miércoles, julio 10, 2013

EN LA CATEDRAL DE LA NATURALEZA: ATRAVESAMOS DE OESTE A ESTE TODO EL BOSQUE DE PURUPINTU Y TERMINAMOS UNA GLORIOSA TRAVESÍA CON LA BAJADA POR LES CUERRIES



6 de julio de 2013
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En la programación del año está esta  ruta que el Grupo LAS XANAS ya hizo hace años. En aquella ocasión estábamos probando, con menos conocimiento y mucho entusiasmo y tanteamos el terreno para entrar en esta CATEDRAL con mayúsculas, CATEDRAL de la naturaleza, monumento no creado por el hombre, monumento habitado, refugio de muchos animales, monumento poco transitado por los humanos. Por lo tanto teníamos una alta expectativa sobre esta ruta y no nos defraudó a pesar de algunos inconvenientes “prácticos”.

En estas rutas de verano hay que madrugar para afrontar las primeras subidas con el mejor frescor posible. Así que a las nueve y veinte en Orlé dispuestos a empezar la travesía de bosque más ambiciosa que se puede hacer en Asturias. Repaso en mi memoria y no recuerdo otro recorrido de bosques de esta longitud, ni por supuesto de esta calidad. Subimos por el río de Enmedio, por buena sombra sin parar hasta la mayada de La Felguera. Luego queda un último esfuerzo para coronar Piedrafita, el extraordinario collado bajo La Crespa. Superamos 520 metros en poco menos de dos horas con el sol apretando ya con fuerza en este último tramo. Hacemos un pequeño tentempié, rápido, que ya está todo el mundo consciente de que la jornada es muy larga.

Esta vez dejamos el terreno limpio de antiestéticas peladuras. Siempre está la polémica de si se las comerán “los animalitos”. Tanteamos con prudencia el camino de bajada para no ir a la brava como en aquella otra vez. Estamos en el track y hay que seguirlo como una garantía. María José y compañía hacen su variante al Cuetón Les Travieses que requiere escalada para superarlo.

La descripción que traemos escrita de Guari, desde aquí ya no vale pues su aproximación es por la pasada Los Duernos que habría que explorar en otra ocasión. Bajamos por la  cara oeste de la Xerra de los Duernos. Señores, en diez minutos entramos en el bosque. José Ramón que va primero puede ver muy cerca una cierva. ¿Sería mucho pedir que los amigos que lo ventilan todo a voces entraran callados, por una sola vez, a este templo natural? Hemos dado con el buen camino que serpentea siguiendo aproximadamente la curva de nivel. Pasamos sobre varias riegas que vamos contando para estar seguros de la orientación en este intrincado y densísimo bosque.

Queremos llegar a una mayada limpia con dos cabañas que vimos desde Piedrafita. El camino, desechando desvíos y bajadas nos lleva en directo manteniendo prácticamente la altura sobre la cota de los 1200 metros. Encontramos las abandonadas cabañas. Las inscripciones talladas son de 1890. Estamos en Incós, en el centro mismo del bosque. A la izquierda la larguísima pared de la Xerra de Pandemules que nace en La Crespa, en el centro de la vaguada toda la grandiosa masa forestal de Purupintu y a la derecha el canto de la Llambría que se despliega, soberbia mole, hacia el suroeste.

Esquivando el altozano que cierra la mayá por su derecha accedemos al segundo mayau también con cabaña derruida. La tentación es tirar de frente al fondo del valle, a la riega Reigán. Pero afortunadamente lo estamos haciendo de libro en cuanto a orientación. Saliendo por la derecha, camino bien establecido, damos una amplia lazada que superando unos contrafuertes artificiales (tres en concreto, que sugieren algún cargadero de mineral o madera) nos acercan en descenso hasta el río Saolla, que es a donde queremos llegar. Cerramos el lazo sobre el mismo cauce del río que cruzamos para afrontar por la otra margen la remontada hacia las paredes de la Toral y la Llambria que se acercan formando la Foz, amenazando con cerrarnos cualquier paso.  Estamos en la cota de los 1000 metros.

El momento es especial: estamos entrando en la Foz. El río baja alegre para recibir las aguas de la Riega Purumandi y del río Reigán formando un naciente Semeldón que hará un largo recorrido hasta Valle Moro. Otra grandiosa y dura ruta para el recuerdo. Las foces son dos paredones verticales, cerrados por ollas excavadas en el lecho del río. Lo cruzamos a la otra margen. Sólo hay paso seco por el maserón que está en la pared derecha. Salimos a un gran ollón de agua transparente. Qué sitio para quedarse. Mi decepción es que el grupo continúa. ¡Señores, que el sitio merece una buena visita! Nos rezagamos para hacer fotos. El frescor del agua, la brisa que arrastra, la nobleza de la roca, las pequeñas cascadas, todo invita a buscar a la xana de la fuente.

Siguiendo el curso del río por una senda algo perdida y siempre en descenso llegamos a la cota más baja del bosque en La Huera. Unos ochocientos cincuenta metros. Volvemos a saltar por encima del Semeldón. Para encontrar la pista maderera que remonta a Collado Valleyu a unos doscientos cincuenta metros por encima. La remontada se hace dura con el calor de las dos y media de la tarde y la terrible humedad del bosque. El camino está entrecruzado de maderos que hay que superar con paciencia. Sigue siendo a pesar del esfuerzo una ladera en caída al fondo de valle repleta de fayas centenarias.

Desde Collado Valleyu la pista remonta en fuerte pendiente haciendo una amplia lazada a lo alto de la ladera, sin salir a la cumbrera. La pista sigue paralela a la Llambria que es una buena referencia. Superamos la riega Melendrera escasa de aguas. Algunos llevan rato mirando las cantimploras que con poca precaución llenaron poco. Les damos esperanzas sobre la fuente que tiene que funcionar en Llués (1.106 m.). Terminamos de remontar sobre las cuatro y media. Algunos calambres y cierto agotamiento en la cola endentecen la marcha del grupo. Los avanzados de la cabecera hace rato están repostando en el abrevadero que deja caer un chorrito de agua. Reflexión para pensadores: la importancia vital del agua. Sin ese chorrito que mana tímido de la fuente no somos capaces de nada. Casi tres cuartos de hora de espera y los últimos acaban por llegar.

Han remarcado: hoy “ola de calor”. Y es cierto que aprieta. No es la mejor hora para caminar. Pero hasta ahora hicimos casi todo el camino a la sombra. En ella seguimos cuando siguiendo la pista hacia el norte la abandonamos (938 m) antes de Los Llanos, justo en el Collado Cuadramoño, junto a una cabaña. Es casi la parte más difícil del camino pues no hay un sendero claro por la ladera. Vamos bien de hora: son las cinco y en hora y cuarto estaremos abajo. Es una larga bajada de antiguas praderías abandonadas tomadas por los helechos y las ortigas. Buen día para los “cachiparros”. Hoy al terminar tocará hacer revisión de la carrocería, por si acaso, que con estos bichitos no hay que jugar. Bajando despacio, buscando lo más suave, con las fuerzas justas, atentos al suelo desigual tapado por la hierba, esperando al de siempre que se perdió hoy también en la pista. Luego encima de esperarle se enfadará. Ya se repite demasiadas veces esta situación…

Acabamos embocando el río Les Cuerries, la “ruta pintoresca” según el cartel de la carretera, al que afortunadamente han añadido ahora otro de ruta MUY PELIGROSA.
           
Entramos al río. Baja haciendo cascadas y ollones. Es un río muy “cantante”. El sendero alrededor, desde hoy hitado, está bastante seco. Los resbalones de la otra vez fueron históricos. Pasamos por debajo de una inmensa losa proyectada por el camino y milagrosamente sujeta por otra piedra superior que la pisa y dos pequeñas rocas en su base. Es un milagro que no caiga. En la piedra más alta ha crecido una faya grandísima. Al poco tiempo el río se sume. El sendero ha ratos es plano, a ratos se inclina atraído por el cauce del río. En un árbol caído hacemos una gran parada para recuperar una “pájara” de buen tamaño. La glucosa hace su labor. Seguimos más lentamente.

Se está echando a perder el horario previsto. Pero las circunstancias mandan: dos o tres personas llegan muy tocadas por el esfuerzo y el calor. Volvemos a cruzar el río. (Al final me parece que lo hacemos unas siete veces). Hay varios pasos que hay que hacer descolgándose por la rama más cercana. Finalmente ya definitivamente en la margen derecha, empezamos a descender en serio. El agua ha vuelto a aparecer. Multitud de pequeñas cascadas dejan al desnudo la roca viva de color rojizo intenso. Al fayedo siguen el avellano, el humero y el fresno. Llegamos al paso del Escaleru, tallado en la roca y cubierto de un peligroso musgo. Lo recordábamos como una bajada temible. Pero hoy, seco, se hace bastante bien. Se ve la carretera de Beleño. Llegamos al fin al puente Les Cuerries.  Está a 357 metros. El descenso ha sido vertiginoso, 580 metros. Todavía hay que descender dos kilómetros en dirección Sellaño hasta el autocar. Mientras nos cambiamos, apresuradamente, el conductor nos informe que un grupo ha seguido andando a Sellaño, distante cinco kilómetros. Vaya moral. Son las siete menos diez. A la siete tiene que salir el autocar rumbo a la cochera.

Algunos protestan. La ruta era dura: casi veintitrés kilómetros en línea recta, y unos dos mil seiscientos veinticinco en desniveles acumulados, la convertía en una ruta larga de verdad, y de Alta Dificultad. Para montañeros expertos. Repito que el grupo ya la había hecho en siete y media. Hemos tardado dos horas más. Considerad el calor, la distancia, el desnivel, la poca previsión de agua de alguno, el tiempo perdido en esperar al perdido, los imprevistos en calambres, pájaras y cansancios. A la mayoría de la expedición le dio tiempo a llegar a Sellaño por sus medios. Otros, más limitados, necesitamos hora y media más. Pero tened en cuenta que cualquiera que sale con el grupo sea cual sea su condición física está bajo la tutela nuestra y nunca vamos a dejar a nadie a su suerte.

Lamentaciones aparte. La ruta que hemos hecho es extraordinaria de todo punto de vista. Hoy nos ha salido trazada con toda precisión, a pesar de ser un bosque de muy dificultosa orientación. No hemos comido al final, pero eso es algo que hacemos todos los días. El atravesar esta foresta extraordinaria, no. A pesar de todo estamos contentos y todavía impactados por la enorme belleza de los bosques y ríos que hemos cruzado.

El día 13 tenemos otro día fuerte: La subida al Cuetón desde Inguanzao, entrando por las extraordinarias Foces del Burdio. Luego, tras conseguir alcanzar la cima con un desnivel de 1.340 metros. Bajaremos a la majada de Ondón para coger la muy larga canal de Las Bobias y llegar a Puente Poncebos. (1.430 metros de bajada). Para esta ruta hay alternativa.

Recordamos a los que están apuntados para la ruta con pernocta en el Refugio de Collado Hermoso, que se está acabando el plazo para hacer efectivo el importe de esta ruta. Esperamos que los que no lo hicieron aún, lo hagan en la próxima ruta.

FRESINES
     

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