lunes, diciembre 24, 2007

BELEN DE CUMBRES EN LA PEÑA PRIEDE

El pasado sábado fuimos a colocar el belén de cumbres de este año, a la Peña Priede, en el concejo de Piloña.

La ruta propuesta, comenzaba en el pueblo de Priede, pero a última hora nos dimos cuenta que la ruta desde ese punto, sería muy corta, y decidimos alargarla un poco con el beneplácito de todos los participantes. Por tanto, iniciamos el camino en La Piñera, poco antes de llegar a Sevares y casi en la misma carretera.

Atravesando todo el pueblo cruzamos el Río Color, para mantenerlo siempre a nuestra derecha, comenzamos a caminar por una pista con algo de barro, denominada RUTA DEL COLESTEROL, al decir del cartel que en ella encontramos. La pista se encuentra en buen estado y pronto comenzamos a encontrarnos con caminos que salen de ella y a los que no hacemos caso. En un momento determinado nos encontramos con una bifurcación, en la que la pista comienza a descender a buscar el río, mientras que un camino asciende a la izquierda. Como nos encontrábamos ya dando vistas entre los árboles, al Collado el Cabezu, decidimos seguir el camino en ascenso que tenía mejor dirección hacia donde pretendíamos ir.

Nos adentramos en un bosque y al llegar a una riega, nos encontramos nuevamente en la duda. En esta ocasión no hay caminos que seguir. Las alternativas son cruzar la riega a la derecha y subir por el bosque, o subir por la izquierda entre felechos pero con terreno libre. Decidimos seguir esta segunda opción y para que se vea que se trataba de una ruta de Las Xanas, comenzamos a penar por la dura ladera, tratando de alcanzar la cota que veíamos sobre nuestras cabezas.

Nos encontramos un primer sendero que seguimos hasta su desaparición. Continuamos el ascenso y un nuevo camino, este más marcado, nos hizo comprender que deberíamos haber tomado alguno de los caminos que habíamos visto en la pista. El sendero nos lleva a cruzar la riega y continúa un poco en descenso, para volver a tomar la dirección hacia arriba. Va haciendo eses para ganar altura más fácilmente, hasta que toma una dirección totalmente recta hacia lo alto. Vemos arriba la continuidad del empinado sendero y por él alcanzamos el Collado el Cabezu, justo a los pies de la Peña de Priede o los Foyos. Al otro lado del collado vemos las casas del pueblo de Priede y comprobamos que de haber empezado allí la ruta, ya la habríamos terminado.

Nos reagrupamos y continuamos camino cruzando el collado y buscando el sendero que serpentea por la ladera este de la peña. El camino está bien marcado y es imposible perderlo. Alcanzamos una horcada desde la que contemplamos un grupo de cabras que nos hicieron creer que eran rebecos y las abismales caídas hacia el Río Tendi y la carretera que se dirige a la Collada Moandi. Continuamos la subida buscando la cresta a la derecha, para alcanzar un nuevo collado desde el que ya en pocos casos alcanzamos la cumbre de la Peña de Priede, coronada por una cruz y un buzón de cumbres.

Ya sabíamos que la lotería no nos había agraciado con su primer premio, con lo que nos lo tomamos con tranquilidad y colocamos el belén bien parapetado entre buenas rocas, al tiempo que nos deleitábamos con un poco de sidra achampanada, turrón y mazapanes. Intentamos algunos villancicos y contemplamos el paisaje tranquilamente. Solamente habíamos empleado unas dos horas en la ascensión y teníamos todo el tiempo del mundo.

Realmente nos fuimos cuando el aire refrescó y nos obligó a sacar hasta los guantes. Fuimos siguiendo la cresta en dirección sur, salvando un promontorio, para llegar al inicio de una canal que descendía vertiginosamente. Aunque la canal parecía transitable, decidimos descender por la derecha hasta encontrar un hombro por el cual se hacía menos comprometido el descenso, aunque el sendero de las cabras tenía mucha piedra suelta y un buen abismo por la izquierda, pero sin mayores problemas. Abajo nos esperaba un collado del que partían dos senderos, uno por cada lado de la cresta. Nos decidimos por el de la derecha y fuimos contemplando las múltiples revueltas del Río Color en el fondo del valle. Otra horcada y enseguida damos vista a las casas de La Matosa, situadas sobre una collada a nuestros pies. Un suave descenso y alcanzamos las primeras casas del pueblo. Tras comprobar que el autocar no se encontraba allí, decidimos seguir bajando por la carretera de acceso al pueblo, hasta alcanzar la carretera de la Collada Moandi. Tampoco estaba allí nuestro transporte y no teníamos cobertura para los móviles.

Decidimos seguir por la carretera, camino de Sevares, hasta que conseguimos comunicar con el conductor y le dimos nuestra posición. Con todo y con esto, la ruta fue de unas cinco horas, tiempo normal para una ruta de Las Xanas en temporada invernal.

Para el próximo sábado tenemos ruta casi por la costa. Nos vamos al pueblo llanisco de Santoveña, para ascender a la Peña Llabres y bajar luego a Posada de Llanes. La ruta es:

Santoveña (90 m) – Ermita San Isidro (90 m) – EL Tilo (100 m) – Las Conchas (400 m) – Peña Llabres (689 m) – Valle de Llabres – Collado La Prida (314 m) – Senda la Casa el Cura – Lledías (55 m) – Posada de Llanes (52 m)

Una sencilla ruta para acabar el año. Aún nos sobró algo de turrón para degustar en este día. Un aliciente más para que os apuntéis a esta ruta cómoda y que sirve de cierre a un calendario amplio, variado y creo del gusto de todos. Esperemos que el próximo se le parezca.

Que paseéis una muy buena velada en esta noche entrañable y que la Navidad os sea propicia.

miércoles, diciembre 12, 2007

SOLO FALTO LA NIEVE

Frío, calor, agua viento y sol. Solo nos faltó la nieve para completar los elementos más usuales en la montaña. La climatología sigue persiguiéndonos y está dispuesta a no darnos tregua. Pero nosotros no nos doblegamos y a pesar de todos los elementos, seguimos firmes en nuestros propósitos y no cejamos hasta alcanzar los objetivos que nos proponemos.

En esta ocasión la ruta era sencilla. La ascensión al Monsacro no tiene complicaciones y aunque hicimos la ascensión por un sitio nuevo para nosotros, tampoco hubo ningún problema. En la Foz de Morcín, comenzamos a caminar a la altura de la iglesia con dirección oeste, mirando a nuestro objetivo. Por entre las casas alcanzamos el final del pueblo y aquí, junto a una fuente, sale un amplio camino en la dirección contraria a la que se encuentre el Monsacro. Debemos seguir por dicho camino en ascenso y entre árboles, hasta conectar con la carretera que sube desde la Foz a Otura.

Seguimos por la carretera que vuelve a llevarnos en la dirección correcta y en amplias revueltas va alcanzando altura. En Otura, junto a una casa rural muy bonita, veremos un cartel indicador que dice: “PA LES CAPILLES, TODO PA ARRIBA”. No nos queda más que hacerle caso y seguir el camino que nos indica, pese a que comienza a llover con ganas. Pronto encontramos un desvío. Seguimos de frente obviando el camino que sigue a la izquierda y que muere en una casa un poco más arriba. Ya no hay pérdida. El camino va dibujando amplias revueltas que ascienden por la ladera de la montaña, entre estaciones del vía crucis marcadas en las peñas y en las que los peregrinos hacen sus oraciones el día de la fiesta que se celebra en la Vega Les Capilles todos los años.

Alcanzamos un recodo casi arriba, en el que un tejo nace directamente de la roca. Alguien preguntaba que quien fue primero, si el tejo o la montaña.

Alcanzamos el collado y vemos frente a nosotros una hondonada por la que sigue el camino, pero no es ese el rumbo que nosotros seguiremos. A nuestra izquierda (oeste), tallado en la roca, se aprecia un sendero por el que vamos remontando en zigzag, hasta alcanzar una nueva pradera por la que vemos discurrir nuevamente el camino anterior. Descendemos un poco para alcanzarlo y ya por él, llegaremos a la Vega Les Capilles, donde podremos ver la Capilla de Santiago de forma octogonal y al sur, un pequeño lago artificial y una cabaña en el centro y otra capilla de forma rectangular, la Madalena, al norte. Precisamente junto a esta última capilla se encuentra el camino que procedente de Los Collaos, sube en un sinfín de zigzag, hasta este bonito lugar.

Un nuevo chaparrón nos dejó mojados como sopas. Además el fuerte viento hizo que no sirviese de nada los medios que teníamos para evitar la mojadura. Pese a todo, alcanzamos la capilla de Santiago, donde encontramos a un grupo de Morcín, acompañados por el Presidente de la Federación, Rionda.

Después de un corto descanso, reanudamos la marcha por detrás de la capilla, para acercarnos a la cresta de la montaña, dando vista al Aramo y a la zona de Viapará. Siguiendo las marcas amarillas pintadas en la roca, alcanzamos primero la cumbre denominada La Fayona y a la que yo agrego “del este”, para poder diferenciarla de la otra Fayona que se encuentra en el oeste, una vez pasado el Romiru. Entre tanto, el resto del grupo alcanza el objetivo del día, y ya se les ve en la cumbre del Romiru o Monsacro, hacia el que dirigimos también nuestros pasos. Las vistas de ambas cumbres son idénticas. Por el sur, el Aramo, hoy cubierto de negras nubes que amenazan lluvia, y las praderas de Viapará. Más al fondo se vislumbra la Cordillera. Por el este, La Foz y el cresterío de las Peñas Garcillero y Manteca. Mientras por el norte tenemos les Capilles, el embalse de Alfilorios, la Térmica de Soto de Rivera, Oviedo y la sierra del Naranco.

Dejamos pronto la cumbre, ya que la amenaza de lluvia era inminente. Justo cuando comenzábamos a bajar, una fuerte ventolera nos obligó a acercarnos al suelo para evitar las fuertes embestidas. Cuando el aire aflojó, continuamos con el descenso, buscando por el oeste la canal existente entre el Romiru y la Fayona Oeste y que se dirige casi vertical, hacia Viapará. Pese a su inclinación, no tiene problemas. Hay que ir buscando las terrazas de hierba y piedras, hasta ganar la boca de la canal. Luego el sendero existente nos llevará hacia donde necesitemos, ya que sigue a izquierda y derecha para poder ir hacia los dos lados. Nosotros seguimos a la derecha, oeste, para comunicar con el camino que pronto entronca con la pista que a su vez desemboca en la carretera que se dirige al Angliru y por la que en poco tiempo llegamos al aparcamiento del área de Viapará, donde se encuentra nuestro autocar.

Como ya sabéis, el próximo sábado no tenemos salida ya que celebramos nuestra Cena Anual de Hermandad, pero para el siguiente tenemos una interesante ruta por tierras de Piloña, para poner el Belen de Cumbres en el Pico Los Foyos. La ruta es:

Priede (332 m) – La Collada (400 m) – Peña La Prida (520 m) – Pico Los Foyos (615 m) – Collar Llaciu (452 m) – Pico la Cuesta (494 m) – Collar la Roblosa (458 m) – El Xerru (334 m) – La Matosa (313 m).

Ya estamos guardando plazas para esta ruta en la que no faltará el turrón. Si tienes interés en hacerla, no lo dejes para muy tarde, que te puedes quedar sin plaza.

lunes, diciembre 03, 2007

NIEBLA Y AGUA POR PILOÑA Y SOBRESCOBIO

Parece que se nos acaba la buena suerte y comenzamos a tener días malos en las rutas. Este ya es el segundo seguido que no hacemos la ruta como es debido. El día anterior el tiempo fue estupendo pero el sábado todo se torció y la climatología nos jugó una mala pasada.

Iniciamos la ruta en La Marea, un pueblo a unos 11 kilómetros de Infiesto, por la carretera que va de la capital de Piloña a Campo de Caso. Junto a la iglesia, que se ve desde la carretera, parte un buen camino que pronto comienza a empinarse. Sin hacer caso a los caminos que nos van saliendo, casi todos en descenso, continuamos la subida por el principal, muy embarrado y que va pasando entre cabañas, algunas muy deterioradas.

La subida es dura y el barro la endurece aún más. Vamos entre árboles y con un manto de hojas en el suelo, en las zonas en las que el barro no es el dueño del lugar. Alcanzamos le Collado Texeu casi sin saber por donde estamos. Lo espeso del bosque, la lluvia y la niebla, no nos dejan ver nada. Y encima tenemos que mirar constantemente para el suelo para no quedar pegados en el barro.

Un nuevo collado, el Árbol, más abierto y con algo de visibilidad entre las nubes, nos permite cerciorarnos de que nos encontramos muy cerca de la Carba, nuestra cumbre de hoy, que decidimos no hacer. El tiempo no nos da opciones y ante las dudas, aprovechamos la presencia de unos cazadores para conocer el mejor camino hacia Rioseco.

Por una amplia y marcada pista de piedra, nos dirigimos a la majada de la Carbazosa y desde aquí fuimos subiendo por la izquierda y por un poco marcado sendero, hasta la campera cimera y desde allí, rodeando la Carba por su izquierda, alcanzamos el collado Unqueru, donde encontramos las marcas de un sendero de gran recorrido. Buscamos la cabaña un poco más abajo del collado y siguiendo el sendero marcado con las rayas blanca u roja, fuimos descendiendo en grandes resultas y entre las cabañas de Espines y Felguera, hasta el fondo del valle del Río Güergu, donde una muy buena pista, ya de hormigón, nos facilitó el paso hasta Rioseco, donde pusimos punto y final a esta ruta. Tengo que decir, que en la última parte de la misma, dejó de llover y cuando llegábamos a Rioseco, quiso despuntar el sol.

Para el próximo sábado día 8, tenemos ruta por las cercanías de Oviedo. Nos vamos a la Foz de Morcín para ascender al Monsacro. La ruta es:

La Foz de Morcín (200 m) – Otura (500 m) – Cantu la Sierra (814 m) – La Fayona este (885 m) – El Romiru (1.055 m) – La Fayona oeste (1.057 m) – Canal de Covariella – Viapará (669 m)

Como siempre, ya estoy esperando vuestras llamadas. Igual, si tardáis un poco, os quedáis sin plaza para realizar esta bonita, fácil y entretenida ruta montañera, por un lugar entrañable de la historia de nuestra tierrina.

lunes, noviembre 26, 2007

NIEBLA, AGUA Y NIEVE, PARA SUBIR AL CALDOVEIRO

Así fue. Las primeras nieves de este invierno se produjeron esta semana y a nosotros nos tocó padecer los rigores invernales después de un prolongado espacio de tiempo con buenas temperaturas. La ruta de este sábado la realizábamos por terreno de sobras conocido y no hubo dificultades para poder hacer cumbre.

El autocar nos dejó poco más allá de las cabañas de los Gollones, dirección Villabre. Justo en el comienzo de una pista por la que iniciamos el recorrido. La pista va subiendo suavemente entre prados y diseminadas cabañas. En algunos tramos, el exceso de barro nos obliga a saltar a los prados para continuar la marcha. Poco más arriba, la pista se convierte en camino empedrado. Es le denominada Camín Francés. Un antiguo camino de herradura que se dirige por el Alto Santiago, Cueva Llagar, Linares y Trubia hasta Oviedo.

Lo que al inicio de la ruta era agua, se iba convirtiendo en nieve a medida que alcanzábamos más altura. En el collado anterior a la laguna de la Tambaina, la nieve era abundante y el suelo ya tenía 6 o 7 centímetros cubiertos (centímetros de verdad, no de los de la tele). Aquí iniciamos la ascensión al Caldoveiro, dejando a nuestra derecha el camino que continúa hacia el Alto de Santiago. Algunos jitos nos conducen por lo que a veces parece un sendero entre las piedras que pueblan el suelo. La nieve se hace acompañara ahora por el aire y la ventisca nos pone las cosas un poco más complicadas. De todos modos en poco tiempo logramos alcanzar la cumbre y accedemos al vértice geodésico y la cruz con buzón montañero, que la adornan.

La climatología es adversa y pronto abandonamos esta atalaya. Sobre la marcha decidimos volver por el mismo camino y bajar a Villabre por la carretera, dejando para mejor ocasión el descenso por Cadupo.

Así lo hacemos y entre una copiosa nevada emprendemos el descenso.

Al alcanzar la carretera, tanto la nieve como el agua, nos dieron un respiro y descendimos hacia Villabre sin más contratiempos. Incluso el día parecía querer mejorar. Pero solo fue una ilusión y el agua esta vez, siguió cayendo. No hizo falta llegar a Villabre. El autocar nos esperaba un poco antes y así pudimos dar carpetazo a luna corta ruta, por las anomalías climáticas.

Para el próximo sábado tenemos salida a tierras de Piloña y Sobrescobio para ascender al Pico La Carba. La ruta es:

La Marea (320 m) – Les Mueles (555 m) – Texeu (719) – Mayaín L’Árbol (772 m) – L’Esprón (935 m) – Unqueru (1.08 m) – Picu la Carba (1.132 m) – Espines (950 m) – Felguera (745 m) – Valle Río Güergo – Rioseco (390 m)

La inscripción está abierta y quedan pocas plazas. El que no ande vivo se quedará en tierra. Espero vuestras llamadas.

Queda una semana para que los socios del Grupo de Montaña me mandéis los candidatos al premio que todos los años otorga el grupo a aquella persona que se distinga por alguna cualidad especial. No dejéis de enviarme cubierto el resguardo que previamente os envié. Lo mismo ocurre con la inscripción de la cena. Toda aquella persona colaboradora de alguna forma con Las Xanas, que esté interesada en asistir a la Cena de Hermandad que se celebrará el próximo día 15 de diciembre, que lo comunique a cualquiera de los teléfonos habituales.

lunes, noviembre 19, 2007

TODO SOMIEDO

Así es. La ruta de este sábado pasado fue la de todo Somiedo. No por andarlo entero, pero si por las vistas que nos proporcionó la modesta Peña Blanca.

La Peña Blanca es una cumbre que desde el pueblo de Perlunes tiene toda la apariencia de una buena montaña, mientras que subiendo por Aguino, tres kilómetros antes en la carretera que viene de la Pola, no es más que una loma de escasa entidad. Pero sea cual sea su apariencia, lo cierto es que es de gran vistosidad.

El autocar nos dejó en Aguino, un pueblecito instalado en una hondonada a tres kilómetros de Pola de Somiedo. La estrecha carretera sube vertiginosamente durante dos kilómetros para después descender un kilómetro en caída libre, sorteando cerradas curvas. Las calles del pueblo, hormigonadas recientemente, se esparcen a derecha e izquierda. Traspasado el puente a la entrada del pueblo, por la izquierda continúa la carretera con dirección a Perlunes. A la derecha se dirige a otro barrio y de frente, pasando junto a la pequeña capilla y el cementerio, comienza a subir nuestro camino. Atravesado el pueblo, cruzamos un puente sobre el arrollo y seguimos todo hacia arriba. Es fácil de interpretar esta parte de la ruta. Todo subir por el centro del valle sin desviarnos a ninguna parte. Arriba nos espera el Collado de Aguino, una pradería que se abre a las tierras de Belmonte. Vemos la Peña Manteca y todo el cordal de San Lorenzo por el norte. Mirando al sur, toda la montaña somedana aparece ante nuestros ojos.

Nuestro camino, que lo hay, se dirige al oeste a la base de la Peña Vildeu pero sin subir a ella. La pasamos por la izquierda, por encima de unas rocas calizas que se desprenden de la peña y buscando el sendero que ve evitando las escobas. Nos situamos en el Collado Vildeu y seguimos en suave descenso, buscando la siguiente collada cubierta de fayas que en esta época tienen un magnífico color otoñal. Atravesamos el pequeño bosquecillo y entre brezos volvemos a subir para alcanzar la cresta de los Collaos, una pradera con muchas escobas por la que es fácil discurrir, si seguimos el sendero que ahora toma dirección sur.

Frente a nosotros la Peña Blanca, la Mochada, el Mocosu. A la derecha vemos el pueblo de Villardevildas al amparo de la muralla de la Fanarrionda, el Cabril y el Cogollu. Un poco antes Cores, del que parte una pista a buscar la collada que adivinamos al otro lado de la Peña Blanca.

Nuestro sendero se dirige a una pequeña hondonada, siempre en la cuerda del circo de Montegrande, desde la que comenzamos a subir a la Peña Blanca por una tapizada ladera. Una pequeña cresta que da vista al valle del Río Pigüeña, y alcanzamos nuestro objetivo junto a un montón de piedras que hacen las veces de buzón montañero.

Mantenemos las vistas que traíamos y las aumentamos con un trozo de la Peña Negra y casi todo el Aramo. También el Cornón se une a la fiesta con su puntiagudo cono. El día es espléndido y la temperatura agradable. Nada que ver con la helada que hay en el fondo del valle, en Aguino, que lo vemos allí abajo minúsculo.

Después del merecido descanso y de hacer las fotos pertinentes y cubrir la tarjeta, continuamos ruta para asomarnos a la cumbre sur de la montaña, para ver allá en el fondo, a Perlunes, nuestro próximo objetivo. Por la misma cara iniciemos el descenso para alcanzar primero la Collada Carabineu y descender por el Tornu a Perllunes.

Merece la pena darse un paseo por este bonito pueblo somedano. Es muy interesante el ancestral aprovechamiento del agua que aquí se hace. Por medio de canales se suministra el preciado elemento a las fuentes, lavaderos, molinos y para las olleras, unas fresqueras en las que se guardaban los productos perecederos y principalmente, los derivados de la leche. Aún hoy se puede apreciar este complejo acuático.

Continuamos por la carretera rumbo a Aguino, atravesando un bonito desfiladero, el Furau. El sol nos acompaña hasta la entrada al pueblo donde la helada de la noche anterior se mantiene. Continuamos por la carretera ascendiendo el empinado kilómetro que nos separa del collado que en el pueblo llaman de Aguino, para descender luego las múltiples revueltas de la carreterita, hasta alcanzar la capital del concejo, donde dimos punto y final a una bonita ruta por el Parque Natural de Somiedo.

El próximo sábado nos vamos a tierras de Teverga y Yernes y Tameza. Nos espera la pelada cumbre caliza del Caldoveiro. La ruta a seguir es:

Puerto Marabio (1000 m) – Los Gollones (950 m) - Camín Francés – Cuviellas – Vueltas de Cuviellas – Alto de Tambaina (1.200 m) – Pico Caldoveiro (1.354 m) – Laguna de Cadupo (1.195 m) – La Llana (710 m) – Villabre (640 m)

Está abierta la inscripción para esta ruta. No lo dejes para mañana o te puedes encontrar sin plazas. Es una ruta sencilla y cómoda sin problemas ni cosas raras. La cuanta para pasar una jornada agradable en una zona muy acogedora. Espero vuestras llamadas.

Os quiero recordar que sigo a la espera de las solicitudes de décimos de lotería de Navidad de la que juega el Grupo, así como para apuntarse para la Cena de Hermandad que celebraremos el próximo día 15 de diciembre. Todos los que estén interesados en una u otra cosa, deben ponerse en contacto con alguno de los teléfonos habituales.

lunes, noviembre 05, 2007

UN PASEO SOBRE LAS NUBES

Así fue la ruta del pasado sábado por tierras de Proaza. Pese al anuncio de buen tiempo, la mañana se despertaba con los cielos cubiertos y no fue hasta las cercanías de Aciera, cuando vimos que comenzaba a despejar. Más bien nos daba a entender que quería despejar, pues la ruta rumbo a la Collada de Aciera, la iniciamos con el cielo cubierto y entre la niebla.

Así transcurrió la primera parte de la subida por los lugares de El Llano y Pirueño. Ya cerca de la collada pudimos ver por primera vez el peñón rocoso de la Sierra de la Verde. Abandonamos el camino de la collada y comenzamos a subir con dirección a la pared caliza que parecía querer jugar al escondite, ya que tan pronto la veíamos, como se escondía entre las nubes. Pero este juego duró poco y antes de llegar a las inmediaciones de la roca, se despejaron las nubes y nos permitieron disfrutar de un paisaje precioso, que nos acompañaría durante todo el día.

Mientras que Quirós permanecía despejado, el resto de la zona norte de Asturias desaparecía bajo el blanco manto de las nubes. Ya con la visión de la peña aclarada, dirigimos nuestros pasos a las canales que se abren en la roca y más concretamente, a la canal que hay más a la derecha, norte. Para ello, seguimos el sendero, a tramos bien marcado, que va subiendo por entre los retazos de pradera cubiertos de tojos. Una vez en la canal, todo es seguir el marcado sendero que se va retorciendo en busca de los mejores pasos. La subida es dura, pero el camino nos la facilita. El sendero atraviesa la canal de uno a otro lado hasta que se desvía a la izquierda para subir después en multitud de zigzags, por el resto de la ladera, hasta alcanzar una especie de collado herboso, en el que damos vista a la pared occidental de la peña. Allí abajo, vislumbramos la carretera de Proaza a Quirós.

Nuestro rumbo varia al norte, derecha, en busca del cono rocoso que aparece en primer término. El sendero circula por el oeste, bajo los desplomes del peñasco y va ascendiendo hasta coronar la cumbre del Cueto Mar, al lado del vértice geodésico. Las vistas son las consabidas: el norte cubierto de nubes y solamente libres la cercana Sierra del Aramo y la Sierra de Tena al este. Mientras, por el sur, un sinfín de cumbres completamente despejadas. Ubiñas, Rueda, Sobia, Gradura, Puerto San Lorenzo y ya en el oeste, las calizas cumbres de Maravio: Caldoveiro, Pico Lobiu... Y el caserío medieval de Bandujo agarrado a la falda de las montañas.

Descendemos por el mismo camino para girar luego a la derecha, norte, poniendo rumbo a la segunda cumbre del día, el Pico La Verde, que no es otro que el siguiente farallón desde el que las vistas siguen siendo las mismas. Para alcanzar la Forcada, último mojón del día, descendemos de la Verde por su cara norte y vamos siguiendo el marcado sendero, que si estuviésemos en Ponga, llamaríamos sedo, ya que la estrechura del camino contrasta con las abismales caídas hacia la carretera y el pueblo de Caranga. Hay que circular con precaución, poniendo los cinco sentidos en lo que hacemos y sobremanera al llegar a la canal que hay que destrepar. Serán unos cinco metros, pero la pared es casi vertical. La ayuda de varios apoyos y escalones, le quitan problemas mayores al descenso. No acaban aquí nuestros problemas. Una inclinada playa de largas hierbas es el último escollo que debemos pasar para acceder, ya sin contratiempos, a la cumbre de la Forcada, la más alta de las dos que apuntan al norte de esta pequeña, pero entretenida y encumbrada sierra.

Desde la Forcada deberíamos poder contemplar a vista de pájaro el caserío de Proaza, pero como venimos diciendo, hoy se encuentra todo cubierto de nubes y solamente el algodonoso tapizado es nuestro descubrimiento desde esta cumbre.

Para el descenso desandamos un tramo del camino recorrido y en la amplia collada al sur de la Forcada, buscaremos un sendero bien marcado, que se desliza ladera abajo, este, en busca de la Collada de Aciera, que imaginamos, más que vemos, por debajo de las nubes. El sendero se sigue bien, aunque no hay mayores problemas si vamos campo a través. Alcanzamos una pista de reciente construcción y tras seguirla un rato hacia el sur, la abandonamos para descender por las praderas medio cubiertas de felechos, hasta alcanzar la pista que baja de la Collada de Aciera, en la zona conocida como Llindelafaya, lugar en la que en tiempos remotos existió una leprosería. Hoy solamente quedan algunas cabañas.

El camino desciende cómodamente hasta el bonito pueblo de Villamejin y tras atravesar sus callejuelas, alcanzamos la carretera, que en pocos minutos nos acerca a la capital del concejo, Proaza, por encima de las instalaciones de la central hidroeléctrica y muy cerca de la Senda del Oso.

Para el próximo sábado tenemos ruta por Redes. Nos vamos a Caliao para subir por los Arrudos hasta el Pico la Tabierna y descenso a Felechosa. El recorrido es:

Caliao (717 m) – Los Arrudos – Mayá la Robre (1.340 m) – Pico Coriscao (1.665 m) – Peña Tabierna (1.741 m) – Collado Tabierna (1.382 m) – Felechosa (675 m)

Al finalizar la ruta, iremos a comer a Piñeres, donde los que estén interesados podrán degustar un rico menú que allí tenemos encargado. Espero vuestras llamadas para asistir a esta bonita ruta.

En otro orden de cosas, comentar que los socios del Grupo de Montaña Las Xanas estaréis recibiendo estos días la comunicación que os envié, como en años anteriores, para que con vuestros votos sea elegida la persona que consideréis merecedora del trofeo que todos los años otorga el Grupo de Montaña. Premio que será entregado en el transcurso de la Cena de Hermandad que se celebrará el próximo día 15 de diciembre. A tal fin, en el mismo resguardo mencionado, deberéis indicar si contaremos con vuestra presencia en dicha cena. Por ello os ruego que en el resguardo pongáis vuestro nombre. Todas aquellas personas que de una u otra forma colaboran con el grupo o participan en las rutas por este fijadas, pueden participar también en dicha cena. Para ello deberán comunicarlo a cualquier miembro de la Junta Directiva del Grupo de Montaña.

Así mismo queda abierto el periodo de solicitud de décimos de lotería de navidad. Toda aquella persona interesada en jugar un décimo del número que juega el Grupo, deberá comunicarlo lo antes posible a cualquier miembro de la Directiva.

lunes, octubre 29, 2007

UNA RUTA PARA GOZAR DEL PAISAJE

La ruta del sábado por los límites entre Asturias y León, resultó, a la par que un poco larga, de lo más gratificante, gracias a la bonanza del día y a las estupendas vistas de las que pudimos disfrutar.

Para muchos el pensar en hacer una ruta por San Isidro sin coronar alguna de sus conocidas cumbres, puede parecer un paseo sin más alicientes que el de caminar, pero no es así. Salimos de Isoba con una mañana despejada pero fría. Además el camino estaba en una buena parte en sombra y hasta que no alcanzamos el Collado Pinzón, no pudimos deshacernos de las prendas de abrigo. Ya por el precioso Valle Pinzón, el sol nos comenzó a calentar, al tiempo que hacía brillar las otoñales hojas de los árboles, comenzando así, con el juego de luz y color que nos acompañaría gran parte de la ruta.

Atravesado el Valle Pizón por su límite oeste, iniciamos la ascensión hacia la marcada Muesca Brugu, un pliegue que se forma en la muralla que tenemos ante nosotros, y en el que se aprecia un indicador de zona de caza. La subida no es muy dura y el sendero se puede perder en algunos momentos, mientras que de vez en cuando, podemos apreciar algunos jitos que nos indican el mejor camino a seguir. Coronada la Muezca, un magnífico paisaje se abre a nuestros ojos. Un paisaje que nos seguirá durante el resto de la ruta.

Abajo a nuestros pies, la mancha verde de la Vega Pociellu rodeada de los bosques con su reluciente manto otoñal, cubriendo las laderas que bajan de los contrafuertes del Cantu del Oso, aún poco visible. Al norte y frente a nosotros, la poderosa muralla caliza del Tiatordos acompañada por la no menos agreste figura del Maciedome. Más al fondo y un poco a la derecha, la inconfundible silueta de la Peña Santa aparece con su caliza brillante, dando paso al resto de los Picos que se extienden más allá de los límites de nuestro marco.

Con pocas ganas de hacerlo, abandonamos este balcón tomando la cuerda que en ascenso se nos ofrece con rumbo este y coronamos la cumbre del Pico los Abedulosos. Tras dejar la tarjeta y hacer la foto, seguimos la arista pasando por varios picachos sobre una zona plagada de pequeñas lagunas, hasta alcanzar el Collado de las Lagunillas desde el que en un escorzo hacia el sur, dirigimos nuestros pasos hacia la cumbre del Pico las Cuerdas. Un pequeño descanso y retomamos dirección nordeste para aproximarnos al collado Zampuerna, una depresión desde la que es posible descender a la carretera de Las Señales, finalizando la ruta en el Sestil del Páramo.

Nuestro camino continúa ascendiendo la dura ladera del Pico la Bardera donde nuevamente las vistas de Tiatordos y el Cornión aparecen a nuestros ojos. La Vega Pociellu queda ya más al oeste y por el contrario, las vistas sobre el Cantu el Oso mejoran notablemente y apreciamos el porqué de su nombre. Una puntiaguda aguja se alza mirando al cielo, dejando en su cara norte un tremendo abismo.

Tras un corto descenso una nueva subida, esta vez al Mongallu desde el que podemos vislumbrar la vallada por la que desciende la corriente de agua que forma el Tabayón de Mongallu. Ya casi sin tarjetas para dejar en el resto de picachos, Moneu, Porrones, pasamos a media altura, para acceder a la base del Remelende y alcanzar su coronada cumbre en pocos minutos. La placidez del día, y lo poco que nos queda para finalizar la ruta, nos permite en esta cumbre apurar las últimas vistas, muy buenas las del Mampodre, y descansar arrimados al monolito del vértice geodésico. Luego, en un complicado descenso por lo pindio de la ladera y la humedad, que nos hacía resbalar a cada paso, completamos esta agradable ruta al alcanzar la carretera en lo alto del Puerto de Tarna.

Para el próximo sábado nos quedamos en nuestro territorio y realizaremos un bonito recorrido por la pequeña y agreste Sierra de la Verde, en tierras de Proaza. La ruta propuesta es:

Aciera (185 m) – Collada de Aciera (681 m) – Pico Cuetu Mar (1.194 m) – Pico La Verde (1.179 m) – Pico La Forcada (1.108 m) – Collada de Aciera (681 m) – Llindelafaya (600 m) – Villamejin (400 m) – Proaza (185 m).

Cómoda ruta sin grandes pretensiones, pero en una zona muy bonita y, si el tiempo acompaña, desde la que tendremos preciosas vistas del valle del Río Trubia. Si no la conoces, no te la pierdas. Espero vuestras llamadas y ojo, que si tardáis en llamar, es posible que os quedéis sin plaza. Os espero.

jueves, octubre 25, 2007

DE VUELTA A LA MONTAÑA

Tras el periplo vacacional, regreso a la montaña en la cumbre del Brañacaballo. Poderosa cumbre de la cordillera central en las inmediaciones del puerto de Pajares.

Partimos del pueblo leonés de Millaró, a un par de kilómetros de la carretera nacional que va del Puerto a Villamanín, tomando un desvío a la izquierda poco antes de Villanueva de la Tercia. El autocar de 27 plazas nos subió hasta el pueblo, un autocar mayor podría tener problemas para dar vuelta, lo que nos facilitó un poco la ruta que tampoco tiene grandes dificultades.

Del centro del pueblo parte hacia el oeste una amplia pista que en múltiples revueltas nos acerca a la cara sur del redondeado Brañacaballo o Pico Millaró. Dejamos las bifurcaciones que vemos a izquierda y derecha y ascendemos por la pista hasta que esta comienza a llanear para luego iniciar el descenso. Entonces nos salimos de ella para seguir campo a través en fuerte ascensión entre las escobas. Podemos seguir los restos de un sendero que se pierde a tramos y en el que de vez en cuando iremos viendo algunos jitos que nos indican el camino a seguir. De todos modos, no tiene pérdida, ya que no hay otro sitio a donde ir. Tras pasar una zona rocosa, alcanzamos la precumbre desde la que en poco tiempo llegaremos a una zona más llana desde la que ya divisamos el vértice geodésico que corona el Brañacaballo.

Esta alomada cumbre de 2.130 metros de altitud, nos ofrece unas maravillosas vistas de toda la montaña asturiana. Las Ubiñas, el cercano Esturbin, los Picos de Europa con la inconfundible Peña Santa, toda la zona de San Isidro y hasta el lejano y puntiagudo Espigüete, todos ellos se presentan a nuestros ojos junto a un sinfín de otras cumbres.

Tras las fotos de rigor, seguimos ruta por la cuerda norteña descendiendo a la Collada Cuajaura para ascender luego a la Carba, descendiendo nuevamente al collado Lambeta, para coronar finalmente la cumbre de la Peña Guazones o Celleros o Corralón, que los tres nombres pertenecen a este penacho calizo de 2.121 metros de altura. Casi tenemos las mismas vistas que desde el Brañacaballo aunque aquí vemos mejor la zona de los Puertos de Piedrafita con el Pico la Laguna en su parte oriental.

El descenso lo realizamos volviendo al collado Lambeta para coger la canal que se dirige al oeste y a cuyos pies contemplamos una buena pista a la que deberemos acceder para completar nuestro recorrido de hoy. Precisamente esta pista nos conduce ya siempre en descenso, al Valle del Cuadro, donde entroncaremos con la pista que se dirige hacia el norte a Braña Fría, lugar desde el que se inicia la dura ascensión al Esturbin. Nosotros seguiremos en descenso a la izquierda, para finalizar la ruta en Tonin de Arbás.

Para el próximo sábado tenemos ruta por la zona del Puerto de Tarna, visitando entre otras, la cumbre del Remelende. La ruta propuesta es:

Isoba (675 m) – Collado Pinzón (1.525 m) – Muesca Brugu (1.798 m) – Los Abedulosos (1.844 m) – Collada Lagunillas (1.764 m) – Pico Las Cuerdas (1.814 m) – Collado Zampuerna (1.712 m) – Pico La Bardera (1.872 m) – Pico Mongallo (1.849 m) – Pico Remelende (1.888 m) – Puerto de Tarna (1.486 m)

Una ruta por toda la Sierra de Mongallo en la divisoria entre Asturias y León. Una bonita ruta para los más osados. Espero que tu seas uno de ellos.

lunes, septiembre 17, 2007

EL TAPINON Y... CARRETE

Las tierras de Lena nos acogieron con un día espléndido. El sol brillaba con una preciosa luz sobre la caliza de las Ubiñas, cuando llegamos a Tuiza de Arriba. A pesar de ser solo las 9,30 de la mañana, ya había varios coches en el nuevo aparcamiento, al lado de lo que dicen va a ser algún día el centro de interpretación de las Ubiñas. Decir antes que nada, que el tema principal en el autocar, fue el de la reciente operación de nuestro compañero Adolfo al que deseamos una pronta recuperación, para poder sentir su compañía lo antes posible.

¡¡ Animo, Dolfo, y a por ellos !!

Salimos del aparcamiento por el camino que pasa sobre él, con dirección este y enseguida dejamos a nuestra izquierda la fuente que tanto agradecemos en los retornos a Tuiza. Seguimos el marcado camino que atraviesa los prados, cruzando hasta tres portillas que encontramos cerradas y dejamos de igual manera, y bajo las amenazantes y pindias laderas que descienden del Siegalavá. El camino se convierte en sendero y comienza a subir con dirección inequívoca, hacia el collado El Visu, a los pies de la Peña el Castiello, y desde donde tenemos unas estupendas vistas del valle que acoge a Tuiza y asciende hasta las vegas del Meicin para auparse a la emblemática Peña Ubiña. Alcanzado este punto, dejamos el camino que sigue de frente, por los Puertos de la Cruz en dirección a la Vega La Forcá y tomamos el que más a la izquierda, continúa en suave ascenso, dirigiéndose a la Peña Foxón, inconfundible con sus penachos de caliza amenazando con clavarse en el cielo. Por un antiguo camino, La Calear, sobre la falda de la Peña Foxón, vamos rodeándola hasta desembocar en un apacible valle, la Vega el Forcau. Aquí volvemos a dar vista a la amenazante ladera del Tapinón y nos hacemos una idea del camino que tenemos por delante.

Cruzamos el valle en el que vemos un lago artificial y con dirección noroeste, comenzamos la dura ascensión al Tapinón por los Camparones. Diremos que no hay un camino definido para la subida y por ello iremos buscando los mejores pasos, muchas veces los del ganado que pasta en estos lares. No es difícil la ascensión, aunque si que es dura. Todo es cogérlo con paciencia y poco a poco vemos como vamos ganando altura. Nuestra cumbre es la que se encuentra más a la izquierda de las dos que vemos, por lo que dirigiremos nuestros pasos al pequeño collado que se forma entre ellas.

Después de unas cuantas patadas, alcanzamos nuestro objetivo y nos situamos junto al buzón de cumbres del Tapinón. Su cara noroeste es una espeluznante caída en vertical sobre las Hoyas de Siegalavá. Una preciosa vista del Chegu y de los Puertos de Agüeria nos compensa del esfuerzo realizado. El día es estupendo y las vistas majestuosas. Cerca de nosotros, continuando por la sierra en dirección oeste, se encuentra el Siegalavá y mientras que llega el resto del grupo, nos acercamos a ver sus desventíos. Las cortadas a nuestra derecha son espectaculares y acongojantes. En un punto determinado en el descenso hacia la cresta de unión con el Siegalavá, una inscripción nos advierte de los peligros que podemos encontrarnos. No vamos más allá. Contemplamos la redondeada cumbre tan cerca pero tan lejos y disfrutamos por unos minutos de las vistas de todo el Macizo de Ubiña: Rueda, Huertos del Diblo, Prau, Fontanes, Castillines y las inconfundibles siluetas de Ubiña la Grande y Ubiña la Pequeña.

Es un deleite este mirador y no apetece nada iniciar el descenso, pero aún nos quedaba ruta y tras más de una hora de permanencia en la cumbre, comenzamos a bajar, haciéndolo por la cresta en dirección norte, hacia la Collada del Trave, poco antes de un pequeño lago que se ve más abajo.

Ahora es cuando entenderéis el título de esta crónica. El descenso es sencillo aunque empinado, pero cosas bastante peores ya anduvimos. Mientras los más rápidos descendían, Carrete buscó un paso un poco más a la izquierda para seguir por la cresta y llegar un poco más cerca del collado señalado. La ladera, igual que por la que habíamos subido, es de hierba y piedras sueltas. Entre la inclinación, la confianza y las piedras sueltas, Carrete tropezó y bajó rodando hasta que una piedra impactó con su cabeza parándolo. Creo que no hace falta que os explique la tensión de ese momento. Yo que le seguía no era capaz ni siquiera a gritar. Cuando vi que se paraba corrí a su encuentro para comprobar las lesiones que tenía. Un hilo de sangre bajaba de la coronilla. El impacto con la piedra le produjo una pequeña herida en la cabeza y varios rozones y magulladuras. Pero se encontraba bien. Asustado pero bien. María, que bajaba un poco más atrás, se hizo cargo del herido, dando muestras de su gran profesionalidad. Rápidamente se montó el “quirófano” y dos puntos de sutura evitaron que la solitaria neurona de Carrete escapase del abierto recipiente. Unas gasas y esparadrapos, estuvieron a punto de convertirlo en una momia. Después de unos instantes de nerviosismo contenido, se fue relajando y enseguida comenzó a ser el Carrete de siempre: hablaba y comenzaba a despotricar. Carrete ya está curado.

Por la manera que empleo en el relato, os podéis dar cuenta que aunque el susto fue muy grande, las consecuencias fueron pocas. Ayer hablé con Carrete por la tarde y me dijo que se encontraba bien y sin problemas tras la visita que hizo al servicio médico cuando llegó a Oviedo el sábado. Todo quedó en una anécdota sin más, aunque realmente pudo haber sido mucho más grave. Lo que nos hace comprender que no debemos relajarnos en ningún momento. En el lugar más insospechado podemos tener un tropezón que nos causa un accidente importante.

Pese a la notable recuperación del herido y haciendo caso omiso de su empeño en continuar la ruta, decidimos volver por el mismo camino por el que habíamos subido y retornar a Tuiza, dejando para otra vez, el resto de la ruta que teníamos prevista. Avisamos telefónicamente el resto del grupo que no se habían enterado del percance y también ellos decidieron dar la vuelta y todos juntos llegamos a Tuiza, donde comimos, en el emblemático bar del pueblo y pudimos constatar más firmemente la mejoría del herido al comprobar que en ningún momento había perdido el apetito y vimos como daba buena cuenta de las viandas que portaba y de las que pululaban por encima de la mesa.

Una ruta con anécdota para contar a nuestros nietos tras un magnífico día en el que a pesar de todo, pudimos disfrutar de un rincón incomparable.

Bueno, como muchos ya sabéis, estoy a punto de coger las vacaciones, por lo que durante unas cuantas semanas no saldré de monte y tampoco haré ninguna crónica. Seguramente que el blog quedará paralizado durante este tiempo, salvo que Jorge se decida y comience a mandarnos alguna cosa. Tampoco estaré para tomar nota de quien esté interesado en hacer las próximas rutas, por lo que para apuntarse a partir de hoy, debéis llamar a Lito a los teléfonos 985 78 67 75 ó 669 18 95 69 o bien a Jorge al teléfono 680 35 84 04. La ruta para el próximo sábado es:

Torrestío (1.360 m) – Collado la Corona (1.816 m) – Pico Ferreirua (1.976 m) – Collado Las Navariegas (1.753 m) – Braña de las Navariegas (1.590 m) – Cascada del Xiblo – La Focella (1.070 m) – Páramo (830 m)

La ruta es muy bonita y sencilla y parece que el tiempo va a acompañar. No dejéis de hacerla. Espero que lo paséis muy bien estas próximas rutas y hasta la vuelta.

lunes, septiembre 10, 2007

UN PASEO POR LAS FOCES DE SAOLLA

Las tierras de Caso y Ponga fueron nuestro objetivo este último sábado. De un tiempo a esta parte, los alrededores de Vallemoro son presa codiciada para el Grupo de Montaña LAS XANAS. Desde nuestra primera visita al antiguo pueblo, desde La Pesanca por Curueñu y Traslafuente, son varias las rutas que hicimos por estas tierras hasta la realizada el año pasado desde Sellaño, por el Sedo del Sameldón, a la majada del mismo nombre, para subir por la Cuesta La Morena y continuar hasta Vallemoro, con descenso por el Río Les Cuerries nuevamente a Sellaño.

Esta vez no alcanzamos Vallemoro, pero sí sus aledaños. Partimos de Orlé con un magnífico día de sol, buscando el valle del Río del Medio, para ascender a su lado por Vallu Baxu, Vallu Mediu y Vallu Altu, hasta la Felguera. Aquí variamos un poco la ruta por indicación de unos pastores y en vez de seguir a la derecha por Los Duernos, continuamos la ascensión hasta la Majada de Piedrafita, a los pies del Cuetón de Les Travieses y de La Crespa. Nos damos un pequeño descanso para recuperarnos de la dura subida y poder contemplar las estupendas vistas que este paraje nos depara, con la Llambria en primer término y el Cornión al fondo. Aprovechamos para situar nuestro itinerario y continuamos camino hasta el Collado Incós o de Piedrafita, un bonito lugar con cabañas en medio del Monte Purupintu. Aquí iniciamos un rápido descenso al fondo del valle a buscar primero la seca riega Purumendi que en un principio confundimos con el Río Saolla y ya muy próximos a la foz que se forma entre la Llambria y la Peña Toral. Con nuestra confusión y viendo un sendero que bajaba orillas del reguero, atravesamos por él la foz para darnos cuenta que nuestro camino debería haber pasado algo más a la derecha, este, al comprobar como el Purumendi se unía al Saolla después de la estrechura de la foz. Subiendo un poco por el Río Saolla alcanzamos el camino que viene de Rebollau y por donde en un principio teníamos previsto pasar.

Continuamos el descenso acompañando al río y siguiendo unas marcas verdes en las rocas, hasta un ensanchamiento en el que las perdimos. Sabíamos que había que subir a buscar el Collado Valleyu y comenzamos a caminar por el Monte la Llambria en busca de la pista que nos llevaría a él. Después de caminar un poco campo a través, nos topamos con una pista que nos condujo al camino. Duro camino. La amplia pista sube derecha en duras pendientes, hasta el collado a los pies de La Llambria. Un largo recorrido al este, atravesando el frondoso bosque la Llambria, nos conduciría al fin, a la despejado Collado Llués, en el que volvimos a hacer un alto para recuperarnos del continuado esfuerzo realizado.

Aquí ya se nos abrieron los espacios y recuperamos la visión de lo conocido. No en vano ya pasamos varias veces por estos lugares. Lo que resta ya es coser y cantar. Buscamos la Collada Cuadramoño para bajar al fondo del valle por el que discurre, cuando hay agua, el Río les Cuerries y ya por terreno conocido, atravesamos un sinfín de veces el seco lecho del río, hasta desembocar en el Escaleru, un descenso vertiginoso hasta el Puente Les Cuerries, donde un simpático cartel anuncia la ruta turística. Nos gustaría saber cuantos turistas se aventuran por esa ruta.

Finiquitada la ruta de las Foces de Saolla, podemos dar por concluidas las rutas duras de este año. No es que lo que queda sean paseos ya que aún hay cosas importantes, pero la dureza del verano comienza a descender y para el próximo sábado tenemos ruta por las Ubiñas. Nos vamos a Tuiza de Arriba para ascender al Tapinón. La ruta a realizar es:

Tuiza de Arriba (1.230 m) – Llamera (1.350 m) – Collada el Viso (1.538 m) – Foxón (1.600 m) – La Calear (1.650 m) – La Caliarona – El Tapinón (2.118 m) – Collado del Trave (1.845 m) – Braña de Corros (1.650 m) – Cheturbio (1.860 m) – El Bocarón (1.886 m) – La Plana (1.600 m) – Tuiza de Arriba (1.230 m)

Los valientes que aún tengan fuerzas a estas alturas de la temporada, tienen la oportunidad de realizar una de las cumbres emblemáticas del Macizo de Ubiña. Ruta muy alpina y a la que los más valientes pueden acoplarle la ascensión al Fariñentu. La inscripción está abierta. Os recuerdo que tenemos pedido el bus de 21 plazas y una vez cubiertas estas, los que lleguen tarde se perderán la ruta. La salida es a las 7 de la mañana de San Andrés. No dejes para mañana lo que puedas disfrutar hoy.

martes, septiembre 04, 2007

A LA CUARTA FUE LA VENCIDA

Si, era el cuarto intento que hacíamos para conquistar la cumbre del Cabezo Llerosos y finalmente lo hemos conseguido. Amaneció un magnífico día, completamente despejado, a excepción de la zona entre Infiesto y Arriondas, que se encontraba, como siempre, con niebla. Pero el resto del cielo mostraba un azul limpio, sin nubes por ninguna parte.

El autocar nos dejó en las inmediaciones del Centro de Interpretación de Los Lagos de Covadonga y allí comenzamos la marcha. Por la pista nos acercamos a Belbín, atravesando toda la pradera, para girar a la derecha al encontrarnos con el Cantón de Texeu. El sendero se sigue bastante bien y va atravesando pequeños regatos en los que la piedra desnuda es nuestro camino. La orientación es claramente este y con ligera subida, por lo que no debemos seguir ningún camino en descenso. Dejamos a nuestra izquierda la Majada de Brañarredonda para acercarnos a la de Parres, dando un pequeño rodeo por un intrincado y marcado camino hasta llegar al Collado la Muda y al poco a Camplengo Viejo, donde las cabañas cada día se encuentran más y más deterioradas. Por las praderas de Camplengo ascendimos al Collado Mediu que es el que vemos frente a nuestros pasos y se encuentra más cercano al imponente Jascal. Algunos valientes, Clemente, Silvio y Mariano, ascendieron de paso, a esta altiva cima.

En el collado abandonamos el camino principal para seguir otro secundario y más alto por la izquierda, norte, pero siempre con dirección este y bordeando los Jondones para alcanzar la preciosa Majada de Beresna desde el Collado la Cistra. Beresna se encuentra arropada en un hoyo y al lado de una inmensa cueva. Sus pequeñas cabañas, muchas ya destrozadas, le dan apariencia de poblado de diminutos. Pero las trazas del antiguo camino que aún se conservan, dicen bien a las claras de su importancia en tiempos pasados. Unas preciosas vistas del Cornión completan la estampa. Es una pena que se deje desaparecer esta y tantas otras majadas que pueblan nuestros Picos de Europa, la enseña de nuestro logotipo de Paraíso Natural. Los paraísos, para que lo sean, han de cuidarse y el cuidado no va solamente por sacar un provecho económico gracias a sus visitantes, hay que mantener lo que le da identidad y ente caso pasa por mantener lo que en otros tiempos sirvió para que este espacio natural llegase a nosotros en buenas condiciones. La prueba está en que aquellas majadas totalmente abandonadas, son pasto de la maleza que provoca su desaparición.

Pero no es este el momento de filosofar. Os estaba contando nuestras peripecias camino de Llerosos, al que ya sentimos mucho más próximo. Salimos de Beresna ascendiendo a la Horcada los Bueyes que es la collada que se forma junto al Joracao de Beresna y que nos dará paso al Llerosos, cuya mole ya tenemos ante nosotros. Una inmensa canal desciende por nuestra derecha. Es la Canal de Fuentes de Rama que baja hasta el Cares. La subida al Cabezo Llerosos la hacemos sin mayores problemas, siguiendo los jitos que van orlando el sendero que se dibuja en zigzag por la cara occidental de la montaña. La amplia cumbre nos recibe con un pequeño belén, un piole a modo de buzón montañero, y el monolito cilíndrico del vértice geodésico. Las vistas son asombrosas. Todo parece estar cercano desde esta cumbre. El Central, al este, nos muestra casi todas las cumbres. Echamos en falta el emblemático Urriellu, pero sabemos que poco más adelante podremos disfrutar de su inequívoca imagen. La profunda hendidura del Cares nos separa del pastel de cumbres de los Urrieles. Al sur, como un grandioso montón de piedras, el Cornión nos muestra su cara más abrupta. Un paisaje lunar forma la inmensa ladera plagada de picos que vamos desgranando como si de un racimo de uvas se tratase. Al oeste el cercano Jascal y adivinamos más que vemos, el tortuoso camino que hicimos para llegar aquí. Por el norte... nada. Las nubes lo cubren todo y amenaza con taparnos también a nosotros, lo que pone nerviosa a la expedición. Antes de partir de este maravilloso mirador, debemos situar nuestro próximo objetivo, que no es otro que el colladín verde que vemos a nuestros pies con ligera dirección noreste y por debajo de otra franja más alargada y también del mismo color. Debemos orientarnos desde la cumbre, ya que cuando empecemos a bajar lo perderemos de vista. Es fácil de distinguir si conseguimos situar el Cuetón, ya que se encuentra entra media distancia entre los dos. Fijado el punto al que debemos llegar, descendemos nuevamente a la Horcada los Bueyes y vamos fijándonos en los jitos que nos ayudan a seguir el casi imperceptible sendero por una zona muy caótica en la que se entremezcla la piedra y la maleza. Subimos y bajamos bordeando, cuando podemos, los jous, o descendiendo hasta lo más profundo cuando no queda otro remedio. Después de un interminable sube y baja, vemos nuestro destino, el collado que nos da paso a la Majada de Beceña. Es una alargada pradera con dos cabañas. La vemos a nuestros pies en una hondonada. Una mirada al este y aparece el Urriellu. Descendemos a Beceña y recorremos la pradera en toda su longitud para salir por la parte opuesta, un collado que nos transporta a una sucesión de valladas paralelas unas a otras. La imagen del Urriellu nos acompaña. Vemos las cabañas de Ondón y comprendemos que tenemos que cambiar de valle para acceder a él. El paso al otro valle lo podemos hacer en varios puntos. Nosotros lo realizamos por un canalón casi vertical pero con buenos agarres y de fácil descenso. Llegamos a una zona de pradera por la que vamos bajando hasta que se cierra por las rocas. Giramos a la izquierda y pasamos a una zona de piedras sueltas por la que vemos algunos jitos. Los seguimos en ligero ascenso con dirección noreste y tras cruzar un pequeño collado, descendemos a la fuente de Ondón, en muy mal estado, y a continuación alcanzamos las cabañas de esta preciosa majada, desde la que deberíamos tener unas estupendas vistas del Urriellu, pero la niebla no nos lo permite. Un pequeño descanso para recuperar fuerzas y ya entre la niebla iniciamos la bajada de la Canal de las Bobias. Es fácil dar con ella. Solamente seguir el sendero marcado en la hierba que con dirección este y en descenso, nos sitúa en el inicio de la canal Luego todo es seguir el camino que serpentea en múltiples revueltas. Por cierto que lo encontramos muy diferente a nuestra última visita, allá por el mes de junio. Se nota que las tormentas y el agua hicieron un buen trabajo. Pasamos por la cabaña de Esmenadorio, dejando a la derecha el sendero que se dirige a Pregüeles. Más abajo pasamos cerca de otra cabaña, es La Rasuca. Abajo ya vemos los tejados de Camarmeña y poco después, caminamos por sus hormigonadas calles. Descansamos del fatigoso descenso, refrescándonos un poco en uno de los dos bares del pueblo, para continuar, ya por la carretera, el kilómetro largo que nos separa de Poncebos, donde nos espera el autocar.

Una preciosa y dura ruta de montaña. Dura por su longitud y por la gran cantidad de jous que se han de pasar. Es una ruta complicada y que demanda concentración para poder seguir el buen camino. Yo debo confesar que lo pasé mal y no la disfruté lo que hubiera querido. Una mala noche y algunos problemas estomacales, mermaron mis fuerzas. Pero quiero desde estas líneas, dar las gracias a todos los participantes en la ruta, por su preocupación por mi estado y en particular a los que estuvieron más cerca de mí y me animaron para poder concluirla con éxito. A todos, muchas gracias.

La próxima semana tenemos otra de las rutas que cambiaron de fecha. Nos vamos a Orlé, para por Vallu Baju, Vallu Mediu y Vallu Altu pasar por Purupintu y alcanzar la Foz de Saolla en las cercanías de la Llambria y seguir hasta la pista que une Vallemoro con Taranes para descender al Río les Cuerries y siguiendo su cauce, concluir en la carretera que une Sellaño con Beleño, en el lugar conocido como Puente Les Cuerries. La ruta es:

Orlé (660 m) – La Felguera (1.210 m) – Collau Friera (1.334 m) – Collá Los Duernos (1.423 m) – Pasada Mosquiton (1.428 m) – Mayada el Covallón (1.450 m) – Foz de Saolla (1.000 m) – La Huera (760 m) – Collau Valleyu (1.050 m) – Collado Llués (1.130 m) – Río les Cuerries (600 m) – El Escaleru (356 m) – Puente les Cuerries (300 m)

Tenemos pedido el autocar de 21 plazas. No dejéis para muy tarde el apuntaros que os podéis quedar sin plazas, como pasó la semana pasada. Espero vuestras llamadas.

lunes, agosto 27, 2007

ASCENSION A PEÑA ORNIZ Y... DESCENSO DE LA CERVATA

Antes De nada, deciros que nos encontramos todos bien y sin problemas. Este último sábado teníamos una sencilla y plácida ruta desde la Cueta a Peña Orniz, con final en Torre de Babia, después de sobrepasar la Cervata, una pequeña tachuela que hace collada con Orniz.

Comenzamos a caminar con un día extraño, climatológicamente hablando, con algo de sol y algunas nubes en los alrededores. La temperatura agradable y la pista señalizada en todo el recorrido del Río Sil, hasta su nacimiento. El camino va ascendiendo lentamente y casi sin esfuerzo hasta las Praderas de Cebolleu en las que, en vez de seguir por el margen derecho del río, para alcanzar la majada de Covalancha, cruzamos al izquierdo dejando el río a nuestra izquierda, ascendiendo cómodamente a los Puertos de Covalancha primero y a los de Cuetalvo después. En una extensa pradera a los pies de la Peña Llana y al lado de un indicador de la ruta de las Fuentes del Sil, cruzamos lo que queda de río para dirigirnos a los derrumbes que bajan del Cuetalvo, siguiendo las indicaciones aún de la mencionada ruta y acercándonos a la ya próxima Peña Orniz. Abandonamos las indicaciones del PR de la Fuentes del Sil y continuamos a nuestra izquierda por un marcado sendero, en dirección a la peña.

El día parece complicarse y las nubes ya lo cubren todo. Un frío viento nos acompaña y nos trae algunas gotas de agua que no nos dan buenos augurios. Una nueva bifurcación antes de dar vista a Las Morteras en la Collada de Orniz, aún nos permite abandonar la ascensión si seguimos por la derecha a buscar el camino que va a los pies de la Cervata hacia los Prados de Troméu. Nosotros seguimos por la izquierda ascendiendo un canalizo herboso que nos sitúa a los pies de Orniz. Una canal entre dos peñas parece factible, pero no tenemos ganas de complicarnos la vida y seguimos por el sendero que nos lleva a los pies de la peña por su cara sur. Luego ascendemos poco a poco por la terrosa ladera, para alcanzar una estrecha canal que en fácil ascenso nos sitúa en lo alto de la Peña Orniz, 2.191 metros al decir de Adrados.

El viento es aún más frío y nos obliga a poner las prendas de abrigo que llevamos, Alguien se cuerda de los guantes. Pero todo es superfluo ante las vistas que se nos presentan. Al norte y en primer término, los Albos que visitamos no hace mucho. Con imaginación hasta podemos vislumbrar un poco del lago del Valle. A nuestros pies, el paisaje lunar de Las Morteras, por la que vemos pasar un grupo de motos. A la izquierda, oeste, el vértice inconfundible del Cornón y más cercana la mole de Penachana, rodeada de un sinfín de cumbres. Al este, Peña Ubiña trata de quitarse una nube que la cubre a nuestros ojos, mientras la Pequeña se ofrece rodeada por un extraño halo luminoso. A nuestro lado, la Torre de Orniz y algo más alejadas Muria Brava, el Pico Blanco, el Calabazosa y el Morro Negro, conocidos de anteriores andanzas.

Por el sur, por tierras leonesas, la cercana Cervata unida a Orniz por una amplia collada hoy casi cubierta de ovejas que nos vienen siguiendo desde la zona de Covalancha. Más a la derecha el impresionante murallón del Montihuero, las Coloradas y Peña Redonda, con la inconfundible laguna de Las Verdes a sus pies. Y detrás, el inicio de la extensa llanura de Castilla. En el valle, tratamos de vislumbrar la zona en la que se encuentra nuestro destino, Torre de Babia.

Cubierta la tarjeta y hechas las fotos de rigor, decidimos reanudar la marcha, ya que la climatología no ofrece nada bueno. Descendemos rumbo a la ancha collada que nos une a La Cervata y por ella, en pocos minutos alcanzamos la cumbre de esta sencilla montaña. ¡Sencilla montaña! Su cara sur es un abismo de muchos metros de altura. Las caídas son impresionantes. Abajo en el pedrero, descansa un grupo de rebecos que al sentir nuestras voces, escapan de la zona. Las vistas cambian y al norte vemos todo el cierre que nos separa de Asturias, con Orniz, Muria Brava y el Pico Blanco. Por el oeste, el Montihuero está más cercano y la Laguna Verde se ve mejor. Por el sur, salvado el abismo, dos pistas que se unen en el valle y se dirigen a Torre de Babia, que no vemos.

A pesar de las vertiginosas caídas que tenemos ante nosotros, nos decidimos a bajar por ellas, para no dar un rodeo por cualquiera de los dos lados de la peña. Como dice el otro: “para atrás, ni para coger impulso”. Y nosotros no lo queremos coger. Caminamos un poco al este buscando una collada más propicia para iniciar el descenso y con mucho cuidado para evitar resbalones, iniciamos la bajada por una zona de hierba y tierra, que al estar húmeda, nos ofrece buen agarre y evita los resbalones. Buscando siempre los mejores pasos, alcanzamos una pequeña terraza donde nos espera nuestro serpa Carrete, que trata de encontrar una salida a esta situación. “Seguidme”, grita imperturbable. Y nosotros nos deslizamos ladera abajo sin querer pensar que nos vamos a encontrar más allá. Un hombro a nuestra izquierda, nos da paso a la derecha a una deslizante zona herbosa. “¡Carrete!, ¿cómo está eso? Y Carrete nos miente y nos dice: “¡Bien!”. Nosotros seguimos, algunos con un pequeño despiste, y nos acercamos a donde él se encuentra y miramos y no vemos. “Mira, por allí se ve un regato por el que baja el agua”, dice Fernando. Si, por ese regato, afortunadamente seco, debemos descender nosotros. Nos acordamos de Adolfo y echamos mano del “freno hidráulico”. Culo al suelo y a descender poco a poco por el deslizante tobogán, amarrándonos unas veces a las rocas y otras a las hierbas que no eran tal si no pinchos que no hacían mella en nosotros concentrados como estábamos en lo que hacíamos.

“¡Aquí ya está bien!”, nos hace saber una ya alegre Tere, aunque lo de estar bien, es con referencia a lo que acabamos de pasar. Una desagradable pedrera nos espera. Ya no necesitamos asentar nuestras posaderas en el suelo, pero las posibilidades de que esto ocurra se hacen patentes. La pedrera es muy desagradable. No tiene la suficiente piedra para poder deslizarnos por ella y el descenso se hace lento. Buscamos la hierba de la izquierda y conseguimos algo más de rapidez.

Al fin se acaba el duro descenso. Miramos atrás y contemplamos boquiabiertos lo que acabamos de bajar y nos parece imposible. Al tiempo, comprobamos que era la única zona más o menos factible, ya que el resto eren caídas verticales imposibles. Después todo fue coser y cantar. Alcanzamos la amplia pista y por ella fuimos descendiendo lo que nos restaba para llegar a la ansiada meta de Torre de Babia, donde nos esperaban hambrientos el resto del grupo, ya que en el pueblo no hay bar y tuvimos que desplazarnos un poco hasta la recién remozada carretera, donde una fábrica de chorizos con bar adosado, nos sirvió para dar buena cuenta de los manjares que portábamos.

Hasta aquí el relato de esta preciosa ruta que hicimos a Peña Orniz. Pero no queda aquí la cosa. La próxima semana haremos el cuarto intento para la conquista del Cabezo Llerosos y esperamos que esta sea la vencida y logremos poner nuestros pies en tan ansiada cumbre. La ruta es:

Bufarrera (1.162 m) – Majada de Belbín (1.046 m) – Braña Redonda (1.050 m) – Vega Espines (1.075 m) – Collado La Muda (1.250 m) – Camplengo Viejo (1.290 m) – Collado Verancielles (1.450 m) – Majada de Beresna (1.590 m) – Horcada de Bueyes (1.696 m) – Cabezo Llerosos (1.792 m) – Collado de Beceña (1.490 m) – Majada de Beceña – Majada de Ondón (1.330 m) – Canal de la Bobia – Esmenadorio (950 m) – Camarmeña (490 m) – Poncebos (230 m)

Una espectacular ruta que si el tiempo acompaña podremos disfrutar, con maravillosas vistas de Picos y en especial del Urriellu. La salida para esta ruta la haremos de San Andrés a las 6,30 de la mañana, (no a las 7,30 como pone en el calendario). El plazo de inscripción está abierto y no quedan muchas plazas. El que llegue tarde, se puede quedar sin poder ir. Espero vuestras llamadas.

lunes, agosto 20, 2007

LA TORRE DE ENMEDIO, EL TECHO DE ESTE AÑO

La Torre de Enmedio, en el corazón de las Peñasantas, ha caído. Fue una dura ruta, pero conseguimos colocar a 13 valientes en la cumbre.

La mañana en Los Lagos se mostraba estupenda. El cielo azul y ni una nube. La Torre de Santa María estaba radiante y como nunca la había visto. A las nueve de la mañana comenzamos a caminar animadamente por la pista que atraviesa la Vega de Enól, mientras las vacas desayunaban plácidamente. En el aparcamiento de Pan de Carmen había bastantes coches. Cruzamos Vega la Piedra al mismo tiempo que un grupo de pastores que pronto perdimos de vista. Me fijé en su calzado. La mayoría usaba escarpines y chanclos. El ya conocido camino no nos deparaba sorpresa alguna y simplemente caminábamos haciendo algunas fotos a la Torre de Santa María recortada sobre nuestras cabezas en el cielo azul. Vega Canraso, Cuenye los Pavos, La Rondiella, La Cabeza el Pare, Collada Gamonal y Vegarredonda. Un pequeño descanso para agruparnos y coger agua de la fuente y charlar un poco con Javier Malo, guarda del refugio, aprovechando para agradecerle una vez más, la ayuda que nos prestó el día que hicimos la ruta a Vega de Ario. Luego continuamos camino hacia el Refugio Viejo, donde otra fuente nos sirve para llenar las cantimploras.

Comenzamos la fuerte subida de la Cuesta la Asunciana hasta Llampa Cimera, donde los caminos se separan. Por la izquierda, continua hacia el Collado la Fragua y las Barrastrosas. Nosotros seguimos por la derecha a pasar bajo las inquietantes paredes calizas del Porru Bolu. Al poco cruzamos las camperas de Vega los Pozos donde cogemos un empedrado camino con una serie de tornos, por el que ganamos altura. Salimos a las verdes praderas de les Merines, donde el sendero serpentea en duro ascenso entre la hierba. Si miramos atrás, allá en lo más hondo vemos las azules aguas del Lago Ercina y nos damos cuenta de lo que llevamos subido. Continuamos por el marcado camino, hasta alcanzar el Collado La Mazada, bajo la atenta mirada de la mole calcárea del Requexón. En la Mazada se nos abre una magnífica ventana a la montaña de Ponga y a la de toda Asturias. El Mampodre, Ten y Pileñes, Collau Zorru, El Recuencu, la montaña de San Isidro, Maciedome, Tiatordos, Campigüeños, Peña Taranes, La Llambria, las Ubiñas y el Aramo. Toda Asturias se encuentra a nuestros pies y se pueden distinguir todas sus cumbres. Una profunda depresión, el Jou Lluengu, nos separa de La Torrezuela, mientras que por la izquierda una dura cuesta herbosa asciende a las Torres de Cebolleda.

Un marcado sendero bordea por la izquierda el Jou Lluengu pegándose a las aplomadas paredes de las Cebolledas. El sendero describe un semicírculo para perderse tras unas rocas. Pasada esta esquina contemplamos con pavor lo que nos falta por cubrir para alcanzar la anaranjada collada de la Horcada de Santa María. Pero antes pasamos por Fuente Prieta. Una diminuta tienda de campaña duerme sobre la pequeña mancha verde entre las blancas piedras. El sendero comienza a trepar por la pedrera que desciende de la horcada. Vuelta tras vuelta vamos ganando altura. A mitad de la subida esta se hace más y más penosa. El sendero casi desaparece para formar una mancha de los pasos de quienes nos precedieron, pero el camino se hace resbaladizo y casi damos más pasos hacia atrás que adelante. Nos pegamos a las paredes que por la derecha descienden de la Torre de La Horcada y ya cerca del collado, comenzamos a trepar por las rocas aprovechando un corto canalizo por el que alcanzamos lo más alto del paso.

La mirada a la cara este de la horcada nos estremece. Hace tiempo que alcancé este punto para subir a la Torre Santa, pero no era ese el recuerdo que tenía del descenso al Jou Santu. Un terreno destrozado y pendiente, lleno de piedras y tierra, por el que apenas se distingue un sendero. Con las indicaciones que nos dieron, fuimos descendiendo pegados a las paredes de la Torre Santa tratando de no resbalar en las torrenteras de piedras. Realmente teníamos que haber descendido muy poco para luego atravesar la canal en horizontal, con el fin de buscar el sendero que bajo los desplomes este, de la Torre de la Horcada, se dirige al collado que se forma entre esta y la Torre de En medio. Pero el resto del grupo se encontraba mas abajo, en una repisa a los pies de ambas torres y hacia allí dirigimos nuestros pasos tras atravesar el mermado nevero de la canal. Dejamos las mochilas y comenzamos a trepar por los canalizos en los que el único problema es la caída de piedras de los que van delante, ya que la trepada es sencilla y con múltiples asideros. Dos rebecos sobre nuestras cabezas nos observaban con interés y a escasos metros. Alcanzada la collada que se forma entre las dos cumbres, solo resta ascender a la Torre de En medio, sur, con otra sencilla trepada.

Magníficas vistas de la Peña Santa, el Central, La Torre de la Canal Parda, Peña Santa de Enól o Torre de Santa María, las Torres de Cebolleda y la cercana Torre de la Horcada, amén de toda la montaña descrita anteriormente. Las vistas son estupendas y apetece quedarse allí, pero el tiempo apremia. La ascensión nos llevó cerca de las 6 horas y luego vienen los problemas con los conductores. Descansamos un poco, cubrimos la tarjeta, hicimos las fotos de rigor y comenzamos el descenso. Más o menos utilizamos las mismas canales de subida, teniendo más precaución si cave. Dado que teníamos el precipicio frente a nosotros, pero la piedra es buena y su adherencia aún mejor y lo único que debíamos evitar eran las piedras sueltas que, además de hacernos resbalar, las podíamos echar sobre los compañeros que nos preceden.

Recuperadas las mochilas, continuamos el descenso siguiendo el sendero jitado que fácilmente nos sitúa en el Camino del Parque en la Boca del Jou Santu. Un mar de niebla cubría ya toda Asturias, mientras que nosotros seguíamos disfrutando del sol acompañado de una fría brisa que nos evitaba el pasar calor. En el Jou de los Asturianos nos paramos media hora a comer algo delas viandas que portábamos y luego continuamos por el camino de Las Barrastrosas, bajo los desplomes de los Argaos, hasta el Collado de la Fragua y poco después Llampa Cimera. Nuevamente nos encontrábamos en el camino que hicimos en la subida. El descenso a Vegarredonda fue rápido y a la altura del Refugio Viejo la niebla nos cubrió. Tomamos una cerveza en el Refugio nuevo y continuamos camino bajo la humedad de la niebla que lo empapaba todo. Siguiendo las marcas amarillas recién pintadas en las piedras que orlan el camino, pudimos realizar este descenso, ya que la visibilidad era prácticamente nula. Poco más debajo de Vega la Piedra salimos de la niebla y ya con buena visibilidad acometimos el resto de la pista por la que después de 10 horas y media, alcanzamos el punto de partida en Les Valeres.

Cansados y mojados pero felices por haber concluido una preciosa ruta por lo más intrincado del corazón del Cornión y conquistar la cumbre más alta de las programadas para este año, emprendimos el viaje de regreso a casa.

Pero esto continúa. Ya estamos pensando en la ruta del próximo sábado que tampoco es manca. Orniz es un hueso duro y más desde La Cueta, y eso es lo que tenemos. La ruta es:

La Cueta (1.442 m) – Praderas de Cebolleda (1.580 m) – Puertos de Covalancha - Puertos de Cuetalbo (1.920 m) – Peña Orniz (2.194 m) – Collado Cuetalbo (2.050 m) – Pico La Cervata (2.089 m) – Collado Cuetalbo (2.050 m) – Prados de Tremeo (1.680 m) – Torre de Babia (1.284 m)

Ya está abierto el plazo de inscripción para poder realizar esta ruta por tierras entre León y Somiedo. No deberías perdértela. Es una muy bonita ruta. Llamarme antes del jueves u os podéis quedar sin plaza.

lunes, agosto 13, 2007

CONOCIMOS OTRA CANAL DE PICOS

Este sábado, con un día estupendo, nos fuimos a conocer otra de las múltiples canales de Picos: la de Las Arredondas, en el Macizo Oriental o de Andara.

Una Vez más hubimos de ascender por la denigrada pista del Casetón de Andara para acceder al Collado de Aldea, donde variamos el rumbo de la ruta anterior al Sagrado corazón, continuando a la derecha por la indicada ruta de la Morra de Lechugales.

Pasamos bajo la impresionante Torre del Grajal, dejándola a la izquierda para acometer la ascensión por la canal del Callejón, que en continuados zigzag nos aúpa a lo alto de la Canal del Mojón, a los pies de La Rasa y del Grajal de Abajo. Es una cómoda ascensión gracias a los restos de las pistas que sirvieron de acceso a las minas que se explotaron en esta zona: Mazarrasa, Providencia, Arredondas, Evangelista...

En pocos minutos podemos alcanzar la cercana cumbre del Grajal de Abajo (2.248 m) que nos queda a la derecha (oeste) o ascender por la pedregosa ladera de la derecha hasta el punto culminante de La Rasa de la Inagotable (2.284 m). No nos será posible ir más allá, pues el abismo que encontramos en la cumbre, haciendo de magnífico mirador de la Liébana, nos lo impide. Una impresionante cortada vertical nos separa de la cercana La Junciana o Llambriales Amarillos, que se encuentra unida a su vez, con la ya conocida cumbre del Sagrado Corazón.

Volviendo la vista hacia el Collado del Mojón, una extraordinaria ventana se abre entre el Grajal de Abajo y el Grajal de Arriba. Las emblemáticas cumbres del Macizo Central hacen su aparición. Castíl, el Picu, Tiro del Oso, La Morra, Los Cuetos del Trave, El Neverón, La Párdida, Cabrones y el inconfundible cono truncado del Torrecerredo. Un abigarrado manojo de cumbres que se muestran ante nuestros ojos. Más a la izquierda, las más cercanas (¿) del Jierro, Lechugales y la Silla del Caballo Cimero y como separación, la profunda Canal de las Arredondas.

Después de un merecido y gratificante descanso, con una temperatura de lo más agradable, iniciamos el descenso hacia el vecino collado del Mojón, para, por la izquierda, acceder a los comienzos de la pista que en su día sirvió de acceso a las minas desde el lado de La Liébana. Si nos fijamos, el camino armado se dirige a nuestra izquierda, dando vista a la canal, para pronto girar a la derecha. Luego debemos abandonar el ramal que continúa con ligera ascensión y que sirve para vadear la mole rocosa del Grajal de Abajo para poder continuar el camino hacia la Pica del Jierro y la Morra de Lechugales. Aquí la zona está muy derruida a causa de las piedras y el camino casi se pierde. Algunos jitos nos dirigen al centro de la canal, pero nosotros optamos por ir un poco a la izquierda saltando entre las rocas, hasta encontrar un sendero que poco a poco nos va descubriendo los restos del ancestral camino dela mina. Este camino, poco transitado, es fácil de seguir a poco que nos fijemos, ya que baja en continuos zigzag, buscando siempre los mejores pasos. Por la derecha y casi en el centro de la canal, vemos el sendero más transitado que desciende casi vertical. El nuestro por el contrario, lo hace más en horizontal lo que evita forzar las rodillas. Quizá sea un poco más largo, pero merece la pena, entre otras cosas, por servir para que no desaparezca esta ingente obra de nuestros antepasados. Bien es verdad que se precisa atención para no perderlo en las zonas en las que se encuentra más deteriorado, pero al principio se hace más sencillo gracias a los restos de antiguas edificaciones que nos indican del paso del sendero.

Como digo, el comienzo del camino va por la parte izquierda de la canal, en el sentido del descenso, hasta que en un momento dado vira a la derecha a unirse al que decimos baja más vertical. Luego alterna los dos márgenes hasta que en la pedrera se decanta por el lado derecho, volviendo nuevamente al izquierdo al finalizar esta y convirtiéndose en un muy marcado camino cuando iniciamos la zona de las praderas ya al final de la canal, en la zona de las Cabañas de Lon.

Luego debemos cruzar el hoy cauce seco del Arroyo de la Vega que baja del Collado de Untuje de Lon, para enseguida alcanzar la pista en la que un cartel nos indica la dirección en una bifurcación. A la izquierda iríamos a Lon y por la derecha, dirección que tomamos, nos queda una hora (escasa) hasta Brez. La ahora amplia pista, asciende ligeramente para superar un hombro del Castro Las Cerras, que nos separa del pueblo montañés de Brez. Desde este hombro ya divisamos abajo en la carretera entre Brez y Tanarrio, la ansiada figura de nuestro autocar que nos está esperando. Bajamos entre las acondicionadas casas de Brez para alcanzar la carretera y en pocos minutos alcanzamos el final de esta ruta, que bien se puede realizar en 7 horas, aunque los más lentos del grupo lo hicimos en 7 y media.

La canal en cuestión, es preciosa. Es larga y muy abierta, aunque no tanto como Dobresengos, pero preciosa. No sé si lo será tanto subiéndola, pero el descenso es muy agradable y no se hace demasiado sura si se realiza como comento más arriba, por el antiguo camino de la mina o lo que queda de él.

Para el próximo sábado tenemos la que podemos denominar como ruta cumbre de este año, en lo que a altitud se refiere, ya que pretendemos ascender a la Torre de Enmedio en el Cornión, de 2.467 metros y es por tanto, la máxima cota que tenemos en el calendario de este año. Promete ser una ruta inolvidable, por la zona en la que transcurre y como observatorio de esas dos cumbres señeras del Macizo Occidental, que son la Torre de Santa María y la Peña Santa. El recorrido propuesto es:

Collado Les Valeres (1.107 m) – Pozo del Alemán (1.040 m) – Vega La Piedra (1.100 m) – Vegarredonda (1.470 m) – Llampa Cimera (1.810 m) – Llano Los Pozos (1.850 m) – Collado Les Merines (2.041 m) – Fuente Prieta (2.150 m) – Horcada de Santa María (2.354 m) – Torre de Enmedio (2.467 m) – Horcada de Santa María (2.354 m) – Boca del Jou Santu (2.095 m) – Jou de los Asturianos (2.041 m) – Las Barrastrosas – Collado La Fragua (1.913 m) – Llampa Cimera (1.810 m) – Vegarredonda (1.470 m) – Lago Enól (1.063 m)

Realmente no quedan muchas plazas para completar el autocar, así que el que no se dé prisa, se quedará sin asiento y no podrá disfrutar de esta ruta.

También os tengo que decir, que tendremos que comer en Vegarredonda a la vuelta, pues la ruta se va a hacer larga y luego no podremos hacer paradas.

También os quiero confirmar el cambio que hacemos en el calendario. Definitivamente, el día 1 de Setiembre vamos a hacer la ruta de Llerosos y el Ferreirúa lo dejamos para el día 22 del mismo mes. Ya, cuando al final de este mes, publique las próximas rutas, veréis estos cambios

lunes, agosto 06, 2007

CONTEMPLANDO LOS LAGOS DE SALIENCIA A VISTA DE PÁJARO

Coincidiendo con el anunciado día de más calor de todo el verano, el sábado pasado hicimos una bonita ruta montañera por tierras somedanas, a unos estupendos miradores, como son los Picos Albos. Modestas cumbres que nos deparan unas inmejorables vistas de los lagos de Saliencia, tal como los verían los buitres que nos acompañaron cerca de la cumbre.

El punto de partida y de llegada era el mismo: Torrestío, con lo que los que no quisieran hacer la ruta completa, solo tenían que volver por donde subieron sin problemas de orientación y sin posibilidad de perdida.

Salimos del montañero pueblo leonés, por la calle en la que la típica señal de tráfico nos indica del peligro de las gallinas y tras cruzar el puente sobre el Río la Carrera y, tras dejar a la izquierda la pista hormigonada que en duro ascenso, se dirige al Valle de Valverde, continuamos por la pedregosa pista que sube por el Valle de Sañedo, hasta su punto culminante en el Alto de la Farrapona o Collada Balbarán. EL principal entretenimiento en esta subida de aproximadamente una hora, radica en girarse en dirección a Torrestío y contemplar la imponente silueta de Ubiña y las cumbres que la acompañan.

Alcanzado el collado, vemos que con dirección este desciende una pista, hoy de tierra de un impactante color rojo, debido a las obras de acondicionamiento, que baja al pueblo de Saliencia. Nosotros seguimos, también en descenso, por la otra pista que un poco a la izquierda, sureste, sale del collado. Por ella alcanzamos el primero de los lagos del día, el Lago de La Cueva. Un bonito lago enmarcado en un terreno muy deteriorado por el uso minero que se dio a esta zona. Hoy en día se trabaja en la recuperación del entorno.

Siguiendo a la orilla del lago, la pista continúa iniciando una zigzagueante ascensión con clara orientación sur y señalizada con marcas blancas y amarillas de una ruta de pequeño recorrido. P.R. AS-15 Ruta de los Lagos de Saliencia. Bonitas vista del lago de la Cueva que va quedando en el fondo de la depresión. Poco antes de coronar en las Vegas de Cerveriz, dejaremos a la izquierda una depresión, vacía en verano, pero que en la primavera e invierno, alberga el Lago de la Mina. Luego sus aguas se sumen o evaporan dejando las marcas donde primero hubo agua. Las vegas de Cerveriz son un alargado pastizal que recorremos con la vista desde el alto al que nos lleva la pista. Aquí tenemos al frente, sur, el paredón que forman los Picos Albos, como muro de contención de las aguas del Cerveriz a nuestros pies. A la izquierda, tapado por los muros pétreos que lo contienen, se encuentra el Lago de Calabazosa. Los carteles que hay en la zona, nos dirigen a uno u otro. Nosotros seguimos por la pista que se introduce en las praderas, buscando la pequeña caseta que se ve a los pies de los Albos a la derecha del lago.

Desde el chozo de pastores, son varios los senderos que nos permiten ascender por el murallón que nos corta el paso. Uno de los más recomendables pasa sobre la zona amarronada de los excrementos de las ovejas que allí se guardan en temporadas, caminando entre las piedras hasta encontrar los primeros jitos que nos direcciónan hasta alcanzar una depresión en la que en otros tiempos también se almacenó agua, pero que hoy se encuentra seca. Son Los Pozos, una bonita vega entre calizas. La mejor opción es continuar por la derecha a buscar un incipiente sendero que nos trasporta bajo los contrafuertes que se precipitan del Albo, a superar un hombro que da paso a una nueva depresión. La cruzamos a buscar el paso, perdiendo algo de altura, por el muro de caliza que vemos enfrente, oeste, y que una vez superado alcanzaremos un sendero que retorna a la orientación lógica en dirección al collado que vemos arriba a nuestra derecha, sur. En el collado se unen las distintas posibles subidas que tiene este recorrido. Seguimos subiendo por la hierba y un poco a la derecha a buscar una horcada que por el sur, tiene el Albo Occidental y por la que la subida es más cómoda. Desde la horcada tenemos una estupenda vista del Lago del Valle con su pequeña isla en el centro. A la derecha de la horcada se descubre el sendero que trepa por la roca hasta alcanzar la cumbre del primer Albo del día, el Occidental de 1.071 metros de altitud y un estupendo mirador de la montaña de Somiedo. A nuestros pies el Lago del Valle y toda la vallada que se extiende hasta Valle de Lago y enfrente Peña Chana y más lejos el Cornón. Por el sur destacan sobre un campo lunar, los paredones de Peña Orniz, que visitaremos a finales de mes, mientras que por el este la próxima cumbre a ganar, el Albo Oriental, y tras él, las calizas murallas de Ubiña.

Descansamos contemplando este inmenso paisaje y después de un buen rato iniciamos el descenso por el mismo sitio por el que subimos, pero al poco de pasar junto a la horcada, seguimos con dirección sur para acercarnos al monolito de color terroso que tenemos enfrente que se denomina Albo Central o Pico Rubio. Debemos alcanzar una collada que mira por el oeste al Lago del Valle y por el este a una profunda sima. La atravesamos y seguimos en la misma dirección por la zona herbosa que tiene el Rubio por su ladera oeste, hasta llegar a una zona en la que entre las rocas se adivina un pasadizo que nos conduce a la cara norte del pico, por la que progresamos en sencillas trepadas hasta la cumbre del Pico Rubio, 2.052 metros. Permanecemos poco tiempo en esta cima que nos depara las mismas vistas que el anterior, pero previamente hacemos una composición de lugar para poder cruzar el caótico paisaje que tenemos a nuestro pies en dirección al Albo Oriental.

Descendemos primero por el mismo canalizo por el que subimos, para después buscar por la derecha un paso que nos lleve a un colladín desde el que también a la derecha, sur, debemos descender ligeramente para después ganar una repisa al este desde la que alcanzar con dirección primero norte y luego este, la rampa que sube a nuestro siguiente objetivo.

Caminamos penosamente por la inclinada ladera. El sol comienza a calentar y solo las tímidas ráfagas de aire nos refrescan del día de más calor al decir de los meteorólogos. Rodeando el peñón que se nos presenta enfrente, alcanzamos la cima del Albo Oriental de 1.109 metros, colgado sobre las negras aguas del lago más profundo de esta zona, el Lago Calabazosa.

Aquí vemos a tiro de piedra las Ubiñas y el resto de la montaña que ya habíamos contemplado desde las dos cumbres anteriores. De todos modos, es un buen lugar para el descanso y lo aprovechamos bien.

El descenso lo hacemos por toda la ladera por la que subimos, buscando el inicio del embudo que se ve más abajo, Una vez alcanzado, rodeamos la depresión por la derecha siguiendo un sendero, hasta alcanzar el collado norte por el que baja el camino. A nuestros pies iremos viendo agrandarse el cuenco del Lago Cerveriz, a medida que descendemos. Los jitos nos marcan nuevamente el camino a seguir y alcanzamos una pradera en la que se ve un camino a la izquierda mientras que los jitos siguen por el medio. Es más recomendable seguir los jitos de piedras aunque por cualquiera de los dos lugares se llega al mismo sitio. Un sendero zigzaguea con tendencia oeste y sin mayores problemas, alcanzamos la Vega de Cerveriz. Lo más cómodo es seguir las praderas al Oeste buscando las inmediaciones del Chozo desde el que iniciamos la ascensión, para ahorrarse primero el descenso a las orillas del lago y luego la dura subida hasta la pista del P.R. que recorrimos a la ida. Luego descendemos por el mismo camino hasta finalizar la ruta en Torrestío, ya con el calor apretando fuertemente.

El próximo sábado volvemos a Picos a su Macizo Oriental o de Andara, para ganar una sencilla cumbre, La Rasa de la Inagotable, desde la que esperamos poder contemplar unas bonitas vistas del Macizo Central, amén de las cumbres que la rodean. Pero la ruta está puesta para conocer la Canal de las Arredondas por la que descenderemos para llegar a Tanarrio. El recorrido es:

Jito de Escarandi (1.290 m) – Casetón de Andara (1.725 m) – Collada de la Aldea (1.807 m) – Castillo del Grajal (2.091 m) – Collado del Mojón (2.208 m) – La Rasa de la Inagotable (2.284 m) – Canal de las Arredondas – Cabañas de Lon (1.300 m) – Brez (730 m) – Tanarrio (650 m)

La salida la efectuamos a las 6,30 de San Andrés y ya tengo el autocar medio lleno. El que se descuide se quedará sin plaza y no podrá disfrutar de esta estupenda ruta. Además parece que vamos a tener buen tiempo.

lunes, julio 30, 2007

LA LARGA PISTA, LO UNICO MALO

La vuelta después de varios años al Esturbin del Valverde, se convirtió en una larga y penosa ruta a causa de la gran longitud de la pista de descenso a Santibáñez de Murias.

Por lo demás, la cosa fue bien y entretenida. La subida al Esturbin desde el leonés pueblo de Tonín, no tiene ninguna dificultad, salvo los 850 metros de desnivel que hay que vencer. Pero es una subida cómoda hasta la base del pico, acompañados siempre por el cantarín arroyo Tonín, primero y el del Cuadro después.

El valle estaba precioso para esta época. Otras veces que subimos por él a estas alturas del verano ya estaba completamente quemado. Hoy las flores salpicaban el verde de los prados.

El día era bueno, el sol brillaba pero la temperatura no agobiaba, ya que una suave brisa nos refrescaba. Los primeros, como casi siempre, pusieron un ritmo duro para la primera ascensión y llegaron a sacar media hora a los que subimos más pausados.

Al llegar al Collado Estrella de Cuanya, comprobamos como al otro lado, en Asturias, aún no había “amanecido”, las nubes lo cubrían todo y amenazaban con taparnos a nosotros. Por momentos, pudimos ver toda la cordalera que teníamos como cometido para el día, mientras subíamos poco a poco a la cumbre del Esturbin, en la que ya se encontraban nuestros compañeros de ruta. Por la parte de Piedrafita, este, no se veía nada. La niebla que subía a retazos, lo cubría todo por completo.

Se estaba a gusto en la cumbre y allí permanecimos un buen rato recuperando fuerzas. Cuando nos pusimos en marcha, ya comprobamos que el grueso del grupo no estaba por la labor de hacer más picos y buscaban el sendero que soslaya la cresta en toda su longitud. Solo un apretado ramillete de intrépidos caminantes tomamos la cuerda de tachuelas que teníamos enfrente. Descendimos al alargado Collado Valverde, para acometer las sucesivas cota que nos llevarían a la redondeada cumbre del Pub, como reza el letrero de su alta cruz, o el Rañaoriu, como dice en los mapas. Continuamos en dirección norte a buscar la cumbre de la Peña Cuaña, coronada por un vértice geodésico, para traspasarla y seguir camino en busca de la cuarta cumbre del día, el Cotón, anterior a los cuatro picos de La Liebre, que fuimos coronando uno a uno y dejando nuestras tarjetas de cumbres en ellos, amén de dejar constancia de nuestro paso, con las consabidas fotografías.

Coronado uno a uno, los ocho picos con nombre conocido y algunos otros de los que desconocíamos su filiación, pasamos a lo peor del día: el descenso por la interminable pista minera. Primero rodeamos por la derecha, como mandan los cánones, la tachuela de la Quemaona, para, campo a través, ir buscando la pequeña pradera verde que sobre un hombro, se desgaja por la izquierda, oeste. Aquí hay que buscar la mejor forma de descender a la marcada pista que se ve más abajo y que parte de otra verde pradera, unos cuantos metros hacia el valle de Las Mestas. Hay que tener la precaución de evitar las escobas que se ven en la dirección natural, norte, ya que bajo ellas el terreno está cortado. Debemos ir con ligera orientación sur a buscar el pequeño prado que se ve más abajo y del que sale, ya con dirección norte, el comienzo de la pista.

Una vez en ella, hay que armarse de paciencia y comenzar el descenso por la polvorienta pista. La cur4vas a derecha e izquierda se suceden, así como las ramificaciones que unas veces se dirigen al los prados y otros a los distintos chamizos de la Mina la Carmina.

Entretanto, el día mejoró y las nubes desparecieron. Lo que no fue motivo de alegría, ya que el sol caía a plomo sobre nuestras cabezas, para hacer un poco más duro el descenso. Hay que prestar mucha atención, ya que las ramificaciones son continuas. En un momento determinado llegamos a una especie de rotonda, de la que parten tres pistas. Debemos seguir por la que en descenso, sale a la izquierda en dirección sur, dejando la que también desciende al norte y otra en ascenso un poco al este. Pasamos junto a las instalaciones de la mina, descendiendo por la pista con una gran cantidad de polvo de carbón. Artos ya de tantas vueltas y revueltas, nos situamos por fin a la altura del río, después de pasar junto a un depósito de agua, cuando damos vista a una especie de barracones con aspecto de abandonados. Un poco más abajo hay una bifurcación, Puente el Beyu, en la que la pista se convierte en carretera. Dejamos el puente a la izquierda y seguimos de frente. Unos dos kilómetros nos separan de Santibáñez de Murias. La carretera asciende ligeramente, mucho para nuestras cansadas piernas. Comienzan a aparecer las primeras casas de Santibáñez. Dejamos la carretera que desciende entre las primeras casas a la izquierda y continuamos por la más ancha a rodear el alargado pueblo. Pasamos sobre la iglesia y bajo la nueva construcción del hotel Estrella de Cuaña y las antiguas escuelas, convertidas hoy en El Nido del Urogallo, un pequeño museo de esta emblemática ave. La vista del autocar nos hace enormemente felices, la ruta ha terminado después de cerca de nueve horas. Solamente está el chofer, ya que el resto del grupo ya se encuentra en Murias pues en Santibáñez no hay bar y con la hora que nos sacaron, no aguantaron más espera.

Para el próximo sábado, primero del mes de agosto, tenemos una bonita ruta por Somiedo. Nos vamos a Torrestío para subir por la Farrapona a los Lagos de Saliencia y de allí a Los Albos. El regreso nuevamente a Torrestío, con lo que el que no quiera hacer los tres albos, siempre tiene la oportunidad de esperar o dar la vuelta. La ruta es:

Torrestío (1.360 m) – Alto la Farrapona (1.707 m) – Lago la Cueva (1.614 m) – Lago la Mina (1.742 m) – Chozo de merinas (1.740 m) – Vega los Pozos (1.808 m) – Albo Occidental (2.071 m) – Pico Rubio (2.052 m) – Albo Oriental (2.109 m) – Vega de Cerveriz (1.700 m) – Lago la Cueva (1.614 m) – Alto la Farrapona (1.707 m) – Torrestío (1.360 m)

Ya estoy esperando vuestras llamadas. El que se retrase puede quedarse con las ganas de hacer esta bonita ruta.

Os comunico que está previsto hacer un cambio en las rutas del mes de setiembre. La ruta al Cabezo Llerosos, se realizaría el día 1, pasando la de Ferreirua al día 22. Próximamente se confirmarán estos cambios.