miércoles, septiembre 26, 2012

LA ASCENSIÓN A LAS PEÑAS PINTAS ESFORZADA Y AGRADECIDA



22 de septiembre de 2012

Cuando se planteó esta excursión en el calendario casi ninguno teníamos mucha  idea de por dónde cae este pico perdido de la mano de Dios. Así que hicimos un largo viaje para descubrirlo y colonizarlo de paso, si fuera preciso. En serio: resultó ser una larga cadena de picos de extraordinario acceso y de más que extraordinaria panorámica.

Dos horas y media desde la salida de Oviedo y llegada al pueblo de Las Salas, pasado el pueblo de Riaño. Preguntamos por su mejor acceso ya que queremos hacer todo el largo cordal. Salimos por la pista de la derecha del pueblo que asciende entre robles, abedules y algunas fayas en la parte alta. La pista es cómoda y la inmersión en el bosque siempre se agradece. Hace calor y en esta sombra se está muy a gusto.

Algunos más adelantados logran ver a un espléndido ejemplar de ciervo, bien dotado con enormes cuernas. En un recodo del camino una vaca solitaria sestea y nos sorprende mucho porque está comiendo la hojarasca seca de las fayas. Lo nunca visto. Que llueva pronto para remediar este secarral. Salimos del bosque. Ahora podemos tener una visión de toda la subida con más claridad. Como queremos hacerlo todo empezamos por el pico más oriental para recorrer toda la sierra hasta la cumbre de la izquierda que es la que nos deja más cerca de Las Salas.

Se aprecia un canalizo en la parte central de la peña a la altura de los Serrones Negros. Encontramos los jitos. La senda está muy bien marcada. Hay que superar dos fuertes contrafuertes bastante aplomados. Se imponen las pequeñas trepadas por la noble caliza. Tenemos que superar 626 metros para la primera cumbre. Pasado el primer resalte en veinticinco minutos, emprendemos una larga diagonal hacia la derecha por una meseta más o menos horizontal.

Entramos al segundo resalte, más vertical que el primero. Aquí el paso es por una especie de tubo en la roca que va evitando las fuertes verticales. Cuando salimos a una zona más abierta resulta que todavía no estamos más que en una antecima. Todavía faltan 220 metros. Llevamos dos horas tres cuartos bien entretenidos haciendo chimeneas y grietas en las grandes coladas. La gente va divertida y soplan ráfagas de aire bastante agradables. Por fin hacemos la primera cima. Una media hora más. Lo que se llega a ver te absorbe de tal manera que te olvidas del cansancio: Estamos encima del embalse y del pueblo de Riaño. Justo delante la afiladísima cresta del Gilbo, al noreste el Yordas y los Picos de Europa. Al Norte el Mampodre, al fondo queremos ver el Bodón y el Cueto Ancino, desdibujados entre cientos de siluetas de cresterías, enmarcadas entre el Torres y la Ubiña. Pero nuestros ojos vuelven irremediablemente hacia las cumbres palentinas del Espigüete, el Murcia, el Pozo del Tío Raimundo y Peña Prieta, conocidos por casi todos.  El viento produce marejadilla en el embalse. Está muy bajo, le falta por lo menos tres metros de crecida.

Volvemos a cargar la mochila para seguir al segundo pico. Hay que descender unos noventa metros para coger la collada intermedia. Luego subir por un corredor que se acerca mucho al abismo norte. Pero se pasa sin mayores problemas. Por el camino los coleccionadores de picos suben a un intermedio. Desde la segunda cima se ve prácticamente lo mismo que desde la primera. Por lo que hay que continuar con unas trepadas ahora más fáciles, por corredores con “pasamanos” y pequeñas chimeneas. La mole que tenemos justo delante es impresionante. Pero la subimos. Son las dos y media. Cuatro horas hasta aquí. Todos los valles de la Reina y el pueblo de Cigüera se nos hacen visibles. Vendríamos mucho más por toda esta zona si no estuviera tan lejos. Lo más impresionante de esta altura es el pavoroso abismo de su cara norte. Es un corte vertical que se desploma en un canchal muchos metros más abajo. 

En el pico está la imagen de la Virgen de la Peña y una estatua del Señor San-Yago, ambos muy protegidos del viento y las nevadas. Se está muy bien aquí. Parece que el mundo está bien ordenado y que la gente podría llegar a ser feliz. Pero se nos acaba la vena poética porque hay que bajar. Nos tiramos hacia el camino que hemos encontrado entre las dos últimas cimas. Todo muy bien señalado. Se agradece. Unos cuantos todavía seguimos a otra “pequeña” torre que hay a la derecha de Las Pintas. La mejor visión de todo el profundo abismo en forma de U. Hay quién se pone a especular sobre por donde bajaría sin cuerda utilizando una larguísima grieta que acaba en una playita de hierba insignificante. ¡Carri, valiente!

Nos espera una larguísima y pesada bajada en la que buscamos la mejor manera de superar las dos grandes cortadas. El camino es casi el único practicable. Acabamos esperándonos en un árbol solitario en el que se cruzan sendas ganaderas. Luego el camino no está nada claro y preferimos la conocida técnica de “ladera abajo” para buscar un abrevadero por el fondo del valle y enfilando el río entrar a una pista que baja a la parte oeste del Pueblo. Por el camino algunos resbalones en la traidora paja seca, un corzo que huye de nosotros, un rebaño de cabritinas jóvenes.

Entramos en Las Salas seis horas después de haber salido. Nos comenta una pareja que el pico más interesante y menos conocido es el Jairo. Anotamos para otra ocasión. En el bar queda cervecita fresca. Nos acomodamos fuera y dentro. Cantamos “amiguito que Dios te bendiga” al cumpleañero y a la joven cumpleañera. Felices, contentos y con la preocupación de preparar el calendario del verano que viene. Cuantas ideas, necesitamos  otros veinticinco años para llegar a todos los rincones de los Picos de Europa, y por supuesto al Cuchallón de Villasobrada.

La próxima semana una de bosque. Por Monasterio de Hermo nada menos. Un lujo de excursión con el fayedo que empieza a cambiar de color. Subiremos, si podemos, al pico Caniellas para bajar desde allí a Gillón. Y encontrarnos con gente que nos viene a ver. ¿Nos encontraremos?

FRESINES

jueves, septiembre 20, 2012

¿SUBIR AL CUETO ANCINO? YE FÁCIL



15 de septiembre de 2012

El Huevo de Nocedo resultó ser una pirámide elevada, dura, llena de vericuetos y laberintos. El K-2 lo llaman los pretenciosos exagerando un poco su dureza. El Cueto Ancino para los lugareños. La verdad es que de “huevo” tiene bien poco a diferencia del Huevo de Faro, que este sí se puede empollar. Resultó una ascensión laboriosa y muy entretenida hecha a la medida de los amantes de la escalada libre.

Bajamos del autocar en Nocedo de Curueño, pueblo que puede ser en verano el paraíso del que huye del ruido y la contaminación. Agua limpia y fría, gente noble, cielo claro ¿se puede pedir más? Sí, además puede presumir de una montaña sólo apta para esforzados. Atravesamos el pueblo desierto a esta hora. Varias esculturas chocantes de hierro representan a extrañas y fieras aves. Salimos por la margen derecha del Curueño. Pasamos delante de unas grandes construcciones hoy vacías y tapiadas. Alguien se queja del ritmo: hoy la gente va a ritmo de caballería.

Pronto torcemos al este para enfilar la cuesta que nos llevará al Alto Las Campas. Un inmenso valle se abre por nuestra derecha. Podría ser una ascensión más asequible, pero preferimos tirar todo el cordal hacia el Norte. Estos montes de León engañan mucho: aquí no hay continuidad, son antecimas casi independientes, rocosas torres que hay que remontar para bajarlas por su siguiente arista. Hay hasta cuatro antes de la cima. El camino oficial las va bordeando, por lo menos a las dos últimas. Pero ¿para qué seguirlo? En cuanto hay una elevación la gente que se tira a ver que salida tiene. Nos entrenamos a trepar por llambrias y a descender por canalizos. Una cosa muy típica aquí es pasar por repisas elevadas pegadas a una roca vertical que tiene una fisura a todo lo ancho para convertirse en agradecido pasamanos. Se diría que estamos en Picos de Europa. La gente se va calentando para lo que vendrá.

A partir de este punto ya no entendemos mucho. Algunos siguen el camino jitado. Otros con “orejeras” no ven más posibilidad que seguir rectos aunque haya por delante los obstáculos que  quieran poner. Así llegamos hasta una bandera de España colocada en la tercera cima. Todavía en la bajada hay quien se atreve a subir por una roca totalmente lisa cuyo único apoyo es una fisura por la derecha. ¡Madre mía! ¿Cómo lo hacen?

Ya no puedo contar que camino siguió cada cuál porque seguro que se hicieron más de seis rutas distintas. En esencia todo el mundo debe entrar por el canalizo de la cara Norte que se va retorciendo en espiral  para salir al este y a la cima. Pero por el camino se van encontrando canales de categoría “subible”. Y dale que te pego trepada, asidero para las manos y vencer la pared sujetándose con las rodillas. Cuando casi todo el mundo está arriba, Milio nos da unas lecciones gratuitas de escalada en roca entrando por otra canal que no es tal porque termina en un roquedo más alto que él. Vacila, le gritamos, busca acomodo, le aconsejamos, tensa los brazos, le disuadimos, y zas, ha superado un obstáculo de los que meten miedo.

Al final todos en la cumbre. Aire fresco para un día de mucho calor. Delante la silueta bellísima del Pico Verde, con sus estratos casi, casi verticales, y el Bodón, el Cueto Cabañas, y el Valdorria. Casi todos por encima de los 1900. Cuesta mucho reconocer la silueta de otros picos desde esta perspectiva. Dicen que desde León capital se aprecia perfectamente esta cima. El K-2 leonés superado con nota. Para bajar rogamos que por una vez intentemos bajar todos juntos. Y se ríen. Pero casi se nos logra. Y destrepando el mismo canalizo con sus chimeneas tubulares tan divertidas de bajar en chimenea, vamos llegando a la base para pasar al collado Las Campayaguas.

Ahora el terreno es muy fácil y siguiendo la modesta altitud de la cuerda vamos buscando el cortafuegos que nos sacará al camino que por la izquierda baja a la Braña. Llegamos al pueblo, después de seis gloriosas horas de ruta, el agua de las dos fuentes gélida, contribuye a quitar nuestra sed y a aliviar nuestro calor.

El autocar está a la sombra y se agradece. Para ir a lo seguro tiramos a comer a Cármenes, donde ya nos conocen y allí nos acomodamos para disfrutar nuestras viandas y para cambiar impresiones sobre la jornada “escaladora” del Cueto Ancino. Estamos contentos, nos hemos superado cada vez más, este grupo cada vez se atreve con obstáculos más complicados y a ver quién se atreve a elaborar el calendario del año que viene para estar a la altura de este.

Y hablando de calendarios en la cuarta salida de septiembre vamos a las Peñas Pintas, saliendo desde Las Salas, en la cola del embalse del Esla, junto al gran pantano de Riaño. Promete ser ascensión de trepadas. Lo nuestro, vaya.

FRESINES

miércoles, septiembre 12, 2012

EN LOS PUEBLOS ABANDONADOS DE LLUÉ Y TOLIVIA



8 de septiembre de 2012

¡Qué nivel de rutas veraniegas llevamos! Esta vez cambiamos de escenario para ir directos al corazón mismo de Ponga. Hoy en la fiesta de Asturias, la Santina nos regaló un día espléndido y caluroso. Nos pegamos un madrugón porque Ponga está lejos y, si podemos, para escapar un poco del calor en las horas centrales. Por cierto que el intento fracasó porque nos cocimos en nuestro jugo. Pero casi fue lo de menos. La ruta es de las que te engancha para siempre. Todavía cierro los ojos y estoy entre umbrías en el bosque profundo, a la orilla del Mojizo en un rincón totalmente perdido, sólo aptos para románticos y sentimentales. Que esta era una de las rutas soñadas de Jorge, que siempre quería meternos entre horros beyuscos. Y razón tenía.

Vale, que el Grupo Las Xanas se atreve casi con todo. Vamos por pasos. Nueve y cuarto en Les Bedules. Bien por el conductor que nos metió hasta allí, a pesar del tráfico de todo terrenos que iban camino de la fiesta de Arcenorio. Una hora menos de caminar. Pronto estamos en la fuente de Collada Granceno. Un paisano mayor nos informa que la bajada a Llué está impracticable. Mal empezamos. La fuente echa un hilín de agua. Que seca tenemos. La ruta está marcada como PR 283 con cartel y todo. Subimos a la Collada Viances.

Ahora hay que girar claramente en dirección Sur, pues los contrafuertes del Sen de Mulos no dan más opciones de camino. Esta parte es entretenida y a la sombra. Charlamos amigablemente con nuestro amigo Vetusto. La fuente Les Files tampoco está generosa de aguas. Por fin pasamos al otro lado entrando al valle de Tolivia. Desde aquí la subida al Sen de Los Mulos está muy definida. El sendero está muy bien señalado. Ahora tira en dirección Sureste. Llegamos a la Collada Llampara a 1290. Aquí empiezan las dudas. Tenemos que seguir a la Collada Reces, que se divisa unos trescientos metros debajo nuestro. Encontramos a Rubén y a un compañero que también quieren bajar a Llué. Nos dicen que el camino está bastante bien  que hay paso... Pero no conocen la bajada a Reces.

El camino se perdió entre arboledas. Son las once y media. Exploramos por una ladera: cortada. De frente, difícil. Se impone bajar por el bosque hacia la derecha. Bajada bastante inclinada y de piso irregular. Unas cuantas revueltas más abajo y unas trazas de sendero van llevando a otras y al final es una senda principal que entra en la Collada Reces. El paso por el bosque es sensacional, umbrío, tranquilo. A las 12 y cuarto en Reces. Dos cabañas en buen estado y un sitio paradisíaco. Según los lugareños lugar de encuentros amorosos entre los y las aldeanas.

Un grupo de diez decide seguir a Llué. Hay que perder 350 metros. Entramos por el helechal haciendo huella como siempre. Pronto termina y bajamos en lazadas muy inclinadas por el bosque. Terreno malo que impide correr. Muchas fayas pero también abedules y avellanos a medida que nos vamos acercando al pueblo. Se hace larga la bajada. Hay una extraña fayona cuya raíz es un puro contrafuerte vegetal y que termina por el lado de la ladera en una especie de cabeza de oso. Otro sitio mágico.

En una hora estamos abajo. Sorpresa. Hay una gran pradería en medio de todos los montes. Completamente llana, limpia y preparada para la pación. Queremos asomarnos al río. Estas dos chicas que llevamos son como apariciones. Estás hablando con ellas y de repente, no están, se han ido al río. Entre ortigas damos paso al río Mojizo, en una hoz curva muy impresionante, cerrada por los inmensos paredones del Niajo. La llanada de Llué se abre por el oeste por la estrecha foz del río Canalita. ¿Os acordais aquella vez que rodeamos el Cabeza Mimales desde La Palanca, en Peloño, para ir a toparnos con este paso imposible? Según Rubén, nuestro compañero improvisado, hay instaladas unas cuerdas para cruzar el río antes de la foz. Habrá que intentarlo otra vez. Por cierto esta pareja desapareció del mapa. Llegaron con nosotros a la aldea abandonada y nunca más. ¿Más magia? La salida del río Mojizo termina en otra profunda estrechura que sería curioso explorar.

Manuel nos echa para arriba, que nos están esperando en Reces. Tiramos como posesos y tardamos casi lo mismo que en bajar. ¡Claro, es que subir es más cómodo que bajar! Breve parada y seguimos por la senda de Tolivia, ahora sí, bien marcada. Seguimos por el bosque, la ruta es tendida, se hace fácil y seguimos escondidos del inclemente sol.  Por fin la aldea con su cementerio y sus casas abandonadas. Cuánta historia entre estas cuatro piedras. Por aquí subiría Martinón de Llué llevando a cuestas el oso cazado para enseñarlo a los de Sajambre. ¡Y descalzo!, dice la leyenda. Lo mejor conservado el hórreo beyusco.

Ahora la senda sale a un claro en las estribaciones de la Peña Ñorín. Son todo derrumbes y canchales. Sin embargo los constructores de la senda tuvieron la paciencia y la sabiduría de trazar un increíble camino de bajada, con multitud de pasos armados, buscando la roca para pasarla por los pocos accesos practicables. Un problema: ahora bajamos por la solana. Caca duro. Mi termómetro marca 32º. Lo compruebo con otros y la lectura es la misma. Qué  sed. Nos bajamos a la Portilla del Jorcao. No debería haber montañero alguno que no conociera este paso. El río Mojizo, que discurría tranquilo en Llué, ahora es todo pasión y velocidad. A penas se ve en el fondo del inmenso desfiladero. Salimos por el Puente Espina sobre el Mojizo, que baja agitado 80 metros por debajo del puente. Si no estuviéramos tan cansados y sedientos pararíamos más a empaparnos de paisaje.

Luego queda la dura remontada hasta el Puente Vaguardo. Refrescada en el Sella. Buena vista del Frailón y las Cuatro Monxines, iluminados por una luz esplendorosa. Todavía unos tres kilómetros de carretera hasta poder pillar el autobús. Llegamos con la lengua acorchada de la sed. Bajamos con el bus a Puente Huera. Siempre nos acogen muy bien. Hoy se puede comer fuera. Cuando estamos en ello llega la pareja perdida. Tuvieron problemas al beber el agua de Tolivia. Tienen el coche en Les Bedules. Lito se ofrece a llevarles hasta que puedan localizar un taxi.

Fue una jornada extraordinaria en todos los sentidos. Unas siete horas sin parar. Pero una gozada. Dos pueblos abandonados en nuestro haber, aldeas que tuvieron unas dificilísimas condiciones de vida. El salto de Les Bedules al valle Torbeñu  fácil y glorioso en sus vistas. Y luego todo el recogedero de aguas del Mojizo, que es el auténtico desagüe de todo Peloño. Una ruta de diez y punteado.

Este sábado cambiamos de escenario. Vamos a conquistar el Cueto Ancino, o sea el Huevo de Nocedo para que no se confunda nadie. Los leoneses lo llaman el K2, por su forma y su dureza. Y digo yo que no será para tanto. Subiremos al Huevo.

FRESINES

miércoles, septiembre 05, 2012

SUBIMOS AL MEJOR MIRADOR DEL CORNIÓN: EL CANTU CABRONERU Y LA PEÑA BEZA



1 de septiembre de 2012

En agosto hemos mantenido un muy buen nivel montañero con objetivos ambiciosos en las Ubiñas y los Picos de Europa  pasando dos de ellas de los 2.300 metros. Hoy teníamos que tomarlo con más calma y para descansar se nos presentó (la programación manda mucho) nada menos que el Cantu Cabroneru. Y allí nos fuimos en viaje hasta Soto de Sajambre para coger la tradicional Senda del Arcediano a la salida del restaurado lavadero de Soto. Por cierto el pueblo luce precioso en este tímido sol de septiembre.

A medida que vamos subiendo por el bosque más y más paisaje se asoma por la lomera. La mayoría cimas conocidas: Jario, con Vegabaño a sus pies, Los Moledizos, La Conia y Valdepinos. En la encrucijada tomamos el desvío de la izquierda  para terminar subiendo al límite que marca la estratégica Peña Beza, dominadora absoluta de todo el concejo de Sajambre.

Pasamos junto a la fuente de buen agua. A su rebufo pasta buen ganado. Repostamos agua. Dejamos la campera buscando el único paso practicable en las estribaciones de Mesa, por la Canal de Misa. Es una corta tajada en el murallón precedida por una calvera de tierra suelta. La subida por este tajo es fácil y corta. Salimos a la majada de Los Llanos y ya tenemos toda la serranía a la vista. El Carboneru es un auténtico canto alargado pero de escaso espesor especialmente por su fachada este, por la vertiginosa caída que se desploma sobre la desolación calcárea de Los Palomares.

Atacamos la peña por su cara oeste. La subida es tranquila, siguiendo jitos y lazadas. Los atajos merecen poco la pena porque lo que se pretende es superar cuanto antes el gran desnivel hasta la cima. Llegamos a una collada entre los dos picos. La verdadera cima de 1.996. éstá a la izquierda. Se sube echando las manos para buscar el mejor paso entre bloques. Al final hay un buen corredor y al llegar pierdes la respiración: todo el Cornión se puede ojear, desde el Requesón a la Bermeja. Saludamos a la Peña Santa a la que dimos la vuelta hace una semana. Desde aquí parece todo más fácil y bastante más rápido que lo que pateamos ese día. Se llega a ver pequeñito, el nuevo refugio de Vega Huerta. Y También, orgulloso, el central. Algo más allá la característica silueta del Espigüete. ¿Desde que balconada se puede ver todo esto? Creo que sólo desde el Cantu Cabroneru. Hasta aquí hemos empleado unas tres horas algo abundantes.

Salimos por el mismo corredor de la subida. Nos dividimos. La mayoría del grupo ya tuvo bastante. Despacito por el mismo camino a  Soto. Los siete fieles al programa siguen a la segunda cima del Cabroneru. La vertical a Los Palombares es mucho más acentuada. Hay que destrepar algo para buscar una canal de salida. Al final retomamos casi a la collada entre cimas y descendemos por el estrecho canalizo que baja a la falda de las Cebolledas.

Subimos las Cebolledas. Es un pico de escasa dificultad. Su mérito: estar en medio de dos colosos. Para bajar una curiosa canal meridional que retorciéndose salva el acusado desnivel entre la cumbre y la base. Buena destrepada. Y  entramos al Collado Llano. Fácil y pindia. A las tres estamos en la falda de la Peña Beza. No parece muy practicable a la vista. Buscamos el primer hito y a partir de ahí todo es muy fácil. Con algunos desniveles en cortada que hay que superar trepando por la roca. Subimos como si  tuviéramos prisa. En doce minutos en la cumbre. Lo cuento y no me lo creen. 

Apenas tiempo para hacer dos fotos de una sola tacada (aprende Peña). Miramos hacia atrás: se ve una canal herbosa que muy, muy vertical baja desde la altiva cima del Cabroneru. La dejamos para otro día, María José, no quieras agotar todas las posibilidades en un solo día. Tenemos justo enfrente la Torrezuela por su cara más difícil de escalar.

Para bajar elegimos la directísima a Soto. Como no se ven más que precipicios nos tiramos por la descendente cumbrera al Occidente. Exploradores por delante estudian todos los descensos. No deben ser fáciles porque al final acabamos otra vez en la Canal de Misa. Una hora escasa desde la cumbre.

Luego a faldear por el monte para buscar la pista mucho más abajo. Estos chicos y chicas parecen acostumbrados a bajar porque no dudan de tirarse ladera abajo entre la maleza. Una media hora más. Luego a ritmo de trote a reunirse con el grupo al que pillamos ya cambiándose junto al río. Las refrescantes aguas tonifican nuestros acalorados cuerpos. Nos ponemos guapos para ir a comer. A la sombra del merendero se está bien hasta que empieza a correr una fresca corriente de aire que rescata los polares de las mochilas.  Un día muy satisfactorio. Un mirador esplendoroso con las soberbias vistas al jardín de Sajambre, el bosque de los bosques de Picos. La vuelta muy entretenida con las  intrigantes lecturas de Tere que tienen al personal femenino soliviantado.  El tema da de sí para numerosos comentarios no todos bien intencionados, pero, señores, en algo hay que pasar el rato y además este asunto se nos da muy bien. Al menos en teoría que algún día de estos nos van a pedir que pasemos a la práctica y hay será ella.

Para el sábado día 8, fiesta de la Santina, tenemos una larga ruta que empezará en la Collada Llomena para subir a la Collada Granceno y bajar luego hasta el caserío abandonado de Llue, en el corazón más profundo de Ponga. Es una ruta que tiene algo de misterioso y que merece la pena descubrir. Luego bajaremos hasta los Beyos, por Puente Vaguardo.

FRESINES