viernes, noviembre 02, 2012

Iª JORNADAS DE MONTAÑA "MEMORIAL JORGE PABLO"

El Grupo de Montaña "LAS XANAS" participa a todos los interesados, que los próximos días 22 y 23 del mes de Noviembre del presente año 2.012, en horario de 19:30 a 20:30, celebrará sus primeras jornadas de montaña, honoríficamente dedicadas a nuestro compañero Jorge Pablo, fallecido casi hace un año y que en su día fue el máximo inductor de estas jornadas, que por diversos motivos, no pudieron celebrarse con su presencia física.

En esta ocasión si que se podrán realizar y esperamos que el contenido de las dos proyecciones comentadas que hemos programado, sean del agrado de los asistentes. El día 22 tenemos la charla de José A. Fernandez-Peña, que con el título de "¿Por qué subir una montaña? Porque están ahí", versará sobre las rutas realizadas por el grupo, con principal interés en sus componentes, como máximos exponentes del buen funcionamiento de la entidad.

El día 23 será Manuel Antonio Huerta, quien versará sobre el "Macizo de Ubiña", conjunto montañoso muy presente en las rutas del grupo y principal amor montañero de nuestro homenajeado Jorge Pablo.

Las jornadas se realizarán en el Teatro del Centro Social de Trubia. Os adjuntamos el cartel anunciador y confiamos en obtener una masiva asistencia.

Muchas gracias.

JUNTA DIRECTIVA DEL GRUPO DE MONTAÑA
                             "LAS XANAS"

martes, octubre 30, 2012

ENTRE NIEBLAS Y CHUBASCOS SUBIMOS AL PICO RUBIO



27 de octubre de 2012
       
Cayó agua toda la noche. Los presagios no podían ser peores. Pero en un gesto de valor nos lanzamos hacia Somiedo con esperanza de que la lluvia nos respetara. Hicimos una parada larguilla en Belmonte para que el cielo se aclarara. Nada que hacer. El día está de llover y lloverá lo que tenga que llover.

El autocar sube por una carreterita casi de juguete hacia la aldea de Pigüeces. Rezamos para que no baje ningún vehículo del pueblo. Hay suerte. El autocar hasta puede dar la vuelta en una explanadita a la entrada del pueblo. El conductor se compadece de nosotros mientras nos forramos con toda clase de plásticos, bufandas, bragas y paraguas. No está demasiado frío. Este pueblo tenía tradición de contar con buenos madreñeros.

Salimos por la zona oriental del pueblo desde la vertiente del Pigüeña para llegar a la vertiente de Somiedo. La sendita, tapizada de verde, es una cocada. Salimos por la izquierda de la iglesia y subimos sin parar, aunque cómodamente hasta una coqueta braña, Motiz, perdida entre castaños. Un senderillo sigue de frente junto al arroyo de Peñas del Alba, probablemente en dirección a Vildéu. No es nuestro camino. A pesar de la densa niebla torcemos hacia el monte en dirección noroeste. La subida sería buena, progresiva y libre de escobas si dejará de llover un momento. A pesar de todo llegamos a una primera collada.

Naturalmente no es la buena. Hay que seguir. Calibramos la posibilidad de bajar directamente al valle en dirección a Aguasmestas. Pero no se ve nada en absoluto. Por seguridad del grupo es mejor seguir todos juntos hasta el Alto del Rubio. En el cresteo por la cumbrera el viento sopla con fuerza del Norte. Más de un paraguas queda para la basura. Empieza a bajar mucho la temperatura. Mi termómetro marca seis grados. El temporal se hizo somedano para darnos un beso helado. A penas paramos para que lleguen los rezagados. Nos tiramos monte abajo como gente enloquecida sólo para entrar en calor. Nuestra bajada bordea todo el tiempo una de las áreas más restringidas del parque natural. Pero no vemos ningún oso por la ladera.

Caemos entre fayas y castaños en unas praderías increíblemente bellas y recónditas. La misma bajada se hace contra un bosque en pleno cambio. Deja de llover un rato. El bosque es una explosión de color. El día está muy poco claro y no deja mucho margen para vistas. En el valle de La Trapa nos reagrupamos y aprovechamos la escampada para comer rápidamente y volver a caminar para que circule la sangre. El termómetro ha subido a 12º.

Seguimos el camino hasta un caserío restaurado de muy buen porte. Luego la senda francamente bella, discurre junto al molino más extraño que hayamos visto nunca. Está alimentado por una  gran tubería de hormigón con una buena caída para garantizar energía suficiente a las aspas. Aquel invento tenía que funcionar de cine. Lamentablemente se ha perdido toda la maquinaria y sólo queda el esqueleto.

El camino coge rápidamente altura sobre el río. La fuente Carballo, hermosa, escondida, evocadora. En algún momento se dejan entrever los caseríos cercanos a Aguasmestas. La carretera y el río Somiedo. No cabe mucho más en esta estrechura. Rodeamos con amplitud la Peña el Alba, seguimos mojadísimos, sigue lloviendo aunque más mansamente. Por fin el rodeo termina y vemos entre nubes plomizas los pueblos de Clavichas y La Bustariega. En lo más fondero está la central de La Riera, nuestro destino y por encima de la misma la escabrosa subida al puerto de San Lorenzo con las aldeas de Las Morteras y Villaús en los dos flancos de la montaña. Somiedo siempre se exhibe en su completa belleza. Maldita lluvia. Llegamos a las Viñas. Ya casi estamos. Pero hay que bajar ciento veinte metros. Unos por la carretera de nueve revueltas y otros por el camino antiguo sucesión de eses y barro. Por fin en la Riera. Junto a la central hay unos cobertizos donde podemos poner ropa seca lo que es un enorme alivio.

Nos dejan comer en el único bar abierto del pueblo. Es un local pequeño pero acogedor y nos instalamos cómodamente. Vino y viandas contribuyen a hacernos entrar en calor. Cuando estamos terminando van entrando poco a poco una cuadrilla completa de cazadores. Han cobrado un hermoso jabalí. No se debieron esforzar mucho más porque llegan todos secos y orondos. No han hecho masoquismo como otros. Nos vamos a casa y hoy vamos a llegar bastante pronto. Aunque ya es noche cerrada cuando posamos el pie en Oviedo.

Una ruta que nos apuntamos para repetir. Lo poco que vimos era bellísimo. En otoño ruta de ensueño. El calendario del próximo año está más o menos previsto. Pero puede hacerse esta caminata de nuevo en las próximas temporadas. En un día despejado tiene que merecer mucho la pena.

El sábado 3 de noviembre vamos a parar en el puerto de Las Señales , debajo de Tarna para subir al Pico Lago, el dueño del puerto, y pasar luego por el Cueto Joracao a Maraña donde terminaremos esta actividad tan interesante. De verdad lo que queremos es sobre todo que esté seco.

Este próximo sábado liquidaremos las cuentas de la lotería y comenzaremos a apuntarnos para la cena de hermandad que celebraremos el 1 de diciembre, que ya está ahí a la vuelta de la esquina.  

FRESINES


jueves, octubre 25, 2012

RECORRIMOS LAS FOCES DEL CASAÑO, RUTA INOLVIDABLE



20 de octubre de 2012
           
            Esperábamos con impaciencia este trepidante descenso para completar las rutas de un  magnífico verano y mejor otoño por los variados caminos de Picos de Europa, el Alto Sil y la Omaña. En muy pocas ocasiones, como la que se nos presentaba hoy, puede un grupo esconderse en el rincón más oculto, profundo y agreste de los Picos de Europa.

            Las cosas sucedieron así: En un día frío y otoñal descendemos del bus en la Buferrera. Las cumbres del Cornión aparecen nevadas. La primera nevada  del otoño. Nunca nos cansaremos de ver la conocida silueta de la línea cumbrera que va desde la Torre Santa hasta el Jultayu, pasando por Los Traviesos, la Torre de la Canal Parda, la Torre de Cabrones, la Verdilluenga. Toda una magnífica visual enriquecida además por el hecho de que la modesta lluvia de la semana pasada ha vivificado todas las praderías que se han vuelto a vestir de un elegante verde otoñal. Si miras hacia el norte verás la vega de Comeya explotando de color, recorrida por una línea plateada que va haciendo meandros entre la turba. Hacia el sur y por un hueco entre dos modestos pandones está omnipresente La Ercina reflejando los cien colores del cielo. Y todo esto con el bullicio del verano desaparecido. La más absoluta belleza rezuma en la absoluta soledad. Vamos tomando conciencia que aquí somos nosotros los extraños.

Y como peregrinos que somos seguimos nuestro incansable viaje hacia Belbín. Pasamos por encima del pequeño poljé que sigue al mayor de la Buferrera. Son dos magníficos paisajes kársticos con afloramiento de rocas puntiagudas hacia el cielo. Foto y tira que te quedas sólo. Belbin otro rincón para poetas y pastores. Con sus cuevas naturales para elaborar el Gamonedo de los Puertos que se vendió el domingo a ¡treinta y ocho euros el kilo! Ante nosotros la torre monolítica del Cantón de Texeu. Subida conocida y bastante breve con su trepada final. En la cumbre una antena de los pastores. El Jascal, EL Llerosos y el Cuetón lucen sus siluetas engalanados entre nubes. Al norte Pandescura. Vira apenas se cree que lo del fondo sea el mar. Algunos intentan bajar por la cara oeste. Los demás por donde vinimos. Y ahora a rodear el Cantón para descubrir sus absolutas verticales en su faceta norte.

Como estamos descansados y la pista es una total monotonía nos lanzamos a subir la cuestona de la Cabeza Camba. Bajando por su ladera norte estamos en la collada Lincós que nos emboca directamente al Casaño. Vertiginosa bajada dominada por la hierba alta, resbalona, dura. Primero los acebos, luego los inmensos castaños tirados en el suelo por las tormentas, luego las fayas y finalmente los fresnos, acompañan nuestro largo, largo descenso. Primero nos acompañan nuestras voces, luego son tapadas por un concierto de cencerros y esquilones, y luego es el río el que impone su voz. No hay más remedio que plegarse ante lo salvaje del espectáculo. Logramos ver el río: baja abundante de aguas, en cascadas, espumando blancura, reposando en profundas pozas verdes. Afortunadamente el puente reconstruido en el 2010 nos ahorra un paso delicado. Cruzamos de margen. Apenas paramos. Luisa se queja: -“¿nunca os cansáis?”. Tienes razón mujer, alguna paradiña más habría que hacer, que aquí hay que venir ya comido y mexiau de casa, ¡joplines!

El río está bien vivo. El sendero que tímidamente le acompaña no deja un minuto de relajo. Resbalan las piedras, hay barro, todo está mojado, los árboles hacen túnel por encima. Las cañas de los árboles jóvenes marcan el norte con su abigarrado verdín. Un mundo junto al río y bajo el cielo que no se ve. Llegamos a un gran hito que señala la biforcadera de caminos: por arriba la resbaladiza senda excavada para la central eléctrica; por abajo salimos a la playa herbosa del río. Mejor esta segunda alternativa porque el riesgo de resbalar con esta humedad es alto.

A partir de aquí la senda es mucho más clara, más abierta, más fácil de caminar. El Casaño ya nos castigó bastante. El río se vuelca en una primera foz, las paredes verticales de la derecha cierran el paso al agua que busca su salida en una serie de rápidos. Podemos ver la línea de cumbres que cierran el valle por la izquierda. Son La Cabeza Dubia y la Cabeza Xatera, en la que ya estuvimos. Están sembradas de agujas de formas caprichosas. Pasamos el puente de troncos de Los Mineros. Ejercicio de estilo y equilibrio. En la otra margen está el inacabado edificio de la central eléctrica.

Oímos el lamento de un animal. Al poco se une a nosotros. Es un lebrel cazador, de nombre “Pedro”, según dice su collar. Nos olisquea a base de bien. Marca el camino con su orina. Nos sigue alborozado pues se le veía un poco perdido. Al cruzar el puente de Escobín le dejamos encerrado en la otra margen para que busque a su dueño. Enloquece y llora, busca un hueco por donde pasar entre los barrotes, parece irse al río. Mejor le abrimos y que siga viaje hasta La Molina.

Seguimos a la sombra de los castaños, poblados de erizos. Gruesos árboles de retorcido tronco. Algunos vaciados por el fuego se agarran a la vida y siguen teniendo cañas con frutos. A la altura del Cueto Pandu la auténtica foz del Casaño se adueña de la situación: paso estrecho dominado por el agua que laminó las paredes en cuevas. En el coqueto puente medieval hacemos fotos del largo tubo de agua que ruge bajo el ojo del puente. Vaya sitio este, otro que hay que apuntarse para el próximo verano.

La senda se convierte en una pista empedrada. Por la derecha cambia de valle y sigue a los puertos de Cabezo Lleroso. Por ahí desaparece como una flecha nuestro recién amigo “Pedro”. Seguimos a La Molina. Paso junto a un jacuzzi natural en el que sumergirse bien acompañado. Sólo echaríamos de menos el agua caliente. Con unas cosas y otras entramos en La Molina. Qué bonito está el pueblo. Su fuente muy útil para desprendernos de los dos kilos de barro que llevamos en cada bota. El autocar nos está esperando. Magnífica noticia que nos ahorra una larga subida por la carretera hasta Canales.

Sólo hay que buscar dónde comer. Tres intentos. En unos cierran, en otros no cabemos. A la cuarta el conductor que se las sabe todas acierta. Un buen bar, con vino de frasca y bastante artesanía de la madera. Como la tarde está agradable comemos fuera bajo el toldo. Sobremesa al sol otoñal, contentos con la rutaza que nos marcamos hoy. Sólo nos queda a los cuatro inquietos de siempre la cosa de “¿para cuando la bajada completa del Casaño desde el Hoyo la Madre?” Es practicable para grupos con experiencia. Luisa lo bajó. Y nosotros también queremos, ¡ea!

En el próximo fin de semana tenemos ruta por Somiedo. Por la margen derecha del río en su sentido de bajada buscaremos en el pueblo de Pigüences para subir por Motiz a el Pico Rubio de 1392 metros y bajar luego hasta La Riera a 480 metros de altura. Una excursión por Somiedo siempre, siempre merece la pena. Allí nos veremos. Recordar que hemos cambiado el punto de salida del autocar. Empezamos a recoger en San Andrés y no en Oviedo.

FRESINES

jueves, octubre 18, 2012

SUBIMOS AL RABINALTO EN LA SIERRA DE VILLABANDIN



13 de octubre de 2012

Zona poco conocida. Precisamente vamos a eso: a conocer mejor esta serranía abundante de cimas que están entre los 1.700 y los 2.200. La mayoría son grandes pandas muy desgastadas por la erosión, especialmente demoledora en la cuarcita que se cuartea fácilmente.

Entramos por la Babia Baja. Vemos pocas praderías y mucho monte de roble con escasa producción. Montes buenos para la caza. Las cuadrillas están preparadas en Villabandín. No nos miran con mucho agrado. Nosotros a ellos con cierto recelo. Afortunadamente salen cinco todoterrenos por una pista al sur, mientras que nuestro destino es el contrario. Curiosa la iglesia de Villabandín, con una imponente fachada de piedra sin labrar y un arco de puerta tapiado y del que sobresale una original fuente. El río va bien de aguas a pesar de la seca que hay unos kilómetros más abajo. El pantano de Barrios de Luna hoy era un dolor.

La mañana está fría, obliga a subir con gracia y estilo. Cogemos una senda entre los dos barrios que rápidamente y atajando nos permite ascender entre robles añosos pero chaparros. Encontramos pronto la pista y nos prometemos una jornada feliz. Esto esta chupado. ¡Ja! ¡ja! No es que sea muy difícil pero trabajoso de subir bastante. La pista se va perdiendo en una larga pradera que tiene un pequeño laguito. Creo que es la cabaña de Piedrasmoras, porque hoy la orientación no ha sido mi fuerte. ¿Estaremos pillando la gripe?

Aquí se acaba la alegría. El sendero es evidente pero está bloqueado por multitud de piornos que impiden seguir con alegría. Probablemente hubiera sido mucho más factible seguir hasta el collado de la Cañada y desde ahí acometer toda la cumbrera. Manuel y los “rapidillos” por allí van. Otros preferimos salir a la pedrera que por lo menos está libre de urcias. Pero la subida al cabo de un rato se hace incómoda. Un grupo tira de frente con Peña, otro con Javier prefiere subir por la derecha tras encontrar un sendero despejado. Lito y Fanjul tiran mucho a la izquierda para encontrar las zonas más despejadas de la ladera hacia una cumbre muy evidente que se ve al fondo.

Llegamos a ella unos pocos. La mayoría están en lo que resulta ser el Rabinalto. ¿Entonces dónde estamos nosotros? A discutir: o el Pico La Arena o el Alto de Terreiras de 2.061. El caso es que tiene un gran hito de piedras que fue lo que nos atrajo. Si nos riñe Peña, decirle que los piornos tuvieron la culpa. Al Oeste las Ubiñas, el norte el Montihuero, la Orniz, el Cornón y el Muxivén. Mucho más al Oeste la Penouta de Babia, pico triangular muy característico y que tiene su personalidad, no como esta Sierra de Villabandín. Se ve Piedrafita a lo lejos y a su izquierda las minas a cielo abierto que afean terriblemente el paisaje. Un buen rato en el pico (para más de ocho el único del día) mientras llegan los tardones que lo quieren hacer todo. Nos enfriamos otra vez. Después de la foto arrancamos a bajar otra incomodísima pedrera en bajada lateral para volver a subir una buena cuesta que continua sin descanso al Valgrán, potente pandona que lo domina todo.

Sube la mayoría. El grupo de Manuel sube a un esbelto roquedo a nuestra izquierda, los que vamos de retirada seguimos faldeando hacia el arroyo Valgrán, y el resto de la compañía sube a este  último y largo pandón. Abajo nos encontraremos. El arroyo va abundante de aguas. Crecen en su lecho los fresnos y abedules. La pista de ganado va girando al oeste y tras una remontada al norte, otra vez al oeste. Allí en el pueblo comentamos a la gente que venimos de Villabandín. El paisano se quita la gorra como diciendo: << ¡Venga, ya!>>. Pero es lo que hay. Salimos a las 10 y diez y llegamos a las cinco menos diez. Total una buena pateada de unos veinte kilómetros. En Cabrillanes el primer bar que vemos abierto nos sirve para calmar la sed y el hambre. Los que comemos fuera estamos en la gloria mientras dura el sol. Luego hay que buscar refugio rápidamente. Tercer enfriamiento.

Luego volviendo de viaje ya notamos algunos los calambres y las tiritonas. Para mí que esta ruta ha sido muy dura. Por lo menos nos valió para conocer el paso de la Babia Baja a la Alta, de la zona pobre a la zona minera pegada a la raya de Asturias.

La próxima semana volvemos a Asturias. Hicimos unas cuantas por León: Huevo de Nocedo, Peñas Pintas, Catuote, Rabinalto. Ahora ya va a tocar el bosque. Y nada menos que la bajada por las Foces del Casaño partiendo desde la Buferrera para salir a la civilización por Canales. Promete ser una excursión extraordinaria. Preparar las cámaras de fotos.

 FRESINES

miércoles, octubre 10, 2012

EN EL CATOUTE, TECHO DEL BIERZO



6 de octubre de 2012

Para allá fuimos. Seis horas abundantes de autocar y cinco de caminar. Aún así mereció la pena. Salimos pronto, pero hasta las once menos diez no empezamos a caminar. Desayuno de lujo con churros y todo. Al fin llegamos mareados después de atravesar toda la Omaña. Todo lleno de explotaciones mineras. Llevábamos una duda clavada desde hace días: ¿se podría entrar hasta los Montes de la Ermita con el autocar?

Decidimos resolver sobre la marcha. Pero el libro del Alto Sil apuntaba que la pista está sin asfaltar. Decidimos seguir a Colinas del Campo de Martín Moro Toledano. Llevábamos la ruta bien estudiada desde las dos alternativas. Esta segunda tiene sus ventajas: es circular y se hace todo el cordal para bajar a las lagunas de Rebezu. Además es un PR-LE 45 señalado. El pueblo es una auténtica preciosidad, arregladísimo, con un inconfundible sabor rural, cantarín río incluido.

Atravesamos el gracioso arco de la iglesia que comunica con el Norte del pueblo. A la vera del río sigue el camino flanqueado de robles y abedules. El río debe tener fuertes crecidas porque las pesqueras de contención están bien mantenidas. El canal que lleva al molino ya no lleva agua. Hace calor, unos 21º. El camino está muy bien señalado. Poco a poco y sin descanso alguno vamos cogiendo altura. El río se sume o está entubado por debajo. Hay una casa de madera prefabricada enorme, preciosa. Para vallar una pradería han instalado somieres pintados, unos sesenta, salidos a saber de que internado o cuartel.

Ahora el camino sigue entre urcias y serbales cargados de frutos rojos. Torcemos a la derecha para encarar el valle. Por delante una pandona bastante monótona. Pero la subimos con premura. A la una yo estoy en el inicio de la loma final. Ya hay un grupo de seis personas arriba. Mil metros en menos de dos horas ¡Esta gente no tiene límites!

El camino está muy bien trazado en continuas lazadas ascendentes por encima de la pedrera. Todo son cuarcitas cuarteadas. Llegamos veinte minutos más tarde a la cima. Segunda tarjeta de cumbres, que la primera ya estaba cubierta. Frío, la caída del termómetro se acerca a los diez grados. Aplauso a las rezagadas y foto de los que quedamos que Carrete y compañía hoy vuelan.

Se ve la central térmica de Anllares mucho más allá de Gistredo, enmarcada contra la sierra de los Ancares. Todo lejanísimo. En la cercanía tenemos potente el Valmartín tapando parcialmente las Ubiñas. El día está muy brumoso y a pesar de todo es gozoso estar en esta cumbre. Otro grupo de seis bajamos  por la cara norte en unos cómodos escalones. Perdemos unos cien metros siguiendo toda la cuerda cuarcítica. En la pradería cercana vemos por el norte las lagunas  Los Frieyos, pequeñas, formando turbera. A pesar de la seca los ríos corren.

Seguimos todo el circo lacustre hasta el pico Rebezu. Es una pandona inmensa. Decidimos bajar hacia las lagunas del Rebezu. Descenso vertiginoso por el pedregal. Las lagunas son dos y no de mal tamaño. En invierno tiene que ser todo un espectáculo. La pequeña alimenta a la mayor que a su vez se desborda por el río Susano.

Este hace una serie de hoyas y pequeñas cascadas en un profundo tajo en la roca. A muy buen ritmo atravesamos los prados de Susano y volvemos al sitio en el que empezó nuestra bifurcación por la mañana. Seguimos comiendo millas a Colinas del Campo. Ya está preparado el sitio de la pitanza. Es una coqueta taberna, que cuenta con un espeso vino de la tierra y es muy generosa sirviendo “chupos”. Pretendemos salir a las seis porque todavía queda una tirada. Casi lo logramos y ya sin parada ninguna volvemos a nuestro querido terruño. La ruta ha sido placentera, la puntación alta y además ha sido otra ruta “romántica” realizada a golpe de intuición, brújula y mapa. (Es trampa todo está muy bien señalado)

Para el sábado que viene tenemos el Pico Rabinalto, empezando en Villabandín y terminando en Mena de Babia. Novecientos cuarenta metros subiendo y un poco más bajando. Está en la zona de Babia y es un bonito pico triangular de los que últimamente estamos acostumbrándonos a trepar.

FRESINES

jueves, octubre 04, 2012

EN MONASTERIO DE HERMO CAMINO DEL PICO CANIELLAS, AL QUE NO PUDIMOS ASCENDER.

29 de septiembre de 2012

Hoy hicimos una ruta al estilo antiguo: sin GPS, con mapas, brújula, varias someras indicaciones y exploradores por los caminos. Primero había que llegar hasta el lejanísimo Monasterio de Hermo. Nombre de grandes evocaciones, tierra lejana, verde y agua, bosque y pistas mineras. Allá fuimos y nos costó lo nuestro. Al llegar primera decepción: al norte no había pico alguno, todo tapado por densos nubarrones. Preguntamos a una señora y a su marido, únicos habitantes, y nos dicen que está todo tomado, que imposible pasar.

Con estos mimbres ¿quién hace un cesto? Así que decidimos seguir a las Brañas de Narcea de Monasterio, siguiendo el curso del pequeño Narcea. Pudimos haber seguido en bus, pero si no hay pico que subir por lo menos obligaremos a las piernas a moverse. Subimos rápido. Al llegar a la braña de cuatro casas la pista gira a la derecha y al bosque. Como las indicaciones que llevamos escritas son muy poco precisas, empezamos a explorar los caminos por la izquierda. No sin discusión, claro. Encontramos una pequeña cascada. Damos la vuelta. Intentamos un sendero. Tampoco es. Al final la  hoja de ruta y el paisano del pueblo tenían razón: a la izquierda. Pero aparentemente este camino va en dirección contraria.

Silvio nos saca de la duda. Es por allí. Acortamos. Más discusiones. Estamos en un buen sendero y en media hora más bordeando el Pico las Barrosas por la derecha y las Peñas de Fanao por la izquierda, encontramos una senda que debe ser el llamado “Camino Real” que debe llevar a la laguna de la Vega del Palo y a Caboalles de Arriba. Afortunadamente no picamos y seguimos en dirección norte un pequeño regato que resulta ser el arroyo Chauchina. A continuación entramos en una llanada encharcada y con aspecto de turbera, que resulta ser la laguna de la Chauchina. Pequeña, y coquetona. Estamos a 1700 metros y superando la Pea Mora nos faltarían escasos doscientos metros para llegar a la cima del Caniellas. Pero nadie se atreve a dar el paso: hemos dejado el pico muy al oeste y además hay un profundo valle en medio.

Total que sin apenas parar seguimos camino. Ahora es una auténtica y pedregosa pista, que asciende por un empinado puerto. Parte de la turbera de la Chauchina desagua hacia el norte siguiendo los meandros de Riomolín para acabar en la Laguna de los Cobradores. Pocas veces hemos visto algo tan bello. El Valle del Riomolín se abre en un profundo tajo cuya pared norte es el pico del Fraile (1873) . Se adivinan varios caseríos. Echando la vista hacia atrás está majestuoso el Cueto de Arbás en el que estuvimos un glorioso día de paisaje nevado.

Seguimos la eterna pista. Pasa a lado de varias casas remozadas y elegantes. La pista es larguísima. Atajamos para evitar todas las revueltas del monte. A pesar de no hacer pico cansados que hay una kilometrada hasta Gillón. Preguntamos en un caserío por la subida. Por este lado está bien , abierta y con una pista forestal que permite llegar hasta la collada Chana. Estuvo un grupo hace una semana. Parece que es más fácil plantear esta excursión desde Gillón. Y luego buscarse la vida para bajar a Monasterio de Hermo.

Llegamos a Gillón. Hemos tardado cinco horas y media sin apenas parar. No está nada mal. Sensación agridulce por no hacer cumbre alguna pero el cielo no estaba para más y lo más que pudimos fue entrever el triángulo del Caniellas entre dos ráfagas de nube.

Bajamos a Penlés a comer. Ya nos lo tienen todo preparado desde la mañana. Incluso han reservado bolsas extra de rosquillas por si alguien nos invita. Pero por ahí “ná de ná”. Nos espera otra sorpresa: nuestra querida y embarazadísima María, acompañada de Vicente, y de Pablo y Alicia nos han ido a ver y a escuchar los buenos consejos de Isa y tal y tal. Nos alegramos un montón de verla tan guapetona y ya casi en plan madre. ¡Que tenemos otra nueva socia dentro de un mes!

Me llaman por teléfono para comunicarme que ha muerto en Sevilla la hermana de Gracia. No podemos por menos que hacer piña con ella en estos dolorosos momentos. Un beso Gracia, de toda la familia de las Xanas.

El sábado que viene otra excursión autocarera. Si logramos no perdernos en las varias carreterillas en las que hay que desviarse, llegaremos a Los Montes de la Ermita para subir desde allí al Catoute y luego cruzar a las Colinas del Campo de Martín Moro (vaya título tan grande para un pueblo tan pequeño). La zona me garantizan que es bellísima y los pueblos una auténtica delicia.

FRESINES





miércoles, septiembre 26, 2012

LA ASCENSIÓN A LAS PEÑAS PINTAS ESFORZADA Y AGRADECIDA



22 de septiembre de 2012

Cuando se planteó esta excursión en el calendario casi ninguno teníamos mucha  idea de por dónde cae este pico perdido de la mano de Dios. Así que hicimos un largo viaje para descubrirlo y colonizarlo de paso, si fuera preciso. En serio: resultó ser una larga cadena de picos de extraordinario acceso y de más que extraordinaria panorámica.

Dos horas y media desde la salida de Oviedo y llegada al pueblo de Las Salas, pasado el pueblo de Riaño. Preguntamos por su mejor acceso ya que queremos hacer todo el largo cordal. Salimos por la pista de la derecha del pueblo que asciende entre robles, abedules y algunas fayas en la parte alta. La pista es cómoda y la inmersión en el bosque siempre se agradece. Hace calor y en esta sombra se está muy a gusto.

Algunos más adelantados logran ver a un espléndido ejemplar de ciervo, bien dotado con enormes cuernas. En un recodo del camino una vaca solitaria sestea y nos sorprende mucho porque está comiendo la hojarasca seca de las fayas. Lo nunca visto. Que llueva pronto para remediar este secarral. Salimos del bosque. Ahora podemos tener una visión de toda la subida con más claridad. Como queremos hacerlo todo empezamos por el pico más oriental para recorrer toda la sierra hasta la cumbre de la izquierda que es la que nos deja más cerca de Las Salas.

Se aprecia un canalizo en la parte central de la peña a la altura de los Serrones Negros. Encontramos los jitos. La senda está muy bien marcada. Hay que superar dos fuertes contrafuertes bastante aplomados. Se imponen las pequeñas trepadas por la noble caliza. Tenemos que superar 626 metros para la primera cumbre. Pasado el primer resalte en veinticinco minutos, emprendemos una larga diagonal hacia la derecha por una meseta más o menos horizontal.

Entramos al segundo resalte, más vertical que el primero. Aquí el paso es por una especie de tubo en la roca que va evitando las fuertes verticales. Cuando salimos a una zona más abierta resulta que todavía no estamos más que en una antecima. Todavía faltan 220 metros. Llevamos dos horas tres cuartos bien entretenidos haciendo chimeneas y grietas en las grandes coladas. La gente va divertida y soplan ráfagas de aire bastante agradables. Por fin hacemos la primera cima. Una media hora más. Lo que se llega a ver te absorbe de tal manera que te olvidas del cansancio: Estamos encima del embalse y del pueblo de Riaño. Justo delante la afiladísima cresta del Gilbo, al noreste el Yordas y los Picos de Europa. Al Norte el Mampodre, al fondo queremos ver el Bodón y el Cueto Ancino, desdibujados entre cientos de siluetas de cresterías, enmarcadas entre el Torres y la Ubiña. Pero nuestros ojos vuelven irremediablemente hacia las cumbres palentinas del Espigüete, el Murcia, el Pozo del Tío Raimundo y Peña Prieta, conocidos por casi todos.  El viento produce marejadilla en el embalse. Está muy bajo, le falta por lo menos tres metros de crecida.

Volvemos a cargar la mochila para seguir al segundo pico. Hay que descender unos noventa metros para coger la collada intermedia. Luego subir por un corredor que se acerca mucho al abismo norte. Pero se pasa sin mayores problemas. Por el camino los coleccionadores de picos suben a un intermedio. Desde la segunda cima se ve prácticamente lo mismo que desde la primera. Por lo que hay que continuar con unas trepadas ahora más fáciles, por corredores con “pasamanos” y pequeñas chimeneas. La mole que tenemos justo delante es impresionante. Pero la subimos. Son las dos y media. Cuatro horas hasta aquí. Todos los valles de la Reina y el pueblo de Cigüera se nos hacen visibles. Vendríamos mucho más por toda esta zona si no estuviera tan lejos. Lo más impresionante de esta altura es el pavoroso abismo de su cara norte. Es un corte vertical que se desploma en un canchal muchos metros más abajo. 

En el pico está la imagen de la Virgen de la Peña y una estatua del Señor San-Yago, ambos muy protegidos del viento y las nevadas. Se está muy bien aquí. Parece que el mundo está bien ordenado y que la gente podría llegar a ser feliz. Pero se nos acaba la vena poética porque hay que bajar. Nos tiramos hacia el camino que hemos encontrado entre las dos últimas cimas. Todo muy bien señalado. Se agradece. Unos cuantos todavía seguimos a otra “pequeña” torre que hay a la derecha de Las Pintas. La mejor visión de todo el profundo abismo en forma de U. Hay quién se pone a especular sobre por donde bajaría sin cuerda utilizando una larguísima grieta que acaba en una playita de hierba insignificante. ¡Carri, valiente!

Nos espera una larguísima y pesada bajada en la que buscamos la mejor manera de superar las dos grandes cortadas. El camino es casi el único practicable. Acabamos esperándonos en un árbol solitario en el que se cruzan sendas ganaderas. Luego el camino no está nada claro y preferimos la conocida técnica de “ladera abajo” para buscar un abrevadero por el fondo del valle y enfilando el río entrar a una pista que baja a la parte oeste del Pueblo. Por el camino algunos resbalones en la traidora paja seca, un corzo que huye de nosotros, un rebaño de cabritinas jóvenes.

Entramos en Las Salas seis horas después de haber salido. Nos comenta una pareja que el pico más interesante y menos conocido es el Jairo. Anotamos para otra ocasión. En el bar queda cervecita fresca. Nos acomodamos fuera y dentro. Cantamos “amiguito que Dios te bendiga” al cumpleañero y a la joven cumpleañera. Felices, contentos y con la preocupación de preparar el calendario del verano que viene. Cuantas ideas, necesitamos  otros veinticinco años para llegar a todos los rincones de los Picos de Europa, y por supuesto al Cuchallón de Villasobrada.

La próxima semana una de bosque. Por Monasterio de Hermo nada menos. Un lujo de excursión con el fayedo que empieza a cambiar de color. Subiremos, si podemos, al pico Caniellas para bajar desde allí a Gillón. Y encontrarnos con gente que nos viene a ver. ¿Nos encontraremos?

FRESINES

jueves, septiembre 20, 2012

¿SUBIR AL CUETO ANCINO? YE FÁCIL



15 de septiembre de 2012

El Huevo de Nocedo resultó ser una pirámide elevada, dura, llena de vericuetos y laberintos. El K-2 lo llaman los pretenciosos exagerando un poco su dureza. El Cueto Ancino para los lugareños. La verdad es que de “huevo” tiene bien poco a diferencia del Huevo de Faro, que este sí se puede empollar. Resultó una ascensión laboriosa y muy entretenida hecha a la medida de los amantes de la escalada libre.

Bajamos del autocar en Nocedo de Curueño, pueblo que puede ser en verano el paraíso del que huye del ruido y la contaminación. Agua limpia y fría, gente noble, cielo claro ¿se puede pedir más? Sí, además puede presumir de una montaña sólo apta para esforzados. Atravesamos el pueblo desierto a esta hora. Varias esculturas chocantes de hierro representan a extrañas y fieras aves. Salimos por la margen derecha del Curueño. Pasamos delante de unas grandes construcciones hoy vacías y tapiadas. Alguien se queja del ritmo: hoy la gente va a ritmo de caballería.

Pronto torcemos al este para enfilar la cuesta que nos llevará al Alto Las Campas. Un inmenso valle se abre por nuestra derecha. Podría ser una ascensión más asequible, pero preferimos tirar todo el cordal hacia el Norte. Estos montes de León engañan mucho: aquí no hay continuidad, son antecimas casi independientes, rocosas torres que hay que remontar para bajarlas por su siguiente arista. Hay hasta cuatro antes de la cima. El camino oficial las va bordeando, por lo menos a las dos últimas. Pero ¿para qué seguirlo? En cuanto hay una elevación la gente que se tira a ver que salida tiene. Nos entrenamos a trepar por llambrias y a descender por canalizos. Una cosa muy típica aquí es pasar por repisas elevadas pegadas a una roca vertical que tiene una fisura a todo lo ancho para convertirse en agradecido pasamanos. Se diría que estamos en Picos de Europa. La gente se va calentando para lo que vendrá.

A partir de este punto ya no entendemos mucho. Algunos siguen el camino jitado. Otros con “orejeras” no ven más posibilidad que seguir rectos aunque haya por delante los obstáculos que  quieran poner. Así llegamos hasta una bandera de España colocada en la tercera cima. Todavía en la bajada hay quien se atreve a subir por una roca totalmente lisa cuyo único apoyo es una fisura por la derecha. ¡Madre mía! ¿Cómo lo hacen?

Ya no puedo contar que camino siguió cada cuál porque seguro que se hicieron más de seis rutas distintas. En esencia todo el mundo debe entrar por el canalizo de la cara Norte que se va retorciendo en espiral  para salir al este y a la cima. Pero por el camino se van encontrando canales de categoría “subible”. Y dale que te pego trepada, asidero para las manos y vencer la pared sujetándose con las rodillas. Cuando casi todo el mundo está arriba, Milio nos da unas lecciones gratuitas de escalada en roca entrando por otra canal que no es tal porque termina en un roquedo más alto que él. Vacila, le gritamos, busca acomodo, le aconsejamos, tensa los brazos, le disuadimos, y zas, ha superado un obstáculo de los que meten miedo.

Al final todos en la cumbre. Aire fresco para un día de mucho calor. Delante la silueta bellísima del Pico Verde, con sus estratos casi, casi verticales, y el Bodón, el Cueto Cabañas, y el Valdorria. Casi todos por encima de los 1900. Cuesta mucho reconocer la silueta de otros picos desde esta perspectiva. Dicen que desde León capital se aprecia perfectamente esta cima. El K-2 leonés superado con nota. Para bajar rogamos que por una vez intentemos bajar todos juntos. Y se ríen. Pero casi se nos logra. Y destrepando el mismo canalizo con sus chimeneas tubulares tan divertidas de bajar en chimenea, vamos llegando a la base para pasar al collado Las Campayaguas.

Ahora el terreno es muy fácil y siguiendo la modesta altitud de la cuerda vamos buscando el cortafuegos que nos sacará al camino que por la izquierda baja a la Braña. Llegamos al pueblo, después de seis gloriosas horas de ruta, el agua de las dos fuentes gélida, contribuye a quitar nuestra sed y a aliviar nuestro calor.

El autocar está a la sombra y se agradece. Para ir a lo seguro tiramos a comer a Cármenes, donde ya nos conocen y allí nos acomodamos para disfrutar nuestras viandas y para cambiar impresiones sobre la jornada “escaladora” del Cueto Ancino. Estamos contentos, nos hemos superado cada vez más, este grupo cada vez se atreve con obstáculos más complicados y a ver quién se atreve a elaborar el calendario del año que viene para estar a la altura de este.

Y hablando de calendarios en la cuarta salida de septiembre vamos a las Peñas Pintas, saliendo desde Las Salas, en la cola del embalse del Esla, junto al gran pantano de Riaño. Promete ser ascensión de trepadas. Lo nuestro, vaya.

FRESINES

miércoles, septiembre 12, 2012

EN LOS PUEBLOS ABANDONADOS DE LLUÉ Y TOLIVIA



8 de septiembre de 2012

¡Qué nivel de rutas veraniegas llevamos! Esta vez cambiamos de escenario para ir directos al corazón mismo de Ponga. Hoy en la fiesta de Asturias, la Santina nos regaló un día espléndido y caluroso. Nos pegamos un madrugón porque Ponga está lejos y, si podemos, para escapar un poco del calor en las horas centrales. Por cierto que el intento fracasó porque nos cocimos en nuestro jugo. Pero casi fue lo de menos. La ruta es de las que te engancha para siempre. Todavía cierro los ojos y estoy entre umbrías en el bosque profundo, a la orilla del Mojizo en un rincón totalmente perdido, sólo aptos para románticos y sentimentales. Que esta era una de las rutas soñadas de Jorge, que siempre quería meternos entre horros beyuscos. Y razón tenía.

Vale, que el Grupo Las Xanas se atreve casi con todo. Vamos por pasos. Nueve y cuarto en Les Bedules. Bien por el conductor que nos metió hasta allí, a pesar del tráfico de todo terrenos que iban camino de la fiesta de Arcenorio. Una hora menos de caminar. Pronto estamos en la fuente de Collada Granceno. Un paisano mayor nos informa que la bajada a Llué está impracticable. Mal empezamos. La fuente echa un hilín de agua. Que seca tenemos. La ruta está marcada como PR 283 con cartel y todo. Subimos a la Collada Viances.

Ahora hay que girar claramente en dirección Sur, pues los contrafuertes del Sen de Mulos no dan más opciones de camino. Esta parte es entretenida y a la sombra. Charlamos amigablemente con nuestro amigo Vetusto. La fuente Les Files tampoco está generosa de aguas. Por fin pasamos al otro lado entrando al valle de Tolivia. Desde aquí la subida al Sen de Los Mulos está muy definida. El sendero está muy bien señalado. Ahora tira en dirección Sureste. Llegamos a la Collada Llampara a 1290. Aquí empiezan las dudas. Tenemos que seguir a la Collada Reces, que se divisa unos trescientos metros debajo nuestro. Encontramos a Rubén y a un compañero que también quieren bajar a Llué. Nos dicen que el camino está bastante bien  que hay paso... Pero no conocen la bajada a Reces.

El camino se perdió entre arboledas. Son las once y media. Exploramos por una ladera: cortada. De frente, difícil. Se impone bajar por el bosque hacia la derecha. Bajada bastante inclinada y de piso irregular. Unas cuantas revueltas más abajo y unas trazas de sendero van llevando a otras y al final es una senda principal que entra en la Collada Reces. El paso por el bosque es sensacional, umbrío, tranquilo. A las 12 y cuarto en Reces. Dos cabañas en buen estado y un sitio paradisíaco. Según los lugareños lugar de encuentros amorosos entre los y las aldeanas.

Un grupo de diez decide seguir a Llué. Hay que perder 350 metros. Entramos por el helechal haciendo huella como siempre. Pronto termina y bajamos en lazadas muy inclinadas por el bosque. Terreno malo que impide correr. Muchas fayas pero también abedules y avellanos a medida que nos vamos acercando al pueblo. Se hace larga la bajada. Hay una extraña fayona cuya raíz es un puro contrafuerte vegetal y que termina por el lado de la ladera en una especie de cabeza de oso. Otro sitio mágico.

En una hora estamos abajo. Sorpresa. Hay una gran pradería en medio de todos los montes. Completamente llana, limpia y preparada para la pación. Queremos asomarnos al río. Estas dos chicas que llevamos son como apariciones. Estás hablando con ellas y de repente, no están, se han ido al río. Entre ortigas damos paso al río Mojizo, en una hoz curva muy impresionante, cerrada por los inmensos paredones del Niajo. La llanada de Llué se abre por el oeste por la estrecha foz del río Canalita. ¿Os acordais aquella vez que rodeamos el Cabeza Mimales desde La Palanca, en Peloño, para ir a toparnos con este paso imposible? Según Rubén, nuestro compañero improvisado, hay instaladas unas cuerdas para cruzar el río antes de la foz. Habrá que intentarlo otra vez. Por cierto esta pareja desapareció del mapa. Llegaron con nosotros a la aldea abandonada y nunca más. ¿Más magia? La salida del río Mojizo termina en otra profunda estrechura que sería curioso explorar.

Manuel nos echa para arriba, que nos están esperando en Reces. Tiramos como posesos y tardamos casi lo mismo que en bajar. ¡Claro, es que subir es más cómodo que bajar! Breve parada y seguimos por la senda de Tolivia, ahora sí, bien marcada. Seguimos por el bosque, la ruta es tendida, se hace fácil y seguimos escondidos del inclemente sol.  Por fin la aldea con su cementerio y sus casas abandonadas. Cuánta historia entre estas cuatro piedras. Por aquí subiría Martinón de Llué llevando a cuestas el oso cazado para enseñarlo a los de Sajambre. ¡Y descalzo!, dice la leyenda. Lo mejor conservado el hórreo beyusco.

Ahora la senda sale a un claro en las estribaciones de la Peña Ñorín. Son todo derrumbes y canchales. Sin embargo los constructores de la senda tuvieron la paciencia y la sabiduría de trazar un increíble camino de bajada, con multitud de pasos armados, buscando la roca para pasarla por los pocos accesos practicables. Un problema: ahora bajamos por la solana. Caca duro. Mi termómetro marca 32º. Lo compruebo con otros y la lectura es la misma. Qué  sed. Nos bajamos a la Portilla del Jorcao. No debería haber montañero alguno que no conociera este paso. El río Mojizo, que discurría tranquilo en Llué, ahora es todo pasión y velocidad. A penas se ve en el fondo del inmenso desfiladero. Salimos por el Puente Espina sobre el Mojizo, que baja agitado 80 metros por debajo del puente. Si no estuviéramos tan cansados y sedientos pararíamos más a empaparnos de paisaje.

Luego queda la dura remontada hasta el Puente Vaguardo. Refrescada en el Sella. Buena vista del Frailón y las Cuatro Monxines, iluminados por una luz esplendorosa. Todavía unos tres kilómetros de carretera hasta poder pillar el autobús. Llegamos con la lengua acorchada de la sed. Bajamos con el bus a Puente Huera. Siempre nos acogen muy bien. Hoy se puede comer fuera. Cuando estamos en ello llega la pareja perdida. Tuvieron problemas al beber el agua de Tolivia. Tienen el coche en Les Bedules. Lito se ofrece a llevarles hasta que puedan localizar un taxi.

Fue una jornada extraordinaria en todos los sentidos. Unas siete horas sin parar. Pero una gozada. Dos pueblos abandonados en nuestro haber, aldeas que tuvieron unas dificilísimas condiciones de vida. El salto de Les Bedules al valle Torbeñu  fácil y glorioso en sus vistas. Y luego todo el recogedero de aguas del Mojizo, que es el auténtico desagüe de todo Peloño. Una ruta de diez y punteado.

Este sábado cambiamos de escenario. Vamos a conquistar el Cueto Ancino, o sea el Huevo de Nocedo para que no se confunda nadie. Los leoneses lo llaman el K2, por su forma y su dureza. Y digo yo que no será para tanto. Subiremos al Huevo.

FRESINES

miércoles, septiembre 05, 2012

SUBIMOS AL MEJOR MIRADOR DEL CORNIÓN: EL CANTU CABRONERU Y LA PEÑA BEZA



1 de septiembre de 2012

En agosto hemos mantenido un muy buen nivel montañero con objetivos ambiciosos en las Ubiñas y los Picos de Europa  pasando dos de ellas de los 2.300 metros. Hoy teníamos que tomarlo con más calma y para descansar se nos presentó (la programación manda mucho) nada menos que el Cantu Cabroneru. Y allí nos fuimos en viaje hasta Soto de Sajambre para coger la tradicional Senda del Arcediano a la salida del restaurado lavadero de Soto. Por cierto el pueblo luce precioso en este tímido sol de septiembre.

A medida que vamos subiendo por el bosque más y más paisaje se asoma por la lomera. La mayoría cimas conocidas: Jario, con Vegabaño a sus pies, Los Moledizos, La Conia y Valdepinos. En la encrucijada tomamos el desvío de la izquierda  para terminar subiendo al límite que marca la estratégica Peña Beza, dominadora absoluta de todo el concejo de Sajambre.

Pasamos junto a la fuente de buen agua. A su rebufo pasta buen ganado. Repostamos agua. Dejamos la campera buscando el único paso practicable en las estribaciones de Mesa, por la Canal de Misa. Es una corta tajada en el murallón precedida por una calvera de tierra suelta. La subida por este tajo es fácil y corta. Salimos a la majada de Los Llanos y ya tenemos toda la serranía a la vista. El Carboneru es un auténtico canto alargado pero de escaso espesor especialmente por su fachada este, por la vertiginosa caída que se desploma sobre la desolación calcárea de Los Palomares.

Atacamos la peña por su cara oeste. La subida es tranquila, siguiendo jitos y lazadas. Los atajos merecen poco la pena porque lo que se pretende es superar cuanto antes el gran desnivel hasta la cima. Llegamos a una collada entre los dos picos. La verdadera cima de 1.996. éstá a la izquierda. Se sube echando las manos para buscar el mejor paso entre bloques. Al final hay un buen corredor y al llegar pierdes la respiración: todo el Cornión se puede ojear, desde el Requesón a la Bermeja. Saludamos a la Peña Santa a la que dimos la vuelta hace una semana. Desde aquí parece todo más fácil y bastante más rápido que lo que pateamos ese día. Se llega a ver pequeñito, el nuevo refugio de Vega Huerta. Y También, orgulloso, el central. Algo más allá la característica silueta del Espigüete. ¿Desde que balconada se puede ver todo esto? Creo que sólo desde el Cantu Cabroneru. Hasta aquí hemos empleado unas tres horas algo abundantes.

Salimos por el mismo corredor de la subida. Nos dividimos. La mayoría del grupo ya tuvo bastante. Despacito por el mismo camino a  Soto. Los siete fieles al programa siguen a la segunda cima del Cabroneru. La vertical a Los Palombares es mucho más acentuada. Hay que destrepar algo para buscar una canal de salida. Al final retomamos casi a la collada entre cimas y descendemos por el estrecho canalizo que baja a la falda de las Cebolledas.

Subimos las Cebolledas. Es un pico de escasa dificultad. Su mérito: estar en medio de dos colosos. Para bajar una curiosa canal meridional que retorciéndose salva el acusado desnivel entre la cumbre y la base. Buena destrepada. Y  entramos al Collado Llano. Fácil y pindia. A las tres estamos en la falda de la Peña Beza. No parece muy practicable a la vista. Buscamos el primer hito y a partir de ahí todo es muy fácil. Con algunos desniveles en cortada que hay que superar trepando por la roca. Subimos como si  tuviéramos prisa. En doce minutos en la cumbre. Lo cuento y no me lo creen. 

Apenas tiempo para hacer dos fotos de una sola tacada (aprende Peña). Miramos hacia atrás: se ve una canal herbosa que muy, muy vertical baja desde la altiva cima del Cabroneru. La dejamos para otro día, María José, no quieras agotar todas las posibilidades en un solo día. Tenemos justo enfrente la Torrezuela por su cara más difícil de escalar.

Para bajar elegimos la directísima a Soto. Como no se ven más que precipicios nos tiramos por la descendente cumbrera al Occidente. Exploradores por delante estudian todos los descensos. No deben ser fáciles porque al final acabamos otra vez en la Canal de Misa. Una hora escasa desde la cumbre.

Luego a faldear por el monte para buscar la pista mucho más abajo. Estos chicos y chicas parecen acostumbrados a bajar porque no dudan de tirarse ladera abajo entre la maleza. Una media hora más. Luego a ritmo de trote a reunirse con el grupo al que pillamos ya cambiándose junto al río. Las refrescantes aguas tonifican nuestros acalorados cuerpos. Nos ponemos guapos para ir a comer. A la sombra del merendero se está bien hasta que empieza a correr una fresca corriente de aire que rescata los polares de las mochilas.  Un día muy satisfactorio. Un mirador esplendoroso con las soberbias vistas al jardín de Sajambre, el bosque de los bosques de Picos. La vuelta muy entretenida con las  intrigantes lecturas de Tere que tienen al personal femenino soliviantado.  El tema da de sí para numerosos comentarios no todos bien intencionados, pero, señores, en algo hay que pasar el rato y además este asunto se nos da muy bien. Al menos en teoría que algún día de estos nos van a pedir que pasemos a la práctica y hay será ella.

Para el sábado día 8, fiesta de la Santina, tenemos una larga ruta que empezará en la Collada Llomena para subir a la Collada Granceno y bajar luego hasta el caserío abandonado de Llue, en el corazón más profundo de Ponga. Es una ruta que tiene algo de misterioso y que merece la pena descubrir. Luego bajaremos hasta los Beyos, por Puente Vaguardo.

FRESINES