jueves, abril 28, 2011

LA CRUZ DE VALDORE Y LA HUÉRFANA: LOS GUARDIANES DEL PIERZU

23 de abril de 2011

Una nueva aventura, en este incesante recorrido por Asturias del G.M. Las Xanas. En esta ocasión por tierras ponguetas. Día pesado de incierto pronóstico meteorológico. Hay ganas de caminar. En el autocar la duda sobre si seguirá existiendo el puente en la Sota Tabaos o habrá que vadear el río como se pueda. Varios ojeadores estudian el río hasta que asoma el rústico puentecillo junto a un “ensanchamiento” de la carretera, a tres kilómetros de Sellaño. Paréceme que salvamos el día.

El recorrido hasta Llomena (1.000 m.) se nos hizo largo. La ancha pista facilita una buena marcha hasta la majada Excueño y luego hasta el llagu Aranga ciento sesenta y nueve metros más arriba. Unas nubes espesas, oscuras y muy densas igualan todas las cimas creando una falsa impresión de uniformidad. El Tiatordos parcialmente envuelto, aspecto fantasmagórico, con el Recuenco recogiendo en su tazón este nublo mañanero. Mágica visión irreal de un mundo de cumbres afiladas y barrancos portentosos. Y muy al fondo una estrecha ventana soleada ilumina el macizo de Mampodre, lo único que se distingue con nitidez.

Trescientos metros más de subida. Algunos van subiendo por el lateral, otros por lo alto de la cuerda de la sierra Aranga. Allí encontramos un paso difícil: una destrepada por una roca extraplomada y cortada sobre el abismo. Paso con ayuda, día de mucha solidaridad en el grupo como se verá. Primer objetivo: Cruz de Valdoré a 1.349 m. Viento fresco del oeste. Estamos en medio de un círculo de montañas que empieza en el Pierzu y termina en la Huérfana, esta pirámide solitaria que tiene una vertical caída al Norte. Enfrente la Foz de la Escalada, tallada por el río, más al norte la Mota Cetín inconfundible, sobre la collada Moandi. Bajamos a terrenos más abrigados en la Collada Sorbeyu (1.173 m.) Encajado entre el murallón norte del Pierzu y la cortada de la Huérfana el Sedo Espines forma una foz perfecta. Postal que refleja lo bravo de estas montañas. Creo que hay paso por este desfiladero.

La Huérfana está totalmente tapada. Se impone tomar una decisión: Mejor seguir ladera abajo y ascender luego al Porru el Toyu que no suele ponerse en el calendario de los grupos. Largo descenso a media altura por el valle. El Porru (1.074 m.) tiene una silueta puntiaguda, muy aérea, con una gran caída al norte. Muy por debajo Carangas, más al norte el Pondio y el Macicón que subimos hace dos años. Sellaño parece estar al alcance de la mano. ¡Qué engañosa es la vista en el monte! Cinco compañeros en la cima de La Huérfana, ahora totalmente despejada. Un poco más al Noroeste la Peña Siña que hemos intentado dos veces, la última a principios de mes.

Manolo comenta con evidente satisfacción:

“-¿Cómo no vamos a repetir cimas si también por aquí lo tenemos todo subido?”.

Es verdad, ¡ho!, pero siempre queda algo; por ejemplo El difícil Sedo del Gato por la norte del Pierzu o la bajada por la Senda de Piedra Pozal por la sureste, que dicen está cortada por un argayo desde las últimas nevadas.

Descendemos bordeando el Porru la Cezulia y usando como hito la antena que hay en el Pico el Fito, nos metemos en el último y largo berenjenal del día. Despreciando la pista a Carangas, olvidándonos de la pista del Collado Piedrafita que nos dejaría en Sellaño, bajamos a buscar el camino antiguo que nos dejará en Sota Tabaos. Con la pujante vegetación de primavera que nos deja entrar por la horcada, nos introducimos por una angosta falda encajada entre la Xerra Salgareu y el Pico Ancuevas. Primero encontramos un robledal, luego ¡caminos cerrados con alambre! Unos cuantos. Menos mal que nos arreglamos para ayudarnos en vestos pasos complicados.

Saltamos hacia una cabaña abandonada. Todo tiene el dulzón olor del abandono. La lógica nos dice que donde hubo cabaña tiene que encontrarse un camino. No lo vemos y seguimos peleando con espinos por ignotos senderos. Saltamos a un prado para acortar camino por terreno despejado arrimándonos más a la peña. El hayedo es sensacional. Árboles añosos, esculturas vivas, mil formas caprichosas. El antiguo camino asoma a tramos. Debió ser importante. El descenso es muy largo. El suelo alfombrado por un colorido tapín vegetal. Se islumbra la carretera. Hemos tirado mil ochenta metros desde la Cruz de Valdore.

El puente “artesanal” sigue milagrosamente intacto. Se cruza bien. Su final tiene sorpresa: no existe el último tramo, se lo llevó el río. Una vez cruzado el Ponga hay que saltar de una roca a otra para descender con garantías. De nuevo con ayuda pasamos todos. Es un placer volver a la vieja civilización después del fatigoso descenso por el bosque de Ancueva. Son las cinco y media de la tarde. Casi siete horas de ruta, rodillas machacadas, fijas en la retina las imágenes del bosque y... agujero en el estómago. A Puente Dobra que hay donde aparcar. La lluvia aguantó durante todo el día y espera a que pongamos el pié en Oviedo para descargar, furiosa.

Una nota conveniente: Cuando una persona se separa del grupo para hacer otro pico o alguna alternativa, conviene avisar a alguien para que en todo momento sepamos donde está la gente y podamos reagruparnos. Es algo elemental pero que a veces se nos olvida.

Para terminar el mes tenemos una ruta fácil por los Puertos de Maravio para subir al pico L’Obiu, al Pico Pelau y a La Mostachal. Está calificada como fácil en el calendario. Nos vendrá bien un poco de “descanso”.

FRESINES

jueves, abril 21, 2011

EL ESTALLIDO DE LA PRIMAVERA EN EL ALLER, VISTO DESDE PEÑA MELERA

16 de abril de 2011

9, 30 de la mañana. Puente la Muñeca en Cuevas. 750 metros de altura. Miramos desde la carretera la silueta de la Peña Melera. Impresionante. Comienza la ascensión. Seguimos el PR-AS 31.1, muy bien señalizado. Atravesando por la vallina Melera, senda muy trazada, camino cómodo aunque exigente. Al rato encontramos la zona de caliza equipada por la Escuela de Escaladores de Mieres. Tiene esta zona y otra encima de la fuente de Cuevas. Spits, chapas y reuniones. 45 metros de altura máxima y 100 vías equipadas con grado de dificultad de 6 +, para arriba. Nombres de vías muy soñadores, seguro que para vencer el miedo.

A media cuesta un pláganu crece literalmente empotrado en la pared caliza gris y rosada. Es sorprendente la fuerza con que la vida que se adapta a todos los medios, cómo se crea una profunda relación entre el árbol y la roca que lo sustenta. Pasamos bajo la Cueva Melera, por fin más altos que el bosque que en la collá ralea dando paso a áreas humanizadas como las majadas de Los Gallos. Hemos sudado los 530 metros de subida. Hay un sol espléndido y, a su luz, los matices del verde son incontables. Desde la majada podemos ver Cuevas y toda la subida a San Isidro. Una amplia revuelta hacia la izquierda siguiendo las marcas amarillas pintadas en las murias. Un buen número de airosos acebos en lo más alto, en la collá Los Gallos, justo antes del inmenso argayo que corta en un tajo toda la falda de la montaña.

Subimos a la Collá Cabera. Ya están varios compañeros en la cima. La ascensión la hacemos por una canal orientada al oeste. Peña Melera, 1541 m. Sólo por allí es practicable. Desde arriba la cortada sobre Felechosa está a pico. Existe un camino a través del bosque, pero lo buscaremos en otra ocasión. Peña Mea, el Retriñón y la Tabierna ante nosotros. ¡Cómo luce hoy la primavera! ¡Está Asturias que se sale! Al Sur el Fuentes, el Picón de las Rubias y el Nogales. Detrás de estas inmensas moles está la travesera por el Bosque del Gumial, tantas veces recordada como una maravilla natural. Habría que repetir la bajada por este santuario donde vive el urogallo. Cerrando todo este círculo, inmensa, altiva la Peña Reonda y la Panda, presidiendo en silencio estos rincones en los que habita el buitre. Algo más al Oeste nuestro querido Esborbín, acompañado de sus eternos compañeros el Cuaña y los Picos de la Liebre en la Sierra del Cuadro. Incluso en aguda mirada al norte distinguimos Coto Bello y el Pico La Texera, que visitamos hoy hace justamente un mes. ¡Qué lujo estar aquí arriba!

Al bajar de nuevo a la Collá encontramos una cabaña arrimada a la peña Melera, resguardada de todos los vientos. Ahora ya hay prisa por ascender a los Pandos. Vistos desde la derecha parece algo imposible. Pero a medida que nos situamos en lo alto de la Collá Cabera se nos va mostrando una sierpe natural por la cara sur que es la que hay que seguir. Delante nuestro la serpiente multicolor de veintitantos montañeros en la empinada cuesta. No cabemos apenas en la cima. Es un macizo calizo sembrado de agujas. La dura canal de acceso a Peña Reonda por el este se observa desde aquí con toda nitidez. Todo brilla al sol, todo esta verde, la primavera con todo su lucimiento. Todo ha brotado de nuevo gracias a este milagro que se repite cada año. El río Braña corre impetuoso por las laderas del Torres.

Son las dos menos diez y se impone continuar pues todavía hay un buen trecho de bajada por el valle Pedroso. Pasamos por varios mayeos muy bien conservados y rodeados de praderías primorosamente cuidadas. Polémico asunto el de las bañeras arrimadas a las fuentes. No son objetos de uso tradicional, pero cumplen a la perfección su cometido. ¿Habría que sustituirlas por bebederos más adecuados al entorno?

Vemos los Puertos del Fondil a nuestra izquierda, encrucijada de varios interesantes caminos montañeros. El brezo local (“Genesita legionensis”) es un endemismo cantábrico. Con amplias vueltas y revueltas encontramos pronto la senda (sigue bien señalada) que baja al Posaeru. Bajamos seiscientos metros en poco tiempo.

Las Peñas Pandos que acabamos de dejar se derraman literalmente sobre el río Pino, formando una estrechísima Foz con la Panda en la otra margen. No caben más que el río y la calzada romana. El ruido del río es ensordecedor. Las torrenteras se suceden saltando entre peñas. Junto al puente de piedra la Peña de los Bígaros nos recuerda que todas estas tierras estuvieron sumergidas bajo el mar. Observamos con atención un canal artesanal de desvío del agua hacia algún molino, hoy inexistente. Todo este paso es un Monumento Natural. Nuestro homenaje particular a los esforzados constructores del empedrado que pisamos. El río Pino tiene un corto recorrido de unos cinco kilómetros, encajonado contra la Serranía de las Fuentes de Invierno. Sus frías aguas descienden mil doscientos metros. La roca alrededor fue excavada por el río que modeló el mejor lecho por donde pasar.

El sendero que ahora recorremos es terreno de abedules, arces y fresnos. Los malvíses trinan a nuestro alrededor. Calmamos nuestra sed en Les Gavilanceres. Muy pronto estamos en el Molín de Peón hoy vivero de repoblación de alevines de trucha gestionado por la Asociación de pescadores "El Maravayu". Esta construcción fue levantada a finales del s. XIX para cumplir las funciones de molino y batán. Posteriormente pasó a ser una minicentral hidroeléctrica, hasta que se cerró en los años 50.

Entramos en el Pino. Está terminando obras de alcantarillado. Pasamos frente a la Casa del Corralón con puerta en el patio de arco de medio punto. En la Pola está el famoso “Moyón de la Corralá”, que para unos es un menhir, para otros un mojón medieval y para unos terceros un símbolo fálico, (vaya por Dios, ya estamos). También es famosa esta otra:


"Entre la Pola y el Pino

Hay una piedra redonda

Donde se sientan los mozos

Que vienen de la ronda"

Seis horas y media muy intensas, plenas vistas, totalmente inmersos en la naturaleza y ¡por primera vez en mucho tiempo sin barro en las botas! Bajamos a comer a Piñeres, al b

arrio de La Veguellina en donde nos sentimos como en casa.

Hablamos de la salida próxima a la Cruz de Valdoré y la Huérfana cimas próximas al Pi

erzu que serán una buena ocasión para corretear por Ponga, lo que nunca defrauda. La gente va cogiendo poco a poco forma suficiente para atacar el intenso calendario de mayo donde, si amas la montaña, no te puedes perder nada.

FRESINES

jueves, abril 14, 2011

UNA ASCENSIÓN CLÁSICA: LA ESPLÉNDIDA PARORÁMICA DESDE EL CELLÓN

9 de abril de 2011

Subimos el Puerto de Pajares por cómoda carretera. No siempre fue así. “Débese al obispo D. Diego de Muros la empresa de romper el aislamiento de Asturias con León haciendo construir las calzadas llamadas pedreres, obra no menos costosa que necesaria, por lo áspero y montuno del terreno que hacía casi impracticable el comercio..” (Noticias históricas del Obispado de Oviedo, citado por J.R. Lueje. “La Cordillera Cantábrica”. Pag. 86) Estes `pedreres’ fueron el origen de la construcción de la “carretera de Castilla” obra hecha por el Regente Gil de Jaz, que empezó a transitarse en 1829.

Llegamos a lo alto del puerto. Se ve en la distancia el pico. El Cellón nunca defrauda. El dos mil más fácil de toda la cordillera con sus apenas seiscientos metros de desnivel, seiscientos metros muy tendidos que hacen muy llevadera la marcha. A temprana hora nos preparábamos para comenzar la lenta ascensión. Nos lo tomamos con mucha calma. Ruta archiconocida, subida por la cordal de la Sierra de La Candanosa, a las Lomas de Bezmuy. Día diáfano, cielo azul intenso, calima al fondo. Pasamos junto a larguísimas trincheras de la guerra “incivil”, hoy casi rellenas de tierra, testigos mudos de la hazaña de Luis Bárzana, maestro de Castropol, y de la división de choque 57 que él comandaba, que fueron capaces de paralizar durante un mes el avance continuo de las tropas de Aranda. Todavía queda detrás de Casa Rucho un emplazamiento de tiro, situado en un pequeño promontorio. Es la casamata de la Candanosa en la que no nos fijamos. Mirando hacia atrás se ve la autopista a la salida del túnel de pando, y el sendero que recorre todo el bosque de Valgrande, recorrido por el grupo en una jornada agotadora y, por otro lado, muy musical

A las dos horas y media estamos en Compañones, que para algunos es el mismo pico Cellón y para otros es la cima anterior que tiene 1.999 m. Hay una placa a un montañero del ENSIDESA fallecido en 1975. Larga estancia en la cima. No tenemos capacidad humana para empaparnos de tanta belleza. Desplegada la naturaleza astur- leonesa nos enseña una geografía salvaje, desordenada, con hermosas vetas retorcidas sobre sí mismas en el Cordal de Los Llanos de Somerón, y con el dibujo de los marcadísimos valles leoneses de los ríos Camplongo y El Cuadro, que se juntan en la Mesta de los Ríos, pasado el pueblo de Tonín.

La postal que podemos divisar es soberbia: En dirección Oeste el Cuito Negro y Los Celleros, junto a las moles de la Carbajosa y el Negrón. Las majadas de Brañillín, regadas por el arroyo del Argayo. Mucho más al fondo los montes de León y Somiedo. Siguiendo la vista de las cuerdas, La Ubiña pequeña y la Grande, reinas del espacio, dominadoras, cubiertas por abundantes hielos, que sostienen contra su potente ladera los Castillines, el Siete, el Crestón y los dos Fontanes. En escorzo lateral la Almagrera, la Tesa y la Mesa con la marcada foz de Cadichera que intentaremos recorrer en agosto. Mes que para el grupo va a ser intenso porque también subiremos el Siete y unas semanas antes la Palazana, que tuvimos casi a tiro de piedra el año pasado en una muy montañera expedición.

Si nos giramos al Este bajo una inmensa pala de nieve está el valle de Valvaber. Tenemos que avanzar un poco más hacia la Collada Entrambos Puertos para poder observar Pendilla en su totalidad encerrada en un semicirco glaciar con el Alto de Hojas y los Sierros Negros como sus cumbres más señaladas. Justo detrás se puede apreciar la pista de subida a la collada Propinde y al Tres Concejos (2.020 m.), valle de Bustamores para arriba. El Pico Restiello de 1812 m. es la divisoria de aguas de los valles La Hoz y del Cuadro.

No acabamos de reconocer la silueta del Estorbín, desde esta vista lateral hasta que Jorge, experto como pocos nos da la pista definitiva: El Estorbín es el pico final de un fondo de valle. Así es fácil localizarlo y, siguiendo el Valle del Cuadro, se nos muestran todos los dosmiles de la Cordillera: El Cuadro (2.090 m) a la izquierda, El Camparón y el Robequeras al fondo (2.050 y 2.110 m), junto al Estrella de Cuaña de 2.080 m., llamado así porque en su cuenco superior la nieve brilla dando la impresión de que se ha formado una nueva “estrella” en el firmamento, según palabras del gran Lueje. A la derecha del Estorbín vemos el Bolero (2.043 m), el Alto de Campas Tiñosas (2.101 m.), la Peña Celleros (2.121 m.) y el Cueto Millaro o Brañacaballo (2.181 m). Si intentamos seguir el Valle del Bernesga la Sierra de Currillos parece una cuchilla afilada con sus cinco puntas.

Podríamos seguir con la descripción. Nuestras discusiones en las cumbres siempre son apasionadas aunque casi nunca llevamos los mapas de referencia.

-“Y ¿no te fijaste en el pico Fuentes, en el cordal de Carrocedo? ¿Lo que hay detrás es Peña Mayor?”.

-“¡Vale, home!. ¿pero viste al fondo el Jeje y el Huevo?”

-“¿Entós ónde ponemos el Bodón y el Fontún?”

Queremos verlo todo, dejar estas siluetas impresas en nuestra retina para recordar en días más grises la pintura de escarpaduras con un fondo azul. Javier Cubillas dice haber visto desde aquí, en una noche sin luna, las luces de León.

Tras esa larguísima parada va siendo hora del regreso. Antes pisamos La Pájara que estaba allí mismo. Bajamos buscando la pista que lleva a la mina Inés. Cerca de la pista encontramos una gran balsa de agua que daba servicio a la mina. Hay surcos importantes de alguna gran riada debajo de la piscina. Se sacó de aquí mucho carbón, y también se trajo hasta aquí mucho carbón desde el Musel.

Bajando por la pista llegamos enseguida a la Colegiata de Arbás del Puerto. Antes me asomo curioso al cementerio que tiene poco más de ocho tumbas, de donde se deduce que en la iglesia o alrededores debía de haber otros lugares de enterramiento pues el monasterio de peregrinos fue importante en la historia. El poblado de Arbás del Puerto surgió a partir de la edificación medieval de un hospital para atender a los peregrinos compostelanos que iban a San Salvador de Oviedo, y debían cruzar el temible puerto de los llamados ´Montes Erbasos´, ahora Pajares. La fundación del hospital se atribuye al Conde Fruela, cuñado del Cid. Posteriormente se levantó la iglesia, o Colegiata de Santa María, (quizás sobre la base de un anterior cenobio) a la que el rey Fernando I le hace varias donaciones. Algo más tarde el emperador Alfonso VII establece allí una comunidad de canónigos regulares de San Agustín: Había nacido la Colegiata.

Los pueblos compraron al Rey Felipe II su jurisdicción, en el año 1.584, separándose del señorío del Abad, y pasaron a ser de realengo, aunque parece que no de forma absoluta, pues el Abad siguió interviniendo en el nombramiento de Regidores y Justicias. Por lo que respecta a las posesiones de la Colegiata en prados, tierras y montes, su propiedad se prolongó hasta la época del ´Nuevo Régimen´, a mediados del siglo XIX, y concretamente hasta la cuarta desamortización; (Madoz, 1.866). En ese momento la Colegiata fue abandonada y los canónigos desaparecieron.

De aquellos siglos de esplendor, ha quedado la propia Colegiata y las doce casas de los canónigos regulares, (son seis casas más las cuadras) que - salvo una de ellas - se encuentran abandonadas.

Se conservó también una fresquísima fuente, frente a la iglesia, parada de rigor para miles de conductores de la ruta del Puerto. Allí, en el enclave del ahora cerrado ´Mesón Quico´ estuvo el desaparecido Hospital. Es curiosa la leyenda que atribuye a un oso y un toro la ayuda para la construcción de la iglesia. “Dice esta tradición que durante la fábrica del santuario, cierto virtuoso varón llamado Pedro, que en ella trabajaba acarreando materiales, oyó mientras dormía esta exclamación: "¡Pedro, despierta!", viendo entonces que un terrible oso devoraba a uno de los bueyes de su yunta, pero como inspirado se acercó a la fiera asturiana , que se le entregó sumisa, unciéndola al buey que le quedaba, pudiendo con tan singular pareja continuar en sus tareas de carretero”. J: R: LUEJE; “La Cordillera Cantábrica, pag 86). Hoy se rememora esta tradición en la portada occidental del templo en la que figuran la cabeza de un oso y la de un toro.

Ver el conjunto de la Colegiata desde arriba da una idea de la gran proporción de volúmenes que convierten este edificio en algo especial. Merece la pena visitar la iglesia, especialmente en la fiesta del ocho de septiembre. Existía la costumbre de socorrer a los peregrinos que arribaban a Arbas. Un canónigo tenía la obligación de tañer las campanas, los días de niebla o nieve, para orientar a los caminantes, que llegaban por el ´Valle de la Madera´, desde Poladura y Viadangos, después de pasar ´El Coito´. Otro los esperaba detrás de Arbas, en la collada llamada ´El Canto los Probes´. Los acompañaba al Hospital (ya desaparecido, que se hallaba enfrente de la iglesia, donde ahora el Mesón Quico) y les hacía entrega de socorro de Pan y Vino, a todos los que "humilde y devotamente lo pidiesen". Esta costumbre arranca desde que lo exigiera el rey Alfonso IX, en su peregrinación del 29 de septiembre de 1.216.

Después de un buen refresco en la fuente y con el asunto de la comedera pendiente, pues no encontramos fraile alguno que nos entregara el prometido socorro de pan y vino, decidimos, no sin discusión, bajar al Mesón Fontún en Villamanín. Aquí si fuimos socorridos por una fermosa mesonera que rauda y veloz nos instaló una reata de parasoles en la terraza. Restablecidos con buena cerveza pues aprieta el calor, damos cuenta con premura de nuestras viandas echando puyas constantes al programador de excursiones que no quiere planificar la subida al Fontún o Machamedio. Esta inconfundible silueta preside nuestro tardío almuerzo y es motivo de alguna controversia por la mejor ruta de acceso. Nuestro insigne programador de rutas pone las cosas en su sitio al reiterar que está harto de demandar de tan esforzados montañeros rutas alternativas por los valles leoneses. Pues eso: El Bodón, Los Currillinos, El Correcillas con su cueva del Moruquín... y muchas más, que todo lo queremos y a casi todo nos atrevemos

Y así pasando el rato nos acabamos convirtiendo en improvisados meteorólogos que, llena la panza, pronostican el cambio inmediato de tiempo visto que el viento sur está llenando el cielo de nubes espesas. Como no hemos sido buenos (grupo “anárquico” escribió de nosotros en la hoja de ruta), en cuanto posemos el pié en Oviedo nos mojaremos con abundancia.

Y ahora en serio. Tenemos en perspectiva LA PEÑA MELERA y El PICO PANDO. Los tuvimos a la vista en Marzo. Ahora pasan a ser nuestros objetivos. Subiremos desde Cuevas en el Aller para bajar después por las Foces del Pino al pueblo del mismo nombre. Es una ruta que lleva su tiempo y para la que conviene estar entrenado. Por ese lado no tenemos problema pero veremos cuando llegué el verano.

FRESINES

miércoles, abril 06, 2011

NUEVO INTENTO DE ASCENSIÓN A PEÑA SIÑA

2 de abril de 2011

Otra lucha contra las inclemencias del tiempo. La niebla muy cerrada no nos dejó hacer pico, pero la jornada en sí fue muy aprovechada en estos apacibles rincones escondidos de la variada geografía pongueta.

Salimos de Oviedo con ligero orvallo. Amenazaba agua para la tarde. Era nuestro segundo intento al Pico Teyéu en la Peña Siña. La primera vez la cantidad de la lluvia que nos cayó encima nos impidió disfrutar a gusto del paisaje.

Esta vez lo hicimos algo más fácil, pues el autocar nos subió hasta Pen ahorrándonos un buen tiempo de subida. A las diez y veinticinco caminábamos por la carretera que baja a Villaverde. En el desvío previsto (un caserío aislado) nos doblábamos a la derecha para ascender por la pista que nos habría de conducir al Collado La Valleya. La niebla cada vez más espesa. Hubo que reagruparse para seguir todos juntos. Breve estancia en el Collado. Decidimos no subir por la falta total de visibilidad. Habrá que preparar un tercer intento. El progreso hasta aquí fue rápido y nuestro sudor nos costó.

Nos encaminamos luego hacia la canal del Valleyón, que tiene evidentes restos de explotación minera. Todavía se mantiene un cable para bajar los cangilones. En la escombrera restos de malaquita y azurita. Estos carbonatos de cobre acompañan con frecuencia a las formaciones calizas. Bajamos la canal buscando un buen camino que comunica las cabañas. La niebla a esta altura era mucho más ligera y nos permitió orientarnos con mucha más facilidad. El paredón que teníamos enfrente era el Porro Moneru de 739 metros y detrás de nosotros debimos dejar el Pierzu y el Carriá. Afortunadamente en esta ocasión la senda estaba libre de escayos por lo que pudimos pasar sin dificultad.

Oíamos al arroyo Carmeneru, cantarín. Atravesamos el bosque del mismo nombre repleto de ablanos. Llegamos a la riega abundante de aguas y que se va cerrando sobre las paredes del Porro Moneru formando una impresionante foz llamada de Carmeneru en algunos mapas y de Palombierda en otros. A su salida unas pequeñas cascadas en una sensible bajada del nivel del cauce. El calor de la semana pasada derritió mucha nieve haciendo bajar aguas turbulentas. La senda que seguimos por encima del cauce es preciosa, preciosa, preciosa. Sólo faltan trasgos escondidos bajo alguna faya centenaria, pues el Grupo de Montaña ya pone varias “xanas”. Por este camino paralelo al río llegamos a la braña Cornieru que tiene una buena casería hoy amenazada de ruina porque ya nadie quiere vivir en tal aislamiento.

Estábamos en terreno conocido. En la anterior excursión buscamos con detenimiento un puente para cruzar el río ancho y crecido. No conocíamos la salida natural de este valle. Tras breve subida entramos al sedo que serpentea por la Cuesta Siña. Un impresionante trazado que permite salvar una pared casi vertical. Solo esta bajada ya justifica una aproximación a este rincón perdido de Ponga. Siguiendo la buena senda pasamos por encima de Siña, que esta vez, como la anterior, solo unos muy pocos se acercó a vidsitar. Recuerdo todavía con nitidez la Torre de Siña, edificio de cantería abandonado por la incuria en espera de mejores tiempos, un edificio que fue el centro de una intensa vida comercial. Pasamos junto a la ermita San Antonio, después de habernos incorporado a la pista hormigonada que nos deja en Villaverde.

Desde esta altura la vista de Argolibio es como de postal. Se ven algunas construcciones nuevas en la distancia. A la salida de la aldea de Villaverde nos esperamos unos a otros. Un pastor nos indicó que había un buen camino que bajaba hasta Santillán, paralelo a la Sierra de Trexerru. La descripción que llevábamos del grupo La Curuxa, nos indicaba que por ese sendero se podía pasar a Los Llanos hacia Precendi. Los pocos que siguieron esta ruta llegaron una hora antes y ¡no se mojaron!

El resto, obedeciendo a Don “Gepe Esé”, bajamos carretera abajo camino de Argolibio. Íbamos buscando un “beyu” para atravesar la Sierra de Trexeru por el Sureste. En una de las revueltas de la carretera entramos por un camino a una casería en casi ruina pero con una espléndida panera de hojas talladas. (Queremos ver esas fotos, Pablo). No encontramos más paso que atravesar la pradería al río Carmeneru que discurre muy por debajo de la cimera aldea de Argolibio a los pies de la Sierra de Valdeoña. Muy guapo río, perdido entre castañares. Corre fuerte el agua. A partir de aquí se puede cruzar el crecido regato de varias maneras: Saltando con mucha habilidad entre las piedras, o haciendo equilibrios sobre un improvisado y temblón tronco, tal vez mojándose las botas para comprobar si ponen el goretex también por dentro, o entre los amorosos brazos de Clemente que da buena seguridad. Otros, más prudentes, vuelven sobre sus pasos para buscar el “Camín Real de Amieva” (P.R. 149) que arranca un poco más abajo por la carretera, en una cerrada curva y traspasando una portilla de forja. Por cierto según algún libro este mismo sendero de Pequeño Recorrido (no Punto Romántico, querida) se puede coger ya en la misma ermita de San Antonio. Es una antigua calzada romana que se bautizó como “Camín de la Reina” cuando pasó por ella Isabel II en dirección a Covadonga.

Una vez que estamos en este marcado camino pasear por aquí es un nuevo placer para los sentidos. Una ruta entre castaños centenarios en formas caprichosas. Han sufrido un incendio reciente pero algunos ejemplares añosos han revivido a pesar de estar semicalcinados. Pasamos por encima de otra foz de la que no sabemos su nombre. Otro rincón para no olvidar. Perdiendo altura poco a poco nos acercamos al Sella, rugiente con su gran avenida de agua. Caudal que aumenta cuando el poderoso río Cormeneru desaparece en el gran Sella de borboteantes aguas. Poco después pasamos el puente Les Vegues, un arco de ladrillo. El camino está poblado de bellos rincones y de restos de antiguas corras.

Llueve intensamente. Estamos cerca, pero no se acaba nunca. Los carteles nos informan del desvío que en ruta hacia Pen nos permitiría seguir por la ruta del río Beyu, “El encanto de la mitología”. Atravesamos el Sella por el puente Precendi. Todavía no es nuestro destino. Seguimos bajo el aguacero un kilómetro más. Sólo nos queda cruzar el puente colgante para entrar en Santillán y poner fin a esta esforzada ruta que nos ha llevado a recorrer unos veinte kilómetros en siete apuradas horas. Pena de tiempo. Hubiera podido ser todavía una ruta más disfrutada si hubiéramos podido acceder a la balconada del Teyéu sobre los Picos de Europa. Pero no nos quejamos, la jornada, aunque cansada, estuvo bien. Como decía el filósofo “no se ama con profundidad algo que no se ha sufrido previamente”. ¿No se está describiendo con acierto nuestra afición a la montaña? Comimos en Puente Dobra, en el restaurante del mismo nombre, a la izquierda de la carretera camino de Cangas de Onís y quedamos muy agradecidos por el trato recibido, como no puede ser menos. Volveremos a los altos de Siña, seguro.

Para el día 9 de abril lo previsto en la hoja de ruta es subir al Cellón desde Pajares, unos setecientos metros de ascensión, de allí pasar al Pico Pájara y volver a Arbás del Puerto en una ruta casi circular. Puede estar nevado todavía. Para esta salida necesitaríamos una pequeña ayuda con el tiempo. Pero estamos seguros que con el Grupo Las Xanas que no hay salida pequeña. Así que ánimo y a la Cordillera de nuevo.

FRESINES