11
de agosto de 2012
La
ruta de hoy tenía muchas posibilidades. Toda la sierra de los Maserones desde
el emblemático Morronegro hasta la última cima que está prácticamente encima de
Torrestío. Cumbres todas por encima de los 1950 metros. El único inconveniente
a la vista podría ser el fuerte calor que llevamos disfrutando una semana.
Aparcamos
en Torrestío a donde pensamos volver a la tarde. El pueblo está muy arreglado.
Siempre es un sitio con encanto y su gente es muy acogedora. Vamos por el Valle
Valverde con buena progresión a pesar de que la solana comienza a apretar. Tras
una hora de buen camino que se pierde en las praderías, llegamos a la caseta
alta para retomar el camino que nos lleva al collado Quexeiro. Compañeros más
impacientes se tiran a cruzar el arroyo Valverde para faldear las primeras
estribaciones del Morronegro.
En
la collada Quexeiro se cruzan varios caminos: la subida hasta la Calabazosa, la
bajada a La Majúa, el camino del río Valverde y la senda que sube al pico
Pialdá, antesala del Morronegro. Comenzamos a subir. En una hora estamos muy
cerca de coronar. Orillamos esta cima que nos aparta ligeramente de nuestra
meta. Hasta aquí llevamos dos horas escasas. Una brisa intensa nos ayuda
refrescando el ambiente pero dejándonos la sensación de sed permanente.
A la
vista toda la pared de subida al Morronegro. Este pico es un triángulo se mire
por la cara que se mire. Y además un triángulo bien agudo. Se nota por lo
inclinado de su pared norte, que es la más suave de sus aristas. Haciendo un
esfuerzo seguimos hasta lo más alto. Tardamos treinta y cinco minutos. Arriba
se está tan bien que nos tiramos tres cuartos de hora de charla y
contemplación. Hemos subido a casi todo lo que tenemos alrededor, que es mucho:
El Montihuero, Los Años, La Orniz y la terrible bajada de La Cervata, la Peña
Congosto, El Solarco, El Ferreirúa, Los Huertos del Diablo, el Prau y los
Fontanes, el Siete, los Castillines y la Puerta del Arco. La próxima semana
andaremos por la Gran Ubiña en homenaje a nuestro recordado Jorge, amante fiel
de estas montañas.
Ahora
toca empezar el rompe piernas que tenemos previsto para hoy. En un golpe de
vista se abarcan todas nuestras próximas subidas. Toda la sierra de la Maserona
forma un amplísimo arco, que engloba el antiguo glaciar del que nace el río
Valverde. Las pedreras son el resultado de la fortísima erosión de la cuarcita.
Algunas rocas, en sombra todavía, nos devuelven todo el helor de la noche al
tocarlas. Pasamos con facilidad a la cumbre Sur del Morronegro. Bajamos por la
lomera. El terreno es cómodo y despejado. Alcanzamos con una pequeña ascensión
el Pico La Loma. Cuatro horas justas. Foto y seguimos. Bajamos hasta la loma
que arranca al Valverde. Pero nosotros seguimos hasta El Arca que se asoma
provocadora en el horizonte. Es roca casi negra. Se ataca por la izquierda de
la cima teniendo en cuenta que la aproximación es algo incómoda por la
vegetación baja. Roca muy erosionada.
Justo en frente hay una cima de
color negro, de 1989 m. según el mapa.
La mayoría de la gente se lanza a subirla echando las manos en varias
trepadas por un pequeño corredor meridional donde se acaba formando un atasco.
Avisos de advertencia porque es una roca muy descompuesta, muy poco asentada y
que puede dar sorpresas. Afortunadamente la bajada es tendida por el lado
norte.
Sin más complicación buscamos la
siguiente cumbre atravesando por un
resalte de cuarcita llena de líquenes que hace las delicias para los
rebecos del grupo. Con una suave bajada y un poco de subida pisamos El Azmón.
Cuatro horas y tres cuartos llevamos. Torrestío muy por debajo. Ahora empieza
lo bueno: no hay ningún camino trazado. La hoja de ruta de Raúl Fernández
Velasco propone volver a la cota de 1942. Más o menos eso hacemos pero
empezando a tirarnos ladera abajo La vegetación alta, las raíces incómodas, la
inclinación notable, las piedrecillas sueltas, la bajada a “pelo gochu”... UNA
XANADA al uso, para salir mucho más abajo y una hora después a los prados de La
Vallunga donde hasta las caballerías nos miran extrañadas pensando de dónde ha
salido tanta gente. Casi enseguida ya encontramos una pista de la que saltamos
hasta la siguiente para encarar el puente por el que entramos al pueblo hartos
de tanta bajada y con las rodillas temblonas.
El “refrescao” en el río después de
siete horas y cuarto es un alivio. ¿Quedará cervecita? Allá vamos a
comprobarlo.
Como os dije antes, Ubiña la Grande
es nuestra próxima etapa. Colocaremos una placa homenaje a Jorge en este lugar
especial que tantas veces recorrimos. “Las montañas nos han obsequiado con su
belleza, y nosotros las hemos amado con la ingenuidad propia de un niño y
reverenciado con la veneración que un monje siente por lo divino.” (Maurice Herzog) ¿No veis que está hablando
de Jorge?
FRESINES
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