jueves, diciembre 24, 2009

BELEN DE CUMBRES EN EL LLOSORIU NEVADO

El Belén de Cumbres de este año estaba previsto instalarlo en el Picu Llosoriu, pero tanto los hombres del tiempo como la climatología reinante, se conchabaron para que esto no fuese así. Nuestra idea era subir desde el Alto la Segá, límite de los concejos de Mieres y Lena, pero con la nieve caída durante los días anteriores, era imposible poder subir con el autocar hasta el alto. Por eso y porque no sabíamos como se comportaría el tiempo el propio sábado, salimos de Oviedo sin una idea fija de lo que haríamos.

Con todas las dudas habidas y por haber, llegamos a Mieres a desayunar. Ni llovía ni nevaba, pero el día estaba cerrado y en cualquier momento podía descargar. Como así hizo. Cuando salíamos hacia el autocar, comenzaron a caer las primeras pintas de nieve.

Con todo esto, decidimos acercarnos a Cenera para tratar de hacer algo de ruta. Allí la nevada ya era abundante y con ella emprendimos el camino por la carretera que va a Gallegos. Ni que decir tiene que no pensábamos llegara ningún lado concreto, pues lo que caía era suficiente para ni siquiera salir del autocar.

Salimos de Cenera y el paisaje se volvió totalmente blanco. Campos, árboles, cabañas y caminos estaban cubiertos ya de un buen manto de nieve. Estaba todo precioso. Una tenue bruma difuminaba los contornos negros del tronco de los árboles y parecía que solo había un color, el blanco.

Caminamos primero por la carretera que se dirige a Gallegos. En un cruce optamos por la de la derecha y enseguida cogimos un camino que sale a la izquierda, que nos llevaría a la carretera que habíamos dejado antes a la izquierda. Por ella y atajando por otro camino, llegamos a Cangas de Arriba.

Atravesamos el pueblo y por una buena pista nos dirigimos a la majada abandonada de Meruxedo, de donde hubimos de dar vuelta hasta el cruce de caminos, para seguir subiendo por la pista más empinada. Por esta pista alcanzamos el Collado Pozobal y poco más arriba, la curiosa ermita de la Virgen de la Pastoral, rodeada de cabañas y cercados ganaderos, en los que por cierto, había un buen número de reses pese a la nevada.

Aunque la cosa no estaba muy clara en lo que respecta al tiempo, y aunque la niebla se aliaba con la nieve para dejarlo todo completamente blanco, seguimos subiendo, habida cuenta que nos quedaba muy poco para alcanzar la cima y la mayor parte del camino era por pistas. Pistas que se encontraban completamente cubiertas de nieve en polvo, muy fácil de caminar, pero con cierta dificultad en algunos tramos para encontrarlas.

Según ascendíamos, el cielo comenzó a mejorar y se abrieron los primeros claros. A nuestra derecha muy por debajo, contemplamos el valle de Conforcos y las instalaciones del Pozo Nicolasa. Frente a nosotros se aclaraban las vistas y ya teníamos el Collado la Vara y el Pico Rosón, lo que nos hizo comprender que nos habíamos pasado de camino. Mientras que algunos seguían adelante para subir por el Collado la Vara, el resto dimos media vuelta hasta el entronque de pistas, para coger la más alta que nos dio vista al Llosoriu y por la que subimos a rodear la cumbre por el norte para acceder al vértice geodésico que la corona.

Con el cielo completamente azul y con el sol brillando, comenzaron a salir de las mochilas las botellas de sidra champanada, los turrones, mazapanes, polvorones y un largo etcétera de golosinas navideñas. Los vasos se llenaron y la alegría se hizo dueña de la cumbre del Llosoriu. Al final el Belén no lo pudimos instalar, pues viendo como estaba el día al comenzar a caminar, el encargado de transportarlo hasta la cumbre, creyó más oportuno no hacerlo ante las dudas de que pudiésemos llegar a ninguna parte.

El tiempo era apacible y la compañía buena. Dos ingredientes imprescindibles para pasarlo bien. Tanto es así, que estuvimos por espacio de una hora en la cumbre pisando la nieve que la cubría y que quedó completamente aplastada. Con la helada que se suponía que caería a la noche, esa nieve sería hielo cuasi eterno.

El descenso lo hicimos por el sur, siguiendo el cubierto sendero natural del pico. Luego por la pista fuimos descendiendo hasta el Collado Pozobal, donde en vez de seguir por la pista por la que habíamos subido. Optamos por seguir de frente por el Cordal de Gallegos, hasta cerca de la Campa Rañauriu, donde cogimos la pista de la derecha para bajar a La Tazá. Aquí y por carretera, seguimos bajando hasta el polígono Gonzalín tras pasar por Paxío. Ya solo nos quedaba bajar a las orillas del Río Caudal, donde nos esperaba el autocar.

Para el día 26, sábado después del día de Navidad, tenemos la última ruta del año que como es habitual, la realizamos por nuestra zona natural, los Valles del Trubia. Nos vamos a Villanueva de Santo Adriano, para subir a Castañeu del Monte y por la cresta de la Sierra de Buanga llegar Perlavia para bajar a Trubia. La ruta propuesta es:

Villanueva (175 m) – Castañeu del Monte (550 m) – Pico Plantón (751 m) – Sierra de Buanga – Pico La Bobia (673 m) – Cascada de Buanga (350 m) – Peña Castiellu (396 m) – Perlavia (390 m) – Pienso (300 m) – Trubia (90 m)

Aunque sea a toro pasado, aprovecharemos para colocar el Belén en alguna de las cumbres por las que vamos a pasar. También habrá algo de sidra y algún dulce de los que sobraron. Espero vuestras noticias.

Felices Fiestas a tod@s .

miércoles, diciembre 16, 2009

UNA MIRADA A COVADONGA, DESDE LAS NUBES

Priena es esa picuda montaña que tantas veces observamos desde las inmediaciones de la basílica de Covadonga, en cuya cumbre hay una gran cruz de hierro y a la que se sube por un serpenteante sendero desde la ladera que da a la Santa Cueva.


Y allí es a donde nos dirigimos en este sábado, previo a la hola de frío. Pese a ello, las previsiones meteorológicas dicen que el día será apacible. De momento, las nubes cubren nuestro destino, aunque todo parece que pronto despejará.


El autocar nos deja en el aparcamiento de Casa Asprón, fácil de reconocer por el gran letrero que tiene. El sendero sale de allí mismo y hay un cartel que lo indica al mismo tiempo que las horas previstas para su recorrido: 1 hora y media.


Comenzamos a subir por el sendero entre árboles y maleza. La subida se facilita por medio de apretados zigzag que van recorriendo de izquierda a derecha la ladera de la montaña. Las vistas de la Basílica a través de las ramas de los árboles son preciosas y a medida que vamos tomando altura, las imágenes cambian se hacen más y más fabulosas, lo que obliga a disparar la cámara con mayor frecuencia.


El sendero que nosotros tomamos se va cerrando por momentos, pero sin llegar a perderse nunca. Después de un tramo un poco enrevesado, enlazamos con otro sendero más marcado que viene del lado contrario al que nosotros llevamos y por él continuamos la ascensión.


Algo más adelante otra bifurcación nos hace dudar. Realmente se puede continuar por cualquiera de los dos, pero para seguir los tracks que llevamos en el GPS, tomamos el de la izquierda, más amplio y quizá más cómodo. Caminamos bajo un pétreo paredón y el sol comienza a iluminar nuestro camino.


Tras un par de nuevas curvas, damos vista a la gran cruz que corona la cumbre de Priena. El sendero camina en la dirección contraria por un tiempo, para volver a girar y ya sin más dilación, alcanzar la cumbre de Priena con la cruz y con el vértice geodésico que la coronan.


Las nubes se encuentran ahora bajo nosotros cubriendo la vista sobre Covadonga. Por el contrario, la luz del sol nos deja las cumbres del Cornión y de los Urrieles recortadas sobre el cielo azul. Al lado contrario, la amplia vallada de Corao se abre a nuestros pies. El Sueva a la izquierda, la sierra del Hibeo casi frente a nosotros y la del Cuera más a la derecha, son las alturas que apreciamos por este lado norte.


Las nubes se van disipando y comienzan a aparecer la Basílica, la cueva y todas las instalaciones del espacio denominado Cuna de la Reconquista, de gran raigambre para los asturianos. Las vistas de este santo lugar son espectaculares y vuelven las cámaras a rugir en un intento de apoderarse de las imágenes.


Una hora de reloj permanecimos charlando en este estupendo mirador. Una hora y no fue más por las prisas de algunos, para no se sabe que, pues era muy temprano y la distancia hasta Corao no es muy grande. Sí Corao. La ruta estaba prevista a Teleña, pero para alargarla un poco decidimos hacerla con final en Corao, visitando previamente la iglesia románica de Abamia.


Tras unas comprobaciones, decidimos descender de Priena siguiendo la cresta al oeste, por un sendero señalizado con clásicas líneas paralelas blancas y rojas de un GR. Supongo de la Senda Frassinelli. El caso es que alcanzamos una zona de praderas y posteriormente una pista a la derecha que a su vez desemboca en otra que seguimos a la izquierda para volver a girar a la diestra algo más allá.


Después de un tramo embarrado, la pista desemboca en una carretera por encima de una coqueta casa con cuidado jardín. Estamos en La Cañal y siguiendo la carretera llegamos al cruce de Teleña a la derecha. Nosotros seguimos a la izquierda y enseguida llegamos a las primeras casas de Cuetu Abamia, donde un amable vecino nos explicó la forma de hacer los enverzaos y nos señaló la conocida como Casa del Rey Pelayo, de su propiedad y que poco a poco estaba acondicionando.


Se trata de un edificio de piedra de forma cuadrada con dos huecos en el frente, uno posiblemente la cuadra y otro a la derecha, la vivienda con corredor de madera en el primer y único piso. En la parte baja tiene la entrada.

Tras despedirnos de tan amable persona, continuamos por la carretera atravesando el pueblo hasta la Iglesia Románica de Santa María de Abamia, recientemente restaurada y sumamente criticada dicha restauración. La verdad es que no es para menos ya que el estucado de sus paredes, hace desmerecer la obra de tan ilustre ejemplo del románico a la par que el deterioro del estuco se deja ver por toda la fachada. No sé si las puertas con cristales son aptas para este lugar, pero sirven para poder ver su interior. En este caso poco hay que ver, ya que la iglesia solo tiene los bancos y en no muy buen estado.


De todos modos es de admirar su factura y sobre manera la puerta lateral de doble arco de medio punto, sustentado sobre columnas pareadas, en las que podemos ver imágenes del infierno. Aunque su mayor gloria parece ser la de haber servido de primera tumba al Rey Pelayo y su esposa Gaudiosa, que hoy descasan ambos en la Cueva de Covadonga, trasladados allí, por el Rey Alfonso X.


Tras esta clase de arte e historia, seguimos con el relato y en él, con el camino que nos resta hasta Corao, que no es otro que la propia carretera. Esta la abandonamos en un cruce, siguiendo por la señalizada pista de la izquierda, por la que tras atravesar el puente sobre el río Güeña, alcanzamos la localidad de Corao, fin de nuestra ruta de hoy.


Para el sábado día 19 tenemos ruta al Llosoriu, sobre cuya cumbre depositaremos el Belén de este año. La ruta, que puede tener variaciones de última hora, está previsto realizarla con el siguiente itinerario:


Alto La Segá (787 m) – Collado Pando (706 m) – Campa Felgueras (766 m) – Pico Cuitu (858 m) – Campa Tío Vicente (789 m) – Collado Palmu (783 m) – Pico la Gallina (844 m) – Pico Llosoriu (997 m) – Pico Cueva (855 m) – Collado Pozobal (758 m) – Pico Roiles (695 m) – Pico Siana (671 m) – Mieres (207 m)


El descenso desde el Llosoriu a Mieres es lo que puede cambiar, bajando en su caso, a la zona de Gallegos y Cenera. Pero eso será consensuado sobre la marcha y será en el autocar donde se decida. Ya está el plazo de inscripción abierto y os puedo decir que quedan pocas plazas. Tenemos el bus de 29 plazas y ya hay 20 inscritos. Así que no lo dejéis para última hora u os quedareis en tierra y sin cantar villancicos.

martes, diciembre 15, 2009

DE PASEO POR LA COSTA NORTE

TRAMO EL ESPARTAL – SAN JUAN DE LA ARENA


Aunque la ruta marcada oficialmente tiene su inicio en Arnao y el final en los comienzos del Playón de Bayas, nos resultaba un espacio un poco corto (menos de 10 kilómetros) para desfogar nuestras ansias de caminar. Por eso decidimos comenzar a caminar al principio de la Playa del Espartal en San Juan de Nieva.


El autocar nos deja cerca de la entrada a la Playa del Espartal y comenzamos a caminar por el paseo de madera habilitado en las dunas que cierran la playa por el sur. Pronto nos cansamos de caminar sin ver el mar y abandonando el entablado, accedemos a las dunas y por estas a la playa para acceder a Salinas, donde retornamos al paseo para llegar al túnel que desde la Peñona, donde se encuentra el Museo de Anclas Philippe Cousteau, atraviesa bajo la montaña por lo que fue vía del ferrocarril de la Real Compañía de Minas, hasta las inmediaciones de la fábrica de AZSA.


Por la carretera, dejando la fábrica a nuestra derecha, llegamos a la entrada de la misma, justo donde se inicia el tramos Arnao – Bayas de la Senda Norte. Aquí abandonamos el asfalto para seguir un sendero que da vistas a la recortada costa y por donde, con el tiempo, se realizará la urbanización correspondiente del sendero.

Accedemos a una parte de este sendero en obras y por él, llegamos a la Playa de Arnao, muy despojada de arena. Pasamos junto al antiguo castillete de la mina al final del paseo de la playa, adosado a lo que fue restaurante y que hoy se encuentra en vías de reparación. Nuestro sendero sigue por detrás de este edificio subiendo por un sendero que desemboca en la carretera junto a una casa con una situación envidiable.


Las vistas comienzan a abrirse gracias a la altura y vamos viendo a nuestras espaldas, el camino que llevamos andado. Siguiendo por el marcado sendero arribamos al Mirador de La Ladrona, un islote unido a tierra en la bajamar, que da paso a la Playa de Santa María del Mar. Al otro lado del acantilado vemos las primeras casas de este lugar.


La pista comienza a descender a orillas del acantilado y buscando la dársena de Santa Maria del Mar, que cruzamos por cualquier parte gracias a la bajamar. Si la marea está alta, hay que seguir la pista hasta el final y cruzar la zona de arena seca para subir a la carretera después de cruzar por un puente, el arroyo que desemboca en la playa.


Una vez cruzada la playa en toda su anchura, alcanzamos el paseo marítimo por el que continúa el sendero, que comienza a ascender nuevamente, después de dejar un mirador a la derecha. Alcanzamos un altozano desde el que vemos nuestro próximo destino, el Mirador el Escayu, desde el que tenemos una estupenda vista del camino que dejamos detrás y por donde descendemos a la Playa de Bahinas.


El arenal está también muy mermado de arena y las piedras casi ocupan toda la playa. Restos de residuos escupidos por el mar cubren tanto la playa como el prado que la bordea, en el que hay unas mesas y bancos de madera.


Abandonamos Bahinas subiendo por la carretera hasta el pueblo de Linares donde vemos las huellas a seguir, sin duda pintadas en el asfalto por el dueño de la curiosa casa de la izquierda, cansado quizás, de que le preguntasen continuamente cual es el camino a seguir.


Un camino que sale en ascenso a la derecha, nos introduce en un bosque de altos ocalitos por el que descendemos a la contigua Playa de Munielles, que abandonamos casi nada más entrar, siguiendo la pista que sale por encima del aparcamiento. Algunos siguieron cruzando la playa y aprovechando la bajamar, cruzaron por el pedrero hasta la rocosa playa del Regueru y de allí subir a la Punta Vidrias.


El resto, como digo, seguimos por la carretera en ascenso continuado, caminando entre chalet de verano hoy cerrados. Alcanzamos las primeras casas de Bayas antes de la iglesia abandonamos la carretera para seguir un sendero que sale a la derecha con dirección contraria a la que llevábamos. El sendero se adentra en un nuevo bosque de ocalitos y emprende un pindio descenso minorado por los escalones esculpidos en el terreno.


Cruzamos el reguero que da nombre al pedrero que dejamos a la derecha y comenzamos a subir una vez más, y también entre ocalitos, hasta alcanzar el punto más alto de toda la ruta, la Punta Vidrias, lugar desde el que contemplamos unas estupendas vistas de la mayor isla de la costa asturiana, la Isla de Deva. Por un sendero a la derecha nos podemos acercar a los altos acantilados que sirven de mirador a la isla y a toda la costa a uno y otro lado.

Tras retornar a la pista, continuamos por ella recorriendo la amplia rasa costera de Bayas, dejando las casas de este pueblo a la izquierda. Nos dirigimos a las antiguas dependencias de la Real Compañía Asturiana de Minas que aprovechaba las cuarcitas de la Playa de Malabaxada, para fabricar los crisoles en los que fundía el zinc. Hoy los restos de estas instalaciones duermen el sueño de la desidia y el abandono. Dicen que estaban destinadas a mirador ornitológico y centro de interpretación, pero para lo que sirven es para que los desalmados prueben su puntería contra los cristales de las instalaciones abandonadas.


Seguimos por el llano terreno, dirigiéndonos al vértice geodésico de Bayas que comenzamos a ver al frente. El vértice se encuentra junto a una pequeña casa, y sobre un alto pedestal. Desde aquí y siguiendo en la dirección que llevábamos, oeste, nos acercamos al mirador de Bayas, en el alto de La Granda, desde el que divisamos en toda su extensión la gran mancha de arena formada por las playas de Requexines, Bayas, Sablón y los Quebrantos. Más allá vemos como se introduce en el mar el espigón del Cabo Vidio.


Bordeando el acantilado con dirección sur, bajamos por la carretera y dejando a la derecha el cementerio de Bayas, hasta encontrar una pista que sale también a la derecha y que nos lleva a un espolón sobre la playa de Requexines, desde el que por un embarrado sendero, descendemos a la arena.


Tengo que reseñar que, siendo como somos de Las Xanas, no podíamos hacer la ruta sin algún “contratiempo”. Por eso, cuando llegamos al cementerio, nos introdujimos por la carretera que lleva a su puerta y al final de esta, seguimos un difuminado sendero que sale detrás de un panel indicador de la Senda Norte. Este sendero comienza a descender entre afilados tojos que poco a poco se van haciendo más y más altos, hasta el punto que casi cubrían a Clemente, que nos saca dos cabezas a todos. Visto lo visto, no nos quedó más remedio que dar marcha atrás y abandonar el “atajo” por el que, precisamente Clemente, nos quería hacer llegar al arenal.


Vueltos al redil, bajamos a la playa por donde todos y comenzamos el largo caminar por el desierto, que tal parecía el Playón de Bayas. La neblina cubría el arenal y las nubes nuestras cabezas. Entre unos y otros consiguieron hacer la combinación y las primeras gotas del día comenzaron a caer. La lluvia era muy suave y no nos impidió llegar a l extremo occidental.


La marea, que ya llevaba algunas horas subiendo, comienza a ponernos dificultades. Debemos esquivar las olas que nos cortan el paso. Caminando sobre las rocas y apresurándonos por momentos, conseguimos alcanzar la zona del Furacón y aquí no nos quedó más remedio que ascender por la pindia y estropeada escalera que nos permite alcanzar la Playa de los Quebrantos y desde ella, las calles de San Juan de la Arena, donde ponemos punto y final a esta bonita ruta por una parte de la costa Cantábrica.


Como este relato lo cuelgo muchos días después de hacer la ruta y con la siguiente, la de la Cruz de Prieta, ya realizada, no pondré como en días anteriores, el comentario a dicha ruta. Así que hoy aquí lo dejo, no sin antes daros una dirección en la que podréis obtener una buena información sobre el Conjunto Histórico Industrial, de la Real Compañía Asturiana de Minas, instalada en Arnao:

http://minasderiosa.blogspot.com/2006/05/arnao-conjunto-histrico-industrial.html