lunes, diciembre 29, 2008

FINAL DE TEMPORADA EN TRUBIA

Como viene siendo habitual, el final de temporada de este año que se encuentra en sus últimos suspiros, lo realizamos en las inmediaciones de Trubia, con salida y llegada en la denominada Villa Cañonera.


A las 9,30 de la mañana partimos de la Plazoleta de Trubia, caminando por la denominada Senda verde con dirección a la controvertida “pasarela” que separa Trubia de Soto de Abajo y al alcalde del Ayuntamiento de Oviedo, el ínclito Gabino de Lorenzo, de los trubiecos.


Atravesamos Soto de Abajo hasta la confluencia con la carretera nacional y tras atravesarla, continuamos ruta por la carretera que se dirige a Avilés pasando por Los campos. Un par de kilómetros más allá la abandonamos, justo al lado de la llamada Casa Redonda a la orilla del Embalse del Furacón, donde las aguas del Nalón pasan a engrosar el caudal del Río Nora.


Un camino hormigonado y en fuerte pendiente asciende por la falda del Pico el Morero pasando junto a una casa abandonada desde la que se tiene una estupenda vista de San Pedro de Nora con su iglesia prerrománica en primer término.


Poco más arriba en un cruce de caminos, abandonamos el que traíamos para girar a la izquierda y subir hasta el depósito de agua, pintado en azul y situado en el Pico Morero al lado de los restos de un bunker de la pasada contienda militar. Con un bonito fondo del Aramo y Peña Tene, nos hacemos la foto de rigor para descender por el mismo camino y volver a tomar la dirección de Priañes. He de decir, que para colmo de todos los colmos. Después de pasar todo el año por rutas más o menos complicadas y caminos sin señalizar en ningún momento nos perdimos ni perdimos a ningún componente del grupo. Pero hoy si. Hoy que tenemos una hermosa pista de hormigón y un buen número de indicadores para poder orientarnos, tres componentes de la expedición se nos perdieron a la altura del cruce del Pico el Morero. Después de enviar a alguien que tratase de encontrar a los perdidos en las inmediaciones de Priañes, continuamos ruta.


Un nuevo cruce de caminos y nuevo abandono de la ruta. Seguimos otra vez a la izquierda para acceder al Área del Humedal, a las orillas del Nalón y casi debajo del nuevo viaducto de la autovía de la Espina. Por el mismo camino de ida regresamos al cruce de vías abandonado previamente, para ahora si, continuar hasta Priañes. Pasamos entre sus casas, tras encontrarnos con los perdidos, hasta el parque con estatua de “chatina”, más conocido como Arturo Fernandez. Por encima del parque y en la carretera que va al embalse, hay un cartel indicador de los Meandros. Seguimos por el camino entre casas y sin problemas nos situamos a la entrada del mirador de Los Meandros del Nora. Cruzamos la pradera para situarnos al borde protegido por una valla, para contemplar la singular imagen del caprichoso recorrido del río, poco antes de morir-revivir en su confluencia definitiva con el Nalón.


Saliendo del recinto del mirador y siguiendo un sendero que sale a la derecha acercándose a un pequeño depósito redondo, vamos siguiendo todo el borde de la plataforma que se desprende hacia el fondo del valle por el que discurre el río, proporcionándonos buenas vistas de los meandros. Este camino termina finalizando en la carretera por la que descendemos al embalse. A mitad de camino, justo a la altura de la conocida como “casa de los ingenieros”, hay un sendero que desciende por detrás de la casa para alcanzar unas escaleras con barandilla que descienden también al fondo del embalse. La carretera termina en una verja pero un arco practicado en el muro de la izquierda, nos permite continuar para pasar junto al “puente” de la presa y poco después llegar al fondo, por donde se libera el agua.


Frente a nosotros tenemos un puente colgante por el que se cruza sobre el Nalón para continuar camino hacia Santa Maria de Grado. Nuestro camino sigue a la derecha para cruzar un puente de hormigón sobre el canal de la central. El puente termina en un muro del que debemos bajar a la pradera que se forma a sus pies y en el que al otro lado, junto a una portilla blanca tirada en el suelo, sale un sendero medio cerrado de maleza, pero practicable, que va subiendo haciendo algunas revueltas, hasta alcanzar un muro de piedra que lo separa de los prados de las inmediaciones de Tahoces. Seguimos sin cruzar el muro y pronto el sendero se convierte en camino de piedra y nos lleva junto a dos torres de eléctricas, una de ellas sin cables, que dejamos a nuestra derecha para seguir por el camino hasta una granja de vacas lecheras. Estamos en Tahoces.


Cruzamos por entre las casas del pueblo buscando la carretera que se dirige a Rañeces, ofreciéndonos unas buenas vistas de los meandros, pero en esta ocasión desde la orilla contraria. La carretera desciende hasta un cruce de caminos tomando nosotros el de la derecha para llegar a las primeras casas del cuidado pueblo de Rañeces. Pasamos junto al centro social del pueblo y ya sin abandonar la carretera seguimos hasta la confluencia con la que se dirige ala Escamplero. Nosotros seguimos en descenso a la derecha para llegar a San Pedro de Nora tras pasar por el lugar de Campanal.


Abandonamos momentáneamente la carretera para realizar una visita a la iglesia de San Pedro de Nora y hacernos una foto junto a sus antiguas piedras. Luego volvemos a la carretera para cruzar el Río Nora y seguir en subida hasta la “casa redonda” donde habíamos tomado el camino de Priañes.


El resto es seguir por donde habíamos venido haciendo un alto en Casa Puyo para refrigerarnos con unas sidras antes de finalizar el recorrido del día en el bar Tragos, donde nos aprestamos a dar buena cuenta de las viandas que portábamos en grata armonía.


Terminada la comida y la bebida, nos despedimos los pocos participantes que ya quedaban, deseándonos felicidad para el año entrante.


Despedimos una temporada y damos la bienvenida a la siguiente y ya estamos tomando nota de los que quieran comenzar el año caminando con nosotros. Nos vamos el día 3 de enero a Los Callejos en las inmediaciones de la carretera de Nueva a el Cruce por el valle del Río les Cabres. La ruta a seguir es:


Los Callejos (120 m) – Las Casinas (130 m) – Collado los Rabios (190 m) – Riocaliente (100 m) – Mestas (100 m) – Llumedián (180 m) – Telledo (140 m) – Collado Vega del Puerto (494 m) – Cuerres (380 m) – Llenin (300 m) – Tárano (289 m) – Corao Castiello (180 m) – Corao (94 m)


Ya estoy tomando nota de los interesados para realizar esta ruta en buena compañía. No lo dejéis para muy tarde o podéis quedaros sin plaza. Os espero.

lunes, diciembre 22, 2008

FELICES FIESTAS Y BUENAS CUMBRES PARA EL 2009

BELÉN DE CUMBRES EN LA CORDOBANA

Este año, el Grupo de Montaña LAS XANAS ha escogido el concejo de Colunga para instalar su BELÉN DE CUMBRES. En un año en el que el grupo caminó en muchas de sus rutas por las sierras costeras asturianas, parecía lógico el colocar el belén en este lugar a los pies del Pienzu y mirando una vez más al mar.

Al fin la climatología nos dio un respiro y comenzamos a caminar en el bonito pueblo de Gobiendes ya con los primeros rayos de sol abriéndose paso entre retazos de nieblas matinales. Gobiendes es un pueblo del concejo de Colunga muy arreglado y coqueto. Buenas y bonitas casas, calles hormigonadas y bifurcaciones con indicación de a donde se dirigen. Por eso no nos fue difícil tomar el camino de salida del pueblo con rumbo a Obaya. Abandonamos el hormigón y comenzamos a caminar por una pista entre prados, en la que ya vemos las primeras manchas de barro, lo que nos hace pensar que volvemos a encontrarnos con nuestro enemigo de las últimas rutas.

El camino no tiene pérdida ni posibilidades de equivocación hasta que llegamos a la orilla del río Espasa y lo cruzamos por un puente de madera de nueva construcción. Aquí se presentan las primeras dudas. Al otro lado del puente y de frente hay una pista muy embarrada en ascenso y cerrada con una cinta de llindiador, mientras que a la izquierda continúa una buena pista en llano. Nos decidimos por esta segunda opción y llegamos a un depósito de agua cerca de una bonita cascada y donde la pista finaliza. No hay posibilidad de volver a cruzar el río, por lo que no nos queda más remedio que tomar un sendero que sube hacia un cueto que hay detrás del depósito. El camino poco utilizado, se encuentra bastante cerrado pero podemos abrirnos paso. Pasamos junto a las ruinas de una casa y enseguida nos encontramos con una cueva que tenemos que atravesar. Seguimos un sendero más del ganado que de personas pero que nos va elevando con dirección noreste hacia terrenos un poco más despejados desde los que podemos ir viendo lo que nos queda de recorrido.


La zona fue en otros tiempos tierra de fincas o prados hoy cubiertos de maleza y abandonados. Vamos cruzando murias y antiguos caminos cerrados por la maleza siguiendo los sendero del ganado unas veces y las pistas madereras en otras. Alcanzamos una especie de hombro y vemos a la derecha, oeste, una cabaña y unas verdes praderas a las que tenemos que dirigirnos. Para ello descendemos un poco hasta las cercanías de lo que queda de una buena casa y nos encontramos con una pista por la que sin otros problemas que los de saltar los cierres que hacen los vecinos, llegamos a la majada de el Requexu, donde hay una casa-cuadra medio derruida. Saltamos como podemos el cierre y llegamos a las inmediaciones de otra cabaña en la que atravesamos una pasera que hay en uno de sus extremos y comenzamos a subir por terreno más limpio dirigiéndonos hacia el sureste siguiendo las sendas del ganado.


Un nuevo hombro herboso cerca de un pequeño serrote calizo, nos proporciona estupendas vistas de la costa y nos sirve para realizar un primer descanso. Por el sur las estribaciones del Cordobana con un primer promontorio y la inconfundible figura del Pienzu con su enorme cruz nos contemplan. Reanudamos la marcha siempre en ascenso y siguiendo los pasos del ganado como en casi todos nuestro recorrido. Pasamos pequeñas praderas, zonas de caliza, escondidas lagunas, cerrados bosquetes hasta alcanzar una verde collada a los pies de nuestro objetivo.


Ya solo nos resta ascender a la cumbre buscando los mejores pasos y evitando las cortantes piedras que en ocasiones nos cierran el paso. Por fin, la cumbre de la Cordobana nos da la bienvenida con su medio destartalado buzón de cumbres. Las vistas sobre toda la costa son estupendas y el día espléndido. A nuestras espaldas el Pienzu se yergue poderoso sobre la Sierra del Sueve. Por el oeste aparece la cordillera completamente nevada. El Aramo, al que reconocemos por el penacho de humo de la térmica de Soto de Ribera. Más a la izquierda la zona de las Ubiñas y el resto de la cordillera hacia Pajares.


El día es estupendo y nos tomamos nuestro tiempo para colocar el belén a cubierto de unas piedras por debajo del buzón. Luego comienzan a saltar los tapones del cava y la sidra achampañada y pasar de mano en mano los turrones, mazapanes y polvorones. Por un buen espacio de tiempo permanecemos en la cumbre celebrando anticipadamente las navidades y después de acabar con la bebida y hacer las consabidas fotos, reanudamos la marcha descendiendo al oeste hacia el collado que se forma a los pies del Cueto Sol de Miguel y que tiene por nombre Campera Cordobana. El descenso es sencillo y rápido. Del collado parte una buena pista por la ladera este del Sol de Miguel, pero antes de tomarla, ascendemos al pequeño promontorio en el que hay una tabla de orientación y hermosas vistas de la costa y de la Cordobana que acabamos de abandonar.


Bajamos nuevamente a la pista y por ella descendemos rápidamente entre praderas hasta un cierre que atravesamos para seguir el descenso hasta una casa, Llanu Llames, donde la pista inicia una fuerte subida que nos lleva a las primeras casas de la Torre en las inmediaciones de Gobiendes, a donde llegamos poco después.


Para cerrar el año y como viene siendo habitual, el próximo sábado día 27 la ruta la realizaremos por las inmediaciones de Trubia. Concretamente visitaremos los Meandros del Río Nora a su paso por Priañes. Luego descenderemos a la central hidroeléctrica de Priañes para retornar a Trubia pasando por Tahoces y Rañeces. La ruta es la siguiente:


Plazoleta de Trubia (90 m) – Soto de Abajo (85 m) – Embalse del Furacón (100 m) – Pico el Morero (201 m) – Priañes (137 m) – Mirador de los Meandros del Nora (137 m) – Embalse de Priañes (70 m) – Tahoces (150 m) – Rañeces (150 m) – San Pedro de Nora (80 m) – Trubia (90 m)


Para esta ruta no hay autocar, por lo que todas aquellas personas que estén interesados en hacerla, deben utilizar sus propios medios tanto para acercarse a Trubia como para regresar nuevamente a sus puntos de origen. Como queda dicho, la concentración del grupo es en la plazoleta de Trubia a las 8,45 de la mañana, hora aproximada de llegada del autobús de TUA procedente de Oviedo. Ese autobús, Línea Nº 4, sale de Los Prados a las 8:15 de la mañana. En esta página http://www.tua.es/index.asp?MP=0&MS=0&TR=C&IDR=28 podéis consultar tanto los horarios como el itinerario que hace ese autobús.


Aunque no ponemos autocar, os ruego que me llaméis para apuntaros a la ruta, así podremos esperar por aquel que se retrase un poco.

lunes, diciembre 15, 2008

AGUA, AGUA, AGUA, VIENTO Y FRÍO

Sin grandes cambios con respecto a la ruta anterior pero esta vez sin apenas barro. Eso si, agua a montones.

La ruta de la Degollada fue desangelada y fría, tanto por la temperatura ambiente como por la desgana con la que la realizamos.

Cuando el autocar nos dejó en la Reigada ya estaba lloviendo con ganas. Nos pusimos en marcha por la carretera que se dirige al Área Recreativa y con nuestros paraguas abiertos recorrimos un buen tramo de asfalto dejando una bifurcación a la izquierda que se dirige a Cogollo. Poco después abandonamos la carretera del área para comenzar a subir por un cortafuego también a la izquierda, hasta alcanzar la parte alta de la Sierra de Bufarán. Pasamos por el Alto la Degollada y al poco alcanzamos el vértice geodésico del Pico Grande o Degollada. Hicimos las fotos de rigor y cubrimos la tarjeta bajo la lluvia y continuamos camino, ahora en descenso por el mismo cortafuegos de reciente construcción, hasta el área.

Cobijados bajo el alero de la caseta que hace las veces de bar, descansamos y comimos algunas chucherías para reemprender nuevamente la marcha bajo el agua y aguantando el fuerte ventarrón que por momentos nos atacaba. Seguimos por la pista sin subir a la Sierra del Pedroso ya que con el tiempo que estábamos padeciendo no apetecía y Toño Huerta nos fue enseñando algunas de las muestras que por esta zona abundan, de los parapetos, trincheras y nidos de ametralladora pertenecientes al bando republicano de la pasada guerra civil, o incivil más bien.

Con ello y siguiendo una zigzagueante trinchera, atravesamos el bosque de pinos observando setas almismo tiempo y deleitándonos en lo que podíamos con el paisaje otoñal. Nuevamente en la pista ya continuamos sin abandonarla hasta su finalización en la carretera AS-234 que une La Venta del Escamplero con el Puente de Peñaflor a donde dirigimos nuestros pasos para finalizar la excursión acuática.

Esperando que la climatología nos de una tregua, para el próximo sábado día 20 tenemos la intención de colocar nuestro belén de cumbres en el Pico La Cordobana, en tierras de Colunga y muy cerca de la Sierra del Sueve. Para ello pretendemos hacer la siguiente ruta:

Gobiendes (79 m) – Obaya (150 m) – Llanu Faya – Pico La Cordobana (803 m) – Campera La Cordobana (783 m) – Casa del Llanu Llames (340 m) – La Torre (83 m) – Gobiendes (79 m)

Aprovecharemos para celebrar la navidad y desearnos unos a otros felices fiestas y buenos deseos para que nos toque la lotería que se sorteará dos días después. Quienes quieran acompañarnos en la penúltima ruta de este año 2008, que no se demore y que me llame lo antes posible. Ruego que trasmito a todos para tratar de tener el autocar definido antes del jueves. Espero vuestras llamadas.

lunes, diciembre 08, 2008

AGUA, BARRO, BARRO, BARRO, BARRO Y AGUA

No exagero absolutamente nada. Cualquiera de los componentes del abigarrado y sufrido grupo de caminantes que el pasado sábado hizo la dura ruta entre Purón y Porrua, lo puede atestiguar. El agua y sobre todo el barro, fueron nuestros enemigos una vez más. Como ya dije hace un montón de rutas. Pero en esta ocasión ni por los prados nos librábamos del barro.

Las previsiones meteorológicas tampoco acertaron y por tanto no nos fueron nada propicias. Anunciaban nubes y claro, pero estos brillaron por su ausencia. El cielo encapotado todo el día y una incesante llovizna nos acompañaron durante los 18 kilómetros que conseguimos cubrir de esta, ya digo, dura ruta. Era la última etapa de la circunvalación del Cuera y la más larga de todas, lo que ya nos ponía un handicap de antemano por la época en la que nos encontramos y las disminuidas horas de luz con las que contábamos.

Con estas premisas y con la lluvia ya en el inicio, comenzamos a caminar por la pista hormigonada que hay en la carretera de llegada a Purón, poco antes de alcanzar las primeras casas del centro del pueblo. La pista la tomamos a la izquierda y pronto comienza a ascender en moderadas rampas que nos ofrecen preciosas vistas del pueblo, adornado para la ocasión, con retazos de nubes que parecen desprenderse de sus tejados. La larga pista nos trasporta sobre una vallada cubierta de árboles y por encima de lo que debió ser el camino antiguo, hasta una bifurcación que por la izquierda termina rápidamente, mientras que por la izquierda nos lleva a las inmediaciones de Pruneda, con sus buenas cabañas o casas, que cualquiera de las dos cosas pueden ser.

Atravesamos una portilla y descendemos ligeramente a cruzar la riega del Tornu para iniciar nuestro calvario especial con el barro. Caminamos por un sendero negro y embarrado en el que nos clavamos una y otra vez. Si nos pasamos a los seudo pardos para evitar en parte el barro, estos se convierten entrampas resbaladizas que nos abocan a la caída o nuevamente al barro. Temo que el resto de esta crónica va a ser más de lo mismo, así que procuraré mencionar lo menos posible el barro de aquí en adelante, definiendo en todo caso solamente su color, ya que este variaba de una zona a la otra. Al principio era negro, de una negrura cercana al carbón, lo que hizo exclamar a alguien, que ¿cómo podía ser así, si no había minas?

Caminamos entre cabañas de buen porte en continuo sube y baja para tratar de evitar el barro en lo posible. Pasamos por Pelliscas, zona con varis cabañas diseminadas y comenzamos a encontrarnos marcas rojas en las piedras que jalonan el sendero. Abandonamos momentáneamente el barro para ascender por las praderas, Las Llamarcas, el nombre ya nos puede dar una idea, en busca de la Cotera donde nos reagrupamos y hacemos un pequeño descanso.

La Cotera nos ofrece dos opciones para alcanzar la Llosa Biango que es nuestro próximo objetivo. Por la izquierda vamos al Collado Raiz y desde él bajamos directamente a la llanura de la Llosa. Pero ante la posibilidad de que esta se encontrase completamente inundada, optamos por seguir a la derecha bordeando por las alturas un bonito valle en el que distinguen algunas cabañas. Entre cotoyas y barro alcanzamos una lomera por la que parece que hay un sendero y los rezagados del grupo lo seguimos mientras que el resto opta por caminar por la derecha de este promontorio, Las Berodia o los Picoretes, por donde se camina bien y por fortuna sin apenas barro. A nuestra izquierda contemplamos las primeras camperas de La Llosa Biango en un bonito escorzo desde las alturas. Seguimos toda la cuerda caminando entre caballos que nos miran extrañados y alcanzamos el punto culminante de esta pequeña sierra, posiblemente la parte más amena de toda la ruta. Desde Cuetu Altu (583 m) contemplamos en toda su extensión las verdes y encharcadas paraderas de la Llosa Biango y a nuestros compañeros en sus inmediaciones y esperándonos para hacer un nuevo reagrupamiento.

La bajada del Cuetu Alto es fácil aunque no exenta de algún resbalón de los múltiples que hubo a lo largo del día. Enseguida nos reunimos con el resto del grupo y volvemos a separarnos momentáneamente, ya que mientras algunos optaron por recorrer la Llosa Biango por la parte derecha a una cierta altura, otra parte decidimos chapotear en el agua y disfrutar de las bonitas praderas de este casi desconocido terreno. Cuando las praderas terminan cerradas por el arbolado, iniciamos un continuado ascenso por la derecha entre árboles y cabañas más o menos desvencijadas.

Ni que decir tiene que el barro lo ocupa todo y para “mejorar” las cosas, este se hace acompañar de rocas calizas bien pulidas para que los resbalones sean más seguros. Y lo fueron. Por el lado contrario al que nosotros transitábamos, comenzamos a sentir voces y el sonido de las esquilas y pronto pudimos descubrir un rebaño de cabras que descendía de las laderas del Cuera, arreado por cuatro o cinco pastores. No pasó mucho tiempo cuando se situaron a nuestra altura y nos rebasaron con gran velocidad. Previamente nos informamos que se dirigían a Corros, nuestro próximo paso, y decidimos seguir sus huellas, que ascendían verticalmente alcanzando una zona de jous y pequeñas cumbres que nos sobrecogieron un poco ya que no teníamos más referencia que la Peña Blanca por el suroeste y lo que suponíamos Peña Llabres y Brañueta al norte. Llegamos a una cabaña situada en una inclinada pradera con un buen cierre de piedra y dos caminos, uno por cada lado. Las huellas desaparecieron y ante la gran cantidad de barro que había en ambos caminos, decidimos por atravesar la portilla a la izquierda de la cabaña y descender por el prado para salir por otra portilla a un camino del ganado que con ligero descenso nos llevó a lo alto de Corros donde descubrimos lo que tanto anhelábamos: la hormigonada pista que desciende al Alto de la Tornería. Para cerciorarnos de que estábamos donde suponíamos, le preguntamos a un cazador, llevaba escopeta y perros, y nos confirmó que nos restaba un kilómetro para el Alto de la Tornería.

Ya sin barro y cómoda y alegremente descendimos el corto camino dando vista a la carretera y al Corona Cantiellu o Cuetu Llabre con sus antenas y lo que nos alegró mucho más: el autocar esperándonos en el Alto de la Tornería donde ya se encontraban nuestros compañeros. Se cumplían las siete horas y media desde que salimos de Purón.

Luego nos enteramos que parte del grupo hizo nuestro mismo recorrido y otros, la otra de las opciones posibles, que pasaban por seguir por el camino bajo que atraviesa entre las cabañas con dirección oeste para remontar después a la derecha por un embarrado y empedrado camino que asciende en múltiples revueltas hasta Corros.

Ya en el autocar y sobre todo, después de la comida-merienda, las cosas se veían de otra manera y la alegria volvió a reinar en el grupo. El barro estaba en las bolsas, pegado a las ropas que nos quitamos y a las botas y en nuestra cabeza comenzábamos a ver la ruta que realizamos desde el punto de vista de su hermosura. Hast el punto de que a la hora de puntuar la ruta, hubo más de un diez y varios nueves, acompañados de otras notas más bajas y un solo suspenso.

Para el próximo sábado tenemos una ruta didáctica ahora que tanto se habla de la memoria histórica. Nos vamos a las Sierras de Bufarán y del Pedroso, para hacer una cómoda ruta, espero que sin barro, contemplando algunas muestras de lo que fueron las fortificaciones de lo que se denominó el cerco a Oviedo en la pasada contienda. La ruta propuesta es:

La Reigada (451 m) – Alto los Cañones (527 m) – Alto La Degollada (603 m) – Pico La Degollada (624 m) – Área Recreativa de La Degollada (508 m) – Pico Pedrosu (614 m) – La Llanada (431 m) – La Escrita (386 m) – Puente Peñaflor (70 m)

La inscripción está abierta y espero vuestras llamadas. Nuevamente os ruego que lo hagáis antes del jueves ara evitar problemas de plazas. El que se duerma se quedará sin poder hacer la ruta.

lunes, diciembre 01, 2008

¡¡QUÉ DURA FUE LA RUTA DEL SÁBADO!!

La ruta más dura de toda la temporada. El sudor corría por todos los rostros. Cosme tenía la cabeza chorreando sudor. Todos buscaban un asiento nada más finalizar los acordes de la última melodía...


Si, melodía. Dije melodía. ¿Qué como puede ser? Muy sencillo: el sábado no hubo ruta. Fue la CENA DE HERMANDAD y realmente como su hubiese sido la ruta más dura del año. ¡¡¡Hasta las cinco de la madrugada!!! A esa hora finalizó la música y acabó el cachondeo.


Creo que todo resultó bien. Al a menos todos se les veía contentos y alegres. Fue una muy grata velada. Comenzamos entrando en el comedor, donde se encontraba el presi para entregar un clavel a las damas y ocupando los asientos en la mesa. La sala era toda para nosotros. Degustamos los manjares que nos sirvieron, que estaban muy bien preparados y condimentados, con lo que el estomago quedó contento y servido. Tras los postres llegó la hora del café y los brindis y como no, la hora de la entrega de premios. Si premios. En esta ocasión, la Junta Directiva tuvo a bien concederle un obsequio, un marco con la foto del grupo junto al autocar de 27 plazas que tantas veces utilizamos este año y que próximamente dejará de prestar servicios, a nuestra querida choferessa Puri, que tan amablemente se porta con nosotros. La sorpresa fue mayúscula, pues ni por asomo esperaba tal distinción. Pero se la merecía por lo bien que se porta con todos.


A continuación llegó el turno de hacer entrega del premio al componente del grupo de montaña que más se destacó durante este año, según la opinión y votación secreta de los socios. La persona en la que recayó dicho premio, no lo fue por lo realizado solo en este año. Fue por una labor callada y fructífera de muchos años. Tantos como tiene el grupo actual, ya que se trata de Jorge Pablo Suárez Menéndez, que desde tiempos inmemorables se encarga de realizar el calendario que año tras año nos transporta por los montes de nuestra región y de las regiones vecinas. Un premio o distinción merecido desde hace mucho tiempo y que en este año al fin, se hizo justicia.


Tras los premios, comenzó la música y con ella el desenfreno. Fueron cinco horas de no parar. Saltos, vueltas y más vueltas, pasos a uno y a otro lado... Un no parar. La próxima vez que alguien se queje de la dureza de una ruta, le recordaré lo que bailó y saltó en esa noche. La sana alegría corrió a raudales y cuando la música dejó de sonar y nos subimos al autocar de regreso a nuestras casas, creo que a todos, además del cansancio, nos acompañaba esa sensación de placidez que te da el haber estado haciendo algo agradable en buena compañía. Lo mismo que cuando salimos de monte. Lo que ocurre es que todo lo hacemos con las mismas ganas, actitud y armonía.


En definitiva, un buen día o noche, en la que alguno decía que eso había que repetirlo más a menudo. Eso ya da idea de lo bien que resultó todo.


Como no todo es estar de fiesta, a continuación os pongo la descripción de la próxima ruta, última de las que componen la Circunvalación del Cuera, entre las poblaciones de Purón y Porrúa. La ruta es:


Purón (41 m) – Pruneda (346 m) – Pellisca (401 m) – La Cotera (560 m) – Collado de Raiz (523 m) – La Llosa de Biango (418 m) – Corros (575 m) – Alto de la Tornería (470 m) – Camino de Mañanga (224 m) – Porrua (42 m)


Espero vuestras llamadas. Hacerlo lo antes posible, pues no se con cuantas plazas podremos contar para esta ruta y a lo mejor os quedáis sin poder hacerla.

lunes, noviembre 24, 2008

SIN PENA NI GLORIA, PERO CON MUCHO AGUA

La ruta del sábado día 22 del mes de noviembre no será recordada por otra cosa que no sea lo mucho que nos mojamos. La ruta era corta y sin pretensión alguna. Transición entre La Borbolla y Purón, para la próxima vez cerrar el circulo con la ruta que nos queda para terminar la circunvalación del Cuera: Purón – Rorrua.

Comenzamos a caminar en La Borbolla después de desayunar en el bar del pueblo, donde nos habían preparado algunos pinchos. Por carretera tomamos dirección oeste con rumbo al cercano pueblo de Prado. Al poco de pasar Prado, la carretera hace una curva a derechas tomando dirección norte y donde sale una pista transitable de frente. Por ella llegamos a La Cotera, lugar en el que hay unas cabañas.

Abandonamos la pista y seguimos de frente por un camino dejando a nuestra derecha las cabañas. Comienza el barro. La lluvia nos empieza a hacer la puñeta. El camino, en pendiente hacia abajo, tiene bastante agua y las piedras que lo forman están resbalosas.

Llegamos al borde de un arroyo en el que hay menos agua que en el camino. Seguimos por el valle que forma, entre árboles de distintas especies. El entorno es bonito, pero la lluvia y el barro no nos permiten apreciarlo. Llegamos a un punto en el que debemos dejar los márgenes del arroyo para iniciar una subida en amplios zigzag, por una zona en la que el agua de una torrentera, orada el terreno produciendo profundos surcos que nos vemos obligados a cruzar buscando los mejores pasos.

Llegamos a la altura de un bosque de ocalitos y lo atravesamos siempre en ascenso, hasta llegar a lo más alto, donde termina y se despeja la vista. Estamos en una plataforma más o menos llana, cubierta de hierba y completamente encharcada.

Según la vamos atravesando con dirección noroeste, comienza a diluviar con viento racheado que se lleva los paraguas y todo lo que encuentra por delante. Un poco perdidos por la falta de referencias válidas y por el atolondramiento que nos produce la lluvia, ascendemos por un marcado camino a una lomera que se nos presenta enfrente. Por la izquierda de dicha lomera va una pista a media altura, que pensamos que era la que debíamos seguir, pero tampoco debía ser esa. Nuestro camino era por más al norte, a media altura evitando subir a lo alto de la lomera. Pero ya digo que caminábamos un poco atolondrados.

Alcanzado el punto más alto del recorrido, innecesario, iniciamos el descenso hacia el otro lado, con intención de llegar a la explanada que se veía a la derecha, norte. Bajamos como pudimos por la resbaladiza pendiente herbosa y cruzamos la riega para volver a subir ligeramente la ladera que nos separaba de nuestro destino. Una vez en la parte llena, volvimos a encontrar la pista y por ella, con dirección norte, llegamos al borde de la llanura desde donde contemplamos el valle y hacia el oeste nuestro destino Purón.

Solo quedaba descender por la pista hasta las cabañas de Perestrella, que las dejamos a la derecha para desembocar en la central eléctrica de Bau la Presa, donde cruzamos el puente sobre el río Purón y seguimos hasta desembocar en la carretera LL-5, continuando por la izquierda hasta el ya cercano pueblo de Purón.

La ruta, que estaba marcada como de 4 horas y media, la hicimos en 3 horas, con lo que cuando llegamos a Purón el autocar no estaba, pues Puri se había quedado a comer en La Borbolla. Intentamos ponernos en contacto con ella telefónicamente, pero o bien no teníamos nosotros cobertura o no la tenía ella. Con la mojadura que teníamos no era cosa de quedarnos a esperar y seguir cogiendo frío, con lo que optamos por seguir por la carretera hasta encontrarnos con el autocar. Cosa que ocurrió cerca de la confluencia con la N-630. Ya a cubierto en el autocar, volvimos a La Borbolla para comer en el coqueto bar de esa población.

Para el próximo sábado no hay ruta programada, pues celebramos la anual Cena de Hermandad, en la que tras dar buena cuenta del menú, premiaremos a la persona del grupo que se haya distinguido de alguna manera según el parecer de la mayoría de los socios. Luego cerraremos la velada arrancándonos en vueltas y cabriolas a los sones de la música. Según algunos, es la ruta más dura de todo el año. Que lo paséis muy bien.

lunes, noviembre 17, 2008

EL CUERA, SIEMPRE ES EL CUERA

Nos las prometíamos muy felices después de ver las predicciones de los agoreros de la climatología. Nos daban “guevo frito” y ausencia de lluvia como premonición para este sábado.

Pero nosotros nos íbamos al Cuera. ¡Hay amigo! El Cuera e algo especial y hay que contar con él antes de dar ningún pronostico. Y así fue. Comenzamos a caminar con buen día de sol que nos hizo creer que sería suficiente para despejar las nubes que veíamos sobre la sierra, ya cuando nos estábamos acercando a Panes, punto de partida de la ruta.

Salimos de Panes, como digo, por la carretera que une la capital de la Peñamellera Baja con ese pueblo que se ve allí arriba con una torre, Alevia. Tres kilómetros de carretera en pendiente pronunciada hasta llegar a los pies de la torre de la iglesia de San Antonio. Hermosas vistas las que desde allí se contemplan y mejores si el día está despejado, que no es el caso. Todo el valle del bajo Río Deva después de la unión con el Cares, queda a nuestros pies.

Junto a la iglesia, un cartel de la ruta del Pico Paisano nos hace comprender que tenemos que atravesar el pueblo y así lo hacemos, pasando junto a una antigua bolera, para continuar por la calle de la izquierda hasta salir a una explanada en la que se encuentra el depósito de agua y una buena fuente. Frente a nosotros una pista asciende, mientras que por la izquierda sale otra en horizontal. Interpretamos según el relato que tenemos de la ruta que esta última es la nuestra y por ella continuamos. Craso error. Más tarde nos dirían que había que subir por la ruta señalizada por un cartel y en la primer bifurcación, tirar a la izquierda. Nosotros por tanto, lo hicimos demasiado pronto y cuando nos quisimos dar cuenta, se nos terminó la pista y hubimos de ascender por los prados a buscar unas cabañas desde un amable parroquiano nos indicó el camino que debíamos seguir. Pronto entroncamos con el camino de la Mina el Pilar por el que debíamos haber venido y que nos acerca a las paredes de la sierra, para subir en zigzag y con buenas caídas a la izquierda, por la canal de Bulleza, rematada por un collado en el que pudimos ver la roldana del cabestrante de la antigua mina.

Magníficas vistas de La Pica Peñamellera y de todos los pueblos que la rodean. Allí está Llonin, del que partimos hace un par de semanas para hacer una ruta que ahora y a vista de pájaro, podemos seguir casi completamente. Las caidas son impresionantes a pesar de que solo estamos a 572 metros de altitud. Allá al fondo quiere aparecer Picos, pero las nubes lo cubren casi todo. Solo asoma el Llerosos cubierto de nieve.

Seguimos ruta caminando por la pista de la mina que se encuentra tapizada de verde. Bordeamos un amplio hoyo de la explotación de manganeso a cielo abierto hasta entroncar con un cruce en el que por la derecha sigue una pista hacia las derruidas edificaciones de los casetones de la mina, mientras que de frente continua nuestro camino. Deberíamos haber seguido por la pista un buen trozo más, pero la niebla comenzó a hacer de las suyas y ya no veíamos mas que lo cercano. Así fue que una caseta de servicio de una antena, nos hizo pensar que era la capilla de San Antonio que se encuentra en lo alto del Paisano, y hacia allí dirigimos nuestros pasos ya campo a través.

Ascendimos así al Cantu el Teju de 699 metros, muy por debajo de nuestro objetivo. Una vez repuestas las fuerzas y antes de que la espesura de la niebla aumentase, reemprendimos la marcha descendiendo a las inmediaciones de la Braña La Pipa y entre sus cierres nos fuimos acercando a la ladera del empinado Pico Paisano, que fuimos ascendiendo poco a poco entre las nubes. Al fin dimos con la destartalada ermita y algunas placas conmemorativas. Era todo lo que pudimos ver, ya que la niebla jugaba entre nosotros. Por pequeños instante pudimos vislumbrar la costa llanisca en la que lucía el sol. Pero aquí nos encontrábamos en penumbra.

Después del descanso y tras cubrir la tarjeta y hacer las fotos de rigor, iniciamos el descenso por donde habíamos venido hasta entroncar con el señalizado camino por el que volvimos sobre nuestros pasos, aunque por lugar distinto, alcanzando una mesa indicadora de la ruta y poco más allá la pista y el Collau, lugar al que debíamos haber llegado antes de la ascensión. Aquí la pista se divide y nosotros continuamos al norte, izquierda, en dirección al Pico Tabladiello que no ascendimos. Cruzamos por su ladera oeste y comenzamos nuestro penar del día.

Lo que hasta entonces habían sido buenos caminos, limpios y llanos, se convirtió en un descenso pronunciado y prolongado por senderos completamente embarrados y entretejidos en la espesura de un bosque inmenso de cotoyas. Aquí un resbalón; allí nos hundimos en el barro; más allá nos pinchamos por todas partes para evitar una caída... Y la odisea continúa.

Abajo y relativamente cercana veíamos ya La Borbolla, pero aquello no parecía tener fin. Cuando pensábamos que ya lo peor había finiquitado al llegar a la Braña del Acebal, Los acebos brillaban por su ausencia, la cosa continuó por espacio de una hora más con cotoyas, felechos, barro y escayos, hasta alcanzar un arroyo y un viejo puente con una muy nueva portilla de madera, que nos hizo elucubrar como aquella tan nueva portilla podía subsistir con el camino completamente cerrado de maleza. ¡Pusieron la portilla y ni siquiera limpiaron las inmediaciones del puente!

Al fin alcanzábamos zona humanizada y por los prados caminamos a la izquierda hacia el grupo de casas que forman Brañavieya y desde donde por carretera, llegamos en pocos minutos a La Borbolla, fin de ruta, y donde nos esperaba el autocar. Eran las cinco de la tarde, seis horas y media después de salir de Panes.

Para el próximo sábado tenemos la penúltima etapa de la Circunvalación del Cuera. Etapa corta de tan solo 10 kilómetros y por terreno de baja altitud, entre La Borbolla y Purón. El recorrido propuesto es:

La Borbolla (97 m) – Prado (102 m) – La Cotera (187 m) – Reñanzas (270 m ) – Nava o Perestrella (128 m) – Merodio (85 m) – Bau La Presa (34 m) – Purón (41 m).

Ya está abierto el plazo de inscripción. Tengo que hacer una puntualización a esta ruta y es que en el calendario figura como punto de salida del autocar, de Oviedo, cuando todo el mundo sabe que para ir hacia Llanes la salida hay que hacerla desde San Andrés. Por tanto, hora de salida las 7,30 de San Andrés.

lunes, noviembre 10, 2008

LARGO PASEO POR LA NIEVE

Tal como sospechábamos durante toda la semana, no pudimos hacer la ruta propuesta entre Torrestio y Veigas, con ascensión al Tarambicu. La nieve caída durante la semana pasada y parte de esta, nos imposibilitaba esa realización. Por ello y con las pretensiones que teníamos para terminar el día, nos decidimos por hacer alguna cosa con un poco de nieve, por las cercanías de Teverga.

Al final nos decidimos por subir al Puerto de Ventana y desde allí bajar a la Villa del Sub y posteriormente a Páramo, tras pasar por la ermita del Trobaniellu. El autocar nos deja en el alto del puerto aprovechando un pequeño hueco libre de nieve para poder dar la vuelta y aparcar. Algunos coches ya ocupaban el reducido espacio. El inicio de la pista del Trobaniellu que no estaba cubierta de nieve, se encontraba con una capa de hielo. El día estaba raro pero confiábamos en que mejoraría, así que comenzamos a caminar pisando nieve casi nada más descender del autocar.

La nieve, con un espesor oscilante entre los treinta y cuarenta centímetros, no se encontraba en las mejores condiciones para caminar, ya que la capa superficial se encontraba dura, pero cuando intentabas dar un paso, se hundía provocando el desequilibrio. De todos modos, y gracias al esfuerzo de las “fuerzas de choque” que abrían paso, avanzábamos a buen ritmo.

Cuando caminábamos por los Xierros Negros, recibíamos los primeros rayos de sol al tiempo que las nubes se derramaban por la cresta de Ventana al Ferreirua. Mientras caminamos por la pista las dificultades son menores y así llegamos a la Ermita del Trobaniellu donde hacemos el primer descanso y avituallamiento. Como no hay pico en esta ocasión y aprovechando el reagrupamiento, hacemos en este bonito lugar la foto del grupo, con la zona del Ferreirua como fondo.

Continuamos camino un poco más por la pista ahora en descenso, y es entonces cuando contemplamos bien marcadas en la nieve, las huellas de un oso. Por la forma de la huela era relativamente reciente, lo que quiere decir que siguen por la zona, tal como hace unos años, parte del grupo, pudo comprobar al ver salir un oso, también en día de nieve, de la zona de la ermita, corriendo como alma que lleva el diablo, cuesta arriba.

La pista comienza un fuerte descenso hacia la derecha, rumbo a Ricabo, pero no es ese nuestro destino, por lo que abandonamos la pista descendiendo de frente hacia un collado que vemos abajo. Estamos en Garrafe. Llegados al dondo, no queda más remedio que volver a subir por la cuesta que se nos presenta enfrente, siguiendo el sendero que asciende en varias revueltas. Por momentos perdemos el sendero a causa de la nieve, pero la cosa no tiene mayores problemas. Nuestro destino es el colladito que vemos sobre nuestras cabezas. Cuando lo alcanzamos continuamos hacia la derecha a media altura, por la zona de Granda Mullida a buscar el Collado Vosbigre. Volviendo la vista atrás, las vistas de la zona de los Huertos del Diablo y Peña Rueda, son estupendas. Entremedias de ellos, poco a poco va apareciendo el Tapinón, el Siegalavá y posteriormente, y cubierto de un blanco manto, el Fariñentu. Por el contrario y lo venimos observando durante todo el camino, la Sierra de Sobia con el Sobrevosbigre y el Barriscal se encuentran completamente nevados e iluminados por el sol, delante de nuestros ojos. Mirando hacia abajo, la Villa, Paramo y en la vertiente opuesta La Focella, los Pueblos del Real Privilegio.

Desde el Collado Vosbigre no nos resta más que alcanzar la pista y descender por ella hacia la Villa del Sub, pasando antes por las brañas de Vosbigre y Sabariegos. La nieve va disminuyendo y nos sentimos aliviados. Ya va para cinco horas de pisarla y comenzamos a estar hartos. La Villa nos recibe con buen sol y temperatura más que agradable. Circulamos por sus pindias callejas entre las cuidadas edificaciones. Casi en la última casa, abandonamos la pista para descender por el antiguo y cuidado camino que desciende vertiginoso hacia el cercano pueblo de páramo. Retornamos a la entrada del pueblo a la pista ya convertida en carretera y atravesamos pasando junto a la iglesia para alcanzar por fin, la carretera de Teverga a Vantana, justo al lado del hotel, bar, restaurante Casa Manolo, donde reponemos fuerzas con un buen caldo caliente y un vaso de vino blanco. La ruta ha terminado y hemos tenido un buen día y una agradable ruta.

Pare el próximo sábado día 15, tenemos ruta de la Circunvalación del Cuera, concretamente la que saliendo de Panes, se dirige a la Borbolla, por el Pico Paisano. La ruta propuesta es la siguiente:

Panes (27 m) – Alevia (282 m) – Pico Paisano (806 m) – Cueto Tabladiello(611 m) – Acebal (363 m) – Brañavieya (130 m) – La Borbolla (97 m)

Ya está abierto el plazo de inscripción para esta ruta, así que ya me encuentro a la espera de vuestras llamadas. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

lunes, octubre 27, 2008

UNA PISTA MADERERA MUY RECARGADA

La ruta del pasado sábado por tierras de Peñamellera era otra de las que nos faltan para completar la circunvalación del Cuera, comenzada allá por el mes de enero y un poco abandonada a causa de los meses de verano en los que las rutas pasan a tener una cierta dureza.

Según el relato que de la ruta hacen los autor del libro SIERRA DE CUERA, LUIS AURELIO GONZALEZ PRIETO y LOLI PALOMARES, se trata de una “etapa corta y con poco desnivel que discurre por pistas y senderos, alguno en desuso” y nunca mejor dicho, pues la parte intermedia de la misma es realmente un paseo por la selva más abrupta y tupida. Pero vamos al relato.

El autocar nos deja en el pueblo de Llonín y comenzamos a caminar por sus estrechas y empinadas calles, buscando el depósito de aguas primero y el cementerio más tarde ya a las afueras del pueblo. Caminamos por el hormigón que pronto se va tornando en tierra para convertirse en sendero cuando dejamos atrás el cementerio y comenzamos a caminar con rumbo a al collado que tenemos enfrente algo más arriba. Es el collado Cuesta Llerances al que llegamos sin mayores complicaciones que algunos pinchazos en las piernas, producidos por las cotoyas que bordean el sendero. Buenas vistas sobre el pueblo de Llonín y de la cercana Pica de Peñamellera.

Siguiendo el camino que cada vez se hace menos ostensible, cruzamos algunas riegas y vamos caminando casi sin desnivel. Frente a nosotros vamos viendo un pequeño bosque de pinos al que se dirige el sendero. Pero este se bifurca y nosotros tomamos el que desciende que parece el más marcado y así nos lo dicen en el relato de la ruta. Luego llegamos a pensar que posiblemente era mejor haber ascendido a buscar una senda que veíamos más alta o incluso haber ascendido a lo alto de la cresta que teníamos sobre nuestras cabezas.

Pero lo que hicimos como digo, fue bajar para cruzar el bosque por su parte intermedia hasta alcanzar lo que los autores denominan una “antigua pista maderera”. ¡Y bien antigua! Hasta el punto de que nuestros “esforzados serpas” hubieron de luchar denodadamente con las cotoyas gigantes, los espinos y hasta los pinos que cubrían el camino que si que se encontraba cargado de maleza.

Después de fozar como el jabalí por un buen rato, conseguimos alcanzar una zona de la pista más limpia y abierta, pudiendo así, alcanzar el collado Cavandi. Aquí, tras pasar junto a un bebedero giramos a la izquierda dejando por la derecha la carretera asfaltada que se dirige a las primeras casas de Cavandi. Caminamos por una buena pista, llegando en poco tiempo al grupo de casas del Caserío de Suyo, que dejamos a nuestra derecha.

Algo después dejamos también por la derecha un ramal de la pista que desciende y más tarde otro por la izquierda que asciende de forma vertical. Poco más allá pasamos junto a un antiguo casetón minero, ocupado en esta ocasión por ovejas. Más adelante en un nuevo cruce, optamos por la pista que sigue a la derecha en descenso, ya que la de la izquierda se dirige al cercano pueblo de Alevia, cuya cuadrada torre de la iglesia veremos más adelante. De este modo pasamos junto a dos caserones. Son los establos de Nales ya muy cerca de Abándames, a donde llegamos poco tiempo después tras pasar junto a un gran depósito de aguas, denominado Cuerre Gomez.

Abándames es un bonito pueblo, antigua capital de Peñamellera, con casonas de buena factura blasonadas con grandes escudos. Al entrar en el pueblo podremos contemplar una gran encina, el Coteru, que según el cartel que tiene a su lado, data del año 400 a. C. Un buen hotel ocupa una antigua mansión y poco más allá otras buenas casas y la iglesia con una bonita espadaña. Ya por asfalto alcanzamos las inmediaciones de la carretera que une Arenas de Cabrales con Panes, que ya contemplamos cercano. Paralelo a esa carretera hay un camino asfaltado que más allá desemboca en la carretera por la que seguimos unos metros para alcanzar las primeras casas de Panes, donde ponemos punto y final a esta ruta, después de cuatro horas de tranquilo caminar, salvo cuando las cotoyas nos atacaban.

El próximo sábado día 1 de noviembre, no hay salida oficial, pero si hay intención por una parte del grupo, de hacer algo por las cercanías de Teverga. Una de las propuestas era la de subir a Bandujo desde la carretera de Teverga por el antiguo camino y luego hacer alguna cumbre por la zona. Todo ello si el temporal que nos anuncian lo permite. Quienes estén interesados en esta opción que se ponga en contacto con los teléfonos habituales.

Para el día 8 tenemos salida por los Lagos de Somiedo, con ascensión al Tarambicu en ruta hasta Veigas ya en la carretera de Saliencia. Hay una modificación con respecto al calendario oficial y es que en vez de salir de Torrestío, lo haremos desde La Farrapona, con lo que la salida será a las 7 de la mañana de Oviedo para por San Lorenzo y Saliencia, alcanzar el punto de partida. Por tanto la ruta propuesta queda como sigue:

Alto la Farrapona (1.707 m) – Lago La Cueva (1.611 m) – Lago La Mina (1.742 m) – Vega Cerveriz (1.775 m) – Vega Fresnedo (1.707 m) – Vegas de Camayor (1.743 m) – El Tarambicu (1.911 m) – La Chamera (1.390 m) – Veigas (800 m)

Aunque aún falta mucho tiempo, ya estoy esperando vuestras llamadas para apuntaros también a esta ruta. Os tengo que advertir que ese día son las jornadas del Pote Tevergano, el Picadillo y los Callos, redondeado este menú con arroz con leche o borrachinos. Los que ya estamos apuntados para esta ruta vamos a degustar dicho menú, por lo que aquellos que además de caminar quieran disfrutar de esas delicias, me lo deberá comunicar a la hora de apuntarse a la ruta. Espero vuestras llamadas.

lunes, octubre 20, 2008

SINFONIA DE COLOR

Sinceramente tengo que reconocer que para la ruta del pasado sábado por tierras leonesas, tenía una cierta desgana y muy poco interés. No me llamaba la ruta, quizá por no ubicar correctamente la zona y seguro que por falta de conocimiento sobre ella. Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula y sumamente agradable. La ruta fue cómoda, entretenida y visualmente fantástica.

Comenzamos a caminar unos dos kilómetros y medio antes de llegar a Puebla de Lillo, viniendo desde San Isidro. Concretamente en una pista asfaltada en su inicio, que se encuentra a mano derecha y en la que hay un cartel indicador del PR-LE-28, de La Cervatina. Al poco atravesamos el río Silván y a unos 800 metros dejamos la pista que sigue por la derecha y se dirige a las minas de talco del Ausente, para continuar siguiendo las indicaciones del sendero de pequeño recorrido. El camino se va adentrando en un bonito valle con verdes praderas al principio, para adentrarse en el bosque después. Pasamos junto al área recreativa de Pegaruas y la ermita de Peñas Rubias, cuyo sendero señalizado dejamos a nuestra derecha. Dejamos dos nuevos desvíos por la izquierda. En el primero el indicador dice a Pradera Ferreras y en el segundo continuamos por el que está señalizado como Monte La Cervatina.

El camino se va empinando poco a poco pero apenas nos damos cuenta. Vamos entretenidos con los múltiples colores de las fayas y los ocres del suelo cubierto de hojas en muchas partes. Pasamos junto a un arboreto cerrado con maya metálica. Es un bosque controlado por la abundancia de tejos. Hay una puerta por la que se puede pasar, ya que no está cerrada con llave.

El camino gira a la izquierda y sigue subiendo hasta alcanzar la Collada Ferreras donde cambia el panorama. Los árboles dan paso al piornal y damos vista a nuestro objetivo. Por la izquierda tenemos el Aparejo Pequeño y a la izquierda el Mahón. Un sendero por el piornal pasa bajo la ladera norte del Mahón para dirigirse a la contigua collada de La Madera, desde la que la ascensión a la cumbre se realiza por praderas sin ninguna dificultad.

La cumbre, coronada por un buzón montañero instalado por el Grupo de Montañero San Bernardo de Turón, nos ofrece una buena visión del embalse del Porma por el sureste, junto al que destaca la imponente figura del Susarón. Mas alejadas, se ven las cumbres del Macizo del Mampodre. Al sur, el serrote de la Pena Forcada llama nuestra atención por lo aserrado de su cresterío. Siguiendo en la misma dirección, al oeste aparece empericotado Bodón con el pueblo de Ligueros a sus pies. Ya al noroeste las cumbres del Ausente, con la mina de talco en su ladera, da paso al resto de cumbres que se desparraman por la zona de San Isidro a Tarna. Allá a lo lejos, en el noreste, una figura conocida nos hace dudar. Al final la identificamos como Peña Ten, gracias a que a su lado aparece el Pileñes. Así dimos una vuelta a la redonda, reconociendo un buen número de cumbres ya conquistadas.

La temperatura es muy agradable y se está a gusto en la cumbre. Tampoco lo que nos resta de recorrido hasta Tolibia de Abajo es mucho y las ganas de permanecer en la cumbre nos vence. Después de unas cuantas fotos y de cubrir las tarjetas, iniciamos el descenso haciendo una variación sobre el itinerario que teníamos propuesto. En vez de volver a la Collada La Madera, nos dirigimos la sur cresteando por las redondeadas lomeras siguiendo un senderillo que nos llevará a atravesar sin problemas una zona de piornos, para volver nuevamente a las praderas y por ellas acercarnos al bosque de hayas que estábamos viendo al suroeste desde la cumbre del Mahón, justo por encima del pueblo de Tolibia de Arriba.

Dejamos una pista que circula en nuestra misma dirección un poco a nuestra derecha, para ir descendiendo poco a poco al noroeste, para coger otra pista que se introduce en el hermoso bosque. Parece que nos metemos en un cuento de hadas y gnomos y esperamos verlos salir en cualquier momento de detrás de los coloreados árboles. Caminamos sobre un suelo tapizado de hojas mientras que las ramas multicolores parecen girar a nuestro rededor. Nos eternizamos en el descenso por la amplia pista que desciende serpenteando entre las hayas. La cámara de fotos se recalienta y el dedo no se separa del obturador. A cualquier lado que miras un nuevo paisaje se muestra a nuestros ojos.

El bosque tristemente, no es muy grande y salimos de él después de algunas curvas. Alcanzamos el bonito y cuidado pueblo de Tolibia de Arriba donde un bar nos proporciona un nuevo motivo para parar. Unas cervezas después, continuamos el descenso por la carretera hasta el pueblo homónimo de Tolibia de Abajo donde nos espera el autocar, después de algo menos de seis horas y media. No es realmente lo que se tarda en hacer la ruta cuyo horario no sobrepasa las 5 horas, pero a nosotros nos ha llevado bastante más debido a la tranquilidad con la que realizamos la ruta.

Para sábado próximo, día 25, tenemos ruta de la circunvalación del Cuera. Nos vamos a Llonín donde la dejamos en el ya lejano mes de Junio, para dirigirnos a Panes, capital de Peñamellera Baja. La ruta es sencilla y con poco desnivel, apta por tanto para todo el mundo. El recorrido es:

Llonín (160 m) – Cuesta Llerances (338 m) – Collado de Cavandi (295 m) – Suyo (229 m) – Nales (190 m) - Abándames (90 m) – Panes (27 m)

El plazo de inscripción ya está abierto y os aviso que para esta ruta solamente tenemos el autocar de 27 plazas. El que se duerma se quedará sin poder hacerla. Así que ya os podéis dar prisa. Espero vuestras llamadas.

lunes, octubre 13, 2008

COMENZAMOS EL NUEVO CURSO

Finalizadas las vacaciones, comienza el nuevo curso. No se si me echaríais de menos en estas semanas pasadas, no lo creo. De otro modo sería muy presuntuoso por mi parte. Pero si no lo hicisteis, podéis prepararos nuevamente a soportar mis pesados relatos. Y sin más dilación, comenzamos con la ruta de este último sábado, por tierras de Peñamellera.

Nos fuimos hasta Oceño, un pueblecito colgado sobre el Cares y a buena altura. Para llegar a él, debemos pasar Arenas de Cabrales en dirección a Panes y a unos cinco kilómetros, a la altura de Mildón, tomar una carretera de buen firme que sale a la derecha y se va retorciendo por las laderas hasta alcanzar la abigarrada aldea, cuatro kilómetros y medio más arriba. Aquí abandonamos el autocar y continuamos por la pista que sigue subiendo y va pasando entre prados y cabañas diseminadas, hasta alcanzar la Majada de Jaces. Seguimos por la pista al contiguo Collado de Trespando donde finaliza y en el que también veremos un conjunto de cabañas.

Este collado se encuentra colgado sobre la Foz del Río Rubó, dando vista al Cuera hacia el norte. Nuestros pasos continúan por un sendero que con dirección sureste se acerca al borde de la garganta, descendiendo decidido, ya con dirección sur, paralelos al río y a unos 50 metros sobre su nivel. El camino al principio está bien marcado, pero luego se va desdibujando a causa de la maleza. Si el río está seco, se puede seguir por su cauce sin mayores problemas. Nosotros fuimos por las pindias laderas dejando el río a nuestra izquierda, buscando los mejores (¿) pasos que no siempre eran todo lo buenos que deseábamos. Se impone un sube y baja para salvar los distintos escollos que se nos presentan hasta que al fin descendemos definitivamente al río, en un bonito lugar, presidido por una cascada que arroja sus aguas en una pequeña poza.

En este bonito y sombreado lugar, hicimos una parada táctica para reagruparnos y comenzar a libar el rojo y fermentado néctar de la vid, que contenían las múltiples botas que en el día se juntaron para alegría de la mayoría. Tras el descanso y haciendo caso a la descripción de la ruta, cruzamos el río para continuar por un sendero que vislumbramos en la ladera contraria ascendiendo por encima de la cascada. Nuestros guías continuaron ascendiendo por la ladera, cuando aparentemente el camino continuaba por el fondo a la orilla del río y también, tal como veíamos desde nuestra posición, por la orilla contraria. Pero nosotros caminamos paralelos al río a media altura haciendo camino entre las cotoyas, para desesperación de los y las que llevaban pantalón corto.

Vamos viendo nuestro destino que es el bosque de fayas que tenemos enfrente y al que también se dirige el menguado caudal del río, o mejor, de el proviene. Volvemos nuevamente a la altura del Rubó y por su cauce recorremos los últimos para nosotros, y primeros pasos para el río, ya que nos encontramos en su nacimiento. Cruzando a la orilla izquierda, geográficamente, alcanzamos unas praderas que nos acercan a las cabañas de la Majada de Tamandón, donde volvemos a hacer un nuevo descanso.

Ascendemos con dirección oeste dejando el bosque a nuestra izquierda y alcanzando el Collado de Llamea que nos abre una nueva perspectiva del paisaje hasta ahora encajonado en el cauce del Rubó y a partir de aquí, abierto hacia Picos de Europa por el sur y frente a nosotros, al final del empinado valle, el caserío de Arenas de Cabrales. Al norte se alzan tres porros rocosos que identificamos al más cercano como Carraspión, sabiendo que en el mapa topográfico lo denomina Cabeza Legua y en el que ponemos nuestras miradas como siguiente hito a conquistar.

Desde el collado seguimos un marcado sendero que toma dirección norte dirigiéndose hacia la horcada anterior a las cabezas calizas. En esta horcada aparece el camino de retorno a Oceño. Un corte en el terreno da paso a una bonita vallada en la que se ve una cabaña y un cierre para el ganado. Se trata de Cabaña Verde y por allí discurre la pista que baja al pueblo. Parte del grupo opta por esta opción, mientras que el resto continuamos hacia las verdes laderas de lo que suponemos es el Pico Carraspión.

El sendero inicia la ascensión por las praderas del pico hasta alcanzar las primeras paredes calizas. Luego debemos intuirlo ya que la hierba y la maleza lo engullen. Buscando los pasos más accesibles vamos ascendiendo arrimados a las pétreas paredes y con dirección al bosque de hayas que vemos en la ladera norte del pico. Alcanzamos así un muro de cortantes rocas que nos separan de los árboles y realizamos un giro a la izquierda para salir casi en vertical, a la búsqueda de una plataforma que vemos sobre nuestras cabezas. A la derecha hay una vira de verde hierba que nos tentaba, pero avisados por los que ya habían alcanzado la cumbre, desechamos transitar por ella, ya que al final se cerraba en una pared vertical de difícil trepada. Optamos por seguir de frente hasta alcanzar un estrecho canalizo que nos permitió acceder a la cubre tras una fácil y corta trepada.

La cumbre del Carraspión no es un dechado de virtudes y quizás su ascensión por este lado por el que nosotros la hicimos no tenga el premio que el esfuerzo realizado merecería, pero tiene unas bonitas vistas del Urriellu que en esta ocasión no se vieron favorecidas por la climatología, ya que las nubes estaban cubriéndolo todo. De todos modos y aunque en principio no le dimos una buena calificación, si que es un buen mirador. Picos y la Sierra del Cocón, con el Obesón por el sur, Peña Vigueras por el Este y poco más, ya que las vistas quedan cubiertas por el norte por el bosque de hayas y por el este por los otros dos porros contiguos.

Cubiertas las tarjetas y hechas las fotos iniciamos la huida antes de que la plaga de mosquitos acabase con nosotros. Decidimos adentrarnos en el bosque de fayas y por él comenzamos a descender campo a través al principio, hasta dar con un sendero que nos fue llevando entre los árboles haciendo que el descenso fuese uno de los mejores momentos de la ruta y sin duda el que aumento un poco la escasa calificación de la ruta de hoy. Una vez que salimos del bosque, nos encontramos nuevamente con la civilización (¿) en forma de pistas. Siguiendo las indicaciones de Marimar fuimos descendiendo por los restos del antiguo camino que va paralelo a la pista, cruzándola en varios puntos hasta que al final casi se pierde. Reencontrándolo junto a una cabaña con abrevadero al lado de la pista y siguiendo por él el resto del camino hasta la entrada al pueblo de Oceño, donde dimos por finalizada la ruta del día, después de unas seis horas de caminata.

Para el próximo sábado día 18, tenemos ruta por el norte de León. Nos vamos a Puebla de Lillo para ascender al Pico Mahón. La ruta que proponemos es:

Puebla de Lillo (1.220 m) – Las Colladillas (1.235 m) – Caserío Bombea (1.250 m) – Collada Ferreras (1.504 m) – Collada Tolibia (1.744 m) – Pico Mahón 1.819 m) - Collada Tolibia (1.744 m) – La Madera (1.700 m) – Tolibia de Arriba (1.256 m)

Los teléfonos ya están abierto y esperando vuestras llamadas. El que se retrase se puede quedar sin plaza y últimamente hay mucha demanda. No dejes para mañana lo que no quieras perderte. Os espero.

martes, septiembre 30, 2008

RETORNO DE LAS VACACIONES

Como pudisteis comprobar por la ausencia de noticias en el blog, me he tomado unas cortas vacaciones y aunque tenía previsto colgar alguna cosa, no pude hacerlo por falta de conexión a internet.

Pero el tiempo pasa y ya estoy de regreso. Me he informado y parece que las rutas que me perdí, fueron del agrado de la inmensa mayoría de participantes, de lo cual me alegro.

Espero que también os guste la próxima ruta por la Sierra de Peña Mayor. Es una ruta a la que el grupo tenía ganas desde hace algún tiempo y sobremanera, desde que pasamos por la campera de Espines en aquella ruta perteneciente al Camino de Covadonga, que pasamos por ella cubierta por un precioso manto blanco de nieve. La ruta propuesta es:

La Casilla (634 m) - La Vauga (850 m) - Campa Gües (850 m) - Peña Mayor (1.144 m) - Peña Ortigal (1.092 m) - Pico Texu (1.253 m) - Pico de Tremes (1.271 m) - Collado LLagos (1.229 m) - Pico Triguero (1.293 m) - Ferrera (550 m).

Ya estoy esperando vuestras llamadas para apuntaros a esta ruta. Si os descuidáis un poco os quedareis sin plaza.

lunes, septiembre 15, 2008

EL COLLAU ZORRO

Al fin conseguimos poner pie en el Collar zorro sin inclemencias meteorológicas adversas. Era la tercera intentona. En la primera, en la que si que alcanzamos la cumbre, no sabemos en realidad donde estábamos, ya que subimos con una fuerte ventisca, acompañada de nieve como es natural, y una cerrada niebla. En el segundo intento, la climatología era muy similar, aunque no nevaba, pero si que había niebla, y entonces hicimos como alternativa, un paseo por el bosque de Peloño.

Pero en esta ocasión, a pesar de los malos presagios del “hombre del tiempo”, el cielo azul nos acompañó casi durante toda la ruta, permitiéndonos contemplar, con alguna nube lejana, el basto paisaje que esta cumbre enseña.

El autocar, conducido por nuestra entrañable “conduttrice” Puri, nos subió hasta Les Bedules, ahorrándonos una media hora de caminata. Allí tomamos la pista que conduce a Peloño que camina casi en llano hasta la Curva de Pierva, donde abandonamos la pista principal para seguir por otra a la derecha que nos lleva por las laderas de La mota, con algunos duros recuestos y bastante barro, pasando por Biforco donde hay alguna cabaña, hasta alcanzar las verdes y amplias praderas de la majada de Les Llampes, en la que vemos algunas cabañas prácticamente derruidas, entre las que pastan las vacas.

El sendero continua por la parte alta de la pradera y se mete entre el arbolado pasando junto a dos fuentes antes de alcanzar el Collado Caldes a los pies del Recuencu, que venimos viendo durante todo el camino. El Collado Caldes está formado por dos colladas contiguas. Desde la más cercana al Recuencu, derecha, se asciende a este bonito pico que tiene su caída oeste sobre los tejados de Sobrefoz. Los más fuertes del grupo aprovecharon este paso para alcanzar su cumbre.

El resto continuamos por la collada mas al este, izquierda, para alcanzar al poco una nueva collada, Pumerín, esta a los pies del Pico Luengo y desde donde es posible ascender al Pico Zorro, tomando a la derecha de los peñascos del Luengo un pasadizo, no muy recomendable si está mojado, que pasa a la vertiente oeste del pico y por el que se alcanza con facilidad el Collado Les Bárboli por el que se sube al Zorro superando una vertical ladera herbosa.

Nosotros seguimos el marcado camino que por la vertiente de Peloño pasa bajo los derrumbes del Luengo, permitiéndonos contemplar unas estupendas vistas del bosque, así como de Peña Subes, Sen de los Mulos, el Niajo y el Pozalón, amén de la situación de Picos de Europa, en esta ocasión tapados por las nubes. El sendero, muy entretenido, pasa casi en horizontal por la ladera del Pico Luengo, para adentrarse al final en una especie de canalizo que da paso al bonito Valle del Antiguo que desciende desde la ladera este del Zorro a las profundidades del Monte de Peloño, por donde circula la pista que une Collado Granceno con Collada Guaranga y esta a su vez con Arcenorio.

Alcanzado el Valla del Antiguo, podemos seguir buscando el collado que vemos a nuestra derecha y a la izquierda del Pico Zorro, o bien seguir a media altura hasta el fondo de la pradera siguiendo un sendero del ganado que luego tuerce a la izquierda para ascender a un collado en el  que volvemos a girar esta vez a la derecha, para acercarnos a las paredes que descienden del Zorro y por las que vamos ganando altura aprovechando los múltiples senderos que el ganado vacuno van haciendo año tras año, para buscar los mejores pastos. De esta forma alcanzamos la ladera sur del Zorro, desde la que es fácil crestear siguiendo el marcado sendero que nos eleva hasta la cumbre.

La pedregosa cumbre del Collau Zorro está coronada por una cruz con buzón de cumbres y es un estupendo mirador de la montaña de Ponga. Al norte tenemos el cercano Recuencu y todo nuestro recorrido hasta la cumbre. Un poco al oeste, la pétrea figura del Tiatordos, cubierta su cumbre por las nubes, al igual que el Maciedome más a la izquierda y unido a este por los Collados de Pandellanza. Por el Sur las estribaciones del Mampodre se van uniendo, según seguimos girando, con la zona del Ten y Pileñes. Más cercano a nosotros, el camino recorrido hace unos meses cuando fuimos desde la Uña al Sabañón, pasando por el Porrón de Viaño, que veíamos muy cercano. Siguiendo al este, el Pozalón, el Niajo, la cortada del Río Mojizo que lo separa del Sen de los Mulos y de Peña Subes. Por encima de ellos, las estribaciones del Pre-Cornión y del Cornión, hoy totalmente cubierto de nubes.

Después del merecido descanso y de cubrir la tarjeta de cimbres y hacer las fotos pertinentes, iniciamos el descenso por el mismo sitio por el que subimos, para ir bajando por el valle que se forma a la derecha y que se dirige a la Majada de Fana. Alcanzamos primero una colladita que se ve según vamos descendiendo, para dirigirnos a otra de mayores dimensiones y en la que había un buen número de reses pastando al lado de las cabañas. Era Fana.

Aquí comenzaron los problemas. El sendero se introduce en el bosque y pronto lo perdemos. Nosotros salimos de Fana con dirección norte y quizá teníamos que haber buscado un buen camino algo más al noreste ya que el que seguimos, más cercano al borde del serrote que separa el Monte Fana del valle de Ventaniella, por donde discurre la pista que la une con Sobrefoz. Sea como fuere, después de seguir por un tiempo un sendero medio tapado por la maleza, decidimos descender más hacia la riega del Vallizón, atravesando un bonito bosque de fayas, hasta que encontramos una zona más abierta de prados. Atravesando estos desde la portilla superior hasta la inferior, dimos con el sendero que deberíamos haber tomado arriba y por el que seguimos descendiendo tras cruzar el Río Vallizón, hasta entroncar con la Pista de Ventaniella por la que finalizamos el recorrido, al alcanzar el pueblo de Sobrefoz, después de unas seis horas de caminata.

La próxima ruta la tenemos en Redes, partiendo del casín pueblo de Orlé, para alcanzar la cumbre de La Crespa o Peña Los Tornos. La ruta es:

Orlé (660 m) – Ríu del Medio – La Felguera (1.210 m) – Mayada Piedrahita (1.395 m) – Collaos de Boqueriza (1.425 m) – La Crespa (1.553 m) – Foz de Moñacos – Puente El Patín (635 m) – Degoes (535 m) – La Pesanca (410 m) – Riofabar (330 m)

Las inscripciones para esta bonita ruta están abiertas y si te descuidas te puedes quedar sin plaza. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Espero tu llamada.

martes, septiembre 09, 2008

EN EL SANTUARIO DE BALLESTEROS

Nuestro recorrido en esta ocasión, pasa por los intrincados vericuetos por los que se introdujeron, según don Claudio Sánchez Albornoz, los retos del ejército árabe tras la derrota de la batalla de Covadonga, en su huída hacia Cosgaya donde finalmente fueron aniquilados. La canal de Piedra Bellida fue de mucho tiempo, paso de los pastores de la zona para alcanzar las praderías de Amuesa. Nosotros hoy, lo recorrimos en descenso después de llegar a Amuesa por Bulnes, tras ascender la siempre dura Canal de Amuesa.

El día no presagiaba tranquilidad, climatológicamente hablando. Las nubes se adueñaban de las altas cumbres del Central y los pequeños claros que se abrían por el Cornión, no parecían suficientes para tranquilizarnos. De todos modos al llegar a Poncebos, la cosa parecía querer aclarar y nos embarcamos en la aventura propuesta.

Mientras algunos del grupo cruzaban el Puente de Torbanes para subir a Bulnes con el engendro mecánico del funicular, el resto descendimos a orillas del Cares, para cruzarlo por el Puente La Jaya e iniciar el ancestral camino de Las Salidas, que asciende por la Canal de Tejo y que fuera el único nexo de unión de los bulniegos con la civilización, por esta parte de Picos. Enseguida cruzamos por un nuevo puente, el del Jardu, pero en esta ocasión sobre las bravas aguas del Río Bulnes que bajan a unirse al Cares.

Abandonamos el río y comienza la subida por buen camino labrado en la piedra en muchos tramos y armado en otros. Las vueltas y revueltas se suceden casi sin darnos tregua y poco a poco vamos dejando el Río Bulnes en el fondo del valle a muchos metros de distancia. A nuestras espaldas, por la abertura que dejan el Murallón de Amuesa por un lado, y las estribaciones de Peña Maín por el otro, vemos la serpenteante carretera que se retuerce para alcanzar las casas de Camarmeña.

Paso a paso vamos tomando altura y cuando nos queremos dar cuenta arribamos al Puente Colines donde la senda enllana, para bifurcarse siguiendo, sin cruzarlo, hacia Bulnes La Villa y traspasando el puente volver a ascender por un senderillo casi cubierto de maleza, hasta Bulnes El Castillo, barrio de arriba de este renombrado pueblo de Picos.

En El Castillo dejamos la cuidada casa de piedra con una pequeña ventana medieval a nuestra izquierda y continuamos por un buen camino que se dirige sin pérdida a los Llanos del Torno, una especie de pradería prácticamente abandonada y cerrada por la izquierda por el Monte del Acebuco y por la derecha por el Murallón de Amuesa y como única salida la dura pendiente de la Canal de Amuesa que tenemos enfrente. Una buena fuente nos servirá para avituallarnos, pues es la última que encontraremos hasta Pando Culiembro. Hay otra fuente cerca del final de la canal pero suele estar seca. Caminamos por esta zona más o menos llana y nos acercamos al inicio de la canal. Un marcado sendero asciende con múltiples vueltas dejando a la derecha una pedrera y ascendiendo por el centro hasta su parte intermedia, en la que el sendero se acerca a las paredes del Murallón para retornar nuevamente al centro. Si nos giramos contemplaremos el desnivel ganado y en el fondo del bonito valle, los tejados del pueblo de Bulnes. Por encima de este, las verdes praderas de Pandebano y entre ambos, las cabañas de los Invernales de Arnandes.

Tras pasar junto a una fuente seca, enseguida coronamos en el Collado Cima, con la majada de Amuesa a la derecha. A nuestra izquierda se yerguen los Traves y la temible Cuesta del Trave en el camino del refugio de Cabrones. Se impone un merecido descanso esperando por los más rezagados, antes de reemprender la marcha siguiendo un senderillo que recorre las praderas hacia le oeste, en busca del borde de la meseta que se precipita hacia el Cares. Un conjunto de árboles pertenecientes a lo más alto del Monte Acebuco nos marca el camino. Atravesamos esta pequeña mancha boscosa y el panorama comienza a abrirse. Alcanzamos así, lo que dimos en denominar el Santuario de Ballesteros, el Collado Cerredo.

Aquí se acaba la tierra y comienza el abismo. Al otro lado, en el fondo de la terrible cortada, está el Cares sin que lo podamos ver. En la orilla contraria el Cornión con la insigne Peña Santa y las múltiples canales que se rinden en la Garganta Divina. Una inmensa muralla con un sinfín de cumbres y de nombres, por andados, conocidos: Mesones, Caín, Jultayu, Hierbas Altas, Ario, Canal de Trea, Ostón, Canal de Culiembro, Canal de la Raya, Jascal, Llerosos, Ondón... y tantos y tantos nombres que la cabeza ya no retiene.

Nuestras miradas estaba fijas en el Cornión, pero de vez en cuando se nos escapaban en busca de un paso que nos condujese al inicio de la canal que intuíamos pegada a las paredes rocosas de nuestra izquierda. Pero ese paso no aparecía. La ladera a nuestros pies era bien inclinada y de mal piso. Piedras sueltas y tierra deslizante y un abismo muchos metros más abajo. Algunos se decidieron a dar los primeros pasos y alguien gritó que había un sendero. Nuestros tímidos pasos se encaminaron por aquel mal terreno hacia donde indicaban la existencia del sendero. Caminamos hacia la izquierda descendiendo poco a poco siguiendo los mejores pasos. Cuando nos sentíamos un poco más seguros, descendíamos algo más, hasta dar con el seudo sendero anunciado. Este se dirigía sin dilación hacia las paredes de la izquierda, transformándose en un camino de tierra algo resbaladizo después de atravesar una pedrera. Dicho sendero desciende ahora adentrándose en la canal que cada vez se hace más evidente. Altas paredes a ambos lados y agudos cuetos a nuestras espaldas nos abocan a deslizarnos por la pindia canal. Después de varios metros de descenso por la terrosa senda, alcanzamos una pedrera que nos relaja un poco. El camino se hace algo más cómodo y descendemos más rápido. Por debajo de la pedrera vemos una amplia mancha verde. Es Pando Culiembro y cerca de una única cabaña visible, vemos a los más adelantados del grupo que nos observan. Poco antes de llegar a ellos alcanzamos una fuente abrevadero en la que manaba un fino hilo de agua que sirvió para saciar momentáneamente nuestra sed. Estando allí, mirando hacia atrás, pudimos contemplar la Cueva Negra o Cuañegra que menciona Ballesteros.

Después del descanso proseguimos nuestro camino atravesando hacia la derecha por la alta hierba para descender a las inmediaciones de la destartalada cabaña de Pando Culiembro donde digo que nos esperaban el resto del grupo. Hicimos unas fotos con la canal al fondo y proseguimos el descenso casi campo a través, ya que las altas hierbas no nos permitían ver el sendero. Recuperado este, nos adentramos en una zona boscosa buscando el paso por la derecha y pasando entre las ruinas de algunas cabañas con la maleza muy alta y con el sendero que se pierde por momentos. Poco más abajo lo recuperamos y ya por una pindia pradera de alta hierba fuimos descendiendo en tornos interrumpidos a veces por algunos árboles caídos pero sin pérdida ninguna, hasta embocar en un canalizo de resbaladizas llambrias, en el que El Parque tuvo a bien instalar un “pasamanos” de cuerda que da confianza en este peligroso tramo que desciende casi vertical hacia la Puente Vieya o Puente Culiembro, también remozado, y por el que cruzamos el Cares para emprender la dura subida hasta la senda que cubre la distancia entre Caín y Poncebos, justo donde finaliza la Canal de Culiembro.

Solo nos resta, nada menos, que seguir la Senda de Cares, hoy con abundante clientela, sufriendo una vez más las rampas de Los Collaos, que hacen mella en nuestras castigadas piernas, para alcanzar el paraíso en La Trapa, a donde llegamos después de 8 horas y media de caminata.

Ayer lunes, Día de Asturias y festividad de Nuestra Señora de Covadonga, realizamos la anunciada excursión en honor de los socios del Grupo de Montaña, haciendo una visita al complejo de las minas de oro de Las Médulas, donde los romanos deshicieron las montañas para extraer el preciado mineral. Paseamos un par de horas por los marcados senderos que conducen hasta La Cuevona y La Encantada, dos cuevas, la segunda visitable, por las que hacían descender el agua que al deshacer la tierra desprendía el mineral precioso. Luego retornamos la pueblo de Las médulas y nos fuimos a Astorga para degustar el típico Cocido Maragato que como ya todo el mundo debe saber, se come al revés, comenzando por el compango compuesto de costillas, oreja, tocino, lacón, morros, chorizo, carne, todo ello de cerdo, para continuar luego con los garbanzos acompañados de patatas y verdura y terminar con la sopa, en esta ocasión de dos formas distinta: una de pan y otra de fideos. De postre natillas con bizcocho y para digerirlo todo, un café con chupito. Tras la comida dimos una vuelta por la bonita ciudad de Astorga para hacer algunas compras y contemplar su espléndida catedral y el cercano Palacio Arzobispal realizado por la magnífica imaginación del insigne Antoni Gaudí. Desde aquí retornamos a Trubia con una parada antes en Mieres para despedirnos tomando unas sidras, de nuestros compañeros de la Felguera que se quedaban allí.

Para el próximo sábado proponemos una ruta ya realizada hace unos años, pero con muy mal tiempo. Nos vamos a tierra de Ponga para ascender el Collau Zorro desde el Cabañón y con descenso a Sobrefoz por el Monte Recabada y La Faeda. La ruta a seguir es:

El Cabañón (915 m) – Les Bedules (1.083 m) – El Biforcu (1.180 m) – Les Llampes (1.387 m) – Collada Caldes (1.415 m) – Collado Pumerin (1.515 m) – Valle del Antiguo (1.500 m) – Collado Les Barboli (1.730 m) – Pico Zorro (1.844 m) – Collado Piesco (1.750 m) – Las Fuentes (1.500 m) – La Bustariega (1100 m) – La Faeda (990 m) – Sobrefoz (330 m)

Los interesados pueden empezar a llamar para poder hacer esta ruta. Espero vuestras llamadas.

lunes, septiembre 01, 2008

UN ABISMO SOBRE EL RÍO DEVA

La Sierra del Agero es una extensión hacia el noreste del Macizo Oriental de los Picos de Europa, que se desprende de la zona de la Samelar por las Verdianas, perdiendo altura hasta morir en el Cueto Agero en caída libre sobre el Río Deva.

Yendo por la Hermida hacia Potes, la sierra del Agero es la que cierra el desfiladero por el oeste, derecha, poco antes de llegar al ensanchamiento de la foz que se abre en Lebeña. Antes del cruce de este pueblo nos encontramos otro a la derecha que indica Allende y por su pendiente carretera ascendemos menos de un kilómetro hasta las primeras casas del pueblo, donde finaliza el asfalto.

Una mirada a la derecha según llegamos, nos hace comprender el esfuerzo que nos espera. Arriba vemos la canal vigilada por la enhiesta cumbre del Cueto Agero. Entre nosotros y este, un cerrado bosque de encinas y un desnivel de 696 metros que nos parece casi vertical. Comenzamos a caminar por la parte alta del pueblo cogiendo una ancha pista hormigonada y con fuerte desnivel. Pronto se cambia el hormigón por la tierra y nos adentramos en el bosque de encinas.

En una curva a la izquierda junto a una caseta con antena, abandonamos la pista para ascender entre árboles por un sendero marcado que nos lleva a otra pista que desciende hacia la derecha. Cruzamos la pista y continuamos subiendo por sendero serpenteante. Dejamos otros senderos que salen a derecha e izquierda para continuar siempre por el principal.

A nuestra izquierda y algo más abajo, veremos una cabaña en un pequeño collado. El sendero nos saca nuevamente a la pista y a los pocos pasos tomamos un nuevo sendero a la derecha señalizado con un jito, que nos lleva a pasar junto a unas cabañas medio derruidas para retornar nuevamente a la pista que ya no abandonamos hasta llegar a un cierre de alambre, ya fuera del bosque y con el inicio de la canal encima de nosotros.

El camino serpentea armado en algunos lugares y va ascendiendo por la ancha canal, bajo la atenta mirada del Cueto Agero a nuestra derecha. Gracias al camino, se sube bien y al llegar a Encimalacanal el paisaje se abre hacia una verde meseta rodeada de cumbres calizas. Al norte, y en descenso, vemos las praderas del Llano Agero y algunas cabañas diseminadas. A la izquierda, noroeste, unas redondeadas cumbres calizas cierran la meseta. La más alta, son las estribaciones del Cueto La Fontaniella.

Al este se levanta la pedregosa ladera del Cueto Agero. Dicen las descripciones que se debe rodear un poco al este para buscar los mejores pasos. Son todos malos. Se trata de una ladera de bloques calizos rodeados de hierbas y matorrales en los que es fácil meter el pie en algún hoyo. Por ello, y sea cual sea el camino que tomemos, hay que extremar las precauciones. Nosotros después de dejar las mochilas, subimos de frente buscando los mejores pasos hasta que entroncamos con la zona jitada, que tampoco nos mejoró demasiado el camino, pero nos permitía subir sin casi necesidad de andar buscando pasos buenos.

Alcanzada la cumbre, da miedo moverse entre los peñascos ya que la caída hacia el Río Deva es completamente vertical. Bajo nuestros pies vemos el bosque que hace poco atravesábamos y más abajo Allende y la carretera que se dirige a Potes. Al otro lado la iglesia de Santa María de Lebeña y el pueblo del mismo nombre y sobre él, la majestuosa mole de Peña Ventosa. Hacia el sureste las estribaciones del Macizo de Andara y al oeste nuestro próximo reto, la cumbre del Cueto La Fontaniella.

Después del descanso y de cubrir la tarjeta y hacer algunas fotos, emprendimos el descenso siguiendo los jitos hasta Encimalacanal. Recuperamos las mochilas y reiniciamos la marcha con rumbo al Fontaniella. Para ello hay que descender un poco para seguir luego un sendero del ganado que sube con algunos tornos por una vaguada. Vamos ganando terrazas por entre la hierba sirviéndonos de senderos de las vacas y las ovejas y con la dirección puesta en una canal verde a la izquierda del Cueto Fontaniella. Superada esta canal herbosa, alcanzamos una especie de hoya en la que no se ve ningún paso cómodo. Giramos a la derecha y comenzamos a subir la ladera final del cueto entre bloques calizos y matorral. Llegamos a lo alto de la cresta y siguiendo un poco más a la derecha por ella, alcanzamos la cumbre del Cueto La Fontaniella.

Las vistas se abren desde esta atalaya y podemos contemplar una vez más las cercanas cumbres del Oriental con la inconfundible silueta de La Samelar. Bajo nuestros pies, el Collado de pelea con la serpenteante cicatriz de la pista que baja al pueblo de Cabañes y por la que nosotros debemos coger la que nos devuelva a Allende. Más a la derecha otra pista conocida: la que baja del Casetón de Andara hasta Beges y aún más a la derecha, la que une Sotres con Tresviso, cuyo caserío podemos contemplar. Al girarnos hacia nuestras espaldas, contemplamos el recortado contorno de la Sierra y al otro lado, Peña Ventosa. Más a la derecha de esta, el valle de la Liébana se abre y podemos ver hasta las primeras casas de Potes.

Recuperadas las fuerzas y tras hacer las fotos pertinentes, descendemos un poco a la izquierda buscando un sendero que nos lleve a la terraza inferior formada por verdes praderas y que se encuentre cerrada por un par de cumbres, una delas cuales, la que se encuentra más a la izquierda y coronada por un vértice geodésico, es el Pico Agero o Pico Joyo Diaz. Atravesamos las camperas con rumbo al collado que se abre entre las dos cumbres mencionadas y en el que vemos unas ovejas que se guarecen del fuerte calor reinante. Alcanzado el collado, vemos toda la ladera que debemos descender para llegar a la pista de Cabañes y también podemos ver donde se realiza la bifurcación de esta con la que sigue a Allende. Mas a la izquierda vemos un prado cerrado con muro y una cabaña y hacia él dirigimos nuestros pasos, buscando el mejor camino que no es otro que el descenso por la ladera, procurando hacerlo en zigzag y tendiendo en principio hacia un saliente herboso del que posteriormente seguiremos bajando a la izquierda para por una cárcava descender definitivamente a la pista cerca de la cabaña antes mencionada.

Ya el camino no tiene pérdida. Siguiendo la polvorienta pista siempre en descenso, entroncamos con la que unas cuantas horas antes nos sirvió para el ascenso y enseguida las primeras casas de Allende, donde nos espera el autocar.

Comenzamos nuevo mes y para la primera ruta de setiembre tenemos retorno a Picos y además a una de sus canales emblemáticas. Nos vamos a Poncebos para subir por la Canal del Tejo hasta Bulnes El Castillo donde accedemos a la endiablada Canal de Amuesa, para descender nuevamente al Cares por la Canal de Piedra Bellida. Ruta de paso de las huestes sarracenas después de la Batalla de Covadonga, al decir de nuestro insigne historiador Claudio Sánchez Albornoz. La ruta a seguir es:

Poncebos (218 m) – Bulnes El Castillo (715 m) – Canal de Amuesa – Majada de Amuesa (1.386 m) – Collado Cerredo (1.454 m) – Canal de Piedra Bellida – Pando Culiembro (645 m) – Puente Vieya (335 m) – Culiembro (430 m) – Los Collaos (450 m) – Poncebos (218 m)

Ya está abierto el plazo de inscripción para esta ruta en la que espero que habrá participación masiva, por su belleza. Así que el que esté interesado en hacerla, que no lo deje para última hora, so pena de tener que quedarse en casa.