24/25 de agosto de 2013
Volvemos a madrugar. Es la
tónica del verano. A esas horas no hay bares abiertos. Así que, haciendo de
tripas corazón, no paramos hasta Potes para tomar un breve refrigerio y
afrontar la intensa jornada montañera que nos espera. Tardamos media hora más
en llegar a la estación del Teleférico. Son las 10 y media. Ascendemos en dos
viajes, mirando con enorme respeto el embudo de La Jenduda. Agrupados en el
Cable a 1843 metros
de altura, comenzamos a caminar hacia los Hoyos de la Lloroza, limpios de nieve, a pesar
del larguísimo invierno. La ascensión por la
Canal de San Luis se nos da bien con la fresca de la mañana.
Sobra ya ropa. En un momento determinado separamos dos grupos: los que suben a la Padiorna y los que van a la Torre San Carlos. Podríamos haber
seguido juntos hasta la Colladina
de las Nieves. Ya en plena ascensión al San Carlos por los fuertes repechos
alguien grita como un mantra continuo al otro grupo: “Vais mal. No es por ahí…”
justo cuando están llegando al cartel con la flecha que marca la sencilla
subida a La Padiorna.
Cuando
logramos rodear por completo la base del torreón de Altaiz empieza la subida
verdadera. Como no podía ser de otra manera, emprendemos la subida por la
directísima olvidando que existe una buena aproximación por la cara noroeste.
La subida se hace a base de cortas trepadas por las llambrias, agarrados a las
aristas, con algún despiste, ayudándonos siempre y muy entretenidos en esta
fabulosa escalada casi sin darnos cuenta estamos en la cima. Vemos en la
distancia a nuestros compañeros en la Padierna. Estamos sesenta
y un metros por encima. El San Carlos no deja de ser una cima modesta, poco
frecuentada, pero tiene un perfil montañero indudable. Salimos pronto.
Inexplicablemente nadie sugiere pasar bajando a la cercana y fácil arista de
Altaiz. Bajamos, ahora por el camino más accesible que termina en el Hoyo
Oscuro. Hacemos un alto en la
Horcada Verde para reponer fuerzas. Este promontorio tiene
algo de especial. El Hoyo Oscuro es la más profunda expresión de la soledad.
Estamos rodeados de torres verticales. La del Hoyo Oscuro estaba programada y
si no fuera por el constante nublo que va y viene la podríamos haber intentado.
Es una subida fácil una vez que estás aquí. Sólo que tendríamos que llegar a la
collada entre el Hoyo Oscuro y el Madejuno. Las chovas piquiamarillas están
todas anilladas. Esperan las migajas de nuestra breve mesa.
La
senda está bien marcada y nos lleva en directo por coladas y profundas simas a la Collada
Ancha. La Torre
de la Collada Ancha
preside todo el amplio escenario. ¿Por qué no subirla? A por ella. No tiene
subida por la ladera sino es trepando por la gran loma caliza. A estas alturas
tenemos las manos ásperas del contacto con la piedra. La subida es francamente
interesante. Mejor no pensar en la bajada. Todos acabamos subiendo. Eso sí,
dejamos las mochilonas abajo y siempre es un alivio trepar así. En la cumbre
estamos un buen rato. Es pronto. Hace sol que se agradece. Sus 2349 metros convierten en un observatorio de primera. El cresterío
es caótico. Predominan los blancos y ocres. Las pedrizas cubren todas las
laderas. En las Colladinas está el resto de la expedición aprovechando el
primer sol de la tarde. Se está cubriendo de nieblas. La bajada es un juego de
chimeneas de lo más entretenido.
La
senda sigue a media altura por la pedriza que cruza el Hoyo de los Llagos por
encima del Cimero. Luego en ascenso llegamos a las Colladinas. Cerca de las
cuatro y media de la tarde entramos en el refugio. Varias tiendas alrededor. El
refugio tiene treinta y dos camas. Nosotros ocupamos veintisiete. La cerveza de
barril buenísima. Desde nuestra última visita al refugio Diego Mella, este ha
sufrido un notable arreglo. Tiene luz y servicios. El comedor y el dormitorio
están revestidos de madera. La escalera de acceso sigue siendo un rompetechos.
La gente del refugio nos atiende muy bien. Subimos luego a ver la puesta de sol
a la Torre Jermosa, pero
la niebla se ha agarrado fuerte a las cumbres y sólo se desvela en breves
momentos para dejarnos entrever la Torre
Peñalba, La Palanca o
El Friero. Una pena porque todos recordábamos el atardecer sobre la Peña
Santa como una de las ocho maravillas del mundo. La cena
gusta a todo el mundo. Así que hacemos tertulia acompañados por un tal
“Jamenson” que hace estragos en algún descontrolado. Luego algún breve
cantiquín y a tumbarnos en las nuevas literas para descansar un poco. El que
pueda dormir que aproveche. Los ligeros de próstata informan que la noche está
totalmente estrellada.
A
las siete arriba. Sustancioso desayuno para otro memorable. Ocho y cuarto y de
nuevo en camino. Bajamos a la Vega Liordes, una
mancha de verdor. Formamos tres grupos: Los que bajan directamente a Fuente Dé
por los Tornos de Liordes, los que siguen la programación oficial para subir a
la cumbre principal del Alcacero Este y los que tienen ganas de recorrer todo
el cordal de las Peñas Cifuentes de punta a punta. Por cierto esto de Cifuentes
quiere decir exactamente “cien fuentes”. Este último grupo sube la pendiente
canal que separa la Regaliz
de la Pedabejo
subiendo estas dos cumbres para pasar luego por Alcacero 1 y Alcacero 2.
Mi
grupo sube, bien dirigido por el experto Taboada, por una diagonal elegante que
termina en una larga vira que nos deja casi al pie del Alcacero más alto. La
cortada sobre el valle de Pido es muy impresionante. Pasamos a la cuarta cima
Alcacera. La niebla tapa la Peña Remoña que nos
hubiera gustado subir. Descendemos hacia una playa herbosa. Un senderillo la
atraviesa y termina mucho más abajo en una tenada cercada en la Vega de Liordes. Avistamos al otro
grupo que avanza rápido en nuestra dirección. Son unos fenómenos. El camino va
desembocando primero en un embudo que hay que pasar en horizontal para
destreparlo por el fondo. Luego sigue por varias coladas de piedra acabando en
una chimenea repleta de piedras sueltas y rocas empotradas. Se baja bien
apoyándose en las dos paredes. Taboada va jitándolo todo. El grupo que nos
sigue continúa hasta la Remoña,
a la que suben a pesar de nuestra recomendación. Cuando llegamos a los grandes
neveros (más de tres metros de altura) de Liordes, el grupo perseguidor está
bajando por nuestro mismo camino, pero a qué velocidad.
Bajamos
los Tornos y luego la Canal
del Embudo. Si no fuera tan inmensamente larga y tan dura de bajar sería otro
sitio de ensueño con esas paredes verdes, cortadas por varias bocaminas. Pero
se hace eterna. Alguien comenta algo de la senda del Butrón o del Achero para
bajar desde el Cable. Pero me suena y la apunto aquí como interrogante.
Llegados a Fuente Dé, aprovechamos la fuente junto al aparcamiento y lavados,
refrescados y cambiados nos disponemos a comer en un bar de Espinama, que al
principio desbordado, acaba atendiéndonos a todos. Nos espera una larga vuelta
por la Hermida hasta
casa y hacemos una parada en el camino para hacerla más llevadera.
Este
intenta ser el resumen de dos intensísimas jornadas montañeras plagadas de
vistas, ascensiones, cumbres, paredes, roca y compañerismo. La satisfacción es
general. La zona de Jermoso es de lo más preciado del Central junto con la Collada
Bonita y el Jou Negro de Cabrones. Queremos volver. Queda
mucha cumbre por subir. Hay que dejar perder la mirada por esa línea cumbrera
tan llamativa. Quien haya visto el primer rayo de sol iluminando las esbeltas
paredes del Friero quedará prendado para siempre.
El
último sábado de agosto nos queda pendiente otra grande: El Curavacas
palentino, formidable castillo de cuarcita negra y verdosa, de 2524 metros de altura. Una parte
desgajada del central, visible desde la Padiorna. Ya
sabéis que hay que madrugar porque el viaje supone unas cuatro horas. Pero de
verdad que el esfuerzo se va a ver recompensado por una cumbre que enamora. Por
cierto, llamarme a mi para apuntaros que Peña seguramente que no podrá hacer la
ruta.
FRESINES
