La naturaleza asturiana suele sorprendernos con frecuencia. Nuestra ruta de esta semana fue una auténtica sorpresa. Íbamos a
dar una vuelta por el Pico Cordal subiendo desde los 328 metro de Lorío, villa ribereña del Nalón. Todo empezó muy bien y a temprana hora estábamos ya en la pista que nos encauzó primero al Sur y luego al este para alcanzar una alta cabaña a unos 720 metros de altitud. Nos quedaba una pequeña, aunque pindia subida. Primera sorpresa del día: El Pico El Cordal al que habíamos pretendido subir se veía desde la cima cercano en la distancia, pero i
naccesible desde esta cima. Repasando los mapas estamos en la Pericuelas de 969 metros de altura. Es un filo cortado a ambos lados con unas cortadas que meten miedo. Además el terreno está formado por rocas afiladas y agujas de caliza con continuos agujeros que nos forzó a ser muy prudentes en los movimientos. El grupo envío a cuatro exploradores para encontrar un paso factible al Cordal. Les vimos perderse precipicio abajo. Tras una pequeña estancia decidim
os rectificar.
Tuvimos que bajar por una buena canal a la vertiente sur hacia el valle del Raigosu. Es un valle tortuoso con campas y contrafuertes intensos que sostienen la mole de la Peña Mea y las Peñas Negras. Se adivinaban desde arriban dos foces cortadísimas que llamaron poderosament
e nuestra atención. Nuestro camino de bajada está trazado sobre un airoso picachón que cae vertical sobre el fondo del valle. El camino de cabras ahora evidente está trazado a media altura sobre un pedrero majestuoso que bordea todas las Pericuelas por la cara sur. Nos pareció a todos que estábamos en los Picos de Europa: mismo paisaje, misma roca, profunda canal, altos pasos, continuas bajadas y subidas para bordear el pico por su parte alta. No puede escribir estas líneas hasta ver varias veces las fotos que hicimos pues era difícil creer que habíamos puesto la bota en terreno semisalvaje.
Muy por encima d
e nosotros, aparecieron los exploradores de antes: siluetas recortadas contra un cielo plomizo que amagó agua varias veces. La pared como cualquiera de la canal de las Bobias, no exageramos. Subimos a la última collada buscando un paso entre dos rocas. Echando una mirada hacia el paisaje que dejamos detrás aparece entallada la masa de la Foz de Coballes y toda la sierra del Crespón. Es el Paisaje Protegido de la
s Cuencas Mineras. El Grupo de las Xanas se convirtió una vez más en grupo de cabras a juzgar por los aéreos senderos atravesados.
Desde este último collado volvemos a ver el valle de Lorío. Desde aquí la vista de todo el valle del Nalón es fantástica. Se aprecian todos los tonos del verde con manchas de roca blanca por doquier y los pueblos que bordean el río por los dos márgenes. Desde aquí llegar a la cima del Cordal ya
es como un juego. Hay que coger una breve diagonal que te deja en lo alto. Mil catorce metros. Este sí que es el verdadero objetivo del día. Ante nosotros está desplegada toda la Sierra de la Escrita (Cogollo, Guanalón, Les Crespes, La Escrita, Llampaces). La cima está cuajada de narcisos que acaban de vestirse de primavera. Regalo floral para las chicas. Se lo merecen porque ha sido un duro sube-baja. Buen humor que no falte.
Comienza la bajada. Hay que volver a ver las fotos para creerlo. La pendiente es de más de cincuenta grados. No hay más remedio que agarrase a la enhiesta hierba. Afortunadamente está seca. Desde luego de una cosa sí estoy seguro: este grupo sabe bajar como los mejores. Es un orgullo observar desde allí arriba a tus compañeros como hormiguitas al fondo del valle. Una buena pradera herbosa y un abrevadero dan paso a la pista que retorna a Lorío. ¿Habéis tenido bastante? No, queremos más, esfuerzo, trepar, pasos recortados, rocas afiladísimas, un canto afinado entre dos abismos. Estoy refiriéndome al Pico Marturio. Es pequeño en
altura., sólo 749 metros. Y está casi encima del pueblo. Entramos a este afloramiento de rocas, buscando con las manos los mejores asideros, trepando en plataformas estrechas, sorteando molestos escallos que te empujan con fiereza al vacío. Fila india, gente ayudando en los pasos delicados. Por fin todos al otro lado. Encontramos un sendero que se vuelve a perder al llegar al bosque. N
o importa. Bajamos la última ladera entre ablanos que aguantan nuestro peso.
Encontramos una cabaña y con ella la pista señalada como PR-53. Ya vamos directos al pueblo. Pasamos junto a cargaderos de mineral, nos intriga un buen canal semicubierto que lleva un caudal impresionante. Por fin llegamos. Seis horas para recorrer 11 kilómetros, nos da idea de la dureza de la ruta. Estos valles todavía nos deparan paisajes que queremos r
ecorrer pronto: las Foces de Cañaines y las del Raigosu, la cascada de la Requexá junto a Fombermeya, la foz sobre el río Coballes del que bebe Pola de Laviana... (Unas buenas fotos de estos lugares y de otros muchísimos de Asturias realizadas por Javier Vidal los podéis encontrar en http:asturiasenimage
nes.com.)
Comimos en el mismo Lorío a pesar de que no había Casera. Los comentarios fueron unánimes: muy cansados, muy contentos, ruta dura, terreno recién descubierto, zonas por las que poca gente se ha atrevido. ¿Se
cumple al dedillo la vieja ley del Grupo Las Xanas? Paréceme que sí: Cuanto más duro y escabroso, gente más feliz. En nuestro continuo pateo semanal tiene que entrar un poco de todo. Pero esta ruta ha conjuntado todos los factores para convertir el día en una aventura: paisaje profundo, desniveles señalados, picos recortados, rocas aflorando, siluetas enormes, tajos al abismo. La naturaleza lavianesa hace todo lo que puede. El resto lo ponemos nosotros.
El próximo sábado extraordinaria excursión por la margen izquierda del Sella en el Concejo de Amieva. Desde Teleña (386 m) subida al Pico Siña de 1047 m. y bajada siguiendo el río Beyu hasta Santillán. (Ya sabéis “beyu”: lugar estrecho, foz entrepeñes...). Parece muy interesante.
FRESINES
































