miércoles, febrero 29, 2012

LA COSTA ORIENTAL: DE CUEVAS DE MAR A RIBADESELLA

25 de febrero de 2012

La primavera ya se huele en el aire. Desde Nueva por la carretera subimos a los acantilados occidentales de la playa de Cuevas de Mar. El Cantábrico siempre vivo golpea contra las rocas de la punta San Antonio. Encima está la ermita del mismo nombre. Se ven cuatro puntas penetrando en el mar. En la playa, bellísima, hay varios arcos y cuevas tallados por el agua del río Ereba. Últimamente se ha instalado aquí la escuela de escalada de costa. Practican el psicobloc, nada menos.

Nuestra intención es recorrer la costa lo más cerca posible del borde, alejándonos del camino, mucho más cómodo, del PR-57. Así pues, nos metemos a los Bajos del Norte y las Canales. Al Sur está la punta Ronciello que subimos hace unos años, hermosa cumbre, mirador de lujo. Buscando senderos poco visibles nos acercamos a los acantilados de Rotelles, es un gran entrante en el mar. Desde aquí se divisan un montón de entrantes. (Hay hasta dieciocho desde Cuevas a Guadamía)

Nos acercamos a la playa de Villanueva. Desemboca en ella el río Millares. No habrá en todo el occidente una playa más tranquila, pequeña y recogida. Aquí el oleaje llega con sordina.

En la Punta Rotelles llevamos tres kilómetros recorridos. Estamos delante del islote de Horcado de Cuevas. Vimos desde arriba una sucesión de entrantes, pasillos de mar, depresiones, dolinas, arcos... todo un despliegue de elementos geológicos en los que el agua ha tallado los terrenos más blandos. Avanzamos muy despacio. Nos paramos muchísimas veces. Hoy hemos cambiado la montaña por el mar, y de verdad que es interesante.

Estamos en los terrenos de El Pando. En la Punta Espines es impresionante el “ojo de buey” que permite ver el otro lado del acantilado. El mar está relativamente tranquilo, aunque la espuma salta con fuerza tras el golpeteo de la roca. El acantilado tiene unos cuarenta metros de altura. Hay sitios en los que no nos atrevemos a posar para una foto. La roca tiene numerosos voladizos. En algunas fotos durante el temporal la espuma llega a esta altura.

Siguen los entrantes de mar. En uno de ellos está el Pozo de las Grallas de 50 metros de ancho y ciento cincuenta de largo, dividido en dos partes por un sólido puente natural de piedra. El agua corre libre por el fondo. En uno de los acantilados hay un bramador que suelta chorros de vapor al ritmo de la marea que le va llenado. El espectáculo nos deja maravillados. Ahora encontramos muchos pequeños agujeros por los que respira el mar. Entramos en el Altu de la Atalaya en la Punta Aguamía.

Inmediatamente encontramos dos grandes depresiones o cenotes, que son continuación natural del pozo de Las Grallas. El que está más al sur es el llamado “Pozu Seco”, que a pesar del nombre tiene agua. Crecen aquí unas plantas enanas pero fortísimas: los hinojos de mar que se alimentan de la misma agua salada. Agua, caliza, verde, siluetas de montañas, costa recortada: esto es sin dudar Asturias.

Unos pasos más y entramos en El Bramadoiro repleto de bocas grandes, pequeñas e incluso microscópicas por las que brota el mar. Una de ellas está viva. El aire silba con fuerza moviendo los papelillos que descuidadamente cayeron en la trampa. El bramador más grande es el Pozu de Pria de 20 metros de boca. El mar brota con tal fuerza durante las marejadas que las nidias piedras de su lado este están “mordidas” por la arena que poco a poco va ensanchando su boca. Aquí hubo hace varios años un accidente de un curioso excesivo que acabó atrapado en el imparable chorro.

Impresiona la cantidad de suciedad que “reposa” en un paraje tan bello. El aparcamiento de coches está prácticamente metido en la última línea de los “bramadores”. Había unas cadenas que impedían el paso. Fueron arrancadas en enero de 2011. Que le costaría a la gente caminar los setecientos metros que separan la costa del pueblo de Llames de Pria. Los bufones están seriamente amenazados. Todo el suelo está minado de galerías y la presión del turismo compacta todo el suelo impidiéndole respirar. Estos bufones han sido declarados junto con los de Santiuste en la Franca, y los de Arenillas en Vidiago, Monumentos Naturales de Asturias. En un museo no nos atreveríamos a tirar un papel. Aquí ¿está consentido? ¿dónde tiene la gente un poco de sensibilidad ante la belleza?

Bajamos a la playa de Guadamía, límite entre los dos concejos de Llanes y Ribadesella. Bañada por el río Guadamía, que tenemos que atravesar sin mojarnos. Con más o menos fortuna todos pasamos y trepando por el acantilado pasamos al mejor “karst” de costa de todo el mar Cantábrico. Es una trepidante sucesión de agujas contra el cielo, cortantes, en formas de oreja de elefante, con pequeños lapiaces en los laterales, y continuos joyos entre puntas. Si no se oyera el mar tan cercano parecería que estamos en la Buferrera. Nos falta todavía un montón de kilómetros de recorrido. Así que paramos muy poco en esta maravilla de maravillas. Estamos en las puntas de Tuzarrizu.

Buscando un sendero que vuelve a ser el PR-57, o a veces el llamado E-9, para mayor confusión, nos vamos alejando de nuevo por el Castro Arenas hacia la costa, siempre en la rasa. Todavía faltan nueve kilómetros a Ribadesella. Llegamos al área recreativa del Infierno. Aquí se cruzan varios caminos y cada grupo interpreta el que puede. El grupo más numeroso sale a una caleya asfaltada que está señalada como el camino de Santiago por la costa. Bordeamos varias fincas buscando un paso por la derecha. Cuando lo encontramos el grupo que seguía la costa nos hace volver a la carretera local, porque el camino por la playa de Arra no tiene paso al estar tomado por las cotollas.

Ahora queda poco pero el final de la caminata por la carretera se hace pesado. Primeras casas de la villa. En una de ellas hay un curioso azulejo con esta inscripción: “RIVADESELLA. Concejo del mismo. PARTº de CANGAS DE ONIS. PROVª DE OVIEDO”.

Cruzamos el puente. Hay varios cormoranes practicando pesca submarina. Sopla el aire. La tarde cae. Hemos empleado seis horas y media. Teníamos que haber estado más tiempo en cada sitio, pero la ruta era bastante larga y el tiempo no da para todo. Algunos nos prometemos volver a los bufones cuando el mar se ponga bravo.

Estrenamos el mes de marzo con la subida a la Cabeza Xatera y a la Cabeza Dubia entrando por Avín y saliendo a Benia de Onís. Es una excursión fácil y entretenida.

FRESINES

miércoles, febrero 22, 2012

ASCENSIÓN AL PICO CASCORBAL DESDE ACIERA

18 de febrero de 2012

Amanece despejado. Aunque el día está frío y la xelá blanquea los prados. Nos acercamos a Valdemurio. El embalse refleja todos los colores de las casas y el cielo en sus tranquilas aguas. La presa fue construida en 1968 y tiene un salto de 138 metros de caída. Este rincón quirosano es bien tranquilo y se prestaría a la contemplación si tuviéramos más tiempo. Pero no lo tenemos porque nuestra ruta de hoy empieza en Las Agüeras. Y queremos subir al pico Cascorbal, un desnivel importante de 770 metros. Subimos rápido a Aciera para entrar en calor, dejando el camino directo tomado por los artos, y nos desviamos a la izquierda por el conocido camino de El Llano que cuenta con escuela de escalada, albergue para los escaladores y una pared que se ha ganado fama en España como lugar de aprendizaje del arriesgado arte del mosquetón y el cordino. Hacia el sur destaca solemne el triángulo del Alba desde donde Senén contempla los valles que tantas veces recorrió.

Algo más arriba está el término de Pirueño por el que discurre el empedrado camino que pasa junto a los restos de la ermita de Santa Eulalia. Ya estamos metidos entre las fuertes paredes del Pico la Hoya a la izquierda y en frente el Castiellu. A ninguno de los dos aspiramos a subir hoy. El Pico La Verde y la Forcá nos traen buenos recuerdos. Fotos de concurso aquel día con los rayos de luz jugando entre la niebla. Tras pasar el bosque de fresnos estamos en lo alto de la Collá, sitio de grandes majadas y amplios horizontes. Vamos subiendo por la pista minera que sólo dejó cantos sueltos. Era una explotación de espato de flúor con varias bocaminas en esta ladera. Quedan pocos restos, algún cable oxidado. La zona de explotación tiene peligro de derrumbe por lo suelto de los conglomerados. Se encuentran por aquí buenos ejemplares de cuarzo cristalizado. Bordeamos la zona de explotación. Algunos siguen por la senda de la izquierda. La mayoría seguimos la Senda El Huertu, sendero de ganado que bordea la Peña Casavalles.

Poco a poco el senderín se va desdibujando a medida que se coge altura. Ahora ya se trata de buscar el mejor paso y con más o menos fortuna y algunas breves trepadas por la sorprendentemente buena caliza salimos a lo alto de la meseta, al final de la cual está el Pico Cascorbal con sus 1.074 metros de altura. Los más lentos hemos empleado unas cinco horas. La vista desde aquí es inmejorable. Está al oeste toda la Sierra del Gorrión, el monte más querido por Senén, luego la Sierra de Caranga con la Hoya destacando por arriba. Hacia el noroeste La Sobia por su parte trasera y la Lloral y el Buey Muerto hoy ligeramente nevados. Amplias vistas de los valles de Trubia. Cierra el círculo la Sierra de Tene bastante nevada, portentosas paredes en estratos.

Un grupo de ocho decide seguir ruta al Airúa Naval, que se alcanza rápido en un golpe de vista. Los más optimistas les garantizan una hora como mínimo de ascensión. El resto del grupo desciendo por el oeste hacia el hayedo bordeando los bloques de roca hasta llegar a la Majada Meanes. Luego hay dos atajos para evitar las odiosas pistas. El primero de ellos es camino y río a la vez. Resbala bastante y obliga a buscar las piedras menos nidias o que caen inclinadas contra el camino. Luego junto a una buena cabaña sale el segundo camino este todo él empedrado con aquel arte antiguo de conservar los caminos, vitales para las haciendas. Así hasta Tene, bonito pueblo. Todavía hay que bajar trescientos metros más por la carretera. Tomarlo con calma que los de arriba tardarán en volver.

Mientras los ocho escapados del pelotón se adentran por la collada de La Mortera d’Abaxu buscando la ascensión más cómoda al Airúa Naval. Nombre bien traído porque toda la sierra parece el espolón de un barco invertido y en el Airúa se sitúa el puesto de mando. Desde aquí la cuesta es un paredón inmenso y bastante nevado. El sol refulge en la nieve. Empezamos a subir siguiendo la misma huella. Duro trabajo del de abridor de caminos. Señales de corzo en la nieve en polvo. Hoy el hielo está ideal para hacer montañismo. Nuestro miedo es que hubiera por debajo capas de hielo que nos hubieran hecho desistir. Pero la verdad es que la nieve sujeta bastante el pie y nos aventuramos a pasar varias palas con bastante patio sin sentir miedo porque el suelo agarra. El bastón en algunas vaguadas entra hasta la empuñadura. Poco a poco vamos librando varios resaltes. Hoy son parte de nuestra cordada dos bravas chicas del Torreblanca. Salimos a la línea cimera y enseguida hacemos cumbre. El viento es helador. Totalmente complacidos con las panorámicas y con la bondad del día. Vemos Bermiego y el Pelitrón en la primera línea del nevadísimo Aramo. Dos grandes montes detrás que pueden ser El Moncuevo y el Vallongo. No nos quedamos mucho a contemplar que nos queda la tira de bajada.

Salimos por el Oeste buscando un regato que baja a la majada de Icharos. Luego sólo tenemos que seguir por el camino por el que paso el grupo hace un par de horas. Cuando llegamos a Tene pedimos auxilio: ¡Que nos manden el autocar, por favor! La verdad es que todavía nos queda otra buena hora de caminata y son ya las cinco. El pico nos ha llevado dos horas de subida y otra hora y pico de bajada. Pensamos en la gente que estará harta de esperar e impaciente por comer algo. Nos tranquilizan porque se han quedado a comer en Casa Juanín, al borde mismo del embalse. Agradecemos mucho la llegada del bus que nos quita estos cuatro kilómetros y medio de carretera. Ha sido una ruta fabulosa en su primera cumbre y la segunda nos ha llenado plenamente. La gente está en forma y eso es de agradecer en un grupo tan osado como Las Xanas. Además el día acompañó, no podemos pedir más. La vuelta con mucho cachondeo que hoy la “cobertura” se ha acercado mucho al fondo del autocar.

El sábado que viene volvemos a la costa. Empezaremos en Cuevas de Mar, magnífica playa natural. Pasaremos por los Bufones de Pría confiando que la marea nos deje ver funcionar este curiosísimo fenómeno. Acabaremos en Ribadesella. Las plazas están muy solicitadas. Vamos a pasar un buen día, seguro.

FRESINES

miércoles, febrero 15, 2012

EN LA SIERRA DEL CRESPÓN, BUENAS PANORÁMICAS DESDE EL PICO FUEYO

11 de febrero de 2012

Bella, bellísima nuestra ruta del sábado. Sobrescobio es en sí mismo una naturaleza privilegiada, abierta a multitud de horizontes, fácil de caminar por sus suaves laderas. Iniciamos esta andadura en Soto de Agües, dispuestos a hacer una ruta casi circular. Habríamos completado la vuelta si al llegar a nuestro destino volvemos de nuevo al aparcamiento de Reres, en Soto de Agües, un kilómetro y medio más.

Las casas de Soto ya merecen una visita. Que buen gusto en los arreglos de los patios y las caleyas. El pueblo espera al visitante con impaciencia, pues buena parte de su industria le llega de fuera. Entramos por la ruta del rio Alba. Para seguir correctamente esta senda, la PR-121, hay que pasar completamente la piscifactoría y, una vez superada, torcer a la derecha. Las marcas amarillas y blancas nos guiarán a lo largo de todo el trayecto. Seguimos por la pista que luego se hace sendero, superando la Collá La Espina, hasta las majadas de Navalín y Prieya. Hace mucho frío y después de subir 374 metros ya vamos más rodados. Aunque se agradece el solecillo matinal. Empezamos a tener buenas perspectivas. El pico Collargayos es una referencia obligada para situarnos en el concejo. Ahora todo está claro: el Peñón de Llagos separa las precipitadas foces del Nozalín y del Alba. Otra tajadura más pequeña es la que formó en el tiempo el río Les Bories, paso obligado para ascender al Cogollu a través de la collada Huella Les Oveyes (¡precioso nombre!).

En la huella la Fondúa los techos de las cabañas están cubiertos por una pequeña capa de nieve. Subimos al pico La Piedra, pequeña elevación que nos pilla de camino. Hemos subido 550 metros en una hora y tres cuartos sin forzar nada el ritmo. El embalse de Rusecu está turbio después de las últimas lluvias. Todavía cabe bastante más agua, aunque los responsables de la Confederación están soltando agua para evitar presión en la presa. El pueblo se refleja en su pantano. Presiden el horizonte La Xamoca, La Carba y la Collaína. Por unos estuvimos hace poco y por el primero iremos antes de que acabe el invierno.

Hace rato que nuestro andar tiene el mejor paso por encima de la tubería de agua de la Fuentona que da de beber a los sedientos gijoneses. El año pasado argayó la tubería formando una espléndida cascada. Es una impresionante obra de ingeniería que salva desniveles importantes desde el desfiladero de Los Arrudos. Llegamos a La Escrita, majada con buenas cabañas. En Rearcu el paso de la tubería se estrecha contra un saliente rocoso. Están bien fijadas las clavijas de sujeción, pero no hay cuerda alguna. Seguro que hay ganado atado con buen cordino montañero. Con precaución el paso es fácil aunque hay que evitar resbalones. Por encima nuestro sobrevuela imponente la sierra del Crespón. Recorrimos un tramo hace tres años subiendo desde Laviana. Es un terreno muy fragmentado y no se le puede perder el respeto. Estamos por fin en Llampaces. La ladera está tapizada de una fina capa de nieve.

Ahora un grupo numeroso decide subir al Fueyu o Llampaces. Sus altivos 1145 metros merecen una visita. La roca está resbaladiza y en esta ladera a la sombra se imponen los guantes. A la una y cuarto en la cima. Tres horas y media hasta aquí. Saludos al Retriñón, al Torres, al Valmartín y al Cascayón. Todas las siluetas de la cordillera relucen en su blancura. Hoy hay aquí una luz especial. Todo luce esplendente. Nos recreamos con la mirada profunda y callada del montañero. ¿Os habéis fijado en el suelo? Son minúsculos cristalitos de hielo formando puntiagudas formas, la belleza helada. Al oeste todos los valles de Laviana. Cuánto nos costó el día de la Peña Lloríu y Les Pericuetes. Este año volvemos por detrás del primer pico a las foces del Raigosu.

Dos esforzados buscan bajada directa a Llampaces. Tienen seguidores, faltaría más. Nos encontramos todos de nuevo junto a las cabañas. En descenso, cruzado el arroyuelo, entramos en un bosque de fresnos, la mayá Fresnéu. En este lugar era una actividad importante la fabricación de carbón vegetal a partir de la combustión incompleta de la madera. Subiendo el pequeño roquedo que hay detrás de la casilla, tenemos la mejor vista del Torreón medieval de Villamorey, ruina del antiguo castillo. Dicen los cronistas que esta fortificación era de origen romano, aunque fue reconstruido por Alfonso I en el siglo VIII. El airoso torreón destaca su silueta sobre el embalse, la presa y la estación depuradora de aguas. Villamorey a la vista. Todavía tardaremos un rato en llegar. Algunos bajan al Torreón por el “Mexaeru La Madalena”. Los más seguimos el pronunciado descenso que todavía quedan por bajar 373 metros. Van a dar las tres. El sendero entre fresnus y cabornos (¿visteis que algunos añosos ejemplares de hayas tenían una plaquita blanca adherida? Hay que fijarse amigos, que Peña no lo va a hacer todo).

Casi una hora después entramos en Villamorey, la aldea de las casas con corredores de madera. Nuestro premio particular a esta bien cuidada población. Seis horas de andadura, seis horas al agradable sol y al estimulante frío, seis horas respirando naturaleza. No necesitamos nada más. (Esto... sí, más felices si logramos encontrar un sitio donde nos dejen comer a los veintinueve que firmamos hoy. Nos dejan en Casa Tino, en Pola de Laviana, que anotamos para futuras visitas).

El día 18 una ruta humilde pero redonda (sobre todo porque es circular): Las Agüeras, la Collada Aciera y el Pico Cascorbal, para volver por Tene, al punto de inicio. Salimos a las 8 de Oviedo. Hay que apuntarse pronto pues últimamente nos quedamos sin plazas casi todos los sábados.

FRESINES

MAGNÍFICO DÍA EN LAS BRAÑAS DE TEVERGA

14 de enero de 2012

Ruta invernal, soleado día. Parece una contradicción pero algunos eneros asturianos son perfectos para caminar por las praderías heladas, para ver brillar el sol en el hielo de los regatos, para respirar naturaleza en un cielo limpio como pocos. Ya vendrá el invierno.

Pues eso, que amaneciendo pronto, abrigados para los dos grados de temperatura que marcaba el mercurio, empezamos la marcha en la aldea de Taja. Este lugar está enclavado en uno de los tres valles que del concejo de Teverga: Valdesantibanes por el que discurren las aguas de los arroyos de Taja, Riomayor y Estopo. Cierra este valle por el noroeste el Pico Redondo, nuestro objetivo para hoy.

Subimos todo el tiempo por pista, con ritmo marcado que está frío y hay que caminar fuerte para mantener el calor. En poco más de una hora estamos en la Vega de Cueiro. Hoy tiene amplias manchas blancas de escarcha. Llegamos hasta el panel informativo. No aparece en él nuestra meta. Surge alguna duda sobre el pico que hay enfrente y que resulta ser el Altu la Casa de 1445 m. Como nuestros compañeros vienen con más calma decidimos subir por el airoso canto. Otro grupo sigue hacia el sur por el Camín de la Mesa que viene del puerto San Lorenzo. Luego dan la vuelta y suben también al Picu La Casa con lo que medio grupo se ha marcado un extra a este gran mirador de Somiedo y las Ubiñas. Tiene buzón en forma de piolet, colocado por los Moscones de Grado. Luego bajamos rápido porque el grueso de la tropa ya está a media ladera del Pico La Berza. Es una ascensión cómoda. No deja de ser una gran pandona con la que comienza el Cordal de Porcabezas.

Allí en lo alto conviene abrigarse. La brisa que corre por las alturas es fría. Hacemos las fotos de ritual. Y salimos por el noroeste en descenso suave al valle que recoge aguas para el río Cubia que riega los altos prados de Marabio. Empieza la larga cuesta que hay que tomar con calma. Rodeamos por la derecha y en subida la Peña el Sumideru que nos tapaba el Redondo. Ahora la silueta del pico es evidente y la subida bastante fácil. Nos juntamos veintiocho personas en la cima. Desde el lejano Cornón hasta el cercano Caldoveiro en un sinfín de siluetas inabarcable. Vemos San Martín de Ondes colgado de la ladera, avanzando el profundo tajo del Pigüeña. Toda la sierra de La Manteca. ¿Os acordáis de dos excursiones que nos complicó la niebla el año pasado? El Pico Urro y el Picu L’Obiu. Con sol y claridad estamos hoy muchísimo más a gusto, y, desde luego, más secos. El horizonte tevergano está cerrado por el Oeste por la Peña Gradura y por la sierra de La Sobia, peñas que son un poco la historia misma de Las Xanas.

Bajamos con calma a las brañas de Vicenturu. Pronto encontramos el camino que nos llevará hasta Campiellu. Tenemos seiscientos metros que tirar para abajo. Es una extraordinaria senda de uña que bordeando El Cogollu va descendiendo lentamente en lazadas a la braña de Valmuerto. Un poco antes de llegar encontramos a un ojeador de la cacería. Hoy no cayó más que un jabalí, pues los lobos hacen su trabajo. La cadena de los depredadores es implacable. Son curiosos los mecanismos por los que la naturaleza se regula a sí misma. En la braña esperamos a dos tardones fotógrafos. Hablamos con Clemente de nuestro compañero y socio Jesús, y de su estado delicado de salud y de cómo lucha con tesón contra su enfermedad.

El resto de la bajada es un camino precioso, a veces metido en la ladera de la sombra, tapizado todo él de fueya caída. El sol brilla en la ladera contraria del valle, el pueblo de Riomayor refleja la cálida luz invernal. El camino entra por un bosque que en su día ardió. Quedan gruesas fayas que aguantaron el fuego como pudieron y que en la actualidad hacen cabornos o tueros huecos. Y sin embargo brotan escaños llenos de vida de su tronco vacío y quemado.

Dos revueltas más y alcanzamos Campiello. Nada más entrar hay una quinta con dos corredores, perfectamente restaurada. Detrás una preciosa casa de aldea. El pueblo está limpio. Huele a leña, las casas cuidadísimas. Hay mucho foráneo y buena plática en las caleyas. Son las cuatro y media. Vamos a San Martín a comer algo, que hay que hacer por la vida.

Para la próxima semana la ruta del programa es la siguiente: Les Cueves- Campa Llamarga- Les Haces- Pico La Collaina- Anzo y Rioseco.

Cuando estoy redactando estas líneas me avisan de que acaba de fallecer Jesús. Mi recuerdo más emocionado a mi compañero de mil aventuras. ¿Os acordáis de sus bromas y pullas constantes, el jaleo en el autocar que armaba un día sí y otro también? Como me acaban de decir por teléfono se nos ha ido un gran hombre, una buena persona y un entusiasta de la naturaleza. Cierro los ojos y veo los cabornos de la ruta del sábado: en el centro de lo quemado surge con fuerza nueva vida. Jesús, tu también has dado nueva vida, has sido generoso con todo, te has acordado de todos, has preguntado por todos. Tu grupo, Las Xanas, del que hablabas con orgullo, del que admirabas sus gotas de anarquía organizada, te recuerda hoy con un mudo homenaje a tu forma de ser tan picona, a tu alegría contagiosa, a la gran dignidad que mostraste en la larga enfermedad. Estoy seguro de que nos volveremos a ver por alguna de esas montañas del paraíso astur. Un gran abrazo Chus.

FRESINES

jueves, febrero 09, 2012

PRIMERAS NIEVES EN LA MOSTAYAL

04 de FEBRERO de 2.012

Con amenaza de temporal, como en otras ocasiones, salimos de Oviedo con termómetros bajo cero y dispuestos a disfrutar de una agradable ruta de montaña, por una de las zonas montañosas más próximas a Oviedo: El Aramo y más concretamente, La Mostayal.

Desayuno en Argame y rumbo a Campo, al lado de Peñerudes, para iniciar la travesía. La climatología, aparte de fría, parece que se mantiene con nubes y claros. En el ambiente, muchos ánimos. Al menos no llueve.

Dejamos el autocar al lado del monumento al caminante y comenzamos a caminar por la carretera que se dirige a La Boza. Caminamos entre casas y praderas y a la derecha vemos el único lienzo inhiesto de lo que fue el Torrexón de Peñerudes. Esa imagen nos acompañará por una buena parte del camino, a nada que giremos la vista atrás.

Se acaba la carretera y continuamos por una buena pista. Comienzan a caer algunos tímidos copos de nieve. Todo fue un atisbo. Duró muy poco. Al encontrar una primera portilla, seguimos por la pista que asciende, dejando otra a la derecha.

Por la derecha vemos la carretera que se dirige a Dosango y las casas de El Artoxu. En una segunda portilla, abandonamos la pista para ascender por un sendero que sale también a la derecha y se dirige a un peñón que tenemos enfrente. El sendero bien marcado y fácil de seguir, discurre paralelo al peñón hasta que realiza un giro a la izquierda alcanzando así el Llanu Cimeru. Ya comenzamos a pisar nieve.

Mirando atrás podemos ver todo el camino recorrido y el espejo del embalse de Los Alfilorios, que aplaca la sed de los habitantes de Oviedo. Ante nosotros, una horcadota al final del pindio repecho. Allí nos espera una yegua sin inmutarse ante nuestra presencia. Hay otros dos caballos con ella y ni siquiera levantan la cabeza a nuestro paso.

Enseguida llegamos a la Vega Campo donde podemos ya vislumbrar nuestra cumbre de hoy, la Mostayal. Un caballero, por lo de ir subido a un caballo, nos pregunta si vimos unas yeguas y afirmativamente le contestamos. Luego es Carrete, que raro, el que conversa con él tras llamarle por su nombre. Amistades que tiene en todas partes. Unas cabañas cubiertas de nieve, campan en la pradera hoy blanca.

Analizamos un poco el camino que nos queda por recorrer y optamos por ascender por las praderas hasta el comienzo de una pequeña canal que asciende a la izquierda alcanzando la cresta de la montaña. Así lo hacemos y por ella alcanzamos la vertiente este de la sierra, dando vistas a el Monsacro y las tierras de Morcín.

Buscamos los mejores pasos siguiendo la cresta, ya que el sendero desapareció bajo la nieve. Vemos a nuestra izquierda los restos de las cabañas de la braña La Vara y tras pasar el cantu La Vara, accedemos a la cumbre del Pico La Vara, ya a pocos metros de a Mostayal, a la que llegamos a continuación.

Dos buzones de cumbres, uno de ellos con una cruz y una hornacina con verjas y cerrada por un candado, guarda una imagen de la Virgen de Covadonga.

Las vistas son espléndidas hacia todas partes, a pesar de que casi son las mismas de las que venimos disfrutando durante la subida. Al norte tenemos el Naranco y Oviedo, donde distinguimos perfectamente la silueta del Centollu y del nuevo hospital. Más cerca nuestro, la Central Térmica de Soto de Rivera con su eterno penacho humeante. Y a nuestros pies las tierras de Morcin. A la derecha, este, el Aramo se despereza de entre las nubes, dejándonos ver la caseta y antena de la Gamonal, Por el oeste, el tajo del Foz de la Covayada, Las Xanas, nos espera y a su lado vigilante, Dosango y muy cerca Pedroveya. Más a lo lejos, la silueta blanca de nieve de La Loral destaca sobre el resto de cumbres. A su lado el Buey Muertu que parece más montaña desde esta posición. Y otros muchos lugares que ya conocen de nuestras botas.

Hace frío y ya llevamos un buen rato en la cumbre. Es hora de iniciar el descenso y lo hacemos hacia la vertiente opuesta a la que llegamos, descendiendo siguiendo las marcas del PR que nos llevan al bonito Collado de Pan de la Forca.

Con dirección suroeste se abre una foz por la que discurre el arroyo Solombria. Encontramos las trazas de un buen sendero cubierto por la nieve pero que nos facilita el tránsito por la estrecha y pendiente foz. Un bonito recorrido entre árboles cubiertos de nieve que nos conduce a las Cabañas de Acebal y de aquí, ahora ya con barro, a la braña de Gameu, donde cogemos una pista hormigonada que nos conduce directamente, en un fuerte descenso, a Pedroveya.

Un pequeño descanso y unas sidras en Casa Generosa, donde nos despedimos de Luisa y Banjul que volvían a Peñerudes donde habían dejado el coche. Abandonamos el pueblo por la carretera que se dirige a La Rebollada y junto a la Iglesia de San Antonio, con su viejo tejo, tomamos el camino que desciende por el empinado prado, dirigiéndonos al inicio de la ruta de la foz de la Covayada, también conocida como ruta de Las Xanas.

Tras introducirnos en el bosque, descendiendo los altos escalones desgastados de pasar por ellos, cruzamos un pequeño puente de madera y pasamos junto a los restos del Molino de Secundino, que cada día tiene menos estructura en pie y más basura en su interior. Seguimos la marcada vereda, en este tramo con algo de barro. Cruzamos otro puente también de madera y poco después salimos de bosque y comenzamos la zona de los altos muros de piedra, que nos recuerdan el desfiladero del Cares. Grandes profundidades en las que ruge el Arroyo de las Xanas que apenas podemos ver dada la altura y lo espeso de la maleza del fondo del barranco.

El camino es bien conocido por los asturianos y más por nuestro grupo, que no en vano tiene el mismo nombre: Las Xanas. Una placa colocada en la pétrea pared, recuerda la fecha de la fundación de nuestro grupo. Luego, ya en poco tiempo, alcanzamos la carretera de Tenebredo y Cotomonteros y a continuación el Área Recreativa de las Xanas, al lado de un antiguo molino hoy rehabilitado como vivienda. Aquí ponemos punto final a una estupenda ruta, gracias sobre todo a la nieve y a que la climatología nos respetó.

Para el próximo sábado tenemos ruta por Sobrescobio. Saldremos de Soto de Agues, para recorrer la Xerra`l Crespón, por el Camín de La Canal. Pasaremos por Les Bories, Prieta, La Piedra, Llampaces, L'Arganosa, Fresneu, El Torrexón, La Vallimaor y final en Villamorei.

JAFPA

miércoles, febrero 01, 2012

LAS XANAS COMPLETA EL RECORRIDO EN LOS ALREDEDORES DE CUDILLERO

28 de enero de 2012

Otra jornada para fastidio de agoreros. A pesar de lo anunciado la meteorología nos respetó bastante e incluso nos envío tímidos rayos de sol cuando teníamos la mejor vista de la costa. Agradecidos pues. Vayamos por orden.

Nuestra primera parada el puerto de Cudillero. Siempre grande, siempre en obras. Hoy está muy tranquilo, hay poca actividad. El mar prácticamente plano nos ha contagiado su calma. Subimos por la carretera que los acantilados laterales son potentes y verticales. Luego nos metemos por la vía del FEVE unos diez minutos más tarde. La caja del tren se va empinando y no nos gusta demasiado caminar por un paso con tan poca salida. Encontramos una salida por la derecha. Parece la pista de mantenimiento. Nos dura poco la alegría porque enseguida se va convirtiendo en un sendero más bien estrecho y este acaba dando a una profunda barranca.

Diez minutos dando vueltas por el eucaliptal siguiendo sendas de animales y volvemos a encontrar la vía. ¿Cómo es posible que la perdiéramos de vista? Al pasar al otro lado nos damos cuenta: hemos cruzado por encima de un túnel en semicurva . Volvemos a buscar sendero en la arboleda. ¡Sorpresa! Se ve el polideportivo de Cudillero. Si van ochenta minutos desde que arrancamos del puerto. No hemos hecho más que lazadas. Ahora a la vera de la instalación deportiva hay una buena pista que desemboca por la parte de atrás de una factoría de hormigón. Trabajan con bentonita, esa arcilla porosa que se usa para la cimentación y el sellado.

Seguimos el recorrido por el descampado que hay detrás de la industria. Dos horas después de salir nos asomamos de nuevo a la carretera y el cartel indicador nos deja planchados: Cudillero está a 500 metros desde aquí. Mejor miramos hacia delante y nos vamos a la Concha de Artedo, a dos kilómetros nada más. Nuestro camino discurre por la imponente construcción del viaducto de Artedo. Especulamos sobre cómo se pudo realizar tan espectacular obra. Bajamos a la playa por el húmedo hormigón, después de dejar atrás el Hotel Mariño y la contigua estación del FEVE.

En la playa se impone un breve descanso. Todos los establecimientos hoteleros están cerrados. ¿Será verdad que las playas son sólo para el verano? Pues no saben lo que se pierden, de verdad. Pero seguimos que aún nos queda lo mejor del día. Por senderos señalados que atraviesan el pinar de pino gallego, salimos a Lamuño. Pueblecito cuidado como pocos, con sabor asturiano y casas más bien escondidas entre altos cipreses. Atravesado el pueblo de nuevo estamos rodeados de pinos. Cruzada una estructura con aires de la gran muralla china damos encima de una cala de paredes cortadas y de canto rodado. La costa occidental es una sucesión de recortes entre altas paredes y de islas. Por lo menos distinguimos la de Deva y la Herbosa, frente al cabo Peñas. Todo lo de más son aguijones, aquí llamados “puntas” apuntado al bravo Cantábrico.

Superada la punta de El Cabo, en el que hay un vértice geodésico, nos quedamos extasiados con la amplísima visión de la playa de Oleiros, una de las intocadas playas salvajes del Occidente. Es una rueda en semicírculo cerrada por altas paredes. La espuma llega en sucesivas oleadas blanca, suaves, en un mar intensamente azul. El sol lanza rayos misteriosos sobre la Punta Malperro. Todo es relajante en esta idílica visión de la naturaleza. Hermosa Asturias, “quién pudiera cantarte”...

Salimos al pinar en lo que parece ser un camping de cabañas. Este pinar es el monte Valsera y cuenta con una buena área recreativa. Cuando llegamos a Salamir nos sentimos decepcionados: está invadido de monótonas construcciones en una urbanización “fantasma” por lo vacío, innecesariamente uniformada, fea en definitiva. Huimos casi corriendo. La siguiente obra en el recodo de la carretera es otro altísimo puente en la autovía, monumento a la ingeniería civil, útil pero algo mamotreto también.

Tenemos San Pedro de la Ribera a la vista. Sólo hay que bajar por la larga y amplia bajada.. El valle en forma de anfiteatro está regado por el río Esqueiro. Aquí termina nuestra andadura. Cinco horas y cuarto. No está mal. El invierno fue hoy benigno con nosotros y nos ponemos ha hacer planes para continuar la aventura costera hacia el Cabo Busto. Nos dejan comer en el bar del pueblo: unos dentro, otros más valientes fuera, que está anocheciendo y se nota el relente. Fue una buena jornada sin cima, pero gozada a tope.

El primer sábado de febrero una clásica para los grupos ovetenses: Peñerudes- La Vara- La Mostayal- Pandelaforca- Pedroveya- la Foz de la Covayada- Las Xanas.

Un pico modesto, pero de una belleza escondida sencillamente admirable.

FRESINES

lunes, enero 16, 2012

OTRA TRISTE DESPEDIDA

Acabo de llegar de despedir a otro amigo. Y van… demasiadas despedidas en pocos meses. Se nos ha ido Jesús. No por esperado es menos duro y triste este adiós.

Jesús no estuvo mucho tiempo en el grupo pero si lo suficiente para dejar en nosotros una profunda huella gracias a su forma de ser y de ver la vida. Eso fue lo que le dio la fuerza con la que durante muchos años luchó contra una enfermedad que terminó por vencerle. Pero no le fue fácil a la Parca.

Recuerdo su primera salida con nosotros. Hicimos aquel día la Ruta del Cares. Recorrimos la Garganta Divina en un precioso día de sol del mes de marzo de 2006. Le acompañaban Mabel y uno de sus hijos. Creo que no cruzamos ni una sola palabra. Luego siguió saliendo con el grupo y un buen día, dando muestras de su fuerte voluntad, venció el vértigo que padecía y caminó por el Sedo de Vibolines en ruta de descenso de peña Salón.

Mis recuerdos de Peña Ten, la segunda y última vez que la ascendí, son tristes. Ya de salida comenzamos a comentar sobre nuestra común afición: la fotografía. Hicimos todo el acercamiento comentando temas de fotografía y de nuestras cámaras. Cuando comenzábamos con las primeras rampas de la peña, fue cuando me lo dijo. Nos dejaba, no seguiría saliendo con el Grupo. Un cáncer le obligaba a pasar al dique seco.

No me lo podía creer. O no quería creerlo. Las lágrimas inundaron mis ojos y el corazón se me encogió. Sin embargo él continuaba con su buen humor. Ese humor que nos contagiaba a todos y el que le dio las fuerza suficientes para aguantar la enfermedad por tantos años.

Jesús fue un luchador y murió luchando. Nos ha dejado otro buen amigo y compañero. Ya son demasiados los que velan desde el otro lado nuestros pasos. No necesitamos más. Ya son suficientes. No queremos volver a encontrarnos en esas circunstancias. Ya está bien.

Adiós Jesús. Nos dejas otra vez tristes. Con una tristeza ya continua. Trataremos de recordar alguna de tus chanzas para volver a recuperar la sonrisa. Adiós Jesús. También a ti te recordaremos cuando los precipicios se abran a nuestros pies y las flores se ofrezcan para ser inmortalizada por la cámara.

Caminarás con nosotros en nuestros pensamientos.

JAFPA

jueves, enero 12, 2012

LAS XANAS INAGURA EL AÑO MONTAÑERO EN LA PEÑA CARESES

7 de enero de 2012

Paramos en Lugones para completar el autocar que hoy va prácticamente lleno. Se ve que la gente tiene ganas de monte, de salir de casa y de quemar los excesos de calorías que la sucesión de fiestas nos dejan. Nos saludamos con la emoción del reencuentro felicitándonos el año. Ya en Pola de Siero, en la zona del Rebollar, próxima a la Piscina Municipal empezamos esta ruta que nos tomamos como un amable paseo. Subimos hasta el barrio de La Cuesta donde un panel informativo marca la ruta AS-216.

Una vez que llegamos al primer cruce nos metemos a la derecha por un camino que baja hacia el Lugarín, grupo de casas en medio de praderías muy cuidadas. Subimos hasta Samartino. Seguiremos caminando hasta El Tochal, una zona de arbolado, y tras pasarlo, salimos a la carretera que a su vez va a salir a la llamada AS-248, pero nosotros no saldremos de ésta, sino que nos desviaremos por un camino a la derecha para llegar hasta La Ería, que cuenta con una buena área recreativa.

Giramos a la izquierda en el siguiente cruce, en el que empieza una pequeña ascensión. Dejamos a un lado una pequeña plantación de árboles autóctonos y seguimos subiendo hasta culminar un pequeño repecho, tras el cual ya se podemos divisar el Picu Castiellu y nuestro objetivo de hoy: la Peña Careses. La sucesión de intercesiones es interminable pero afortunadamente la ruta está muy bien señalizada y en pocos puntos dudamos por donde seguir.

Después de caminar un rato en llano tiramos por una de las dos bifurcaciones, en este caso la más larga para dar un poco de empaque a esta sencilla excursión . Cruzamos el arroyo de Villanueva y atravesamos un bosque de castaños. Estamos en Careses que cuenta con fincas cuidadísimas con antiguos aperos de labranza engalanados. Bien por los vecinos del pueblo. Ahora girando al Oeste tenemos delante el largo peñón en forma de barco invertido. Hay que acertar con el sendero de subida. Nos aproximamos para ello hasta la boca del túnel. Túnel que nunca conoció ferrocarril alguno en sus entrañas, pero que sirve de guarida “casi natural” a una familia de murciélagos. Las chicas no se animan a entrar por su oscura boca, por si acaso.

Comenzamos la ascensión al principio suave, pero poco a poco más pindiosa. El día está espléndido y sobra ropa. Si a esto unimos el deslizante barro durante casi toda la subida la consecuencia es que sudamos copiosamente. El intenso olor de los eucaliptos nos reconforta. El fuego traidor dio buena cuenta de la ladera y a pesar de todo sobrevivieron unos cuantos pinos con la corteza negra. Hoy las terribles procesionarias del pino son la mayor amenaza de estos árboles. La subida es más larga de lo que pensábamos pero por fin hacemos cumbre. La vista es muy buena hacia Siero porque la cordillera esta velada por una densa nube. Al este el pico Fario en el que estuvimos hace un año pisando abundante nieve. Media hora en el pico, las fotos de rigor (hoy contamos con una super-cámara, mayúscula de verdad). Bajamos entre cotoyas por el mismo itinerario para retomar por la Fuente de les Xanes el camino de vuelta.

Algo cansadillos de tanta vuelta y revuelta agradecemos por fin un tramín de llanada. Falsa impresión: el camino empieza a subir de manera continua pillándonos a traición cuando ya nos veíamos a punto de llegar. Pasamos junto al cartel que indica “el mirador de Ordiales”. Pasada La Cerra y sus amables canes seguimos con más o menos fortuna las continuas señales de Gran Recorrido. Algunos con menos porque se equivocan e intentan atajar por las praderías, unos auténticos “pisapraos”.

Con buena conversación se hace más corto el camino y casi enseguida estamos junto al panel informativo y bajando por las caleyas de Les Casuques (llaman la atención el número de casas abandonadas) Bajamos por la carretera conocida, admiramos los corredores labrados de El Rebollar, y cruzando la carretera de Santander estamos en el mercado de ganado con más hambre que Carpanta. Bajamos a comer junto a la estación del Feve en Lugones, que poco a poco se está convirtiendo en nuestra segunda sede. Sólo hace falta que los de Lugones y Lugo de Llanera pongan más montañas alrededor.

Ya inaugurada la temporada, estrenando el nuevo y flamante calendario color verde esperanza, queremos mandar a Manolo un mensaje de ánimo y superación pues queremos contar pronto con él.

La ruta de la semana que viene es la de Taxa – Cueiro – Picu Redondu- Vicenturu- Campiello en el concejo de Teverga.

Recordar que estos días estamos tramitando la licencia federativa de este año. Daros prisa para poder presentar todas juntas.

FRESINES

martes, diciembre 13, 2011

MI QUERIDO AMIGO JORGE...

Hace muchos años tuve un profesor de literatura, salesiano, que padecía una ligera cojera que le impedía practicar una de sus grandes aficiones: la montaña. Por ello nos contaba, imbuido de su condición religiosa, que para él el cielo, sería un lugar en el que podría realizar esa afición, libre de la lesión terrenal que se lo impedía.

Yo confío como él, que el más allá nos depare un estado especial en el que poder disfrutar de lo que nos gusta y poder hacerlo durante el tiempo que se te apetezca. Esa es la imagen que ahora tengo de ti, Jordi. Estoy seguro que estas ya encaramado en la Schiffer de las montañas, La Ubiña, como tú nos decías hace ya unos cuantos años, cuando esta modelo era lo más afamado de ese mundillo y nuestras rutas se movían regularmente por las inmediaciones de Somiedo y las Ubiñas.

No había vez que pasásemos por el Puerto Ventana, que no nos parásemos en “el mirador de las Ubiñas”, para contemplarla y hacerle una vez más, un sinfín de fotos que ya teníamos muy repetidas en nuestros, por entonces álbumes. Ni que decir tiene que cuando comenzamos a manejar cámaras digitales, ese número de fotos aumentó considerablemente.

Otra de tus cumbres señeras era el Tiatordos. Un día me subiste junto a Adolfo, por un camino imposible y con un viento endemoniado que apenas nos dejaba contemplar el paisaje si no era tumbados en el suelo. Otra montaña que también llenaba nuestros recuerdos y nuestros muestrarios fotográficos, aunque un poco más recatada, dada su manía de estar medio tapada por las nubes cuando la visitábamos desde la perspectiva de El Cabañón.

Luego, el Grupo de Montaña Las Xanas, tu grupo, gracias a tus calendarios, se fue agrandando, lo que nos permitía conocer otras montañas y otros macizos. ¿Te acuerdas? Les decías a Gelu y a Toño: ¡Escoge Macizo! Y nos íbamos a por las cumbres de Picos y como no, a por sus rincones. Enamorado del Occidental, siempre buscando una pasada distinta, una majada especial, la unión del verde de la hierba y el gris plata de la caliza. Esas rutas inverosímiles que puestas sobre el papel, no parecían nada del otro mundo, pero que una vez realizadas nos llenaban el corazón de alegría y felicidad.


Recuerdo muy bien la primera vez que atravesamos el Central, desde Fuente De a Poncebos, pasando junto al Urriellu. Tu rostro brillaba. Creo que hasta una lagrima pendía de la comisura de tus ojos. Estabas radiante ante El Picu. Luego, para rematar, descendimos todo el grupo por la Canal de Camburero. Eso fue apoteósico para todos. Las travesías eran lo tuyo. Y que razón tenías.

Así fue como me ganaste para el bando de los que piensan que muchas montañas es mejor verlas que subirlas. No lo veía yo así al principio. Luego, poco a poco, lo fui comprendiendo. No quiere esto decir que no fuese emocionante la ascensión a muchas de ellas, que lo era. Pero su belleza real reside en la contemplación de su figura, desde distintos ángulos.

Como aquella foto. ¿Te acuerdas? ¡Cuántas veces me dijiste que nunca volvería a hacer otra foto mejor! Y ahora va a ser verdad. Fue la primera vez que el grupo hizo la Collada Bonita. Nos quedamos solos contemplando la cara sur del Picu, ensimismados, absortos y sin hablar. Luego, poco a poco, seguimos camino descendiendo al Jou Tras el Picu para subir al Collado la Celada, en un día caluroso al límite. Y allí estabas tú, contemplando una vez más al Urriellu, con aquel sombrero de paja. Parecías un cubano recortado sobre el cielo azul, con la cabeza levantada, en un escorzo desde abajo y por la espalda, con la cara sur del Urriellu haciendo de gigante frente a ti.

Otro de tantos días maravillosos de montaña que compartimos, disfrutando del paisaje y de la palabra. Menguada palabra, pues ni tú ni yo somos de mucho hablar, pero nos entendíamos en monosílabos. Igual que en internet. Hasta a mí me llegó a exasperar alguna de nuestras conversaciones. Parco en palabras, pero las justas. Muchas veces son innecesarios los grandes discursos. Un si o un no pueden ser suficientes.

Y ¿ahora? No tendré ni siquiera eso. Jordi, me dejas solo. Nos dejas huérfanos. Vamos a ir a Llue. Tenemos que ir a Llue por ti. Te lo debemos. Seguramente que nos vas a acompañar. Nos acompañarás, junto al Guaje en todo este calendario que nos dejaste pocos días antes de tu marcha. Tenemos el año próximo completo: Vuestra compañía en las rutas, guiándonos por los intrincados caminos y luego, en el autocar, escucharemos un solo de guitarra emulando a Los Stukas en su interpretación de Hazañas Bélicas.

Jorge Pablo, siempre caminarás entre nosotros.

JAFPA

lunes, diciembre 12, 2011

LAS XANAS CELEBRA SU BELEN DE CUMBRES EN EL GORFOLI: ALEGRIA DE FIESTA Y DOLOR POR EL AMIGO AUSENTE

10 de diciembre de 2011

Era el tiempo de nuestro rito navideño. Es lo que tienen las costumbres: se convierten en imperativa ley. Hoy tocaba Belén de cumbres en el Gorfolí. A tierras avilesinas nos fuimos. Nos acercamos por Barredo a la amplia pista que sube a las antenas. Al poco de empezar el primer nubarrón crecía imparable en el horizonte: nuestro amigo y compañero Jorge estaba ingresado de urgencia en Cabueñes. Alguien quién propone posponer la ruta y la celebración. Otros, la mayoría, que conocemos cómo piensa Jorge pensamos que no, que lo mejor es seguir con la actividad y celebrar el año que se acaba.

La mayoría sube al vecino Monte de Vilayo mientras otros más conservadores seguimos por la pista hacia las altivas antenas. La panorámica es soberbia. Nunca dejaremos de admirar esta Asturias que tu nos has ayudado a ver desde lo alto, Jorge.

Cuando nos reunimos todos María, nuestra jovencísima socia, y otras expertas manos femeninas preparan el Belén de Cumbres. Descorchamos sidra El Gaitero, famosa en el mundo entero, y otras viandas navideñas y siempre con humor, y siempre con buen diente damos cuenta de nuestra intendencia. Pronto con el calor de la celebración surge un coro improvisado de villancicos. Bien las tiples, los tenores tienen que ensayar más. Hasta que cambiamos de tercio y empiezan cancios más de nuestro registro. Con una cosa y otra el rato se ha pasado y hay que bajar. Hacia la ermita de Taborneda que es terruño de algunos de los presentes.

De camino nos desviamos a la cascada de Friera, sutil rincón entre eucaliptos y robles. Cantarina la caída, fuerte el desnivel de bajada. Sutil la protección de un cordín delgadín y provisional que alguna mano bienintencionada a colocado para evitar desgraciados resbalones.

En la ermita de Taborneda nos agrupamos todos. Bajamos por la pradería cuajada de setas rojas algo pasadas ya. En el asador El Blimal nos tienen preparada una larga mesa. El ambiente bien, pero hay algo en el ambiente que nos tiene constreñidos. Y una vez más, las fatídicas predicciones se cumplen. Cruel e inexorable destino. Nos acaban de comunicar tu fallecimiento.

El golpe es importante. Esperado pero difícil de asumir. Te vimos la semana pasada en nuestra cena del año aguantando como un campeón porque estabas entre amigos. Ahora pensamos que era tu forma educada y cordial de despedirte. Te fuiste y quedamos francamente preocupados, pero siempre hay mecanismos para engañarnos. Ahora quiero aprovechar esta crónica improvisada para saludar a quién un día me llamó amigo. ¡Qué difícil es cultivar este tesoro de la amistad! Y te digo Jorge, que tu lo hacías bastante bien, siempre pensando en hacer grupo, en construir más grupo, en que las Xanas, tu grupo, el de Lito, Peña y Jorge, los de Trubia y San Andrés, vaya.

Tus calendarios los conocemos bien, los hemos pateado a base de bien. Pocos y recónditos lugares nos quedan por ver. Todavía tuviste moral para dejarnos encauzados para la próxima temporada. Recuerdo especialmente como me enseñaste a conocer el bosque de Puripinto, la Foz de Saolla y los caminos de Vallemoro, terrenos de los que estabas especialmente enamorado. Se puede amar a un paisaje como se ama a una mujer: con respeto, cercanía y posesión. Siempre discutíamos estas cosas. Discutir se nos daba bastante bien. Cuántas veces hemos arreglado el mundo, y eso que no tiene mucho apaño. Una de las cosas que más vívidamente recuerdo es tu sentir la montaña, no como una conquista sino como un premio. La frase de Gaston Rebuffat lo expresa muy bien: “De cualquier manera, la llegada a una cumbre jamás representa una victoria sobre la montaña sino sobre uno mismo”.

Hoy en el día de tu ausencia pienso que también has vencido. A lo mejor podemos cantar “victoria”. Otra vez más tu grupo ha llegado, dónde tu te lo propusiste. Alguna vez prepararás otras trabajosas rutas, más lejos, más arriba... Ten la seguridad que Las Xanas de Trubia te seguirán otra vez más.

Revivo tu insistente mirada. Es una parte de tu personalidad. Pido prestadas las palabras a la poetisa María J de la Vega para esta elegía que lo expresa todo con sutileza:

Cerremos esta puerta.
Lentas, despacio, que nuestras ropas caigan
como de sí mismos se desnudan los dioses.
Y nosotros lo somos, aunque humanos.
Es nada lo que nos ha sido dado.
No hablemos pues, sólo suspiremos
Porque el tiempo nos mira.
Alguien habrá creado antes de ti el sol,
Y la luna, y el cometa, el espacio negro,
Las estrellas infinitas.
Ahora juntos, ¿qué haremos?. Sea el mundo
como barco en el mar, o pan en la mesa,
O el rumoroso lecho.
No se alejó el tiempo, no se fue. Asiste y quiere.
Su mirada aguda ya era una pregunta
A la primera palabra que decimos:
Todo

FRESINES