martes, octubre 30, 2012

ENTRE NIEBLAS Y CHUBASCOS SUBIMOS AL PICO RUBIO



27 de octubre de 2012
       
Cayó agua toda la noche. Los presagios no podían ser peores. Pero en un gesto de valor nos lanzamos hacia Somiedo con esperanza de que la lluvia nos respetara. Hicimos una parada larguilla en Belmonte para que el cielo se aclarara. Nada que hacer. El día está de llover y lloverá lo que tenga que llover.

El autocar sube por una carreterita casi de juguete hacia la aldea de Pigüeces. Rezamos para que no baje ningún vehículo del pueblo. Hay suerte. El autocar hasta puede dar la vuelta en una explanadita a la entrada del pueblo. El conductor se compadece de nosotros mientras nos forramos con toda clase de plásticos, bufandas, bragas y paraguas. No está demasiado frío. Este pueblo tenía tradición de contar con buenos madreñeros.

Salimos por la zona oriental del pueblo desde la vertiente del Pigüeña para llegar a la vertiente de Somiedo. La sendita, tapizada de verde, es una cocada. Salimos por la izquierda de la iglesia y subimos sin parar, aunque cómodamente hasta una coqueta braña, Motiz, perdida entre castaños. Un senderillo sigue de frente junto al arroyo de Peñas del Alba, probablemente en dirección a Vildéu. No es nuestro camino. A pesar de la densa niebla torcemos hacia el monte en dirección noroeste. La subida sería buena, progresiva y libre de escobas si dejará de llover un momento. A pesar de todo llegamos a una primera collada.

Naturalmente no es la buena. Hay que seguir. Calibramos la posibilidad de bajar directamente al valle en dirección a Aguasmestas. Pero no se ve nada en absoluto. Por seguridad del grupo es mejor seguir todos juntos hasta el Alto del Rubio. En el cresteo por la cumbrera el viento sopla con fuerza del Norte. Más de un paraguas queda para la basura. Empieza a bajar mucho la temperatura. Mi termómetro marca seis grados. El temporal se hizo somedano para darnos un beso helado. A penas paramos para que lleguen los rezagados. Nos tiramos monte abajo como gente enloquecida sólo para entrar en calor. Nuestra bajada bordea todo el tiempo una de las áreas más restringidas del parque natural. Pero no vemos ningún oso por la ladera.

Caemos entre fayas y castaños en unas praderías increíblemente bellas y recónditas. La misma bajada se hace contra un bosque en pleno cambio. Deja de llover un rato. El bosque es una explosión de color. El día está muy poco claro y no deja mucho margen para vistas. En el valle de La Trapa nos reagrupamos y aprovechamos la escampada para comer rápidamente y volver a caminar para que circule la sangre. El termómetro ha subido a 12º.

Seguimos el camino hasta un caserío restaurado de muy buen porte. Luego la senda francamente bella, discurre junto al molino más extraño que hayamos visto nunca. Está alimentado por una  gran tubería de hormigón con una buena caída para garantizar energía suficiente a las aspas. Aquel invento tenía que funcionar de cine. Lamentablemente se ha perdido toda la maquinaria y sólo queda el esqueleto.

El camino coge rápidamente altura sobre el río. La fuente Carballo, hermosa, escondida, evocadora. En algún momento se dejan entrever los caseríos cercanos a Aguasmestas. La carretera y el río Somiedo. No cabe mucho más en esta estrechura. Rodeamos con amplitud la Peña el Alba, seguimos mojadísimos, sigue lloviendo aunque más mansamente. Por fin el rodeo termina y vemos entre nubes plomizas los pueblos de Clavichas y La Bustariega. En lo más fondero está la central de La Riera, nuestro destino y por encima de la misma la escabrosa subida al puerto de San Lorenzo con las aldeas de Las Morteras y Villaús en los dos flancos de la montaña. Somiedo siempre se exhibe en su completa belleza. Maldita lluvia. Llegamos a las Viñas. Ya casi estamos. Pero hay que bajar ciento veinte metros. Unos por la carretera de nueve revueltas y otros por el camino antiguo sucesión de eses y barro. Por fin en la Riera. Junto a la central hay unos cobertizos donde podemos poner ropa seca lo que es un enorme alivio.

Nos dejan comer en el único bar abierto del pueblo. Es un local pequeño pero acogedor y nos instalamos cómodamente. Vino y viandas contribuyen a hacernos entrar en calor. Cuando estamos terminando van entrando poco a poco una cuadrilla completa de cazadores. Han cobrado un hermoso jabalí. No se debieron esforzar mucho más porque llegan todos secos y orondos. No han hecho masoquismo como otros. Nos vamos a casa y hoy vamos a llegar bastante pronto. Aunque ya es noche cerrada cuando posamos el pie en Oviedo.

Una ruta que nos apuntamos para repetir. Lo poco que vimos era bellísimo. En otoño ruta de ensueño. El calendario del próximo año está más o menos previsto. Pero puede hacerse esta caminata de nuevo en las próximas temporadas. En un día despejado tiene que merecer mucho la pena.

El sábado 3 de noviembre vamos a parar en el puerto de Las Señales , debajo de Tarna para subir al Pico Lago, el dueño del puerto, y pasar luego por el Cueto Joracao a Maraña donde terminaremos esta actividad tan interesante. De verdad lo que queremos es sobre todo que esté seco.

Este próximo sábado liquidaremos las cuentas de la lotería y comenzaremos a apuntarnos para la cena de hermandad que celebraremos el 1 de diciembre, que ya está ahí a la vuelta de la esquina.  

FRESINES


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