lunes, febrero 23, 2009

CONTEMPLANDO EL CORNION

Gracias a la persistencia del anticiclón, los augurios meteorológicos para el día 21 eran halagüeños y por la pinta que tenía el amanecer parecía que se presentaba un buen día de montaña. Y así fue.

Variamos un poco la ruta a causa de que el autocar de 55 plazas no puede entrar en Aballe y por eso iniciamos la ruta en Caño, cruzando el río por el puente sobre el que transita la carreterita que se dirige, al igual que nosotros a Andrín.

Unos buenos repechos que nos sirvieron para ir abriendo boca, pensando en lo que nos esperaba. Gracias a la carretera y a que la temperatura era agradable, cubrimos el desnivel hasta Andrín sin mayores problemas y casi sin sudar. Andrín es un pequeño y coqueto pueblo de amables moradores y con unas vistas de ensueño. Pronto, entre la niebla que trataba de disiparse, iban apareciendo las recortadas siluetas del Carria, Pierzu, Cantu Cabroneru y Beza y por fin, como haciéndose de rogar, la inconfundible silueta de la Torre de Santa Maria con las Cebolledas.

Abandonamos Andrín donde finaliza la carretera, y seguimos por una pista que sigue ascendiendo entre prados y pequeños bosques, dejando algunas cabañas a ambos lados. Pasamos junto a los restos de una cabaña de piedra donde una amable mujer del pueblo nos había dicho que deberíamos seguir en ascenso, pero no nos dimos cuenta y continuamos por un sendero en la misma dirección que llevábamos. Más tarde nos dimos cuenta que teníamos que haber seguido otro sendero casi perdido, que ascendía junto a la cabaña a nuestra derecha. Pero el caso es que seguimos de frente hasta la altura de un collado, Camperina de Coroña, que dejamos a nuestra izquierda. Aquí el sendero casi desaparece y optamos por ascender por la dura ladera de nuestra derecha, sin camino definido entre las gorbizas.

La ascensión se hace penosa a pesar de que un sendero del ganado nos va guiando casi hasta la cumbre, desde la que contemplamos, abajo, en la otra vertiente, el lugar por el que debíamos haber pasado, el Collau les Espines. Pero lo que si teníamos claro es que nuestro próximo objetivo se encontraba ya cerca. A nuestra izquierda, sur, teníamos el Pico Caxigu al que accedimos traspasando la cuerda que nos unía a él.

Desde esta atalaya la vista se abre y aparecen el Tiatordos, Maciedome y la Llambria. Y al este, medio cubierto por la bruma y la mala situación de la luz del sol, el pastel de merengue que hoy es el Cornión. Bajo nosotros, al sur, La Fresneda y un buen número de apretados retales verdes con su cabaña correspondiente. Por el oeste, al otro lado de una profunda y bonita vallada, el cordal por el que pasaríamos unas horas más tarde, en el que reconocíamos el Pico Cormelón al sur, seguido de la Cruz de Fanu y más a la derecha el Cogolla. Un bonito paisaje que nos acompañaría durante toda la ruta.

Tras las consabidas fotos y luego de dejar la tarjeta de cumbres, continuamos camino descendiendo un poco hacia el Jorcau Caxigos dejando el Cantu la Muezca y el Cantu de Dobros a nuestra izquierda. No se si hubiese sido mejor seguir por la cumbrera de estos dos cantos, ya que la ladera por la que transitamos era sumamente inclinada, lo que nos obligó a caminar con muchas precauciones, haciendo más lenta la marcha.

El caso es que alcanzamos el Collado Tebrandi, al decir de los lugareños o Trebandi, como lo nombra el Mapa Topográfico Nacional. Un marcado sendero por la ladera norte del Cerro Espino y por la sur del Canto Tebrandi, nos permite llegar al Collado Cormelon sin necesidad de ascender a ninguna de las dos tachuelas mencionadas, cosa que algunos del grupo si que hicieron.

Desde la collada Cormelon en corta ascensión ganamos el pico del mismo nombre. Las vista son casi las misma que las del Caxigo, pero la luz del sol está mejor colocada para poder apreciar la majestuosa figura del Cornión y del Central, completamente blancos por la nieve. Más cerca de nosotros y al otro lado del valle, vemos nuestro recorrido hasta el momento, con el Caxigu bien identificado. Hacia el norte vemos en primer término el Pico la Cruz de Fanu con un sendero por su ladera oeste, por el que se puede acceder a la Collada Moandi, nuestro próximo objetivo.

Tras hacer las fotos y cubrir las tarjetas, descendemos más o menos por el mismo sitio por el que minutos antes habíamos subido, hasta la collada Cormelone. Luego por el sendero que vimos desde la cumbre, llegamos fácilmente al Collado Moandi, del que desciende un camino a una cabaña situada al oeste del Pico Cogolla, al que nosotros ascendemos por lo que parece un sendero del ganado. El pico tiene poca superficie y casi está ocupada por el vértice geodésico. El tiempo de estancia fue el imprescindible para cubrir la tarjeta y comprobar la mejor forma de descender.

Siguiendo con dirección norte, descendemos del pico buscando el mejor paso entre las cotoyas para acceder a un bosquecillo que atravesamos para llegar a la pista que veíamos desde el Cogolla. Solo resta continuar por la pista en descenso. Alcanzamos una especie de collado donde la pista hace una pequeña subida y desde allí contemplamos una vez mas las preciosas vistas del Cornión.

Luego caminamos un rato entre pinos y cuando ya vemos muy cerca la ciudad de Cangas, la pista da un giro a la izquierda después de dejar una bifurcación por la derecha. Intuyendo que ese giro nos aleja mucho de nuestro destino, optamos por cruzar una alambrada y descender por un prado bajo el que nos encontramos con un camino. Lo seguimos a la derecha y pasamos junto a una cabaña para introducirnos en un bosque por el que discurre un sendero que al final termina en una pista. Seguimos por ella y alcanzamos una urbanización de chales desde la que por unas escaleras bajamos justo al Puente Romano de Cangas de Onís. Tras cruzar el puente, nos dirigimos a la estación de autobuses, donde se encuentra nuestro transporte esperándonos, después de siete horas y cuarenta minutos de ruta.

Ruta larga y de cierta dureza, compensado todo por las magníficas vista que tuvimos y la benignidad de clima. Nos apuntamos a que todas las rutas que nos quedan sean tan satisfactorias como esta.

jueves, febrero 19, 2009

EL CAPIELLA MARTIN CON EL BENEPLÁCITO DEL BUEN TIEMPO

Aunque no creo que nadie lo echase de menos, aquí llega, con mucho retraso, la crónica de la ruta que el pasado sábado día 14, día de los enamorados, hicimos por tierras entre Tineo Villayón y Luarca, para ascender al Capiella Martín y al Estoupo.


Después de una larga andadura en autocar, pasando por La Espina, Tineo, y Navelgas, pisamos las praderas de la Campa Brañuas, en los límites entre Tineo y Villayón, para con rumbo noreste comenzar la larga caminata del día.


La mañana es fría pero soleada. Por una buena pista y dejando a nuestra derecha el Pico del Monte y Peña Calabre, alcanzamos una collada llena de torres de alta tensión, que nos da vista nuevamente al sur, donde queda nuestro punto de partida y el pueblo de Burgazal, que habíamos atravesado con el autocar. Al fondo se ve la Cordillera completamente cubierta de nieve. La brisa que nos da de costado, está helada, lo que nos obliga a permanecer bien tapados a pesar de que el sudor comienza a aparecer por el esfuerzo desarrollado.


Retazos menos marcados de pista continúan hacia el este siguiendo la cuerda de la sierra. Comienzan los desniveles ya por tierras entre Luarca y Tineo. Podemos seguir el sendero bien marcado que por el norte de la Sierra de Buseco va dejando a la derecha la Peña la Gallega, la Campera el Llanón y La Chanetona o bien seguir por la cresta, para acceder al Collado Llano de Bobia donde iniciamos la ascensión al Capiella Martín.


Superados los ciento cincuenta metros de desnivel desde la Collada, alcanzamos la cumbre dando vista plena al Mar Cantábrico y a la villa de Luarca. Al sur, la Cordillera que llevamos viendo casi desde el inicio de la caminata, se mantiene como una raya blanca en el horizonte. Podemos distinguir fácilmente Peña Rueda, la zona de los Huertos del Diablo, Los Fontanes, delante Peña Manteca, las Ubiñas, Los Bígaros, Orníz, Peña Chana, toda la montaña somedana y el Cornón. Más a la derecha distinguimos la gran mole del Cuetu Arbás y creo que hasta el Miravalles.


Después de cubrir la tarjeta y hacer las consabidas fotos de grupo, reanudamos la marcha siguiendo la cuerda y con rumbo este hacia el Estoupo, que no es otro que la gran mole que tenemos ante nosotros y que tiene una caseta con antenas en el vértice más norteño.


Seguimos por lo alto de la sierra y pasamos por Peña Prieta para descender al Collado de Brañanueva, una bonita campera a los pies del Estoupo. Cruzada la campera nos esperan las verticales paredes del pico. Una pista continúa a la izquierda y es posible alcanzar la cumbre siguiéndola, pero nuestras piernas nos piden lucha y abocamos la ascensión por el senderillo que sube vertical hacia una zona con algunos pinos. Las rampas son de lo más duro. Son setenta y cinco metros de desnivel pero con una inclinación considerable. Sacando fuerzas de nuestras reservas, logramos alcanzar la parte alta de la muralla. Un sendero con rumbo norte, nos lleva a la caseta que veíamos desde la lejanía y al vértice geodésico que corona el Estoupo. Las vistas son similares a las que teníamos en el Capiella. El mar y Luarca al norte y la Cordillera al sur. Vemos desde un poco más cerca nuestras añoradas Ubiñas completamente blancas al igual que toda la cinta de montañas que nos separan de León.


Tras las consabidas fotos, emprendemos el descenso del Estoupo, que en nada tiene que envidiar al ascenso. De nuevo una vertical pared herbosa obliga a trabajar a nuestras rodillas. Parece aún más vertical que la de la subida, lo que nos hace caminar con mucho más tiento, para evitar las caídas. Una vez recuperada la horizontalidad, seguimos un sendero dejando a nuestra derecha un bosquecillo de pinos, para llegar a una pista desde la que vemos el pueblo de Escardén ocupar las laderas que bajan del Estoupo. La pista tiene alguna desviación, aunque creo que todas van al mismo sitio. Pero como precaución, debemos seguir las que descienden. Así llegaremos a la carretera que une el Alto de Aristébano, izquierda, con Escardén, derecha.


En pocos minutos llegamos al Alto de Aristébano donde hay un bar y donde nos esperaba el autocar. Fin de la ruta.


Para el próximo sábado día 21, tenemos ruta por Parres en las inmediaciones de Cangas de Onís. Digo por parres, ya que en ningún momento ponemos los pies en el concejo de Cangas. La ruta propuesta es:


Aballe (92 m) – Andrín (398 m) – Collau Les Espines (653 m) – Pico Caxigo (856 m) – Collado Trebandi (716 m) – La Colladiella (723 m) – Pico Cormelón (855 m) – Pico La Cruz de Fanu (848 m) – Collada Moandi (768 m) – Pico Cogolla (838 m) – La Llampa (609 m) – Prestín (74 m) – Soto de Dego (78 m) – Aballe (92 m)


En el calendario oficial la ruta está puesta como fácil, y por lo poco que sabemos lo debe de ser en lo que se refiere a su recorrido, pero tenemos que tener en cuenta que debemos salvar un desnivel de 764 metros, lo que puede ser interpretado como de dificultad media. De todos modos, lo que si es cierto es que el plazo de inscripción está abierto y ya tengo bastantes inscritos. Si quieres ser uno de ellos, llámame.

lunes, febrero 02, 2009

UNA RUTA POR LA COSTA MAS ORIENTAL

La ruta por la costa, desde Bustio a Pendueles, estuvo pasada por agua en su primera parte. Después de un viernes muy bueno, con ascenso de temperaturas y hasta sol, el sábado amaneció lloviendo y gris; como dijo Fernando, había una sola nube, pero llegaba desde Castropol hasta Bustio, al menos.

Armados de paraguas y chubasqueros, iniciábamos una vez más la ruta con la esperanza de que en algún momento dejase de llover. Salimos de Bustio por la calle en la que hay un cartel que anuncia el itinerario del puerto y al poco nos encontramos con el cartel anunciador de la ruta un poco deteriorado. Pasando por debajo de un puente, caminamos por una carretera que abandonamos en la primera bifurcación, para continuar por una amplia pista a la izquierda, que va paralela a la vía del FEVE. La pista empieza a empinarse dando vista en lo alto a Pimiango. A la izquierda, en el otro extremo del amplio valle vemos Columbres y distinguimos la Quinta Guadalupe, ahora convertida en Archivo de Indianos.

Encontramos un cruce con un indicador a Pimiango y a la Cueva del Pindal apoyado en la maleza. Seguimos la indicación por el camino que sale a la derecha y nos adentramos en un bosque de ocalitos por una buena pista. Estamos por las estribaciones del Pico Cañón al que no subimos a causa del mal tiempo. No para de llover.

Cuando llegamos a la parte alta de este muro que nos separa de la costa, la vista se abre y aparece el mar. También vemos que tenemos Pimiango a menos de un kilómetro a nuestra izquierda, pero nosotros seguimos a la derecha para bajar al Monasterio de Tina. La pista desciende con fuerte inclinación. Están hormigonándola y de momento solo tiene varios tramos terminados. Desembocamos en otro bosque de ocalitos, pero antes pudimos contemplar la parte alta del faro de San Emeterio. Siguiendo por el bosque llegamos a la entrada de las ruinas del Monasterio de Tina. La portada principal con su espadaña, un arco de la nave central y la zona del altar mayor con la girola, son los únicos restos que quedan de lo que fue el monasterio. En los alrededores las ruinas de otros edificios escondidos en el espeso y antiguo bosque de encinas. Poco más allá, se termina la tierra en un salto al vacío para llegar al mar. Es la agreste costa del Oriente de Asturias.

Abandonamos Tina por el camino que ahora desciende en fuerte inclinación para cruzar un arroyo que se encamina al mar, tras caer en cascada lamiendo la roca. Toca ahora ascender lo que habíamos bajado y enseguida comenzamos a ver a nuestra derecha la silueta de la ermita de San Emeterio o Santu Medé, casi tapada por los árboles. Se encuentra en la Campa San Emeterio muy cerca de la Cueva del Pindal, donde duerme el sueño de los siglos el mamut del corazón rojo, junto a otras representaciones de animales.

Dejamos la Campa San Emeterio por la carretera que a la derecha se dirige al faro y seguimos en ascenso a la izquierda para llegar al mirador del Pico de Pimiango desde el que podemos contemplar una bonota vista de la costa hacia Llanes. A nuestras espaldas, sur, se encuentra el pueblo de Pimiango al que llegamos en poco tiempo.

Ahora abandonamos momentáneamente la costa para descender por la carretera que une Pimiango con la N-634 y hacia ella nos dirigimos. En el lugar de El Peral, justo junto al restaurante Junco, cruzamos la carretera mencionada y pasando por detrás del restaurante llegamos a la carretera RD-3, después de pasar ante la ermita de El Cristo. Seguimos por esta carretera a la izquierda ascendiendo a una lomera que nos permite contemplar buenas vistas de la Sierra del Cuera y los campos y pueblos que descansan a los pies de sus laderas. Pasamos junto a un lujoso hotel, cuatro estrellas, con campo de golf y continuamos camino hasta llegar a un camino a la derecha que pasa por las cuadras del Aixa y Serra, para descender al pueblo de La Franca en la carretera antes mencionada. No cruzamos la carretera y seguimos las marcas del Camino de Santiago por una pista de tierra que cruza un puente sobre el Rio Cabra y en el segundo cruce, seguimos a la derecha por un camino que llega a la N-634, que cruzamos en las inmediaciones de Santiuste. Retrocedemos unos cuentos metros por la carretera en dirección a La Franca, este, para cruzar sobre el túnel del FEVE y acceder a las praderas que nos separan de la costa.

Ya no nos resta más que seguir pegados al borde costero, librando las cotoyas que cubren los campos abandonados. Una vertical muralla nos separa del mar que ruge en el fondo del acantilado. Aquí y allá, huecos en el terreno nos recuerdan las formaciones típicas de esta s costas, los bufones por los que el mar deja escapar sus lamentos en los días de mar embravecido. Hoy se encuentra más calmado, pero no es óbice para que en una de estas grietas, muy cerca de Cobijero, el aire impulsado por el agua el mar, bufa al salir a la superficie.

Cobigero. La playa interior de Cobigero, al igual que su homónima Gulpiyuri, esta en las cercanías de Naves, es un fenómeno natural digno de ser contemplado. Hoy la pequeña dársena de arenas y cantos rodados, se encuentra sin agua. La marea baja la deja en secano, pero no es disculpa para no echarle una mirada. Por el norte, el paso natural para poder continuar hacia Buelna y Pendueles, se realiza sobre el Puente Caballo. Un puente de roca que tenemos que contemplar descendiendo al otro puente más cercano a la playa. Desde este lugar podemos darnos realmente cuenta de la formación geológica que es el Puente Caballo y su bonita fotografía con el mar cubriendo su arco.

Cruzado el puente accedemos a Canales, un entrante de mar que forma una pequeña piscina antes de la Ensenada de Buelna. Enseguida llegamos a la Playa de Buelna donde contemplamos la curiosa figura del Picón, una roca que parece querer salir volando como un cohete. Bordeando la playa seguimos por la pista cruzando por La Atalaya para desviarnos un poco a la derecha y poder contemplar desde las alturas la Playa de Pendueles con sus dos picones para no ser menos que Buelna.

Ya se percibe el final de la ruta. Nos acercamos a Pendueles pasando junto a un antiguo muro hasta llegar a lo que debió de ser un palacio, hoy completamente en ruinas. Allí nos esperaba el autocar.

Para el próximo sábado día 7 tenemos ruta por el Camin Real en su último tramo en Grado. Iremos desde Las Cruces a Grado pasndo por los lugares que a continuación enumero:

Las Cruces (626 m) – Los Lodos (593 m) – La Cabaña (560 m) – Pico Grande (813 m) – Llano Grande (717 m) – Los Llagunales (680 m) – Alto del Pedroiro (788 m) – Moutas (533 m) – El Putril (522 m) – Santa Cristina (446 m) - Picalgallo (185 m) - Grado (49 m)

Ya estoy a la espera de vuestras llamadas.