos viese en ese momento pensaría que padecía de alucinaciones.


Por la Viña transitábamos a las 5,20 y al inicio de la subida a los Collaos llegábamos a las 5,55. Cinco minutos de parada para hacernos a la idea de que teníamos que subir y para arriba. Solo fueron otros cinco minutos más los que tardamos en alcanzar los Collaos. El cielo comenzaba a ser menos negro. Los primeros atisbos del amanecer se hacían patentes. Comenzamos el largo descenso hacia Poncebos por el empedrado sendero. Las siluetas se nos eran conocidas. Al fondo las primeras luces no pertenecientes a nuestras linternas. Era Poncebos. Final de trayecto. Hora, siete de la madrugada.


Poco a poco el cielo se transfiguraba y lo que antes era negro se tornó en azul. Azul cielo. Las estrellas desaparecieron y los primeros rayos de sol entraban por las canales. En lo alto de la Canal del Tejo, el techo del Picu, viejo amigo, nos saludaba. Poncebos vacío de gente aunque con unos cuantos coches. Los bancos y las mesas del bar eran buenos lugares para pigazar un poco. Una mujer salió del hotel extrañada de que ya hubiésemos llegado. Nos estaban esperando, pero para las ocho de la mañana. Para entonces tenían previsto abrirnos l bar y darnos el desayuno. Así fue. A las ocho de la mañana nos entraron por la puerta del hotel y nos dieron de desayunar. Caliente café con leche, pan tostado, mantequilla y mermelada, que nos supieron a gloria. Un muy buen comportamiento por su parte.


También nos dijeron que el conductor había llegado a las 2 de la mañana al lugar, con lo que la partida no podía ser antes de las 11 u 11,30. Así que se imponía buscar que hacer en ese tiempo de espera. Algunos optaron por seguir carretera abajo hasta Arenas. Otros prefirieron quedarse en Poncebos y otro pequeño grupo nos decidimos a subir a Camarmeña.


Desde el Mirador del Urriellu contemplamos la iluminada figura del Picu al final de la Canal del Tejo. Una buena cantidad de fotos, casi todas ya repetidas múltiples veces. Luego nos dirigimos al bar del pueblo para tomarnos una birras, antes de volver a Poncebos, casi justo para emprender el regreso a casa, donde llegamos hacia las dos de la tarde, después de una parada en Nava para tomar el vermú.


El próximo sábado día 22 la ruta, ya diurna, la realizaremos por tierras entre Asturias y León, por las Ubiñas. Pretendemos hacer la Pasada de la Puerta de Arco, junto a los Castillines primero y segundo, para descender luego a tierras satures y por la ancestral Senda de las Merinas, ir a comer a la Casa Mieres. La ruta que queremos realizar tiene un final distinto al que está programado en el calendario oficial y es:


Torrebarrio (1.243 m) – Llandanay (1.450 m) – La Cueña (1.650 m) – Llanos del Fontán (1.700 m) – Canal de la Puerta de Arco (1.950 m) - Pasada de la Puerta de Arco (2.157 m) – Primer Castillín (2.252 m) – Segundo Castillín (2.299 m) – Pasada de la Puerta de Arco (2.157 m) – Joyos de la Cabra (2.050 m) – Senda de las Merinas – Alto de Terreros (1.892 m) – Fuente la Panalona (1.820 m) – Puertos de Riotuerto – El Estrecho (1.780 m) – Los Ollones (1.678 m) – Vega Candioches (1.698 m) – La Casa Mieres (1.600 m)


Espero las llamadas de los que tuvieron miedo a la ruta nocturna. Esta ya es por le día y no veréis fantasmas ni brujas. Así que daros prisa en solicitar vuestra reserva o podéis quedaros sin plazas para esta bonita ruta por el Macizo de Ubiña.

martes, agosto 11, 2009

JUSTILLAGAR SE NOS RESISTE

Todos los malos presagios que durante la semana nos hablaban del mal tiempo que tendríamos el sábado, se cumplieron a rajatabla. El Lago Enól nos recibió en un ambiente gris y con la Peña del Bricial tocada con velo de nubes. Nuestros primeros pasos del día nos abocaban a una ruta fracasada, para alegría de quienes en esa fecha, no pudieron acompañarnos.


Con pocas posibilidades de cumplir con nuestro cometido, nos pusimos en marcha en el Collado Les Veleres, para seguir la pista de tierra que atraviesa las verdes camperas de la Vega de Enól, alargándose después por Vega la Cueva y Pan de Carmen.


Dejando a la derecha el ramal que se dirige al Mirador del Rey, descendemos hasta el abarrotado aparcamiento en el que los menos madrugadores dormitaban envueltos en sus sacos y nos dirigimos a la Vega el Huerto para atravesar el Río Pomperi y ascender a la majada de Vega la Piedra.


El Camino del Parque nos transporta por el Collado la Prida a la bonita Vega Canraso, completamente encharcada de agua, ¡en pleno mes de agosto! Pero la verdad es que con el verano que estamos teniendo, no es de extrañar que no exista en toda Asturias un prado agostado. El agua corría por toda la vega y el barro ocupaba el camino.


Algún atisbo de posible mejoría nos animaba a seguir caminando, pero pronto desaparecieron los ánimos. Las nubes comenzaron a rodearnos y ya por la Rondiella las visuales en la distancia se acortaban. Desde el Collado Gamonal no veíamos más allá de los 8 o 10 metros y solo el murmullo de voces de los compañeros que nos precedían, nos hacía percatarnos de la cercanía del refugio de Vegarredonda.


El descenso del Collado Gamonal se encuentra en un estado lamentable. Los grandes surcos formados en el camino, junto con el barro y la humedad existentes, lo hacen sumamente peligroso para el tránsito de personas. Creo que se hace necesario el relleno de esta zona del camino para evitar males mayores. Son muchas las personas que pasan por él al cabo del año y en algunos punto se hace muy peligroso en caso de una caída.


Vegarredonda solo con la compañía de nuestro grupo en pleno mes de agosto, se hace impensable. Hace frío y los alrededores se encuentran totalmente cubierto de niebla. Vemos con resignación que este es el fin de nuestro día de montaña por hoy y tras beber algunas cervezas y charlar un poco con la guardesa del refugio, emprendemos la retirada por el mismo camino de subida. En Los lagos llueve suavemente, mientras los ALSA continúan subiendo a algunos excursionistas a la decepción de no ver nada. Nosotros al menos disipamos la tristeza comiendo y bebiendo en alegre tertulia, olvidando el fracaso (¿) de la expedición.


Para el próximo sábado día 15 de, hasta ahora, este mal mes de agosto, pretendemos, si el tiempo no lo impide, realizar nuestra primera ruta nocturna, recorriendo la Garganta del Cares. Saldremos a las 7 de la tarde de San Andrés de Trubia, con rumbo a Posada de Valdeón, para hacer el siguiente recorrido:


Posada de Valdeón (939 m) – Los Llanos (938 m) – Cordiñanes (860 m) – Cain (460 m) – Puente los Rebecos – Puente Bolín – Casa de Trea – La Sota – Las Rozas – Culiembro – La Viña – Los Collaos – Poncebos (218 m)


El plazo de inscripción está abierto para aquellos que quieran vivir una nueva experiencia en un marco incomparable como es la Ruta del Cares. Os espero.

miércoles, agosto 05, 2009

DOS DIAS Y UNA NOCHE EN VEGABAÑO

Este fin de semana pasado compartimos casa con Nuria, Julián, Dobra y Vega, como anfitriones, en la preciosa isla verde de Vegabaño, rodeados de bosque por todas partes y tratando, sin conseguirlo, contemplar el Cornión en la distancia.


Fue una muy grata estancia a pesar de la mala climatología que padecimos, pero la compañía era buena y eso es suficiente para considerar que no se perdió el tiempo. Y así fue. Lo que estaba previsto se cumplió en un 99%, porcentaje más que satisfactorio para, como digo, el tiempo que tuvimos.


El autocar nos dejó en el Puerto de Panderruedas, pasado el puerto del Pontón y cogiendo la desviación que se dirige a Posada de Baldeón. Nada más bajarnos del autocar comenzó a llover y así empezamos la ruta.


Tras atravesar el área de descanso con dirección oeste, tomamos un camino señalizado que pronto se bifurca en dos. Seguimos por lemas bajo, derecha y enseguida alcanzamos el Mirador de Piedrashitas, en el que las vistas no eran muy buenas a causa de las nubes que todo lo cubrían. Seguimos camino en la misma dirección entre árboles y dando vista por la derecha a la zona del Gildar, que nos quedó por hacer el año pasado, también a causa de la mala meteorología.


El camino está bien marcado y es fácil de seguir. No tiene muchas bifurcaciones y en ellas hay carteles indicadores de la dirección. Vamos pasando sucesivamente por el Collado de la Rocha, Collado Viejo y seguir bajo los escarpes de la Peña Centenal y de los puertos de la Guadaña, desde donde tenemos unas estupendas vistas del Central y del Cornión, con la Peña Santa en primer término.


Después de una suave subida alcanzamos las Colladinas de Cobros desde donde ya se puede descender a Vegabaño. Nosotros seguimos a la izquierda, oeste, a pasar a los pies de la Pica Samaya, dejándola a nuestra derecha, para continuar por la cara norte de los Picos de Valdelafuente. Aquí comienza a llover y el grupo se divide. Parte optan por seguir la ruta y subir al Jario, mientras que otros dejamos esa ascensión para mejor momento y comenzamos a bajar por el Collado los Anoyos a buscar las verdes praderas de Llareya, donde se nos unen los que subieron al Jario, que descienden rápidamente debido al frío y la lluvia. Juntos descendemos a una cabaña al borde del bosque. Es temprano y al dejar de llover, decidimos quedar un tiempo en este bonito lugar.


Luego nos introducimos en el bosque a la derecha de la cabaña, para encontrar una buena pista que procede de la Vega de Cobros y que nos lleva entre grandes fayas cargadas sus ramas de barbas de capuchino, hasta las inmediaciones del Reguero Truegano, junto al que llegamos al Refugio de Vegabaño.


Vegabaño o Vega de Abaño es un lugar idílico de un verdor explosivo festoneado de viejos bosques por todo su contorno. Aquí nace el Río Dobra y de aquí parten algunas de las más afamadas rutas de montaña de Picos de Europa. El refugio es acogedor y sus guardas, Nuria y Julián, padres de dos simpáticos chiquillos, Dobra y Vega, nos recibieron y atendieron estupendamente.


Después de comer parecía que el tiempo se estabilizaba y comenzamos a prepararnos para caminar un poco. Queríamos ir a la Cotorra de Escobaño, pero cuando no habíamos hecho más que salir del refugio, comenzó a llover, llevándose al traste todos nuestros deseos. No hubo otro remedio que permanecer en el refugio toda la tarde.


Tras la estupenda cena y como viene siendo costumbre en estas salidas del grupo, la fiesta se fue entonando gracias ala calor de la bebida y comenzaron los cánticos y las risas. Cuando la hora se fue haciendo propicia, abandonamos la juerga para rendirnos, los que pudieron, en los brazos de Morfeo.


Al día siguiente amaneció muy parecido a como terminó el día anterior, aunque al menos no llovía. Tras el opíparo desayuno que Nuria nos sirvió y queriendo ver que el tiempo trataba de abrir, nos decidimos a ponernos en marcha para intentar al menos llegar a Vega Huerta. Dejamos los bártulos más pesados en el refugio y tras despedirnos de algunos miembros del grupo que se quedaban, comenzamos a caminar.


Tras cruzar los cierres de fincas al norte del refugio, tomamos el sendero señalizado a la derecha, pasando las varias riegas que bañan esta parte de la verde pradera, hasta llegar a la Vega Salambre, donde por un puente de hormigón cruzamos un arroyo y comenzamos a subir por el bosque, siguiendo un buen sendero.


Entre los apretados árboles destaca sobre manera uno de grandes dimensiones pegado al sendero. Es el Roblón de Cuesta Fría, muy renombrado y visitado. El camino sigue en ascenso y tras cruzar un regato, llegamos a La Fuentina, un manantial de frías aguas donde podemos llenar nuestras cantimploras. El camino sigue subiendo en apretados zigzag hasta el Collado del Cueto, abandonando el bosque.


A pesar de abandonar la espesura del bosque, seguimos sin ver nada, pues la niebla nos lo impide. De todos modos el camino no tiene pérdida, sigue ascendiendo aunque un poco más moderadamente, a la derecha, este, entre los brezos y piornos. La niebla entra y sale dándonos la esperanza de que pronto nos abandonará. Alcanzamos el Collado del Frade y comenzamos a ascender por el retorcido sendero que nos eleva en varios zigzag a la Cimera del Frade, a los pies de los Moledizos.


Aquí el camino entra en una pedrera, la Canal del Perro y sube vertiginosamente al Collado del Burro donde la caliza se hace dueña y señora del paisaje. Si estuviese descubierto de nubes, aquí tendríamos el primer contacto con la peña santa. Pero hoy no es posible por la niebla que aún cubre las alturas, aunque nosotros ya estamos en terreno despejado. Nos tomamos un respiro para recuperarnos de la dura subida de la Canal del Perro y luego continuamos por el señalizado camino de Vega Huerta. El sendero recorre la caliza en un sube y baja, dando vista al Central medio cubierto por la niebla. Poco a poco nos acercamos a la gran montaña, Peña Santa. Por la izquierda contemplamos un poco lo que queremos bajar: una inmensa canal que nace casi donde nos encontramos, para descender al río Dobra. Pero seguimos adelante hasta Vega Huerta.


Vega Huerta, lugar en el que nunca había estado, es una campera verde y preciosa, montada en un bonito valle a los pies de la Peña Santa que parece que comienza a desperezarse. Los últimos ramalazos de nubes abandonan la cumbre y nos permite hacer algunas buenas fotos de este lugar encantado. Abajo, en el medio del valle, una solitaria y diminuta tienda de campaña rompe la graciosa monotonía del verde. Un corto descenso y estamos pisando sobre Vega Huerta.


Hace frío. Vemos corretear por los alrededores a varias manadas de rebecos con sus crías del año. ¡Quien pudiera subir las pedreras como ellos! Buscamos la fuete. Se encuentra al sur, muy cerca de por donde entramos a la campera, un poco a la derecha, este. Después de cargar agua, decidimos continuar con el descenso de la Duernona. Al oeste parte un sendero que se dirige a la Aguja del Corpus Christi y al Jou las Pozas. Por debajo de él, se abre una horcada con algunos jitos, que da paso al primero de los jous que forman la Duernona.


Descendemos por lo que queremos ver como un sendero muy difuso y con un giro a la izquierda bajamos al fondo del jou relleno de grandes piedras. Salvamos este tramo de mal caminar cruzando a la izquierda y cogiendo un sendero que recorre toda la longitud del jou por una ladera de piedras por la que se camina bien. Al final una nueva horcada que da paso al segundo jou y vuelta a lo mismo: seguir el sendero que también por la izquierda, recorre toda la longitud del jou hasta la siguiente horcada.


Y hasta aquí la descripción de la ruta. Prácticamente fue en este punto donde nos tapo la niebla y ya no vimos más allá de unos metros de nuestros pies. Las cosas comienzan a complicarse. Estamos en una zona bastante abierta. La canal se ensancha. Por la derecha hay una pedrera muy amplia y por la izquierda se abre una canal secundaria. Siguiendo las indicaciones del GPS descendemos por la izquierda, pero enseguida comenzamos a separarnos de los puntos marcados. Tratamos de rectificar y lo conseguimos ya que las canales se unen más abajo.


Seguimos guiándonos por las coordenadas que tenemos en el GPS y vamos descendiendo a veces por canales herbosas y otras entre piedras. Pasamos por Las Pandiellas, según nos indica el GPS, pero nos desviamos ala izquierda nuevamente. Tratamos de corregir el rumbo pero una cortada nos lo impide. Los serpas comienzan a actuar y descendiendo un poco más por la herbosa y muy pendiente canal en la que estamos, conseguimos girar a la derecha para seguir por una ladera que cuelga sobre otra canal de piedras mucho más abajo. Los que van delante nos animan cuando nos dicen que un sendero desciende a la canal de abajo. Es precisamente el sendero que perdimos más arriba.


Ya en la canal de piedra, vemos que esta desemboca en una pendiente horcada. Por el GPS debemos seguir un poco más a la derecha subiendo por una zona herbosa para descender más adelante a la izquierda por un buen camino jitado. Estamos en la canal de piedra anterior, pero por debajo de la cortada que veíamos antes. Seguimos toda esta canal por un sendero con jitos y terminamos por desembocar en ¡Valdecarombo! ¡Terreno conocido! ¡Estamos ya en el buen camino!


Un descanso en la cabaña de Valdecarombo para recuperar fuerzas y tranquilizar el espíritu y seguimos ya por un sendero marcado con las típicas rayas blancas y amarillas de los senderos de pequeño recorrido. Cruzamos el Dobra y la Riega de Robellada y comenzamos a subir la dura cuesta del Monte la Texa. Son 300 metros de desnivel hasta el Puerto de Barcinera. Esto acaba con las pocas fuerzas que nos quedaban.


En el puerto cogemos la amplia pista que bien señalizada nos lleva a las verdes praderas de Vegabaño. Nos dirigimos al refugio a recoger los bártulos que habíamos dejado allí. Nos despedimos de Nuria y Julián y volvemos sobre nuestros pasos para coger la pista que desciende a Soto de Sajambre. Cuarenta y cinco minutos después, llegamos a destino. Soto de Sajambre pone el punto y final a una ruta que el tiempo nos complicó. Pero volvemos con la moral alta tras conseguir vencer a los elementos.


Para el próximo sábado día 8 tenemos ruta por el Cornión. Desde los Lagos ascenderemos por Vegarredonda hasta el Collado la Fragua, para ascender a la Altiquera y volver nuevamente a los Lagos por las camperas de Justillagar. La ruta que queremos hacer es:


Collado Les Valeres (1.107 m) – Vega de Enol (1.100 m) – Pan de Carmen (1.087 m) – Pozo del Alemán (1.040 m) – Vega la Piedra (1.130 m) – Collado la Prida (1.130 m) – Vega Canraso (1.200 m) – La Rondiella (1.370 m) – Collado Gamonal (1.491 m) – Vegarredonda (1.470 m) – Cuerria Benita (1.490 m) – Llampa Cimera (1.760 m) – Collado La Fragua (1.880 m) – La Altiquera (1.947 m) – Jou Sin tierra (1.769 m) – La Chabola (1.780 m) – Cantu Limpou (1.782 m) – Jorcadiella (1.650 m) – Vega Justillagar (1.430 m) – Vega Orrial (1.340 m) – Monte Palomero – Vega Enol (1.100 m) – Sohornin (1.087 m)


Se trata de una bonita ruta por caminos de pastores. Otra forma de subir o bajar de la zona del Jou Santu. El que quiera disfrutar de esta ruta tiene que darse prisa. Quedan ya pocas plazas y si no nos apresuramos a completar el autocar, luego habrá problemas para conseguir uno mayor. Espero vuestras llamadas.