16
de junio de 2012
El
autocar nos deja en Soto de Sajambre, pueblo montañero donde los haya. Hoy no
hay la tradicional aglomeración de vehículos aparcados en la plaza. Observamos
que por fin están rematando la construcción de un aparcamiento disuasorio a la
entrada del pueblo. Buena noticia. Los autocares se las veían y deseaban para
poder dar la vuelta. Son las 10 y 25. Estamos a 930 metros sobre el mar.
Comenzamos a caminar.
Seguimos
la ruta de aproximación a Vegabaño, el PR-9. Subimos por la pista. Es
sencillamente delicioso atravesar el bosque en esta época primaveral. El tiempo
está aguantando, con amplios claros que no se veían en Asturias por ningún
lado. Por los hayedos subimos a buena marcha hasta la campera de Vega Abaño.
Vamos paralelos al río Agüera. Qué buenos ratos pasamos con el grupo en el
refugio en más de una ocasión. La subida al Frade desdibujada entre nieblas.
Los Moledizos tienen grandes neveros todavía. La Cotorra de Escobaño a nuestra
derecha nos recuerda la bajada en medio de una gran nevada.
Breve
parada para juntar los ritmos de los apresurados y de los más calmosos. Las
conversaciones muy interesantes. Hoy hay gente nueva, montañeros de mucha
experiencia. Siempre es un placer intercambiar experiencias. Es gente que ha
viajado mucho.
Ahora
hay que girar a la izquierda para adentrarse en el bosque de la Barcinera.
Bosque apabullante en su belleza. Cada rincón es un descubrimiento. Brillan las
hojas nuevas entre los mofosos líquenes colgantes. Hay fayas centenarias a las
que saludamos con respeto.
Subimos
hasta el puerto de la Barcinera. Aquí podríamos enlazar con la Senda del
Arcediano que sube al puerto de Peña Beza. Nuestro camino desciende por la
derecha para cruzar el límite entre provincias. Hemos ascendido 400 metros
lineales. Vamos a encontrarnos con el Dobra. Hoy la ruta lleva prácticamente su
marca hasta el final. La campera está más despejada. Cruzamos el puente de
Carombo. Un inmenso farallón rocoso discurre paralelo al camino. Los Picos del
Verde. El río se desliza tranquilo, todavía no muy encajonado. Hoy algo invita
a andar porque la gente va con fuerte ritmo sin hacer a penas paradas.
A la
altura de las cabañas de Carombo, el grupo se divide: la mayoría sigue hacia la
lejana Amieva. Angel y cinco compañeros del Alpino se despiden pues van a subir
a Vega Huerta para continuar mañana con el grupo de Lugones. El canal de subida
no se ve demasiado claro por la niebla. Pero es seguro que por allí bajamos
hace algunos años en una épica gesta en medio de una niebla espesa y con el
miedo a las cortadas. Creemos ver el corredor que se abre paso a la repisa que
por la izquierda de Las Pandiellas y que te mete de lleno en la inmensa y casi
desconocida canal de la Duernona. Aquel fue un día inolvidable, una bajada
eterna.
El
sendero ahora bordea por la ladera siguiendo el trazo del río. En algún momento el sendero se pierde en las
camperas y eso que está más que pisado. Un grupo sube desde Asturias para ir al
refugio a pernoctar. Mañana quieren volver por el Arcediano. Bonita circular.
Entramos en la zona vallada. El río está calmo y encajonado. La presa de la
Jocica está cerca. Nos asomamos a la presa. La niebla surge casi desde el mismo
embalse. Nos remojamos atravesando la neblina. La vista desde el mirador es de
postal a pesar de la escasa luz. ¿Cómo se las arreglarían para acarrear todo el
material necesario para construir la presa? Es impresionante la labor de
nuestros antepasados cuando la energía salía de la fuerza física.
Seguimos
el camino bajando hasta el valle. El camino está parcialmente hormigonado y es
rugoso. Se agradece con esta roca tan mojada. Perdemos rápidamente altura hasta
el puente de Ceremal, tras el cruce obligado de la riega Calderán que baja de
Ozania. Hoy lamentablemente no se ve nada del farallón. Hemos atravesado la
neblina. Ahora el tiempo aunque sigue cubierto es más benigno. En la presa de
Restaño nos vemos todos y hacemos balance de las fuerzas que le quedan a cada
uno pues nos queda nada menos que la subida al collado de Angón, que siempre se
hace eterna.
Nos
entretenemos apreciando las cabañas que han surgido alrededor de la pista como
setas de otoño. A falta de un kilómetro aproximadamente desemboca el camino
empedrado del Arcediano. Haciendo acopio de la energía de reserva, con el
depósito prácticamente vacío, y discurriendo en cómo levantar la moral un poco
en esta crisis de pesimismo que nos invade, llegamos a la primera cuadra.
Amieva
a la vista. Ahora a caleyar por un lado u otro siempre en pindia bajada. Las
rodillas se resienten. Llevamos veintiún kilómetros encima y aunque hoy no hubo
cima que ganar, tampoco estuvo nada mal. Al final todo el mundo dio con el bar
de Amieva, que para la pitanza estamos todos bien dispuestos. Comemos en una
larga mesa. Celebramos la abuelidad reciente de Rosi y José, nuestro Secre.
Brindamos con licores espirituosos. Todo salió bien. Se ha hecho tarde y hay
que volver a casa. En el recuerdo árboles, ríos, puentes, presas, caminos
alfombrados de mullida hierba. Aprobado con nota alta. El dia aguantó. Nos
mojamos algo pero no hizo el calor aplastante que nos hubiera machacado por el
valle de Angón.
Pero
como siempre queremos más, el día 23 tenemos en el calendario La Carasca
subiendo por la foz de Melordaña. El desnivel es fuerte pero para el que no
conozca esta ascensión es muy recomendable por su bravura y su inmensa belleza.
El sábado os veo de nuevo.
NOTA:
Recordad que el plazo para apuntarse para la ruta de los días 24 y 25 de
Agosto, finaliza el día 21 de este mes.
FRESINES
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