lunes, diciembre 12, 2011

LAS XANAS CELEBRA SU BELEN DE CUMBRES EN EL GORFOLI: ALEGRIA DE FIESTA Y DOLOR POR EL AMIGO AUSENTE

10 de diciembre de 2011

Era el tiempo de nuestro rito navideño. Es lo que tienen las costumbres: se convierten en imperativa ley. Hoy tocaba Belén de cumbres en el Gorfolí. A tierras avilesinas nos fuimos. Nos acercamos por Barredo a la amplia pista que sube a las antenas. Al poco de empezar el primer nubarrón crecía imparable en el horizonte: nuestro amigo y compañero Jorge estaba ingresado de urgencia en Cabueñes. Alguien quién propone posponer la ruta y la celebración. Otros, la mayoría, que conocemos cómo piensa Jorge pensamos que no, que lo mejor es seguir con la actividad y celebrar el año que se acaba.

La mayoría sube al vecino Monte de Vilayo mientras otros más conservadores seguimos por la pista hacia las altivas antenas. La panorámica es soberbia. Nunca dejaremos de admirar esta Asturias que tu nos has ayudado a ver desde lo alto, Jorge.

Cuando nos reunimos todos María, nuestra jovencísima socia, y otras expertas manos femeninas preparan el Belén de Cumbres. Descorchamos sidra El Gaitero, famosa en el mundo entero, y otras viandas navideñas y siempre con humor, y siempre con buen diente damos cuenta de nuestra intendencia. Pronto con el calor de la celebración surge un coro improvisado de villancicos. Bien las tiples, los tenores tienen que ensayar más. Hasta que cambiamos de tercio y empiezan cancios más de nuestro registro. Con una cosa y otra el rato se ha pasado y hay que bajar. Hacia la ermita de Taborneda que es terruño de algunos de los presentes.

De camino nos desviamos a la cascada de Friera, sutil rincón entre eucaliptos y robles. Cantarina la caída, fuerte el desnivel de bajada. Sutil la protección de un cordín delgadín y provisional que alguna mano bienintencionada a colocado para evitar desgraciados resbalones.

En la ermita de Taborneda nos agrupamos todos. Bajamos por la pradería cuajada de setas rojas algo pasadas ya. En el asador El Blimal nos tienen preparada una larga mesa. El ambiente bien, pero hay algo en el ambiente que nos tiene constreñidos. Y una vez más, las fatídicas predicciones se cumplen. Cruel e inexorable destino. Nos acaban de comunicar tu fallecimiento.

El golpe es importante. Esperado pero difícil de asumir. Te vimos la semana pasada en nuestra cena del año aguantando como un campeón porque estabas entre amigos. Ahora pensamos que era tu forma educada y cordial de despedirte. Te fuiste y quedamos francamente preocupados, pero siempre hay mecanismos para engañarnos. Ahora quiero aprovechar esta crónica improvisada para saludar a quién un día me llamó amigo. ¡Qué difícil es cultivar este tesoro de la amistad! Y te digo Jorge, que tu lo hacías bastante bien, siempre pensando en hacer grupo, en construir más grupo, en que las Xanas, tu grupo, el de Lito, Peña y Jorge, los de Trubia y San Andrés, vaya.

Tus calendarios los conocemos bien, los hemos pateado a base de bien. Pocos y recónditos lugares nos quedan por ver. Todavía tuviste moral para dejarnos encauzados para la próxima temporada. Recuerdo especialmente como me enseñaste a conocer el bosque de Puripinto, la Foz de Saolla y los caminos de Vallemoro, terrenos de los que estabas especialmente enamorado. Se puede amar a un paisaje como se ama a una mujer: con respeto, cercanía y posesión. Siempre discutíamos estas cosas. Discutir se nos daba bastante bien. Cuántas veces hemos arreglado el mundo, y eso que no tiene mucho apaño. Una de las cosas que más vívidamente recuerdo es tu sentir la montaña, no como una conquista sino como un premio. La frase de Gaston Rebuffat lo expresa muy bien: “De cualquier manera, la llegada a una cumbre jamás representa una victoria sobre la montaña sino sobre uno mismo”.

Hoy en el día de tu ausencia pienso que también has vencido. A lo mejor podemos cantar “victoria”. Otra vez más tu grupo ha llegado, dónde tu te lo propusiste. Alguna vez prepararás otras trabajosas rutas, más lejos, más arriba... Ten la seguridad que Las Xanas de Trubia te seguirán otra vez más.

Revivo tu insistente mirada. Es una parte de tu personalidad. Pido prestadas las palabras a la poetisa María J de la Vega para esta elegía que lo expresa todo con sutileza:

Cerremos esta puerta.
Lentas, despacio, que nuestras ropas caigan
como de sí mismos se desnudan los dioses.
Y nosotros lo somos, aunque humanos.
Es nada lo que nos ha sido dado.
No hablemos pues, sólo suspiremos
Porque el tiempo nos mira.
Alguien habrá creado antes de ti el sol,
Y la luna, y el cometa, el espacio negro,
Las estrellas infinitas.
Ahora juntos, ¿qué haremos?. Sea el mundo
como barco en el mar, o pan en la mesa,
O el rumoroso lecho.
No se alejó el tiempo, no se fue. Asiste y quiere.
Su mirada aguda ya era una pregunta
A la primera palabra que decimos:
Todo

FRESINES

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