Hace muchos años tuve un profesor de literatura, salesiano, que padecía una ligera cojera que le impedía practicar una de sus grandes aficiones: la montaña. Por ello nos contaba, imbuido de su condición religiosa, que para él el cielo, sería un lugar en el que podría realizar esa afición, libre de la lesión terrenal que se lo impedía.
Yo confío como él, que el más allá nos depare un estado especial en el que poder disfrutar de lo que nos gusta y poder hacerlo durante el tiempo que se te apetezca. Esa es la imagen que ahora tengo de ti, Jordi. Estoy seguro que estas ya encaramado en la Schiffer de las montañas, La Ubiña, como tú nos decías hace ya unos cuantos años, cuando esta modelo era lo más afamado de ese mundillo y nuestras rutas se movían regularmente por las inmediaciones de Somiedo y las Ubiñas.
No había vez que pasásemos por el Puerto Ventana, que no nos parásemos en “el mirador de las Ubiñas”, para contemplarla y hacerle una vez más, un sinfín de fotos que ya teníamos muy repetidas en nuestros, por entonces álbumes. Ni que decir tiene que cuando comenzamos a manejar cámaras digitales, ese número de fotos aumentó considerablemente.
Otra de tus cumbres señeras era el Tiatordos. Un día me subiste junto a Adolfo, por un camino imposible y con un viento endemoniado que apenas nos dejaba contemplar el paisaje si no era tumbados en el suelo. Otra montaña que también llenaba nuestros recuerdos y nuestros muestrarios fotográficos, aunque un poco más recatada, dada su manía de estar medio tapada por las nubes cuando la visitábamos desde la perspectiva de El Cabañón.
Luego, el Grupo de Montaña Las Xanas, tu grupo, gracias a tus calendarios, se fue agrandando, lo que nos permitía conocer otras montañas y otros macizos. ¿Te acuerdas? Les decías a Gelu y a Toño: ¡Escoge Macizo! Y nos íbamos a por las cumbres de Picos y como no, a por sus rincones. Enamorado del Occidental, siempre buscando una pasada distinta, una majada especial, la unión del verde de la hierba y el gris plata de la caliza. Esas rutas inverosímiles que puestas sobre el papel, no parecían nada del otro mundo, pero que una vez realizadas nos llenaban el corazón de alegría y felicidad.
Recuerdo muy bien la primera vez que atravesamos el Central, desde Fuente De a Poncebos, pasando junto al Urriellu. Tu rostro brillaba. Creo que hasta una lagrima pendía de la comisura de tus ojos. Estabas radiante ante El Picu. Luego, para rematar, descendimos todo el grupo por la Canal de Camburero. Eso fue apoteósico para todos. Las travesías eran lo tuyo. Y que razón tenías.
Así fue como me ganaste para el bando de los que piensan que muchas montañas es mejor verlas que subirlas. No lo veía yo así al principio. Luego, poco a poco, lo fui comprendiendo. No quiere esto decir que no fuese emocionante la ascensión a muchas de ellas, que lo era. Pero su belleza real reside en la contemplación de su figura, desde distintos ángulos.
Como aquella foto. ¿Te acuerdas? ¡Cuántas veces me dijiste que nunca volvería a hacer otra foto mejor! Y ahora va a ser verdad. Fue la primera vez que el grupo hizo la Collada Bonita. Nos quedamos solos contemplando la cara sur del Picu, ensimismados, absortos y sin hablar. Luego, poco a poco, seguimos camino descendiendo al Jou Tras el Picu para subir al Collado la Celada, en un día caluroso al límite. Y allí estabas tú, contemplando una vez más al Urriellu, con aquel sombrero de paja. Parecías un cubano recortado sobre el cielo azul, con la cabeza levantada, en un escorzo desde abajo y por la espalda, con la cara sur del Urriellu haciendo de gigante frente a ti.
Otro de tantos días maravillosos de montaña que compartimos, disfrutando del paisaje y de la palabra. Menguada palabra, pues ni tú ni yo somos de mucho hablar, pero nos entendíamos en monosílabos. Igual que en internet. Hasta a mí me llegó a exasperar alguna de nuestras conversaciones. Parco en palabras, pero las justas. Muchas veces son innecesarios los grandes discursos. Un si o un no pueden ser suficientes.
Y ¿ahora? No tendré ni siquiera eso. Jordi, me dejas solo. Nos dejas huérfanos. Vamos a ir a Llue. Tenemos que ir a Llue por ti. Te lo debemos. Seguramente que nos vas a acompañar. Nos acompañarás, junto al Guaje en todo este calendario que nos dejaste pocos días antes de tu marcha. Tenemos el año próximo completo: Vuestra compañía en las rutas, guiándonos por los intrincados caminos y luego, en el autocar, escucharemos un solo de guitarra emulando a Los Stukas en su interpretación de Hazañas Bélicas.
Jorge Pablo, siempre caminarás entre nosotros.
JAFPA

1 comentario:
Hola, soy Roberto, el de Piedras Blancas, que junto a mi mujer M.Carmen hemos compartido alguna ruta con vosotros. Nuestras condolencias a sus familiares y amigos, y un abrazo para todo el G.M. Las Xanas.
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