21 de julio de 2012
Hoy
tenemos por delante una de esas rutas que crean ilusión y también, por qué no
decirlo, un cierto regusto de temor. Explicable del todo: aparte de necesitarse
una forma física y un entrenamiento adecuados, además de no padecer ningún
inconveniente físico que te impida gatear por esas laderas, también hace falta
un punto de osadía para adentrarse por las torres de los titanes.
Madrugamos,
pero no más que en otras ocasiones, porque Las Ubiñas, es nuestro parque
natural, nuestro destino inevitable, nuestros Picos de Europa en pequeño. Diez menos cuarto en Torrebarrio. Pista
adelante. Vista clara a nuestra meta: la única y pequeña brecha que se abre en
el murallón que va de la Ubiña grande a la Muesca de Colines. Mil setenta
metros de desnivel. Mil setenta que habrá que patear en continua superación.
Hay ganas de superarse. Más de la mitad del grupo ya estuvo aquí. La última vez
con la inestimable ayuda de Manolo y Jorge.
Tardamos
una hora y veinte minutos en llegar a la riega que baja de los Fontanales. Ya han caído seiscientos y pico metros. Las
pistas siempre necesarias, pero tan monótonas... En media hora más, en la
fuente. Pequeña discusión sobre por dónde afrontar la subida. Todo el mundo de
acuerdo en una cosa: hay que evitar el pedrero. Está bien plantear una ruta
fijada y sus posibles alternativas. Adentrarse por estos precipicios sin
conocer dónde te metes es una temeridad.
Vamos
subiendo por la zona herbosa. Los recuestos son bien duros, pero hay una
pequeña repisa al final que permite cruzar por encima del pedrero. Alguien se
atasca en el pedrero. Hasta siete caballeros forman una guardia de seguridad.
Mejor por los senderillos del ganado. Atentos a la piedrilla suelta. Hay que
tirar más a la izquierda.
Confundidos por algunos jitos nos
pasamos un tanto. Ya estamos en franca trepada buscando un corredor que corta
en diagonal. La palabra clave a partir de aquí es “¡piedra…!”. Y bien cierto
que la usamos. Los canalizos ascendentes son una trampa para no avisados. No se
puede apoyar la bota e intentar rectificar luego. No se puede apoyar el bastón
en cualquier sitio. Mejor subir bastante pegados unos a otros. Ayudarse, ir
marcando los pasos, aquí hay un apoyo, allí tienes un escalón...
Saliendo de la herradura que tuvimos
que realizar las cosas están más claras, ¡estamos en la canal de la puerta del
arco! Su fondo es el inmenso arco que está rematado en triángulo. Hacia allí
subimos atrapados en su belleza. Aquí hay que pegarse a la peña de la
izquierda. Esta es la entrada al circo de las cumbres, puro arte gótico.
Es
la una de la tarde. Tres horas y cuarto de subida. El lado asturiano, tímido,
escondido por las nieblas. Algunos hacen alto con el “ya estuvo bien” en la
boca. Otros catorce osados quieren hollar el templo de las águilas. Seguir
subiendo por el canalizo en tubo que te deja en el Segundo Castillín. Hay que
volver a pegarse a la izquierda todo lo posible. “Por favor, comprobad los
agarres antes de izaros, que la roca a veces se deshace en las manos”. Sólo se
tarda una media hora al Segundo Castillín. Miguel y yo nos asomamos a una
enorme ventana que suele pasar desapercibida. Pavoroso. Afortunadamente no se ve el final por la
niebla que entra a chorros. Hay una trepadilla final para llegar al elegante
buzón. Bandera de Asturias e himno incluidos en un arranque espontáneo y
emocionado. Curioseamos también por el tubo que baja por detrás y que permite
bordear el Tercer Castillín para subir al cercano Siete. ¡Qué recuerdos nos
trae esta magnífica y exigentísima subida! Bajamos con precaución. El piso de
grijo es una trampa deslizante.
La
subida al Primer Castillín es muy entretenida. Se empieza en un canalizo a la
derecha que tiene buenos asideros. Luego hay que hacer una vira diagonal en
ascenso permanente que en algún momento deja de tener “pasamanos”. La gente
tiene experiencia y se practica mucho la subida por chimenea en oposición. La
niebla entra a raudales por todas las ventanas.
Nos
encontramos todos en la repisa de inicio. La niebla tapa toda Asturias. Un poco
más a la derecha arranca la canal de bajada. Es delicada por el piso y la
inclinación. Algún bastón provoca una
“cascada” de piedrecillas sin mayor importancia, pero el aviso está dado. La
cascada ha resonado en el silencio. Saliendo de las tres lazadas más
comprometidas, entramos a una pedriza de las de verdad. De las que se pueden
hasta esquiar. Lo intentamos bajando a velocidad y cargando buen número de
piedrecitas en las botas. Hacemos un escándalo que tiene que resonar en todo el
valle de Covarrubia. Tras pasar por los verticales roquedos de las Cinchas del
Plano caemos en la senda Les Merines. Hemos atravesado la nube. Después de
tanta caliza el verde asturiano es un descanso. El refugio del Meicín allí
abajo. Las cervecillas del refugio están bien ganadas. Una gran jornada
montañera como pocas. Un grupo bravo.
Bajamos a Tuiza a comer. Hay hambre
de veras y damos cuenta de nuestras viandas con alegría. Nos quedan un par de
cajas de sidra donde Requejo para redondear el día. Allá vamos.
La próxima semana el grupo visitará
el Mampodre con subida desde Maraña a la Cruz y al Covento para volver otra vez
a Maraña. Quien no conozca este circo no se lo puede perder. Como parte de la
directiva se va de actividad por los Pirineos, hay que contactar con Lia en el
659504986. No quedan muchas plazas. Hay quien piensa que es el momento de dar
un golpe de estado. ¡Venga animaros, que os dejamos los trastos!
FRESINES
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