Volvimos
a realizar la ruta del Cuetón por las Foces del Burdio, lugar que ya de por si,
merece una ruta. Para ello nos dirigimos a Inguanzo para iniciar la larga
caminata, con la luz del sol aún apagada por la niebla.
Realizamos
el camino natural por la pista que va poco a poco ascendiendo hacia los
contrafuertes de la Sierra de Dobros. Vamos dejando las bifurcaciones que
aparecen a uno y otro lado, siguiendo siempre la vía principal. Tras una fuerte
y repentina pendiente, giramos a la derecha bordeando un pequeño bosque y nos
dirigimos a una abandonada cabaña. Justo antes de llegar a ella, tomamos un
sendero en ascenso, que sale por nuestra izquierda y que pronto se introduce en
un espeso felechal. Los cachiparros se ponen contentos.
El
sendero existe aunque apenas lo vemos por lo espeso y alto de los helechos,
pero se camina bien aunque la temperatura se hace agobiante. La niebla se hace
más patente y solo nos permite ver fantasmas pétreos según ascendemos. Son los
vigilantes de la Sierra Dobros que nos escudriñan amparados por las nubes.
Alcanzamos
una especie de muro que nos obliga a girar a la derecha por un marcado sedo que
nos acerca al collado de entrada a la foz. Dejamos a nuestra derecha un cuerno
pétreo y nos introducimos por un sendero, hoy más cerrado de hierba y maleza
que otras veces, pero muy marcado. A nuestra derecha tratamos de vislumbrar las
caídas hacia el Río Burdio, cubiertas por los retazos de niebla.
Una
larga hilera de caminantes rompe el silencio del lugar y le da vida con sus
colores, resaltando sobre el verdor de la zona. El sedo se encuentra en
perfectas condiciones y lo caminamos sin problemas. Algunos que lo realizan por
primera vez, no se lo pueden creer. Caminan extasiados a pesar de que las
vistas son escasas por la niebla que nos cubre las caídas hacia el río, cosa
que otros agradecen.
Tras
un recodo tenemos un descenso un poco apurado con el suelo cubierto por una
pulida llambria, pero hoy no está tan húmedo como otras veces y el paso se hace
menos peligroso. Los que nos preceden hacen un alto y nos esperan. Así llegamos
a formar una alargada hilera pegados contra la pared y mirando al abismo.
Reanudamos
la marcha para dar cuenta del último tramo de esta espectacular senda. Una
subida para atravesar una pequeña horcadina y prácticamente estamos fuera de la
foz. El cielo comienza a abrirse y podemos ver la silueta del Cuetu Llovedo que
cierra la foz por nuestra derecha.
Estamos
casi a la misma altura del río y tornamos el camino pedregoso por una senda que
se retuerce cuesta arriba entre la hierba y la maleza por Las Camperas. Pasamos
al lado de la Fuente del Hombre Muerto y nos aprovisionamos de agua que más
tarde se volverá sumamente escasa.
Ascendemos
por las camperas con el sol ya en lo alto y alcanzamos una especie de collado
del que a mano derecha sale un amplio valle que se dirige a la majada de
Ternas. Un buen rebaño de vacas pastan en esa zona. Nosotros seguimos a la
izquierda siempre en ascenso y siguiendo el marcado sendero que de vez en
cuando se bifurca pero que siempre nos lleva al mismo sitio. Alcanzamos el
amplio collado de Maneda, un poco por encima de la majada del mismo nombre y
aquí esperamos la llegada de todos nuestros compañeros.
Al
norte tenemos la redondeada cumbre de Las Coronas y al este desciende un ancho
valle por el Recuesto La Espina. Allá en lo más hondo podemos ver la carretera
de Arenas a Poncebos y la silueta plateada del Río Cares. Por este valle
deciden descender los que se encuentran en un estado más precario y que no
quieren afrontar la ascensión al Cuetón.
Nos
despedimos de ellos y seguimos camino bordeando ese valle con dirección sur,
por un marcado sendero que pronto atraviesa entre los restos de lo que fue la
majada de Dubriello.
El
sendero, a veces amplio camino, no tiene pérdida y nos lleva de campera en
campera con pequeñas subidas hasta la amplia majada de Ostandi en la que además
de un buen número de vacas, nos encontramos con un buen lago que les permite
tener el agua asegurada por un tiempo, aunque en la fuente apenas cae un fino
hilillo.
Seguimos
por las praderas en sentido sur este y en las que el camino casi se pierde,
hacia una cabaña derruida donde volvemos a encontrar el marcado sendero. Aquí
cambia de rumbo subiendo al suroeste y haciéndose más ancho y marcado, hasta
alcanzar la cresta que vemos enfrente. Nuevo cambio de rumbo al este y
nuevamente nos topamos con la niebla.
Ojeada
al GPS para fijar el rumbo y ya sin camino marcado, llegamos a la cresta del
Cuetón. La niebla viene y va y eso nos permite situarnos. Seguimos la cresta al
este y alcanzamos así la más alta de las dos cumbres del Cuetón (1.651 m), pero
seguimos a la siguiente que es donde se encuentra el buzón montañero.
Se
que las vistas desde esta atalaya son impresionantes por haber estado antes
aquí. Hoy las nubes no nos permiten apreciarlo. El Central tiene un color gris
plomo que no presagia nada bueno. Algunos truenos resuenan por la zona de Peña
Santa. Pero de todas formas se impone un descanso y hacer las fotos de rigor.
Después
de más de 20 minutos de descanso en la cumbre, hoy no tenemos prisa,
reiniciamos la marcha y decidimos hacer nuestra xanada del día: bajaremos a
Ondón de frente, en vez de ir a buscar el camino. Dicho y hecho. Seguimos la cresta
al este, buscando los mejores pasos que a nosotros o a alguno de nosotros nos
parecen caminos (je, je, je), y comenzamos un descenso entre maleza y roca,
seguidos muy de cerca por una cabritilla, no Mari Jo va en cabeza, esta que
digo es otra de color negro que se cree que somos su rebaño. No me extraña.
De
todos modos y como no puede ser de otra forma, a pesar de las disputas y los
cambios de opinión, realizamos el descenso sin problemas y en perfecto estado
de revista. Alcanzamos las cabañas de Ondón y aunque las vistas no son todo lo
buenas que deseamos, realizamos un nuevo descanso antes de iniciar el duro
descenso que nos espera.
Y
hacia él nos dirigimos. Nuevamente con rumbo sureste y siguiendo un marcado
sendero reiniciamos la marcha en busca del comienzo de la Canal de Bobia. Desde
su parte más alta ya podemos ver allá muy en el fondo, la carretera de Poncebos
y los coches aparcados en las cercanías del túnel que sube a Bulnes.
Iniciamos
el descenso que durará cerca de hora y media siempre viendo muy abajo nuestro
destino. El calor por momentos se hace insoportable. Hay un alto grado de
humedad y no corre ni una brisa. Cuando por fin llegamos a la entrada de
Camarmeña, la fuente que hay allí nos parece el mejor de los bares. Nos
refrescamos a fondo y continuamos marcha, ahora con una sola idea: tomarnos una
merecida cerveza.
Tras
el merecido descanso y la prometida cerveza, seguimos descenso para reunirnos
con nuestros compañeros de la alternativa en Poncebos. Desde la terraza del bar
descendemos por un nuevo sendero, ahora señalizado, que nos lleva a atravesar
la carretera y en poco tiempo al Hotel Restaurante Garganta del Cares, donde
tenemos el autocar y el fin de nuestro recorrido.
Pero,
¡oh sorpresa!, nuestros compañeros de la alternativa fácil no han llegado aún.
Problemas. Tratamos de comunicarnos con ellos pero no hay forma. Desde casa me
comunican que no pudieron cruzar el Cares y que tratan de ir a Arenas. Poco más
tarde conseguimos hablar con ellos y nos dicen que se encuentran camino de
Arenas por malos sendero y monte arriba. Hay gente muy perjudicada y no saben
cuando llegarán.
Decidimos
comer mientras se hace la hora de poder mover el autocar, tenemos que esperar a
que pasen 9 horas desde que llegó, e ir a buscarlos a Arenas.
Por
fin a las 7 y 20 salimos de Poncebos. Volvemos a comunicar con ellos y nos
dicen que ya están en una pista que en unos 20 minutos llegarán a Arenas.
Salimos a su encuentro y al poco nos cruzamos con ellos. Todo acaba sin mayores
problemas que el cansancio.
Su
relato, realizado por Pablo, lo podéis leer en esta misma sección un poco más
abajo. Bien parece lo que bien acaba.
JAFPA
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