Pese a las predicciones meteorológicas que toda la semana nos estuvieron dando, las condiciones que veíamos según nos acercábamos a Fuente Dé, no presagiaban un buen día de monte y menos en esas alturas. Las nubes cubrían las cumbres y al llegar a destino vimos como la niebla comenzaba a mitad de la subida del teleférico.
Después de sacar los billetes y hacer un poco de cola, nos subimos a la cabina del teleférico. Menos mal que todo fue un espejismo y según ascendíamos íbamos atravesando las nubes y dejándolas abajo. A las diez y media de la mañana, con un precioso cielo azul y radiante de sol, comenzamos a caminar abandonando la estación superior del teleférico, El Cable. Las nubes quedaban abajo y sobre ellas un tramo de la Cordillera que reconocíamos de la semana anterior: El Curavacas, Peña Prieta, Tres Provincias y Coriscao.
Pronto comprendimos que no sería una ruta en solitario como estamos acostumbrados. Las cordadas que ascendían por el camino de Horcados Rojos así nos lo demostrarían. Poco a poco fuimos quemando etapas: Horcadina de Covarrobres y el correspondiente desvío a Áliva; la Vueltona, a los pies de Peña Olvidada y Peña Vieja; las apretadas y duras revueltas que nos llevan al cruce del camino del Collado de la Canalona; el descenso-ascenso previo al otro cruce, el del Refugio de Cabaña Verónica, plagado de gente, y por fin, el Collado de Horcados Rojos, donde dimos vista por primera vez en el día, a nuestro entrañable amigo el Urriellu.
En este incomparable mirador nos detuvimos un buen rato, con la disculpa de esperar a los rezagados, a los que habían subido a la cumbre de Horcados Rojos y cuatro de nuestros compañeros que considerando que la ruta propuesta era un poco blanda, optaron por subir por la Jenduda al Cable. Tampoco apetecía mucho bajar a los Boches con la gran cantidad de gente que lo estaba haciendo en aquellos momentos. Pero la razón más importante era poder disfrutar de las estupendas vistas que teníamos frente a nosotros y a nuestras espaldas.
El enorme boquete del Jou de los Boches nos separa de la inconfundible figura del Urriellu. Por la izquierda lo cierran las cumbres del Tesorero y los Picos de Arenizas. Al norte, la Garganta de los Boches lo comunica con el siguiente jou, el Jou Sin Tierre. Por la izquierda los Campanarios, la Morra, Tiros de Santiago y Tiros Navarros se unen a los Picos de Santa Ana y Horcados Rojos para cerrar el círculo.
Al disminuir la cantidad de gente que baja al Jou de los Boches, decidimos emprender nosotros también dicho descenso y para ello caminamos con dirección este en busca del comienzo del cable. El descenso en un sendero, por decir algo, en malas condiciones, con mucha piedra suelta y de una verticalidad que asusta. El cable de acero con cubierta de plástico, que lo recorre, es un buen acompañante para vencer el miedo. Quizá para las condiciones actuales, sin nieve, no tenga la distribución más idónea, pero si que presta un buen servicio.
La bajada se suele ralentizar en parte por el cuidado que hay que poner a cada paso que damos y en mayor medida por aquellos que tienen más problemas para abordar el pindio descenso. Por eso es común ver largas hileras de caminantes agarrados al cable.
Cuando al final llegas a lo más hondo del jou y miras hacia atrás, te das verdadera cuenta de la verticalidad que tiene el “sendero”.
Atravesamos el Jou para salir por la Garganta de los Boches que lo une al Jou Sin Tierre, otra magnífica depresión en la que pudimos contemplar a varios rebecos que descansaban plácidamente tumbados en los heleros. Por el oeste este jou está cerrado por las cumbres que se desgajan del Torrecerredo. Así podemos contemplar la Torre del Oso, el Pico Boada, la Torre de la Párdida y hasta el Neverón de Urriellu.
Atravesada la garganta, encontramos dos senderos. Se debe coger el de la derecha, el que va más alto, ya que con el otro descenderíamos al jou y eso nos obligaría a subir más adelante. El sendero pasa bajo una pedrera que por la derecha desciende de la Canal del Lebaniego, entre los Campanarios y la Morra. Luego llegamos a la Garganta del Jou Sin Tierre, una pared que se desgaja de la Torre del Pomelo, al oeste y en la que también tenemos dos opciones: Por la izquierda sigue el sendero dando un pequeño rodeo y de frente tenemos una especie de grieta por la que podemos subir a lo alto del murallón con una fácil trepada.
Pero lo mejor es el premio que recibimos arriba. La panzuda figura del Urriellu mostrándonos su cara oeste, nos libera de todos los sinsabores pasados hasta ese momento. Unos cuanto pasos más y alcanzamos un balcón desde el que podemos contemplar el Picu en toda su extensión. Abajo, a la izquierda, vemos el refugio de la Vega de Urriellu. La primera vez que uno llega a este lugar, la recuerda eternamente. Es impresionante como la figura de paredes rojizas del Urriellu se eleva, tratando de tocar el azul del cielo. Las cámaras fotográficas echan humo y son múltiples las instantáneas que se disparan desde este lugar. Si nos fijamos bien, podemos contemplar las diminutas “arañas” que lentamente se mueven por la vertical pared, agarrados a la roca, superando la fuerza de la gravedad, para poder alcanzar la cumbre de esta señera montaña.
Tras largos minutos de contemplación, proseguimos la marcha hasta llegar al refugio Delgado Ubeda, donde había que tener cuidado para no pisar a nadie, dado el gran número de montañeros que allí se reunían a descansar.
Más de una hora estuvimos contemplado de cerca la cara oeste del coloso y como los esforzados escaladores progresaban en la pared. La benignidad del clima, unido a la fuente de aguas frías y cristalinas y como no, las cervezas y el vino que allí se puede adquirir, nos retuvieron por más tiempo del previsto. Pero no había prisa. Si no hacemos la parada aquí, tenemos que hacerla más tarde en Poncebos para que el conductor pueda descansar las horas previstas. Así que qué mejor sitio que este para un descanso plácido y prolongado.
Después de muchas fotos y miradas al Picu, decidimos reemprender la marcha. Tomamos de los dos caminos que se nos presentaban hacia abajo, el de la izquierda, hacia la Canal de Camburero. El otro, el de la derecha, se dirige a Pandebano por el Collado Vallejo.
Camburero es un largo descenso en el que se alternan distintos tipos de terreno. Comenzamos por una pradera que nos dirige a un hoyo al que hay que descender mediante un sencillo destrepe de unos seis metros. Luego salimos de él por el lado opuesto accediendo a una meseta de caliza a modo de mirador. Continuamos bajando por un largo canchal de piedras, mientras detrás nuestro, el Urriellu se entretiene jugando con las nubes.
En esta primera parte, el camino está muy marcado y hay numerosos jitos, además de las marcas de sendero de pequeño recorrido. Luego llegamos a una zona lago más herbosa y tras un recodo vemos abajo las ruinas de la Majada de Camburero, donde hubo un refugio. La hierba y la maleza lo ocupa hoy todo. Frente a nosotros , un poco a la izquierda, la Collada Ties, por la que accedieron a la majada el Marqués y el Cainejo, la tarde antes de la primera ascensión al Urriellu y lugar por el que nosotros pretendemos pasar en el próximo mes de setiembre.
Bajando de la verde majada nos adentramos en la angoste Canal de Camburero en la que nos encontramos con dos rebecos descansando sin hacernos ningún caso. El descenso se hace más pronunciado si cave y hay que poner atención a los pasos que se dan. La hierba cubre las piedras y es fácil dar un traspiés.
La canal se estrecha más y un arroyo por la izquierda baja haciéndonos compañía. En la Garganta debemos utilizar nuevamente las manos para descender un trozo de muro por el que desciende en forma de cascada el arroyo. Vencido este escollo, desembocamos en Balcosín, una lengua herbosa de origen glaciar, por la que podemos apretar un poco el paso.
Abandonamos este buen terreno para bajar ahora dentro del arroyo. Es la Voluta de Castisierra y cruzamos múltiples veces la corriente de agua. Las piedras, la hierba y el agua hacen un poco más penoso el caminar. La vista de los tejados de Bulnes nos da ánimo para continuar.
Aún tenemos que pasar junto a una bonita cascada. Aquí el camino se separa del arroyo atravesando una zona herbosa y muy resbaladiza, para descender poco a poco a cruzar por un rústico puente, el Río del Tejo, ya a la entrada del pueblo de Bulnes.
Lo peor ya pasó y aunque aún nos queda cerca de una hora de camino, ya es por terreno conocido. Un pequeño descanso en Bulnes tomando unas cervezas y vuelta al camino para descender rápidamente por la Canal del Tejo, que por cierto se encuentra en reparación, hasta terminar en Poncebos después de nueve horas y media de larga y dura caminata. La verdad es que la ruta se puede hacer fácilmente en ocho horas y media, ya que nuestros descansos en varios de los puntos, fueron excesivos.
Esta gratificante ruta es de obligada realización para aquellas personas que les guste la montaña. Es una ruta que al menos hay que realizar una vez en la vida para poder disfrutar de un día pleno de montaña, sin falta de ascender a ninguna cumbre.
Hay que mencionar que todo el camino desde el cable hasta Poncebos se encuentra señalizado con las marcas blancas y amarillas de sendero de pequeño recorrido.
Para los días 1 y 2 de agosto, tenemos nuestra clásica ruta con pernocta. En esta ocasión nos vamos a dormir al refugio de Vegabaño, pasando por el Pico Jario, para el domingo subir hasta Vega Huerta y descender luego por la Duernona hasta las orillas del Río Dobra y dirigirnos a Vegabaño para bajar a Soto de Sajambre donde nos espera el autobús de regreso a casa. La ruta que queremos hacer es:
PRIMER DÍA: Puerto de Panderruedas (1.450 m) – Collado La Rocha (1.600 m) – Collado Viejo (1.638 m) – Centenal (1.768 m) – Las Guadañas (1.705 m) – Colladina de Dobres (1.760 m) – Pica Samaya (1.859 m) – Pico Jario (1.910 m) – Vegabaño (1.320 m)
SEGUNDO DÍA: Vegabaño (1.320 m) – El Roblón (1.500 m) – Collado del Cueto (1.576 m) – Collado de Cuesta Fría (1.690 m) – Horcada del Frade 81.756 m) – Cimera del Frade (1.842 m) – Canal del Perro – Collado del Burro (2.124 m) – Vega Huerta (2.043 m) – La Duernona – Las Pandiellas (1.550 m) – Valdecarombo – El Recodo – Cuesta la Espina – El Chamozo (1.110 m) – Puente sobre el Dobra (1.030 m) – Puerto de Barcinera (1.331 m) – Vegabaño (1.320 m) – Soto de Sajambre (930 m)