martes, junio 30, 2009

LOS CAMINOS DE LLUE

Nuestras pretensiones para el sábado pasado eran bastante arriesgadas y por tanto difíciles de llevar a buen término. Y no por la dureza en sí de la ruta. Los problemas se nos presentaban, al decir de los entendidos, por la fecha en la que pretendíamos realizarla, dadas las características climáticas de este invierno pasado. Justificar a ambos lados
Para llegar a Llué desde Collado Granceno, hay que hacerlo por el Río Canalita y a través de una angosta foz. El Río Canalita es el canalizador de toda la cuenca que baja del Collau Zorro y por tanto de todo el bosque de Peloño. Como pudimos comprobar in situ, aún sin llegar a verlo, por el ruido que sentíamos en la parte alta, por abajo debía ir con la fuerza suficiente para imposibilitarnos su vadeo.

Así y todo, después de dejarnos el autocar en el aparcamiento de Les Bedules y tras seguir la pista hasta Collado Granceno, la mayoría del grupo nos decidimos por acerarnos lo que pudiésemos al Canalita y conocer de paso, la zona, con vistas a un intento en otra época.

El resto del grupo optaron por seguir al este, rumbo a la Collada Viances a los pies del Sen de los Mulos, para continuar a Collada Reces, desde donde se tiene una buena vista de Llué en el fondo de la hondonada. Luego, por Collado Cocillón y en descenso por un viejo camino entre arbolado, llegaron a Tolivia y tras cruzar el abandonado y semi derruido pueblo, pasando junto a la iglesia y tras atravesar una buena plantación de ortigas gigantes, salir, dejando la izquierda el Valle Torbeñu que desciende de la collada del mismo nombre, por el Forcau a la Canal de la Cabritera bajo los desplomes de Peña Ñorin. Un buen camino armado va paralelo a la riega del Río Mojizo a muchos metros por encima del cauce y dando vista a la carretera de los Beyos. Descendieron al Puente Espina, quince o veinte metros por encima del río Mojizo, para pasar a la otra orilla y desde allí, paralelos al Sella, ir al encuentro del remozado Puente Vaguardo para alcanzar la carretera.

Nosotros por el contrario, dimos unos cuantos pasos más allá de la señal del cruce de caminos de Granceno y comenzamos a descender por una pista que sale a la izquierda y que baja entre el arbolado haciendo algunas curvas. Pasamos junto a las diseminadas cabañas de El Rosellón y continuamos descendiendo. Luego el camino enllana para a continuación hacer un suave sube y baja antes de llegar a La Palanca, unas praderas con una casa en ruinas, en la que había unas colmenas. En este punto, siguiendo por detrás de la casa, se vuelve a la pista que va de Granceno a Collada Guaranga.

Nosotros continuamos por una pista que sale en la misma dirección que traíamos. En realidad aquí es donde debimos seguir una pista casi tapada, que sale frente a la casa y que vimos a nuestro regreso. Por esa pista, abandonándola a la derecha más adelante, se alcanza la riega del Río Bustiellos, que nos lleva a los pies del Porru Castiellu, donde, por su derecha, llegamos a la foz que forma el Río Canalita. Ese es el camino de Llué.

En parte por desconocimiento y también porque nuestra pretensión no era meternos directamente en la foz, si no ver como estaba el terreno, nos guiamos del GPS y continuamos en busca de un acercamiento al Canalita, que no encontramos. La pista finaliza en una finca en la que se estaba arreglando una cabaña. Dimos la vuelta para coger otra pista que por la derecha volvía a tomar la misma dirección y que creíamos nos llevaría al Cerro Castiellu. Craso error. Nuevamente llegábamos al final también de esta pista. En esta ocasión contra un muro de piedra al que subimos tratando de continuar. Pero aquí se abría un gran tajo con el valle del Canalita abajo y el Cerro Castiellu, muy cercano pero en el otro lado del valle. Intuimos Llué, que según el GPS se encontraba muy cerca, pero no se podía continuar.

Encaramado en aquella roca, entre las ramas de los árboles pude contemplar la inconfundible silueta de Peña Santa.

Retrocediendo sobre nuestros pasos regresamos a la Palanca y fue entonces cuando vimos la otra pista, la buena. La que nos llevaría al Cerro Castiellu. Pero era tarde. Se imponía volver a Granceno lo antes posible. Así que salimos a la pista oficial de Peloño y por ella llegamos a la Collada Granceno.

Por la hora que era y teniendo en cuenta que desde allí bajar a Vaguardo nos llevaría unas cinco horas, decidimos hacer el descenso por Viboli y los Andamios hasta Puente Huera. Siguiendo las indicaciones del señalizador allí existentes, tomamos el sendero que desciende rápidamente entre vetustas hayas hasta la carretera que une Puente Huera con Viboli.

Algunos hicimos una visita al semi abandonado pueblo, constatando ese abandono y la destrucción por tal motivo, de muchas de las casas. Es una pena pero dentro de unos años quedarán cuatro casas en pie si no se toman medidas. La carreterita se encuentra en mal estado y las pocas gentes que allí viven dejarán de hacerlo con lo que terminará siendo un pueblo fantasma devorado por la maleza, al igual que ya lo es Tolivia.

La carretera que atraviesa la Foz de los Andamios también se encuentra en malas condiciones en muchos de sus tramos. Además los quitamiedos han perdido sus fijaciones y cuelgan sobre el profundo tajo que quieren proteger. Es triste el grado de abandono que padece este concejo, uno de los más bonitos de Asturias y con una riqueza etnográfica que se está perdiendo a pasos agigantados. Esperemos que no ocurra y el Principado vele por la conservación de este patrimonio.

Para el primer sábado del mes de julio tenemos ruta por los Lagos de Covadonga. Se trata de la ruta que el año pasado no pudimos realizar por culpa del argallu que cerró durante un par de semanas la carretera de Covadonga a Los Lagos. Queremos hacer una ruta circular por Aliseda con vuelta por el camino de Vega de Ario. Para ello nuestra propuesta es:

Bufarrera (1.063 m) – Entrelagos (1.158 m) - Campo La Tiese (1.106 m) – Las Reblagas (1.125 m) – Vega el Paré (1.304 m) – El Tolleyu (1.398 m) – Camperas de Jaces (1.550 m) – Jorcadillin de Cueva Oscuro (1.600 m) – Las Carreteras (1.650 m) – Cilluenga (1.700 m) – Jou Los Porros (1.777 m) – Vegas de Aliseda (1.800 m) – Collado Jermoso (1.775 m) – Pico Gustuteru (1.810 m) – Ojos de Manada Vieya (1.730 m) – Forcau Valle (1.619 m) – Veguina de Pedro Crespo (1.530 m) – Vega Robles (1.400 m) – Las Fuentes (1.426 m) – Sedo el Cabrital - El Llaguiellu (1.300 m) – Las Bobias (1.200 m) – Campo La Tiese (1.106 m) – Bufarrera (1.063 m)

Es una ruta larga pero muy vistosa. Además, como se vuelve otra vez al punto de partida, no hay problemas para los que quieran caminar menos. Hay alternativas suficientes. Así que ánimo y a apuntarse pronto, que hay pocas plazas libres. Espero vuestras noticias.

martes, junio 23, 2009

LA SENDA DE LA PADIELLA

La realización de esta ruta es una de esas cosas que en algún momento contemplamos como inalcanzable y que cuando la conquistas te deja un regusto especial. No es que considere que no se puede hacer. Cuando hace unos años la hice en compañía de Lito, Jorge y Carrete, acabamos diciendo que no la repetiríamos nunca y menos en una colectiva con el Grupo de Montaña. Se quedaba allí, como in tótem intocable.


Pero el tiempo pasa y cuando a finales del año pasado, al preparar el calendario de rutas para este año, Jorge me propuso incluir esta ruta, mi primera intención fue decirle que no. Pero no lo hice. Era un nuevo reto para todos. Para los que no la hicieron nunca y para nosotros que teníamos que guiar al resto y con el handicap de una colectiva.


Puestas así las cosas, emprendimos el viaje rumbo a Teverga, en la confianza de que la climatología nos sería propicia, tal como auguraban todas las predicciones. Pero hete aquí, que todos se equivocaron. El día estaba neblinoso y según nos acercábamos a destino, las cosas empeoraban: la carretera que por Trubia y Proaza estaba seca, se encontraba mojada tras atravesar los túneles anteriores a Entrago y la niebla era dueña y señora del ambiente.


Pasamos junto a nuestro punto de inicio de la ruta al salir del segundo túnel y todos nos agolpamos en las ventanillas para contemplar lo que nos esperaba. Seguimos hasta San Martín para desayunar y esperar un poco a ver si la niebla se disipaba. Hicimos tiempo y la cosa no acababa de mejorar. Se imponía tomar una decisión y esa no fue otra que: adelante.


El autocar, en esta ocasión conducido por nuestra entrañable choferesa Puri, nos dejó en la carretera antes de llegar al primero de los túneles después de Entrago. Con las mochilas al hombro y llenos de buena voluntad, iniciamos las primeras y duras rampas de la senda, caminando por un estrecho sendero muy deteriorado por la falta de uso y las inclemencias del tiempo. El sendero se arruga en un sinfín de apretadas curvas para tratar de facilitar el avance y la dura ascensión. No es difícil seguirlo con la vista. Lo complicado es avanzar superando la inclinación.


Se me agolpan los recuerdos de mi primera subida a Sobia por esta senda y el dolor que se me puso en el empeine de los pies durante esta primera cuesta. Es que ni en los descansos puedes poner el pie horizontal. Siempre lo tienes doblado, con lo que el empeine sufre las consecuencias.


A la inclinación del terreno se une la humedad y con ello las posibilidades de resbalar. Eso nos obliga a ir mucho más atentos y precavidos. Poco a poco vemos como la carretera va quedando abajo a nuestras espaldas. Cada paso que damos es mucho lo que nos separamos de ella. Por arriba, en el constreñimiento en el que nos tenemos que adentrar entre las paredes rocosas, la niebla parece campear a sus anchas. La oscuridad lo llena todo.


Poco a poco nos vamos adentrando en un bosque de avellanos, hierba y ortigas. El sendero que al principio discurre por la parte central, se va acercando a la izquierda y con ello a la muralla pétrea. En un momento determinado, ante nuestros ojos aparece el telón gris de la piedra sin que podamos ver su final superior. Este muro nos marca el camino a seguir. El sendero se retuerce una y otra vez ganando altura. La hierba lo tapa a veces, pero está allí y solo es necesario fijarse para descubrirlo. Su trazo es muy evidente y tiende a ir a la izquierda siempre. Tampoco es que se pueda ir a otros muchos lugares, ya que las paredes calizas nos obligan.


Frente a nosotros una nueva y vertical pared. Lito nos comenta que en ese lugar está la Cueva del Fugao. Pero no podemos verla a causa de la niebla. Parece ser que por ella hay otra posible senda pero más compleja. El sendero nos lleva definitivamente a la izquierda, al comienzo de la primera canal muy pedregosa.


Se pierde un poco el camino, pero de todos modos es evidente y se puede hacer por cualquier lugar. Recuerdo que la primera vez lo subimos por la derecha, arrimados a la peña y en esta ocasión lo hicimos por la izquierda. Ambos son válidos. El esfuerzo, que es lo que importa, el mismo. Enseguida alcanzamos el final de esta canal, reconocible por un muro de piedras. Allí hicimos un alto en el camino para descansar y reagruparnos. También aprovechamos la ocasión para hacernos una foto.


Saltando sobre el muro de piedras, accedemos a la zona que podemos considerar más problemática sobre todo por las condiciones de humedad que en esta ocasión tenemos. Se trata de una playa herbosa con una inclinación considerable, y cuyo posible deslizamiento nos lleva irremisiblemente a la carretera que circula paralela a nosotros, unos cuantos metros mas abajo. En parte podemos agradecer a la niebla el que nos libere de la visión de la carretera en este paso. No hay un sendero definido pero debemos caminar casi en horizontal un tramo, para poco a poco ir subiendo a la derecha a buscar el inicio de la segunda canal del día.


Para alcanzar la nueva canal debemos cruzar antes un pequeño muro rocoso. No es muy complicado el paso, pero con las condiciones que tenemos debemos tomar todas las precauciones. La humedad no es buena para andar por hierba y piedras y tenemos que tenerlo en cuenta. Poco a poco y uno tras otro, vamos pasando la dificultad en forma de roca y accedemos a la nueva canal herbosa, por la que debemos seguir ascendiendo.


La canal se va estrechando y al final nos encontramos con unos avellanos. Aquí debemos girar a la izquierda para continuar después por una cornisa que podemos pasar por su derecha o bien sobre ella. En este punto damos vista al pueblo de Santa Maria, pero no es el caso. La niebla persiste y no podemos ver nada. Caminamos por la cresta que no tiene mayores problemas que los que nos pueden dar el agua y la piedra y llegamos a una zona más abierta y de hierba y maleza, por la que continuamos la ascensión, pero menos pronunciada. Debemos ir primero un poco a la derecha, siguiendo el sendero que vuelve a ser bien visible, para luego tender a la izquierda.


Con vistas, este tramo de subida no tiene ningún problema, ya que es evidente pues de lo que se trata es de subir a buscar la planicie de La Veiga d’Adentro, que supone el final de la dura ascensión por la Senda de la Padiella. Alcanzada la vega, seguimos por el ahora marcado camino que la recorre. Nuestro próximo hito es el Pico de la Siella, donde nos esperan los que hicieron la subida normal por Carrea.


La niebla comienza a disiparse, ¡¡¡ahora!!!, y podemos ver la Siella y a nuestros compañeros. Poco a poco desaparecen las nubes y el cielo azul nos acompaña para llegar a la cumbre.


La Siella, con sus 1.515 metros de altura, es un magnífico mirador de Teverga. Colgado encima de Sobrevilla, nos ofrece unas estupendas vistas de Entrago, San Martín, La Plaza; toda la zona de San Lorenzo, con Peña Negra en primer término y el Michu detrás. El Ferreirua y Ventana, dan paso a las Ubiñas y por el norte, el Aramo y bajo nuestras miradas el hermoso verdor de las Veigas de Adentro y de Afuera.


El día ha mejorado enormemente y se está a gusto en la cumbre, disfrutando de las vistas. Pero nos queda una buena pateada por la Canal de Faya y en San Martín nos aguarda un festín de pote y cabritu. Así que después de reponer fuerzas y solazarnos un buen rato, emprendemos el descenso siguiendo la cuerda al oeste. Pasamos junto a un par de horcadas que caen vertiginosas hacia Sobrevilla. Un poco más allá se encuentra el camino de nuestro descenso. Nuevamente las precauciones consabidas. En este caso a causa de la inclinación y el terreno resbaladizo por la piedra menuda.


Hay trazas de varios caminos todos con la misma dirección, pero unos más directos que otros. Cada cual se acomoda al que mejor le va. Al principio, el sendero discurre entre piedras hierbas y tierra, dando varios zigzag por el centro de la canal. Posteriormente se decanta a la izquierda y pasa bajo un gran ojo de buey y una cueva, para posteriormente volver a la derecha y al centro.


Así desciende un buen rato, para volver a la izquierda poco antes de la entrada a una canal más estrecha. Aquí el camino se marca decididamente por la izquierda de esta nueva canal. Encontramos algunos jitos. A pesar de ello, nosotros nos equivocamos y nos metimos en la canal antes de tiempo, lo que nos llevó a una cortada en la que tuvimos que vencer un mal paso apoyándonos en los troncos de unos jóvenes avellanos para realizar el destrepe.


El camino, como digo, continúa por la izquierda de la canal y sale a ella por debajo de la cortada. Por tanto se deben seguir los jitos que ya nos acompañan en lo que queda de descenso por la nueva canal, en la que no hay un camino muy definido y debemos acoplarnos a lo que mejor nos convenga, siguiendo la dirección marcada por los jitos.


De esta forma, y poco a poco vamos acercándonos al camino que vemos bajo nuestros pies, por el que nos dirigimos finalmente, entre prados, a Sobrevilla. Allí, en lo más alto posible de la carretera, nos esperaba nuestro Ángel de la Guarda particular, Puri, con el autocar, para dar por concluida esta preciosa, arriesgada y épica ruta por la Senda de la Padiella. El tiempo empleado con paradas incluidas, fue de siete horas. Quizá corrimos un poco más a sabiendas de que en Aladino nos esperaba una buena pitanza.


Para la ruta del próximo sábado no puedo deciros aún muchas cosas. Como sabéis pretendemos acercarnos a Llué por el Río Canalita, pero este se encuentra en pleno deshielo y parece que baja con mucho caudal, lo que nos imposibilita su descenso. Estoy a la espera de que Jorge me comunique lo que ha hablado con Francisco Ballesteros y saber realmente que es lo que vamos a hacer. Entre tanto, la ruta propuesta es:


Les Bedules (1.083 m) – La Biforcadera (1.187 m) – Collado Granceno (1.194 m) – Río Canalita – Llué (600 m) – Collado Reces (976 m) – Collado Cocillón (897 m) – Tolivia (720 m) – Puente Espina (450 m) – Puente Vaguardo (430 m)


Para saber más cosas respecto a esta ruta, os diré como decían antiguamente en Televisión Española: DISCULPEN LAS MOELESTIA Y PERMANEZCAN ATENTOS A SUS PANTALLAS. En nuestro caso, permanezcan atentos al correo del grupo y a este blog. Tanto en uno como en el otro, se expondrán las decisiones que se tomen. De todos modos, ¿qué más da a donde vamos? Lo importante es pasar un buen día en la naturaleza y en buena compañía y ambas cosas están aseguradas.


Así que espero vuestras llamadas para reservar una asiento en el autocar. Además os advierto que en esta ocasión el autocar será de 26 o 27 plazas, con lo que el que no esté atento, se puede quedar sin sitio.

martes, junio 16, 2009

¡QUÉ GUAPOS ESTABAN SOMIEDO Y LACIANA!

La ruta del pasado sábado día 13, vieja conocida del grupo, resultó de lo más gratificante, gracias a la gran cantidad de nieve caída durante el invierno y bien entrada la primavera. Grandes manchas de nieve de buen espesor salpicaban gran parte del camino, haciéndose más abundantes al acercarnos al Cornón y por tanto, ganar altura.


Efectivamente, la ruta la realizamos desde el Puerto de Somiedo, Santa María del Puerto, hasta el Cornón, la segunda mayor altura de Somiedo. Y como estaba comentando, Somiedo estaba precioso. De un verde brillante cargado de matices de color, puestos sobre la hierba por la gran multitud de florecillas que lo poblaban. El agua corría por todas partes y en muchos casos el terreno estaba anegado sin poder absorber más. El día se presentaba espléndido de luz, con un bonito cielo azul festoneado de blanco por la acción de algunas difuminadas nubecillas que correteaban por él.


A pesar de los malos augurios de los voceros del tiempo, que daban tormentas para la tarde, comenzamos a caminar en el Puerto, que dormía una noche de resaca por la fiesta allí celebrada. Un gran mastín blanco se nos unió e hizo con nosotros una parte del camino, hasta que su dueño lo vio y en rápida carrera frustró sus deseos de acompañarnos.


El camino, completamente señalizado por las marcas del PR AS-10, es fácil de seguir y quizás por eso, una parte del grupo optó por hacerse su propio camino en un irrefrenable instinto de caminar al estilo de Las Xanas: por cualquier sitio, menos por el que hay que ir. Así que se formaros dos grupos que terminaron por confluir poco más allá, formándose uno de mayores proporciones, que continuó por las marcas mencionadas, mientras que otro menor, prefirió hacer una buena ascensión al Altu Prefuste, para no tener que descender a una pequeña hondonada en las Vegas de la Penouta a los pies de esta característica peña.


Pero nuevamente nos juntamos a la altura de La Almozarra, para recorrer juntos ya el resto del camino hasta la cumbre del Cornón de 2.188 metros. Cumbre que se encontraba bien acompañada, pues había bastantes montañeros disfrutando de las estupendas vistas. Con el horizonte despejado como estaba, la vista alcanza magnitudes insospechadas. Por el este, allá a lo lejos y ya difuminados, los Picos de Europa, con la Peña Santa al frente, nos trae al recuerdo la preciosa ruta de hace quince días en el Cuetón. A su lado y ya mucho más cercana, Peña Orníz y delante cubierto por ese ala por las alturas de los Picos Blancos, Pena Chana, La Salgada y el Putracón, Santa Maria del Puerto parece comenzar a desperezarse. Aún más cerca de nosotros la inconfundible figura de la Penouta que nos acompañó toda la mañana. Y ya por el norte, el Cornín, El Cogollu Cebolleu, el Cogollu y el Cabril y tras ellos el Rabu de Asno. Por el oeste aparecen salpicados aún de nieve, la montaña de Cangas de Narcea, Degaña e Ibias. A nuestros pies, mirando al sur, el Valle de Sousa de Laciana de un verde precioso. Un poco más al este, para cerrar el círculo, los Muxiben y a sus pies en el fondo del valle, Lumajo, nuestro destino final.


Tras una buena estancia contemplativa en la cumbre del Cornón, llegó la hora del descenso, más por el empeño de algunos que por las ganas de la mayoría. A pesar de tener previsto descender al sur por la cresta de la sierra, lo hicimos por donde subimos para recoger a Senén que no nos acompañó hasta la cumbre y nos esperaba en la base. Luego nos desviamos un poco a la derecha, bajo las estribaciones del Aspia y sin perder altura, para salir al Valle de la Almozarra por la ladera de la Regada y algo más bajos del Collado Entrepicos por el que en principio teníamos previsto pasar.


Aquí se produce un nuevo desdoblamiento del grupo. La mayoría siguió los pasos de Carrete descendiendo al valle, mientras que unos pocos continuamos sin perder altura con el valle a nuestra izquierda. Maria Jose, Ángel y Víctor aún aprovecharon para ascender a la puntiaguda cumbre, vista desde la zona de Lumajo, de La Regada. Entre verdes praderas cargadas de flores, fuimos descendiendo poco a poco sin un camino definido, pero sin problemas, acercándonos al tajo del valle. Pasamos junto a una solitaria cabaña en un promontorio y al poco alcanzamos una destartalada cuadra y los restos de las cabañas de Navariego, donde confluimos con una buena pista de tierra, que sin pérdida, nos condujo a Lumajo.


El otro grupo aún se dividió más formándose dos secciones, una menos numerosa capitaneada por Carrete que tras atravesar un cotoyal alcanzó las cabañas de Navariego y la pista que nosotros cogimos. El otro, a las órdenes de Rosi, cruzó el Ríu de la Mozarra para coger la pista de la margen izquierda y llegar así también a Lumajo, seis horas y cuarto después de salir del Puerto.


Para el día 20, si el tiempo lo permite, tenemos una ruta especial, que pocos grupos creo que la hayan hecho hasta el momento y más me atrevería a decir: muy poca gente la conoce. Por eso la queremos hacer, marcar e historiar, con el fin de que no se pierda. Se trata de la senda que nosotros llamamos de la Padiella, que asciende desde la carretera de Trubia-Teverga, junto a los túneles, hasta la Peña Sobia. Un antiguo camino de cabras y cabreros, hoy casi en desuso, que nosotros queremos rehabilitar. Se trata de una ruta dura. En menos de dos kilómetros venceremos un desnivel de unos mil metros, para llegar a los comienzos de la Veiga d’Adentro. Luego los que tengan aún fuerzas podrán hacer la Siella, para descender a continuación por la pedrera de la Canal de Faya hasta San Martín de Teverga. La ruta que queremos hacer es:


Túneles antes de Entrago (430 m) – Senda de la Padiella – Veiga d’Adentro (1.400 m) – La Siella (1.515 m) (optativa) – Canal de Faya – Sobrevilla (680 m) – San Martín de Teverga (460 m)


Quien no quiera hacer la ruta por este lado, siempre tiene la posibilidad de hacer la subida normal por Carrea. De una u otra forma, al finalizar, el que quiera, podrá disfrutar de una buena comida a base de pote y cabritu, por 15 euros, en Aladino.


Espero vuestras llamadas para esta interesante ruta.

martes, junio 09, 2009

EL MARATON DE LAS XANAS

Hemos vuelto a recuperar una ruta clásica del Grupo de Montaña LAS XANAS, la antigua SAN LORENZO – SAN ANDRES, convertida esta vez en San Lorenzo – Castañeu del Monte, pero no por ello exenta de ese halo de dificultad que tiene, por los muchos kilómetros de su recorrido.


Se trata de una ruta historiada, ya que forma parte del Camín Real de la Mesa en su bifurcación hacia Oviedo. Caminos antiguos hoy reconvertidos y en parte contaminados ya por la automoción, aún incipiente, pero con visos de convertirse en mucho más. Hemos visto como se está construyendo una carretera por sus dimensiones, desde Vicenturo a Maravio, con bifurcación a la braña del Pividal. Una cicatriz que creemos va a terminar siendo de hormigón, con caja de unos cinco metros de ancho. Una verdadera pena, pues se trata de un entorno de gran belleza.


Todo nuestro recorrido está señalizado por dos GR (Senderos de Gran Recorrido) el GR 101, que es el correspondiente al Camín Real de la Mesa y el GR 101.1 que es la bifurcación que nosotros debemos seguir desde cerca de Cueiro hasta el final en Castañeu del Monte. Debemos fijarnos bien y cambiar en el momento exacto, para no ir a parar a donde no queremos.


Iniciamos este largo recorrido en lo alto del Puerto de San Lorenzo, límite entre los concejos de Teverga y Somiedo. Un frío viento nos recibió e hizo que nuestros pasos se aceleraran en el comienzo, buscando el resguardo. El día no se presentaba muy católico y todos presagiábamos mojadura. Pero entre las nubes de vez en cuando, aparecía un entrañable rayo de sol.


Con dirección oeste comenzamos a caminar por la senda del Camín Real de la Mesa, casi paralelos a la carretera que baja a la Riera, pero por encima de ella. Transitamos por la ladera suroeste de la Sierra de la Verde, bajo las alturas principales como el Alto del Caspio, La Mirandiella o el Pico de las Abejas. Pasamos junto a la Fuente del camino, situada encima de Orderias, pueblo que vemos bajo nuestros pies, atravesado por la sinuosa carretera que hace poco abandonamos.


Seguimos casi en llano por la ancha senda tapizada de hierba y en algunos puntos de barro, hasta alcanzar la Collada La Tartulla, a los pies del cuerno de la Pena el Home, que venimos divisando ya desde la salida y en cuyas laderas podemos ver la soleada braña de Braniella. Abandonamos aquí la agreste vallada del Río Somiedo, caminando entre los límites de Teverga y Somiedo nos acercamos al Llano Fasquero, bonito lugar de verdes praderas, donde el sendero se difumina. Caminamos ahora con dirección norte para alcanzar el altozano de la Cuendia la Celada, que nos da paso a las praderas que suavemente descienden a Cueiro.


Cueiro fue uno de los enclaves importantes en la historia de este camino, donde aún se conservan las ruinas de su capilla y ermita que estaba dedicada a Santa María o la Virgen de Cueiro. En ese elevado lugar ubicado al pie del pico Alto de La Casa y ligado a los municipios de Somiedo, Belmonte y Teverga, se celebra actualmente y en el mes de septiembre una fiesta campestre que reúne a los lugareños de las comarcas limítrofes.


Seguimos nuestro camino dejando a nuestra izquierda las laderas del Alto la Casa, para adentrarnos en las praderas de la Campa Cueiro, lugar en el que aún podemos ver algunos restos de lo que fue la calzada romana. A la Campa Cueiro le sigue la Pousa la Sal, lugar donde abandonamos el Camín Real, que continúa a la izquierda junto al pico La Berza, con rumbo a tierras belmontinas.


Esta es una de las partes más bonitas del camino. Las verdes praderas se suceden, jalonadas de cabañas, la mayoría en ruinas y llenas de vida animal. Vacas y caballos son los moradores de estas tierras, aunque no es difícil ver algún zorro merodeando por estos contornos. Como digo, las camperas se suceden y nosotros debemos cruzar a la derecha pasando por un puente de reciente construcción, para evitar las chamuergas que pueblan. Tras cruzar el puente continuamos a la izquierda evitando la pista que desciende por la derecha a Taja.

Casi sin darnos cuenta alcanzamos las vegas de Vicenturo fáciles de reconocer por la presencia ala izquierda del Pico Redondo, una modesta cumbre (1.414 m), fácil de ganar y dominante de toda la extensión que lo circunda. Una característica corona pétrea forma su cumbre.


Dejando el Redondo a nuestra izquierda y tras atravesar un paso entre las rocas, descendemos a una pista que podemos seguir a la derecha (sureste), para después girar al oeste y continuar por la vallada que se forma, o bien ascender la ladera que tenemos al norte, alcanzando poco después una nueva pista que nos desciende al mismo valle. Aquí nace una pista de nueva construcción que más que pista parece carretera, por sus dimensiones. Todo hace suponer que en poco tiempo el piso será de hormigón. Por ella alcanzamos la Collada Santa Cristina, dejando a la izquierda las brañas de Santa Cristina y el Pividal. En Santa Cristina hubo ermita hoy convertida en cabaña ganadera. Esta collada nos da paso a los Puertos de Maravio.


El descenso por la vieja pista, hoy muy mejorada y que seguramente también terminará hormigonada, nos lleva a la carretera, muy cerca de la salida hacia Villabre y Grado. Nosotros debemos ir a la derecha y después de pasar el indicador del PR del Pico Caldoveiro y poco antes de la Casa Don Pablo, tomar un sendero que sale a la izquierda y que pronto comienza a subir entre cabañas. Estamos en el Camín Francés, un sendero bien señalizado y fácil de seguir, que en vueltas y revueltas nos aúpa a un collado a los pies del Pico Caldoveiro, que dejamos a nuestra izquierda.


El camino desciende entonces a las inmediaciones de la Laguna de la Tambaina y continúa todo derecho a subir al Alto Santiago en las inmediaciones del Pico Cadupo y límite de los concejos de Yernes y Tameza, Teverga y Proaza. Este collado nos transporta una nueva sucesión de praderas en las que podremos ver varios lagos, siendo el más grande el primero que nos encontramos. Son los Lagos de la Barrera.


Siguiendo las marcas del GR y tras pasar por la zona conocida como pata la mula, llegamos a una pradera en la que hay una casa muy arreglada y con cierre. A ambos lados de la puerta tiene las siluetas de dos toros de Osborne. Poco más allá a la izquierda, hay restos de una braña. El camino asciende ligeramente para situarnos en la parte alta de Cuallagar, con el Pico Loral frente a nosotros.


Ya el cansancio va haciendo mella y aún nos falta lo peor: la pista y la carretera. A ellas llegamos. Entroncamos con la pista de tierra por la que pasamos por la Portilla Guanón y dando vista a las tierras de Proaza, caminamos por encima del pueblo de Sograndio, reconociendo las sierras de La Verde y del Gorrión.


Por la pista llegamos al alto de La Cruz de Linares, reconocible por unas antenas y cogemos la carretera que en menos de dos kilómetros nos deposita en Linares. Aquí tenemos dos opciones: seguir por la carretera hasta Castañeu o continuar por las marcas el GR por el camino antiguo que unía Linares con Castañeu y Villanueva. La mayoría optaron por la carretera, pero un pequeño grupo seguimos el sendero. No fue una buena idea. En el principio había algo de barro, pero el camino se seguía bien. Pero más tarde comenzó a cubrirse de maleza y en algunos tramos tuvimos que emplearnos a fondo para poder pasar. Luego volvió a abrirse, pero en la primer oportunidad que tuvimos, retornamos ala carretera. Ya nos quedaba muy poco y enseguida avistamos Castañeu del Monte, a cuyas callejuelas llegamos en pocos minutos.


Una gran ruta en la que empleamos unas nueve horas, con la suerte de que el tiempo nos respetó. Cayeron algunas gotas en distintas partes de la ruta, pero no fueron suficientes para minar nuestros ánimos. Le sobró, eso si, la parte de carretera final. Pero siempre se termina de un modo u otro en una carretera. Es nuestro sino.


El próximo sábado día 13 nos vamos a tierras de Somiedo para coronar su segunda máxima altitud, el Cornón de la Muzarra, de 2.188 m. Una ruta sencilla y más corta que la que acabamos de relatar. La ruta que proponemos es:


Santa Maria del Puerto (1.486 m) – Prados de la Campa (1.564 m) – Fuente Cerezalina (1.730 m) – La Almozarra (1.785 m) – Los Pollos (1.927 m) – El Cornón (2.188 m) – Collada Entrepicos (1.848 m) – La Almozarra (1.790 m) – Navariegos (1.550 m) – El Albergue (1.480 m) – Lumajo (1.370 m).


Ya está abierta la inscripción para esta ruta clásica donde las halla. Es una cumbre que no se puede dejar de visitar. La máxima altitud de Somiedo y un buen mirador de la cordillera. Además es posible que aún encontremos algo de nieve en su cumbre o en las inmediaciones. Espero vuestras llamadas.

miércoles, junio 03, 2009

EL MEJOR MIRADOR DEL URRIELLU

Un magnífico día de sol para una ruta en un marco incomparable. Era la segunda vez que intentábamos la conquista del Cuetón de Llerosos y en la anterior ocasión la niebla nos impidió alcanzar esta cota y disfrutar de sus estupendas vistas del Central y el Occidental. Pero en esta ocasión, el cielo quiso pagarnos con creces el duro esfuerzo realizado y puso en todo lo alto al brillante astro sol, para que disipara todo atisbo de nube que pudiera empañar la magnífica visión.

El día amaneció limpio y el sol reinaba en el cielo desde las primeras horas de la mañana. El viaje hasta Inguanzo era alegre, pensando en que la ruta estaba segura. Salimos de Inguanzo con una buena temperatura para la hora que era. El camino lo conocemos de memoria, pues las Foces del Burdio son como nuestra casa, de tantas veces como las hicimos ya. Pero no nos cansamos de contemplarlas y en esta ocasión, probablemente con la mejor luz de todas. Salimos por la parte alta del pueblo, pasando junto a la iglesia, para seguir por una pista hormigonada que se dirige al este con la Sierra de Dobros como telón de fondo. Gracias a la buena luz existente, pudimos contemplar las múltiples revueltas que hace el camino minero que desciende desde el Portillo Busnuevo, por donde bajamos la última vez que estuvimos en estos lares.

La pista gira al oeste y se bifurca al sur para en fuerte ascenso, llegar a las inmediaciones de una cabaña donde finaliza. Unos metros antes del cierre de la cabaña, sale un sendero a la izquierda por el que se asciende hasta el hombro en el que se inicia el paso del desfiladero formado por el Río Burdio. Lo más interesante del desfiladero es el inverosímil sedo tallado en la roca, que permite su recorrido hasta la fuente del nacimiento, llamada del Hombre Muerto.

Se trata de un sendero ganado a las paredes que descienden del Toraco Jurao y del Pico Sal de la Piedra, que camina al principio en ascenso para a poco más de la mitad del recorrido hacer un fuerte descenso, donde se encuentra el único paso de cierto peligro si la piedra está mojada, ya que hay que descender una llambria muy pulida, de un par de metros, pero con buenos agarres. Luego se vuelve a empinar suavemente dando salida a Las Camperas donde se encuentra la mencionada fuente.

Por verdes praderas continúa el camino parea alcanzar la Vega Sal de la Piedra, donde nos encontramos con una bifurcación. Por la derecha, oeste se abre un ancho valle en cuyos inicios podemos ver un grupo de cabañas. Es la majada de Ternás. Nuestro camino sigue por la izquierda y en ascenso, por el Recuesto la Espina, entre las lomas que descienden del Pico Las Coronas y las paredes rocosas del Campillon. Pasamos junto a los Jous de Ardaboso y enfilamos la subida final al Collado Carraceda, desde donde se asciende con facilidad al Pico Las Coronas.

Por la izquierda se desciende a la Majada Maneda y al Portillo Busnuevo, mientras que a la derecha, nuestro camino bien marcado, asciende suavemente a la abandonada majada de Dubriello, donde solo quedan algunas paredes de lo que fueron sus cabañas. El camino empedrado va ascendiendo en revueltas con un desnivel cómodo de seguir, surcando las camperas del Monte Adabosos, hasta alcanzar el borde la profunda depresión de La Canal, a la altura del Paré Corvo.

El camino gira a la izquierda y llega a l a bonita majada de Ostandi con sus cabañas diseminadas alrededor de una pequeña laguna y con un abrevadero y fuente, que en esta ocasión no pudimos aprovechar por lo caliente que salía el agua. De Ostandi se sale por la izquierda de la fuente, siguiendo un sendero, probablemente del ganado, que nos lleva a una nueva campera más arriba, Vega las Salgueras, en la que da un rodeo primero hacia el este para girar luego al oeste, llegando a un hombro en el que el sendero se difumina, con dirección norte para situarnos en la cresta de los Picos de la Vega de los Carros, donde damos por fin vista al Central y al Occidental, con el Urriellu en uno y la Peña Santa en otro, como máximos exponentes.

Tras un respiro contemplativo de toda la inmensidad de cumbres que se nos presentan, continuamos por la cresta hacia el este, ascendiendo un primer promontorio tras el que se encuentra a pocos metros nuestro objetivo, el Cuetón de Llerosos, coronado por un buzón de cumbres con forma de piolé, instalado por el Grupo de Montaña ENSIDESA.

Las vistas son prácticamente las mismas que hace un momento, ampliadas con las de las zonas norte y este, que antes no veíamos. Al norte todo Cabrales con infinidad de pueblos. La Pica Peñamellera se asoma en un resquicio entre otras cumbres. El Cuera en toda su extensión. Más cercano, al otro lado del Río Cares, Los Puertos de Era con un sinfín de afiladas agujas. Ya por el sur, en la entalladura de la Canal del Tejo, aparece Bulnes El Castillo. A nuestros pies, asomándonos al precipicio, la Majada de Ondón y enfrente, Peña Castíl, el altivo Urriellu, el Albo, Torrecerredo, Cabrones, Cuetos del Trave y por delante Amuesa. Por el este, los reflejos de Caín, La Bermeja, El Jultayu, Cuvicente, Peña Blanca, Peña Santa, La Verdilluenga, Los Traviesos, La Canal Parda, Torre de Santa María y cerrando la panorámica, el Cabezo Llerosos.

Un ramillete de cumbres por las que merece la pena el esfuerzo realizado, más de 1.300 metros de desnivel con un recorrido de muy pocos kilómetros.

La temperatura es muy agradable y las vistas estupendas, pero tenemos que pensar en seguir, pues la ruta aún tiene muchos pasos pendientes. Cubierta la tarjeta y hechas las preceptivas fotos de grupo, iniciamos el descenso, bajando por el mismo sitio por el que habíamos llegado, hasta poco antes del lugar donde habíamos accedido a la cresta. Allí, un sendero desciende hacia el sur con bastante inclinación, pero sin problemas. La verdad es que en algún momento perdimos el buen camino y no nos quedó otro remedio que buscar la mejor forma de llegar a la pradera que se veía abajo, por la que discurre el sendero que viene del Llerosos. El descenso sin camino tampoco fue complicado gracias a que la visibilidad era estupenda.

Ya en el camino de Llerosos, nuestra dirección toma rumbo este hasta una pequeña pradera en la que el rumbo varía a la izquierda para seguir por una pedrera haciendo un gran círculo para volver a la derecha, este, descendiendo a la campera anterior a Ondón, en la que hay una fuente. De aquí a Ondón es un momento.

Si las vistas desde el Cuetón eran buenas, las de Ondón tienen además las cabañas como contraste de profundidad. La majada estaba llena de tranquilas vacas rumiando. Una nueva ráfaga de fotos a la “diva” del día, el Urriellu. Un descanso y a seguir hacia la canal de La Bobia.

El sendero hacia el este, bien marcado, nos lleva directos al comienzo de la larga y empinada canal. Abajo, muchos metros más allá, vemos los coches del aparcamiento del tren de Bulnes. Y Bulnes, el Castillo, también es visible en el fondo de la Canal del Tejo. Y por encima, el Urriellu.

El descenso de la canal de La Bobia no es difícil. Tiene un marcado camino zigzagueante pero con tramos bastante inclinados. Lo que sí tiene es que se hace pesada sobre todo al final de una ruta. También el calor hace mella por lo cerrada que está. De todos modos siempre tiene el aliciente delas vistas sobre el Picu y sus “posados” fotogénicos.

La primera parte del descenso se hace por el centro de la canal y va tendiendo ligeramente a la derecha, para retornar nuevamente al centro y llegar a la altura de la cabaña de Esmenadoiro, donde hay un sendero que sale a la derecha y se dirige a Pregüeles y Los Collaos, en la Senda del Cares, pasando por Pan de Espines. Nuestro camino continúa por debajo de la solitaria cabaña y por el centro de la canal. Pronto veremos más abajo otra cabaña rodeada de verdes camperas. Es entonces cuando el sendero se arrima a las altas paredes de la izquierda, para pasar junto a una cueva y dejando la cabaña a la derecha.

La maleza tapa la visión del camino y entre las ortigas continuamos el descenso ya con la mirada puesta en los tejados del ansiado pueblo de Camarmeña. La fatiga comienza a hacer mella y el calor insoportable. Por fin llegamos a la fuente de Camarmeña. El agua fría nos alivia y nos da fuerza para continuar descendiendo. Aún nos queda un buen rato.

Caminamos ahora por las hormigonadas callejas de este bonito pueblo montañero. Pasamos junto al Mirador del Urriellu, pero con la cantidad de vistas y fotos que llevamos de él, ni nos acercamos en esta ocasión. Para bajar a Poncebos se puede hacer por dos sitios: por el antiguo camino, hoy cerrado a causa de un argallo o por la carretera. Por causa del temporal no nos queda otro remedio que seguir por la carretera, tras pasar junto a la iglesia del pueblo desde donde nos despedimos del Picu con una postrera foto.
Un par de kilómetros de asfalto con un sinfín de revueltas y damos con nuestros cansados huesos en un hervidero de gentes que es hoy Poncebos. Fueron ocho horas y media de ruta, con cuarenta minutos de parada en el Cuetón y alguna parada más por el camino de ascenso. Pero ocho horas que damos por bien empleadas por las gratificantes vistas de las que disfrutamos en esta preciosa ruta montañera.

Para esta semana tenemos una ruta histórica del Grupo de Montaña Las Xanas, que ya hace algunos años que no hacemos. Se trata de la clásica San Lorenzo – San Andrés, que en esta ocasión pretendemos terminar en Castañeu del Monte. La ruta para el día 6 es:

Puerto San Lorenzo (1.350 m) – Las Troncadas (1.494 m) – Llanu Fasqueru (1.446 m) – Campa Cueiro (1.386 m) – Vicenturo (1.235 m) – Collada Santa Cristina (1.281 m) – Puertos de Maravio (1.000 m) – Casa Don Pablo (970 m) – Camín Francés – Collado Caldoveiro (1.240 m) – La Tambaina (1.158 m) – Altu Santiago ( 1.241 m) – Lagos de la Barrera (1.104 m) – Pata La Mula (1.128 m) – Cuallagar (1.100 m) – Cantu La Flecha (1.132 m) – Portilla El Guanón (1.070 m) – Mortera Candeales (950 m) – La Cruz de Linares (848 m) – Linares (767 m) – Castañeu del Monte (530 m)

Una larga pero entretenida ruta que apenas tiene desniveles y que casi toda ella es en descenso. Apta para valientes que no tenga miedo a caminar. Espero vuestras llamadas.