martes, julio 23, 2013

LOS SIETE DOSMILES DE LOS HUERTOS DEL DIABLO



20 de julio de 2013
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Para empezar un día soleado con una fresca brisa que invita al esfuerzo montañero. Nueve y media de la mañana. Todavía algunos sobrevivientes de la durísima alternativa al Cuetón, se animan a hacer nueva ruta por la muy atractiva Vega de Socellares. Rodeada de dosmiles tiene una magia que nos atrae poderosamente. Allá vamos, por el viejo camino de la mina. Tardamos una hora en llegar a las Rebollosas cuatrocientos metros por encima del Puerto Ventana. No está nada mal. El ritmo que hemos cogido, un sábado más, es intenso.

El siguiente paso es atravesar por lo alto la Vega Socellares. Siempre añoramos este remanso de paz, increíble circo montañoso que cierra una placentera plataforma herbosa. Sin perder altura pasamos al Collado Socellares. Ya hay siete en la Peña Melluque. Y es un grupo que tiene ganas de hacerlo todo, de subir a cualquier cresterío que se ponga por delante. Para subir a La Vega Los Pozos hay que remontar por la encajonada canal que hay entre el Diablo Norte y la Melluque. Más o menos nos esperamos pero la verdad es que poco. Siempre pasa igual cuando estamos en terreno conocido y sin problemas de orientación. Cada uno ha diseñado su propia programación de cuantos picos subir, por donde bajar y en donde reunirnos para la bajada final. Y es que el Grupo Las Xanas, siempre funcionó así.

El grupo mayoritario tira con fuerza a los Huertos del Diablo Sur. El pico es un precioso diedro alargado, con una silueta muy típica. Casi tocamos con la mano el Ranchón, que alcanzaríamos fácilmente si fuera nuestro programa de hoy. Nos separa el profundo tajo de la canal de Rolamuela. Lo dejaremos para una próxima ocasión. Mila me dice que subió por ahí una vez y que está perfectamente jitado. Decimos adiós a los imponentes Fontanes, al Prau y al Colines. Se adivina la Vega del Robezu, por donde anda el amigo Jorge.

Bajamos a Los Pozos para volver a subir al Huerto del Diablo Norte veintiséis metros más bajo que su gemelo. En muy poco tiempo otra vez a la carrera. Foto a la hoy mínima laguna Llaseiro en los Puertos de Agüeria. Es evidente la “suave” subida al Peña Rueda desde la Vega Llaseiro. Una preciosidad que hoy refleja verdor. Por el fondo discurre el río Lindes, que inspira ternura como todo lo recién nacido.
                       
Continuamos sin desaliento. Han pasado dos horas y veinte minutos. Toca descender por abrupto terreno. Hay una cima intermedia de 1925 que un grupito esforzado no perdona. Luego, como no han tenido bastante, y fuera de programa, emprenden una brava trepada al Peñón Ameno, interesante mogote vertical que requiere subir concentrados por la buena caliza de este monolito. Los demás, más modestos, cruzamos por la derecha hacia una colladita y un canalizo que nos deja a los pies de Sobre el Prao la Silla. Sin necesidad de subirlo emprendemos la larga cuesta del Tambarón que nos vuelve a colocar en la cota de los 2000. Llevamos cuatro horas de incansable expedición. Hay un pequeño artilugio de vigilancia de la guerra. José Juan acaba de encontrar la vaina de una bala de 1934, del calibre 2,7. Testimonio de odios y conflictos pasados. Estamos en plena borrachera de cumbres. Queremos otra más.

Y bajando para volver a ascender suavemente nos acercamos al Campu Faya. Siempre quise estar en este Pico. Por las cumbres y por su vertiginosa caída vertical, tiene un algo de especial. Se abre a nuestro frente todo el Valle de Ricabo con las poblaciones de Buedia, Nimbra, Rodiles, Ronderos, Rano, Muriellos y el muy lejano Bermiego encastrado bajo el Pelitrón.

Ya hay que pensar en el descenso. Desde este punto de la cumbre hay que descender 1.258 metros lineales hasta Buedia. Así que seguimos descendiendo por el cordal. Primera estribación. La Vallina Estrecha, segundo contrafuerte: la Vallina Ancha. ¿Se llegará por aquí a la cercana pista? No hagamos experimentos. Bajamos más por senderos de ganado hasta la fuente la Expriella, donde esperaban los que bajaron por el Chozo Socellares. El frío chorro de agua refresca en un agradable día de sol y brisa.

¿Por dónde encontraremos el camino de La Foix? Exploramos por la derecha y por la izquierda. No está claro. Al fin Luis sentencia: “Me dijo Huerta que desde aquí hay que tirar al bosque y das con el camino”.  Efectivamente. Una bajada muy vertical, resbaladiza en la rozagante pradería y acabamos dando con un caminito jitado que penetra en el hayedo. Después de la solana, se respira frescor. La riega Foix aparece en el recodo. Luego se sume el río y vuelve a aparecer mucho más abajo. Descenso por el sendero, muy tranquilo, placentero. Estas sendas de bosques veraniegos son un estímulo poderoso por los sentidos. Bajar en silencio, es mi receta. No se cumple mucho y la verdad es que la buena conversación es un aliciente más del montañero.

Cuando el hayedo se va convirtiendo en bosque de ribera,  es que estamos a punto de pillar la pista. Albricias al fin un terreno en el que no hay que mirar por donde pisas. Vamos por la pista a muy buen paso. Algunos cortan por el río las revueltas. Llegamos a Buedia. Lito ha tenido el acierto de mandar subir al autocar hasta aquí. La ruta nos ha llevado siete horas y media. Hemos disfrutado lo nuestro. Nos lavamos en el río peleando con los tábanos de tamaño gigantesco. Y a concluir en plan fiesta, por la alegría que nos supone estar en la montaña, el haber subido unas cuantas cumbres, el placer de bajar por el bosque, lo grato de la buena compañía. Comemos en Bárzana, sin prisas, que últimamente es casi una novedad. La gente valora muy positivamente esta ruta. Creo que ha gustado mucho. Los amigos de coleccionar cumbres se van mañana a la Torre de Cerrado con gente del Alpino. Incansables.

La última de julio la cerramos en ruta circular desde Maraña para hacer dos picos de la Cordillera del Mampodre: La Cruz y El Convento. El año pasado la niebla nos echó de allí. Esta vez seguro que caen. Apuntarse a tiempo. Nos vemos el sábado.

FRESINES   

UNA RUTA SIN HISTORIA Y UNA ALTERNATIVA HISTORIADA

13 de Julio de 2013



Volvimos a realizar la ruta del Cuetón por las Foces del Burdio, lugar que ya de por si, merece una ruta. Para ello nos dirigimos a Inguanzo para iniciar la larga caminata, con la luz del sol aún apagada por la niebla.

Realizamos el camino natural por la pista que va poco a poco ascendiendo hacia los contrafuertes de la Sierra de Dobros. Vamos dejando las bifurcaciones que aparecen a uno y otro lado, siguiendo siempre la vía principal. Tras una fuerte y repentina pendiente, giramos a la derecha bordeando un pequeño bosque y nos dirigimos a una abandonada cabaña. Justo antes de llegar a ella, tomamos un sendero en ascenso, que sale por nuestra izquierda y que pronto se introduce en un espeso felechal. Los cachiparros se ponen contentos.

El sendero existe aunque apenas lo vemos por lo espeso y alto de los helechos, pero se camina bien aunque la temperatura se hace agobiante. La niebla se hace más patente y solo nos permite ver fantasmas pétreos según ascendemos. Son los vigilantes de la Sierra Dobros que nos escudriñan amparados por las nubes.

Alcanzamos una especie de muro que nos obliga a girar a la derecha por un marcado sedo que nos acerca al collado de entrada a la foz. Dejamos a nuestra derecha un cuerno pétreo y nos introducimos por un sendero, hoy más cerrado de hierba y maleza que otras veces, pero muy marcado. A nuestra derecha tratamos de vislumbrar las caídas hacia el Río Burdio, cubiertas por los retazos de niebla.

Una larga hilera de caminantes rompe el silencio del lugar y le da vida con sus colores, resaltando sobre el verdor de la zona. El sedo se encuentra en perfectas condiciones y lo caminamos sin problemas. Algunos que lo realizan por primera vez, no se lo pueden creer. Caminan extasiados a pesar de que las vistas son escasas por la niebla que nos cubre las caídas hacia el río, cosa que otros agradecen.

Tras un recodo tenemos un descenso un poco apurado con el suelo cubierto por una pulida llambria, pero hoy no está tan húmedo como otras veces y el paso se hace menos peligroso. Los que nos preceden hacen un alto y nos esperan. Así llegamos a formar una alargada hilera pegados contra la pared y mirando al abismo.

Reanudamos la marcha para dar cuenta del último tramo de esta espectacular senda. Una subida para atravesar una pequeña horcadina y prácticamente estamos fuera de la foz. El cielo comienza a abrirse y podemos ver la silueta del Cuetu Llovedo que cierra la foz por nuestra derecha.

Estamos casi a la misma altura del río y tornamos el camino pedregoso por una senda que se retuerce cuesta arriba entre la hierba y la maleza por Las Camperas. Pasamos al lado de la Fuente del Hombre Muerto y nos aprovisionamos de agua que más tarde se volverá sumamente escasa.

Ascendemos por las camperas con el sol ya en lo alto y alcanzamos una especie de collado del que a mano derecha sale un amplio valle que se dirige a la majada de Ternas. Un buen rebaño de vacas pastan en esa zona. Nosotros seguimos a la izquierda siempre en ascenso y siguiendo el marcado sendero que de vez en cuando se bifurca pero que siempre nos lleva al mismo sitio. Alcanzamos el amplio collado de Maneda, un poco por encima de la majada del mismo nombre y aquí esperamos la llegada de todos nuestros compañeros.

Al norte tenemos la redondeada cumbre de Las Coronas y al este desciende un ancho valle por el Recuesto La Espina. Allá en lo más hondo podemos ver la carretera de Arenas a Poncebos y la silueta plateada del Río Cares. Por este valle deciden descender los que se encuentran en un estado más precario y que no quieren afrontar la ascensión al Cuetón.

Nos despedimos de ellos y seguimos camino bordeando ese valle con dirección sur, por un marcado sendero que pronto atraviesa entre los restos de lo que fue la majada de Dubriello.

El sendero, a veces amplio camino, no tiene pérdida y nos lleva de campera en campera con pequeñas subidas hasta la amplia majada de Ostandi en la que además de un buen número de vacas, nos encontramos con un buen lago que les permite tener el agua asegurada por un tiempo, aunque en la fuente apenas cae un fino hilillo.
Seguimos por las praderas en sentido sur este y en las que el camino casi se pierde, hacia una cabaña derruida donde volvemos a encontrar el marcado sendero. Aquí cambia de rumbo subiendo al suroeste y haciéndose más ancho y marcado, hasta alcanzar la cresta que vemos enfrente. Nuevo cambio de rumbo al este y nuevamente nos topamos con la niebla.

Ojeada al GPS para fijar el rumbo y ya sin camino marcado, llegamos a la cresta del Cuetón. La niebla viene y va y eso nos permite situarnos. Seguimos la cresta al este y alcanzamos así la más alta de las dos cumbres del Cuetón (1.651 m), pero seguimos a la siguiente que es donde se encuentra el buzón montañero.

Se que las vistas desde esta atalaya son impresionantes por haber estado antes aquí. Hoy las nubes no nos permiten apreciarlo. El Central tiene un color gris plomo que no presagia nada bueno. Algunos truenos resuenan por la zona de Peña Santa. Pero de todas formas se impone un descanso y hacer las fotos de rigor.

Después de más de 20 minutos de descanso en la cumbre, hoy no tenemos prisa, reiniciamos la marcha y decidimos hacer nuestra xanada del día: bajaremos a Ondón de frente, en vez de ir a buscar el camino. Dicho y hecho. Seguimos la cresta al este, buscando los mejores pasos que a nosotros o a alguno de nosotros nos parecen caminos (je, je, je), y comenzamos un descenso entre maleza y roca, seguidos muy de cerca por una cabritilla, no Mari Jo va en cabeza, esta que digo es otra de color negro que se cree que somos su rebaño. No me extraña.

De todos modos y como no puede ser de otra forma, a pesar de las disputas y los cambios de opinión, realizamos el descenso sin problemas y en perfecto estado de revista. Alcanzamos las cabañas de Ondón y aunque las vistas no son todo lo buenas que deseamos, realizamos un nuevo descanso antes de iniciar el duro descenso que nos espera.

Y hacia él nos dirigimos. Nuevamente con rumbo sureste y siguiendo un marcado sendero reiniciamos la marcha en busca del comienzo de la Canal de Bobia. Desde su parte más alta ya podemos ver allá muy en el fondo, la carretera de Poncebos y los coches aparcados en las cercanías del túnel que sube a Bulnes.

Iniciamos el descenso que durará cerca de hora y media siempre viendo muy abajo nuestro destino. El calor por momentos se hace insoportable. Hay un alto grado de humedad y no corre ni una brisa. Cuando por fin llegamos a la entrada de Camarmeña, la fuente que hay allí nos parece el mejor de los bares. Nos refrescamos a fondo y continuamos marcha, ahora con una sola idea: tomarnos una merecida cerveza.

Tras el merecido descanso y la prometida cerveza, seguimos descenso para reunirnos con nuestros compañeros de la alternativa en Poncebos. Desde la terraza del bar descendemos por un nuevo sendero, ahora señalizado, que nos lleva a atravesar la carretera y en poco tiempo al Hotel Restaurante Garganta del Cares, donde tenemos el autocar y el fin de nuestro recorrido.

Pero, ¡oh sorpresa!, nuestros compañeros de la alternativa fácil no han llegado aún. Problemas. Tratamos de comunicarnos con ellos pero no hay forma. Desde casa me comunican que no pudieron cruzar el Cares y que tratan de ir a Arenas. Poco más tarde conseguimos hablar con ellos y nos dicen que se encuentran camino de Arenas por malos sendero y monte arriba. Hay gente muy perjudicada y no saben cuando llegarán.

Decidimos comer mientras se hace la hora de poder mover el autocar, tenemos que esperar a que pasen 9 horas desde que llegó, e ir a buscarlos a Arenas.

Por fin a las 7 y 20 salimos de Poncebos. Volvemos a comunicar con ellos y nos dicen que ya están en una pista que en unos 20 minutos llegarán a Arenas. Salimos a su encuentro y al poco nos cruzamos con ellos. Todo acaba sin mayores problemas que el cansancio.

Su relato, realizado por Pablo, lo podéis leer en esta misma sección un poco más abajo. Bien parece lo que bien acaba.

JAFPA

jueves, julio 18, 2013

UNA ALTERNATIVA EPICA

NOTA: Ante la imposibilidad de publicar la crónica de la ruta que realizó la mayoría del grupo, os dejo la crónica realizada por Pablo, de la odisea que un pequeño grupo padeció al hacer una ruta alternativa y en principio más sencilla. Proximamente publicaré la ruta del Cuetón)

13 de julio de 2013

Las Xanas vuelve a una ruta de verano, A, como corresponde. Salimos de Oviedo con niebla y después de la parada de rigor en Arriondas, llegamos a Inguanzo y comenzamos ruta por tierras Cabraliegas. Según la aemet hay un 55% de probabilidad de tormentas en la zona y una temperatura media de 22 grados. El bochorno tormentoso se nota, pero de agua nada.

Iniciamos ascenso a las 9:45, con los grandes corredores en cabeza, que en algún momento tienen que volver sobre sus pasos porque el ímpetu no les deja ver el camino, y al poco tiempo ya nos empezamos a meter en la primera felechal del día. Algunos hacía tiempo que no venían y otros soportan mal el calor y el grupo se va desperdigando. Cuando la cola del grupo va llegando a la mitad de las Foces del Burdio se encuentra con una perfecta hilera de montañeros esperando a reagrupar sobre una cornisa. Continuamos marcha.

Salimos de la niebla y continuamos ascenso hacia la Collada Maneda. Llevamos ascendidos unos 500 m y ahora ya empieza a pegar el sol. Cuando los últimos llegamos a la collada (1.160m) apenas nos da tiempo a decir hola y hasta luego. Un grupo de 7 decidimos hacer una ruta alternativa bajo la dirección de Lito, un paseo un poco más relajado, con menos desniveles y un descanso para las rodillas. Los demás inician su ascenso hacia El Cuetón, les quedaban unos 600 m de ascenso y muchos más de descenso.

A los pocos metros de empezar nuestra alternativa, se ve al fondo de una canal la carretera. Se sugiere bajar esa canal, cruzar el río, y en nada estamos en Poncebos. La alternativa original nos llevaría a Poo de Cabrales, e ir en ALSA a Poncebos, andando o en Land Rover se nos complicaba. Ese era el gran problema que teníamos al inicio de esta ruta. Vamos canal abajo, entre felechos, rocas, caminos que se pierden a momentos, pedreros... Seguimos el curso del Rio Pradón (según dice mi nuevo gps) en un descenso bastante pronunciado. El ver al final la carretera te da la sensación de cercanía, pero es solo eso, sensación. El calor aprieta y la bajada es mucho más dura de lo que parecía. Bajamos en total unos 800 m hasta llegar al Río Cares.

Tiene mucho caudal, más de lo esperado, y 3 de nosotros ni bajamos a la orilla. Alfredo intenta cruzarlo pero enseguida se da cuenta de la fuerza del agua y da media vuelta. Se vuelve a poner los pantalones y las botas y barajamos las opciones. 1- dar la vuelta por donde bajamos (descartada), 2- llamar al 112 (para un año que María no se federa...) y 3- intentar la salida hacia Arenas por el macizo que queda a nuestra izquierda (vemos la opción a través del gps, que aún recién estrenado vamos a dar ya por amortizado). Es un camino muy pendiente (en total una subida de unos 250-300 m) que a momentos se pierde entre las rocas y que está tomado por felecho, espinos, ortigas... Un día precioso para ir en pantalón corto.

Sufrimos a todos los niveles. No somos la sección de Alto Rendimiento, nos falta agua, desconocemos cuánto nos queda por delante o si podremos llegar bien, el ascenso parece interminable, teníamos ya la sensación de tener la ruta terminada y que nos esperaba una tarde de chigre... Hay nervios, tensión, cansancio, amagos de pájaras, pero sobre todo hay un gran aplomo y unidad montañera entre todos nosotros. De lo malo hoy no hay prisa por el horario del autobús y el grupo ya está avisado de nuestra odisea.

Después de mucho bregar entre felechos (de más de 1,75 m de altura en algunos tramos), oímos el ruido que parece de un tractor. Vemos el primer tejado y vacas. El tractor era una maquina segadora, y nos indican que a Arenas hay unos 20 minutos por pista asfaltada. Sacamos fuerzas de flaqueza y casi corremos pista abajo. Casi llegando a Arenas encontramos una fuente y ya sabemos lo que se siente al ver un oasis en el desierto. Nos refrescamos y continuamos camino. A los pocos metros vemos a nuestros compañeros caminando pista arriba a nuestro encuentro, se ofrecen a llevarnos las mochilas y nos dan ese respiro de tranquilidad de “estamos salvados”. Llegamos a Arenas donde nos esperan los demás con unas botellas de agua bien fresca, que se agradecen sobre manera.

Podemos sentarnos a comer un poco y quitarnos las garrapatas unos a otros (como en un documental de National Geographic) antes de iniciar camino de vuelta. 10 horas y media de caminata. Por suerte el gps era nuevo y no sabemos cuántos kilómetros o desniveles salvamos, y creo que no lo quiero saber. Es una alternativa que pasa al saco de ruta épicas para contar de cuando en cuando, o si se quiere la podemos poner en el calendario del año que viene.

PABLO

miércoles, julio 10, 2013

EN LA CATEDRAL DE LA NATURALEZA: ATRAVESAMOS DE OESTE A ESTE TODO EL BOSQUE DE PURUPINTU Y TERMINAMOS UNA GLORIOSA TRAVESÍA CON LA BAJADA POR LES CUERRIES



6 de julio de 2013
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En la programación del año está esta  ruta que el Grupo LAS XANAS ya hizo hace años. En aquella ocasión estábamos probando, con menos conocimiento y mucho entusiasmo y tanteamos el terreno para entrar en esta CATEDRAL con mayúsculas, CATEDRAL de la naturaleza, monumento no creado por el hombre, monumento habitado, refugio de muchos animales, monumento poco transitado por los humanos. Por lo tanto teníamos una alta expectativa sobre esta ruta y no nos defraudó a pesar de algunos inconvenientes “prácticos”.

En estas rutas de verano hay que madrugar para afrontar las primeras subidas con el mejor frescor posible. Así que a las nueve y veinte en Orlé dispuestos a empezar la travesía de bosque más ambiciosa que se puede hacer en Asturias. Repaso en mi memoria y no recuerdo otro recorrido de bosques de esta longitud, ni por supuesto de esta calidad. Subimos por el río de Enmedio, por buena sombra sin parar hasta la mayada de La Felguera. Luego queda un último esfuerzo para coronar Piedrafita, el extraordinario collado bajo La Crespa. Superamos 520 metros en poco menos de dos horas con el sol apretando ya con fuerza en este último tramo. Hacemos un pequeño tentempié, rápido, que ya está todo el mundo consciente de que la jornada es muy larga.

Esta vez dejamos el terreno limpio de antiestéticas peladuras. Siempre está la polémica de si se las comerán “los animalitos”. Tanteamos con prudencia el camino de bajada para no ir a la brava como en aquella otra vez. Estamos en el track y hay que seguirlo como una garantía. María José y compañía hacen su variante al Cuetón Les Travieses que requiere escalada para superarlo.

La descripción que traemos escrita de Guari, desde aquí ya no vale pues su aproximación es por la pasada Los Duernos que habría que explorar en otra ocasión. Bajamos por la  cara oeste de la Xerra de los Duernos. Señores, en diez minutos entramos en el bosque. José Ramón que va primero puede ver muy cerca una cierva. ¿Sería mucho pedir que los amigos que lo ventilan todo a voces entraran callados, por una sola vez, a este templo natural? Hemos dado con el buen camino que serpentea siguiendo aproximadamente la curva de nivel. Pasamos sobre varias riegas que vamos contando para estar seguros de la orientación en este intrincado y densísimo bosque.

Queremos llegar a una mayada limpia con dos cabañas que vimos desde Piedrafita. El camino, desechando desvíos y bajadas nos lleva en directo manteniendo prácticamente la altura sobre la cota de los 1200 metros. Encontramos las abandonadas cabañas. Las inscripciones talladas son de 1890. Estamos en Incós, en el centro mismo del bosque. A la izquierda la larguísima pared de la Xerra de Pandemules que nace en La Crespa, en el centro de la vaguada toda la grandiosa masa forestal de Purupintu y a la derecha el canto de la Llambría que se despliega, soberbia mole, hacia el suroeste.

Esquivando el altozano que cierra la mayá por su derecha accedemos al segundo mayau también con cabaña derruida. La tentación es tirar de frente al fondo del valle, a la riega Reigán. Pero afortunadamente lo estamos haciendo de libro en cuanto a orientación. Saliendo por la derecha, camino bien establecido, damos una amplia lazada que superando unos contrafuertes artificiales (tres en concreto, que sugieren algún cargadero de mineral o madera) nos acercan en descenso hasta el río Saolla, que es a donde queremos llegar. Cerramos el lazo sobre el mismo cauce del río que cruzamos para afrontar por la otra margen la remontada hacia las paredes de la Toral y la Llambria que se acercan formando la Foz, amenazando con cerrarnos cualquier paso.  Estamos en la cota de los 1000 metros.

El momento es especial: estamos entrando en la Foz. El río baja alegre para recibir las aguas de la Riega Purumandi y del río Reigán formando un naciente Semeldón que hará un largo recorrido hasta Valle Moro. Otra grandiosa y dura ruta para el recuerdo. Las foces son dos paredones verticales, cerrados por ollas excavadas en el lecho del río. Lo cruzamos a la otra margen. Sólo hay paso seco por el maserón que está en la pared derecha. Salimos a un gran ollón de agua transparente. Qué sitio para quedarse. Mi decepción es que el grupo continúa. ¡Señores, que el sitio merece una buena visita! Nos rezagamos para hacer fotos. El frescor del agua, la brisa que arrastra, la nobleza de la roca, las pequeñas cascadas, todo invita a buscar a la xana de la fuente.

Siguiendo el curso del río por una senda algo perdida y siempre en descenso llegamos a la cota más baja del bosque en La Huera. Unos ochocientos cincuenta metros. Volvemos a saltar por encima del Semeldón. Para encontrar la pista maderera que remonta a Collado Valleyu a unos doscientos cincuenta metros por encima. La remontada se hace dura con el calor de las dos y media de la tarde y la terrible humedad del bosque. El camino está entrecruzado de maderos que hay que superar con paciencia. Sigue siendo a pesar del esfuerzo una ladera en caída al fondo de valle repleta de fayas centenarias.

Desde Collado Valleyu la pista remonta en fuerte pendiente haciendo una amplia lazada a lo alto de la ladera, sin salir a la cumbrera. La pista sigue paralela a la Llambria que es una buena referencia. Superamos la riega Melendrera escasa de aguas. Algunos llevan rato mirando las cantimploras que con poca precaución llenaron poco. Les damos esperanzas sobre la fuente que tiene que funcionar en Llués (1.106 m.). Terminamos de remontar sobre las cuatro y media. Algunos calambres y cierto agotamiento en la cola endentecen la marcha del grupo. Los avanzados de la cabecera hace rato están repostando en el abrevadero que deja caer un chorrito de agua. Reflexión para pensadores: la importancia vital del agua. Sin ese chorrito que mana tímido de la fuente no somos capaces de nada. Casi tres cuartos de hora de espera y los últimos acaban por llegar.

Han remarcado: hoy “ola de calor”. Y es cierto que aprieta. No es la mejor hora para caminar. Pero hasta ahora hicimos casi todo el camino a la sombra. En ella seguimos cuando siguiendo la pista hacia el norte la abandonamos (938 m) antes de Los Llanos, justo en el Collado Cuadramoño, junto a una cabaña. Es casi la parte más difícil del camino pues no hay un sendero claro por la ladera. Vamos bien de hora: son las cinco y en hora y cuarto estaremos abajo. Es una larga bajada de antiguas praderías abandonadas tomadas por los helechos y las ortigas. Buen día para los “cachiparros”. Hoy al terminar tocará hacer revisión de la carrocería, por si acaso, que con estos bichitos no hay que jugar. Bajando despacio, buscando lo más suave, con las fuerzas justas, atentos al suelo desigual tapado por la hierba, esperando al de siempre que se perdió hoy también en la pista. Luego encima de esperarle se enfadará. Ya se repite demasiadas veces esta situación…

Acabamos embocando el río Les Cuerries, la “ruta pintoresca” según el cartel de la carretera, al que afortunadamente han añadido ahora otro de ruta MUY PELIGROSA.
           
Entramos al río. Baja haciendo cascadas y ollones. Es un río muy “cantante”. El sendero alrededor, desde hoy hitado, está bastante seco. Los resbalones de la otra vez fueron históricos. Pasamos por debajo de una inmensa losa proyectada por el camino y milagrosamente sujeta por otra piedra superior que la pisa y dos pequeñas rocas en su base. Es un milagro que no caiga. En la piedra más alta ha crecido una faya grandísima. Al poco tiempo el río se sume. El sendero ha ratos es plano, a ratos se inclina atraído por el cauce del río. En un árbol caído hacemos una gran parada para recuperar una “pájara” de buen tamaño. La glucosa hace su labor. Seguimos más lentamente.

Se está echando a perder el horario previsto. Pero las circunstancias mandan: dos o tres personas llegan muy tocadas por el esfuerzo y el calor. Volvemos a cruzar el río. (Al final me parece que lo hacemos unas siete veces). Hay varios pasos que hay que hacer descolgándose por la rama más cercana. Finalmente ya definitivamente en la margen derecha, empezamos a descender en serio. El agua ha vuelto a aparecer. Multitud de pequeñas cascadas dejan al desnudo la roca viva de color rojizo intenso. Al fayedo siguen el avellano, el humero y el fresno. Llegamos al paso del Escaleru, tallado en la roca y cubierto de un peligroso musgo. Lo recordábamos como una bajada temible. Pero hoy, seco, se hace bastante bien. Se ve la carretera de Beleño. Llegamos al fin al puente Les Cuerries.  Está a 357 metros. El descenso ha sido vertiginoso, 580 metros. Todavía hay que descender dos kilómetros en dirección Sellaño hasta el autocar. Mientras nos cambiamos, apresuradamente, el conductor nos informe que un grupo ha seguido andando a Sellaño, distante cinco kilómetros. Vaya moral. Son las siete menos diez. A la siete tiene que salir el autocar rumbo a la cochera.

Algunos protestan. La ruta era dura: casi veintitrés kilómetros en línea recta, y unos dos mil seiscientos veinticinco en desniveles acumulados, la convertía en una ruta larga de verdad, y de Alta Dificultad. Para montañeros expertos. Repito que el grupo ya la había hecho en siete y media. Hemos tardado dos horas más. Considerad el calor, la distancia, el desnivel, la poca previsión de agua de alguno, el tiempo perdido en esperar al perdido, los imprevistos en calambres, pájaras y cansancios. A la mayoría de la expedición le dio tiempo a llegar a Sellaño por sus medios. Otros, más limitados, necesitamos hora y media más. Pero tened en cuenta que cualquiera que sale con el grupo sea cual sea su condición física está bajo la tutela nuestra y nunca vamos a dejar a nadie a su suerte.

Lamentaciones aparte. La ruta que hemos hecho es extraordinaria de todo punto de vista. Hoy nos ha salido trazada con toda precisión, a pesar de ser un bosque de muy dificultosa orientación. No hemos comido al final, pero eso es algo que hacemos todos los días. El atravesar esta foresta extraordinaria, no. A pesar de todo estamos contentos y todavía impactados por la enorme belleza de los bosques y ríos que hemos cruzado.

El día 13 tenemos otro día fuerte: La subida al Cuetón desde Inguanzao, entrando por las extraordinarias Foces del Burdio. Luego, tras conseguir alcanzar la cima con un desnivel de 1.340 metros. Bajaremos a la majada de Ondón para coger la muy larga canal de Las Bobias y llegar a Puente Poncebos. (1.430 metros de bajada). Para esta ruta hay alternativa.

Recordamos a los que están apuntados para la ruta con pernocta en el Refugio de Collado Hermoso, que se está acabando el plazo para hacer efectivo el importe de esta ruta. Esperamos que los que no lo hicieron aún, lo hagan en la próxima ruta.

FRESINES
     

martes, julio 02, 2013

LAS XANAS EN OTRO “LARGO RECORRIDO”: TREPAMOS AL CAMPIGÜEÑOS Y EXPLORAMOS CAMINOS PARA BAJAR A DAÓN



29 de junio de 2013
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Si sales de monte con Las Xanas puede que la ruta sea tranquila o no, que sea larga o más larga todavía, pero lo que está fuera de toda duda es siempre hay emociones fuertes, incluso excesivas para algunos. Pero fijaros bien que la ruta estaba marcada con una “A”, y no de <“hAber” que pasa>, sino de Alta dificultad.

Lo cuento desde el principio. Apuramos al madrugar, apuramos al desayuno, apuramos al llegar a Orlé, apuramos al subir a Conforcos. La prueba es que vamos cuatro al final, y caminando a buen ritmo no enlazamos con la gente hasta la majada. Subimos como siempre por la margen derecha del Quixaes para algunos, Acebal para otros. Cruzamos los dos puentes de Vallu los Turoneros y Vallumasaltu y llegamos a la Casa-Refugio de cazadores en Conforcos. Hace buenísimo, pero la amable sombra que nos acompañó toda la subida, se va a acabar pronto. Nos agrupamos. La gente nerviosa quiere seguir, que es “ruta muy larga…” Tanto decirlo acabaremos por creerlo.

Todos doblamos para Melordaña. Todos menos dos despistados que se entretienen en sacar agua de la mochila. Cuando me doy cuenta en la zona del estrechamiento de las paredes no me siguen los dos últimos. Voces. Más voces. Llamada entrecortada de móvil. Parece que nos hacemos entender y rectifican que ya iban derechos a la Collada Capiella. El grupo estará nervioso arriba en la majada Melordaña. Siguen siendo dos hitos de la montaña asturiana: la subida por la foz con el agua adormeciendo todos los ruidos y la idílica majada de cabañas hechas de llávanas.

Seguir subiendo. Ahora a por la foz de Valloseru. Ya podemos calcular nuestros siguientes pasos: la ruda ladera del Collado Campigüeños nos espera. Poco a poco superando la cuesta. En la collada breve mirada a La Carasca. Y bordear el Alto Los Fuellos y La Magrera para atacar la cima por el Collado Pandón. Unos cuantos iniciamos el ataque en las rampas de La Magrera, paso montañero donde los haya. Trepada fácil y bonita que termina en una buena cortada sobre el valle de Daón. La atormentada geografía de Ponga claramente a la vista.

Un maravilloso día de sol acompaña nuestra llegada al pico. Descansamos. Firmamos, hacemos fotos, contemplamos, sobre todo contemplamos: La Mota Cetín, la caseta de la Llambria, el Central, el Pierzu, maravilloso el Tiatordos... La Crespa y la pavorosa caía a la Foz de Saolla por donde vamos a repetir el sábado próximo. Y mil montes más que llenarían toda la página.

Para bajar buscamos varias opciones: seguir al Fito Muniello parece opción sensata. Pero por el camino encontramos un corte “practicable”. Somos las Xanas. Ni lo dudamos. Se trata de bajar por una especie de tubo de hierba, piedra y tierra suelta. Algunos pocos nervios. Tenemos que pensar que hay gente que lo pasa mal en estas “xanadas” y que también vienen a disfrutar de la montaña. Total que por terreno tan roto  bajamos hasta una gran plataforma herbosa y dividiendo el grupo de manera espontánea unos bajamos por la izquierda y otros por otro canalizo a la derecha. Con seguridad y pasos medidos pasamos por un estrecho corredor hasta la siguiente panda y desde allí empezamos el descenso por más o menos la riega Les Bedules que desemboca en la preciosa majada Daón. Antes se nos cruza un rebeco que se para a veinte metros. Después escapa de los intrusos ruidosos. Luego pequeña pelea con las espineras. Por fin llegamos a la fresquísima fuente. Seguimos todo el valle abajo hacia la lejana estrechura que desde allí arriba se veía tan cercana y practicable.

Seguimos bajando con calma y cansancio. Son muchos metros de subida los de hoy, pero más los de bajada. Vamos enfilando la foz de la Escalada. No por conocida deja de llamar la atención su impresionante altura, sus verticales paredes llenas de canalizos para el agua, la cascada del Fito del Tiatordos ya no lleva agua. Este lugar es especial. El río, a la altura del “mirador” (pequeña valla metálica en un recodo) desciende en multitud de pequeñas cascadas. El rumor del agua es más fuerte que las conversaciones. Nuestra voz se acaba apagando en la muda contemplación. Vaya ruta de foces, majadas, colladas, y ríos estamos siguiendo. De Caso a Ponga las colinas aparentan suavidad que no es real. Si te das la vuelta y miras a la Becerrera San Pedro de donde venimos, de su pequeña cortada de la derecha te quedarás admirado del montón de repisas, pandas, lomas y recovecos que hemos superado.

Salimos de la foz. El terreno se hace más llano. Una pista sucede a la siguiente y ya cuesta mantener firme el paso que hemos superado las siete horas. Encontramos los pertrechos en medio de Taranes y guardamos energías para una última subida hasta el bar del pueblo que está junto a la iglesia. El bar es muy agradable con su sombrajo en el prado y sus vistas del Recuenco y Les Bedules. La tabernera también, aunque casi la volvemos loca con nuestras prisas. Prometemos volver. Para que nos recuerden con agrado entonamos mal que bien tres o cuatro asturianadas con más afición que fuerza.

Y así rematamos esta muy montañera travesía que nos ha dejado flojos de piernas pero llenos de moral. La vida del monte es así, hay que seguir.

Y como sobra moral estrenamos el mes de julio con otra de nuestras rutas de verano. Desde Orlé, otra vez, esta para subir por el río de Enmedio hasta la majada de la  Felguera para bajar por el bosque Purupintu al río Saolla y a su m-a-r-a-v-i-l-l-o-s-a Foz, lugar encantado, donde habita toda la fauna del bosque y los trasgos elaboran sus diabluras bajo los grandes castaños. Luego saldremos siguiendo el río para orientados por La Llambria encarar la bonita, pendiente y resbaladiza bajada de Les Cuerries. Es otra de las grandes del verano. Ah y tened en cuenta que tiene una A de lArgA. Otra cosa: Algunos pensamos que aparte bromas sobre la Q de calidad el grupo se debería esmerar más en no dejar el monte hecho un basurero cuando hacemos una parada. ¿sabéis lo que tarda en degradarse una piel de plátano? (lo pondré en la página de gmail). Buen verano a todos.

FRESINES