20 de
julio de 2013
Para
empezar un día soleado con una fresca brisa que invita al esfuerzo montañero.
Nueve y media de la mañana. Todavía algunos sobrevivientes de la durísima
alternativa al Cuetón, se animan a hacer nueva ruta por la muy atractiva Vega
de Socellares. Rodeada de dosmiles tiene una magia que nos atrae poderosamente.
Allá vamos, por el viejo camino de la mina. Tardamos una hora en llegar a las
Rebollosas cuatrocientos metros por encima del Puerto Ventana. No está nada
mal. El ritmo que hemos cogido, un sábado más, es intenso.
El
siguiente paso es atravesar por lo alto la Vega
Socellares. Siempre añoramos este remanso de paz, increíble
circo montañoso que cierra una placentera plataforma herbosa. Sin perder altura
pasamos al Collado Socellares. Ya hay siete en la Peña
Melluque. Y es un grupo que tiene ganas de hacerlo todo, de
subir a cualquier cresterío que se ponga por delante. Para subir a La Vega Los Pozos hay que remontar por
la encajonada canal que hay entre el Diablo Norte y la
Melluque. Más o menos nos esperamos pero la
verdad es que poco. Siempre pasa igual cuando estamos en terreno conocido y sin
problemas de orientación. Cada uno ha diseñado su propia programación de cuantos
picos subir, por donde bajar y en donde reunirnos para la bajada final. Y es
que el Grupo Las Xanas, siempre funcionó así.
El
grupo mayoritario tira con fuerza a los Huertos del Diablo Sur. El pico es un
precioso diedro alargado, con una silueta muy típica. Casi tocamos con la mano
el Ranchón, que alcanzaríamos fácilmente si fuera nuestro programa de hoy. Nos
separa el profundo tajo de la canal de Rolamuela. Lo dejaremos para una próxima
ocasión. Mila me dice que subió por ahí una vez y que está perfectamente jitado.
Decimos adiós a los imponentes Fontanes, al Prau y al Colines. Se adivina la Vega del Robezu, por donde anda el
amigo Jorge.
Bajamos
a Los Pozos para volver a subir al Huerto del Diablo Norte veintiséis metros
más bajo que su gemelo. En muy poco tiempo otra vez a la carrera. Foto a la hoy
mínima laguna Llaseiro en los Puertos de Agüeria. Es evidente la “suave” subida
al Peña Rueda desde la Vega Llaseiro. Una
preciosidad que hoy refleja verdor. Por el fondo discurre el río Lindes, que
inspira ternura como todo lo recién nacido.
Continuamos
sin desaliento. Han pasado dos horas y veinte minutos. Toca descender por
abrupto terreno. Hay una cima intermedia de 1925 que un grupito esforzado no
perdona. Luego, como no han tenido bastante, y fuera de programa, emprenden una
brava trepada al Peñón Ameno, interesante mogote vertical que requiere subir
concentrados por la buena caliza de este monolito. Los demás, más modestos,
cruzamos por la derecha hacia una colladita y un canalizo que nos deja a los
pies de Sobre el Prao la Silla. Sin
necesidad de subirlo emprendemos la larga cuesta del Tambarón que nos vuelve a
colocar en la cota de los 2000. Llevamos cuatro horas de incansable expedición.
Hay un pequeño artilugio de vigilancia de la guerra. José Juan acaba de
encontrar la vaina de una bala de 1934, del calibre 2,7. Testimonio de odios y
conflictos pasados. Estamos en plena borrachera de cumbres. Queremos otra más.
Y
bajando para volver a ascender suavemente nos acercamos al Campu Faya. Siempre
quise estar en este Pico. Por las cumbres y por su vertiginosa caída vertical,
tiene un algo de especial. Se abre a nuestro frente todo el Valle de Ricabo con
las poblaciones de Buedia, Nimbra, Rodiles, Ronderos, Rano, Muriellos y el muy
lejano Bermiego encastrado bajo el Pelitrón.
Ya
hay que pensar en el descenso. Desde este punto de la cumbre hay que descender 1.258 metros lineales hasta
Buedia. Así que seguimos descendiendo por el cordal. Primera estribación. La
Vallina Estrecha, segundo contrafuerte: la Vallina
Ancha. ¿Se llegará por aquí a la cercana pista? No hagamos
experimentos. Bajamos más por senderos de ganado hasta la fuente la Expriella, donde esperaban los que
bajaron por el Chozo Socellares. El frío chorro de agua refresca en un
agradable día de sol y brisa.
¿Por
dónde encontraremos el camino de La Foix?
Exploramos por la derecha y por la izquierda. No está claro. Al fin Luis
sentencia: “Me dijo Huerta que desde aquí hay que tirar al bosque y das con el
camino”. Efectivamente. Una bajada muy
vertical, resbaladiza en la rozagante pradería y acabamos dando con un caminito
jitado que penetra en el hayedo. Después de la solana, se respira frescor. La
riega Foix aparece en el recodo. Luego se sume el río y vuelve a aparecer mucho
más abajo. Descenso por el sendero, muy tranquilo, placentero. Estas sendas de
bosques veraniegos son un estímulo poderoso por los sentidos. Bajar en
silencio, es mi receta. No se cumple mucho y la verdad es que la buena
conversación es un aliciente más del montañero.
Cuando
el hayedo se va convirtiendo en bosque de ribera, es que estamos a punto de pillar la pista.
Albricias al fin un terreno en el que no hay que mirar por donde pisas. Vamos
por la pista a muy buen paso. Algunos cortan por el río las revueltas. Llegamos
a Buedia. Lito ha tenido el acierto de mandar subir al autocar hasta aquí. La
ruta nos ha llevado siete horas y media. Hemos disfrutado lo nuestro. Nos
lavamos en el río peleando con los tábanos de tamaño gigantesco. Y a concluir
en plan fiesta, por la alegría que nos supone estar en la montaña, el haber
subido unas cuantas cumbres, el placer de bajar por el bosque, lo grato de la
buena compañía. Comemos en Bárzana, sin prisas, que últimamente es casi una
novedad. La gente valora muy positivamente esta ruta. Creo que ha gustado
mucho. Los amigos de coleccionar cumbres se van mañana a la Torre de Cerrado con gente del Alpino.
Incansables.
La
última de julio la cerramos en ruta circular desde Maraña para hacer dos picos
de la Cordillera del
Mampodre: La Cruz y El
Convento. El año pasado la niebla nos echó de allí. Esta vez seguro que caen.
Apuntarse a tiempo. Nos vemos el sábado.
FRESINES