lunes, febrero 25, 2008

PEÑA COLLADA Y LA BELLEZA DE MENGOYU

El pasado sábado día 23 hicimos una ruta corta en extensión pero grande en belleza y con un cierto grado de dificultad que puso a prueba a muchos de los nuevos montañeros y montañeras que nos acompañan últimamente.

La ruta no presenta ninguna dificultad a primera vista. Iniciamos la andadura en el pueblo de Caranga de Arriba, lugar en el que se celebra la muy renombrada festividad de la Virgen de los Remedios. Atravesando su caserío para cruzar el Río Trubia después de que este abandone el embalse de Valdemurio y antes de que reciba las aguas del Río Teverga. Una ancha pista con un ascenso endiablado va cogiendo altura rápidamente, entre viejos castaños primero y más tarde entre pinos, que debido a las altas temperaturas y la falta de agua en este invierno, ya están soltando el polen de sus flores para disgusto de todos los que padecen alergia a este elemento.

La subida no presenta más dificultad que la de la pendiente, con rampas muy duras seguidas de pequeños descansos en los que poder recuperar el resuello. El río Zarameo nos acompaña en el fondo del tupido valle que tenemos a nuestra izquierda y al otro lado, vamos viendo entre los árboles, las formaciones calizas que se desprendes de la Sierra del Gorrión, cuyo inconfundible Pico Mayor o más conocido como Gorrión, comenzamos a distinguir.

La subida comienza a suavizarse a medida que ganamos altura y ahora, entre pinos, caminamos con menor esfuerzo. En el Collado de Oliz recibimos por la derecha la pista que sube desde las inmediaciones de Caranga de Abajo, una pista que vemos a la izquierda después de cruzar el puente para dirigirnos a Teverga. Desde aquí nuestro camino desciende un poco para volver a ascender hasta alcanzar las hermosas praderías de Mengoyu.

Aquí el paisaje se abre y despejado de árboles, nos permite contemplar la conocida silueta del Gorrión y toda la ladera occidental por la que tantas veces ascendimos a esta agradecida cumbre. Digo lo de agradecida por lo que nos depara una vez sufrida su dura ascensión. Unas vistas preciosas de sus alrededores, con la estupenda estampa del Embalse de Valdemurio a vista de pájaro.

Mengoyo es una sucesión de verdes praderías en las que en otros tiempos existieron un buen número de viviendas hoy prácticamente desaparecidas. La leyenda o las historias más o menos verosímiles hablan de la muerte de todos los habitantes de este lugar, menos uno. Un pastor que no pudo asistir ala fiesta en la que se dice perecieron todos. Dice la leyenda que el agua de la fuente con la que amasaron el pan del ramu estaba envenenada por una salamandra y eso hizo que todos los que comieron ese pan murieran. Nada más se sabe de lo ocurrido. El caso es que las casas que poblaban este lugar y sus habitantes, desaparecieron hace ya muchos años.

La pista al entrar en las praderas, se difumina y es más difícil seguir su trazado, pero si nos fijamos, podemos distinguir el camino atravesando la campiña a pasar junto a una cabaña que tiene un curioso árbol delante. Luego continúa dejando aparentemente la Peña Collada atrás, para describir un arco que nos vuelve a dirigir hacia ella. Alcanzamos el Colladín desde el que se contempla más abajo la Collada Michandoiro con unas cabañas y a los pies de la Peña Collada o Rebollosa. Solo nos queda descender a Michandoiro para comprobar las dificultades que tenemos para ascender a nuestra cumbre de hoy, aunque ya vemos en la cumbre a nuestro compañero Florentino, lo que quiere decir que tiene que haber paso.

Pasando entre los cierres de las cabañas, accedemos a un prado cerrado por la muralla pétrea de la peña. Buscamos por la derecha un hueco de paso, pero está cerrado de maleza y rocas. Siguiendo por la base del muro a la izquierda, encontramos una chimenea que no nos parece en principio lo más idóneo. Al final de la muralla de piedra, un sendero de las cabras nos hace albergar esperanzas. La maleza cubre casi por completo el estrecho sendero y tenemos que abrirnos paso entre las escobas y los brezos. Bordeando las altivas rocas, trepando agarrados a las ramas, luchando contra los golpes que nos dan las escobas, vamos ascendiendo poco a poco. El sendero se despeja y caminamos entre piedras y agrumas. La cumbre no acaba de aparecer. Abajo vemos los tejados de las cabañas. Unos pasos más hacia arriba y alcanzamos la cumbre tapada de maleza. A pesar de todo, un buzón montañero nos da la bienvenida.

Después del esfuerzo se agradecen las vistas que nos depara. El siempre presente Gorrión y la Sierra del Aramo, con la Gamonal y el Gamoniteiru inconfundibles. La sierra La Verde, como un barco, separada de todo, aparece magnífica y nos hace recordar la bonita ruta que no hace mucho hicimos por sus cumbres. Detrás, al oeste, los pueblos de Fabar y Bustiellu colgados de las faldas de la Sierra de Peña Gradura y más al sur, la carretera del Puerto de San Lorenzo casi tapada por la Sierra de la Sobia.

Nos tomamos un tiempo para reponer fuerzas y para pensar en el descenso que nos espera. Tras las fotos de rigor, llega el momento de emprender el descenso. Decidimos bajar por donde subieron algunos miembros del grupo, tras atravesar la chimenea que comentamos antes. El sendero está mas despejado y se baja mejor. Pronto nos situamos en el estrecho pasillo de entrada a la chimenea. Aquí comienzan los apuros y el descenso se relentiza. Uno a uno vamos descendiendo por la inclinada abertura de la roca, utilizando todo lo que encontramos como asidero y haciendo uso del freno que nos ofrecen nuestras posaderas. Unos con más problemas y otros con menos, todos conseguimos atravesar la estrechura y posar nuestros pies al fin, en la mullida superficie, ya plana, de la hierva.

Comentarios: ¡Que miedo pasé! Pero, ¡¡que güay!! Al poco ya nadie se acordaba de lo que había sufrido, tanto en la subida como en el descenso. Eso son recuerdos que desparecen después de la agradable sensación del reto superado.

El resto del camino ya no tiene historia. Una amplia pista desciende por la ladera oeste a buscar primero las cabañas de Gromolateicha y poco más tarde el pueblo de Santa Maria, donde la pista se convierte en carretera asfaltada hasta Las Vegas, caserío formado a orillas entre la carretera de Teverga y el rió.

Después de cinco horas y media, con muchas paradas y descansos, disfrutando del paisaje y de la estupenda climatología que estamos teniendo, dimos por finalizada la ruta del día.

Para el próximo sábado estrenamos mes y nos vamos de ruta a la costa nuevamente. En esta ocasión nos trasladaremos al bonito y marinero pueblo de Tazones, concretamente a su puerto, para iniciar la Ruta Mariñana de los Molinos de Merón. Precisamente en la playa de Merón, donde desemboca este río, pondremos punto y final. La ruta es:

Puerto de Tazones (10 m) – Faro de Tazones (116 m) – Punta del Olivo (50 m) – San Felix de Oles (143 m) – Oles (150 m) – Las Arenas (159 m) – La Lloraza (169 m) – Puente Robleu (120 m) – Río Merón – Puentón de la Grua – Las Vegas (46 m) – Playa de Merón (10 m) – Careñes (140 m)

Como podéis ver, la ruta finaliza en principio en Careñes, lugar al que llega la carretera. Esperamos que el autocar nos pueda recoger allí, ya que de lo contrario tendríamos que caminar unos cuatro kilómetros hasta el cruce con la carretera de Villaviciosa a Gijón. La ruta hasta Merón está programada en unas cuatro horas y media, lo que supondría agregarle otra hora más para llegar al cruce. Este dato espero conocerlo a lo largo de esta semana. Espero vuestras llamadas.

lunes, febrero 18, 2008

UN PASEO ENTRE LOS VALLES DEL HUERNA Y EL PAJARES

El día 16 nos dimos una larga y agradable caminata por el filo entre los valles del Huerna y del Pajares. Digo larga, ya que las circunstancias así nos lo depararon. Con el aumento de participantes en la ruta, aumenta en proporción el tamaño del autocar que nos transporta y esto hace que en determinados lugares sea complicado, difícil o imposible transitar. Así nos ocurrió el sábado. Nuestra intención era comenzar a caminar en Llanos de Somerón pero nos dijeron que no podía subir el autocar de 47 plazas que llevábamos y no hubo otro remedio que realizar a pie los cuatro kilómetros que separan Puente de los Fierros del antaño conocido como pueblo de los arveyos.

Superado el tramo de carretera y pensando que al final también tendríamos sorpresa conocida, salimos de Llanos con dirección sur y siguiendo una ancha pista hoy con varios todoterrenos de cazadores. En la primer bifurcación continuamos por la pista de abajo, dejando la que sale por la derecha a buscar la cresta del Cordal de los Llanos de Somerón, que se dirige al mismo lugar, pero más alta y al decir de las gentes del pueblo, luego hace un descenso para unirse a la que nosotros seguimos, en el Collado Pando.

Con el Río Pajares siempre en el fondo del valle a nuestra izquierda y el Cordal de los Llanos a la derecha, vamos cogiendo altura y saludando a los cazadores apostados en los bordes del camino. Una serie de serpenteantes y duros repechos, nos sitúan en Collado Pando tras pasar entre las diseminadas cabañas de Chelvás.

La pista cabalga ahora sobre la cresta del cordal, dando vista al valle del Huerna y a las magníficas postales de Ubiña, Siegalavá, Tapinon, Castillines, Fontanes, Fariñentu y La Tesa. Después de un tramo con apenas desnivel, en el que dejamos a derecha e izquierda caminos que descienden a los dos valles, reiniciamos la subida bordeando la Peña Piqueras por su izquierda hasta alcanzar una bifurcación a la derecha, que se dirige a una torre de alta tensión. Superamos la torre y debemos seguir un sendero casi completamente cubierto por la vegetación, con algunas marcas rojas, que nos llevará por la cresta, hasta lo más alto de la Peña Piqueras.

A nuestros pies queda la autopista de León y la Foz de las Cadichera. Enfrente, las Ubiñas y más cercano, el cono imposible de La Tesa, vigilante sobre el Valle del Huerna. Al sur, nuestro próximo objetivo, el Pico Bocarones, ya coronado por parte del grupo que no quiso subir a Peña Piqueras.

Descendemos nuevamente a la Torre de alta tensión y retornamos al camino que sigue a la derecha bordeando la peña y acercándose al collado que la separa del siguiente hito. El camino serpentea entre la maleza y sobrepasa el pico hacia el oeste siguiendo la ladera hasta que comienza a subir en fuerte repecho escalonado con dirección sur. Alcanzamos la cresta y dejando el camino que continúa ya en descenso, buscamos el mejor paso entre la maleza siguiendo la cresta que nos llevará a lo más alto del Pico Bocarones de 1419 metros de altitud.

Perdemos un poco las vistas panorámicas de Ubiña y en cambio vemos nuestra anterior cumbre. Por el sur y también a nuestros pies, los túneles que atraviesa la utopista bajo nuestro pico. Un poco al oeste, la collada de Vegaviesga y enfrente las nevadas cumbres de la zona del Negrón.

Descendemos de la cúspide por donde habíamos venido y continuamos por el camino que descendía con dirección sur, a buscar la cercana collada de Vegaviesga. El camino, cortado en la roca, desciende vertiginoso y sin problemas hasta las camperas del collado. De aquí, un sendero continua el descenso entre la maleza, a buscar la autopista, pasando sobre la salida del tunes de Vegaviesga con dirección este tomando una amplia pista de tierra junto a un canal de desagüe de la autopista. La pista desciende buscando la dirección norte con el Río Pajares a nuestra derecha y al otro lado la pista del Huerna. Junto a una cuadra a la derecha, cruzamos una amplia portilla y continuamos descendiendo hasta la orilla del río, que cruzaremos sobre un curioso puente, formado por una viga de hormigón y un cable de acero a modo de único pasamanos. Por el otro lado del Pajares alcanzamos enseguida las primeras casas de San Miguel del Río, donde tenemos la segunda de las sorpresas ya comentadas. Como el autocar tampoco puede acceder a este pueblo, no nos queda más remedio que remontar los doscientos metros de desnivel que nos separan del pueblo de Pajares en la Carretera de León.

Por entre las casas del pueblo, dejando atrás la iglesia y el viejo tejo, asciende una callejuela que a la salida del pueblo se convierte en pista y que tras un duro repecho casi vertical, gira a la izquierda suavizando un poco el remonte, para volver nuevamente a la derecha y tras pasar junto a una cabaña, concluir en la carretera tras un último repecho que deja nuestras fuerzas algo tocadas.

Al fin alcanzamos el pueblo de Pajares y el final de nuestro caminar del día. En total empleamos unas 7 horas para hacer todo el recorrido. Y puedo decir que la ruta no fue muy dura, ya que tras la comida en el bar del pueblo, aún hubo fuerzas para marcarse unos bailes al son de la música con la que amablemente nos amenizó la comida y la sobremesa la dueña del bar, que también quiso participar del jolgorio, cantando algunas de las canciones que nosotros bailábamos.

Para el último sábado de febrero, tenemos ruta por tierras entre Proaza y Teverga. Nos vamos a Caranga de Arriba para ascender a Peña Collada y luego bajar a Las ventas en la carretera de Teverga. La ruta es:

Caranga de Arriba (270 m) – Canto la Bobia (550 m) – Mengoyo (875 m) – El Colladín (875 m) – La Collada (960 m) – Peña Collada (1.103 m) – Santa María (550 m) – Las Ventas (280 m)

Tras este bonito recorrido, iremos a comer a Entrago, al bar del portugués que tan bien nos trata. Un buen final para una ruta fácil y entretenida.

Quiero deciros que hemos cambiado el día en el que finaliza el plazo para poder apuntarse a las rutas. Desde esta ruta las inscripciones deben hacerse antes del miércoles a las cinco de la tarde. Después de esa hora, no se asegura que puedan quedar plazas. Espero vuestras llamadas.

martes, febrero 05, 2008

PUEBLOS ABANDONADOS

El día 2 del recién estrenado mes de febrero, encaminamos nuestros pasos al cercano concejo de Yernes y Tamiza para hacer una ruta sencilla, con ascensión a la Loral y el Buey Muertu, pasando luego por dos pueblos abandonados: San Adriano del Monte y La Condesa, ambos pertenecientes al concejo de Grado.

Para ir a Yernes utilizamos la carretera AS-311 que parte de Grado con dirección a Tameza. En Alcubiella pasamos a la GR-1, que se dirige a Rañeces y Rodiles. En Rañeces la abandonamos para continuar por una carretera comarcal que pasa por Pando, Panicera, Trillapeña, cerca de Rubiano, y tras un largo recorrido por buena carretera, un poco estrecha, llega a la localidad de Yernes.

Atravesamos este bonito pueblo, desconocido para muchos, y por el lateral de la iglesia llegamos a una plaza con fuente, de la que al fondo sale una pista que pronto comienza a ascender. Cuando llegamos a la altura del depósito del agua, la abandonamos para continuar por un antiguo camino que sale en duro ascenso a nuestra izquierda. La nieve comienza a hacerse presente y por primera vez en este año, pisamos su blancura. Alcanzamos nuevamente la pista en la braña de Senra, donde comprobamos que las cabañas están siendo rehabilitadas. Seguimos por la pista que por momento se hace interminable y cada vez con más nieve y algo de hielo en las rodadas del vehículo que pasó antes que nosotros.

Enseguida damos vista al Pico Loral totalmente blanco. A la derecha vemos entre las nubes que tratan de deshacerse, las cumbres de Maravio, con el Caldoveiro como altura dominante. Llegados a la Collada Fancualla abandonamos la pista para ascender por las lomeras de La Loral. Aquí la nieve ya tiene un espesor curioso, unos diez centímetros y su suave consistencia nos proporciona un agradable caminar, que nos compensa de las duras rampas por las que alcanzamos la cumbre, en la que continua caído el vértice geodésico. A su lado, la cruz con el buzón de cumbres instalado por el Grupo de Montaña ENSIDESA de Gijón en 1982. El frío y las nubes que no paran, nos hacen permanecer poco tiempo en la cumbre y pronto desandamos el camino para volver al la Collada Fancualla, desde la que nos dirigimos a la cercana braña del mismo nombre, donde hay una cabaña en la que se encuentra el Aula Vital, abastecido únicamente por Energías Renovables, y en el que se forman en naturaleza, muchos grupos de jóvenes de nuestra región.

Tras atravesar la braña de Fancualla, comenzamos a subir por las praderas para situarnos en la cumbrera de la pequeña sierra y alcanzar así la modesta cumbre del Buey Muerto. Ya no hay nieve y el día comienza a mejorar. El sol nos calienta y nos permite alargar la estancia. Contemplamos la Loral y hacia el norte, nuestra vista llega hasta Oviedo y el Naranco.

El descenso lo hacemos desde la propia cumbre por entre las cotoyas, en fuerte desnivel. Siguiendo los caminos del ganado alcanzamos la pista que ya sin pérdida nos acerca al primero de los dos pueblos abandonados: San Adriano del Monte. Un nutrido grupo de buenas casas, deterioradas por el abandono, nos recibe. Paseamos por sus callejuelas contemplando las viejas viviendas y dándonos cuenta de la importancia que este lugar debió tener. Con las imágenes en nuestra retina y en nuestras cámaras, abandonamos el lugar siguiendo por la pista que desciende al sur, dando un largo rodeo para alcanzar el Río de las Varas y cruzarlo, siguiendo a cruzar el arroyo del Barranco de la Cardanosa, para llegar a las primeras casas de La Condesa, también abandonadas en su mayoría.

Abandonamos la pista y comenzamos a subir a la derecha por los empinados prados. Pasamos a una nueva pista que se dirige, izquierda a otras casas y aquí lo dejamos también para seguir subiendo por los prados, por un camino bastante ostensible que en vueltas, nos eleva hasta alcanzar una portilla metálica. La cruzamos y el camino continúa en ascenso. El final lo tenemos en una collada en la que hay una cabaña y desde donde tenemos ya a la vista el caserío de Sama.

Descendemos ahora por el prado, también muy empinado y con alguna chamuerga que debemos evitar y al final volvemos a encontrarnos con una nueva pista que ya no abandonamos hasta llegar a Pedredo, donde la cambiamos ya por la carretera que lo une a Gadía y a Sama. Junto al bar nos está esperando el autocar y allí ponemos punto y final a esta ruta, después de seis horas y media de caminata por lugares semidesconocidos para la mayoría y llenos de encanto e historia antigua.

Para el día 9 tenemos ruta nuevamente por la costa. Nos dirigimos a Llovio para recorrer la Sierra de los Cuetos Negros o de la Cueva Negra, entre este lugar y el llanisco pueblo de Nueva. La ruta es:

Llovio (44 m) – La Cuadrota (45 m) – La Mata (50 m) – Alto la Cueva (530 m) – Pico Jorovitayo (719 m) – Altu Tayadera (743 m) – Los Cuetos Medios (643 m) – Pico Bacia (566 m) – Tejucas (564 m) – Pico Maor (368 m) – Molino de Vallaña (90 m) – Nueva de Llanes (74 m)

Ya tengo a la venta las plazas y espero que me llaméis pronto. La ruta promete ser entretenida y vistosa. Las miradas a la costa y a Picos creo que son estupendas. Os espero.