30
de junio de 2012
La ley del sábado es implacable.
Otros años funcionaba al revés. Pero lo que es en este verano recién estrenado
se cumple de manera inexorable. Hasta el viernes tiempo bueno o aceptable. El
sábado malísimo y el domingo escampa. Ya lloviznaba en Oviedo. Pero no nos
hicimos una idea de lo que nos esperaba.
Subimos
hasta la raya con un cielo totalmente gris y cargado. En la Raya entramos por
la senda que se abre entre casas de la urbanización.
Por un buen sendero de ganado fuimos
cogiendo altura hasta alcanzar la majada del Torres. Cuatro itinerarios
distintos y un solo grupo subiendo. Por Valverde, por la majada del Torres, por
el camino de los pastores, y hay los que ascienden por toda la cuerda. Al final
nos encontramos en la collada de la Ventanona. El agujero en la roca, bien
visible desde el puerto, es como un faro de luz en medio de la tormenta que
está a punto de descargar.
Desde aquí nuestros caminos se
diversifican. Un pequeño grupo desciende a la majada de La Almagrera, mientras
que el grueso de la tropa ataca la conocida subida del Torres, con sus
escarpados abismos. La niebla nos envuelve pronto. Voces poco escuchadas
aconsejan volver. Por lo bajinis rezamos para que no llueva en la bajada. El
responsable del tiempo no nos hace caso. Cerca de la cima graniza. ¡Esto es
verano en la alta montaña! Con más afición que buenas vistas hacemos cumbre.
Hace un frío que pela. Afortunados los
que no han dejado en casa los guantes. Una rápida foto de cumbre y para abajo.
La roca está resbaladiza ¡Por favor, no volvamos por el camino de subida!
Los que nos esperan en el valle
están metidos en la niebla. Bajan Carrete y Silvio a ayudarles a salir de este
lío. No hay visibilidad más allá de los diez o doce metros. Tiramos un poco a
ciegas en dirección al Valverde. Con ayuda del GPS y de los exploradores
adelantados encontramos un senderuco que faldea sin bajar demasiado. Nos vale
de momento. Pero cada vez somos más conscientes de que estamos dando un rodeo
que no nos interesa. Nosotros queremos ir a la laguna de la Caballuna. Parada
para decidir.
Lo mejor tirarse ladera abajo hasta
buscar un mejor punto de orientación. La
hierba está mojada. Las raicillas que se cruzan continuamente con nuestros
pasos hacen que deslicemos con facilidad. Menos mal que nos agarramos con
fuerza a los pequeños arbustos. Buen número de resbalones. Pero hemos llegado
al valle. Pero ¿dónde estamos? ¿Dónde están Lito y su grupo? Buscando un sitio
de mejor cobertura logramos hablar con ellos. No aclaramos nada. Parece que
estén mirando al revés que nosotros. Además la conversación se entrecorta.
Despiste
con el GPS que no acaba de fijar el verdadero camino. La gente tiene frío y hay
que moverse. Decidimos seguir hacia el Norte.
Ascendemos levemente para dar vista
(es un decir) al otro lado del valle. No se ve la laguna, pero tampoco el pico
Los Fueyos. Llovizna.Buscamos un sendero
dirección Nornoreste. Puede ser el bueno. Pero acaba en unas Peñas muy
verticales y todas valladas porque terminan en un profundo abismo. Por aquí
imposible bajar. Buscamos camino de nuevo: o más arriba o por el oeste. Por
arriba sube mucho: podría ser la conexión con la Almagrera. Por abajo y dando
un buen rodeo logramos bajar una sucesión de suaves colinas. La laguna de La
Caballuna a la vista. Por fin tenemos un punto claro de orientación. Hemos
pasado por entre la nube a la zona de los Puertos de Contorgán. Una maravillosa
sucesión de suaves praderías. Abundante ganado. Una vaca recién muerta de parto.
Bordeamos la laguna para bajar por la Majada Escosura. Luego el camino es un
sendero entre acebos que sigue la riega L’Alegría. En el siguiente mayau la
pradería es muy herbosa. No se ve ningún pico. Por increíble que parezca volvemos a perder el camino. Un explorador se
adelanta para buscar paso por la riega. Maldita sea como resbala. Los felechos
nos llegan hasta el hombro. Festín para garrapatas, eso es lo que somos hoy.
Se acaba el sufrimiento. Apuramos el
regato hasta el final. Y zas: aquí está el puente. Tres cuartos de hora dando
vueltas. Logramos conectar con Lito. Se han vuelto para La Raya totalmente
desorientados por el nublo. Están bien y a salvo que es lo importante.
Seguimos el sendero que atraviesa el
Valle de Roxecu hasta encontrar el puente de madera que atraviesa la riega La
Robre. Todavía tenemos un despiste sobre si seguir el sendero hacia arriba o
hacia abajo. Se ve que hoy no era el día. Superada la pequeña confusión
arrancamos a buena velocidad por camino bien conocido hacia los Arrudos. Una
muy breve parada y aviso. Hay que bajar a Caleao a buen ritmo porque habrá que
bajar a Felechosa a recoger a los secesionistas.
Nunca había bajado por el
desfiladero a tal velocidad. Está todo mojado. En la larga bajada por las losas
de la foz han puesto hace tiempo unas barandillas de madera para más seguridad.
Pero han sido recrecidas después con alambre de espino. Siempre hay bien
intencionados que piensas en la gran cantidad de gente que sube cada año al
lago Ubales.
Las cinco y diez y estamos en
Caleao. Siete horas y cuarto sin apenas paradas. Cambiarse corriendo y al
autocar. Subimos la Colladona y en Felechosa por fin juntamos a todo el grupo.
Sólo nos queda un pequeño detalle: deberíamos comer algo que ya estuvo bien por
hoy. Jano, su conductor, generosamente nos da un margen de casi una hora. En el
bar “Foces del Pino” damos cuenta de todas las existencias. Gente muy amable.
Cuando llegamos a Oviedo leo un
cartel de propaganda que dice: “Somos duros e incansables porque siempre
tenemos ganas de más”. Me parece que están hablando de nosotros. El
cansancio es grande, nos ha salido una jornada más complicada de lo previsto,
pero.... SIEMPRE TENEMOS GANAS DE MÁS.
Tanto es así que el próximo sábado
atravesaremos desde La Cueta a Valle de Lago subiendo a la Peña Chana. Para ese
día hemos encargado algo de buen tiempo.
FRESINES
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