jueves, julio 18, 2013

UNA ALTERNATIVA EPICA

NOTA: Ante la imposibilidad de publicar la crónica de la ruta que realizó la mayoría del grupo, os dejo la crónica realizada por Pablo, de la odisea que un pequeño grupo padeció al hacer una ruta alternativa y en principio más sencilla. Proximamente publicaré la ruta del Cuetón)

13 de julio de 2013

Las Xanas vuelve a una ruta de verano, A, como corresponde. Salimos de Oviedo con niebla y después de la parada de rigor en Arriondas, llegamos a Inguanzo y comenzamos ruta por tierras Cabraliegas. Según la aemet hay un 55% de probabilidad de tormentas en la zona y una temperatura media de 22 grados. El bochorno tormentoso se nota, pero de agua nada.

Iniciamos ascenso a las 9:45, con los grandes corredores en cabeza, que en algún momento tienen que volver sobre sus pasos porque el ímpetu no les deja ver el camino, y al poco tiempo ya nos empezamos a meter en la primera felechal del día. Algunos hacía tiempo que no venían y otros soportan mal el calor y el grupo se va desperdigando. Cuando la cola del grupo va llegando a la mitad de las Foces del Burdio se encuentra con una perfecta hilera de montañeros esperando a reagrupar sobre una cornisa. Continuamos marcha.

Salimos de la niebla y continuamos ascenso hacia la Collada Maneda. Llevamos ascendidos unos 500 m y ahora ya empieza a pegar el sol. Cuando los últimos llegamos a la collada (1.160m) apenas nos da tiempo a decir hola y hasta luego. Un grupo de 7 decidimos hacer una ruta alternativa bajo la dirección de Lito, un paseo un poco más relajado, con menos desniveles y un descanso para las rodillas. Los demás inician su ascenso hacia El Cuetón, les quedaban unos 600 m de ascenso y muchos más de descenso.

A los pocos metros de empezar nuestra alternativa, se ve al fondo de una canal la carretera. Se sugiere bajar esa canal, cruzar el río, y en nada estamos en Poncebos. La alternativa original nos llevaría a Poo de Cabrales, e ir en ALSA a Poncebos, andando o en Land Rover se nos complicaba. Ese era el gran problema que teníamos al inicio de esta ruta. Vamos canal abajo, entre felechos, rocas, caminos que se pierden a momentos, pedreros... Seguimos el curso del Rio Pradón (según dice mi nuevo gps) en un descenso bastante pronunciado. El ver al final la carretera te da la sensación de cercanía, pero es solo eso, sensación. El calor aprieta y la bajada es mucho más dura de lo que parecía. Bajamos en total unos 800 m hasta llegar al Río Cares.

Tiene mucho caudal, más de lo esperado, y 3 de nosotros ni bajamos a la orilla. Alfredo intenta cruzarlo pero enseguida se da cuenta de la fuerza del agua y da media vuelta. Se vuelve a poner los pantalones y las botas y barajamos las opciones. 1- dar la vuelta por donde bajamos (descartada), 2- llamar al 112 (para un año que María no se federa...) y 3- intentar la salida hacia Arenas por el macizo que queda a nuestra izquierda (vemos la opción a través del gps, que aún recién estrenado vamos a dar ya por amortizado). Es un camino muy pendiente (en total una subida de unos 250-300 m) que a momentos se pierde entre las rocas y que está tomado por felecho, espinos, ortigas... Un día precioso para ir en pantalón corto.

Sufrimos a todos los niveles. No somos la sección de Alto Rendimiento, nos falta agua, desconocemos cuánto nos queda por delante o si podremos llegar bien, el ascenso parece interminable, teníamos ya la sensación de tener la ruta terminada y que nos esperaba una tarde de chigre... Hay nervios, tensión, cansancio, amagos de pájaras, pero sobre todo hay un gran aplomo y unidad montañera entre todos nosotros. De lo malo hoy no hay prisa por el horario del autobús y el grupo ya está avisado de nuestra odisea.

Después de mucho bregar entre felechos (de más de 1,75 m de altura en algunos tramos), oímos el ruido que parece de un tractor. Vemos el primer tejado y vacas. El tractor era una maquina segadora, y nos indican que a Arenas hay unos 20 minutos por pista asfaltada. Sacamos fuerzas de flaqueza y casi corremos pista abajo. Casi llegando a Arenas encontramos una fuente y ya sabemos lo que se siente al ver un oasis en el desierto. Nos refrescamos y continuamos camino. A los pocos metros vemos a nuestros compañeros caminando pista arriba a nuestro encuentro, se ofrecen a llevarnos las mochilas y nos dan ese respiro de tranquilidad de “estamos salvados”. Llegamos a Arenas donde nos esperan los demás con unas botellas de agua bien fresca, que se agradecen sobre manera.

Podemos sentarnos a comer un poco y quitarnos las garrapatas unos a otros (como en un documental de National Geographic) antes de iniciar camino de vuelta. 10 horas y media de caminata. Por suerte el gps era nuevo y no sabemos cuántos kilómetros o desniveles salvamos, y creo que no lo quiero saber. Es una alternativa que pasa al saco de ruta épicas para contar de cuando en cuando, o si se quiere la podemos poner en el calendario del año que viene.

PABLO

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