miércoles, octubre 10, 2012

EN EL CATOUTE, TECHO DEL BIERZO



6 de octubre de 2012

Para allá fuimos. Seis horas abundantes de autocar y cinco de caminar. Aún así mereció la pena. Salimos pronto, pero hasta las once menos diez no empezamos a caminar. Desayuno de lujo con churros y todo. Al fin llegamos mareados después de atravesar toda la Omaña. Todo lleno de explotaciones mineras. Llevábamos una duda clavada desde hace días: ¿se podría entrar hasta los Montes de la Ermita con el autocar?

Decidimos resolver sobre la marcha. Pero el libro del Alto Sil apuntaba que la pista está sin asfaltar. Decidimos seguir a Colinas del Campo de Martín Moro Toledano. Llevábamos la ruta bien estudiada desde las dos alternativas. Esta segunda tiene sus ventajas: es circular y se hace todo el cordal para bajar a las lagunas de Rebezu. Además es un PR-LE 45 señalado. El pueblo es una auténtica preciosidad, arregladísimo, con un inconfundible sabor rural, cantarín río incluido.

Atravesamos el gracioso arco de la iglesia que comunica con el Norte del pueblo. A la vera del río sigue el camino flanqueado de robles y abedules. El río debe tener fuertes crecidas porque las pesqueras de contención están bien mantenidas. El canal que lleva al molino ya no lleva agua. Hace calor, unos 21º. El camino está muy bien señalado. Poco a poco y sin descanso alguno vamos cogiendo altura. El río se sume o está entubado por debajo. Hay una casa de madera prefabricada enorme, preciosa. Para vallar una pradería han instalado somieres pintados, unos sesenta, salidos a saber de que internado o cuartel.

Ahora el camino sigue entre urcias y serbales cargados de frutos rojos. Torcemos a la derecha para encarar el valle. Por delante una pandona bastante monótona. Pero la subimos con premura. A la una yo estoy en el inicio de la loma final. Ya hay un grupo de seis personas arriba. Mil metros en menos de dos horas ¡Esta gente no tiene límites!

El camino está muy bien trazado en continuas lazadas ascendentes por encima de la pedrera. Todo son cuarcitas cuarteadas. Llegamos veinte minutos más tarde a la cima. Segunda tarjeta de cumbres, que la primera ya estaba cubierta. Frío, la caída del termómetro se acerca a los diez grados. Aplauso a las rezagadas y foto de los que quedamos que Carrete y compañía hoy vuelan.

Se ve la central térmica de Anllares mucho más allá de Gistredo, enmarcada contra la sierra de los Ancares. Todo lejanísimo. En la cercanía tenemos potente el Valmartín tapando parcialmente las Ubiñas. El día está muy brumoso y a pesar de todo es gozoso estar en esta cumbre. Otro grupo de seis bajamos  por la cara norte en unos cómodos escalones. Perdemos unos cien metros siguiendo toda la cuerda cuarcítica. En la pradería cercana vemos por el norte las lagunas  Los Frieyos, pequeñas, formando turbera. A pesar de la seca los ríos corren.

Seguimos todo el circo lacustre hasta el pico Rebezu. Es una pandona inmensa. Decidimos bajar hacia las lagunas del Rebezu. Descenso vertiginoso por el pedregal. Las lagunas son dos y no de mal tamaño. En invierno tiene que ser todo un espectáculo. La pequeña alimenta a la mayor que a su vez se desborda por el río Susano.

Este hace una serie de hoyas y pequeñas cascadas en un profundo tajo en la roca. A muy buen ritmo atravesamos los prados de Susano y volvemos al sitio en el que empezó nuestra bifurcación por la mañana. Seguimos comiendo millas a Colinas del Campo. Ya está preparado el sitio de la pitanza. Es una coqueta taberna, que cuenta con un espeso vino de la tierra y es muy generosa sirviendo “chupos”. Pretendemos salir a las seis porque todavía queda una tirada. Casi lo logramos y ya sin parada ninguna volvemos a nuestro querido terruño. La ruta ha sido placentera, la puntación alta y además ha sido otra ruta “romántica” realizada a golpe de intuición, brújula y mapa. (Es trampa todo está muy bien señalado)

Para el sábado que viene tenemos el Pico Rabinalto, empezando en Villabandín y terminando en Mena de Babia. Novecientos cuarenta metros subiendo y un poco más bajando. Está en la zona de Babia y es un bonito pico triangular de los que últimamente estamos acostumbrándonos a trepar.

FRESINES

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