miércoles, febrero 01, 2012

LAS XANAS COMPLETA EL RECORRIDO EN LOS ALREDEDORES DE CUDILLERO

28 de enero de 2012

Otra jornada para fastidio de agoreros. A pesar de lo anunciado la meteorología nos respetó bastante e incluso nos envío tímidos rayos de sol cuando teníamos la mejor vista de la costa. Agradecidos pues. Vayamos por orden.

Nuestra primera parada el puerto de Cudillero. Siempre grande, siempre en obras. Hoy está muy tranquilo, hay poca actividad. El mar prácticamente plano nos ha contagiado su calma. Subimos por la carretera que los acantilados laterales son potentes y verticales. Luego nos metemos por la vía del FEVE unos diez minutos más tarde. La caja del tren se va empinando y no nos gusta demasiado caminar por un paso con tan poca salida. Encontramos una salida por la derecha. Parece la pista de mantenimiento. Nos dura poco la alegría porque enseguida se va convirtiendo en un sendero más bien estrecho y este acaba dando a una profunda barranca.

Diez minutos dando vueltas por el eucaliptal siguiendo sendas de animales y volvemos a encontrar la vía. ¿Cómo es posible que la perdiéramos de vista? Al pasar al otro lado nos damos cuenta: hemos cruzado por encima de un túnel en semicurva . Volvemos a buscar sendero en la arboleda. ¡Sorpresa! Se ve el polideportivo de Cudillero. Si van ochenta minutos desde que arrancamos del puerto. No hemos hecho más que lazadas. Ahora a la vera de la instalación deportiva hay una buena pista que desemboca por la parte de atrás de una factoría de hormigón. Trabajan con bentonita, esa arcilla porosa que se usa para la cimentación y el sellado.

Seguimos el recorrido por el descampado que hay detrás de la industria. Dos horas después de salir nos asomamos de nuevo a la carretera y el cartel indicador nos deja planchados: Cudillero está a 500 metros desde aquí. Mejor miramos hacia delante y nos vamos a la Concha de Artedo, a dos kilómetros nada más. Nuestro camino discurre por la imponente construcción del viaducto de Artedo. Especulamos sobre cómo se pudo realizar tan espectacular obra. Bajamos a la playa por el húmedo hormigón, después de dejar atrás el Hotel Mariño y la contigua estación del FEVE.

En la playa se impone un breve descanso. Todos los establecimientos hoteleros están cerrados. ¿Será verdad que las playas son sólo para el verano? Pues no saben lo que se pierden, de verdad. Pero seguimos que aún nos queda lo mejor del día. Por senderos señalados que atraviesan el pinar de pino gallego, salimos a Lamuño. Pueblecito cuidado como pocos, con sabor asturiano y casas más bien escondidas entre altos cipreses. Atravesado el pueblo de nuevo estamos rodeados de pinos. Cruzada una estructura con aires de la gran muralla china damos encima de una cala de paredes cortadas y de canto rodado. La costa occidental es una sucesión de recortes entre altas paredes y de islas. Por lo menos distinguimos la de Deva y la Herbosa, frente al cabo Peñas. Todo lo de más son aguijones, aquí llamados “puntas” apuntado al bravo Cantábrico.

Superada la punta de El Cabo, en el que hay un vértice geodésico, nos quedamos extasiados con la amplísima visión de la playa de Oleiros, una de las intocadas playas salvajes del Occidente. Es una rueda en semicírculo cerrada por altas paredes. La espuma llega en sucesivas oleadas blanca, suaves, en un mar intensamente azul. El sol lanza rayos misteriosos sobre la Punta Malperro. Todo es relajante en esta idílica visión de la naturaleza. Hermosa Asturias, “quién pudiera cantarte”...

Salimos al pinar en lo que parece ser un camping de cabañas. Este pinar es el monte Valsera y cuenta con una buena área recreativa. Cuando llegamos a Salamir nos sentimos decepcionados: está invadido de monótonas construcciones en una urbanización “fantasma” por lo vacío, innecesariamente uniformada, fea en definitiva. Huimos casi corriendo. La siguiente obra en el recodo de la carretera es otro altísimo puente en la autovía, monumento a la ingeniería civil, útil pero algo mamotreto también.

Tenemos San Pedro de la Ribera a la vista. Sólo hay que bajar por la larga y amplia bajada.. El valle en forma de anfiteatro está regado por el río Esqueiro. Aquí termina nuestra andadura. Cinco horas y cuarto. No está mal. El invierno fue hoy benigno con nosotros y nos ponemos ha hacer planes para continuar la aventura costera hacia el Cabo Busto. Nos dejan comer en el bar del pueblo: unos dentro, otros más valientes fuera, que está anocheciendo y se nota el relente. Fue una buena jornada sin cima, pero gozada a tope.

El primer sábado de febrero una clásica para los grupos ovetenses: Peñerudes- La Vara- La Mostayal- Pandelaforca- Pedroveya- la Foz de la Covayada- Las Xanas.

Un pico modesto, pero de una belleza escondida sencillamente admirable.

FRESINES

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