martes, agosto 27, 2013

NUESTRA VISITA AL REFUGIO DE COLLADO HERMOSO



24/25 de agosto de 2013

Volvemos a madrugar. Es la tónica del verano. A esas horas no hay bares abiertos. Así que, haciendo de tripas corazón, no paramos hasta Potes para tomar un breve refrigerio y afrontar la intensa jornada montañera que nos espera. Tardamos media hora más en llegar a la estación del Teleférico. Son las 10 y media. Ascendemos en dos viajes, mirando con enorme respeto el embudo de La Jenduda. Agrupados en el Cable a 1843 metros de altura, comenzamos a caminar hacia los Hoyos de la Lloroza, limpios de nieve, a pesar del larguísimo invierno. La ascensión por la Canal de San Luis se nos da bien con la fresca de la mañana. Sobra ya ropa. En un momento determinado separamos dos grupos: los que suben a la Padiorna y los que van a la Torre San Carlos. Podríamos haber seguido juntos hasta la Colladina de las Nieves. Ya en plena ascensión al San Carlos por los fuertes repechos alguien grita como un mantra continuo al otro grupo: “Vais mal. No es por ahí…” justo cuando están llegando al cartel con la flecha que marca la sencilla subida a La Padiorna.

Cuando logramos rodear por completo la base del torreón de Altaiz empieza la subida verdadera. Como no podía ser de otra manera, emprendemos la subida por la directísima olvidando que existe una buena aproximación por la cara noroeste. La subida se hace a base de cortas trepadas por las llambrias, agarrados a las aristas, con algún despiste, ayudándonos siempre y muy entretenidos en esta fabulosa escalada casi sin darnos cuenta estamos en la cima. Vemos en la distancia a nuestros compañeros en la Padierna. Estamos sesenta y un metros por encima. El San Carlos no deja de ser una cima modesta, poco frecuentada, pero tiene un perfil montañero indudable. Salimos pronto. Inexplicablemente nadie sugiere pasar bajando a la cercana y fácil arista de Altaiz. Bajamos, ahora por el camino más accesible que termina en el Hoyo Oscuro. Hacemos un alto en la Horcada Verde para reponer fuerzas. Este promontorio tiene algo de especial. El Hoyo Oscuro es la más profunda expresión de la soledad. Estamos rodeados de torres verticales. La del Hoyo Oscuro estaba programada y si no fuera por el constante nublo que va y viene la podríamos haber intentado. Es una subida fácil una vez que estás aquí. Sólo que tendríamos que llegar a la collada entre el Hoyo Oscuro y el Madejuno. Las chovas piquiamarillas están todas anilladas. Esperan las migajas de nuestra breve mesa.

La senda está bien marcada y nos lleva en directo por coladas y profundas simas a la Collada Ancha. La Torre de la Collada Ancha preside todo el amplio escenario. ¿Por qué no subirla? A por ella. No tiene subida por la ladera sino es trepando por la gran loma caliza. A estas alturas tenemos las manos ásperas del contacto con la piedra. La subida es francamente interesante. Mejor no pensar en la bajada. Todos acabamos subiendo. Eso sí, dejamos las mochilonas abajo y siempre es un alivio trepar así. En la cumbre estamos un buen rato. Es pronto. Hace sol que se agradece. Sus 2349 metros convierten  en un observatorio de primera. El cresterío es caótico. Predominan los blancos y ocres. Las pedrizas cubren todas las laderas. En las Colladinas está el resto de la expedición aprovechando el primer sol de la tarde. Se está cubriendo de nieblas. La bajada es un juego de chimeneas de lo más entretenido.

La senda sigue a media altura por la pedriza que cruza el Hoyo de los Llagos por encima del Cimero. Luego en ascenso llegamos a las Colladinas. Cerca de las cuatro y media de la tarde entramos en el refugio. Varias tiendas alrededor. El refugio tiene treinta y dos camas. Nosotros ocupamos veintisiete. La cerveza de barril buenísima. Desde nuestra última visita al refugio Diego Mella, este ha sufrido un notable arreglo. Tiene luz y servicios. El comedor y el dormitorio están revestidos de madera. La escalera de acceso sigue siendo un rompetechos. La gente del refugio nos atiende muy bien. Subimos luego a ver la puesta de sol a la Torre Jermosa, pero la niebla se ha agarrado fuerte a las cumbres y sólo se desvela en breves momentos para dejarnos entrever la Torre Peñalba, La Palanca o El Friero. Una pena porque todos recordábamos el atardecer sobre la Peña Santa como una de las ocho maravillas del mundo. La cena gusta a todo el mundo. Así que hacemos tertulia acompañados por un tal “Jamenson” que hace estragos en algún descontrolado. Luego algún breve cantiquín y a tumbarnos en las nuevas literas para descansar un poco. El que pueda dormir que aproveche. Los ligeros de próstata informan que la noche está totalmente estrellada.

A las siete arriba. Sustancioso desayuno para otro memorable. Ocho y cuarto y de nuevo en camino. Bajamos a la Vega Liordes, una mancha de verdor. Formamos tres grupos: Los que bajan directamente a Fuente Dé por los Tornos de Liordes, los que siguen la programación oficial para subir a la cumbre principal del Alcacero Este y los que tienen ganas de recorrer todo el cordal de las Peñas Cifuentes de punta a punta. Por cierto esto de Cifuentes quiere decir exactamente “cien fuentes”. Este último grupo sube la pendiente canal que separa la Regaliz de la Pedabejo subiendo estas dos cumbres para pasar luego por Alcacero 1 y Alcacero 2.

Mi grupo sube, bien dirigido por el experto Taboada, por una diagonal elegante que termina en una larga vira que nos deja casi al pie del Alcacero más alto. La cortada sobre el valle de Pido es muy impresionante. Pasamos a la cuarta cima Alcacera. La niebla tapa la Peña Remoña que nos hubiera gustado subir. Descendemos hacia una playa herbosa. Un senderillo la atraviesa y termina mucho más abajo en una tenada cercada en la Vega de Liordes. Avistamos al otro grupo que avanza rápido en nuestra dirección. Son unos fenómenos. El camino va desembocando primero en un embudo que hay que pasar en horizontal para destreparlo por el fondo. Luego sigue por varias coladas de piedra acabando en una chimenea repleta de piedras sueltas y rocas empotradas. Se baja bien apoyándose en las dos paredes. Taboada va jitándolo todo. El grupo que nos sigue continúa hasta la Remoña, a la que suben a pesar de nuestra recomendación. Cuando llegamos a los grandes neveros (más de tres metros de altura) de Liordes, el grupo perseguidor está bajando por nuestro mismo camino, pero a qué velocidad.

Bajamos los Tornos y luego la Canal del Embudo. Si no fuera tan inmensamente larga y tan dura de bajar sería otro sitio de ensueño con esas paredes verdes, cortadas por varias bocaminas. Pero se hace eterna. Alguien comenta algo de la senda del Butrón o del Achero para bajar desde el Cable. Pero me suena y la apunto aquí como interrogante. Llegados a Fuente Dé, aprovechamos la fuente junto al aparcamiento y lavados, refrescados y cambiados nos disponemos a comer en un bar de Espinama, que al principio desbordado, acaba atendiéndonos a todos. Nos espera una larga vuelta por la Hermida hasta casa y hacemos una parada en el camino para hacerla más llevadera.

Este intenta ser el resumen de dos intensísimas jornadas montañeras plagadas de vistas, ascensiones, cumbres, paredes, roca y compañerismo. La satisfacción es general. La zona de Jermoso es de lo más preciado del Central junto con la Collada Bonita y el Jou Negro de Cabrones. Queremos volver. Queda mucha cumbre por subir. Hay que dejar perder la mirada por esa línea cumbrera tan llamativa. Quien haya visto el primer rayo de sol iluminando las esbeltas paredes del Friero quedará prendado para siempre.

El último sábado de agosto nos queda pendiente otra grande: El Curavacas palentino, formidable castillo de cuarcita negra y verdosa, de 2524 metros de altura. Una parte desgajada del central, visible desde la Padiorna. Ya sabéis que hay que madrugar porque el viaje supone unas cuatro horas. Pero de verdad que el esfuerzo se va a ver recompensado por una cumbre que enamora. Por cierto, llamarme a mi para apuntaros que Peña seguramente que no podrá hacer la ruta.

FRESINES

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Qué envidia!
Qué rutas más memorables.