27 de octubre de 2012
Cayó agua toda la noche. Los presagios no podían
ser peores. Pero en un gesto de valor nos lanzamos hacia Somiedo con esperanza
de que la lluvia nos respetara. Hicimos una parada larguilla en Belmonte para
que el cielo se aclarara. Nada que hacer. El día está de llover y lloverá lo
que tenga que llover.
El autocar sube por una carreterita casi de
juguete hacia la aldea de Pigüeces. Rezamos para que no baje ningún vehículo
del pueblo. Hay suerte. El autocar hasta puede dar la vuelta en una explanadita
a la entrada del pueblo. El conductor se compadece de nosotros mientras nos
forramos con toda clase de plásticos, bufandas, bragas y paraguas. No está
demasiado frío. Este pueblo tenía tradición de contar con buenos madreñeros.
Salimos por la zona oriental del pueblo
desde la vertiente del Pigüeña para llegar a la vertiente de Somiedo. La
sendita, tapizada de verde, es una cocada. Salimos por la izquierda de la
iglesia y subimos sin parar, aunque cómodamente hasta una coqueta braña, Motiz,
perdida entre castaños. Un senderillo sigue de frente junto al arroyo de Peñas
del Alba, probablemente en dirección a Vildéu. No es nuestro camino. A pesar de
la densa niebla torcemos hacia el monte en dirección noroeste. La subida sería
buena, progresiva y libre de escobas si dejará de llover un momento. A pesar de
todo llegamos a una primera collada.
Naturalmente no es la buena. Hay que
seguir. Calibramos la posibilidad de bajar directamente al valle en dirección a
Aguasmestas. Pero no se ve nada en absoluto. Por seguridad del grupo es mejor
seguir todos juntos hasta el Alto del Rubio. En el cresteo por la cumbrera el
viento sopla con fuerza del Norte. Más de un paraguas queda para la basura.
Empieza a bajar mucho la temperatura. Mi termómetro marca seis grados. El
temporal se hizo somedano para darnos un beso helado. A penas paramos para que
lleguen los rezagados. Nos tiramos monte abajo como gente enloquecida sólo para
entrar en calor. Nuestra bajada bordea todo el tiempo una de las áreas más
restringidas del parque natural. Pero no vemos ningún oso por la ladera.
Caemos entre fayas y castaños en unas
praderías increíblemente bellas y recónditas. La misma bajada se hace contra un
bosque en pleno cambio. Deja de llover un rato. El bosque es una explosión de
color. El día está muy poco claro y no deja mucho margen para vistas. En el
valle de La Trapa nos reagrupamos y aprovechamos la escampada para comer
rápidamente y volver a caminar para que circule la sangre. El termómetro ha
subido a 12º.
Seguimos el camino hasta un caserío
restaurado de muy buen porte. Luego la senda francamente bella, discurre junto
al molino más extraño que hayamos visto nunca. Está alimentado por una gran tubería de hormigón con una buena caída
para garantizar energía suficiente a las aspas. Aquel invento tenía que
funcionar de cine. Lamentablemente se ha perdido toda la maquinaria y sólo
queda el esqueleto.
El camino coge rápidamente altura sobre el
río. La fuente Carballo, hermosa, escondida, evocadora. En algún momento se
dejan entrever los caseríos cercanos a Aguasmestas. La carretera y el río
Somiedo. No cabe mucho más en esta estrechura. Rodeamos con amplitud la Peña el
Alba, seguimos mojadísimos, sigue lloviendo aunque más mansamente. Por fin el
rodeo termina y vemos entre nubes plomizas los pueblos de Clavichas y La
Bustariega. En lo más fondero está la central de La Riera, nuestro destino y
por encima de la misma la escabrosa subida al puerto de San Lorenzo con las aldeas
de Las Morteras y Villaús en los dos flancos de la montaña. Somiedo siempre se
exhibe en su completa belleza. Maldita lluvia. Llegamos a las Viñas. Ya casi
estamos. Pero hay que bajar ciento veinte metros. Unos por la carretera de
nueve revueltas y otros por el camino antiguo sucesión de eses y barro. Por fin
en la Riera. Junto a la central hay unos cobertizos donde podemos poner ropa
seca lo que es un enorme alivio.
Nos dejan comer en el único bar abierto del
pueblo. Es un local pequeño pero acogedor y nos instalamos cómodamente. Vino y
viandas contribuyen a hacernos entrar en calor. Cuando estamos terminando van
entrando poco a poco una cuadrilla completa de cazadores. Han cobrado un
hermoso jabalí. No se debieron esforzar mucho más porque llegan todos secos y
orondos. No han hecho masoquismo como otros. Nos vamos a casa y hoy vamos a
llegar bastante pronto. Aunque ya es noche cerrada cuando posamos el pie en
Oviedo.
Una ruta que nos apuntamos para repetir. Lo
poco que vimos era bellísimo. En otoño ruta de ensueño. El calendario del
próximo año está más o menos previsto. Pero puede hacerse esta caminata de
nuevo en las próximas temporadas. En un día despejado tiene que merecer mucho
la pena.
El sábado 3 de noviembre vamos a parar en
el puerto de Las Señales , debajo de Tarna para subir al Pico Lago, el dueño
del puerto, y pasar luego por el Cueto Joracao a Maraña donde terminaremos esta
actividad tan interesante. De verdad lo que queremos es sobre todo que esté
seco.
Este próximo sábado liquidaremos las
cuentas de la lotería y comenzaremos a apuntarnos para la cena de hermandad que
celebraremos el 1 de diciembre, que ya está ahí a la vuelta de la esquina.
FRESINES
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