7 de
julio de 2012
Seguimos
en lo mismo. No hay verano que valga. Hicimos nuestra salida bajo unos
nubarrones espesos. No llovía pero la amenaza estaba sobre nuestras cabezas.
Entramos por León a La Cueta. Los peores pronósticos estaban por el norte de
Castilla.
Sin
arredrarnos ante el mal tiempo, ya más que resignados a él, empezamos en La
Cueta, pueblo leonés muy adecentado. De él salen tres ríos con sus tres valles
correspondientes, más un cuarto sendero hacia el puerto de Somiedo. Nosotros elegimos la pradería de
Los Espinos que, bordeando los Picos Blancos por nuestra derecha, nos dejaron
debajo de la Peña Chana. En este momento estamos dentro de la nube. Otra vez
toca mojadura. Entramos por la canal sureste que nos lleva directamente a la
cumbre. Es trabajosa y más por la piedrecilla suelta que convierte el andar en
inseguro. Ahora la niebla ya es lluvia. No hay sitio para los paraguas pues
toda nuestra atención está en el piso.
En
menos de dos horas desde que empezamos en La Cueta hacemos cumbre. Hace
bastante frío. Las bicicletas son para el verano y los guantes para el
invierno. ¡Ja! Será en otra parte... Con las manos amoratadas es un triunfo
cerrar una cremallera. Escapamos rápido. En lugar de bajar hacia el norte,
preferimos desandar lo subido para volver al collado del Alto del Mojón.
En
Asturias hace mucho mejor tiempo. Por lo menos no llueve y a ratos hace un
amago de sol. El paisaje desde aquí es una sucesión de praderías intensamente
verdes entre montañas verticales. Las paredes de estas están muy fracturadas en
bruscos sinclinales. Somiedo siempre fue una geografía atormentada. Sin embargo
hoy nos enseña su cara más amable.
Por
muy buena pista y en sucesivas bajadas llegamos a la braña de Sousas. Los
corros están en muy distintos grados de conservación. Los hay pequeñitos y uno
impresionantemente grande con sus lajas de piedra cerrando los techos. La
gravedad, que es enemigo de los tejados, aquí se convierte en un aliado de los
arriesgados pastores con técnicas aprendidas desde el neolítico. Uno de los
corros semiderruido pone en evidencia el tamaño de las piedras usadas para
formar las cúpulas.
El
ganado pasta en los alrededores. Espléndido año de pastos. Aquí se está bien y
la temperatura, aunque otoñal, es agradable. Salimos después de hacer las fotos
de rigor. Pasamos por la braña de Fuexos. Se ven algunos teitos a media
montaña. Somiedo, solitaria comarca, gente astuta y autosuficiente. El valle es
digno de un pintor romántico que sepa utilizar variados tonos de verdor.
La
pista gira al este y, atravesando un bosque de ribera, nos deja a la entrada de
Valle de Lago. El pueblo está bien arreglado, lleno de construcciones nuevas,
algunas imitando teitos. Sólo hay un problema: está casi vacío. Será el mal
tiempo, será la crisis, pero el caso que el turismo no ha subido. Los caballos
de alquiler se aburren contra la tapia. Hoy no van a tener trabajo. Y eso es
malo.
El
autocar conducido por Alex nos hace el favor de subir junto al bar en el que
vamos a comer. De normal, con los coches aparcados a ambos lados de la calle
principal no hubiera podido pasar y habríamos tenido que bajar hasta el Coto de
Buenamadre para poder regresar.
Descontando
el frío de la cumbre y la falta de visibilidad podemos apuntar la jornada
montañera como positiva. La vuelta en el autocar se presta a gran cachondeo. Ha
vuelto Pablo, la alegría de la huerta. La risa está garantizada y nos queda a
todos claro, pero claro clarísimo, que todas las excursiones tienen que pasar
por Teverga. Fin de las risas. La próxima semana más.
Hablando
de la próxima semana volvemos a nuestros queridísimos y siempre añorados Picos
de Europa. Está vez a la Samelar desde el Jito Escarandi con unos 900 metros de subida y una original bajada
por las Verdianas hasta Beges. Es probable que en este viaje tampoco pasemos
calor.
FRESINES
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