martes, mayo 31, 2011

LA SILLA DE CABESTREDO ENTRE NIEBLA Y BARRO

28 de mayo de 2011

Después de las emociones de las semanas pasadas nos merecíamos un día tranquilo. Y lo tuvimos hasta un poco de más pues la niebla en las tres primeras horas fue nuestra constante compañera.

El día se resume fácilmente: empezamos en Monasterio. Con indecisión sobre el mejor paso a tomar. Los habitantes del lugar nos dieron opiniones contradictorias: se puede subir a la Silla de Cabestredo por la majada Ovia pero puede estar muy tomada. Un grupo sigue este sendero. La mayoría subimos por la parte alta del pueblo hacia el barrizal que nos está esperando. Es nuestra segunda salida de Monasterio después de dudar sobre el verdadero camino. Cosas de la niebla. Seguimos hasta llegar a la carretera: hoy es mejor opción seguirla hasta la Collada Llomena tal como está el suelo.

Seguimos el tradicional camino del Pierzu, desviándonos a la derecha a los dos kilómetros para seguir monte arriba al Calderón de la Arena. Contento general de las garrapatas, siempre acechando sangre fresca. Bordeamos sin ver a penas nada el Pico Valeru, subimos hacia el serrote y sin darnos cuenta estamos en la Silla de Cabestredo. Mucha humedad. Tres horas escasas y 569 metros ascendidos. Breve parada de repostaje.

Un poco más abajo, en el Collado Trecho salimos de debajo de la nube que nos envolvía. Se ve el valle de Carmenero. Una larga bajada. Cinco compañeros deciden subir al Carria por la Collada Carriá, entrando por un profundo canalizo. Bravo por ellos. Más que caminar vuelan porque llegan media hora después de los últimos al autocar.

Desde Trecho pasamos al concejo de Amieva. Una larga bajada entre helechos y ortigas gigantes. El camino algo desdibujado a ratos y barro, lodo en su categoría más pegajosa. Al fin acertamos a pasar junto a una cabaña y siguiendo el camino antiguo vamos paralelos al río Carmenero al que oímos cantar muy por debajo nuestro. En el fondo del valle, casi cubiertos por la vegetación, varios corros de piedra pequeños y perfectos.

Seguimos camino, ahora por el espeso bosque. Esta es una auténtica catedral vegetal con sus arcos enramados cruzándonos por encima. En las ventanas que deja la pared verde asoma ahora soleado el Pierzu y al otro lado del valle el Teyeu en la Peña Siña, que intentamos hace poco. La cabecera del valle es un denso bosque que baja desde las alturas del Pierzu y el Cabezo Boes. Por algún vericueto oculto tiene que estar la majada Dobru desde la que suben algunos aventureros al Pierzu por su difícil cara este.

Bajamos por senderos de bosque, un buen descenso. Descansamos un poco en un saliente de la Peña Praniella. En nuestro frente el Collado Valleyu y la Cuesta las Verdes de la Peña Siña. Continuamos nuestra pelea con el barro, pero a partir de aquí la senda se hace pista y el tránsito es mucho más cómodo y seco. Buenas conversaciones acortan lo largo del camino. Las botas hoy pesan lo suyo.

Cumplidas las seis horas entramos en Argolibio. En total llevamos seis horas caminadas en un descenso de novecientos veinte metros. Esperamos una media hora a que aparezcan los marchosos del Carriá. Tiempo aprovechado para quitar barro de las botas y tomar un poco el sol. Charlamos con la gente de Argolibio. El suceso del ahorcado en el Porro Moneru les ha impactado. La vista del Cornión nevado siempre reconforta.

Sin más novedades bajamos al Bodegón del Dobra, cuyas mesas en el prado invitan a una comida muy agradable, con buen tiempo ahora, buenas viandas y mejor compañía. Para remate de esta tranquila sobremesa, se nos muestra el Pierzu atravesando la nube que lo bordea. Como en los cuentos.

El sábado 4 de junio la excursión que vamos a realizar es la siguiente: La Felgerina (817 m.) –La Gallera (1.225 m.)- VISU LA GRANDE (1.709 M.) y vuelta a La Felguerina. La salida comienza a las 7,30 en San Andrés y esta vez no se admiten gafes que atraigan el mal tiempo.

FRESINES

jueves, mayo 26, 2011

¿COMO EVITAMOS LOS RIESGOS EN LA MONTAÑA?

Andar por las calles de una ciudad, implica riesgos. Conducir por una carretera, implica riesgos. La mayoría de los trabajos que realizamos, implican riesgos. El simple hecho de plantearse una escapada por el monte ya implica riesgos. ¿Debemos dejar de realizar todas estas cosas?

Siempre he dicho que no se deben asumir riesgos gratuitamente, pero no por eso debemos dejar de realizar aquello que tenemos o queremos hacer. Los riesgos conocidos se deben evitar, pero ¿Qué hacemos con los riesgos que no vemos hasta que nos encontramos en su interior?

La vida en su contexto es un riesgo. Nacemos y no sabemos nada de lo que va a ocurrir en el transcurso del tiempo. Y no por ello dejamos de vivirla. Lo que hacemos es tratar de evitar todas aquellas cosas que nos pueden producir un accidente o un contratiempo y que vemos de cara. El resto son obstáculos que se nos presentan y que no nos queda más remedio que superarlos de la mejor forma posible.

Es lo que nos ocurre en las rutas que semanalmente realizamos. Tratamos de evitar todo lo que conocemos como peligroso. No intentamos aquellas rutas o pasos que están fuera de nuestras posibilidades técnicas o físicas. Pero siempre nos quedan esos pasos o esos puntos que no conocemos y que pueden ser un obstáculo para nuestro transcurrir. Lo más importante es saber resolver los problemas que se nos presentan. Y sábado tras sábado lo hacemos de la mejor forma posible.

En la ocasión que nos ocupa, los obstáculos físicos se salvaron sin percances en todos los casos menos en uno. Ya sé que conocíamos las circunstancias personales que se daban. Pero desconocíamos las físicas, las de la naturaleza. Una es evitable y la otra no lo era para nuestras pretensiones.

¿Que debemos hacer en este caso? ¿Dejamos de hacer la ruta por no conocer todos y cada uno de los pasos o circunstancias que nos acechan? O bien, ¿debemos limitar la participación de las personas subjetivamente por lo que pueda pasar? Me gustaría que alguien me respondiese, pues es una duda que hace tiempo que me ronda por la cabeza y no me encuentro capacitado para responderla yo solo, pues estamos hablando de un colectivo: el Grupo de Montaña.

Mi opinión particular en el caso que provoca esta meditación, es que actuamos mejor de lo que se podía esperar. Ya se que se corrieron riesgos y que quizá había alguna otra solución más drástica y rápida. Pero cuando se trata de personas, no siempre es fácil hacer uso de ellas. A lo que me refiero es a que supimos buscar medios materiales para salir del atolladero. Quizá faltó un líder que encabezase las acciones y con lo que ganaríamos tiempo muchas veces. Pero no estoy descontento del trabajo de ninguno de los que participamos en el evento. Supimos resolver un problema que se nos presentó sin esperarlo y logramos vencerlo. Quizá había otras formas, pero la que empleamos fue satisfactoria.

Ya desde la tranquilidad de los hechos alejados, os vuelvo a plantear la pregunta que me ronda por la cabeza hace tiempo: ¿Cómo evitamos estos casos? ¿Hacemos solo rutas conocidas y sin riesgos? ¿Limitamos la participación? Y si es así, ¿con que criterio?

Como uno de los responsables tanto de la búsqueda de rutas, como del control de los participantes, me gustaría que me respondieseis a ellas. Para evitar problemas técnicos que algunos pueden tener, esas respuestas se pueden enviar al correo electrónico del grupo. Pueden ser respuestas anónimas, pero me gustaría conocer a la persona que las hace. Quizá podamos encontrar ese líder que nos falta. Saludos.

JAFPA

miércoles, mayo 25, 2011

LA PASADA DEL TOYU Y UN RESCATE A PIE DE CARRETERA: DOS EXPERIENCIAS PARA NO OLVIDAR

21 de mayo de 2011

Un día de montaña casi perfecto. Grupo seleccionado de montañeros con ganas de conocer los pasos entre sierras. Esta vez, siendo ambiciosos como somos, teníamos pensado atravesar desde la Collada Nochendi hasta Viego por los vericuetos trazados entre rocas.

La Senda Degüera nos aguarda. Subimos con ritmo. El gracioso de turno afirma que “vamos a limpiar de garrapatas el monte”. Será mejor dejarlas en el sitio, digo yo. El primer tramo es fatigoso pero afortunadamente el día está algo encapotado. En la ladera opuesta al desfiladero de los Beyos vemos el camino del Derrabau que intentamos el año pasado. En una hora subimos trescientos sesenta metros y tenemos Biamon a la vista. Una ventana nos deja contemplar la zona del Derrabau y el Jucantu. Intenta despejar. A ver si hay suerte.

Una casa habitada. Un pueblo fantasma rodeado de nieblas. Entre casas continúa la senda que en sucesivas terrazas nos va acercando a la collada. Restos de cabañas centenarias. El único hórreo beyusco que queda en pie, parece hacerlo por poco tiempo. A las dos horas, con la niebla tapando el paisaje, estamos en Nochendi (643 m. subidos). Un cuarto de hora más tarde decidimos subir a Peña Salón que debe estar a nuestra izquierda. El cielo sólo se pinta de gris de niebla. Para casi todos es una ascensión inédita por esta cara de la montaña.

El hayedo es centenario. Los ejemplares son estatuas vivas en este museo natural que visitan los animales del bosque y pocas gentes más. Salimos a una zona más abierta y con un sencillo faldeo hacemos cumbre en Peña Salón. ¡Premio! Se está despejando y podemos ver una enorme extensión de terreno: Desde Peña Subes y Sen de los Mulos, pasando por el Zorru, el Recuenco, el Tiatordos, la Llambria y el Pierzu. Más a la derecha la Silla de Cabestredo que queremos pisar la próxima semana y a continuación la altiva silueta del Carria. Por el este aparece la montaña de Amieva y Pnga, con la Sierra de Beza. Entre el Valdepino y el Cantu Cabroneru, la inconfundible silueta de la Peña Santa. Bajo la cruz que corona la cumbre de Peña Salón, la inmensa caída a Víboli, el furacu en la cumbre... experiencias ya vividas y siempre dignas de ser repetidas. Este rato en el pico en tan buena compañía es otro tesoro que acumulamos en nuestro recuerdo. Llegan los del Pulide en plan invasión. Vamos a dejarles sitio. Foto y abajo. Al norte, a volver al Camín de la Tobera que era nuestro programa de hoy.

Bajamos por el bosque doscientos metros. En un momento embocamos el embudo que forma el Canto del Toyu, formidable espolón que baja desde Peña Salón y que debemos atravesar. El paso baja directamente a la Cueva del Toyu. Impresionante paisaje. La oquedad está tallada en escalones que facilitan el paso. La humedad que venimos padeciendo durante toda la ruta, se acrecienta en esta cavidad y nos obliga a poner todos los sentidos al atravesarla. Al salir al otro lado (la cueva se atraviesa en pocos segundos) nos quedamos literalmente sin aliento: Una pared blanca y gris, veteada en naranja, precipitándose hacia el valle. El sedo cruza debajo del roquedo como pidiendo perdón por molestar a los señores de las cumbres. Abajo vemos el resto del grupo que no quiso subir a Salón. Ellos deciden seguir hasta el camino que une Viego con Viboli, para bajar por la pista. El resto nos aventuramos por las playas herbosas que descienden paralelas a la Sierra del Toyu. Es una bajada de enorme entidad: una larguísima ladera que primero es bosque y luego pedrero. Es la Canal de Tuba, impresionante y silenciosa. Por el bosque alta hierba húmeda, no pisada nos obliga a afianzar los pasos. Luego la piedra suelta a ratos “esquiable”. En muchos tramos es más segura la zona herbosa. Pero ¿no estamos en los Picos de Europa? Muchos recordamos la Canal de Piedra Bellida.

Al final de largo pedrero hay que tirar hacia la izquierda. Estamos terminando la ruta tras cinco horas intensas. Hay un sendero que sigue hacia una torre eléctrica que se encuentra ya en la carretera. La dejamos a la derecha siguiendo algo similar a un sendero oculto por la maleza. La senda se interrumpe bruscamente en una bajada algo extraplomada pero con buenos apoyos y agarres. Una rama de árbol ayuda. Para más seguridad tendemos un cordino doble a modo de pasamanos.

Pero alguien se atasca y no es capaz a bajar. Los nervios pueden. Deslizándote por el senderillo estás en la remozada carretera a Viego en dos minutos. Hay problemas arriba. Tratamos de buscar una alternativa, que no es fácil. Recorremos de nuevo el bosque repleto de abrazadores espinos. Subir al acantilado para bajar bruscamente por una especie de embudo puede ser la solución. Pero ahora hay que salvar un doble desnivel: el primero del bosque a la plataforma y luego de la inclinada plataforma a la carretera. Han traído una escalera del pueblo. Puede valer. Con ayuda del cordino y la escalera salvamos fácilmente el primer desnivel. El segundo es mucho más complicado pues aquella meseta está repleta de piedras de tamaño considerable y todo parece muy inestable. Hay muchos nervios en la preparación. Cae un derrubio de piedras. Los que aguantan la escalera tienen su mérito. La primera persona es “descolgada” para caer literalmente encima de la escalera, que ahora se ha convertido en móvil como las de las estaciones.

Aplausos de alivio. Los seis “rescatadores” bajan en rapel sin especial dificultad. La escalera ha sido la clave de la airosa bajada. Nadie lesionado. Dos horas muy intensas. ¿Merece la pena poner en riesgo a tanta gente? La ruta ha sido una maravilla, pero se ha complicado en su tramo final de un modo que nadie podía prever. En Viego todo son comentarios sobre la experiencia vivida.” ¿Qué grupo de montaña dices que nos ha pedido una escalera de madera? Cosas veredes, amigo Sancho....

La semana que viene partimos de Viego y esperamos que sin ninguna clase de sobresaltos podamos llegar a Argolibio por la margen derecha del río Carmenero, después de pasar por la cima de la Silla de Cabestredo. ¡Que todos tengamos una feliz excursión!

FRESINES

jueves, mayo 19, 2011

EN EL PICO MURCIA ENTRE JIRONES DE NIEBLA

14 de mayo de 2011

Madrugón para ir a tierras palentinas, que se encuentran lejos. Mucha ilusión por hacer la ascensión a uno de los grandes del Parque Natural de Fuentes Carrionas. Por algo la montaña palentina tiene los tres picos más altos de la Cordillera Cantábrica, Picos de Europa aparte. Hoy queremos ascender a uno de los tres. Orvallo durante el recorrido asturiano. Malas previsiones meteorológicas y viaje larguísimo.

Por fin entramos en el valle de Cardaño. La gente se acuerda de este y aquel recorrido. Nos espera desde hace una hora Mingo, nuestro guía montañero palentino, acompañado de Kio, fiero can que resultó ser un auténtico gourmet. A las once menos veinte siguiendo el río Valcabe por el camino tradicional. Pasamos tres puentes. El río burbujea de cascada en cascada. El Pico Murcia asoma evidente en cuanto doblamos hacia el oeste. Es una inmensa pirámide de buena cuarcita. Está flanqueado por el cuchillar inmenso de Los Cutulillos que forman un semicirco glaciar con grandes manchas de nieve. Un grupo de corzos se refresca en el hielo.

Vamos a atacar por la cara este del pico. Pronto estamos sobre el Collado Muslares. (1 hora y 246 metros de subida). La cima está envuelta en nieblas. El sendero está muy bien jitado y asciende en cómodas lazadas. Cuarenta minutos después hemos subido otros doscientos cincuenta metros. Esta subida tiene que ser un horno en verano. Hoy la brisa es bastante fresca. La roca esta formada por areniscas y pudingas redondeadas. Nunca perdemos la referencia de la larga subida.

Giramos a la derecha para entrar por la fachada suroeste. Ahora se adivina la cima limpia de nubes. El sendero discurre junto a un inmenso nevero. Cima a la una y media (Dos horas cincuenta minutos, no está mal para saltar 950 m.y 6 kilómetros). El Aire sopla fuerte y frío del nordeste. Las nubes circulan a gran velocidad a ambos lados del pico. Curiosamente este permanece limpio. El buzón de cumbres es una artística composición del Grupo Torquilla de Guardo.

La vista debe ser inmensa. Nos la han tapado. No se puede tener todo. Pero hay buen ambiente. En un momento de despeje se ve el embalse de Camporredondo. Asoma la falda del Espigüete. Hace frío. Las nubes de tormenta circulan a gran velocidad. Es momento para irse. Espera, ahora vemos nuestro destino: El valle de Valverde de la Sierra parece al alcance de la mano. (9,8 Km.: de Cardaño a Valverde en línea recta). También se ve entre masas de nubes el embalse de Riaño, cruzado por un inmenso puente. Una pena no haber divisado la inmensa vista que podíamos haber disfrutado. Enumero: Velilla, Torres, Mampodre, Ten, Tiatordos, Beza, Peña Santa de Castilla, Friero, Coriscado, Tresmares, Cuartas, Peña Prieta, Curavacas, Vallejo, Embalse de Aguilar... (a falta de vista, bueno es internet: vista circular en http://www.rutas-fuentescarrionas.tk/, luego pinchar en GESTOR DE RUTAS y allí buscar la ruta 4, ASCENSIÓN AL PICO MURCIA)

Bajamos por el lapiaz. Por el alto de Cutulillos nos despedimos de Mingo que vuelve por Mazobres, valle de hermosísimas cascadas. Quedamos en vernos pronto, en otros rincones perdidos. Subimos hacia el Alto de Martín Vaquero (2.070 m). Llegamos a una cañada de difícil salida. Un grupo sube a la prominencia que tenemos delante para bajar luego por un lateral hacia el sur. La mayoría del grupo entramos en una canal verdosa que parece imposible desde arriba. Pero tiene buen paso para salvar el desnivel. Estamos todavía a 2.102 m. de altitud. Seguimos hasta el Collado Arra ahora con casi toda la falda norte del Espigüete despejada. Desde aquí subiríamos en una hora por el espolón Noroeste.

Ahora la ruta esta muy clara: está marcada por el río Grande y los muchos arroyos que lo alimentan en el embudo de Los Caladillos. Pronto encontramos la pista que baja a Valverde. A las seis entramos en el pueblo. Tal como esperábamos el bar-centro social no abre hasta dentro de quince días. Hoy el grupo hace un nuevo experimento para ver que tal nos sienta: se trata de ver el efecto del agua natural en nuestro estado de ánimo. Como hasta las nueve menos cuarto no puede arrancar el autocar por una cosa llamada tacómetro, nos vemos obligados a hacer intenso turismo por el pueblo. Hay unas 75 casas, con unos cincuenta habitantes permanentes. Nos da tiempo a charlar con algunos. La iglesia está dedicada a San Vicente, es un edificio grande en lo alto de una colina. Como cosa curiosa os contaré varias anécdotas: el principal oficio de este pueblo además de la ganadería, era el de los “neveros”: gente que subía a buscar nieve a una cueva natural bajo el Espigüete, la bajaba de noche en costales e iba a venderla a Palencia y Valladolid. También era oficio corriente el de los carboneros picones. La inauguración del embalse de Riaño supuso un cambio brusco en las formas tradicionales de vida, pues muchos valverdinos emigraron a mejores tierras.

Hablando de emigración otra anécdota curiosa.: El abuelo de Felipe González era natural de este pueblo. Luego emigró a una ganadería a Bilbao donde se casó con la hija del dueño y se trasladó a otra ganadería que el mismo dueño tenía en Sevilla. Se ve que todos los mandamases de un lado del espectro tienen gotas cazurras en sus venas.

Otra historia más. Todos estos pueblo se llaman de la Reina por la influencia de una dama, Doña Constanza Enriquez, que señoreaba esta comarca, y no siendo reina, así se lo parecía a los habitantes de la región.

La última: en 2002 una explosión provocada destruyó la casa de un concejal del PP que afortunadamente vivía en Bilbao. Que cosas.

Tras larga estancia en el pueblo, aprovechando el último sol de la tarde en tertulia en la plaza del Marqués, viendo la mole blanca del Espigüete brillante al último rayo de sol, aguantando el bajón de temperatura (10º en mi cacharro) por fin damos la salida oficial. El cielo se ha convertido hacia el oeste en una sucesión de nubes doradas colocadas por un caprichoso pintor de paisaje. A pesar de todo seguimos “namoraos”.

Próxima ruta, que no te puedes perder: La subida desde Puente Vidosa por la Senda Degüera, antes Senda del Cartero, hacia Biamon. Desde allí vamos a pasar a la Collada Nochendi y vamos a bajar por la Cueva del Toyu y la Canal de Tuba a Viego. Caminos de herradura antiguos que hay que grabar en nuestra memoria antes de que todo se convierta en selva.

FRESINES

jueves, mayo 12, 2011

LA FOZ DE LOS MASERONES Y LA XERRA DEL TRALLÁN: EL G.M “LAS XANAS” EN LO MÁS PROFUNDO DE PILOÑA

7 de mayo de 2011

NOTAS:

9:05 Riofabar (376 m.) Salida por la parte sur del pueblo, pista a la derecha de una casa pintada de azul, situada al final del pueblo. Buen camino que bordea la peña del Castillo de Ciébana. En seguida estamos en el collado Llarandiello. Entramos al bosque. Atravesamos una primera riega profunda., sin dificultad porque ahora lleva poca agua. El terreno que pisamos es la Llera El Agua. Caminamos sin variar el rumbo hacia el sur

10:22. Majada Veneru. (1h 20m. 689 m.). Pasada la misma seguimos el camino de la derecha. (El de la izquierda nos llevaría al Collado de Ciébana). Pasamos junto a una cabaña. El viento hace susurrar suavemente las hojas. Es el bosque “absoluto”, en estado puro, casi abandonado por los humanos. Sólo visitado por algún pastor y algunos locos románticos como nosotros. Las fayas dueñas del lugar se han vestido de un intenso tapín verdoso. Pasamos junto a una portilla. Hay que bajar al regato. Camino embarrado. Un picamaderos ha dejado sus huellas en la rama. Otra cabaña. (La Pontiga, 610 m.) Pasamos un tercer regato. A nuestra izquierda hay un prado alargado. El ruido del agua es ahora intenso. Estamos cerca de la Foz. Seguimos el sendero.

10:50 (1h 45m.) Bajamos a la altura del regueru Ortigal . Estamos en la entrada de la foz de Maserones. Dos grandes ollas de agua. El sendero sigue por la derecha en sentido contrario al río. La foz es un profundo tajo entre dos paredes calizas. Crecen árboles en la misma roca suspendidos en total vertical.

11:15 (2h 10m. 713m.) La pared que está a nuestro frente está completamente horadada. Tiene que ser refugio de animales pequeños. Cruzamos a la otra orilla. Entramos en la riega del Potral a continuación de los Maserones y a nuestra derecha. Ahora estamos bajo la sombra de fresnus y del pláganus.

11.41 (2h 36m.824m.) Salimos del río por nuestra izquierda dejando un derrumbe de tierra blanca a nuestra izquierda. Es un buen indicador de orientación. Esta es una zona desconocida para todos. La subida es fuerte hasta que nos situamos por encima de los últimos robles. Según el libro de Enrique Marcos si cruzas la riega ‘L Foceyal llegas a una planicie (a 790 m.) conocida como la pasada ‘L Xerru. Nosotros atravesamos el monte Los Llacios a más altura. La Xerra Trallán por fin a la vista. Pero falta bajar el profundo barranco de la foz del Pedregal. Seguimos una senda hacia la derecha, siempre hacia el sur. Bajamos por una ladera quemada hace tiempo. No hay una senda clara, pero si senderillos hechos por los animales. Vemos frecuentes restos de corzo y otros herbívoros.

12:12 (3h 07m. 771m.) Llegamos al río Pedregal. Lleva poco caudal. El rumor del agua nos acerca a una pequeña cascada cercana. Cruzamos la riega saliendo junto a un cierre en la misma orilla del río. El lugar se conoce como Los Pedregalinos. Un nuevo camino, paralelo al río en el que vamos pasando ante varias cabañas en muy diversos grados de conservación. El camino se desdibuja en algunos momentos. Las espineras nos recuerdan que estamos en terreno selvático. Siempre avanzando hacia el sur. El valle está encajonado entre la Sierra del Trallán y el Cantu el Monte La Mata. Seguimos el curso del río por la derecha. Ahora vemos varias horcadas en la Xerra de Trallán, situadas hacia el fondo del valle. Según algunas versiones no hay ninguna practicable. No es cierto. Las “Xanas” ya estuvo aquí. Pasamos ahora por las brañas Linar, Miradoriu, Pedregal y Copín. Los Cuitos Negros cierran este prestosu valle. Por el flanco que cae a Sobrescobio discurre el importantísimo Camino Real del Sellón, que esperamos recorrer pronto.

13:13 (4h 8m. 945m.) A la altura de la sexta cabaña, casi tapada por la hiedra, y junto a la que hay una cabaña pequeñita, empezamos a ascender en fuerte subida por la ladera. Hay un sendero muy marcado que pasa a Redes, bajo el pico Entrambosllagos. La pasada ‘L Trallán cada vez más cerca. (No es la que tiene un árbol en medio, ni tampoco la última horcada). Hay que superar un tramo por encima de un roquedo y luego meterse contra la caliza blanca. Al pasar vemos un robusto grupo de arbustos cuyos troncos paralelos sostienen la roca. ¡Qué fuerza tiene la naturaleza! Mirando hacia donde venimos se aprecia impresionante la entrada a Maserones encajonada entre dos enormes peñascos que bajan desde la Peña La Piedra, prolongando la hermosísima sierra de Xiblaniella.

14:24 (5h 19m. 1237m) Hemos cruzado al otro lado por una serpenteante subida. Por el camino encontramos a dos pastores que acaban de subir su ganado desde Bueres. Nos señalan la mejor bajada por el valle del Infierno. Sus comentarios bajo la sombra del roquedo son jugosos: cómo sienten el abandono del campo, que ellos lo ven reflejado en la poca ayuda de la administración, en las cortapisas que les ponen desde medio ambiente para mantener los caminos, en la falta de buenos accesos a las cabañas, en la necesidad de limpiar los montes con la quema controlada de laderas, en la sarna de los corzos y en lo poco que se hace para sanear... Según ellos el “paraíso natural” está dejado a su suerte y sólo vale para las fotos que los turistas hacen desde las buenas carreteras. Callamos y anotamos.

Tras el cierre que impide el paso del ganado una pequeña majada. Estamos en el valle del Infierno. Por fin un poco de descanso. Llevamos en acumulado mucho desnivel. Se divisa el Vízcares, el collado Traslafuente, el Maoño, la Peña Crespa, El Cuetón de los Traviesos, la Frayada y la Ordaliega. En el fondo de la barranca la foz de los Cubilones que se atraviesa por el puente del mismo nombre. Seguimos una senda ahora hacia el Norte, a nuestra izquierda. pegados a la peña (Los Altos de Trallán) en lento descenso. Si siguiéramos hasta el inicio de este serrón desde el lado de Arnicio nos encontraríamos con la Foz del Molín que dicen que es impracticable. En cierto momento hay que empezar a bajar por el hayedo, siguiendo un senderillo que en brusca bajada nos coloca en el camino del bosque.

15:40 (6h 35m. 918m) El suelo está cubierto por una buena alfombra vegetal. Recorriendo un precioso bosque de hayas encontramos un ejemplar enorme al que le ha crecido una rama que le sostiene por la parte inclinada enterrándose en el suelo y volviendo a salir más tarde. Llegamos a una hermosísima braña. Siempre siguiendo al norte. En su extremo una charca. Hermosa vista sobre la sierra de Ques y Piloña. Estamos cerca del collado Cabu.

Encontramos el camino a través del bosque. En sucesivas vueltas y en suave descenso nos encamina al Collado Medio (897 m.) A partir de aquí el sendero desciende de manera muy tendida. Estamos atravesando el monte de Múñigo. El camino se hace largo pues llevamos muchas horas de ruta. Hace tres años, cuando pasamos por aquí el sendero estaba despejado. Hoy las señales evidentes del abandono se hacen notar: árboles atravesados, matorral, espineras... Vislumbramos la pista del río Infierno. Se oye el fragor del agua. Estamos a punto de culminar esta interesantísima ruta.

16: 43 (7h. 38m 456 m.) llegamos al área recreativa de La Pesanca. Con la grata impresión de haber efectuado un recorrido extraordinario: en realidad dos rutas en una sola jornada. Conocíamos aspectos parciales de cada uno de los dos extremos de la pinza. Nos faltaba unirlos por la Foz de Maserones. Hoy lo hemos podido hacer contando con la experiencia del grupo. Hemos podido entrar con acierto en este extraordinario paraje. En nuestro recuerdo las inmensas ollas (“maserones”) que ha excavado el río en la caliza. El paraje es de extraordinaria belleza y respira paz por doquier. El precio que hemos pagado por entrar en uno de los últimos rincones del paraíso es nuestro gran cansancio. El recorrido total fueron 16,3 kilómetros, con un desnivel acumulado de 1.319 metros de subida y 1.084 metros de bajada.

Afortunadamente nos espera el autocar en La Pesanca. En el bar Vízcares de Espinaredo una agradabilísima comida de hermandad en la que nos felicitamos por la aventura vivida, sin duda una de las mejores de la temporada. Con Las Xanas nunca te aburres y la emoción está garantizada. El caso es que siempre acabamos saliendo de estos entresijos tan complicados. ¡Bravo por el Grupo! Encima la lluvia que amagaba, aguantó todo el día. Descargó cuando estábamos ya bajo techo.

El sábado tenemos otra formidable salida. Queremos llegar al Pico Murcia de 2.349 m en el norte palentino, subiendo desde Cardaño de Arriba. Subiremos novecientos veintitantos metros. La bajada la haremos por la vertiente leonesa hacia Valverde de la Sierra, debajo de la gran mole del Espigüete. Según las indicaciones de expertos es una subida apta para cualquiera que tenga cierta condición física. Unas tres horas de subida y otras dos y media de bajada. Como la aproximación es tan larga desde Asturias hemos decidido salir a las cinco y media de la mañana (desde San Andrés). Algunos tienen pensado comer en la cima. Ya estamos impacientes por hacer cumbre.

FRESINES