martes, noviembre 23, 2010

POR LA NIEVE CAMINO DE VALGRANDE

Para esta semana pasada teníamos previsto hacer las Primeras Jornadas de Montaña del Grupo LAS XANAS, pero la falta de local para realizarlas, nos obligó a posponerlas y en su lugar, el sábado día 20, nos fuimos a Pajares para realizar una ruta extra.

El autocar nos dejó en la estación de esquí del Brañillin, bajo amenazadoras nubes negras, pero sin agua y con algún tímido resplandor de sol.

Para subir al Cuitu Nigru utilizamos dos de las posibles vías. Unos se fueron por el Valle del Sol y el resto lo hicimos por las pistas que ascienden bajo los telesillas que en esos momentos estaban probando, ante la inminente apertura de la estación.

La nieve ya hizo su aparición y enseguida comenzamos a pisarla nosotros. Una nieve recién caída que cubría una placa de hielo que crujía al clavar nuestros bastones. La subida se hace entretenida y cómoda gracias a las pistas de mantenimiento.

Con una buena capa de nieve en algunos lugares, alcanzamos la estación superior del telesilla, echando una mirada a las Ubiñas, sobre las que se amontonaba una buena maraña de nubes. Solo el Fariñentu, Siegalavá y Tapinon quedaban libres y visibles y con ellos compusimos nuestras fotografías de la mañana. Al otro lado, las Tres Marías tenían una visión espectacular. Sus paredes heladas y el gris plomizo de la luz afectada por los negros nubarrones, les daban una tonalidad magnífica, especialmente a la más pequeña, El Palero.

Tras las fotos de rigor y la unión de “casi” todo el grupo, continuamos camino en la misma dirección traspasando el edificio que corona el Cuitu Nigru hacia el Negrón. Un camino cubierto de nieve nos lleva casi en llano, a los pies de una gran torre de alta tensión donde nos encontramos con un poste del PR AS-151, a la orilla de una buena pista, seguramente de mantenimiento de la línea eléctrica, que desciende hacia el Valle de Valgrande al oeste.

Tan entretenidos y cómodos bajábamos, que no nos dimos cuenta de las indicaciones, trazos verde y blanco, que había junto al siguiente poste del PR, y seguimos descendiendo hasta que el GPS nos confirmó el error. Mientras algunos continuaban pista abajo, hasta finalizar esta, para seguir un tramos entre los árboles, un pequeño grupo decidimos reencontrarnos con el trazado marcado por el GPS y también entre árboles, pero cuesta arriba, nos salimos por la izquierda del camino. Unos 80 metros por encima encontramos nuevamente las marcas verde y blanca, repartidas por toda la crestería, de no muy buen paso en algunos tramos, pero factible.

Peleándonos con las urces y las escobas, conseguimos abrirnos paso hasta retornar nuevamente a la pista en la que ya se encontraban nuestros compañeros. Ya todos juntos, continuamos la marcha comprobando nuestro rumbo con el GPS para evitar nuevas equivocaciones.

Tengo que decir, que sobre la cresta, abandonamos a la izquierda el camino marcado de verde y blanco, siguiendo por la lomera hasta la pista que ya veíamos frente a nosotros. Ese camino nos lo encontramos posteriormente y mucho más abajo, desembocando también en la pista.

Siguiendo siempre por la pista principal dejando a la derecha una bifurcación que solo llega hasta la torre de alta tensión, descendemos con la Peña del Castillo a nuestra derecha, para alcanzar la amplia pista del Ruchu, que une este enclave junto al pueblo de Pajares y la estación de mantenimiento de la autopista, cerca del mal llamado túnel del Negrón.

Ya en la pista, en nuestras cabezas solo queda una duda: ¿podremos pasar el río sin el puente? Los arroyos bajan con bastante agua y a medida que nos cercamos al fatídico lugar, el murmullo del agua se hace más y más ostensible.

Rodeamos de izquierda a derecha la Peña del Castillo, con el Río Valgrande a muchos metros por debajo pero escuchando su cantar. El bosque ya está pelado, pero a medida que descendemos, aún podemos apreciar algunos restos de color del otoños ya casi pasado.

Afortunadamente las fuerzas vivas de la comarca, dieron como útil esta amplia y cómoda pista y comenzaron su reparación y entre otras cosas, habilitaron un paso sobre el arroyo de Mestas, que bajaba con suficiente agua para ponernos las cosas difíciles si lo teníamos que vadear. Poco más adelante, nos cruzamos con el Camino de Santiago y con una indicación sobre un cruce. Por la izquierda en descenso, sigue el camino hasta San Miguel del Río. Nosotros seguimos de frente el camino de Pajares.

Con algo más de barro, debido a las obras de mejora de la pista, finalizamos en el Ruchu este antiguo camino y ya por la carretera del Puerto de pajares, hasta donde tenemos el autocar aparcado, en el alto pueblo de Payares, punto y final de esta ruta extraordinaria por el bosque de Valgrande.

Para el próximo sábado no tenemos salida. Es ese sábado en el que hacemos nuestra cena de hermandad con la que tratamos de agradecer su labor a esa persona del grupo que destacó de alguna forma a ojos de sus compañeros. Una muy dura ruta en la que tras una buena comida, bailaremos hasta altas horas de la madrugada, siempre que el cuerpo aguante.

Para el día 4 de diciembre tenemos ruta Por el Pico Fario, entre Llanera y Siero, para continuar por Campo de la Morena y las Camperas de las Cruces hasta el Monasterio de Valdedios. Los interesados en hacer esta ruta, ya saben lo que tienen que hacer: llamar al teléfono 985 78 51 10 para apuntarse. Espero vuestras llamadas.

JAFPA

martes, noviembre 16, 2010

EN LAS BRAÑAS DE SOMIEDO

13 de noviembre de 2010

Cuando empezamos en Llamardal el reloj marca las diez y cuarto. El cielo está encapotado en la cordillera. Parece muy negro y amenazador. El dia es fresco e invita a caminar con energía. La senda nos lleva sin pérdida a la Braña Mumián en unos cuarenta minutos. Legamos a la Fuente del Caño y sus famosas “olleras” donde antaño se ponía la leche a enfriar aprovechando el fresco manantial que atraviesa la braña. Los teitos se alzan soberbios testigos de una época de vaqueiros que ya pasó, pero que nos recuerda la lucha de estas gentes para hacer habitable un terreno tan hostil que “da mieu”.

Seguimos monte arriba hacia el Pico Gúa entre aulagares y piornos que es lo único que crece en estos terrenos tan calizos. Muy pronto estamos pisando nieve. La primera de este otoño. El día está frío y la roca algo resbaladiza. Hay que tener cuidado en varias trepadas. Llegamos pronto al pico. Nadie se queda en la cumbre. Estamos refugiados de un viento que literalmente te tumba. La vista debe ser excepcional hacia el Pico Mocosu y la Sierra el Páramu, enfrente de nosotros y hacia la Peña Salgada detrás nuestro. Íbamos a intentar el Pico Altu pero habrá que dejarlo para mejor ocasión. A cambio un grandioso arco iris se exhibe apoyando sus extremos en los dos contrafuertes del valle. La bajada la hacemos por la collada evitando todos los destrepes complicados.

Refugiados en una cabaña nos calentamos con “líquidos energéticos”. Todo sea por entrar en calor. Seguimos hacia abajo por el hayedo de la Enraimada que es terreno totalmente restringido por las autoridades del parque. Dejamos la Peña el Molinón a la izquierda. (La peña del Sporting que mañana va a ganar al Madrid). Entre revueltas de la pista se adivina la aldea de Urria. Alguien nos recuerda que en la aldea de Gúa Fernando II fundó un monasterio a finales del siglo XII. Quedan pequeños restos románicos en la iglesia parroquial. En la primera mitad del siglo XVI, el Real Monasterio de Sta. María de Gúa-Somiedo, dedicado a la Virgen, es trasladado primero a León y despues a Avilés. En ésta época y al igual que ocurría en más Monasterios Cistercienses, en Gúa se arrastraba una vida lánguida y decadente.

La abadesa perpetua, se llamaba Dª Inés de Miranda, la cual, tras unas tormentosas relaciones con D. Alfonso López de Tineo había encontrado cobijo en dicha comunidad. Su condición prelacial y a la vez de MADRE, debió ser perturbadora de la existencia monástica y nada propensa a fervores conventuales.

Fue el Abad General-Reformador el que quiso acabar con todo ello, trasladando el Monasterio. Se renovó el oficio de abadesa, mediante la renuncia de Dª Inés que se retiró a la casa de Pola de Somiedo donde vivió como una gran señora con criados y rentas, ya que había sido compensada económicamente con generosidad. (Recogido en diversos libros)

El haya va dejando paso a los avellanos, las espineras y los pastizales. El camino sigue entre fresnos y arces. Estamos llegando al Coto de la Buena Madre. Curioso nombre. Cuenta la leyenda que el nombre de COTO DE LA BUENAMADRE, se debe a una monja del Monasterio de Gúa, que habiendo quedado embarazada, decide tener a su hijo, ante lo cual se decide darle las propiedades que el Monasterio tiene en El Coto y allí se trasladan a vivir . Recordamos aquí que en El Coto estuvo el Monasterio de S. Miguel, anterior al de Gúa y que La Pola perteneció a la Parroquia de S. Miguel de la Llera en el Coto. Tal vez haya sido Dª Inés nuestra BUENAMADRE.

Vemos muy abajo la Pola de Somiedo. Fundada en 1269 por Alfonso X para contrarrestar el poder de los monasterios, creando núcleos de población que concentraran la capitalidad administrativa de la zona. Nos acercamos poco a poco y desde lo alto vemos la confluencia de los dos ríos Somiedo y del Valle, muy caudalosos con la nieve fundida de esta semana. El agua pasa a ser un elemento económico de primer orden en el valle de Somiedo con dos centrales eléctricas en muy pocos kilómetros: La Malva y la Riera. La fuerza del agua cuando pasamos por el puente es formidable. Casi logra apagar nuestras conversaciones.

Estamos llegando. Cinco horas escasas. La vieja Pola hoy tiene un rostro totalmente renovado. Casi no se ven las antiguas casas solariegas. Se ha construido por todas partes. Se ha urbanizado muy bien. Con la declaración del Parque de Somiedo como RESERVA DE LA BIOSFERA ha llegado el nuevo maná del turismo. Nosotros nos aprovechamos de la numerosa oferta hostelera y comemos en un hotel restaurante nuevo que, a su vez, también sabe aprovecharse de nosotros.

Y así hemos pasado esta jornada que, aunque fría en lo meteorológico, tuvo el encanto de pisar la primera nieve de este otoño, de un espectacular arco iris a pesar de las rachas de peligroso viento. Somiedo nunca nos decepciona y siempre hay alguna leyenda que contar en esta tierra milenaria.

Como ya sabéis casi todos se han aplazado las Jornadas de Montaña que con motivo de LOS VENTICINCO AÑOS DEL GRUPO estaba previsto que se celebraran. Problemas de infraestructura que obligan a trasladar la convocatoria para enero. Como no podemos parar quietos en este grupo tan IN-QUIETO, saldremos por el bosque de Valgrande desde el Brañillín para registrar todavía los colores del otoño. La salida está prevista a las ocho desde los lugares habituales. Llamad a Jorge si tenéis deseos de asistir. Ya sabéis: 680 358 404. Nos vemos pronto.

FRESINES
(Colgado desde El Cairo por JAFPA)

lunes, noviembre 08, 2010

EN EL CORAZÓN DEL MONTEGRANDE DE TEVERGA

6 de noviembre de 2010

Comenzamos a caminar en el Puerto Ventana. Luce el Sol, la mañana está fresca y limpia. En muy poco tiempo entramos en el corazón del bosque. El hayedo está ya adelantado en su muda de color. El suelo es un tapiz de hojas marrones y tostadas. Vamos bajando lentamente hasta la majada Las Cadenas. Aquí la presencia humana fue muy importante y nos quedan algunas buenas cabañas y los corros, un ejemplo prodigioso de construcción popular. Con los elementos que ofrece el entorno sobre todo la piedra caliza, y una vieja sabiduría adquirida a base de pruebas y de errores, alzaron estas pequeñas edificaciones camufladas con el paisaje de tal manera que el techo es una cubierta vegetal viva. Además en estas majadas teverganas los techos se hacían con piedras redondas, no con lajas como en las Navariegas, y se tapaban con tapines para sellarlos. Un prodigio de construcción que nos viene heredado nada menos que de las culturas castreñas. ¡Y qué abandono en el tiempo! Parece mentira que estas construcciones sobrevivan a su albur...

Continuamos bajando. Ahora acompañamos al río Páramo en su eterna bajada al valle. El riachuelo canta, la sinfonía es total. Este rumor del bosque adormecido al sol nos reserva la sorpresa de la vida que anida por todas partes. Antes de desnudarse, el bosque se viste de dorado para admiración de sí mismo. Nosotros nos sentimos los intrusos. Caminamos tranquilos entre fayas que se retuercen en escorzos imposibles. Aquí una faya centenaria, allí tres troncos que se abrazan en una promesa de fidelidad eterna... En efecto el bosque es intemporal y se nos ha dado la oportunidad de sumergirnos en él.

Por un momento abandonamos el río. Subimos brevemente en busca de la senda que baja hacia la Villa de Sub. Una vez que nos metemos en ella cambia el panorama totalmente: entramos en un inmenso robledal de altísimos ejemplares de roble albar. La mayor mancha forestal de este tipo en Europa. Un ecosistema total que vive en equilibrio permanente con el suelo, el agua, los animales que lo habitan, los impresionantes líquenes que cuelgan como luengas barbas, las setas y hongos.

En algún momento caminamos junto a la estrechura del río encajonado entre rocas. El murmullo del agua es toda una sinfonía. Nos acordamos con pena de gente que conocemos condenada a vivir en el estrés de la gran ciudad. Aquí todo es tranquilo. La armonía es fundamental. Todo está en equilibrio. Hay que respirar a pleno pulmón. Los árboles brotan de los pequeños huecos del roquedo. La vida se agarra al terreno con fuerza. Todo contribuye a este canto coral. Hasta las viejas fayas caídas bajo el peso de la nieve alimentan el suelo en su decadencia final.

Las setas merecen en especial nuestra atención. Poco a poco nos vamos contagiando todos. Miramos atentamente el terreno. Aquí una amanita muscaria, allá un corro de lactarius, un poco más allá el carnoso boletus, los pleurotus eryngii, agrocybe aegerita, lentinula edode, pleurotus ostreatus,... y un montón de latinajos más que todos acabamos chapurreando. En Asturias se conocen más de 400 variedades de macromicetos. En el bosque observamos unos ejemplares muy variados. Este monte es muy generoso para el que sabe mirar de una determinada manera, mirar donde otros no miran, apreciar sus tesoros tan olorosos. Ha llovido a tiempo. Los troncos de los árboles caídos son un abono excelente y una reserva permanente de humedad para que crezcan estos rizomas.

El camino se ha ido convirtiendo en senda, la senda ha llegado a ser pista. Bajamos alegres por la cañada. Los sentidos llenos de esta explosión de luz. Los rayos del sol tamizados por las hojas tostadas en su otoñal ciclo. Aparece el inevitable hormigón. La revuelta en la que nos encontramos ahora nos permite ver caprichosas agujas desafiantes al cielo. Toda la bajada del puerto está serpenteando por debajo de nosotros. Los matices del color son muy delicados. Al fondo se adivina la braña de las Navariegas enmarcada en el bosque de La Puerca. Por delante de nosotros la Villa de Sub colgada en la ladera bajo el farallón de caliza blanca. Bajamos despacio. Sólo nos queda entrar por el antiguo camino de Páramo donde nos espera el autocar que vemos desde La Collada setecientos metros más arriba. Llegamos a Páramo después de cuatro horas y media de gozoso camino. Hoy hemos disfrutado de manera total. Para redondear el día bajamos a las Jornadas Gastronómicas de Teverga en Casa Aladino, que nos ofrece picadillo de dos clases, pote de berzas y callos. Luego para aligerar la digestión arroz con leche, borrachinos y la tarta en honor de nuestro querido Senén, otro roble del grupo Las Xanas. Desde estas líneas queremos agradecer a los dueños del restaurante la amabilidad con la que nos tratan y decir que la tarta fue obsequio de la casa.

Nos cuentan que hace tres días termino la filmación de la película “¿Para qué vale un oso?”, en la que intervienen unos cuantos extras de la zona. Lo mejor de todo es que esta película divulgará por el mundo la magnificencia de los paisajes teverganos, el paraíso de los últimos osos y urogallos... Ojalá todo valga para la mejor promoción de estos valles tapizados por la faya y el roble.

Nos queda un magnífico recuerdo del día. Sólo hay que avisar aquí que el día 13 queremos ir al Pico Gua y al coto de la Buena Madre. Pasaremos antes por la Braña Mumián lugar de esbeltos teitos. La subida al pico es sencilla y allí vamos a encontrar otro mirador de primer orden, ¡Y ya van unos cuantos! Recordaros que para esta ruta hay que llamar al teléfono de Jorge 680 35 84 04.

FRESINES

INTENTAMOS LA PEÑA MORA

(Hay días en los que uno no está en lo que celebra. Creia haber puesto ya la crónica de Peña Mora y hoy me di cuenta de que estaba sin publicar. Espero que Fernando y todos los lectores, sepan perdonarme este decuido.)

30 de octubre de 2010.

Nos habían avisado de que estaba preparada una cortina de agua para nosotros.

Efectivamente la lluvia nos estaba esperando ya nada más bajar del autocar. A las 10 estábamos en La Uña. El cielo cerrado y comenzando un ligero aguacero que poco a poco fue a más. El bosque increíble vestido de todos los colores del otoño. Poco a poco subimos por la pista hasta el Collado Mascaredo. Pingábamos agua. Los paraguas dejaron de ser útiles porque las rachas de viento eran fuertes. Nevaba a ratos. Nos quedábamos helados al esperarnos para agruparnos. En medio de aquella ventisca había que tomar una decisión. Lo sensato era volver. Pues, no. La tercera de las “aventuras arriesgadas”. La primera ya estaba hecha: no quedarnos en casa. La segunda también: no salir del autocar. Íbamos a por la tercera: seguir subiendo, primero a los Puertos de la Funfría y luego por la cresta, alcanzando nada menos que los 1882 metros, para bajar a posteriori al Collado de Valdemagán, a 1.737 metros de altura, por un sendero con trazas de nieve, con una ventisca que nos azotaba la cara y unas ráfagas de viento racheado que literalmente nos movían del camino. La cuesta comenzó a empinarse y todo lo teníamos en contra. Nos acordábamos de Amundsen en su solitario viaje por el Polo Norte. Dejamos la cumbre para mejor ocasión.

En fin, logramos bajar aquella pendiente tan resbaladiza, con las manos heladas a pesar de los guantes y seguimos por todo el valle de Villahormas. Al coger de nuevo la pista ¡un refugio de montaña!. Bien por el que pensó que allí era algo necesario. Nos refugiamos allí un buen rato para entrar de nuevo en calor, ayudados por algunos caldos generosos.

Luego ya sólo hubo que continuar pista abajo hasta Polvoredo donde pudimos ponernos ropa seca en el atrio de la iglesia. Cinco horas y media de ruta y no dejó de llover ni un momento. Bien por la calefacción del autocar que por la mañana nos sobraba. Bajamos Tarna, entre hayedos encendidos. Encima y para recochineo en Asturias no había caído ni gota de agua e incluso había ráfagas de Sol. Y luego dicen que en Asturias llueve mucho. Hasta Casa Linares donde nos acogieron bien como siempre, y donde pudimos comer callos calientes y picantones que nos devolvieron la temperatura.

El próximo sábado visitamos la majada Las Cadenas entrando por el puerto Ventana y atravesando el bosque en su momento de mayor esplendor. Acabaremos en Páramos y luego con las Jornadas Gastronómicas en Casa Aladino, terminaremos con buenos alimentos y “tarta” una gloriosa jornada montañero. Por favor que son ochenta y dos... ¡Ah! Y los encargados de la ruta ponerla esta vez por donde no llueva ¡por favor!.

FRESINES