martes, octubre 30, 2012

ENTRE NIEBLAS Y CHUBASCOS SUBIMOS AL PICO RUBIO



27 de octubre de 2012
       
Cayó agua toda la noche. Los presagios no podían ser peores. Pero en un gesto de valor nos lanzamos hacia Somiedo con esperanza de que la lluvia nos respetara. Hicimos una parada larguilla en Belmonte para que el cielo se aclarara. Nada que hacer. El día está de llover y lloverá lo que tenga que llover.

El autocar sube por una carreterita casi de juguete hacia la aldea de Pigüeces. Rezamos para que no baje ningún vehículo del pueblo. Hay suerte. El autocar hasta puede dar la vuelta en una explanadita a la entrada del pueblo. El conductor se compadece de nosotros mientras nos forramos con toda clase de plásticos, bufandas, bragas y paraguas. No está demasiado frío. Este pueblo tenía tradición de contar con buenos madreñeros.

Salimos por la zona oriental del pueblo desde la vertiente del Pigüeña para llegar a la vertiente de Somiedo. La sendita, tapizada de verde, es una cocada. Salimos por la izquierda de la iglesia y subimos sin parar, aunque cómodamente hasta una coqueta braña, Motiz, perdida entre castaños. Un senderillo sigue de frente junto al arroyo de Peñas del Alba, probablemente en dirección a Vildéu. No es nuestro camino. A pesar de la densa niebla torcemos hacia el monte en dirección noroeste. La subida sería buena, progresiva y libre de escobas si dejará de llover un momento. A pesar de todo llegamos a una primera collada.

Naturalmente no es la buena. Hay que seguir. Calibramos la posibilidad de bajar directamente al valle en dirección a Aguasmestas. Pero no se ve nada en absoluto. Por seguridad del grupo es mejor seguir todos juntos hasta el Alto del Rubio. En el cresteo por la cumbrera el viento sopla con fuerza del Norte. Más de un paraguas queda para la basura. Empieza a bajar mucho la temperatura. Mi termómetro marca seis grados. El temporal se hizo somedano para darnos un beso helado. A penas paramos para que lleguen los rezagados. Nos tiramos monte abajo como gente enloquecida sólo para entrar en calor. Nuestra bajada bordea todo el tiempo una de las áreas más restringidas del parque natural. Pero no vemos ningún oso por la ladera.

Caemos entre fayas y castaños en unas praderías increíblemente bellas y recónditas. La misma bajada se hace contra un bosque en pleno cambio. Deja de llover un rato. El bosque es una explosión de color. El día está muy poco claro y no deja mucho margen para vistas. En el valle de La Trapa nos reagrupamos y aprovechamos la escampada para comer rápidamente y volver a caminar para que circule la sangre. El termómetro ha subido a 12º.

Seguimos el camino hasta un caserío restaurado de muy buen porte. Luego la senda francamente bella, discurre junto al molino más extraño que hayamos visto nunca. Está alimentado por una  gran tubería de hormigón con una buena caída para garantizar energía suficiente a las aspas. Aquel invento tenía que funcionar de cine. Lamentablemente se ha perdido toda la maquinaria y sólo queda el esqueleto.

El camino coge rápidamente altura sobre el río. La fuente Carballo, hermosa, escondida, evocadora. En algún momento se dejan entrever los caseríos cercanos a Aguasmestas. La carretera y el río Somiedo. No cabe mucho más en esta estrechura. Rodeamos con amplitud la Peña el Alba, seguimos mojadísimos, sigue lloviendo aunque más mansamente. Por fin el rodeo termina y vemos entre nubes plomizas los pueblos de Clavichas y La Bustariega. En lo más fondero está la central de La Riera, nuestro destino y por encima de la misma la escabrosa subida al puerto de San Lorenzo con las aldeas de Las Morteras y Villaús en los dos flancos de la montaña. Somiedo siempre se exhibe en su completa belleza. Maldita lluvia. Llegamos a las Viñas. Ya casi estamos. Pero hay que bajar ciento veinte metros. Unos por la carretera de nueve revueltas y otros por el camino antiguo sucesión de eses y barro. Por fin en la Riera. Junto a la central hay unos cobertizos donde podemos poner ropa seca lo que es un enorme alivio.

Nos dejan comer en el único bar abierto del pueblo. Es un local pequeño pero acogedor y nos instalamos cómodamente. Vino y viandas contribuyen a hacernos entrar en calor. Cuando estamos terminando van entrando poco a poco una cuadrilla completa de cazadores. Han cobrado un hermoso jabalí. No se debieron esforzar mucho más porque llegan todos secos y orondos. No han hecho masoquismo como otros. Nos vamos a casa y hoy vamos a llegar bastante pronto. Aunque ya es noche cerrada cuando posamos el pie en Oviedo.

Una ruta que nos apuntamos para repetir. Lo poco que vimos era bellísimo. En otoño ruta de ensueño. El calendario del próximo año está más o menos previsto. Pero puede hacerse esta caminata de nuevo en las próximas temporadas. En un día despejado tiene que merecer mucho la pena.

El sábado 3 de noviembre vamos a parar en el puerto de Las Señales , debajo de Tarna para subir al Pico Lago, el dueño del puerto, y pasar luego por el Cueto Joracao a Maraña donde terminaremos esta actividad tan interesante. De verdad lo que queremos es sobre todo que esté seco.

Este próximo sábado liquidaremos las cuentas de la lotería y comenzaremos a apuntarnos para la cena de hermandad que celebraremos el 1 de diciembre, que ya está ahí a la vuelta de la esquina.  

FRESINES


jueves, octubre 25, 2012

RECORRIMOS LAS FOCES DEL CASAÑO, RUTA INOLVIDABLE



20 de octubre de 2012
           
            Esperábamos con impaciencia este trepidante descenso para completar las rutas de un  magnífico verano y mejor otoño por los variados caminos de Picos de Europa, el Alto Sil y la Omaña. En muy pocas ocasiones, como la que se nos presentaba hoy, puede un grupo esconderse en el rincón más oculto, profundo y agreste de los Picos de Europa.

            Las cosas sucedieron así: En un día frío y otoñal descendemos del bus en la Buferrera. Las cumbres del Cornión aparecen nevadas. La primera nevada  del otoño. Nunca nos cansaremos de ver la conocida silueta de la línea cumbrera que va desde la Torre Santa hasta el Jultayu, pasando por Los Traviesos, la Torre de la Canal Parda, la Torre de Cabrones, la Verdilluenga. Toda una magnífica visual enriquecida además por el hecho de que la modesta lluvia de la semana pasada ha vivificado todas las praderías que se han vuelto a vestir de un elegante verde otoñal. Si miras hacia el norte verás la vega de Comeya explotando de color, recorrida por una línea plateada que va haciendo meandros entre la turba. Hacia el sur y por un hueco entre dos modestos pandones está omnipresente La Ercina reflejando los cien colores del cielo. Y todo esto con el bullicio del verano desaparecido. La más absoluta belleza rezuma en la absoluta soledad. Vamos tomando conciencia que aquí somos nosotros los extraños.

Y como peregrinos que somos seguimos nuestro incansable viaje hacia Belbín. Pasamos por encima del pequeño poljé que sigue al mayor de la Buferrera. Son dos magníficos paisajes kársticos con afloramiento de rocas puntiagudas hacia el cielo. Foto y tira que te quedas sólo. Belbin otro rincón para poetas y pastores. Con sus cuevas naturales para elaborar el Gamonedo de los Puertos que se vendió el domingo a ¡treinta y ocho euros el kilo! Ante nosotros la torre monolítica del Cantón de Texeu. Subida conocida y bastante breve con su trepada final. En la cumbre una antena de los pastores. El Jascal, EL Llerosos y el Cuetón lucen sus siluetas engalanados entre nubes. Al norte Pandescura. Vira apenas se cree que lo del fondo sea el mar. Algunos intentan bajar por la cara oeste. Los demás por donde vinimos. Y ahora a rodear el Cantón para descubrir sus absolutas verticales en su faceta norte.

Como estamos descansados y la pista es una total monotonía nos lanzamos a subir la cuestona de la Cabeza Camba. Bajando por su ladera norte estamos en la collada Lincós que nos emboca directamente al Casaño. Vertiginosa bajada dominada por la hierba alta, resbalona, dura. Primero los acebos, luego los inmensos castaños tirados en el suelo por las tormentas, luego las fayas y finalmente los fresnos, acompañan nuestro largo, largo descenso. Primero nos acompañan nuestras voces, luego son tapadas por un concierto de cencerros y esquilones, y luego es el río el que impone su voz. No hay más remedio que plegarse ante lo salvaje del espectáculo. Logramos ver el río: baja abundante de aguas, en cascadas, espumando blancura, reposando en profundas pozas verdes. Afortunadamente el puente reconstruido en el 2010 nos ahorra un paso delicado. Cruzamos de margen. Apenas paramos. Luisa se queja: -“¿nunca os cansáis?”. Tienes razón mujer, alguna paradiña más habría que hacer, que aquí hay que venir ya comido y mexiau de casa, ¡joplines!

El río está bien vivo. El sendero que tímidamente le acompaña no deja un minuto de relajo. Resbalan las piedras, hay barro, todo está mojado, los árboles hacen túnel por encima. Las cañas de los árboles jóvenes marcan el norte con su abigarrado verdín. Un mundo junto al río y bajo el cielo que no se ve. Llegamos a un gran hito que señala la biforcadera de caminos: por arriba la resbaladiza senda excavada para la central eléctrica; por abajo salimos a la playa herbosa del río. Mejor esta segunda alternativa porque el riesgo de resbalar con esta humedad es alto.

A partir de aquí la senda es mucho más clara, más abierta, más fácil de caminar. El Casaño ya nos castigó bastante. El río se vuelca en una primera foz, las paredes verticales de la derecha cierran el paso al agua que busca su salida en una serie de rápidos. Podemos ver la línea de cumbres que cierran el valle por la izquierda. Son La Cabeza Dubia y la Cabeza Xatera, en la que ya estuvimos. Están sembradas de agujas de formas caprichosas. Pasamos el puente de troncos de Los Mineros. Ejercicio de estilo y equilibrio. En la otra margen está el inacabado edificio de la central eléctrica.

Oímos el lamento de un animal. Al poco se une a nosotros. Es un lebrel cazador, de nombre “Pedro”, según dice su collar. Nos olisquea a base de bien. Marca el camino con su orina. Nos sigue alborozado pues se le veía un poco perdido. Al cruzar el puente de Escobín le dejamos encerrado en la otra margen para que busque a su dueño. Enloquece y llora, busca un hueco por donde pasar entre los barrotes, parece irse al río. Mejor le abrimos y que siga viaje hasta La Molina.

Seguimos a la sombra de los castaños, poblados de erizos. Gruesos árboles de retorcido tronco. Algunos vaciados por el fuego se agarran a la vida y siguen teniendo cañas con frutos. A la altura del Cueto Pandu la auténtica foz del Casaño se adueña de la situación: paso estrecho dominado por el agua que laminó las paredes en cuevas. En el coqueto puente medieval hacemos fotos del largo tubo de agua que ruge bajo el ojo del puente. Vaya sitio este, otro que hay que apuntarse para el próximo verano.

La senda se convierte en una pista empedrada. Por la derecha cambia de valle y sigue a los puertos de Cabezo Lleroso. Por ahí desaparece como una flecha nuestro recién amigo “Pedro”. Seguimos a La Molina. Paso junto a un jacuzzi natural en el que sumergirse bien acompañado. Sólo echaríamos de menos el agua caliente. Con unas cosas y otras entramos en La Molina. Qué bonito está el pueblo. Su fuente muy útil para desprendernos de los dos kilos de barro que llevamos en cada bota. El autocar nos está esperando. Magnífica noticia que nos ahorra una larga subida por la carretera hasta Canales.

Sólo hay que buscar dónde comer. Tres intentos. En unos cierran, en otros no cabemos. A la cuarta el conductor que se las sabe todas acierta. Un buen bar, con vino de frasca y bastante artesanía de la madera. Como la tarde está agradable comemos fuera bajo el toldo. Sobremesa al sol otoñal, contentos con la rutaza que nos marcamos hoy. Sólo nos queda a los cuatro inquietos de siempre la cosa de “¿para cuando la bajada completa del Casaño desde el Hoyo la Madre?” Es practicable para grupos con experiencia. Luisa lo bajó. Y nosotros también queremos, ¡ea!

En el próximo fin de semana tenemos ruta por Somiedo. Por la margen derecha del río en su sentido de bajada buscaremos en el pueblo de Pigüences para subir por Motiz a el Pico Rubio de 1392 metros y bajar luego hasta La Riera a 480 metros de altura. Una excursión por Somiedo siempre, siempre merece la pena. Allí nos veremos. Recordar que hemos cambiado el punto de salida del autocar. Empezamos a recoger en San Andrés y no en Oviedo.

FRESINES

jueves, octubre 18, 2012

SUBIMOS AL RABINALTO EN LA SIERRA DE VILLABANDIN



13 de octubre de 2012

Zona poco conocida. Precisamente vamos a eso: a conocer mejor esta serranía abundante de cimas que están entre los 1.700 y los 2.200. La mayoría son grandes pandas muy desgastadas por la erosión, especialmente demoledora en la cuarcita que se cuartea fácilmente.

Entramos por la Babia Baja. Vemos pocas praderías y mucho monte de roble con escasa producción. Montes buenos para la caza. Las cuadrillas están preparadas en Villabandín. No nos miran con mucho agrado. Nosotros a ellos con cierto recelo. Afortunadamente salen cinco todoterrenos por una pista al sur, mientras que nuestro destino es el contrario. Curiosa la iglesia de Villabandín, con una imponente fachada de piedra sin labrar y un arco de puerta tapiado y del que sobresale una original fuente. El río va bien de aguas a pesar de la seca que hay unos kilómetros más abajo. El pantano de Barrios de Luna hoy era un dolor.

La mañana está fría, obliga a subir con gracia y estilo. Cogemos una senda entre los dos barrios que rápidamente y atajando nos permite ascender entre robles añosos pero chaparros. Encontramos pronto la pista y nos prometemos una jornada feliz. Esto esta chupado. ¡Ja! ¡ja! No es que sea muy difícil pero trabajoso de subir bastante. La pista se va perdiendo en una larga pradera que tiene un pequeño laguito. Creo que es la cabaña de Piedrasmoras, porque hoy la orientación no ha sido mi fuerte. ¿Estaremos pillando la gripe?

Aquí se acaba la alegría. El sendero es evidente pero está bloqueado por multitud de piornos que impiden seguir con alegría. Probablemente hubiera sido mucho más factible seguir hasta el collado de la Cañada y desde ahí acometer toda la cumbrera. Manuel y los “rapidillos” por allí van. Otros preferimos salir a la pedrera que por lo menos está libre de urcias. Pero la subida al cabo de un rato se hace incómoda. Un grupo tira de frente con Peña, otro con Javier prefiere subir por la derecha tras encontrar un sendero despejado. Lito y Fanjul tiran mucho a la izquierda para encontrar las zonas más despejadas de la ladera hacia una cumbre muy evidente que se ve al fondo.

Llegamos a ella unos pocos. La mayoría están en lo que resulta ser el Rabinalto. ¿Entonces dónde estamos nosotros? A discutir: o el Pico La Arena o el Alto de Terreiras de 2.061. El caso es que tiene un gran hito de piedras que fue lo que nos atrajo. Si nos riñe Peña, decirle que los piornos tuvieron la culpa. Al Oeste las Ubiñas, el norte el Montihuero, la Orniz, el Cornón y el Muxivén. Mucho más al Oeste la Penouta de Babia, pico triangular muy característico y que tiene su personalidad, no como esta Sierra de Villabandín. Se ve Piedrafita a lo lejos y a su izquierda las minas a cielo abierto que afean terriblemente el paisaje. Un buen rato en el pico (para más de ocho el único del día) mientras llegan los tardones que lo quieren hacer todo. Nos enfriamos otra vez. Después de la foto arrancamos a bajar otra incomodísima pedrera en bajada lateral para volver a subir una buena cuesta que continua sin descanso al Valgrán, potente pandona que lo domina todo.

Sube la mayoría. El grupo de Manuel sube a un esbelto roquedo a nuestra izquierda, los que vamos de retirada seguimos faldeando hacia el arroyo Valgrán, y el resto de la compañía sube a este  último y largo pandón. Abajo nos encontraremos. El arroyo va abundante de aguas. Crecen en su lecho los fresnos y abedules. La pista de ganado va girando al oeste y tras una remontada al norte, otra vez al oeste. Allí en el pueblo comentamos a la gente que venimos de Villabandín. El paisano se quita la gorra como diciendo: << ¡Venga, ya!>>. Pero es lo que hay. Salimos a las 10 y diez y llegamos a las cinco menos diez. Total una buena pateada de unos veinte kilómetros. En Cabrillanes el primer bar que vemos abierto nos sirve para calmar la sed y el hambre. Los que comemos fuera estamos en la gloria mientras dura el sol. Luego hay que buscar refugio rápidamente. Tercer enfriamiento.

Luego volviendo de viaje ya notamos algunos los calambres y las tiritonas. Para mí que esta ruta ha sido muy dura. Por lo menos nos valió para conocer el paso de la Babia Baja a la Alta, de la zona pobre a la zona minera pegada a la raya de Asturias.

La próxima semana volvemos a Asturias. Hicimos unas cuantas por León: Huevo de Nocedo, Peñas Pintas, Catuote, Rabinalto. Ahora ya va a tocar el bosque. Y nada menos que la bajada por las Foces del Casaño partiendo desde la Buferrera para salir a la civilización por Canales. Promete ser una excursión extraordinaria. Preparar las cámaras de fotos.

 FRESINES

miércoles, octubre 10, 2012

EN EL CATOUTE, TECHO DEL BIERZO



6 de octubre de 2012

Para allá fuimos. Seis horas abundantes de autocar y cinco de caminar. Aún así mereció la pena. Salimos pronto, pero hasta las once menos diez no empezamos a caminar. Desayuno de lujo con churros y todo. Al fin llegamos mareados después de atravesar toda la Omaña. Todo lleno de explotaciones mineras. Llevábamos una duda clavada desde hace días: ¿se podría entrar hasta los Montes de la Ermita con el autocar?

Decidimos resolver sobre la marcha. Pero el libro del Alto Sil apuntaba que la pista está sin asfaltar. Decidimos seguir a Colinas del Campo de Martín Moro Toledano. Llevábamos la ruta bien estudiada desde las dos alternativas. Esta segunda tiene sus ventajas: es circular y se hace todo el cordal para bajar a las lagunas de Rebezu. Además es un PR-LE 45 señalado. El pueblo es una auténtica preciosidad, arregladísimo, con un inconfundible sabor rural, cantarín río incluido.

Atravesamos el gracioso arco de la iglesia que comunica con el Norte del pueblo. A la vera del río sigue el camino flanqueado de robles y abedules. El río debe tener fuertes crecidas porque las pesqueras de contención están bien mantenidas. El canal que lleva al molino ya no lleva agua. Hace calor, unos 21º. El camino está muy bien señalado. Poco a poco y sin descanso alguno vamos cogiendo altura. El río se sume o está entubado por debajo. Hay una casa de madera prefabricada enorme, preciosa. Para vallar una pradería han instalado somieres pintados, unos sesenta, salidos a saber de que internado o cuartel.

Ahora el camino sigue entre urcias y serbales cargados de frutos rojos. Torcemos a la derecha para encarar el valle. Por delante una pandona bastante monótona. Pero la subimos con premura. A la una yo estoy en el inicio de la loma final. Ya hay un grupo de seis personas arriba. Mil metros en menos de dos horas ¡Esta gente no tiene límites!

El camino está muy bien trazado en continuas lazadas ascendentes por encima de la pedrera. Todo son cuarcitas cuarteadas. Llegamos veinte minutos más tarde a la cima. Segunda tarjeta de cumbres, que la primera ya estaba cubierta. Frío, la caída del termómetro se acerca a los diez grados. Aplauso a las rezagadas y foto de los que quedamos que Carrete y compañía hoy vuelan.

Se ve la central térmica de Anllares mucho más allá de Gistredo, enmarcada contra la sierra de los Ancares. Todo lejanísimo. En la cercanía tenemos potente el Valmartín tapando parcialmente las Ubiñas. El día está muy brumoso y a pesar de todo es gozoso estar en esta cumbre. Otro grupo de seis bajamos  por la cara norte en unos cómodos escalones. Perdemos unos cien metros siguiendo toda la cuerda cuarcítica. En la pradería cercana vemos por el norte las lagunas  Los Frieyos, pequeñas, formando turbera. A pesar de la seca los ríos corren.

Seguimos todo el circo lacustre hasta el pico Rebezu. Es una pandona inmensa. Decidimos bajar hacia las lagunas del Rebezu. Descenso vertiginoso por el pedregal. Las lagunas son dos y no de mal tamaño. En invierno tiene que ser todo un espectáculo. La pequeña alimenta a la mayor que a su vez se desborda por el río Susano.

Este hace una serie de hoyas y pequeñas cascadas en un profundo tajo en la roca. A muy buen ritmo atravesamos los prados de Susano y volvemos al sitio en el que empezó nuestra bifurcación por la mañana. Seguimos comiendo millas a Colinas del Campo. Ya está preparado el sitio de la pitanza. Es una coqueta taberna, que cuenta con un espeso vino de la tierra y es muy generosa sirviendo “chupos”. Pretendemos salir a las seis porque todavía queda una tirada. Casi lo logramos y ya sin parada ninguna volvemos a nuestro querido terruño. La ruta ha sido placentera, la puntación alta y además ha sido otra ruta “romántica” realizada a golpe de intuición, brújula y mapa. (Es trampa todo está muy bien señalado)

Para el sábado que viene tenemos el Pico Rabinalto, empezando en Villabandín y terminando en Mena de Babia. Novecientos cuarenta metros subiendo y un poco más bajando. Está en la zona de Babia y es un bonito pico triangular de los que últimamente estamos acostumbrándonos a trepar.

FRESINES

jueves, octubre 04, 2012

EN MONASTERIO DE HERMO CAMINO DEL PICO CANIELLAS, AL QUE NO PUDIMOS ASCENDER.

29 de septiembre de 2012

Hoy hicimos una ruta al estilo antiguo: sin GPS, con mapas, brújula, varias someras indicaciones y exploradores por los caminos. Primero había que llegar hasta el lejanísimo Monasterio de Hermo. Nombre de grandes evocaciones, tierra lejana, verde y agua, bosque y pistas mineras. Allá fuimos y nos costó lo nuestro. Al llegar primera decepción: al norte no había pico alguno, todo tapado por densos nubarrones. Preguntamos a una señora y a su marido, únicos habitantes, y nos dicen que está todo tomado, que imposible pasar.

Con estos mimbres ¿quién hace un cesto? Así que decidimos seguir a las Brañas de Narcea de Monasterio, siguiendo el curso del pequeño Narcea. Pudimos haber seguido en bus, pero si no hay pico que subir por lo menos obligaremos a las piernas a moverse. Subimos rápido. Al llegar a la braña de cuatro casas la pista gira a la derecha y al bosque. Como las indicaciones que llevamos escritas son muy poco precisas, empezamos a explorar los caminos por la izquierda. No sin discusión, claro. Encontramos una pequeña cascada. Damos la vuelta. Intentamos un sendero. Tampoco es. Al final la  hoja de ruta y el paisano del pueblo tenían razón: a la izquierda. Pero aparentemente este camino va en dirección contraria.

Silvio nos saca de la duda. Es por allí. Acortamos. Más discusiones. Estamos en un buen sendero y en media hora más bordeando el Pico las Barrosas por la derecha y las Peñas de Fanao por la izquierda, encontramos una senda que debe ser el llamado “Camino Real” que debe llevar a la laguna de la Vega del Palo y a Caboalles de Arriba. Afortunadamente no picamos y seguimos en dirección norte un pequeño regato que resulta ser el arroyo Chauchina. A continuación entramos en una llanada encharcada y con aspecto de turbera, que resulta ser la laguna de la Chauchina. Pequeña, y coquetona. Estamos a 1700 metros y superando la Pea Mora nos faltarían escasos doscientos metros para llegar a la cima del Caniellas. Pero nadie se atreve a dar el paso: hemos dejado el pico muy al oeste y además hay un profundo valle en medio.

Total que sin apenas parar seguimos camino. Ahora es una auténtica y pedregosa pista, que asciende por un empinado puerto. Parte de la turbera de la Chauchina desagua hacia el norte siguiendo los meandros de Riomolín para acabar en la Laguna de los Cobradores. Pocas veces hemos visto algo tan bello. El Valle del Riomolín se abre en un profundo tajo cuya pared norte es el pico del Fraile (1873) . Se adivinan varios caseríos. Echando la vista hacia atrás está majestuoso el Cueto de Arbás en el que estuvimos un glorioso día de paisaje nevado.

Seguimos la eterna pista. Pasa a lado de varias casas remozadas y elegantes. La pista es larguísima. Atajamos para evitar todas las revueltas del monte. A pesar de no hacer pico cansados que hay una kilometrada hasta Gillón. Preguntamos en un caserío por la subida. Por este lado está bien , abierta y con una pista forestal que permite llegar hasta la collada Chana. Estuvo un grupo hace una semana. Parece que es más fácil plantear esta excursión desde Gillón. Y luego buscarse la vida para bajar a Monasterio de Hermo.

Llegamos a Gillón. Hemos tardado cinco horas y media sin apenas parar. No está nada mal. Sensación agridulce por no hacer cumbre alguna pero el cielo no estaba para más y lo más que pudimos fue entrever el triángulo del Caniellas entre dos ráfagas de nube.

Bajamos a Penlés a comer. Ya nos lo tienen todo preparado desde la mañana. Incluso han reservado bolsas extra de rosquillas por si alguien nos invita. Pero por ahí “ná de ná”. Nos espera otra sorpresa: nuestra querida y embarazadísima María, acompañada de Vicente, y de Pablo y Alicia nos han ido a ver y a escuchar los buenos consejos de Isa y tal y tal. Nos alegramos un montón de verla tan guapetona y ya casi en plan madre. ¡Que tenemos otra nueva socia dentro de un mes!

Me llaman por teléfono para comunicarme que ha muerto en Sevilla la hermana de Gracia. No podemos por menos que hacer piña con ella en estos dolorosos momentos. Un beso Gracia, de toda la familia de las Xanas.

El sábado que viene otra excursión autocarera. Si logramos no perdernos en las varias carreterillas en las que hay que desviarse, llegaremos a Los Montes de la Ermita para subir desde allí al Catoute y luego cruzar a las Colinas del Campo de Martín Moro (vaya título tan grande para un pueblo tan pequeño). La zona me garantizan que es bellísima y los pueblos una auténtica delicia.

FRESINES