martes, agosto 21, 2012

PUSIMOS UNA PLACA EN LA UBIÑA EN MEMORIA DE JORGE PABLO


18 de agosto de 2012

Peña Ubiña de 2.417 metros, es la cúspide de la Cordillera Cantábrica. Para los pastores leones la Peña. Sólo en Picos de Europa y el Alto Carrión se supera esta altitud. Además, es una brava montaña caliza, con afiladas aristas sostenidas por paredes de muchos metros, que le dan un sabor especial. El enorme peñasco que forman la Peña Ubiña y su vecino Fontán (exactamente la misma altitud) es el Macizo de Las Ubiñas en su conjunto.

Esta montaña está además rodeada de hermanas menores bastante más bajas, pero también con carácter, surgiendo bruscamente de una tierra suave de pastos ondulados, formando el conjunto un entorno muy montañero y muy bello.

De Torrebario al Collado Ronzón hay que salvar casi setecientos metros de altitud. Dos kilómetros. La desviación de la pista esta señalada. Tardamos hora y media en llegar al collado que separa las dos Ubiñas. Enseguida, ganando altura en diagonal por la falda de Peña Ubiña, encontramos la senda, cruzamos la alambrada y nos situamos en el lomo herboso.

Comenzamos  la superación de esta ladera, ceñidos a la cuesta, haciendo los zig-zags necesarios para suavizar la durísima pendiente. El prado se fue tornando pedregoso hasta convertirse en un arroyo de piedrecillas  movedizo e incómodo bajo un visible corte en una banda de roca. En cuanto pudimos, al alcanzar el primer embudo, procuramos buscar la roca de la derecha. Ganamos altura por esta ladera empinada,  con cortas superaciones de algún escalón (I), La ladera está formada por placas de rocas muy fracturadas y llenas de repisas y apoyos. Así salimos al balcón natural que da vista a toda la Babia. Hemos subido unos 100 metros en unos veinticinco minutos. Es curioso: empiezas a mirar las montañas del entorno y todas van encogiendo a medida que tú tiras para arriba.

Al acabar la roca, antes de lo que esperaba, nos encontramos a la vista del jito de la  cumbre Sur, al otro lado de unos 50 metros de rampa pedregosa que se supera ya sin destrepes. El altímetro marca 2.384 metros. Nos hemos aupado otros 300 metros y ahora ya se divisa, aún lejana, la cumbre principal.

Sólo nos quedaba atravesar el largo corredor de una cima a la otra, corredor con algún paso aéreo y desde el que se aprecian los profundísimos barrancos y canchales de la cara oeste primero y luego las interminables pedreras de la este. Sobre la una estamos arriba todos, treinta y Claudia, que todavía no ha cumplido los once. ¡¡Bravo montañera!! Los dos buzones, las dos placas en recuerdo de accidentes, una sensación increíble estar aquí de nuevo, ¡cómo se ensancha el corazón ante esta amplitud de horizontes!

Nos acercamos al extremo Norte. Por aquí llega la vía que viene desde la cresta del Prau Capón, y en la que hay que superar un auténtico muro con pasos PD inf. De perfil se ve impresionante la subida a la Puerta del Arco. Parece mentira que subiéramos por allí. ¿Y la bajada por el Canalón? Debajo del primer Castillín un ligerísimo trazo pardo en el pedrero, muy inclinado, por el que descendimos a la senda de Les Merines.

Sube una pareja por la Canal de Las Fanas desde Terreos. Es mala subida, este sí, un auténtico arroyo de piedras, un arroyo que fluye al menor descuido. Aprovechamos que se va un grupo de unos diez o doce para centrarnos en lo que hemos venido a hacer: Poner la placa en recuerdo de Jorge. Es a lo que nos habíamos comprometido en navidad cuando nos comunicaron la triste noticia. Fijamos la placa con buenos pernos y pronunciamos estas palabras dedicadas a él:

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Existe en nuestra sociedad un raro grupo de personas que sienten hacia las montañas una admiración y un respeto que les impulsa a internarse en ellas, recorriendo sus valles, subiéndolas o escalándolas, sintiéndose insignificantes frente a su grandiosidad. Estoy describiéndote y describiéndonos.
 
Hace unas semanas leíamos en una publicación semanal que en algún paso en las cordadas en el Everest podían llegar a formar filas de hasta  trescientos “aficionados” (no sé si montañeros) que han pagado por subir y que quieren ver cumplido su sueño. Vale. Para esa gente los motivos son otros: poder adquisitivo, afán de ostentación, una valoración material de la naturaleza y del hombre que la recorre.
Nada que ver con nosotros, nada que ver contigo, Jorge. De ti oímos siempre otros valores. En nuestras largas conversaciones por esos montes perdidos supimos que la montaña era para ti lo más opuesto a la competencia, era una manera de buscar la verdad sobre nosotros mismos y el sentimiento de lo pequeños que somos ante torres como esta Gran Ubiña . Todos tus años de experiencia y práctica montañera implicaban, con toda seguridad, una forma de educación, que en tu caso mamaste desde bien pequeño, en la que lo que importa al final es conocerse a uno mismo, saber con que bagaje físico y mental cuentas, cuáles son tus límites, el poder siempre contar con el grupo al que perteneces, el poner a disposición del grupo tu potencial y tu experiencia. Esto último, Jorge, lo hiciste en abundancia.
La frase que mejor expresa lo que hoy te queremos decir es de Goethe: Subir montañas “para encontrarse uno mismo en el infinito”. Jorge, este fue uno de los ideales de tu vida. Hoy te queremos renovar nuestra admiración y nuestro agradecimiento por tantas cosas. Esta pequeña placa quiere quedarse aquí, bien amarrada, para que cada vez que miremos de lejos la cima de la Ubiñona, en este cruce de vientos y horizontes, recordemos tu mirada contemplativa y muda, y esa sed de infinito que ,estamos seguros, viviste intensamente.
Queremos levantar nuestro vaso como sincero homenaje para brindar por ti, por nosotros y por todos los montañeros que aman los bravos montes de la cordillera. Tu grupo LAS XANAS, está aquí hoy recordándote. ¡POR JORGE!>>

Brindamos con emoción contenida. La placa quedará para siempre. Adiós, amigo. Tenemos que bajar. Desandamos todo el camino. La bajada es entretenida aunque no presenta problemas. A la una estamos sentados a la sombra en Las Vallinas. Falta mucho por bajar. Por Las Argaxadas vamos buscando los mejores pasos de bajada del arroyo Ronzón hasta encontrar la pista del Valle de Corrales.

Nos parece que bajar a Villagusán nos obliga a un rodeo y ahora aprieta el calor. Así que vamos buscando la manera de atravesar faldeando el monte hasta llegar a Torrebarrio.  Una buena fuente se agradece. Bajamos a comer a San Martín, nuestra sede tevergana. Día muy completo y de una belleza extraordinaria.

La próxima semana tenemos la circunvalación de la Peña Santa. Ya sabéis: pernoctando en Vegarredonda alcanzaremos el sábado que viene el collado La Fragua para subir a continuación al Collado del Jou Santu y bajar por La Forcadona a Vegahuerta. Allí cogeremos la senda de los puertos de Cuba para subir por El Boquete al Jou Santu y volver a Vegarredonda. Es una ruta larga y exigente pero el nivel que está demostrando el grupo hace suponer que será una magnífica excursión.

FRESINES

1 comentario:

María dijo...

Un relato precioso.
La placa y las cenizas de Jorge no pueden estar en mejor lugar, la bella Ubiña.
Me dio mucha pena no poder compartir con vosotros/as ese momento...
Besines para todos/as.
¡Hasta pronto!

María