11 de febrero de 2012
Bella, bellísima nuestra ruta del sábado. Sobrescobio es en sí mismo una naturaleza privilegiada, abierta a multitud de horizontes, fácil de caminar por sus suaves laderas. Iniciamos esta andadura en Soto de Agües, dispuestos a hacer una ruta casi circular. Habríamos completado la vuelta si al llegar a nuestro destino volvemos de nuevo al aparcamiento de Reres, en Soto de Agües, un kilómetro y medio más.
Las casas de Soto ya merecen una visita. Que buen gusto en los arreglos de los patios y las caleyas. El pueblo espera al visitante con impaciencia, pues buena parte de su industria le llega de fuera. Entramos por la ruta del rio Alba. Para seguir correctamente esta senda, la PR-121, hay que pasar completamente la piscifactoría y, una vez superada, torcer a la derecha. Las marcas amarillas y blancas nos guiarán a lo largo de todo el trayecto. Seguimos por la pista que luego se hace sendero, superando la Collá La Espina, hasta las majadas de Navalín y Prieya. Hace mucho frío y después de subir 374 metros ya vamos más rodados. Aunque se agradece el solecillo matinal. Empezamos a tener buenas perspectivas. El pico Collargayos es una referencia obligada para situarnos en el concejo. Ahora todo está claro: el Peñón de Llagos separa las precipitadas foces del Nozalín y del Alba. Otra tajadura más pequeña es la que formó en el tiempo el río Les Bories, paso obligado para ascender al Cogollu a través de la collada Huella Les Oveyes (¡precioso nombre!).
En la huella la Fondúa los techos de las cabañas están cubiertos por una pequeña capa de nieve. Subimos al pico La Piedra, pequeña elevación que nos pilla de camino. Hemos subido 550 metros en una hora y tres cuartos sin forzar nada el ritmo. El embalse de Rusecu está turbio después de las últimas lluvias. Todavía cabe bastante más agua, aunque los responsables de la Confederación están soltando agua para evitar presión en la presa. El pueblo se refleja en su pantano. Presiden el horizonte La Xamoca, La Carba y la Collaína. Por unos estuvimos hace poco y por el primero iremos antes de que acabe el invierno.
Hace rato que nuestro andar tiene el mejor paso por encima de la tubería de agua de la Fuentona que da de beber a los sedientos gijoneses. El año pasado argayó la tubería formando una espléndida cascada. Es una impresionante obra de ingeniería que salva desniveles importantes desde el desfiladero de Los Arrudos. Llegamos a La Escrita, majada con buenas cabañas. En Rearcu el paso de la tubería se estrecha contra un saliente rocoso. Están bien fijadas las clavijas de sujeción, pero no hay cuerda alguna. Seguro que hay ganado atado con buen cordino montañero. Con precaución el paso es fácil aunque hay que evitar resbalones. Por encima nuestro sobrevuela imponente la sierra del Crespón. Recorrimos un tramo hace tres años subiendo desde Laviana. Es un terreno muy fragmentado y no se le puede perder el respeto. Estamos por fin en Llampaces. La ladera está tapizada de una fina capa de nieve.
Ahora un grupo numeroso decide subir al Fueyu o Llampaces. Sus altivos 1145 metros merecen una visita. La roca está resbaladiza y en esta ladera a la sombra se imponen los guantes. A la una y cuarto en la cima. Tres horas y media hasta aquí. Saludos al Retriñón, al Torres, al Valmartín y al Cascayón. Todas las siluetas de la cordillera relucen en su blancura. Hoy hay aquí una luz especial. Todo luce esplendente. Nos recreamos con la mirada profunda y callada del montañero. ¿Os habéis fijado en el suelo? Son minúsculos cristalitos de hielo formando puntiagudas formas, la belleza helada. Al oeste todos los valles de Laviana. Cuánto nos costó el día de la Peña Lloríu y Les Pericuetes. Este año volvemos por detrás del primer pico a las foces del Raigosu.
Dos esforzados buscan bajada directa a Llampaces. Tienen seguidores, faltaría más. Nos encontramos todos de nuevo junto a las cabañas. En descenso, cruzado el arroyuelo, entramos en un bosque de fresnos, la mayá Fresnéu. En este lugar era una actividad importante la fabricación de carbón vegetal a partir de la combustión incompleta de la madera. Subiendo el pequeño roquedo que hay detrás de la casilla, tenemos la mejor vista del Torreón medieval de Villamorey, ruina del antiguo castillo. Dicen los cronistas que esta fortificación era de origen romano, aunque fue reconstruido por Alfonso I en el siglo VIII. El airoso torreón destaca su silueta sobre el embalse, la presa y la estación depuradora de aguas. Villamorey a la vista. Todavía tardaremos un rato en llegar. Algunos bajan al Torreón por el “Mexaeru La Madalena”. Los más seguimos el pronunciado descenso que todavía quedan por bajar 373 metros. Van a dar las tres. El sendero entre fresnus y cabornos (¿visteis que algunos añosos ejemplares de hayas tenían una plaquita blanca adherida? Hay que fijarse amigos, que Peña no lo va a hacer todo).
Casi una hora después entramos en Villamorey, la aldea de las casas con corredores de madera. Nuestro premio particular a esta bien cuidada población. Seis horas de andadura, seis horas al agradable sol y al estimulante frío, seis horas respirando naturaleza. No necesitamos nada más. (Esto... sí, más felices si logramos encontrar un sitio donde nos dejen comer a los veintinueve que firmamos hoy. Nos dejan en Casa Tino, en Pola de Laviana, que anotamos para futuras visitas).
El día 18 una ruta humilde pero redonda (sobre todo porque es circular): Las Agüeras, la Collada Aciera y el Pico Cascorbal, para volver por Tene, al punto de inicio. Salimos a las 8 de Oviedo. Hay que apuntarse pronto pues últimamente nos quedamos sin plazas casi todos los sábados.
FRESINES
No hay comentarios:
Publicar un comentario