martes, agosto 28, 2012

HICIMOS LA CIRCUNVALACIÓN DE LA PEÑA SANTA: OTRO DE LOS HITOS DEL GRUPO LAS XANAS


CRÓNICA DE NUESTRA INCURSIÓN POR LAS SENDAS MÁS RECÓNDITAS DEL CORNIÓN

 24 y 25 de agosto de 2012

Después de las ascensiones a la Ubiña, al Morronegro y al Tercer Poyón teníamos que poner el broche de oro a este montañero agosto y nada mejor para ponerse a ello que intentar circunvalar la Peña Santa. Estamos hablando de un inmenso paredón único por sus dimensiones: unos 1.800 metros de largo, 600 de alto y unos 875 metros en su parte más ancha. Dieciocho cumbres en su larga extensión, la mayoría de ellas por encima de los 2.300 m. Y con tan pocos pasos practicables que los pocos que hay se han convertido en nombres de referencia para los montañeros: La Forcadona y el Boquete.

El viernes 24 salimos de Les Valeres junto al lago Enol. Animados, bastante cargados para pernoctar en el refugio de Vegarredonda. La subida bastante buena, sin prisas, la mirada puesta en las Cebolledas y los Argaos, que luchan por sobresalir entre las nubes espesas que las abrazan. En el refugio bien, trato amable, ambiente montañero, un chupito y pronto a dormir que mañana nos espera una paliza. En una excursión de vaciamiento de cañerías a las cuatro de la mañana nos informa el excursionista madrugador: “esta orvallando, todo cubierto”. Se oyen maldiciones.

Es igual. Seis y cuarto de la mañana toque de diana. Desayuno a las siete. Un aliento a los más pesimistas: el altímetro está subiendo. Con Carrete todo nervioso salimos a las 7h 40. La encainada nos envuelve. La Llampa Bajera parece una exposición de salamandras: hay un montón de ellas, felices en esta terrible humedad. Sudamos lo nuestro. Sin poder ver el Porru Bolu, tapado por la nieblona, torcemos hacia la Fragua, a la que llegamos una hora escasa después. Esto es volar por el monte, señores. Primeros jirones de sol peleando con la niebla. Al paso por la Torre de Lueje hemos atravesado la nube. Nos apresuramos por las Barrastrosas, entre continuos sumideros. Debajo el terrible Jou Sin Tierri. Sembrado de enormes piedras. Entramos al Jou de los Asturianos

9h 30. A 2080 m, con el caminillo que por las coladas lleva a Los Traviesos. Largo descenso por el Jou, bordeando su parte izquierda. Se agradecen estos primeros rayos de sol. Espectacular la repentina aparición de la Torre de Enol entre las nubes espesas. La Grieta Rubia luce espléndida con sus tonos pardos. Algunos pasos de la senda se hacen por los llambriales. No importa, hay experiencia en estos pasos.

Llegamos a la Boca del Jou Santo (9 h 55, 2089 m.). Un amplío y angosto valle se abre a nuestra izquierda.  Los neveros del fondo hacen círculos concéntricos. Al fondo la torre de la Horcada llena todo nuestro horizonte. Bajamos un poco para volver a subir. Los rebecos curiosean a estos extraños bípedos. Ahora asoma, por fin la Torre de Enmedio. Todo el circo está cerrado con  Las Tres Marías y la potentísima Torre del Torco. Llegamos al Collado del Jou Santo. Primera vista del Espolón Norte de la Peña Santa, espléndida arista que se adentra en el anfiteatro. Deja a sus pies el nevero central. Los neveros están a estas alturas del año, coloreados de rojo por la acción de unas algas.

Por fin esta gente para algo. Hay varios improvisados vivacs para atacar desde aquí las cumbres. Son las 10 h 20. (2.112) m. Enorme el silencio, el paraíso de la caliza y el verde. Para Jorge Pablo no hay otro lugar de Asturias con esta extraña mezcla. Este era otro de sus paisajes míticos. Los grandes cantos caídos por las pedrizas y por el fondo del valle nos recuerdan que este monte está vivo, desgastado por la erosión, pero sobreviviendo a los embates del tiempo.

Subimos hacia el Collado de la Forcadona bordeando el Neverón. Puro hielo, tenerlo respeto. Algún trepe sencillo. Estamos arriba. 2.304 m. y son las 11 h 22 La roca está helada, el viento hace daño en las manos. No hay más remedio que seguir en movimiento. Sólo tiempo para una breve ojeada al valle de Sajambre que resplandece de verdor, coronado por el Jario. Bajamos lentos, pero con total seguridad. Hay buenos agarres y la única preocupación son los cantos sueltos tan abundantes. Nos cruzamos con dos chavales que suben como motos a la Peña Santa. No son muy habladores. Su compañero, que viene detrás, no respira en el esfuerzo por seguirlos. La tan nombrada Forcadona es un estrecho y empinado corredor entre la misma Peña Santa y la Torre del Torco. Es un orgullo ver bajar a este grupo con tanta seguridad y aplomo.

Bajamos también la Llerona. Estamos en terreno conocido: el camino que viene del Jou de las Pozas y bordea la vertical aguja del Corpus Cristi. Y es un sendero casi llano. Es la primera vez, de las varias que he pasado por aquí, que entiendo por qué llaman a la aguja siguiente la del Gato. Mirad las fotos y lo comprenderéis. Son las 12 h 10 y hemos bajado hasta los 2132 m. Casi en horizontal nos vamos a la fuente de Vega Huerta para comer algo y reparar fuerzas. Sólo un escaso cuarto de hora que los dos sargentos nos están apurando. Unos montañeros que están por allí nos echan las cuentas de lo que podemos tardar hasta el Boquete. ¡Cuatro horas dicen! Qué pinta de derrotados debemos tener.

Vamos a demostrarles que no es así. Arrancamos a las 12 h 55, por terreno incómodo lleno de sumideros y desniveles. Vamos cogiendo altura por los contrafuertes de los Basares. Los puertos de Cuba están bastante empinados. Llegamos a los Puertos de Cub, 1957 m. Vaya vista hay desde aquí: todo el Central, con las canales de Moeño y Dobresengos marcadísimas. Los inicios de las bajadas de Capozo y Mesones bien trazados. Suavidad de la pradería en contraste con el macizo de la Bermeja. Y Asotín bajo el Friero, y, atentos, se ven las últimas casas de Caín.

Es el espectáculo de la naturaleza en estado puro. No hay apenas indicios de la civilización por ningún lado. Las 13 h 45 y a 1957 m. Hacemos la primera foto de grupo y empezamos a subir por un pedregoso cantil atravesando en diagonal por la Colladiella. Los mapas indican dos caminos: uno de ellos va recóndito entre la Cerra del Frade y la Cerra de Cuba hasta alcanzar los Torallos Verdes. Nosotros preferimos seguir el camino más alto que gira a la izquierda. Es el marcado por jitos. Subimos por los cantiles sin más apoyo para los pies que los “piquitos” que sobre salen apenas dos centímetros de la dura roca. Cruzamos los Vasares y tras un descenso pronunciado, entramos por fin en el Boquete hora y media más tarde. Son las 15 h 20 y estamos a 2007 m.

 Por fin se ven las dos cumbres de Piedra Lluenga. Alguien comenta  que quién habrá estado tallando con la navaja la profunda joroba entre las dos cumbres. Es el paraje más solitario que uno haya visto nunca. En varias revueltas, atentos a los hitos, bajamos al Jou Santo. Comienza una larga subida. Ahora nuestro camino discurre bajo Los Traviesos (o el Alba) y la Canal Parda. El cansancio hace mella en las piernas. Un grupo de gente baja por Mesones a Caín. ¡No les queda nada! Pero cuando les decimos que queremos llegar a Enol esta misma tarde nos miran como diciendo “probes”.La cuesta no es muy pronunciada pero no se termina nunca. Algún amago de “pájara” con lo que lo sensato es parar para avituallar y beber. El silencio  se hace denso.

Llegamos al Collado del Jou Santo sobre las 16h 10. Se oyen voces de piquistas colgados de la Peña Santa. Les buscamos por la Canal Ancha y por la Angosta. Pero no les vemos. Debemos ser hormigas para ellos. Hace nueve horas que salimos.  Ahora sólo nos queda desandar lo ya hecho. El círculo está completo. Así que nos lanzamos por el Jou de los Asturianos arriba hasta alcanzar los 2.041 m. Luego ya todo es bajar: Las Barrastrosas, el Collado de la Fragua, la Llampa Cimera. Estamos atravesando otra vez la niebla.

La cantinela más frecuente es que cuánto falta para el refugio. Todo llega, hombre. En Vegarredonda a las 18 h, tomando un café caliente, recogiendo bultos y tirando para Sohornín. Ya sólo quedan las fuerzas de la reserva. JJ comenta que por qué no hacemos caso a nuestras rodillas que dicen basta, a nuestros pies prisioneros en las botas, a nuestras piernas que piden sentarse... Llegamos por fin los últimos, a las 20h 24. Doce horas y tres cuartos de dale que dale, pocas paradas, 30, 5 km. según el aparato. Pero felices a pesar del cansancio.

Si tuviera que poner algunos calificativos diría que ha sido muy duro pero emocionante, una borrachera de sensaciones, una ruta que alguna vez había que hacer, con el privilegio de visitar lo que está oculto a los simples mortales. ¡Somos montañeros, lo hemos visto y sentido, nos lo hemos ganado a pulso!

Para convocaros a la ruta de la próxima semana, estrenando la primera de septiembre, un casi descanso comparado con lo de hoy. Vamos al Cantu Carbonero de 1.996 metros subiendo por la Canal de Misa y bajando por la Peña Beza. Es uno de los mejores miradores del Cornión, que tanto hemos pateado este agosto.

FRESINES

martes, agosto 21, 2012

PUSIMOS UNA PLACA EN LA UBIÑA EN MEMORIA DE JORGE PABLO


18 de agosto de 2012

Peña Ubiña de 2.417 metros, es la cúspide de la Cordillera Cantábrica. Para los pastores leones la Peña. Sólo en Picos de Europa y el Alto Carrión se supera esta altitud. Además, es una brava montaña caliza, con afiladas aristas sostenidas por paredes de muchos metros, que le dan un sabor especial. El enorme peñasco que forman la Peña Ubiña y su vecino Fontán (exactamente la misma altitud) es el Macizo de Las Ubiñas en su conjunto.

Esta montaña está además rodeada de hermanas menores bastante más bajas, pero también con carácter, surgiendo bruscamente de una tierra suave de pastos ondulados, formando el conjunto un entorno muy montañero y muy bello.

De Torrebario al Collado Ronzón hay que salvar casi setecientos metros de altitud. Dos kilómetros. La desviación de la pista esta señalada. Tardamos hora y media en llegar al collado que separa las dos Ubiñas. Enseguida, ganando altura en diagonal por la falda de Peña Ubiña, encontramos la senda, cruzamos la alambrada y nos situamos en el lomo herboso.

Comenzamos  la superación de esta ladera, ceñidos a la cuesta, haciendo los zig-zags necesarios para suavizar la durísima pendiente. El prado se fue tornando pedregoso hasta convertirse en un arroyo de piedrecillas  movedizo e incómodo bajo un visible corte en una banda de roca. En cuanto pudimos, al alcanzar el primer embudo, procuramos buscar la roca de la derecha. Ganamos altura por esta ladera empinada,  con cortas superaciones de algún escalón (I), La ladera está formada por placas de rocas muy fracturadas y llenas de repisas y apoyos. Así salimos al balcón natural que da vista a toda la Babia. Hemos subido unos 100 metros en unos veinticinco minutos. Es curioso: empiezas a mirar las montañas del entorno y todas van encogiendo a medida que tú tiras para arriba.

Al acabar la roca, antes de lo que esperaba, nos encontramos a la vista del jito de la  cumbre Sur, al otro lado de unos 50 metros de rampa pedregosa que se supera ya sin destrepes. El altímetro marca 2.384 metros. Nos hemos aupado otros 300 metros y ahora ya se divisa, aún lejana, la cumbre principal.

Sólo nos quedaba atravesar el largo corredor de una cima a la otra, corredor con algún paso aéreo y desde el que se aprecian los profundísimos barrancos y canchales de la cara oeste primero y luego las interminables pedreras de la este. Sobre la una estamos arriba todos, treinta y Claudia, que todavía no ha cumplido los once. ¡¡Bravo montañera!! Los dos buzones, las dos placas en recuerdo de accidentes, una sensación increíble estar aquí de nuevo, ¡cómo se ensancha el corazón ante esta amplitud de horizontes!

Nos acercamos al extremo Norte. Por aquí llega la vía que viene desde la cresta del Prau Capón, y en la que hay que superar un auténtico muro con pasos PD inf. De perfil se ve impresionante la subida a la Puerta del Arco. Parece mentira que subiéramos por allí. ¿Y la bajada por el Canalón? Debajo del primer Castillín un ligerísimo trazo pardo en el pedrero, muy inclinado, por el que descendimos a la senda de Les Merines.

Sube una pareja por la Canal de Las Fanas desde Terreos. Es mala subida, este sí, un auténtico arroyo de piedras, un arroyo que fluye al menor descuido. Aprovechamos que se va un grupo de unos diez o doce para centrarnos en lo que hemos venido a hacer: Poner la placa en recuerdo de Jorge. Es a lo que nos habíamos comprometido en navidad cuando nos comunicaron la triste noticia. Fijamos la placa con buenos pernos y pronunciamos estas palabras dedicadas a él:

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Existe en nuestra sociedad un raro grupo de personas que sienten hacia las montañas una admiración y un respeto que les impulsa a internarse en ellas, recorriendo sus valles, subiéndolas o escalándolas, sintiéndose insignificantes frente a su grandiosidad. Estoy describiéndote y describiéndonos.
 
Hace unas semanas leíamos en una publicación semanal que en algún paso en las cordadas en el Everest podían llegar a formar filas de hasta  trescientos “aficionados” (no sé si montañeros) que han pagado por subir y que quieren ver cumplido su sueño. Vale. Para esa gente los motivos son otros: poder adquisitivo, afán de ostentación, una valoración material de la naturaleza y del hombre que la recorre.
Nada que ver con nosotros, nada que ver contigo, Jorge. De ti oímos siempre otros valores. En nuestras largas conversaciones por esos montes perdidos supimos que la montaña era para ti lo más opuesto a la competencia, era una manera de buscar la verdad sobre nosotros mismos y el sentimiento de lo pequeños que somos ante torres como esta Gran Ubiña . Todos tus años de experiencia y práctica montañera implicaban, con toda seguridad, una forma de educación, que en tu caso mamaste desde bien pequeño, en la que lo que importa al final es conocerse a uno mismo, saber con que bagaje físico y mental cuentas, cuáles son tus límites, el poder siempre contar con el grupo al que perteneces, el poner a disposición del grupo tu potencial y tu experiencia. Esto último, Jorge, lo hiciste en abundancia.
La frase que mejor expresa lo que hoy te queremos decir es de Goethe: Subir montañas “para encontrarse uno mismo en el infinito”. Jorge, este fue uno de los ideales de tu vida. Hoy te queremos renovar nuestra admiración y nuestro agradecimiento por tantas cosas. Esta pequeña placa quiere quedarse aquí, bien amarrada, para que cada vez que miremos de lejos la cima de la Ubiñona, en este cruce de vientos y horizontes, recordemos tu mirada contemplativa y muda, y esa sed de infinito que ,estamos seguros, viviste intensamente.
Queremos levantar nuestro vaso como sincero homenaje para brindar por ti, por nosotros y por todos los montañeros que aman los bravos montes de la cordillera. Tu grupo LAS XANAS, está aquí hoy recordándote. ¡POR JORGE!>>

Brindamos con emoción contenida. La placa quedará para siempre. Adiós, amigo. Tenemos que bajar. Desandamos todo el camino. La bajada es entretenida aunque no presenta problemas. A la una estamos sentados a la sombra en Las Vallinas. Falta mucho por bajar. Por Las Argaxadas vamos buscando los mejores pasos de bajada del arroyo Ronzón hasta encontrar la pista del Valle de Corrales.

Nos parece que bajar a Villagusán nos obliga a un rodeo y ahora aprieta el calor. Así que vamos buscando la manera de atravesar faldeando el monte hasta llegar a Torrebarrio.  Una buena fuente se agradece. Bajamos a comer a San Martín, nuestra sede tevergana. Día muy completo y de una belleza extraordinaria.

La próxima semana tenemos la circunvalación de la Peña Santa. Ya sabéis: pernoctando en Vegarredonda alcanzaremos el sábado que viene el collado La Fragua para subir a continuación al Collado del Jou Santu y bajar por La Forcadona a Vegahuerta. Allí cogeremos la senda de los puertos de Cuba para subir por El Boquete al Jou Santu y volver a Vegarredonda. Es una ruta larga y exigente pero el nivel que está demostrando el grupo hace suponer que será una magnífica excursión.

FRESINES

viernes, agosto 17, 2012

EN EL MORRONEGRO Y LA SIERRA MASERONA: HICIMOS SEIS CUMBRES


11 de agosto de 2012

La ruta de hoy tenía muchas posibilidades. Toda la sierra de los Maserones desde el emblemático Morronegro hasta la última cima que está prácticamente encima de Torrestío. Cumbres todas por encima de los 1950 metros. El único inconveniente a la vista podría ser el fuerte calor que llevamos disfrutando una semana.

Aparcamos en Torrestío a donde pensamos volver a la tarde. El pueblo está muy arreglado. Siempre es un sitio con encanto y su gente es muy acogedora. Vamos por el Valle Valverde con buena progresión a pesar de que la solana comienza a apretar. Tras una hora de buen camino que se pierde en las praderías, llegamos a la caseta alta para retomar el camino que nos lleva al collado Quexeiro. Compañeros más impacientes se tiran a cruzar el arroyo Valverde para faldear las primeras estribaciones del Morronegro.

En la collada Quexeiro se cruzan varios caminos: la subida hasta la Calabazosa, la bajada a La Majúa, el camino del río Valverde y la senda que sube al pico Pialdá, antesala del Morronegro. Comenzamos a subir. En una hora estamos muy cerca de coronar. Orillamos esta cima que nos aparta ligeramente de nuestra meta. Hasta aquí llevamos dos horas escasas. Una brisa intensa nos ayuda refrescando el ambiente pero dejándonos la sensación de sed permanente.

A la vista toda la pared de subida al Morronegro. Este pico es un triángulo se mire por la cara que se mire. Y además un triángulo bien agudo. Se nota por lo inclinado de su pared norte, que es la más suave de sus aristas. Haciendo un esfuerzo seguimos hasta lo más alto. Tardamos treinta y cinco minutos. Arriba se está tan bien que nos tiramos tres cuartos de hora de charla y contemplación. Hemos subido a casi todo lo que tenemos alrededor, que es mucho: El Montihuero, Los Años, La Orniz y la terrible bajada de La Cervata, la Peña Congosto, El Solarco, El Ferreirúa, Los Huertos del Diablo, el Prau y los Fontanes, el Siete, los Castillines y la Puerta del Arco. La próxima semana andaremos por la Gran Ubiña en homenaje a nuestro recordado Jorge, amante fiel de estas montañas.

Ahora toca empezar el rompe piernas que tenemos previsto para hoy. En un golpe de vista se abarcan todas nuestras próximas subidas. Toda la sierra de la Maserona forma un amplísimo arco, que engloba el antiguo glaciar del que nace el río Valverde. Las pedreras son el resultado de la fortísima erosión de la cuarcita. Algunas rocas, en sombra todavía, nos devuelven todo el helor de la noche al tocarlas. Pasamos con facilidad a la cumbre Sur del Morronegro. Bajamos por la lomera. El terreno es cómodo y despejado. Alcanzamos con una pequeña ascensión el Pico La Loma. Cuatro horas justas. Foto y seguimos. Bajamos hasta la loma que arranca al Valverde. Pero nosotros seguimos hasta El Arca que se asoma provocadora en el horizonte. Es roca casi negra. Se ataca por la izquierda de la cima teniendo en cuenta que la aproximación es algo incómoda por la vegetación baja. Roca muy erosionada.

            Justo en frente hay una cima de color negro, de 1989 m. según el mapa.  La mayoría de la gente se lanza a subirla echando las manos en varias trepadas por un pequeño corredor meridional donde se acaba formando un atasco. Avisos de advertencia porque es una roca muy descompuesta, muy poco asentada y que puede dar sorpresas. Afortunadamente la bajada es tendida por el lado norte.

            Sin más complicación buscamos la siguiente cumbre atravesando por un  resalte de cuarcita llena de líquenes que hace las delicias para los rebecos del grupo. Con una suave bajada y un poco de subida pisamos El Azmón. Cuatro horas y tres cuartos llevamos. Torrestío muy por debajo. Ahora empieza lo bueno: no hay ningún camino trazado. La hoja de ruta de Raúl Fernández Velasco propone volver a la cota de 1942. Más o menos eso hacemos pero empezando a tirarnos ladera abajo La vegetación alta, las raíces incómodas, la inclinación notable, las piedrecillas sueltas, la bajada a “pelo gochu”... UNA XANADA al uso, para salir mucho más abajo y una hora después a los prados de La Vallunga donde hasta las caballerías nos miran extrañadas pensando de dónde ha salido tanta gente. Casi enseguida ya encontramos una pista de la que saltamos hasta la siguiente para encarar el puente por el que entramos al pueblo hartos de tanta bajada y con las rodillas temblonas.

            El “refrescao” en el río después de siete horas y cuarto es un alivio. ¿Quedará cervecita? Allá vamos a comprobarlo.

            Como os dije antes, Ubiña la Grande es nuestra próxima etapa. Colocaremos una placa homenaje a Jorge en este lugar especial que tantas veces recorrimos. “Las montañas nos han obsequiado con su belleza, y nosotros las hemos amado con la ingenuidad propia de un niño y reverenciado con la veneración que un monje siente por lo divino.”  (Maurice Herzog) ¿No veis que está hablando de Jorge?

FRESINES


           

miércoles, agosto 08, 2012

SUBIMOS AL TERCER POYÓN EN EL CORNIÓN

4 de agosto de 2012

Volvemos a las crónicas después de las actividades que hicimos con el Alpino por los Pirineos aragoneses. El GM Las Xanas intentó el ascenso a la Cruz en el Mampodre desde la collada Valverde. Actividad que no se pudo realizar por la niebla. La apuntaremos para el calendario del próximo año.

Volviendo a este primer sábado de agosto teníamos muchas ganas de volver a nuestros siempre añorados Picos de Europa. Y nada menos que subiendo a la torre de los Poyones, la tercera de la fila, una desconocida para la mayoría de nosotros.

Hacemos el conocido camino de Vegarredonda. Tres cuartos de hora al mal llamado Pozo del Alemán. Nos esperan 950 metros de subida. ¿nos permitirá el mal tiempo llegar? Nubes bajas en el horizonte. En hora y media estamos en el Refugio  Viejo. Hacemos provisión de agua. Afortunadamente no vamos a pasar calor. Buena parte del grupo tira hacia Ordiales. Doce montañeros por la Llampa Cimera. Hoy no está nuestro añorado Manolo marcándonos el paso, esa manera calma de subir que resulta ser contundente. Taboada le remplaza. La Llampa Cimera siempre pesa en las piernas. Cuando superamos el Porru Bolo las densas nubes se han difuminado. Algo más altos en la zona del Llano Las Pozas cortamos por la derecha hacia la base del Cuetu Llago. ¡Qué buena pinta tiene! Y es fácil de subir. Entramos al Llagu Cebolleu o al Llagu Seco. En este agosto está efectivamente seco. La belleza de la roca impresiona. Las manchas verdes entre la caliza blanca son una fenomenal adaptación de la vida en las condiciones más extremas. Pasamos al Jou del Requesón, bellísimo, pura desnudez de la piedra, mil formas caprichosas, manchas anaranjadas entre las coladas grises. Qué pequeños somos rodeados de torres.

Bordeamos el primer Poyón. Hay que dar un amplio giro a la derecha. Estamos en una de las zonas más desconocidas del Cornión. Aquí sólo habitan el rebeco y el buitre y esporádicos montañeros que se atreven por esta soledad. Es la una y diez y estamos a 1890. Encaramos la fuerte subida a la Horcada Vaquera. Vemos fósiles marino incrustados en las rocas del camino. Sobre las dos estamos en la base del Tercer Poyón. Dejamos las mochilas. Hace aire y está cubierto. Un día perfecto para escalar.

Entramos por una vira diagonal que al poco tiempo pide echar las manos para superar la primera cortada. Sin dificultad. Hay buenos agarres y pequeñas repisas para los pies. Un poco más arriba un canalizo con una amplia roca incrustada en medio. Hay que sortearlo por el tubo o saliéndose un poco más hacia la derecha. No hay mucho patio por lo que también se pasa sin problemas. Sigue un amplio corredor herboso en ascenso hasta una terraza pequeña. A partir de aquí algunos siguen una diagonal centrada entre dos grandes bloques, que tiene el inconveniente de una gran roca abombada que hay que superar. Los que vamos a la zaga descendemos un poco para encontrar por la izquierda un canalizo que asciende hasta la cumbre. Además hay jitos. Luego un giro a la derecha y entramos en la línea cumbrera. Una gran sensación. La subida ha sido una continua superación con sus dosis de adrenalina incluida. Entretenida y divertida.

La sensación en la cumbre es muy placentera. La cara oeste del Requesón domina todo. En foropicos hay varios relatos de ascensiones en trepada libre por los canalizos. Produce sudores pensarlo. Debajo nuestro está el Segundo Poyón, más modesto en altura pero sólo accesible con cuerdas y clavijas. Su primera ascensión fue la Blanco-Rodríguez en 1974,  mientras que la subida por la oeste del Tercer Poyón fue un año antes con pasos mucho más sencillos (III +) que los del Segundo.

Tenemos buena vista a los Sedos de Onzaina, a la Torre de la Canal Vaquera y al Cotalba. Hay gente en este último. A nuestra derecha Ordiales y el lago Enol. El panorama de cumbres delantero absolutamente rotundo: La Torre de Enol, el Torco, la Torre de En medio y por encima del Jou Lluengu Los Estribos, la Cabra, el Diente y la Garita Cimera y Bajera. Rodeando al Jou de las Pozas que recorrimos hace tres años y que nos maravilló por su belleza increíble.
Media hora de subida, diez minutos en la cumbre, veinte minutos de bajada. La temida bajada resulta ser bastante más fácil de lo que pensábamos. Decidimos bajar en directo por el Jou del Juñazu, superando varias cortadas para llegar a los Jous de Huerta, y rodeando unos peñascos finales salimos a los Campos de la Torga, donde encontramos el camino de Ordiales. La bajada está bien jitada para sortear los grandes desniveles. Llegamos a la zona de los lapiaces “esculpidos” en la zona del Horcau. Siempre nos admiran.

Bajamos al refugio. Quedamos con Marta para finales de mes cuando intentemos la circunvalación a la Peña Santa. Salimos del refugio con algo de agua. Escampa pronto. Sólo hay que desandar todo lo recorrido por la mañana. Así ya un poco hartos que son veintidós kilómetros, llegamos a Sohornín, a las seis y veinte. Ocho horas y media abundantes. Comemos en el bar. Muy contentos con la subida. El tiempo nos ha respetado y no hemos pasado calor que metidos en la caliza es terrible. Todo perfecto: cerramos una gran jornada montañera.

El sábado 11 nuestro destino es el Morronegro en Torrestío, una subida apta para todos en la zona de Babia con vuelta a Torrestío por la lomera de las cumbres. Otro buen entrenamiento para la integral del Cornión.

FRESINES

domingo, julio 22, 2012

LAS XANAS VUELVE A LOS CASTILLINOS EN UNA GRAN JORNADA MONTAÑERA


21 de julio de 2012

Hoy tenemos por delante una de esas rutas que crean ilusión y también, por qué no decirlo, un cierto regusto de temor. Explicable del todo: aparte de necesitarse una forma física y un entrenamiento adecuados, además de no padecer ningún inconveniente físico que te impida gatear por esas laderas, también hace falta un punto de osadía para adentrarse por las torres de los titanes.

Madrugamos, pero no más que en otras ocasiones, porque Las Ubiñas, es nuestro parque natural, nuestro destino inevitable, nuestros Picos de Europa en pequeño.  Diez menos cuarto en Torrebarrio. Pista adelante. Vista clara a nuestra meta: la única y pequeña brecha que se abre en el murallón que va de la Ubiña grande a la Muesca de Colines. Mil setenta metros de desnivel. Mil setenta que habrá que patear en continua superación. Hay ganas de superarse. Más de la mitad del grupo ya estuvo aquí. La última vez con la inestimable ayuda de Manolo y Jorge.

Tardamos una hora y veinte minutos en llegar a la riega que baja de los Fontanales.  Ya han caído seiscientos y pico metros. Las pistas siempre necesarias, pero tan monótonas... En media hora más, en la fuente. Pequeña discusión sobre por dónde afrontar la subida. Todo el mundo de acuerdo en una cosa: hay que evitar el pedrero. Está bien plantear una ruta fijada y sus posibles alternativas. Adentrarse por estos precipicios sin conocer dónde te metes es una temeridad.

Vamos subiendo por la zona herbosa. Los recuestos son bien duros, pero hay una pequeña repisa al final que permite cruzar por encima del pedrero. Alguien se atasca en el pedrero. Hasta siete caballeros forman una guardia de seguridad. Mejor por los senderillos del ganado. Atentos a la piedrilla suelta. Hay que tirar más a la izquierda.

Confundidos por algunos jitos nos pasamos un tanto. Ya estamos en franca trepada buscando un corredor que corta en diagonal. La palabra clave a partir de aquí es “¡piedra…!”. Y bien cierto que la usamos. Los canalizos ascendentes son una trampa para no avisados. No se puede apoyar la bota e intentar rectificar luego. No se puede apoyar el bastón en cualquier sitio. Mejor subir bastante pegados unos a otros. Ayudarse, ir marcando los pasos, aquí hay un apoyo, allí tienes un escalón...

Saliendo de la herradura que tuvimos que realizar las cosas están más claras, ¡estamos en la canal de la puerta del arco! Su fondo es el inmenso arco que está rematado en triángulo. Hacia allí subimos atrapados en su belleza. Aquí hay que pegarse a la peña de la izquierda. Esta es la entrada al circo de las cumbres, puro arte gótico.

Es la una de la tarde. Tres horas y cuarto de subida. El lado asturiano, tímido, escondido por las nieblas. Algunos hacen alto con el “ya estuvo bien” en la boca. Otros catorce osados quieren hollar el templo de las águilas. Seguir subiendo por el canalizo en tubo que te deja en el Segundo Castillín. Hay que volver a pegarse a la izquierda todo lo posible. “Por favor, comprobad los agarres antes de izaros, que la roca a veces se deshace en las manos”. Sólo se tarda una media hora al Segundo Castillín. Miguel y yo nos asomamos a una enorme ventana que suele pasar desapercibida. Pavoroso.  Afortunadamente no se ve el final por la niebla que entra a chorros. Hay una trepadilla final para llegar al elegante buzón. Bandera de Asturias e himno incluidos en un arranque espontáneo y emocionado. Curioseamos también por el tubo que baja por detrás y que permite bordear el Tercer Castillín para subir al cercano Siete. ¡Qué recuerdos nos trae esta magnífica y exigentísima subida! Bajamos con precaución. El piso de grijo es una trampa deslizante.

La subida al Primer Castillín es muy entretenida. Se empieza en un canalizo a la derecha que tiene buenos asideros. Luego hay que hacer una vira diagonal en ascenso permanente que en algún momento deja de tener “pasamanos”. La gente tiene experiencia y se practica mucho la subida por chimenea en oposición. La niebla entra a raudales por todas las ventanas.           

Nos encontramos todos en la repisa de inicio. La niebla tapa toda Asturias. Un poco más a la derecha arranca la canal de bajada. Es delicada por el piso y la inclinación.  Algún bastón provoca una “cascada” de piedrecillas sin mayor importancia, pero el aviso está dado. La cascada ha resonado en el silencio. Saliendo de las tres lazadas más comprometidas, entramos a una pedriza de las de verdad. De las que se pueden hasta esquiar. Lo intentamos bajando a velocidad y cargando buen número de piedrecitas en las botas. Hacemos un escándalo que tiene que resonar en todo el valle de Covarrubia. Tras pasar por los verticales roquedos de las Cinchas del Plano caemos en la senda Les Merines. Hemos atravesado la nube. Después de tanta caliza el verde asturiano es un descanso. El refugio del Meicín allí abajo. Las cervecillas del refugio están bien ganadas. Una gran jornada montañera como pocas. Un grupo bravo.

Bajamos a Tuiza a comer. Hay hambre de veras y damos cuenta de nuestras viandas con alegría. Nos quedan un par de cajas de sidra donde Requejo para redondear el día. Allá vamos.

La próxima semana el grupo visitará el Mampodre con subida desde Maraña a la Cruz y al Covento para volver otra vez a Maraña. Quien no conozca este circo no se lo puede perder. Como parte de la directiva se va de actividad por los Pirineos, hay que contactar con Lia en el 659504986. No quedan muchas plazas. Hay quien piensa que es el momento de dar un golpe de estado. ¡Venga animaros, que os dejamos los trastos!

FRESINES

miércoles, julio 11, 2012

LAS XANAS SUBE A LA PEÑA CHANA ENTRE BRUMAS Y NIEBLAS


7 de julio de 2012

Seguimos en lo mismo. No hay verano que valga. Hicimos nuestra salida bajo unos nubarrones espesos. No llovía pero la amenaza estaba sobre nuestras cabezas. Entramos por León a La Cueta. Los peores pronósticos estaban por el norte de Castilla.

Sin arredrarnos ante el mal tiempo, ya más que resignados a él, empezamos en La Cueta, pueblo leonés muy adecentado. De él salen tres ríos con sus tres valles correspondientes, más un cuarto sendero hacia el puerto  de Somiedo. Nosotros elegimos la pradería de Los Espinos que, bordeando los Picos Blancos por nuestra derecha, nos dejaron debajo de la Peña Chana. En este momento estamos dentro de la nube. Otra vez toca mojadura. Entramos por la canal sureste que nos lleva directamente a la cumbre. Es trabajosa y más por la piedrecilla suelta que convierte el andar en inseguro. Ahora la niebla ya es lluvia. No hay sitio para los paraguas pues toda nuestra atención está en el piso.

En menos de dos horas desde que empezamos en La Cueta hacemos cumbre. Hace bastante frío. Las bicicletas son para el verano y los guantes para el invierno. ¡Ja! Será en otra parte... Con las manos amoratadas es un triunfo cerrar una cremallera. Escapamos rápido. En lugar de bajar hacia el norte, preferimos desandar lo subido para volver al collado del Alto del Mojón.

En Asturias hace mucho mejor tiempo. Por lo menos no llueve y a ratos hace un amago de sol. El paisaje desde aquí es una sucesión de praderías intensamente verdes entre montañas verticales. Las paredes de estas están muy fracturadas en bruscos sinclinales. Somiedo siempre fue una geografía atormentada. Sin embargo hoy nos enseña su cara más amable.

Por muy buena pista y en sucesivas bajadas llegamos a la braña de Sousas. Los corros están en muy distintos grados de conservación. Los hay pequeñitos y uno impresionantemente grande con sus lajas de piedra cerrando los techos. La gravedad, que es enemigo de los tejados, aquí se convierte en un aliado de los arriesgados pastores con técnicas aprendidas desde el neolítico. Uno de los corros semiderruido pone en evidencia el tamaño de las piedras usadas para formar las cúpulas.

El ganado pasta en los alrededores. Espléndido año de pastos. Aquí se está bien y la temperatura, aunque otoñal, es agradable. Salimos después de hacer las fotos de rigor. Pasamos por la braña de Fuexos. Se ven algunos teitos a media montaña. Somiedo, solitaria comarca, gente astuta y autosuficiente. El valle es digno de un pintor romántico que sepa utilizar variados tonos de verdor.

La pista gira al este y, atravesando un bosque de ribera, nos deja a la entrada de Valle de Lago. El pueblo está bien arreglado, lleno de construcciones nuevas, algunas imitando teitos. Sólo hay un problema: está casi vacío. Será el mal tiempo, será la crisis, pero el caso que el turismo no ha subido. Los caballos de alquiler se aburren contra la tapia. Hoy no van a tener trabajo. Y eso es malo.

El autocar conducido por Alex nos hace el favor de subir junto al bar en el que vamos a comer. De normal, con los coches aparcados a ambos lados de la calle principal no hubiera podido pasar y habríamos tenido que bajar hasta el Coto de Buenamadre para poder regresar.

Descontando el frío de la cumbre y la falta de visibilidad podemos apuntar la jornada montañera como positiva. La vuelta en el autocar se presta a gran cachondeo. Ha vuelto Pablo, la alegría de la huerta. La risa está garantizada y nos queda a todos claro, pero claro clarísimo, que todas las excursiones tienen que pasar por Teverga. Fin de las risas. La próxima semana más.

Hablando de la próxima semana volvemos a nuestros queridísimos y siempre añorados Picos de Europa. Está vez a la Samelar desde el Jito Escarandi con unos  900 metros de subida y una original bajada por las Verdianas hasta Beges. Es probable que en este viaje tampoco pasemos calor.

FRESINES

martes, julio 03, 2012

EN EL TORRES RODEADOS DE NIEBLA


30 de junio de 2012

            La ley del sábado es implacable. Otros años funcionaba al revés. Pero lo que es en este verano recién estrenado se cumple de manera inexorable. Hasta el viernes tiempo bueno o aceptable. El sábado malísimo y el domingo escampa. Ya lloviznaba en Oviedo. Pero no nos hicimos una idea de lo que nos esperaba.

Subimos hasta la raya con un cielo totalmente gris y cargado. En la Raya entramos por la senda que se abre entre casas de la urbanización.

            Por un buen sendero de ganado fuimos cogiendo altura hasta alcanzar la majada del Torres. Cuatro itinerarios distintos y un solo grupo subiendo. Por Valverde, por la majada del Torres, por el camino de los pastores, y hay los que ascienden por toda la cuerda. Al final nos encontramos en la collada de la Ventanona. El agujero en la roca, bien visible desde el puerto, es como un faro de luz en medio de la tormenta que está a punto de descargar.

            Desde aquí nuestros caminos se diversifican. Un pequeño grupo desciende a la majada de La Almagrera, mientras que el grueso de la tropa ataca la conocida subida del Torres, con sus escarpados abismos. La niebla nos envuelve pronto. Voces poco escuchadas aconsejan volver. Por lo bajinis rezamos para que no llueva en la bajada. El responsable del tiempo no nos hace caso. Cerca de la cima graniza. ¡Esto es verano en la alta montaña! Con más afición que buenas vistas hacemos cumbre. Hace un  frío que pela. Afortunados los que no han dejado en casa los guantes. Una rápida foto de cumbre y para abajo. La roca está resbaladiza ¡Por favor, no volvamos por el camino de subida!

            Los que nos esperan en el valle están metidos en la niebla. Bajan Carrete y Silvio a ayudarles a salir de este lío. No hay visibilidad más allá de los diez o doce metros. Tiramos un poco a ciegas en dirección al Valverde. Con ayuda del GPS y de los exploradores adelantados encontramos un senderuco que faldea sin bajar demasiado. Nos vale de momento. Pero cada vez somos más conscientes de que estamos dando un rodeo que no nos interesa. Nosotros queremos ir a la laguna de la Caballuna. Parada para decidir.

            Lo mejor tirarse ladera abajo hasta buscar un mejor punto de orientación.  La hierba está mojada. Las raicillas que se cruzan continuamente con nuestros pasos hacen que deslicemos con facilidad. Menos mal que nos agarramos con fuerza a los pequeños arbustos. Buen número de resbalones. Pero hemos llegado al valle. Pero ¿dónde estamos? ¿Dónde están Lito y su grupo? Buscando un sitio de mejor cobertura logramos hablar con ellos. No aclaramos nada. Parece que estén mirando al revés que nosotros. Además la conversación se entrecorta.

Despiste con el GPS que no acaba de fijar el verdadero camino. La gente tiene frío y hay que moverse. Decidimos seguir hacia el Norte.

            Ascendemos levemente para dar vista (es un decir) al otro lado del valle. No se ve la laguna, pero tampoco el pico Los Fueyos.  Llovizna.Buscamos un sendero dirección Nornoreste. Puede ser el bueno. Pero acaba en unas Peñas muy verticales y todas valladas porque terminan en un profundo abismo. Por aquí imposible bajar. Buscamos camino de nuevo: o más arriba o por el oeste. Por arriba sube mucho: podría ser la conexión con la Almagrera. Por abajo y dando un buen rodeo logramos bajar una sucesión de suaves colinas. La laguna de La Caballuna a la vista. Por fin tenemos un punto claro de orientación. Hemos pasado por entre la nube a la zona de los Puertos de Contorgán. Una maravillosa sucesión de suaves praderías. Abundante ganado. Una vaca recién muerta de parto. Bordeamos la laguna para bajar por la Majada Escosura. Luego el camino es un sendero entre acebos que sigue la riega L’Alegría. En el siguiente mayau la pradería es muy herbosa. No se ve ningún pico. Por increíble que parezca  volvemos a perder el camino. Un explorador se adelanta para buscar paso por la riega. Maldita sea como resbala. Los felechos nos llegan hasta el hombro. Festín para garrapatas, eso es lo que somos hoy.

            Se acaba el sufrimiento. Apuramos el regato hasta el final. Y zas: aquí está el puente. Tres cuartos de hora dando vueltas. Logramos conectar con Lito. Se han vuelto para La Raya totalmente desorientados por el nublo. Están bien y a salvo que es lo importante.

            Seguimos el sendero que atraviesa el Valle de Roxecu hasta encontrar el puente de madera que atraviesa la riega La Robre. Todavía tenemos un despiste sobre si seguir el sendero hacia arriba o hacia abajo. Se ve que hoy no era el día. Superada la pequeña confusión arrancamos a buena velocidad por camino bien conocido hacia los Arrudos. Una muy breve parada y aviso. Hay que bajar a Caleao a buen ritmo porque habrá que bajar a Felechosa a recoger a los secesionistas.

            Nunca había bajado por el desfiladero a tal velocidad. Está todo mojado. En la larga bajada por las losas de la foz han puesto hace tiempo unas barandillas de madera para más seguridad. Pero han sido recrecidas después con alambre de espino. Siempre hay bien intencionados que piensas en la gran cantidad de gente que sube cada año al lago Ubales.

            Las cinco y diez y estamos en Caleao. Siete horas y cuarto sin apenas paradas. Cambiarse corriendo y al autocar. Subimos la Colladona y en Felechosa por fin juntamos a todo el grupo. Sólo nos queda un pequeño detalle: deberíamos comer algo que ya estuvo bien por hoy. Jano, su conductor, generosamente nos da un margen de casi una hora. En el bar “Foces del Pino” damos cuenta de todas las existencias. Gente muy amable.

            Cuando llegamos a Oviedo leo un cartel de propaganda que dice: “Somos duros e incansables porque siempre tenemos ganas de más”. Me parece que están hablando de nosotros. El cansancio es grande, nos ha salido una jornada más complicada de lo previsto, pero.... SIEMPRE TENEMOS GANAS DE MÁS.

            Tanto es así que el próximo sábado atravesaremos desde La Cueta a Valle de Lago subiendo a la Peña Chana. Para ese día hemos encargado algo de buen tiempo.

FRESINES

           

miércoles, junio 27, 2012

LAS XANAS SUBE A LA CARASCA EN UNA SENSACIONAL JORNADA MONTAÑERA


23 de junio de 2012

Hoy lo teníamos todo a nuestro favor. Buen tiempo en lo meteorológico, un buen ambiente de grupo, una ruta montañera a más no poder. Además la mayor parte de la ruta era inédita para la mayoría. Mejor que mejor.

Salimos del guapo pueblo de Orlé. Por el conocido camino del río Orlé hacia el puente de La Pomerada. Saltamos tres veces de margen del río. Cruzamos el bosque de ribera que acompaña al río. Siempre creí que si existen diaños y nuberus, están viviendo en esta umbría. El río, poderoso en el estiaje, resuena en todo el valle. Su caída en innumerables cascadas, entre rocas revestidas de musgo de color intenso alegra el corazón. No se puede cruzar indiferente por esta vallada, cerrada entre la Xerra de Buceñao y la de Cárdenas.

Tardamos hora y media hasta el Chalet. Estamos en la majada de Conforcos. En diez minutos entramos en la foz de Melordaña. Topamos con la magia, con el esplendor escondido de la naturaleza en estado puro. Es un puro goce subir por esta tajadura entre dos roquedos. Unos por el sinuoso camino, otros directamente ascendiendo de roca en roca, vamos salvando el desnivel que es apreciable: 120 metros lineales. Incluso hay unas piedras empotradas a modo de escaleras que facilitan mucho el paso a través de la resbaladiza roca.

Vista hacia atrás: Estrechísima foz, desconocida para muchos. La gente espera en la majada Melordaña. Es una sucesión de suaves colinas rodeadas de altozanos. Está tapizada de verde. Unas pocas vacas casinas pacen en el paraíso. Las cabañas están construidas apilando rocas sin tallar y techadas con llábanas de piedra. La fuente mana con suavidad. Este es un buen sitio para echar el alto: aquí se acaba todo el bullicio de la civilización. Algo más primitivo renace en cada uno de nosotros, algo que tiene que ver con la felicidad.

Subimos majada arriba, hacia la foz de Valloseru (1441 m. tres horas y diez minutos). El camino está bien trazado y sube sinuoso entre sombras del bosque. Ya se divisa al fondo el collado Campigüeños. Hacia él nos dirigimos, pero antes de emprender la empinada cuesta giramos hacia el sureste para ascender a La Carasca. Una centenaria y solitaria faya, una roca negra que rezuma agua, una vaca de cuerna larguísima, una pequeña capilla con la imagen de La Santina. Todo queda grabado en nuestra memoria.

La cuesta de subida se hace larga. Pero al final todo llega y hacemos cumbre. Habría que ser un pintor o un poeta para poder contar las sensaciones vividas. El grupo recorrió muchos de los picos que nos rodean: el altivo Tiatordos, La Peña Santa, los altos de Peloño, el lejano Mampodre, toda la cordillera hasta el Torres, el cercanísimo pico de La Senda, los Tornos, el Vízcares, la Becerrera San Pedro...

Esta es una de las cimas de Asturias. El estar aquí arriba ya es un premio. Como diría el castizo: “Andar d’un llau pa otru pasándolo bien y dexando  ensin facer les llabores, ensin atender les obligaciones”. En eso estamos.

Bajamos hacia el valle de La Quemada. El camino no está demasiado claro. Pero los piornales no son una gran traba y nos dejan seguir. La bajada es suave hacia la collada del Xuacu. Hemos rodeado toda la cima que subimos y ahora nuestra derecha es la inmensa ladera de La Senda. Conectamos con el camino que baja de la collada Capiella.  En seguida topamos con el hormigón que ya será nuestro inseparable compañero hasta la carretera. La bajada se hace dura, las rodillas quejándose. La charla ayuda a acortar los kilómetros. Mil setenta y cinco metros continuos.

Vaya por fin la carretera de Tarna. Un kilómetro escaso y aparece el pueblo de La Foz. Una buena lavada en el Nalón nos deja como nuevos. Y luego una cervecina donde Agapito, chigre presidido por un jabalí con txapela. Tomamos buena nota de este bar no siempre está abierto, pero que resulta muy agradable. La ruta ha sido extraordinaria, el día de antología, las panorámicas no caben en un solo libro. Todo el mundo contento. Así que a celebrarlo en la cercana Casa Linares, donde somos de sobra conocidos.

El sábado que viene vamos al Torres subiendo desde la Raya y bajando al norte por los Arrudos para llegar a Caleao. Si el día está la mitad de bueno de la ruta de hoy ya nos daremos por muy satisfechos. Recordad los que habéis reservado el refugio  que se puede empezar a pagar la reserva y el autocar todo en una sola vez. En lo alto del Torres os espero.

FRESINES

lunes, junio 18, 2012

LA SENDA DE LA JOCICA EN PRIVAMERA: ESPLENDOR DEL BOSQUE


16 de junio de 2012

El autocar nos deja en Soto de Sajambre, pueblo montañero donde los haya. Hoy no hay la tradicional aglomeración de vehículos aparcados en la plaza. Observamos que por fin están rematando la construcción de un aparcamiento disuasorio a la entrada del pueblo. Buena noticia. Los autocares se las veían y deseaban para poder dar la vuelta. Son las 10 y 25. Estamos a 930 metros sobre el mar. Comenzamos a caminar.

Seguimos la ruta de aproximación a Vegabaño, el PR-9. Subimos por la pista. Es sencillamente delicioso atravesar el bosque en esta época primaveral. El tiempo está aguantando, con amplios claros que no se veían en Asturias por ningún lado. Por los hayedos subimos a buena marcha hasta la campera de Vega Abaño. Vamos paralelos al río Agüera. Qué buenos ratos pasamos con el grupo en el refugio en más de una ocasión. La subida al Frade desdibujada entre nieblas. Los Moledizos tienen grandes neveros todavía. La Cotorra de Escobaño a nuestra derecha nos recuerda la bajada en medio de una gran nevada.

Breve parada para juntar los ritmos de los apresurados y de los más calmosos. Las conversaciones muy interesantes. Hoy hay gente nueva, montañeros de mucha experiencia. Siempre es un placer intercambiar experiencias. Es gente que ha viajado mucho.

Ahora hay que girar a la izquierda para adentrarse en el bosque de la Barcinera. Bosque apabullante en su belleza. Cada rincón es un descubrimiento. Brillan las hojas nuevas entre los mofosos líquenes colgantes. Hay fayas centenarias a las que saludamos con respeto.

Subimos hasta el puerto de la Barcinera. Aquí podríamos enlazar con la Senda del Arcediano que sube al puerto de Peña Beza. Nuestro camino desciende por la derecha para cruzar el límite entre provincias. Hemos ascendido 400 metros lineales. Vamos a encontrarnos con el Dobra. Hoy la ruta lleva prácticamente su marca hasta el final. La campera está más despejada. Cruzamos el puente de Carombo. Un inmenso farallón rocoso discurre paralelo al camino. Los Picos del Verde. El río se desliza tranquilo, todavía no muy encajonado. Hoy algo invita a andar porque la gente va con fuerte ritmo sin hacer a penas paradas.

A la altura de las cabañas de Carombo, el grupo se divide: la mayoría sigue hacia la lejana Amieva. Angel y cinco compañeros del Alpino se despiden pues van a subir a Vega Huerta para continuar mañana con el grupo de Lugones. El canal de subida no se ve demasiado claro por la niebla. Pero es seguro que por allí bajamos hace algunos años en una épica gesta en medio de una niebla espesa y con el miedo a las cortadas. Creemos ver el corredor que se abre paso a la repisa que por la izquierda de Las Pandiellas y que te mete de lleno en la inmensa y casi desconocida canal de la Duernona. Aquel fue un día inolvidable, una bajada eterna.

El sendero ahora bordea por la ladera siguiendo el trazo del río.  En algún momento el sendero se pierde en las camperas y eso que está más que pisado. Un grupo sube desde Asturias para ir al refugio a pernoctar. Mañana quieren volver por el Arcediano. Bonita circular. Entramos en la zona vallada. El río está calmo y encajonado. La presa de la Jocica está cerca. Nos asomamos a la presa. La niebla surge casi desde el mismo embalse. Nos remojamos atravesando la neblina. La vista desde el mirador es de postal a pesar de la escasa luz. ¿Cómo se las arreglarían para acarrear todo el material necesario para construir la presa? Es impresionante la labor de nuestros antepasados cuando la energía salía de la fuerza física.

Seguimos el camino bajando hasta el valle. El camino está parcialmente hormigonado y es rugoso. Se agradece con esta roca tan mojada. Perdemos rápidamente altura hasta el puente de Ceremal, tras el cruce obligado de la riega Calderán que baja de Ozania. Hoy lamentablemente no se ve nada del farallón. Hemos atravesado la neblina. Ahora el tiempo aunque sigue cubierto es más benigno. En la presa de Restaño nos vemos todos y hacemos balance de las fuerzas que le quedan a cada uno pues nos queda nada menos que la subida al collado de Angón, que siempre se hace eterna.

Nos entretenemos apreciando las cabañas que han surgido alrededor de la pista como setas de otoño. A falta de un kilómetro aproximadamente desemboca el camino empedrado del Arcediano. Haciendo acopio de la energía de reserva, con el depósito prácticamente vacío, y discurriendo en cómo levantar la moral un poco en esta crisis de pesimismo que nos invade, llegamos a la primera cuadra.

Amieva a la vista. Ahora a caleyar por un lado u otro siempre en pindia bajada. Las rodillas se resienten. Llevamos veintiún kilómetros encima y aunque hoy no hubo cima que ganar, tampoco estuvo nada mal. Al final todo el mundo dio con el bar de Amieva, que para la pitanza estamos todos bien dispuestos. Comemos en una larga mesa. Celebramos la abuelidad reciente de Rosi y José, nuestro Secre. Brindamos con licores espirituosos. Todo salió bien. Se ha hecho tarde y hay que volver a casa. En el recuerdo árboles, ríos, puentes, presas, caminos alfombrados de mullida hierba. Aprobado con nota alta. El dia aguantó. Nos mojamos algo pero no hizo el calor aplastante que nos hubiera machacado por el valle de Angón.

Pero como siempre queremos más, el día 23 tenemos en el calendario La Carasca subiendo por la foz de Melordaña. El desnivel es fuerte pero para el que no conozca esta ascensión es muy recomendable por su bravura y su inmensa belleza. El sábado os veo de nuevo.

NOTA: Recordad que el plazo para apuntarse para la ruta de los días 24 y 25 de Agosto, finaliza el día 21 de este mes.

FRESINES

AVISO MUY IMPORTANTE

OS RECUERDO QUE PARA LA RUTA DEL DÍA 24 Y 25 DE AGOSTO, CON PERNOCTA EN EL REFUGIO DE VEGARREDONDA, PARA HACER LA TRAVESÍA DE LA FORCADONA, DÁNDOLE LA VUELTA A LA PEÑA SANTA, EL PLAZO DE INSCRIPCIÓN FINALIZARÁ ESTA SEMANA, MAS CONCRETAMENTE EL JUEVES DÍA 21 DE ESTE MES DE JUNIO.

LOS QUE ESTÉN INTERESADOS EN APUNTARSE PARA ESTA RUTA, LO PUEDEN HACER A LOS TELÉFONOS DE COSTUMBRE