miércoles, febrero 29, 2012

LA COSTA ORIENTAL: DE CUEVAS DE MAR A RIBADESELLA

25 de febrero de 2012

La primavera ya se huele en el aire. Desde Nueva por la carretera subimos a los acantilados occidentales de la playa de Cuevas de Mar. El Cantábrico siempre vivo golpea contra las rocas de la punta San Antonio. Encima está la ermita del mismo nombre. Se ven cuatro puntas penetrando en el mar. En la playa, bellísima, hay varios arcos y cuevas tallados por el agua del río Ereba. Últimamente se ha instalado aquí la escuela de escalada de costa. Practican el psicobloc, nada menos.

Nuestra intención es recorrer la costa lo más cerca posible del borde, alejándonos del camino, mucho más cómodo, del PR-57. Así pues, nos metemos a los Bajos del Norte y las Canales. Al Sur está la punta Ronciello que subimos hace unos años, hermosa cumbre, mirador de lujo. Buscando senderos poco visibles nos acercamos a los acantilados de Rotelles, es un gran entrante en el mar. Desde aquí se divisan un montón de entrantes. (Hay hasta dieciocho desde Cuevas a Guadamía)

Nos acercamos a la playa de Villanueva. Desemboca en ella el río Millares. No habrá en todo el occidente una playa más tranquila, pequeña y recogida. Aquí el oleaje llega con sordina.

En la Punta Rotelles llevamos tres kilómetros recorridos. Estamos delante del islote de Horcado de Cuevas. Vimos desde arriba una sucesión de entrantes, pasillos de mar, depresiones, dolinas, arcos... todo un despliegue de elementos geológicos en los que el agua ha tallado los terrenos más blandos. Avanzamos muy despacio. Nos paramos muchísimas veces. Hoy hemos cambiado la montaña por el mar, y de verdad que es interesante.

Estamos en los terrenos de El Pando. En la Punta Espines es impresionante el “ojo de buey” que permite ver el otro lado del acantilado. El mar está relativamente tranquilo, aunque la espuma salta con fuerza tras el golpeteo de la roca. El acantilado tiene unos cuarenta metros de altura. Hay sitios en los que no nos atrevemos a posar para una foto. La roca tiene numerosos voladizos. En algunas fotos durante el temporal la espuma llega a esta altura.

Siguen los entrantes de mar. En uno de ellos está el Pozo de las Grallas de 50 metros de ancho y ciento cincuenta de largo, dividido en dos partes por un sólido puente natural de piedra. El agua corre libre por el fondo. En uno de los acantilados hay un bramador que suelta chorros de vapor al ritmo de la marea que le va llenado. El espectáculo nos deja maravillados. Ahora encontramos muchos pequeños agujeros por los que respira el mar. Entramos en el Altu de la Atalaya en la Punta Aguamía.

Inmediatamente encontramos dos grandes depresiones o cenotes, que son continuación natural del pozo de Las Grallas. El que está más al sur es el llamado “Pozu Seco”, que a pesar del nombre tiene agua. Crecen aquí unas plantas enanas pero fortísimas: los hinojos de mar que se alimentan de la misma agua salada. Agua, caliza, verde, siluetas de montañas, costa recortada: esto es sin dudar Asturias.

Unos pasos más y entramos en El Bramadoiro repleto de bocas grandes, pequeñas e incluso microscópicas por las que brota el mar. Una de ellas está viva. El aire silba con fuerza moviendo los papelillos que descuidadamente cayeron en la trampa. El bramador más grande es el Pozu de Pria de 20 metros de boca. El mar brota con tal fuerza durante las marejadas que las nidias piedras de su lado este están “mordidas” por la arena que poco a poco va ensanchando su boca. Aquí hubo hace varios años un accidente de un curioso excesivo que acabó atrapado en el imparable chorro.

Impresiona la cantidad de suciedad que “reposa” en un paraje tan bello. El aparcamiento de coches está prácticamente metido en la última línea de los “bramadores”. Había unas cadenas que impedían el paso. Fueron arrancadas en enero de 2011. Que le costaría a la gente caminar los setecientos metros que separan la costa del pueblo de Llames de Pria. Los bufones están seriamente amenazados. Todo el suelo está minado de galerías y la presión del turismo compacta todo el suelo impidiéndole respirar. Estos bufones han sido declarados junto con los de Santiuste en la Franca, y los de Arenillas en Vidiago, Monumentos Naturales de Asturias. En un museo no nos atreveríamos a tirar un papel. Aquí ¿está consentido? ¿dónde tiene la gente un poco de sensibilidad ante la belleza?

Bajamos a la playa de Guadamía, límite entre los dos concejos de Llanes y Ribadesella. Bañada por el río Guadamía, que tenemos que atravesar sin mojarnos. Con más o menos fortuna todos pasamos y trepando por el acantilado pasamos al mejor “karst” de costa de todo el mar Cantábrico. Es una trepidante sucesión de agujas contra el cielo, cortantes, en formas de oreja de elefante, con pequeños lapiaces en los laterales, y continuos joyos entre puntas. Si no se oyera el mar tan cercano parecería que estamos en la Buferrera. Nos falta todavía un montón de kilómetros de recorrido. Así que paramos muy poco en esta maravilla de maravillas. Estamos en las puntas de Tuzarrizu.

Buscando un sendero que vuelve a ser el PR-57, o a veces el llamado E-9, para mayor confusión, nos vamos alejando de nuevo por el Castro Arenas hacia la costa, siempre en la rasa. Todavía faltan nueve kilómetros a Ribadesella. Llegamos al área recreativa del Infierno. Aquí se cruzan varios caminos y cada grupo interpreta el que puede. El grupo más numeroso sale a una caleya asfaltada que está señalada como el camino de Santiago por la costa. Bordeamos varias fincas buscando un paso por la derecha. Cuando lo encontramos el grupo que seguía la costa nos hace volver a la carretera local, porque el camino por la playa de Arra no tiene paso al estar tomado por las cotollas.

Ahora queda poco pero el final de la caminata por la carretera se hace pesado. Primeras casas de la villa. En una de ellas hay un curioso azulejo con esta inscripción: “RIVADESELLA. Concejo del mismo. PARTº de CANGAS DE ONIS. PROVª DE OVIEDO”.

Cruzamos el puente. Hay varios cormoranes practicando pesca submarina. Sopla el aire. La tarde cae. Hemos empleado seis horas y media. Teníamos que haber estado más tiempo en cada sitio, pero la ruta era bastante larga y el tiempo no da para todo. Algunos nos prometemos volver a los bufones cuando el mar se ponga bravo.

Estrenamos el mes de marzo con la subida a la Cabeza Xatera y a la Cabeza Dubia entrando por Avín y saliendo a Benia de Onís. Es una excursión fácil y entretenida.

FRESINES

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