viernes, agosto 17, 2012

EN EL MORRONEGRO Y LA SIERRA MASERONA: HICIMOS SEIS CUMBRES


11 de agosto de 2012

La ruta de hoy tenía muchas posibilidades. Toda la sierra de los Maserones desde el emblemático Morronegro hasta la última cima que está prácticamente encima de Torrestío. Cumbres todas por encima de los 1950 metros. El único inconveniente a la vista podría ser el fuerte calor que llevamos disfrutando una semana.

Aparcamos en Torrestío a donde pensamos volver a la tarde. El pueblo está muy arreglado. Siempre es un sitio con encanto y su gente es muy acogedora. Vamos por el Valle Valverde con buena progresión a pesar de que la solana comienza a apretar. Tras una hora de buen camino que se pierde en las praderías, llegamos a la caseta alta para retomar el camino que nos lleva al collado Quexeiro. Compañeros más impacientes se tiran a cruzar el arroyo Valverde para faldear las primeras estribaciones del Morronegro.

En la collada Quexeiro se cruzan varios caminos: la subida hasta la Calabazosa, la bajada a La Majúa, el camino del río Valverde y la senda que sube al pico Pialdá, antesala del Morronegro. Comenzamos a subir. En una hora estamos muy cerca de coronar. Orillamos esta cima que nos aparta ligeramente de nuestra meta. Hasta aquí llevamos dos horas escasas. Una brisa intensa nos ayuda refrescando el ambiente pero dejándonos la sensación de sed permanente.

A la vista toda la pared de subida al Morronegro. Este pico es un triángulo se mire por la cara que se mire. Y además un triángulo bien agudo. Se nota por lo inclinado de su pared norte, que es la más suave de sus aristas. Haciendo un esfuerzo seguimos hasta lo más alto. Tardamos treinta y cinco minutos. Arriba se está tan bien que nos tiramos tres cuartos de hora de charla y contemplación. Hemos subido a casi todo lo que tenemos alrededor, que es mucho: El Montihuero, Los Años, La Orniz y la terrible bajada de La Cervata, la Peña Congosto, El Solarco, El Ferreirúa, Los Huertos del Diablo, el Prau y los Fontanes, el Siete, los Castillines y la Puerta del Arco. La próxima semana andaremos por la Gran Ubiña en homenaje a nuestro recordado Jorge, amante fiel de estas montañas.

Ahora toca empezar el rompe piernas que tenemos previsto para hoy. En un golpe de vista se abarcan todas nuestras próximas subidas. Toda la sierra de la Maserona forma un amplísimo arco, que engloba el antiguo glaciar del que nace el río Valverde. Las pedreras son el resultado de la fortísima erosión de la cuarcita. Algunas rocas, en sombra todavía, nos devuelven todo el helor de la noche al tocarlas. Pasamos con facilidad a la cumbre Sur del Morronegro. Bajamos por la lomera. El terreno es cómodo y despejado. Alcanzamos con una pequeña ascensión el Pico La Loma. Cuatro horas justas. Foto y seguimos. Bajamos hasta la loma que arranca al Valverde. Pero nosotros seguimos hasta El Arca que se asoma provocadora en el horizonte. Es roca casi negra. Se ataca por la izquierda de la cima teniendo en cuenta que la aproximación es algo incómoda por la vegetación baja. Roca muy erosionada.

            Justo en frente hay una cima de color negro, de 1989 m. según el mapa.  La mayoría de la gente se lanza a subirla echando las manos en varias trepadas por un pequeño corredor meridional donde se acaba formando un atasco. Avisos de advertencia porque es una roca muy descompuesta, muy poco asentada y que puede dar sorpresas. Afortunadamente la bajada es tendida por el lado norte.

            Sin más complicación buscamos la siguiente cumbre atravesando por un  resalte de cuarcita llena de líquenes que hace las delicias para los rebecos del grupo. Con una suave bajada y un poco de subida pisamos El Azmón. Cuatro horas y tres cuartos llevamos. Torrestío muy por debajo. Ahora empieza lo bueno: no hay ningún camino trazado. La hoja de ruta de Raúl Fernández Velasco propone volver a la cota de 1942. Más o menos eso hacemos pero empezando a tirarnos ladera abajo La vegetación alta, las raíces incómodas, la inclinación notable, las piedrecillas sueltas, la bajada a “pelo gochu”... UNA XANADA al uso, para salir mucho más abajo y una hora después a los prados de La Vallunga donde hasta las caballerías nos miran extrañadas pensando de dónde ha salido tanta gente. Casi enseguida ya encontramos una pista de la que saltamos hasta la siguiente para encarar el puente por el que entramos al pueblo hartos de tanta bajada y con las rodillas temblonas.

            El “refrescao” en el río después de siete horas y cuarto es un alivio. ¿Quedará cervecita? Allá vamos a comprobarlo.

            Como os dije antes, Ubiña la Grande es nuestra próxima etapa. Colocaremos una placa homenaje a Jorge en este lugar especial que tantas veces recorrimos. “Las montañas nos han obsequiado con su belleza, y nosotros las hemos amado con la ingenuidad propia de un niño y reverenciado con la veneración que un monje siente por lo divino.”  (Maurice Herzog) ¿No veis que está hablando de Jorge?

FRESINES


           

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