martes, abril 28, 2009

UNA TRAVESIA DEL ARAMO

A pesar de los malos augurios que los inefables hombres y mujeres del tiempo, nos daban para la jornada del pasado sábado día 25, conseguimos realizar sin problemas la ruta que teníamos prevista en el Aramo. La disculpa era hacer cumbre en el Barriscal, pero para ello pretendíamos hacer una travesía de este a oeste, de la muchas veces olvidada por cercana, Sierra del Aramo.


Con muchas nubes por todas partes pero sin agua, iniciamos el corto viaje hasta el alto de la Cobertoria, comenzando a bajar hacia Pola de Lena, hasta enlazar con la carretera que sube al repetidor de TV instalado en el Gamoniteiro. Abandonamos el cobijo del autocar y pertrechados para sufrir las inclemencias del tiempo, iniciamos la ruta carretera arriba.


La primera parte se nos hace monótona al no tener vistas a causa de las nubes que lo tapaban todo. De vez en cuando sobre nuestras cabezas se abrían pequeños claros de un intenso azul y algunos rayos de sol nos calentaban en la fría mañana. Ni para Lena ni para Quirós teníamos vistas. Solo la base de Peña Rueda y los pueblos del valle, Muriellos, Llanuces, se nos hacen visibles.


Llegando a la altura de la laguna de Veneros, comenzamos a ver manchas de nieve a la orilla de la carretera. Las praderas de Veneros están salpicadas de blancos cercos. Algo más arriba notamos la tenue capa de nieve caída por la noche. Y más arriba aún, la nieve se hace más ostensible. Aparecen las coloreadas columnas del repetidor de televisión. Aún nos falta mucho para llegar. Tras de nosotros las nubes, negras y anunciando lluvia.


Por fin llegamos al repetidor de TV. No es necesario subir hasta las instalaciones, salvo para contemplar el resto de la ruta.. Poco antes una pista completamente llena de nieve, sale en descenso por la izquierda y en varias eses, va perdiendo altura hasta las inmediaciones de una antigua majada, La Bola, con las cabañas ya derruidas. Aquí se nos presentan dos opciones: seguir el camino que se dirige al Angliru y que pasa por la base sur del Barriscal, o tirar de frente a la cumbre de este, por un sendero menos marcado pero fácil de seguir, por la zona sur de la montaña.


Nosotros optamos por la segunda opción y nos introdujimos en la vallada a la izquierda de la sierra que finaliza en el Barriscal, siguiendo un marcado sendero que ese día se perdía a causa de la nieve, por lo que después de un tramo, decidimos faldear y ganar el collado anterior al Pico Robles, para continuar unas veces por la izquierda y otras por la derecha, hasta alcanzar el collado entre el Barriscal y el Robles, desde el que accedimos cómodamente a nuestro objetivo del día, el Barriscal (1.719 m).


Su centrada posición nos permite gozar de unas estupendas vistas de casi toda la Sierra del Aramo, desde el Gamoniteiro a La Gamonal. Lástima que las nubes no nos permiten ver más allá de los confines de la sierra. Cercano a nosotros por el oeste, el Moncuevu y el camino que más tarde debemos seguir; más a la derecha la inconfundible silueta del La Gamonal con su antena y caseta. A nuestras espaldas este, muy cerca, el Robles y más allá La Xistras y el Gamoniteiro. Y poco más. La niebla avanza y ya cubre la cima del Gamoniteiro. Pronto nos tapará a nosotros. A toda prisa cubrimos la tarjeta de cumbres y hacemos las fotos de rigor, para seguir camino por la ladera opuesta a nuestra llegada, descendiendo al valle que por la izquierda desciende al Alba por las Morteras de Salcedo. Nuestro camino, que ya vimos desde la cumbre, muy marcado, comienza en los prados bajo la cumbre del Moncuevu y con dirección suroeste, para poco después hacer un brusco giro al norte, ganando el collado que se forma a la derecha del Moncuevu.. La pista continúa hacia el norte, para dirigirse al Angliru, pero como se encontraba completamente tapada por la nieve, decidimos abandonarla cortando al oeste y bajar directamente por la ladera, hasta alcanzar el camino que por la derecha llega al aparcamiento del Angliru y por la izquierda, por donde nosotros continuamos, se dirige a tierras de Quirós.


Aún estando tapado el sendero por la nieve, es fácil de seguir ya que se encuentra cerrado dentro del valle, con pocas posibilidades de salirse de él. Pasamos junto a una cueva de boca grande pero sin profundidad alguna y tras atravesar una pradera con un porro en el medio, alcanzamos los límites quirosanos de la sierra, dando vista al embalse de Valdemurio, la sierra del Cuetu Mar y la Forcada y a la Airua Naval o Peña Tene, separado todo ello de nosotros, por un gran abismo en cuyo fondo vemos las diseminadas cabañas de Bramonte, Airuga, Linares, Mollendo... que se desparraman valle abajo hasta las inmediaciones de Bermiego, nuestro próximo objetivo.


El camino sigue a la derecha, norte, a buscar la collada de Pando de la Mortera, pero nosotros oímos decir que se podía bajar de frente y así lo hacemos. La inclinación de la ladera es grande pero el descenso se hace sin problemas, gracias a las terracillas que se forman y que a modo de sendero, nos permiten perder altura cómodamente. Abajo vemos la Ermita de la Merced, pero nuestro camino va a terminar más a la derecha de su situación. Cuando ya bajo nuestros pies tenemos terreno algo más llano, aparece un marcado sendero que nos lleva a una cabaña, no sin antes obligarnos a pisar barro casi por primera vez en el día. Pasada la cabaña, el camino desciende entre matorrales y con mucho barro y agua, lo que nos obliga a pasar al prado que tenemos a nuestra derecha, continuando por él hasta alcanzar el cierre por el que salimos ya a la pista que baja de Pando de La Mortera y que ya sin pérdida nos conduce al bonito pueblo de Bermiego, conocido por su afamado texu y por el roblón que con su gran corpulencia, languidece junto a la capilla de San Antonio, en el medio del pueblo.


Así ponemos punto y final a una bonita ruta después de 7 horas de haber comenzado en el ya lejano Alto de la Cobertoria. El tiempo nos respetó y hasta nos permitió cambiarnos de ropa antes de ponerse a llover, como viene siendo costumbre en los últimos días.


Para el próximo sábado día 2 de mayo, tenemos ruta por tierras de Sellaño. Nos vamos a este pueblo de Ponga para ascender al Pico Macicón por las orillas del Sameldón y el Collado Llimes, regresando nuevamente a Sellaño. La ruta que queremos hacer es:


Sellaño (235 m) – Puente Cureño (250 m) – Puente Sota del Cándano (250 m) – Prau de Roque (400 m) – Valle del Cordal – Collado Llimes (750 m) – Pico Macicón (899 m) – Collado Llimes (750 m) – Valle Tobaos – Sota Tobaos (290 m) – Sellaño (235 m)


Una bonita ruta por terreno ya conocido pero que merece siempre la pena: estaremos en Ponga, con lo que esto significa. Ya estoy esperando vuestras llamadas para reservar plaza. No dejes para mañana, lo que puedas hacer hoy. Igual llegas tarde.

martes, abril 21, 2009

UN BALCON SOBRE PONGA

Me he dado un día de asueto antes de ponerme a relataros la ruta del pasado sábado, con el fin de pacificar las neuronas que estaban un poco alteradas de las estupendas vista que tuvimos los privilegiados que subimos el sábado pasado a La Conia.

Ahora, con el tiempo como mediador, me dispongo a relataros la ruta, una de las mejor calificadas hasta el momento, que creo que fue de la satisfacción de todos. Tanto los que subimos al pico como de los que solo hicieron la Senda del Arcediano.

El tiempo que nos esperaba era incierto. Toda la semana estuvo lloviendo por las tardes y para ese día no se auguraba mejores condiciones. Pero por lo pronto, cuando el autocar nos dejó en Soto de Sajambre, las condiciones eran ideales. El sol brillaba y un cielo azul, enmarcado de algodonosas nubes blancas, era un marco incomparable para las primeras fotos del día, en las que la protagonista era la Peña Santa cubierta de nieve.

La ruta no tiene pérdida, ya que se trata de un GR bien señalizado y con indicadores de dirección. Salimos por la parte alta del pueblo, junto al bar-tienda que nos quedará a la derecha. La pista en buenas condiciones, va ascendiendo cómodamente, marcando grandes curvas. Las vistas hacia los Moledizos y Peña Santa, aunque de vez en cuando cubiertos por las nubes, animan para soportar el esfuerzo. Enseguida aparece en toda su majestuosidad la gran mole de Peña Beza, que como un gigante inexpugnable se muestra ante nosotros.

Un árbol caído en medio de la pista, nos obliga a seguir por entre la maleza, pero enseguida volemos a la pista unos cuanto metros más arriba. Poco más allá, las praderas hoy cubiertas de nieve de Pandamones, nos proporcionan nuevas vistas. Por el oeste aparecen todas las grandes cumbres de Ponga y también nuestro objetivo del día, La Conia, como vértice final de la muralla que nos cierra el paso por el norte.

Rodeamos el Jurcuetu y nos adentramos en la vallada del Candal, cerrada por la derecha por el Jurcueto y por la izquierda por la muralla de La Silla y La Conia, hasta alcanzar los Puertos de Beza. Una gran cantidad de nieve cubre el camino y solo los postes verticales quedan a la vista. Aparece el Cantu Cabronero. Llegamos a la fuente de Beza y subiendo por la izquierda, alcanzamos la Portillera de Beza, límite entre las provincias de León y Asturias.

Aquí nos dividimos en dos grupos. Unos seguirían de frente en descenso por la Senda del Arcediano hasta Amieva, mientras que el resto continuábamos subiendo a la izquierda por el límite provincial, para alcanzar la cumbre de La Conia, tras pasar por La Silla y de bordear el Pozo Las Grajas. Según subíamos, un pequeño grupo de rebecos se asustó ligeramente por nuestra presencia. Los vimos como se hundían en la nieve en el lado contrario del Pozo de Las Grajas, para seguir su camino, lejos del contacto humano.

Alcanzada la cumbre de La Conia, se abre todo un mundo nuevo. Un abismo lleno de picachos, valles, foces y hasta carreteras. Allí abajo, casi a nuestros pies, vemos el bar de Puente Huera u pequeño trozo de la Carretera de los Beyos. Por encima, las diminutas casas de Casielles, reconocible por la cinta plegada de su carretera. Mas a la derecha llegamos a distinguir Biamón y por encima Peña Salón y después Biboli, con la cerrada cicatriz de la Foz de los Andamios dándole salida.

Pero al otro lado, más a la izquierda, otra estrecha foz, la del Río Mojizo que recoge las aguas de Peloño y por donde pasaremos próximamente. Casi llegamos a ver Tolivia y Llué, dos de nuestros objetivos y tratábamos de adivinar el sedo que desde Tolivia conduce al Puente Vaguardo.

Bajo nuestros pies, subiendo desde Puente Huera, una estrecha y píndia canal plagada de picachos a modo de tótenes. Y ya al fondo, todas las grande cumbres de la Cordillera cubiertas de nieve: El Mampodre, Ten y Pileñes; Tiatordos, Collao Zorro, Pierzu, Carria... Y en el lado contrario: Cantu Carbonero, Beza, Valdepino... ¡Para quedarse allí para siempre!

Pero el tiempo se nos echa encima y aún nos queda una buena pateada hasta Amieva. Así que nos olvidamos con pena de las vistas y tras hacer la foto de rigor y cubrir la tarjeta de cumbres, emprendemos la marcha con rumbo norte hacia el Collado de Pasa, a los pies del Valdepino. Hay mucha nieve y se nos antoja que tardaremos más subiendo y bajando las múltiples tachuelas que nos separan del collado, que bajando directamente a Toneyo, tratando de esquivar el Pozo Los Parapetos, muy cargado de nieve. De todos modos el descenso es bastante lento debido a las condiciones del terreno y a la nieve que está blanda y propicia los resbalones.

Casi hora y media tardamos en bajar a Toneyo y ya desde aquí, disparados, por la Senda del Arcediano agobiados por las prisas de la hora y de la amenaza de lluvia que se cierne sobre nuestras cabezas. Poco después de pasar por Sahugo, una preciosa majada con bastantes cabañas arregladas, comenzamos a oír truenos y al poco empezó a granizar. Más adelante el granizo se trocó en agua para dejarnos bien pulidas las piedras de la senda. El cielo se cerró de forma total y la lluvia a buen ritmo, nos fue empapando a todos. Poco pudimos disfrutar ya del Arcediano. Es la segunda vez que lo hago y casi en las mismas condiciones. Así que solo puedo contaros que el piso es de piedras y que si llueve estas se ponen como de cera, provocando los resbalones, por lo que hay que tener mucho cuidado. Con esto, estábamos deseando que llegase el hormigón. Y así fue. En el Collado de Angón abandonamos el piso empedrado para cambiarlo por hormigón que al menos no resbala.

En media hora alcanzamos las primeras casas de Amieva. Recorriendo sus empinadas calles, alcanzamos la iglesia y junto a ella se encontraba nuestro autocar. El porche de la iglesia nos sirvió de improvisado cambiador, donde quitarnos las empapadas vestimentas antes de dar buena cuenta de nuestras provisiones en el acogedor bar del pueblo.

Para el próximo sábado, en el que esperamos que el mal tiempo nos de una tregua, tenemos ruta por el Aramo. Partiremos del Alto de la Cobertoria para subir al Gamoniteiro y desde allí alcanzar la cumbre del Barriscal, desde donde descenderemos a Bermiego tras pasar junto a la Ermita de la Merced. La ruta que pretendemos hacer es:

Alto de la Cobertoria (1.140 m) – Collado del Fresno (1.221 m) – Collado del Medio (1.275 m) – Los Veneros (1.335 m) – Gamoniteiro (1.791 m) – La Bola (1.529 m) – Pico del Barriscal (1.719 m) –Collado Tamparón (1.483 m) – Anglero (1.550 m) – Xosmenin (1.500 m) – Ermita de la Merced (1.080 m) – Bermiego (760 m) – Las Agüeras (360 m)

La semana pasada tuvimos que dejar gente en tierra por falta de plazas. Si no quieres que esto te ocurra, reserva tu plaza lo antes posible. Espero vuestras llamadas.

lunes, abril 13, 2009

AGUA, NIEBLA, NIEVE… MÁS DE LO MISMO

La climatología es implacable con nosotros y nos ataca cada fin de semana. Pero nuestra voluntad es insuperable y semana tras semana nos enfrentamos a los elementos como la Armada Invencible, pero en ocasiones, con más éxito.


Una vez más, los agoreros del tiempo en las cadenas televisivas nos deparaban un día aciago con agua al empezar, por la mitad y al final, pero sus malos deseos no llegaron del todo al cielo y este nos permitió hasta tomar el sol por unos momentos.


Después de un largo viaje, Larón se encuentra enclavado en el fin del mundo mundial, posamos nuestros pies en el suelo y comenzamos a caminar por la carreterita que une Larón con La Viliella, un pequeño pueblo muy cuidado con sus calles adoquinadas y hormigonadas, adornadas con los dibujos de las hojas de los árboles autóctonos. Las casas, todas con su nombre, se colocan a los lados de las calles, colgadas de la ladera. Tras atravesar el bonito pueblo, salimos por la parte alta por una pista bien marcada al principio y que más adelante se va cerrando por el abandono y la maleza. De todos modos se sigue bien y solo el agua que contienen las ramas que nos deja pintando a las primeras de cambio. Una menuda lluvia nos acompaña, pero sin mayores problemas, al igual que la niebla que tiene tendencia a levantar.


El camino se sigue perfectamente y solo tenemos que tener la precaución de seguir siempre en ascenso, dejando los cruces que nos salen por la izquierda, que se dirigen a la Braña de La Viliella, más abajo que nuestro destino. La primera parte de la pista asciende sin contemplaciones hacia el Alto Cochao, primer punto de descanso de la dura subida. Un pequeño hombro desde el que divisamos una buena parte del camino que debemos seguir, aunque no podemos ver nuestro destino por causa de la niebla.


Vamos caminando por una pista algo más limpia y atravesando un bosque de robles completamente pelado a estas alturas de la primavera, pero con la gracia de la blanca nieve caída por la noche, cubriendo sus peladas ramas. La subida es ahora menos dura y caminamos con tranquilidad. De vez en cuando la nieve cae sobre nuestras cabezas y ya llevamos un buen rato pisándola. A nuestra izquierda podemos ver los prados de la Braña de La Viliella cuando las ramas del bosque nos lo permiten. Y así, poco a poco, vamos ascendiendo hasta alcanzar la abierta collada de La Chana, completamente cubierta de un blanco manto y en la que el sol nos da la bienvenida.


El sol y la nieve, pues está nevando y haciendo sol al mismo tiempo. Son los mejores momentos de lo que llevamos andando y cuando las vistas se abren un poco a lo lejos. Algo más allá vemos el Fingudin o lo que nosotros entendemos que es nuestro destino y hacia él encaminamos nuestros pasos. Un sendero lo bordea por el sur hasta que desaparece y nos tenemos que meter en el escobal. Afortunadamente, las escobas están cubiertas de nieve y tumbadas, lo que nos permite caminar sobre ellas y alcanzar la cumbre del Fingudin o Altos de Bliella, como dice el topográfico.


Las nubes nos rodean y tan pronto vemos a lo lejos como se cierra y nos deja sin vistas. Sobre nuestras cabezas el sol nos permite hacer un pequeño alto en el camino para comer y beber algo y hacer la foto de rigor. No dejamos tarjeta por falta de lugar donde depositarla. La nieve lo cubre todo y bajo ella las matas de las escobas.

Por el lado contrario a nuestra llegada, este, iniciamos el descenso también sobre las tumbadas escobas, metiendo el pie de vez en cuando en las trampas que estas nos ponen. Alcanzamos nuevamente la collada L Chana y seguimos en la misma dirección recorriendo el cordal. Un sendero casi imperceptible guía nuestros primeros pasos. Luego se pierde y decidimos seguir por la cumbrera entre los arbolillos que la cubren. Se hace pesado el caminar teniendo que esquivar los árboles y la maleza, pero vamos encontrando paso. Las lomas se suceden una tras otra y el paso es cada vez más complicado. Estamos manteniéndonos en la altura de los 1500 metros y apenas descendemos un poco para volver a subir. Por fin el terreno se despeja y abajo a nuestra derecha vemos los negros tejados de Larón y la carretera y nuestro autocar. Lo que nos queda por caminar está más abierto y tras un descenso entre la maleza, alcanzamos terreno de mejor caminar para llegar al fin a una buena pista desde la que alcanzamos en pocos minutos la carretera en el alto del Puerto de Rañadoiro, donde ya nos está esperando Ana con el autocar.


Casi no nos da tiempo a cambiarnos las mojadas ropas cuando comienza a llover con cierta fuerza. De esta nos libramos.


Para el próximo sábado, día 18, si el tiempo lo permite, realizaremos una ruta en las inmediaciones de Soto de Sajambre. Subiremos a la Conia para rematar con la Senda del Arcediano hasta Amieva. La ruta que queremos hacer es:


Soto de Sajambre (925 m) – Portillera de Beza (1.498 m) – La Siella (1.573 m) – Pico La Conia (1.654 m) – Collada de Pasa (1.501 m) – Sahugu (1.145 m) – Monte Trasbustiello (1.100 m) – Vega La Llana (1.080 m) – Monte Valleyes (900 m) – Collado Angon (815 m) – Amieva (650 m)


Una ruta que promete y que realmente es una verdadera belleza aunque solo hagamos la Senda del Arcediano. Espero vuestras llamadas. Si os descuidáis, os quedareis sin plaza para esta bonita excursión.

lunes, abril 06, 2009

MONOTONIA EN EL PAISAJE: LA NIEBLA

Una vez más, el tiempo no nos acompañó a la ruta del pasado sábado. Nuestra intención era hacer el recorrido de la antigua calzada romana del Sellón, con ascensión a la Sierra del Faceu, para dejar nuestra tarjeta en ese pico, terminando la ruta en Infiesto. Pero el tiempo no quiso ser nuestro aliado en esta empresa y desde el primer momento, cuando el autocar nos dejó abandonados a nuestra suerte en la Collada de Arnicio.


La niebla cubría la parte alta y cuando iniciamos nuestro caminar por las praderas de la derecha en dura subida hacia La Muezca, un nuevo ramalazo de niebla entrando desde abajo, terminó de taparnos las pocas vista que aún teníamos. Seguimos adelante guiados por el GPS de Tino, pero cuando este se cansó de llevarnos tras de sí, nuestro destino no fue otro que terminar perdiéndonos al no saber donde nos encontrábamos.


Entonces fue cuando nuestra buena preparación, serenidad y saber hacer entró en liza. Tirando de brújula, que no es una brujóbula con escóbula, si no un artilugio para orientarse, y haciendo buen uso del plano que llevábamos de la ruta, intentamos buscar la antigua calzada romana que desde Tarna se dirige a la costa, pasando por el Sellón. Dándole muchas vueltas a la brújula y al mapa, conseguimos encontrar un marcado sendero que nos fue bajando de la cresta en la que nos encontrábamos, hasta unas praderas desde las que aprovechando un momento que la niebla se esparció, pudimos vislumbrar el ancho piso de la ansiada calzada.


Lo primero que hicimos al llegar a ella, fue celebrarlo libando el puro néctar de las uvas, acompañado de higos pasos, maní, galletas, chocolate y cualquier cosa comestible que pasaba ante nuestro ojos. El avituallamiento suele ser bueno en el grupo y nunca escaso.


Aplacados los nervios con el vino y las vituallas, seguimos camino con los ojos puestos en el “camino”, no por miedo a perderlo, si no más bien por no tener otro sitio donde mirar, ya que la niebla seguía rodeándonos y al mismo tiempo empapando nuestros ropajes. Por otro lado, las losas de la calzada, que los romanos colocaron según cuentan, no era el mejor piso para pisar en esas condiciones de humedad y los resbalones estaban a la orden del día. Por eso mirábamos para el suelo.


Pateando sin ver nada a diestra y siniestra y con una buena mojadura, alcanzamos el Sellón, la collada Llamosa, donde entroncamos con la pista que viene del Moro y donde pudimos contemplar los restos del viejo y seco tronco que servía de indicación del GR y que recordábamos de otros paso por este lugar. Más viejo que nunca se encontraba partido por el centro y entregándose como abono en el final de su vida. Le dijimos adiós con la certeza de que no lo volveríamos a ver más y continuamos ruta tomando el sendero medio cubierto por la hierva, el que parte a nuestra izquierda, bajo los contrafuertes del Pico La Ceniza que hoy suponíamos se encontraba sobre nuestras cabezas, si es que no se había ido a pasear, aprovechando que nadie le veía.


Más de lo mismo. Niebla, agua, barro, piedras resbalosas y nuestras cabezas mirando al suelo. Al fin después de una buena caminata, aparecen las primeras vistas. Estamos a la altura del Roblosa y podemos ver las casas de San Martina y Arenas. Delante nuestro, una bonita composición con el Pico los Espinos rodeado de árboles con hojas nuevas y una cabaña que nos sirve de referencia, pues junto a ella pasa nuestro camino, ahora medio cubierto por la maleza y completamente embarrado. Dejamos la cabaña atrás y alcanzamos de nuevo la pista, ya en mejor estado, por la que llegamos a San Vicente. Cruzamos el pueblo por entre sus abigarradas casas y ya por pista de hormigón alcanzamos el asfalto junto a la ermita del Santo del mismo nombre.


Ya carretera adelanta bajo la insistente lluvia, bajamos atravesando pueblos: La Parada, Lozana, Otero,... Hasta que a las afueras de este último nos recoge el autocar, evitándonos tener que hacer los tres kilómetros que aún nos separan de Infiesto.


Un mal día para caminar. Sobre todo teniendo en cuenta que toda la semana hizo bueno y que precisamente fue el sábado cuando comenzó a llover. Otra ruta que deberemos repetir para poder saber por donde estuvimos caminando.


Pero no hay descanso. Ya estamos pensando en la próxima ruta. En esta ocasión cambiamos de zona y nos vamos a tierras de Cangas de Narcea, en las inmediaciones del Bosque de Muniellos, para intentar la ascensión del Fingudin. La ruta propuesta es:


Larón (840 m) – La Viliella (812 m) – Collada Chana (1.443 m) – Altos de Bliella (1.502 m) – Pico Fingudin (1.457 m) – Collada Mozo de Piedra (1.237 m) – Puerto de Rañadoiro (1.176 m)


La inscripción para esta ruta ya está abierta y os ruego que os apuntéis lo antes posible, pues con las fiestas de Semana Santa, Tenemos que concertar el autocar antes del jueves, ya que jueves y viernes es fiesta y no se trabaja. Espero vuestras llamadas.