miércoles, octubre 23, 2013

GUAPA ASCENSIÓN AL VÍZCARES, LA CUMBRE DE INFIESTO



19 de octubre de 2013
           
La pasada semana no hubo ruta, ya sabéis. Una montaña lejana y la gente con muchas ocupaciones no lograron suscitar la magia que nos atrae una y otra vez a la montaña. Pero esta semana nos desquitamos. Teníamos un grande, nada menos que el Vízcares, orgulloso monte enhiesto en la Sierra de Aves, vigilante atalaya de cuanto acontece en las tierras piloñesas y alrededores.

Así que, estrenando un autocar de 22 plazas de Jano, bien, pero con algunos problemas de maletero entramos por Ríofabar en el bosque de La Pesanca, misterioso y lleno de vida, como siempre. Queremos subir por Degoes en vez de por la conocida ruta del collado Traslafuente. Los exploradores no encuentran el paso del río. El GPS está acatarrado y nos señala senderos por el Campo San Francisco de Oviedo. Así que probamos a buscar el puente, que finalmente aparece tras la primera casa, tal como venía en la descripción de la ruta.

Empezamos la penosa y larga subida por el monte Degoes. Las primeras cabañas están al alcance de la mano. La naturaleza ha hecho su selección y hay numerosos árboles viejos tumbados en el suelo con el cepellón al aire. No aguantaron la última nevada. El hayedo sombrío y húmedo nos priva del sol de otoño. Un vientecillo constante nos refresca la subida haciendo que las paradas sean breves. Dos horas de pelea con la cuesta. No se termina nunca y eso que el camino está muy bien trazado para suavizar las pendientes. Recorremos de abajo arriba todo el Valle Luiña, espeso bosque que te hace sentir parte de la naturaleza. Finalmente acabamos por salir del hayedo. La larga y pelada cuesta es lo que nos queda por subir.

Con dedicación y adelante. Seguimos dale que dale por el monte subiendo la cuesta de Llebrada y descendiendo un poco llegamos a la escondida majada Llebrada. Lugar solitario como pocos, protegido de todos los vientos. Breve alto en el camino que tenemos que reponer fuerzas ante la escarpada cuesta que nos separa de la línea cumbrera. Por el camino o en transiberiano acabamos alcanzando El Canto Praón, antecima del gran Vízcares. Todavía hay que subir un poco más, superar el Fayasgal  para poder pisar la cumbre piloñeta. Hay una tarjeta del Ensidesa. Pablo y Alicia estuvieron aquí la semana pasada, pero no dejaron huella. Hasta aquí tres horas. Nos ganamos un descanso y una buena contemplación. Cualquiera diría que estamos en el centro del mundo. Todo está aquí a la vista, la lejana Peña Santa que Manuel y Miguel hollaron la pasada semana. Pero más cerca el Canto Cabronero, la Mota Cetín y el cercano Valverde, marcando la cabecera del río Color que algún día habrá que remontar. Más al sur está la inconfundible Llambria, el picudo Maoño, a cuya base norte llegamos un día un grupo de expedicionarios que no pudimos pasar por la impresionante ladera.   

Hacia el mar, a la izquierda del Sueve se ve un objeto grande y brillante entre las brumas marinas. Dicen que es un barco y algo así debe ser, porque Burdeos está más lejos. Peña Mayor, con el Múa, la Xamoca… Y cerrando la vista por el oeste la Sierra del Trayán que atravesamos por su pasada el día que subimos (dura, dura ascensión) desde la Foz de los Maserones. Desde este buen observatorio del Vízcares nos dedicamos a observar los senderos que se adivinan por el monte Moñacos, intentando trazar el camino por donde bajamos. Es una maravillosa sucesión de valles, pandas y foces que recrea la vista y expansiona el espíritu. Todavía no han empezado los colores del otoño a vestir el bosque. Vamos a bajar.

Una muy original bajada con destino final en La Fragua. Vamos deshaciendo el camino: Fasgayal, Cantu Praon, Llana Herbosu, Cueto Mermejo. El joven Francisco Javier, nuestro “Lavín”, los sube todos, ¡qué hambre de monte! En el Cueto Mermejo las guías aconsejan tomar el descenso por la izquierda para acabar en la preciosa collada Llanoriu. Rodeamos el Pico Collado. Nuestra meta es visible desde esta altura. Nos quedan 600 metros por bajar. Las rodillas se quejan, pero el camino es bueno y vamos penetrando en el Monte Marbán, donde predomina el roble y el acebo. Si te quedas en silencio un rato te sientes inundado por la luz que se filtra. Preciosa y larga bajada que va serpenteando por toda la ladera.

Al final de la senda un pequeño puente da acceso a las primeras casas del pueblo donde podemos cambiarnos rápidamente. Bajamos a comer al bar Vízcares de Espinaredo, como no podría ser menos. El tiempo es tan agradable que juntamos mesas en la terraza. Da tiempo para una buena sobremesa. Es otro momento mágico de la montañera excursión. Fueron seis horas para salvar un desnivel de 1.119 metros, que nos han llenado de satisfacción. Siempre hay que volver al Vízcares en otoño.

Para el día 26 tenemos una preciosa y fácil expedición con un desnivel de 400 metros de subida y setecientos de bajada. Lo interesante de esta ruta es que transcurre toda ella por el bosque leonés, cuyo otoño está más adelantado que el asturiano. Se parte cerca de Villablino en La Matona y terminaremos en Rioscuro. Peña no está así que para apuntaros los que no lo hicisteis el sábado pasado llamarme al 692 510 114 o al correo fresines@telecable.es , en donde acusaré recibo de vuestros mensajes. Hasta el sábado.

FRESINES

miércoles, octubre 09, 2013

LAS XANAS EN LA CALABAZOSA Y LA PEÑA SOLARCO



5 de octubre de 2013

-“¿A dónde fuisteis el sábado?”
-A Torrestío
-“¿Otra vez, ho?”
-Sí, es la tercera.
-“Pero os quedan picos que subir?”
-Sí, siempre hay algunos. En esta ocasión nos faltaba el Pico Calabazosa y la Peña Solarco para completar el cordal que arranca en la Peña Orniz.
-“¿Subisteis muchos?”
-Sí, todos hasta los Collados Quixeiro y Congosto.
-“¿Os hizo bueno?”
-Buenísimo. Hasta volvimos a quemar la nariz…
-“¿Y por dónde subisteis al Pico Calabazosa?”
-Fácil, desde el Collado, cada uno por donde pudo. Y para bajar está “sembrao” de precipicios pero encontramos una canaleta fácil que nos posó en la antecima.
-“¿Y como pasasteis a la Peña Solarco?”
-Pues buscamos un camino desde lo alto y no encontramos un buen paso, así que unos descendieron hasta un corredor herboso y aéreo y otros, más conservadores, bajamos un buen tramo para bordear el temible y vertical antepico por un pasillo elegante, pegado a la peña. Así salimos al collado Solarco. Desde allí sólo hay que darle fuerte para vencer la cuestona.
-“¿Y qué veíais desde allí?”
-Pues además del Morronegro que lo teníamos enfrente, el Ferreirua, Las Ubiñas y su grupo, los Fontanes, el Montihuero. Y en la bajada por el valle de Cualmarcé el perfecto cono del pico Vallera.
-“Y bajasteis luego…”
-Por el mismo valle de Cualmarcé para cerrar el circulo y volver de nuevo por el Valle Valverde.
-“Parece que os gustan Somiedo y la Babia…”
-Tienes razón son dos zonas que nos encantan y todavía quedan cosas por hacer, valles por explorar, riachuelos que cruzar. Para demostrar la solidaridad con esta tierra firmamos todos una petición para que no se lleven de Torrestío la farmacia de guardia evitándoles un viaje de 20 Kilómetros hasta San Emiliano.
-“Naturalmente comisteis en el bar de Torrestío”
Claro, hicimos una larga mesa única como si fuera una boda. Buen ambiente garantizado y con el solecito calentando la sobremesa.
-“¿Dónde vais la próxima semana?
-El día doce, que es fiesta, la gente aprovecha para ver a la familia. Así que ese día no tendremos actividad montañera. Nos volveremos a ver en el Vízcares. Y deja ya de preguntar tanto, ¡curiosón!

FRESINES

martes, octubre 01, 2013

EN LA PEÑA MORA, A PESAR DE LA BORRASCA



28 de septiembre de 2013

Se acabó el verano. Bruscamente llegan sin avisar las primeras nubes. “Le bon temps c’est passé”. Es hora de sacar del armario ropas de tormenta. Sin miedo al agua subimos Tarna para acercarnos a La Uña, en el Alto Esla. Llueve sin parar. Salimos igual. Siguiendo el río Carcedo, paralelo a la Sierra del mismo nombre. Pasamos los Campos de María. Vamos subiendo de modo continuado. En el bosque hay más de un venado berrando aunque la hora a es tardía para ellos. Potente bramido que retumba en el valle.

Pasamos la cuadra de ganado. Hay opción a volverse por la pista que sale directa a Polvoredo. Pero, inexplicablemente, a pesar del aire frío, del viento y la lluvia la gente quiere seguir. Vamos subiendo las primeras revueltas del puerto de la Fonfría. El cielo está negro, cargado, muy amenazador. Nosotros a lo nuestro. Giramos hacía el Este para subir al Collado Mascaredo. Un breve rayo de luz ilumina Peña Ten y Pileñes y refulge sobre la caliza del Recuencu. Dura poco la luz está espléndida. Saldrán buenas fotos.

El viento intenso se ha convertido en un nuevo enemigo. Estamos en la falda de la Peña Mora. Se empieza a subir a media ladera, subida penosa, dificultada por las arandaneras tan densas que alguien llega a decir: “Espera, que no hago pié”. ¡Hombre, ahorgarse entre arándanos!… Por lo menos estos pequeños frutos endulzan la subida. Cuando ya cogemos la lomera la subida es más liviana, aunque el fuerte viento ya ha causado la baja laboral de varios paraguas.

Los que llegaron primeros lograron ver hasta la ermita del Arcenorio. Pero dura poco y la opaca niebla lo uniforma todo. No paramos mucho, el viento está siendo desagradable. Bajamos por la cara que sigue en dirección contraria a la subida.. La Peña Negra que pensábamos subir quedará para otra ocasión. En la collada Valdemagán estamos algo más resguardados. La tentación sería bajar por este amplio valle a los lejanos pueblos de Pio y Vierdes en Sajambre. Pero como queremos bajar a Polvoredo, tenemos que ascender algo para cruzar al valle del río. Volvemos a protegernos en la Sierra Carcedo, esta vez por su cara este. La bajada por el río es fácil y agradable. Estamos a resguardo del viento y ha dejado de llover. Por la canal de la riega salimos a la explanada donde está el Refugio. Aquí estuvimos en plena invernada intentando entrar en calor.

El camino serpentea entre piornedos. Hago una parada mingitoria y al incorporarme a la senda estoy sólo. ¿Todos estos se habrán equivocado? Primera precaución mirar la hora, segunda no desviarse del sendero. Un marcado camino sigue adentrándose en el bosque El Jedo. Pero no baja apenas. Algo no va bien y se impone rectificar. Busco una riega y me lanzo por ella espantando a un corzo que tranquilo pastaba. El bosque es de una belleza apabullante. Llego a la pista. Creo que me he adelantado. Ya sabes, te separas del grupo y enseguida provocas una alarma. En mi reloj han pasado veinte minutos escasos. Para el grupo que espera el tiempo se hace mucho más largo. Bien por el grupo: la alarma funcionó. Por el móvil logramos aclararnos. Espero junto a una cabaña en ruinas a que aparezca la tropa. Afortunadamente las reñidoras miradas se convierten pronto en bromas. Esta vez la “viuda” se quedará sin cobrar. No pasó nada, pero no te puedes parar ni a mear.

Seguimos toda la pista hasta completar los 16,5 kms. Por fin la primera casa de Polvoredo. El pueblo está solitario y silencioso. Nos cambiamos entre chubasco y chubasco. Bajamos a comer a Casa Linares, nuestro segundo hogar. La mesa se organiza en un momento, a pesar del gran número de vehículos aparcados. Será que la hora es tardía, pues pasan de las cinco. Sobremesa montañera hablando de calendarios, de posibilidades y de montañas de los Picos de Europa.   

Terminamos una jornada montañera que se prometía horrible y que luego se fue suavizando. La constancia tuvo su premio. Llegamos a la Peña Mora aunque no pudimos ver el espectáculo que brinda de montañas. Al final satisfechos. Se ve que somos de buen conformar.

Para la primera de octubre volvemos a Somiedo en ruta circular desde Torrestío. Esta vez queremos hacer la Peña Calabazosa y el Pico Solarco, con lo que habremos completado la cordillera que limita Somiedo y La Babia. Esta zona empieza a sernos muy familiar. Y también nos suenan conocidos los chupitos de licor de ciruela del bar de Torrestío. Saldremos en esta ocasión desde Oviedo. Inauguramos con esta primera las rutas a través del bosque otoñal.

FRESINES