1 de
septiembre de 2012
En agosto hemos mantenido
un muy buen nivel montañero con objetivos ambiciosos en las Ubiñas y los Picos
de Europa pasando dos de ellas de los
2.300 metros. Hoy teníamos que tomarlo con más calma y para descansar se nos
presentó (la programación manda mucho) nada menos que el Cantu Cabroneru. Y
allí nos fuimos en viaje hasta Soto de Sajambre para coger la tradicional Senda
del Arcediano a la salida del restaurado lavadero de Soto. Por cierto el pueblo
luce precioso en este tímido sol de septiembre.
A
medida que vamos subiendo por el bosque más y más paisaje se asoma por la
lomera. La mayoría cimas conocidas: Jario, con Vegabaño a sus pies, Los
Moledizos, La Conia y Valdepinos. En la encrucijada tomamos el desvío de la
izquierda para terminar subiendo al
límite que marca la estratégica Peña Beza, dominadora absoluta de todo el
concejo de Sajambre.
Pasamos
junto a la fuente de buen agua. A su rebufo pasta buen ganado. Repostamos agua.
Dejamos la campera buscando el único paso practicable en las estribaciones de
Mesa, por la Canal de Misa. Es una corta tajada en el murallón precedida por
una calvera de tierra suelta. La subida por este tajo es fácil y corta. Salimos
a la majada de Los Llanos y ya tenemos toda la serranía a la vista. El
Carboneru es un auténtico canto alargado pero de escaso espesor especialmente
por su fachada este, por la vertiginosa caída que se desploma sobre la
desolación calcárea de Los Palomares.
Atacamos
la peña por su cara oeste. La subida es tranquila, siguiendo jitos y lazadas.
Los atajos merecen poco la pena porque lo que se pretende es superar cuanto
antes el gran desnivel hasta la cima. Llegamos a una collada entre los dos
picos. La verdadera cima de 1.996. éstá a la izquierda. Se sube echando las
manos para buscar el mejor paso entre bloques. Al final hay un buen corredor y
al llegar pierdes la respiración: todo el Cornión se puede ojear, desde el
Requesón a la Bermeja. Saludamos a la Peña Santa a la que dimos la vuelta hace
una semana. Desde aquí parece todo más fácil y bastante más rápido que lo que
pateamos ese día. Se llega a ver pequeñito, el nuevo refugio de Vega Huerta. Y
También, orgulloso, el central. Algo más allá la característica silueta del
Espigüete. ¿Desde que balconada se puede ver todo esto? Creo que sólo desde el
Cantu Cabroneru. Hasta aquí hemos empleado unas tres horas algo abundantes.
Salimos
por el mismo corredor de la subida. Nos dividimos. La mayoría del grupo ya tuvo
bastante. Despacito por el mismo camino a
Soto. Los siete fieles al programa siguen a la segunda cima del
Cabroneru. La vertical a Los Palombares es mucho más acentuada. Hay que
destrepar algo para buscar una canal de salida. Al final retomamos casi a la
collada entre cimas y descendemos por el estrecho canalizo que baja a la falda
de las Cebolledas.
Subimos
las Cebolledas. Es un pico de escasa dificultad. Su mérito: estar en medio de
dos colosos. Para bajar una curiosa canal meridional que retorciéndose salva el
acusado desnivel entre la cumbre y la base. Buena destrepada. Y entramos al Collado Llano. Fácil y pindia. A
las tres estamos en la falda de la Peña Beza. No parece muy practicable a la
vista. Buscamos el primer hito y a partir de ahí todo es muy fácil. Con algunos
desniveles en cortada que hay que superar trepando por la roca. Subimos como
si tuviéramos prisa. En doce minutos en
la cumbre. Lo cuento y no me lo creen.
Apenas
tiempo para hacer dos fotos de una sola tacada (aprende Peña). Miramos hacia
atrás: se ve una canal herbosa que muy, muy vertical baja desde la altiva cima
del Cabroneru. La dejamos para otro día, María José, no quieras agotar todas
las posibilidades en un solo día. Tenemos justo enfrente la Torrezuela por su cara
más difícil de escalar.
Para
bajar elegimos la directísima a Soto. Como no se ven más que precipicios nos
tiramos por la descendente cumbrera al Occidente. Exploradores por delante
estudian todos los descensos. No deben ser fáciles porque al final acabamos
otra vez en la Canal de Misa. Una hora escasa desde la cumbre.
Luego
a faldear por el monte para buscar la pista mucho más abajo. Estos chicos y
chicas parecen acostumbrados a bajar porque no dudan de tirarse ladera abajo
entre la maleza. Una media hora más. Luego a ritmo de trote a reunirse con el
grupo al que pillamos ya cambiándose junto al río. Las refrescantes aguas
tonifican nuestros acalorados cuerpos. Nos ponemos guapos para ir a comer. A la
sombra del merendero se está bien hasta que empieza a correr una fresca
corriente de aire que rescata los polares de las mochilas. Un día muy satisfactorio. Un mirador
esplendoroso con las soberbias vistas al jardín de Sajambre, el bosque de los
bosques de Picos. La vuelta muy entretenida con las intrigantes lecturas de Tere que tienen al
personal femenino soliviantado. El tema
da de sí para numerosos comentarios no todos bien intencionados, pero, señores,
en algo hay que pasar el rato y además este asunto se nos da muy bien. Al menos
en teoría que algún día de estos nos van a pedir que pasemos a la práctica y
hay será ella.
Para
el sábado día 8, fiesta de la Santina, tenemos una larga ruta que empezará en
la Collada Llomena para subir a la Collada Granceno y bajar luego hasta el
caserío abandonado de Llue, en el corazón más profundo de Ponga. Es una ruta
que tiene algo de misterioso y que merece la pena descubrir. Luego bajaremos
hasta los Beyos, por Puente Vaguardo.
FRESINES

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